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Dani Pérez: Evasión o victoria.

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“Lo que más me gusta de mi faceta humorística es que al final soy uno más de todos”.

Dani Pérez es un contador de historias reales con traje de humor que él viste en cada uno de sus monólogos. Se dio a conocer hace años por la interpretación del monólogo de ‘La esquiada’, pero antes de aquél salto, Pérez ya comenzaba a ganarse a su público, un público sabedor de la información que maneja y que serena con la risa. Después de las obras “Los ángeles no tienen hélices”, “Cazando gamusinos”, “Pájaros en la cabeza” o “Monólogos 2.0”, Dani ha continuado por la senda de la narración actual, siempre con el punto de crítica social justo y medido.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

¿Es mejor reír en tiempos difíciles?
Por supuesto. Es mejor la sonrisa. Pero en tiempos difíciles… y siempre. Es igual que el dicho aquél de “el que canta, su mal espanta”. Es más una filosofía de vida que no tanto hacer reír a los demás, al menos en mi caso. Yo he escogido el arte de hacer reír porque es lo que más me motiva día a día.

De hecho dicen que es más complicado hacer reír que llorar.
Yo creo que sí porque la risa juega mucho con la psicología y el conocimiento humano. La sonrisa es lo que nos diferencia –básicamente- del resto de los animales.

Menos de las hienas.
Ellas deben ser las monologuistas del mundo animal (risas). Pero en serio, creo que la risa no solamente te puede cambiar la vida, sino que te llena porque sacas lo mejor de las personas. Entonces, para mí es fundamental eso.

Tu forma de hacer monólogos va más hacia la crítica y la sátira antes que a cosas más banales. ¿Es posible que de ese modo la gente se sienta más identificada con lo que cuentas?
Sí, totalmente. Y no sólo por las anécdotas que cuento en los monólogos, sino por ser un humor generacional. Yo me comparo con un cantautor que cuenta historias en sus canciones, entonces parto de mis vivencias para que la gente se sienta identificada con lo que yo he vivido. Lo que más me gusta de mi faceta humorística es que al final soy uno más de todos. Y claro que me gusta hacer reír a la gente, pero también me gusta decir algo con mensaje porque se pueden decir muchas cosas con la risa sin necesidad de caer en el insulto. Gente como Charles Chaplin o Buster Keaton hecho cosas muy potentes y han dicho mucho con la risa. Ese es el arma y esa es la utopía; cambiar la historia con la risa.

¿Se han llegado a molestar por algo que hayas dicho en algún monólogo?
Pocas veces, la verdad, pero sí me he sentido censurado. Yo colaboraba con lo que por entonces era Radio4, y le hice una carta a Aznar que no me dejaron leer. En la Ser me pasó también cuando colaboraba en La Ventana del Verano. Nunca me dejaron decirle cuatro cosas a Aznar y no la pude leer en ningún sitio.

¿Qué sucedió al final con esa carta?
La tengo en casa, entre papeles.

¿Pero de qué hablaba?
Bueno, fue durante aquél momento de la guerra de Irak, el del penoso momento de los pies sobre la mesa con Bush… en fin. Comparo los tiempos de hoy en día con los de los años 60 americanos puesto que tenemos una población que está cansada de muchas cosas, de promesas que no llegan nunca y creo que ahora es buen momento para decir muchas cosas porque te obligan a ser creativo.

Dicen que las crisis agudizan el ingenio.
En cierta manera es lo mismo, llamémoslo como lo llamemos. Creo que, al sentirnos desamparados por los gobiernos, nos hemos dado cuenta de que vivimos en un mercado en el que hay gente que no sabe venderse, como yo, mientras que hay otra gente que se vende al mejor postor pero mal. Eso en el humor de hoy en día está muy presente, pero de una manera comercial, como marca. No vende decir verdades en el humor.

Es posible que se hayan banalizado los monólogos al contar cosas demasiado comunes…
…o que no se mojan. Es como si haces un rock hablando sobre lo que ves por la ventana frente a una letra que diga que estás mirando por la ventana pero respirando aire contaminado por tal empresa, por ejemplo. Puedes hacer lo mismo, pero pegando alguna coz. Y creo que eso está muy bien. El arte, en cualquier rama, siempre ha sido para protestar, el inconformismo ante la sociedad y ante lo establecido.

De ahí que lo quieran mermar… y matarlo.
Es que el mundo del teatro, del que yo vengo, ya de entrada siempre ha sido un mundo muy machacado y minoritario. Para empezar ya es complicado que alguien se planteé pagar una entrada para ir al teatro y menos si es para ver a una persona que no esté mediatizada. Pero, en mi caso, no busco ser el producto de la temporada, sino algo del rollo Javier Krahe.

¿Crees que alguien puede venderse mucho para paliar carencias de talento?
No, no voy por ahí. Pero hay gente con talento que no sabe hacia dónde lo tiene que dirigir para hacer un poco más de daño. Pienso que sería muy necio no cargar tinta cuando uno llena teatros o tiene todo un mundo que le escucha. Ojo, tampoco se trata de que vayan a ver un mitin político, pero nunca está de más meter alguna pullita entre risa y risa. La gente tiene ganas de oír por boca de otros lo mismo que le está pasando a esa persona. Así es como se identifican contigo.

