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Jaime Urrutia: Sangre en el albero.

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“El rock siempre ha sido políticamente incorrecto”.

El sol –todavía sofocante- se empieza a esconder tras Las Ventas. Es una tarde idónea para lidiar un morlaco de quinientos kilos de peso y para brindárselo –desde el ruedo- al respetable que entre ‘olés’ y ovaciones anima el tendido. A porta gayola espera la salida del animal desde la puerta de chiqueros. El tercio de quites anuncia las primeras etapas de Jaime Urrutia, que en una suerte de chicuelina, agarra el capote para torear con maestría cada complicación de la corrida. En el tercio de banderillas mira fijamente al presente, desafiante, desde el burladero. Cada movimiento es crucial y el valor es su única fe. La tarde tiene aroma de faria y vino, de honor y muerte, de rock and roll y actitud. Templando el nervio, solemne y serio, encara al astado desde las distancias en el tercio de muerte. Observa y clava la mirada mientras el sudor recorre su nariz hasta precipitarse sobre la arena.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
Publicado Paisajes Eléctricos

¿Es cierto que hay mucho que contar pero hay más que callar?
[Silencio y risas después] No, yo tampoco tengo muchas cosas que callar.

Pero a lo largo de la vida en general. De todo, vaya.
Hombre, yo creo que hay ciertas cosas donde uno tiene su intimidad. A nivel público… supongo que sí, que siempre tienes algo que callar. También hay que respetar a la gente y tener tu cierta intimidad. […] Ahora precisamente están haciendo una película sobre mí dirigida por Carlos Duarte. Está prácticamente acabada. Ahí cuento mi vida más o menos, más bien la voy narrando. Pero siempre queda algo en el tintero. […] Pero ya te digo, toda persona necesita tener su espacio y sus secretos.

Y más si como escritor de letras te consideras poco prolífico. Incluso diría que te cuesta expresar en ellas lo que sientes.
Sí, ya lo he dicho alguna vez. Siempre me ha costado escribir y nunca he sido prolífico cuando uno cuenta su vida en tantas canciones. También me aburre repetirme y hablar siempre de lo mismo. Ya con Gabinete me costaba escribir porque creo que es importante lo que hay que decir en la canción. A mí las letras me parecen interesantes. En ellas se pueden decir muchas chorradas en general. En una letra de tres minutos puede salir cualquier mierda. […] Y sí, me como mucho el tarro para escribir.

Bueno, en el punk con menos de un minuto y “disparando” letras se puede decir mucho más que en una canción pop de cuatro minutos y algo donde al final no se cuenta nada.
Efectivamente. Pero a mí siempre me ha costado escribir. Cada vez más.

¡¿Cada vez más?!
Sí. Pero no soy el único al que le pasa. Leí una entrevista con Rosendo donde decía lo mismo. Necesita encerrarse, se encierra en un hotel para escribir y finalizar las canciones. […] A mí me pasa y me pasaba con Gabinete, de tener casi grabada la música en un disco y tener que meter una referencia en ‘guachi-guachi’. Así hasta el último día. No son todos los casos, claro. Si tenía que estar en el estudio a las doce de la tarde, hasta las siete no salían las palabras. […] Había que darle mucho tiempo, mucho, para que saliera algo interesante. Pero reconozco que he hecho muchas cagadas, no siempre salían buenas cosas.

Aunque suene contradictorio, quizá necesites el silencio para hacer música. Vamos, que salga lo que tenga que salir sin una influencia externa. Loquillo decía que el Balmoral era ideal, porque no había música e incluso se podía hablar.
Sin duda. En casa del herrero, cuchillo de palo. Es cierto que tengo momentos en los que no quiero escuchar música. Digamos que es un poco aposta, porque estás todo el día escuchando discos o escuchando el Spotify. Me he hecho una cuenta y puedes escuchar la música que quieras, es un invento muy bueno. […] Pero vamos, que tampoco estoy todo el rato escuchando música. Digamos que es una forma de creer en que lo que tenga que surgir, surja de ti, más o menos. […] Mira, esta mañana me he inventado una canción. Tengo mucha facilidad para eso, pero todavía le estoy buscando las referencias. He cogido la guitarra y he grabado con el móvil. Pero tampoco es cuestión de buscarle todo el tiempo una referencia. Hay una cosa buena que tengo, y es que si escucho algo que me gusta se queda. Pero sí, me gusta respetar esos silencios y que surja lo tuyo propio sin estar escuchando música. Guardar una especie de virginidad. […] Lo que decía Loquillo de ese bar es que era un buen sitio para charlar. Se supone que es una contradicción, pero precisamente lo que menos me apetece después de un concierto o un ensayo es meterme a escuchar música.

Ya decía yo que te veía como un tipo analógico.
Sí, totalmente. Antes de estar con Gabinete tuve una buena colección de vinilos. Era un gran coleccionista. Luego ya vino el CD y dejé de coleccionar. Aquello fue una época muy concreta, era fan. Pero después dejé de serlo. Aunque soy fan de Elvis, me gusta ponérmelo. Aquella época duró desde los dieciocho a los veinticinco años porque vivía la música de un modo más adolescente, ya sabes, seguirlo todo y comprártelo. Luego, cuando te haces un profesional de esto vas guardando las distancias. Eso si lo noté.

Dices lo de “hacerse profesional”. ¿En qué momento un músico se siente profesional? Porque actualmente es más complicado vivir de la música, por no decirte imposible.
Sí. Yo recuerdo que con el disco de “Cuatro rosas” nos dijo un día el mánager que teníamos treinta bolos. Aquello nos venía grande porque apenas dominábamos el directo, no teníamos experiencia de lo que era un escenario, un monitor, un técnico de monitores, el volumen… nos poníamos el volumen muy alto o nos enchufábamos al mismo amplificador. Todo aquello lo aprendimos con el tiempo. Supongo que empecé a darme cuenta de que empezaba a ser profesional cuando Gabinete llevaba tantos conciertos. Después hay otro lado de la profesionalidad que es la promoción y todo eso. Aquello lo aprendimos cuando firmamos con EMI. Pero los chavales que empiezan ahora les pasa que se quedan un poco en medio. […] Para bien o para mal los de aquella generación tuvimos suerte, pero dicen que nos vendimos a las multinacionales.

Pero hay que comer…
¡Claro! Nosotros no esperábamos vivir de la música. Jamás. Éramos universitarios, cada uno nuestra carrera. Tocábamos en Rock-Ola, Ordovás nos ponía en su programa… era divertido. Pero jamás pensábamos que fuese a durar dos o tres años.

Ahora no hay nada, directamente.
No, no hay nada. Aunque bueno, hay grupos que empiezan a hacer buena música, pero está claro que han cambiado mucho las cosas, las formas de vender la música… Cuando en el ochenta y siete sacamos “Camino Soria” solo había dos cadenas en la televisión. La segunda cadena de la Televisión Española era la UHF y la primera cadena tenía un programa de música que se llamaba Rockopop. Aquel programa tenía una audiencia máxima porque lo veía todo el mundo. Salías en televisión y después no podías ir por la calle porque te conocía todo el mundo. […] Sin embargo saqué un disco el año pasado y te das cuenta de lo que es la promoción, a no ser que esta gente de los 40Principales te pongan en la radio, pero no es nuestro caso. Yo, como otros artistas de mi generación nos vemos desplazados en ese sentido. A lo mejor se hace una entrevista de tres minutos para el telediario, que se hace, pero lo que es sonar en los medios para que la gente lo escuche y lo compre es muy difícil. Aunque está Internet, pero es otro mundo.

Pero un medio estrictamente adecuado para comprar… está complicado.
Efectivamente. Para vender discos tienen que escuchar una canción que guste y luego ir comprarlo. Ya sabes lo que es la promoción. En los ochenta les costó mucho ponernos a las radiofórmulas, pero luego ya no les quedó más remedio. Como nuestro primer disco de Gabinete, salió con Parálisis Permanente y Eduardo Benavente porque no interesábamos a las multinacionales directamente. Eduardo, que tenía mucha vista, dijo que en Pamplona había unos tíos que por tanto dinero fabricaban una tirada de mil discos con sus portadas.