Sucede que, dentro de ciertos espacios de humor como El Club de la Comedia, mucha gente que tiene esa capacidad de atención hace un monólogo que ha sido escrito por otros. Como los famosos que cuentan un monólogo, vaya.
Sí, pero no todos. Cuando estuve ahí tuve una lucha bastante pesada con los guionistas porque no me dejaban explicar lo mío. Entonces, los dos monólogos que hice para televisión (el de las cabalgatas y el de los musicales) fueron muy reducidos y muy cortos. Luego transformé el de los musicales al que hago ahora sobre Mary Poppins, pero en aquellos tuve que mover las orejas para que la gente se riera, como señal de protesta.

¿Una especie de boicot?
No exactamente. Ahora han cambiado las cosas, pero aquello no me estimuló mucho y quería hacer otro tipo de cosas. Lo probé, estuve ahí –digamos- en la cresta de la ola y luego me bajé para ver las olas desde la orilla de la playa.

Pero esa playa en la que ahora te encuentras no está tan mal, hombre.
Claro, es una buena playa, pero siempre he sido muy “mosca cojonera” y un culo de mal asiento. Sobre todo, soy una persona muy independiente. Soy, de alguna manera, un revolucionario ya que siempre busco cambios, una revolución. El ir conmigo mismo, no vivir con lo establecido ni con esquemas, sino vivir la vida con pasión. Falta romanticismo en nuestras vidas y más con toda esta mugre que tenemos encima, tanto a nivel político como en lo social. Entonces, para mí, la mejor forma de romper eso es utilizando el humor.

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“Hay que cambiar este sistema que ya huele a podrido”.

Decir la verdad es considerado un acto revolucionario. Ya lo sabes.
Totalmente. Además, puedes perder amistades por ello. Mira, un día recibí una crítica de Atrápalo.com en la que alguien decía que había ido a reírse, no a ver un mitin político. Total, para cinco minutos que se me fue la olla en los que cargué porque ese día estaba hasta la polla de todo… Pero creo que es lo más humano puesto que transmití aquél sentimiento a esa persona. Me pasa con la música. Hay grupos de ahora que no me transmiten nada, pero en los 60 había grupos que –estando colocados o no- se dejaban los cuernos en el escenario. ¡Lo vivían! Y eso es lo que echo de menos ahora en todo.

También está el respeto al público, ¿no?
Claro. Sales al escenario y te tienes que entregar. Antes de salir me pongo nervioso porque esa gente que ha venido a verme ha pagado por una entrada.

Si no recuerdo mal, en una ocasión dijiste que comenzaste a tener un público después de tres años.
Debuté en una sala de Mataró llamada Clap. Era una sala de conciertos que llenaba aún habiendo partido de Champions League. ¡Yo flipaba! ¿Quién me venía a ver? La verdad es que había una buena promoción porque la gente que llevaba la sala era gente que estaba acostumbrada a organizar conciertos, entonces aplicaron lo mismo conmigo. Empapelaban Mataró con carteles haciendo que se enterara mucha peña. Claro, la entrada costaba unos tres euros o así, por lo que llegábamos a petar aquello. ¡Imagínate! Un martes por la noche, en un polígono industrial a las afueras de Barcelona y con fútbol de por medio. Aquello me hizo pensar que había una gente que le gustaba lo que yo hacía y que había un futuro.

¿Entonces fue ahí cuando te diste cuenta de que te ibas a dedicar a esto?
Bueno, me lo empecé a plantear. Desde que empecé, tampoco he tenido una idea clara de cuál era la meta. De hecho, sigo sin tener una meta en la vida. No sé, quiero que la vida sea una experiencia, pero no busco un igual en la operación, ¿sabes? Busco vivir la vida lo mejor que pueda, con pasión, con intensidad… queriendo ser consecuente con mi manera de pensar. Y punto, no hay más. Y si te mueres, por lo menos te irás habiendo vivido algo interesante que haya merecido la pena.

Curioso para alguien que tiene el título de auxiliar administrativo.
(Risas) Sí. A los 20 años iba con traje, corbata y una maleta, pero me harté de aquello. Pillé la crisis del 93 y me metí en esto del humor para probar, a ver qué pasaba. Al final, con el “a ver qué pasa”, llevo 17 años.

¿Y el punto de inflexión clave?
Cuando gané el certamen de monólogos en El Club de la Comedia. Aquello fue un subidón. Me sobrepasó y pudo conmigo. De hecho, hay que estar muy centrado para eso no se te suba a la cabeza porque es una vorágine surrealista. Iba a sitios en los que no había estado en mi vida y la gente me aclamaba. A la vez, también se agradecen los ánimos, pero hay que mantener mucho las formas. Tiene su parte buena, pero también la parte en la que se te puede ir la bola. También he tenido la suerte de no haber parado de trabajar. Nunca me he confiado y he tratado de buscar por mí mismo mis propios bolos.