Tic-Tac, ¿no?
Eso es, veo que estás bien enterado. Hicimos un Ep compartido con Parálisis Permanente, como te he contado. Pues poco a poco con aquello empezaron a seguirnos muchos grupos de “La Movida”, entonces fue cuando las multinacionales y las radiofórmulas no tuvieron más remedio que aceptar lo evidente, que a la gente le gustaba eso y que eso se vendía. Recuerdo que la primera tirada de mil Ep’s se vendieron en veinte días. Era muy bonito, nosotros llevábamos los discos a tiendas como Escridiscos, íbamos con un coche llevando los paquetes, metíamos los discos en las fundas… era como un juego. Luego resulta que eso a la gente le gustaba.

¡Y ya érais indies!
Éramos indies total. Eso fue la independencia española.

Sin tocar en el FIB y sin llevar flequillo.
Efectivamente [risas]. El dinero de aquello lo puso un hermano mío y un amigo de Eduardo. Grabamos en los Estudios Doublewtronics en un mismo día los ocho temas; cuatro de Parálisis y cuatro de Gabinete. Era todo muy rápido. Después salió el disco y se difundía porque había gente que estaba pendiente de Ordovás, de Julio Ruíz y Discogrande… entonces gracias a ese circuito de radios había gente que te seguía. Ya poquito a poco los de los 40Principales no tuvieron más remedio que ponernos a nosotros, a Radio Futura y tantos otros grupos de aquella generación. No les quedaron más cojones que tragar. Decían que éramos unos niñatos que no sabíamos ni tocar y al final acabaron lamiéndonos el culo [risas].

Y ahora… mira.
Bueno, a partir del año noventa y noventa y uno ya no. Ya dejó de ser “La Movida” y ya…

Eso y la famosa frase de Álvarez del Manzano diciendo que la “La Movida” nunca había existido.
Sí, y que había que dar caña a La Zarzuela madrileña. Para él “La Movida” no había existido.

Se le puede aplicar la frase aquella que “tanta paz lleves como descanso dejes”, que curiosamente es el título de una canción de tu último disco.
Si señor [risas].

Pienso que lo bueno que tuvieron tanto Gabinete Caligari como tú era esa impronta e imagen. Uli fue una figura importante también en ese sentido. Eso, y el “rock torero”.
Curiosamente cuento eso en la película. Además, estaba acabando el guión porque yo narro ahí una secuencia de Ulises. Y sí, es como dices. Nos tocó hacer el servicio militar, porque en aquella época los grupos teníamos que hacer la mili, -cosa que ahora no tienen- y aquello jodió a muchas bandas de la época. […] Nosotros le echamos cojones, teníamos prórrogas por estar en la Universidad y al final las anulamos. Tocamos dos veces en Rock-Ola, sonábamos en el programa de Ordovás… y vimos que el grupo podía tener un futuro, así que decidimos ir a la mili. Estar haciendo el servicio militar fue un choque fuerte, pues la gente no era como en el Rock-Ola. Allí conocías a todo tipo de gente, gente más del pueblo, gente de barrio…

Y en los cuarteles os encontráis con la música flamenca de la época. ¿Fue el servicio militar un punto de inflexión para vosotros?
Sí. Tuvo mucha importancia. Escuchábamos a Los Chichos, a Los Chunguitos… en un cuartel nunca paraba de sonar la música. Tanto emisoras de radio como cassettes. […] Nosotros íbamos de siniestros, en plan Joy Division, luego llegó Uli con ese estilo, el saxo y mezclamos ese estilo que derivó en ese rollo medio castizo, medio rockabilly. Edi también se vestía de rockabilly llevando patillas… y ahí formamos aquel estilo que mezclaba lo rockabilly con lo castizo donde también estaba lo madrileño. Simplemente éramos así. […] Lo que teníamos Gabinete es que queríamos ser distintos. En este mundo tienes que tener tu propia personalidad. En “La Movida” había algunos grupos que venían de familias de clase media-alta como Nacha Pop o Los Secretos –que no tengo nada en contra de ellos-, pero no eran mis favoritos. Ellos hacían una música medio americana, también un poco blanducha… entonces nosotros nos queríamos desmarcar de eso. Teníamos la suerte de conocer a Eduardo Benavente, a Alaska… gente que lo tenía muy claro en cuanto a imagen y que también estaban muy influenciados por los grupos ingleses de la onda siniestra, el sado-maso y todo eso. […] Yo creo que ahí los Gabinete hicimos nuestro sitio.

Fíjate, que por todo lo que cuentas me pregunto si eres como los toreros que guardan esa liturgia antes de salir al ruedo.
No especialmente. Tampoco hay toreros que guarden eso. Lo clásico de los toreros es que tengan una capilla con vírgenes y todo eso. Salvo José Tomás, que se ha declarado ateo, que ni reza ni hostias. Que él solo cree en su poder [risas]. También hay otro que se llama Joselito… pero sí, el tópico de los toreros es eso de las vírgenes. También el mundo del toreo es muy arcaico y muy rancio, y casi todos los toreros se santiguan… ya sabes. Pero en ese sentido no soy tampoco muy supersticioso.

Justamente ahora vuelve José Tomás. Quizá para que las radiofórmulas os hagan caso deberíais anunciar repetidas veces que os retiras para después volver otras tantas. Así se crea expectación.
[Carcajada] Pues no lo sé. A mí lo que me da rabia es tener que reconocer que las radiofórmulas tienen el poder de hacerte sonar. Es un mundo bastante asqueroso. De hecho nosotros sonamos en las radiofórmulas pagando una payola o algo así. […] EMI nos compró el disco de “Camino Soria”. Ese disco de lo empezamos a grabar siendo todavía de DRO, pero como entonces a EMI le interesaba mucho el grupo, a mitad de grabación firmamos el contrato. Entonces te obligaban a hacer un contrato editorial con el Sr. Salaverri, que era colega de Rafael Revert, de los 40Principales. Eso está demostrado, lo hacía todo el mundo y creo que se sigue haciendo.

Pero la payola no está ilegalizada en España.
Claro. Pero aquello era una payola muy legal porque simplemente te obligan a firmar por una editorial. Afortunadamente eso cambió en los años noventa y ya cada uno empezó a hacerse su propia editorial. […] Evidentemente, cada vez que sonaba en la radio ‘Camino Soria’ el tipo este cobraba más de autores que yo. Esa es la historia. Entonces le convenía porque era mucho dinero. Pero eso lo hacían con Gabinete, con Radio Futura, con Nacha Pop y con todos. Estábamos obligados. […] Después, en los años noventa, ya hubo un movimiento que lo cambió, porque aquello era leonino, descaradamente asqueroso. Cada artista empezó a hacerse su propia editorial y ya con eso podías negociar con otras editoriales, radio… o con lo que fuese. Pero ya te digo, afortunadamente ese tiempo ya pasó. Tampoco me gusta hablar del tema, pero sí, reconozco que tienen un poder. […] No se, no tengo nada en contra de Alejandro Sanz, pero es que está más visto que el tebeo, tío. O sea, que no pongan a Andrés Calamaro y pongan a Alejandro Sanz… que ya no te hablo de mí, te hablo de Calamaro, que me parece un monstruo y un musicazo que ha llegado también a ser muy comercial. A lo mejor es que ya no gustamos ese tipo de tipo de artistas.

Más que no gustar, diría que es un círculo vicioso. La radio pone una música que la gente demanda, y la demandan porque suena mucho.
Efectivamente. El Canto del Loco no es un grupo nuevo, pero seguirán sonando siempre. O Amaral. Ellos tendrán sus pautas de eso, no se. Yo lo que te digo es que tienen el poder. […] Yo creo que “Lo que no está escrito”, mi disco del año pasado, tiene canciones que se pueden escuchar perfectamente por la radio para que a la gente le guste. En DRO me lo dicen, que esos hijos de puta no dan la mano. Creo que se saca un disco para que suene durante la época en la que lo estás promocionando haciéndote el circuito de radios. Todavía sigue habiendo programas interesantes donde te lo ponen, te hacen una entrevista de puta madre, respetan y te reciben con los brazos abiertos. Pero eso se termina cuando se acaba la promoción. ¡Joder! Es que un par de canciones si podían poner. Yo creo que falta esa continuidad de sonar en la radio. Eso es fundamental en la música pop y en el rock. […] The Beatles, Rolling Stones o The Doors… sonaban sin parar en todas las radios.