Hombre, la tele dista mucho del teatro. Más que nada porque en televisión eres “más visible”.
Donde recuerdo haber estado muy bien haciendo televisión fue en el País Vasco, en la ETB. Estuve dos o tres años ahí, subiendo cada tres o cuatro meses y grabando unos cuatro programas. Creo que fue la primera vez que dejaban a alguien hacer un monólogo de diez minutos en televisión. Incluso me invitaron a hacer el programa especial de fin de año. No me enteraba de mucho, pero cuando iba, la gente se acordaba de mí. De hecho, he estado un par de veces en la sala BilboRock y he llenado. Es un público muy agradecido, entendido y muy generoso.

¿Y el público de catalán? ¿Hay diferencias con respecto al público vasco?
No, para nada. El público de Barcelona me está tratando bien ahora, pero al principio me lo tuve que trabajar. Es una gente que lo da todo, pero te va a exigir el triple aunque te lo curres muy bien. Pero no se trata de ser más o menos entendido.

Viendo lo de tu periplo de actuaciones en el Alexandra Teatre se puede y se podría confirmar que te han aceptado.
Bueno, pero también ha habido gente que me ha conocido de oídas y ya está. También puede pasar que luego no den el paso final de asistir al teatro. Me hace gracia la gente que me pregunta por mi próxima aparición por televisión. ¡Coño, pues ven a verme al teatro! Estar en el teatro y no salir en la tele es como un grupo que no tiene videoclip. Creo que la sartén por el mando del mañana la tiene YouTube. Puedes sacar un vídeo –sin ser nadie- en YouTube y en un mes ya te das a conocer de alguna manera. Piensa que en la época del punto de inflexión de la que hablábamos antes no había YouTube ni Facebook ni Twitter. Y si lo había, no estaba tan masificado. Ahora mismo podría grabar esta conversación y subirla con el móvil en cinco minutos, cosa que antes era impensable.

¿Internet ha ayudado, en este caso, a los monologuistas?
Sí, mucho. Es una plataforma en la que te ve todo el mundo durante las 24 horas del día. Además, es algo con lo que te puedes buscar una buena promoción gratuita gracias a los perfiles en Facebook o en Twitter. Por ejemplo, con Twitter, puedo hacer una valoración del público real, el que me ha venido a ver. Pero antes llegabas a casa después de una actuación y no podías hablar con ese público o enviarle un mensaje, cosa que ahora sí puedes hacer. Además, esa persona agradece que le respondas al tuit o al mensaje.

No hace mucho tiempo propusiste a los “tuiteros” que si alcanzabas un cierto número de followers ibas a invitarlos a una actuación.
Cierto. Eso fue para darle viralidad al asunto. Tenía poquísimos seguidores (risas) y me preguntaba cómo podría aumentar el número, así que anuncié que si llegaba a trescientos seguidores iba a hacer un bolo para que la gente de Twitter entrara gratis. Y nada, en dos días tenía ya cuatrocientos y pico (risas).

Definitivamente, la cosa funcionó.
¡Y mucho! Si no lo capan a la larga, Internet tendrá siempre muchas posibilidades. Internet es la calle y la calle no tiene dueño.

¿Y si graban algo tuyo y lo suben a YouTube?
Sea con permiso o sin él, es una publicidad que va ir bien. Bienvenida sea la era tecnológica. Es más: en Internet hay muchas cosas que todavía no se han explotado.

“Monólogos 2.0”, “Los ángeles no tienen hélices”, “Pájaros en la cabeza”… ¿Procuras que sean algo conceptual para que actuación y nombre tengan que ver?
Bueno, creo que el título está buscando. “Pájaros en la cabeza” se trataba de un recopilatorio, pero el título describía los pájaros que tengo en la cabeza (risas). Todo gira en torno a mí.

Sin querer dejarme “Cazando gamusinos”…
“Cazando gamusinos” fue algo que hice cundo empezó la crisis, indicando que había que espabilar para que no te dejaran en el monte cazando gamusinos. De hecho, tenía una bola del mundo hinchable muy grande que tiraba al público para que ellos se sintieran políticos jugando con el planeta. También me metía con la religión. Ahora tengo un espectáculo que representa el sermón de un cura, dando a entender que la religión es un truco de magia.

Y la política, amigo mío.
Tenemos un futuro muy raro y los jóvenes no tienen a dónde agarrarse. Hay que cambiar este sistema que ya huele a podrido.

Ángel Martín: Sucesos de un cómico.

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“Los cómicos deberían alejarse de la tele y apostar por otras cosas”.

El gran público conoció a Ángel Martín (Barcelona, 1977) mediante la televisión, exactamente por haber sido un rostro destacable de “Sé lo que hicisteis” durante varios años. Pero antes de esa explosión mediática, el protagonista de esta entrevista (abanderado de www.solocomedia.com) pasó por diferentes etapas, como la de servir copas o tocar en un centro de la tercera edad. Realmente, su objetivo era el de ser actor, por ello empezó a cursar los estudios de interpretación hasta que la comedia se le cruzó un día a regañadientes y de la mano de Ricardo Castella, compañero de profesión que ahora comparte con él cartel bajo la obra titulada “Nunca es tarde”. ¿Parte autobiográfica? ¿Parte de ficción? Bueno, tal vez la mejor manera sea la de ver el espectáculo para comprender un poco más a Ángel Martín lejos de la ‘caja tonta’.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: HÉCTOR HUGO VILA RODRÍGUEZ.

Publicada en Cambio 16

Recuerdo que en un monólogo dijiste lo siguiente: “En Estados Unidos empiezas actuando en bares y pubs, pero si eres muy bueno, acabas en una serie como ‘Friends’. Sin embargo, en España, por muy bueno que seas, terminarías en Noche de Fiesta entre Jaimito Borromeo y Marianico El Corto”. ¿Esto sería la caspa?
Y es verdad. Siendo cómico en España no tienes ninguna posibilidad de que te pase nada. Es muy terrible, pero los cómicos en España son mierdas. No sé si sería como la caspa, pero es gente con la que no se cuenta. Si vas viendo películas de comedia de aquí no verás a ningún cómico. Es muy raro ver alguno. No te encuentras a Don Mauro, por ejemplo. Joaquín [Reyes] ha hecho algo, pero es muy pequeño. Yo diría que el único que ha conseguido hacer algo ha sido Julián López; un par de pelis con la misma gente, como con Nacho G. Velilla en “Que se mueran los feos”. Pero el resto de cómicos de aquí que hacen “stand-up” no salen. En Estados Unidos puedes ver a Seth Rogen haciendo todas pelis porque allí todos los cómicos vienen del “stand-up”, tío. Otros ejemplos: Ben Stiller, Adam Sandler, Will Ferrell… Todos los que de pronto se ponen muy de moda, es peña que vienen de hacer “stand-up”.

De hecho, gente como David Letterman, mantienen todavía sus programas tras décadas y décadas.
O como Jimmy Fallon, que sigue con su propia historia. Y es muy raro que los cómicos de Estados Unidos no hayan hecho “stand-up”. Es un proceso: desde el “stand-up” pasan a series o pasan al cine. Pero aquí no pasa eso porque que no cuentan con los cómicos, cuentan con el tío que esté más de moda. O sea, es más fácil que llamen antes a Mario Casas, por ejemplo. Creo que el que está haciendo algo de comedia es Luis Fernández. De hecho, cuando rodábamos con él una pieza para SoloComedia, me dijo que le habían hecho un casting para una serie que es también de Velilla. Me parece fenómeno.

¿Será porque en España funciona mejor el personaje del paleto o las cassettes con chiste de Arévalo?
Sí, es que no hay cultura de comedia. Los monólogos que ves aquí te los ves en “El Club de la Comedia” o en Paramount Comedy, pero es muy difícil que alguien se vaya a comprar los monólogos de Don Mauro en DVD. Es que son formatos que van dirigidos a ciertos sectores. Piensas en Paramount Comedy y haces tu mierda para Paramount Comedy. Se lo vendes a ellos y ya está. Pero hay muy pocos cómicos aquí que tengan una autoproducción. También es algo como muy sectario.

¿Sectario?
Es que los cómicos no colaboran demasiado entre ellos. Hay como grupos de cómicos y es muy difícil coincidir.

¿Estamos hablando de círculos elitistas?
No, no sé. Sencillamente es difícil. Aquí estamos todavía con el chip de “hagamos monólogos y aprovechemos el tirón es esto”.

Y de los monólogos hace ya…
10 añitos, sí, pero es que en Estados Unidos hace igual 50 o 60 años. Aquí todavía hacemos material muy antiguo. Ves el material de los cómicos estadounidenses de hace 30 años y se nos come con patatas. Si te pones a ver a George Carlin o a Lenny Bruce, gente de los 70, te darás cuenta de que el material que hacen es muy potente. Pero salvo los ejemplos que te he puesto (porque han muerto), el resto sigue haciendo un material de puta madre. ¡Es que estamos en el 2012, joder! Me vengo abajo cuando veo “El Club de la Comedia” porque es un material súper blanco, súper aburrido que todavía sigue hablando de los pies fríos de la novia en la cama, por ejemplo. ¡Me cago en mi puta vida! ¿Todavía seguimos con lo de los pies fríos en el 2012? Intentan que el monólogo sea para el gran público, así que se intenta hacer una cosa que se pueda emitir a las nueve y media o diez de la noche y que le guste a chavales jóvenes y gente muy mayor. Y es que tampoco es el ejemplo ya que la gente que sale ahí no siempre son cómicos, pues un señor que están en una oficina le ha escrito un monólogo a alguien que no sabe ni quién es. Alguien le escribe un monólogo a Belén Rueda, pero si ella dice que no puede porque tiene un rodaje, ese mismo monólogo se lo van a dar a otro. Me parece que eso es impersonal y muy poco interesante.