¿Hacen falta toreros en el rock?
Yo creo que sí, que alguno hace falta. Además admiro mucho a los toreros porque ponerse delante de un toraco que te puede matar requiere mucho respeto. Admiro mucho su mundo, conozco a varios y acojona hablar con esta gente. Los hay muy jóvenes, como Alejandro Talavante, chavales que han empezado ahora y son buenos. Es un mundo que alucina mucho. Además llevas razón, a lo mejor en la música hacen falta toreros. […] Yo creo que ya lo hice en su momento, eso de sacar los discos de manera independiente con Eduardo Benavente. Era lo que teníamos que hacer en aquella época. Ahora sigo haciendo mi música y mis canciones, pero ahora no le corresponde a mi generación romper las lanzas.

El Loco [Loquillo] me dijo lo mismo hace unas semanas. Esta guerra no es la vuestra, tienen que librarla las nuevas generaciones y las venideras.
Es que no es nuestra guerra. Estoy muy de acuerdo con El Loco.

Creo que un gran reflejo de esa batalla se vio en el 15-M y el resto de movilizaciones, pues no había una banda sonora. Música con la que se sintieran identificados.
Pienso lo mismo, esto tendría que haber tenido una banda sonora. Recuerdo que cuando salió todo este movimiento, en el programa que colaboro con Gemma Nierga, ella nos dijo a Ariel [Rot] y a mí que pusiéramos una canción dedicada al 15-M. Yo puse ‘Street fighter man’ de los Rolling Stones, pero claro, habla del Mayo del sesenta y ocho, y si has leído la biografía del Che Guevara y todo lo que pasó en los sesenta, verás que ahí había violencia. El Che decía que para hacer una revolución hay que pegar tiros. […] Me parece muy bien que la gente proteste, por supuesto, pero no deja de ser una ilusión, algo muy onírico. Ojalá que sea así, pero es muy difícil.

¿Qué tendrá Mayo que tantas revoluciones hay en ese mes? Incluso las fiestas de San Isidro son en ese mes.
Pues quizá sea la primavera, que la sangre altera [risas]. Pero probablemente, porque es cuando la está la plenitud de la primavera. […] También estoy de acuerdo contigo. El 15-M tenía que haber tenido un par de cantantes o de grupos que dieran un poco la imagen y banda sonora.

Aun a riesgo de que luego los metan en el saco político o los tachen de aprovechados.
Efectivamente. Es que también vivimos en un mundo en el que no sabes como atinar, tío. La crítica está siempre ahí para darte el palo.

¿Prefieres que te recuerden por tu figura o por una canción?
En principio te diría que la canción, porque dentro va parte de ti. Lo bonito de la música es que se sigue escuchando con los años y las canciones quedan ahí. De eso no hay duda. […] Hace poco me sucedió que después de un concierto en Gandía se acercó un chaval de doce años con “Patente de corso”, me dijo que había alucinado. A mí eso me pareció muy bonito. Eso es lo que tiene la música, que perdura. Pero por supuesto que dentro de la música va mi figura, aunque la música va primero.

Pero también tiene que ser frustrante que el típico tío te acabe recordando por un tema en concreto, como sucede con ‘La culpa fue del cha-cha-cha’.
Eso me pasa mucho a nivel de masa. Todavía voy por ahí y siempre hay alguno que me grita: «¡¡Eh, el Gabinete, el del cha-cha-cha!!» Eso es bastante frustrante y me pasa mucho. Los más enterados si conocen que tengo una carrera en solitario, pero digamos que la masa me reconoce y se acuerda mucho por ‘La culpa fue del cha-cha-cha’, que fue la canción más conocida de Gabinete. […] Y sí, lo has dicho bien, es frustrante. Si un día te pilla de mala hostia le mandas a tomar por culo. ¡Joder, que no he hecho solo esa canción!