¿Y no queda “algo”?
Bueno, Paramount Comedy sí que tiene algo porque tú te escribes tu mierda, aunque dentro de unos límites también. Pero lo de “El Club de la Comedia” es demoledor.

¿Entonces hay unos estándares que limitan la creatividad del cómico?
Desde luego lo que ves en televisión, sí. He visto material de muchos cómicos en directo y no es el mismo que se ve en la tele. Es la misma broma, pero la tienes que adaptar para que nadie se ofenda. Ahí deja de ser tu material. Estás adaptando una cosa que tú haces en un teatro o en una sala de una manera, pero cuando lo haces en la tele tiene que ser de otra forma. Es supervivencia. Se trata de pedir pasta por algo que quieras vender. Y eso es una mierda porque el cómico que ves en televisión no está haciendo realmente su material. Es una pena. O como cuando los cogen para hacer programas en la tele. Lo que están haciendo ahí no tiene nada que ver con lo que ellos hacen. Veo a Iñaki Urrutia o a Goyo Jiménez en “No le digas a mamá que trabajo en la tele”, de título impronunciable, y lo que hacen ahí no tiene nada que ver con lo que yo les he visto hacer. Me parece mucho más interesante el material que ellos hacen que lo que hacían en la tele, que no era más que ver llegar a una grúa tirando un montón de chocolate por la cabeza. ¿Tiene eso sentido? Es un rollo. La comedia en la televisión funciona de esa manera.

Tirar de la payasada fácil para que la entienda la abuela y el nieto.
Es entretener al niño de 8 años y a la abuela de 70, y ya está. Tú entras en ese juego aprovechando el tirón para ir luego al teatro o a tu sala para ver si viene más gente. Pero no sé hasta qué punto también es buena idea porque luego la gente que te va a ver es por lo que has hecho en la tele y luego se encuentran que eso que haces no tiene nada que ver. A mí me ha pasado que ha venido gente a verme y se han encontrado con algo duro. Bueno, mira, es que esa es la mierda que yo hago. Si esperaban ver lo que hacía en “Sé lo que hicisteis” tenemos un problema porque no tiene nada que ver… al menos en los últimos años, claro.

Pero también es verdad que mucha gente te empezó a conocer a raíz de “Sé lo que hicisteis”, aunque habías trabajado anteriormente en Paramount Comedy, en el teatro y en “La noche con Fuentes y Cía.”.
Pero “Sé lo que hicisteis” es lo que es y lo que me dio a conocer, pero “La noche con Fuentes y Cía.” era una cosa que veían drogadictos, prostitutas… la gente que salía a la una y media de trabajar, yo creo. Y mis padres, a lo mejor. Y no todas las noches.

“Yo quería ser actor de verdad y no esta mierda que somos ahora”.

Por lo tanto, la gente que va al teatro esperando una cosa, se encuentran otra.
Es que el tono es otra cosa distinta. Ya hace un año y pico que nos largamos de ahí, así que la cosa cambia. Pero al principio mucha gente venía a ver “al tío de la tele” y se la pelaba lo que hicieras. Otros esperaban que hiciera un monólogo sobre Belén Esteban, y eso al final te la pela muchísimo. Pasa lo mismo con SoloComedia. La gente que entre por ver “Sé lo que hicisteis” se puede encontrar con una cosa que no tiene nada que ver. Te puede gustar más o te puede gustar menos, pero no tiene nada que ver con lo que han visto hasta ahora. Al final, la tele tiene una cosa buena que es que te haces conocido, pero tiene una parte mala que es que la gente se va a quedar esa imagen. Entonces tienes que encargarte de salir de ahí, que es una guerra bonita y dura pero larga y un coñazo. Es que fueron 5 años haciendo ruido en ese programa…

Que terminó quemándose, creo yo, porque empezó como algo semanal y luego derivó en algo diario.
Hostia, es que eso es la tele. Empiezas con una cosa semanal que luego te lo convierten en diario para acabar haciendo una cosa de media hora que pasa a ser algo de dos horas y pico… y llega un momento en el que no tiene sentido. Pero la tele es eso: exprime el momento, y si estás de moda, estíralo todo lo que puedas. Aunque a los de los despachos les da igual que tu imagen se queme. Ellos estiran y fuera.

Cierto actor me dijo en una ocasión que la tele es un animal que devora personajes: llega, los consume, los explota, los exprime y después los escupe.
Sí. Si eres directivo, aprovechas eso. Eso es porque luego aparecerá otro cómico que te va a dar lo mismo que te daba el tipo que tenías antes, aparecerá otra chica que era igual de guapa que la que tenías… Aprovechan tu momento y luego, a tomar por el culo. Pero también es porque tú entras a jugar con esas reglas y porque las has aceptado.

Dejando de lado el tema de la televisión; ¿la forma irónica de hacer humor (ciertamente ligada al “humor inteligente”) puede resultar más ofensiva?
Todo eso del “humor inteligente” me toca la polla, no te voy a engañar. Es muy fácil colocarte en ese rollo si no lo has entendido o porque no estás a la altura. Y no es así. Haces un humor que te gusta a ti. Fin. Si le gusta a más gente, pues de puta madre, pero si le gusta a menos gente, pues le gustará a menos gente. No creo que haya humor inteligente. ¿Por qué lo que te gusta a ti o a mí es más inteligente que lo que hace Arévalo o cualquier otra persona? Puede ser igual de divertido llegando a otra gente con otros perfiles. Entonces, haces un humor que encaja con un perfil de gente, que es la que te mola, y no haces otro humor que te encaje con otro perfil de gente. A mí no me interesa el humor de los chistes, pero no es menos guay que el humor que hagamos nosotros. Simplemente no te interesa. Y la ironía es lo mismo. ¿Es más interesante que el otro humor? No. A ti y a mí nos parece más interesante porque estamos en esa línea y no en la del tartazo ni la de la caída, pero no es más interesante ni es mejor. Ya te digo; lo de “humor inteligente” me parece una excusa barata. ¿Te entiende menos gente de la que te gustaría? Pues te jodes. Decide si quieres ampliar tu abanico o te quedas en ese rollo, pero no creo que haya humor inteligente.

¿Tendría esto relación con los círculos y el elitismo?
Tiene que ver con lo que te hace reír a ti. Punto. No es ni mejor ni peor, es la cosa con la que conectas tú con tu público. Puede que te encuentres haciendo una cosa que le guste a menos gente. Vale, es tu línea, pero no es mejor ni peor. ¿Lo que hace José Mota es mejor o peor que lo que hace Joaquín Reyes o Ernesto Sevilla? No tiene nada que ver. Y ya está. Cada uno tiene su público, y si con eso sobrevives… pues de puta madre. El problema viene cuando lo que haces sólo te gusta a ti, entonces sí que tienes un problema porque no vas a poder sobrevivir con eso. Puedes pagarte a ti mismo, pero es muy raro y desconcertante.

¿Te has encontrado con ese problema de pagarte a ti mismo?
No. Nosotros somos una generación que ha tenido mucha suerte porque nos hemos encontrado con algo llamado Internet, y eso es oro porque de pronto hay mucha gente que conecta contigo porque ha visto mucha más comedia. Nuestros padres, claramente, no tenían acceso a otro tipo de humor. Para ellos, ver a los Monty Python era una cosa como muy rara porque no había nadie aquí que hiciera lo mismo de Monty Python. Creo que al final el humor al que tenían acceso nuestros padres era Martes y 13, Gila, Rubianes, Tip y Coll, Arévalo… pero el acceso era distinto. En cambio, nos encontramos ahora con gente que te habla de cómicos que no conoces pero que al mirar en Internet descubres que lo que tú haces se parece a lo que hace ese tío. Y eso es una suerte porque el abanico de gente con el que puedes conectar se abre debido a que hay mucha gente viendo un contenido que es muy salvaje. Claro, ahora no te limitas a dos cadenas de televisión.

De hecho, SoloComedia viene por Funnyordie.com.
Correcto. Funnyordie la fundan tres cómicos (Will Ferrell, Adam McKay y Judd Apatow) que tienen cosas que nos parecían muy interesantes, sobre todo la parte de ver a gente que no suele hacer comedia y que de pronto te los encuentras haciendo el subnormal, como Sean Penn haciendo bromas sobre él. Eso nos parecía oro, pero creo que en España falta todavía sentido del humor eso. Si llamas a un actor para que haga algo así puede decirte que si hace eso la gente pensará que es tonto. Y no, la gente va a creer que tú te estás riendo de ti mismo. Pero es que estamos hablando de otra cosa porque la comedia en Estados Unidos es otro universo. Aquí cuesta mucho todavía que la gente se ría de ellos mismos. Pero vamos poco a poco. Creo que es divertido –también para la gente- aprender a reírte de uno mismo. Mira, María Valverde es un ejemplo muy claro de tía que, haciendo una serie de cosas que son muy dramáticas, quiso hacer algo con nosotros. Recuerdo que sus palabras fueron: ‘Vale, pero quiero hacer de algo en lo que sea una hija de puta’. Pero claro, lo dice porque sabe que a lo mejor en cine no le proponen papeles de hija de puta porque el perfil que tiene es el de ir llorando por las esquinas. Es una tía que viene y que no se plantea lo que dirá la gente después. Viene y se burla de que hace papeles de llorar por las esquinas. Todo esto está pasando con las generaciones más jóvenes mientras que a las más mayores les cuesta un poco más porque creen que Internet es un medio en el que no saben quién va a ver lo que hacen. Pero ya te digo, poco a poco. Es abrir una puerta. La idea inicial de cómicos haciendo cosas exclusivas para Internet con gente que no ves nunca haciendo comedia me parecía que era lo más guay.