El dúo Martes y Trece influyó…
Eso influyó muchísimo, pero estuvo bien. Que Martes y Trece te imitara en aquella época significaba la hostia. Lo notamos ese año una barbaridad. Es que es lo que hablábamos antes; debió ser el programa de fin de año en Televisión Española, y claro, solo había dos canales, así que el programa de Martes y Trece de aquella Noche Vieja lo veía toda España. Ahí me di cuenta de la importancia que tenía que ellos nos imitaran. […] Más tarde los conocimos, y son una gente de puta madre. Hay quien piensa que eso me sentó fatal, pero en absoluto, me pareció cojonudo.

Posiblemente –y tras leer esto que me acabas de decir- dirán que reniegas de tu pasado. Ya sabes, esta política de lo correcto…
Efectivamente. Mira, a Edi [Calvo] y a Ferni [Presas] no les gustaba aquella canción precisamente. Ahí empezó un poco el final del grupo. Ellos querían darle un rollo como más rockero.

Más bien grunge, ¿no?
Sí, más bien grunge. Les gustaba mucho Nirvana, pero a mí también, aunque luego ya tuvimos una conversación. Yo he sido muy ecléctico a la hora de componer, porque yo hacía la música. Ellos hubieran seguido con Gabinete, de hecho se quedaron frustrados porque yo rompí el grupo. Recuerdo que un día Edi me dijo -medio en broma, medio enserio- que ya estaba bien de horteradas como ‘La culpa fue del cha-cha-cha’ y que a ver cuando íbamos a hacer rock. A él le gustaba mucho Led Zeppelin y el rock de los setenta. […] Pero en fin, no tengo ningún problema en decirlo. Esa canción supuso el principio del fin de Gabinete Caligari, a pesar de que estuvimos ocho años juntos. A mí me encantaba Nirvana, pero no podía hacer algo como ellos. Nosotros siempre hemos tenido un abanico musical muy amplio, hemos tocado muchos palos. […] También recuerdo que ellos se empezaron a dejar el pelo muy largo, algo que me parecía perfecto, pero es que lógicamente no ningún grupo eterno.

¡Salvo los Rolling Stones!
Bueno, pero para mí desde que se fue Bill Wyman dejaron de ser los Rolling Stones. Joder, The Beatles duraron nueve años y nosotros estuvimos dieciocho. Pero es lo que hablábamos antes, que tampoco hicimos muchos discos. Para los años que estuvimos juntos sacamos siete discos. Uno de ellos era “Cuatro rosas”, que también era un mini Lp. […] Lo digo en la película; Gabinete fue lo mejor que me ha pasado en la vida. Estoy muy orgulloso y jamás me arrepentiré de nada de lo que hicimos. Fuimos un grupo muy diferente, marcamos nuestra posición. […] También tocamos mucho las pelotas [risas]. Había fotógrafos que nos pedían sonreír, pero es que no nos salía, de verdad. Yo no tengo un rictus en el que me ría. Eso daba mucha personalidad. Veías a los Hombres G que salían riendo y dando saltitos. Me acuerdo de un tío que una vez nos pidió dar un saltito en una plaza de Barcelona para hacer unas fotos. ¡Si nosotros no dábamos saltos! [Risas]. Nos pasaba mucho. Teníamos la fama de malencarados, como de muy serios. Eso, en el fondo, a la gente le daba su rollo de misterio.

Ahí está eso de ser políticamente incorrecto.
Yo creo que el rock siempre ha sido políticamente incorrecto, tiene que serlo, de hecho. Creo que tiene que haber gente ahí diciendo lo que piensa, como Loquillo o Calamaro, por ejemplo, que cuentan como son realmente las cosas.