Es la parte más “profesional” del humor, digámoslo así, ¿no?
Sí, o por lo menos la parte que nos parecía más interesante. Es la profesional, pero la que nos parecía más guay. Cada vez que alguien nos dice que se apunta a hacer el idiota, nos da un subidón. Que gente como Alberto Granados, Marta Torné, Juanma Iturriaga, Luis Fernandez o Maxi Iglesias (chavales que están de moda) se apunten para jugar o para hacer el subnormal, es muy divertido.

Te iba a decir que en “El Hormiguero” hacen cosas parecidas con los invitados, pero diría que es el lado más infantil.
Sí, hombre, si Pablo Motos no se pone delante del invitado para que puedas verlo, estaría bien. Es bastante divertido cuando ves a gente haciendo… cosas. Lo que pasa es que “El Hormiguero” tiene otro rollo. Han hecho una cosa que está muy de puta madre porque cualquier estrella va “El Hormiguero”. Todos los que vienen pasan por ahí porque también es verdad que no hay otro programa a donde ir. Pienso que abusan demasiado de eso y juegan poco con el invitado. Me parece que es desaprovecharlo. Vale, cuando viene Will Smith es la polla, pero porque Will Smith es la polla. El tío es un showman que llega allí y revoluciona todo, pero en el momento en el que te llega alguien como Jesse Eisenberg, pasa lo que sucedió con toda aquella polémica: que el tipo no entendía nada. Es muy raro que, teniendo gente internacional que se prepara cada puta entrevista, se los traigan para echar Mentos en la Coca-Cola. O si va Justin Timberlake, lo asoman por la ventana para que la gente grite. Vale, ya sabemos que eres la polla. Ya has cogido tu rabo y me has abofeteado con él, pero ahora haz algo que valga la pena, ¿no? Por eso digo que desaprovechan al invitado pero abusan de tener invitados internacionales.

Si están ahí es porque tendrán un público que lo vea…
No, no, claro. Ese programa es impecable. Está muy bien pensado porque es para toda la familia. Y no hay ningún otro programa que sea igual de perfecto que ese. A mí no me interesa, pero es perfecto porque han hecho lo que querían hacer porque… ¿cuánto dinero hay ahí, coño? Joder, hacen unas cosas acojonantes. Pero mi sensación es que está desaprovechado. ¿Por qué están sentados en una mesa contando con tanto dinero? Cada vez que lo pongo, veo a gente sentada en una mesa hablando con unas hormigas. De vez en cuando se ponen delante de la mesa y alguien saca un carrito con un experimento. Que puede ser la polla, sí, pero por ejemplo; está Charlize Theron ahí y terminas preguntándote por qué es lo mismo que cuando está Ana Obregón. Hacen lo mismo. Da mucha pena porque no es lo mismo y porque se puede jugar mucho más. Me da la sensación de que hay una fama, una pasta y un mérito que es muy evidente, pero que no…

Tal vez es hora de hacer un “Cómicos por el mundo” o “¿Quién quiere casarse con mi hijo cómico?”.
Es que los cómicos deberían alejarse de la tele. Mucho. Deberían irse muy lejos porque no van a poder hacer su mierda… a menos que hagamos un canal que esté dirigido por un cómico y que esté controlado por cómicos. Es que al final los cómicos en la tele no tienen ni un puto sentido. No he visto un solo cómico que haya hecho en la tele lo mismo que hace en el teatro. Lo más parecido a libertad con cómicos es “Ilustres Ignorantes” porque yo he estado ahí y es verdad que Javier Coronas no tiene cabeza ninguna. Te sienta en la mesa y puedes decir lo que te salga. Y es verdad, puedes decir lo que te salga de la polla. No tienen ningún sentido, pero estás siendo tú y juegas con esas reglas. Y de programas… poco más. Igual la primera temporada de “Zombis” de Berto. Era una cosa que hizo para Internet, se lo compraron y lo colocó tal cual. Pero por lo demás… en Cuatro no verás cómicos haciendo lo que tienen que hacer, en La Sexta está Jordi Évole, hace su cosa pero no es cómico porque es un periodista con un gran sentido del humor. En TeleCinco, las veces que he visto cómicos ahí han sido en galas… y en La 1 está José Mota haciendo su programa. Y ya está. Es que es lo que te digo: los cómicos deberían alejarse de la tele y apostar por otras cosas. Pero esto te lo está diciendo un tío que estuvo 5 años en la tele, así que no tiene ningún puto sentido lo que estoy diciendo.

Pero para saber si te gusta hay que probarlo.
Sí, claro. Pero si llegas a un programa y te dicen que te vas a echar chocolate por la cabeza… creo que la pista te la han dado en la primera semana. [Ángel cambia el tono de voz] “¿Chocolate en la cabeza? ¡Claro! Me puedo quedar. A ver si en la semana siguiente hago algo parecido a lo mío… Pero me estoy tirando chocolate por la cabeza y es muy raro”. La tele no está hecha para los cómicos, al menos así lo creo. No tenemos nada que hacer en España, de momento.

Esperemos.
Sí, hombre. Esto tiene pinta de que va a ser muy diferente al año que viene. Va a cambiar de manera radical, sí. Tiene muchísima pinta (risas).