Es que miran con lupa lo que dices. Muy, muy correctos.
Sí, la verdad. Antes me habías dicho lo de la prohibición de fumar. Es que no se a donde vamos a ir a parar, macho. El otro día escuché en la radio que iban a poner en las botellas de cerveza una nota diciendo que está prohibido que los niños puedan tomar alcohol. ¡Pero si eso ya lo sabemos, coño! Es que es una agresión continua a la moralidad humana. […] Pero después ves que es todo falso. Pones la televisión y están todo el rato aconsejándote que si la velocidad de los coches, que si no se qué… hay un patrón ahí o un Dios que nos quiere cuidar a todos, pero después es todo mentira. Una falsedad continua.

El Gran Hermano de “1984” que todo lo ve.
Cierto, algo parecido ocurre, como en la novela de Orwell. Hay alguien ahí que nos ordena que todo tiene que estar muy cuidado, que todos tenemos que ser buenos y llevar una vida muy discreta y muy sana cuando a todos nos gusta el vicio. Por supuesto que respeto a la gente que no le guste, pero es que el arte nace mucho de los crápulas y de las drogas. Eso está demostrado. ¿Qué problema hay en que un tipo beba whisky o qué fume cigarros? Le pasará algo con su cuerpo y seguramente morirá antes.

Pero cada uno puede hacer lo que quiera y ser consecuente con sus actos.
Eso es. Joder, tampoco creo que estemos todos pinchándonos ahí con la jeringuilla. Hay una moralidad asquerosa que me repatea.

Hace poco cumpliste cincuenta y tres años, ¿Cómo ves todo el camino andado con la longevidad?
Pues hay momentos. Por un lado me da el punto de que me provoca el hecho de pensar en hacer unas canciones de puta madre para el próximo disco, porque se ahora mucho más que nunca y porque es el momento de marcar con la edad y hacer un discazo de puta madre. Digamos que es como un reto. […] ¿Y como lo veo? Pues mira, ahora que estoy con esto de la película, que es un repaso a mi vida, creo que he hecho lo que he querido a pesar de que ha habido muchas barreras. Pero estoy satisfecho de lo que he hecho. A lo mejor hace diez años pensaba que con sesenta dejaría esto, pero no se, ahora no pienso lo mismo.

Calamaro dijo en una ocasión que un músico no hará su mejor disco hasta que sea ‘viejito’.
Eso es lo que te quiero decir. Es el reto que tiene saber más ahora que hace veinte años. Lógicamente, para hacer un disco no solo hay que saber, sino también estar inspirado.

Más sabe el Diablo por cabrón…
Exacto. Coincido con Andrés. Hace unos cuatro o cinco años vi a Dylan en Benidorm y me pareció el mejor concierto suyo que vi en toda mi vida, y eso que lo había visto más veces. Salía el hombre tocando el teclado en una esquina y eso me pareció tan cojonudo, hasta divertido. Luego lo pensé, este cabrón con sesenta y cinco años -que tenía por entonces- que bueno es. Y ahora tiene setenta. Ya te digo, hay que aprovechar la edad para seguir dando lo mejor de ti mismo.

Sinceramente, Jaime. ¿Has pensado alguna vez en “cortarte la coletilla” y dejar la música definitivamente?
Sí, lo había pensado. Lo pensé hace tres o cuatro años, aunque con Gabinete también. Además lo dije en la época de más éxito, por lo que mis amigos se cogieron un rebote de aúpa. Pero hace unos años si lo pensé porque tampoco me imagino con sesenta y cinco años en un escenario. Lo que se es que siempre haré canciones, porque las canciones que hago me gusta hacerlas para mí. Tampoco soy un compositor para gente. Lo mismo que también me cuesta cantar canciones de otros, eso es una especie de condena que tengo, pero no se si es buena o mala. […] Lo que también se es que siempre tendré en casa algo para graparlas y así tratar de colocarlas o algo. Pero en el sentido de subirme a un escenario, sí que lo tengo pensado. No se cuando.

Tampoco hay prisa, ¿no?
No tengo ninguna prisa. Con lo poco que tocamos ahora… pues imagínate [carcajada]. Se supone que así voy guardando “gasolina”.


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