Y esto me lo está contando alguien que empezó queriendo ser actor y terminó como cómico gracias a que un día tuvo que hacer un monólogo, el famoso monólogo del fantasma.
¡Hostia! Yo estaba estudiando interpretación cuando Paramount estaba buscando cómicos en Barcelona. En realidad no quería ser cómico, quería ser actor. Actor de verdad y no esta mierda que somos ahora. Mi profesora me obligó a hacer una cosa de humor para Paramount Comedy, pero yo no sabía qué era exactamente un monólogo y “El Club de la Comedia” tampoco estaba muy en auge. No había visto nada, vaya, pero escribí una mini obra de teatro de 5 minutos. Montaba en el escenario una casa abandonada y yo iba con una sábana por la cabeza… una cosa muy bizarra que si lo viera ahora grabado me avergonzaría muchísimo de mí. Sería pura vergüenza. Entonces, nos llevaron al hotel para hacernos una especie de casting a cuatro tíos de la escuela de interpretación. Ellos habían entendido muy bien lo que era el monólogo, pero yo no. Además, como coordinador de “Nuevos cómicos” estaba Ricardo Castella. Cuando me dijeron que hiciera el monólogo, me quité el jersey (me lo puse en la cabeza porque no tenía sábana) y estuve 5 minutos haciendo mi mini obra de teatro sin saber qué coño estaba pasando detrás de ese jersey. No oía nada, no oía risas… nada. Pero tampoco me importaba que no hubiera risas porque yo era un actor y no tenía por qué llegar a la gente con el arco de mi personaje… y todas estas mierdas (risas). Al terminar, me quité el jersey y vi la cara de Ricardo de no haber entendido nada. Me dieron las gracias al irme y a la semana mi profesora me dijo que Ricardo había escrito y que aunque lo mío no tenía nada que ver con un monólogo, se podía convertir en uno. Que escribiera algo sin la sábana y que diera mi punto de vista sobre las psicofonías. Lo adapté, se lo pasé a Ricardo y nos trajeron a Madrid para actuar junto a tres personas más.

¿Dónde fue?
Actuamos en la sala Garibaldi. Había un tipo llamado Marc de Alberdi que tenía un material espectacular. Llorábamos de la risa con él. No sé que estará haciendo ahora por cierto, pero llorábamos de risa con él. Fue el primero en actuar para romper el hielo, y al salir, se hizo un silencio absoluto. Nadie, nadie se reía y todos nos vinimos abajo porque pensábamos que sí el era el bueno y nadie se reía, los demás íbamos a morir. Y efectivamente, salimos al escenario y fue la mayor mierda que hayamos hecho nunca. Nos dimos una hostia muy espectacular. Después de aquello, Ricardo nos dio unas notas, hicimos unas versiones y me dijo que fuese a Paramount a grabar un monólogo. Lo grabe, pero no lo compraron porque era malísimo. Ricardo insistió porque decía que era buenísimo ¡y me hizo venir a Madrid cuatro veces a grabar ese puto monólogo! En Paramount le decían que no me llamara más porque no era divertido (risas), pero se le puso en los huevos y me subió cuatro veces. Creo que el primer monólogo lo compraron por pena (risas).

Pero luego vinieron más monólogos.
Sí, luego le pasé cosas. Me vine muy arriba, le mandé otro monólogo…

Si la memoria no me falla… diría que estaba el de la mili, el del sexo, el del quién conoce a quién…
(Suspira) El del “¿Quién es quién?” fue un encargo que me hicieron un momento antes y me dijeron que improvisara. Era muy raro. Ese y el del chocolate Ram. ¡Terrible!

¡Hombre! Y también estaba ese en el que decías que dejabas la comedia.
Ese fue de los últimos monólogos que grabé en Paramount. Pero lo hice porque me planteé dejar la comedia. Era una cosa que no tenía ya ningún sentido. Recuerdo que estaba el de la mili, como has dicho, el de las psicofonías, el de los cuentos infantiles… y alguno más por ahí. He visto alguno más pero me ha dado muchísimo asco. Muy malo y muy lento todo (risas). Era infumable, tío. Todo ese material que hay mío en Youtube de los monólogos de Paramount me parecen horribles. Todo eso tiene como 12 años, pero es que uno va cambiando y lo que empiezas a escribir ya va en otro tono, otras líneas y otro ritmo. Comparado con lo que hacía antes y ahora, no tiene nada que ver. No sé muy bien por qué, pero creo que fue una apuesta personal de Ricardo. Ahora tenemos un musical juntos y viene a SoloComedia cuando le dejamos cantar.

¿Y qué crees que habría pasado si Ricardo no te hubiera sacado?
Pues que ahora estaría en un bar y sirviendo copas, como muchos otros que querían ser actores. Tuve la fase de servir copas antes de dedicarme a la interpretación, así que ya la he pasado. Pero si no, estaría tocando el piano en centros de la tercera edad, que era a lo que me dedicaba por aquel entonces. Estaría ahí, seguro, porque no creo que los Coen se plantearan la duda de cogerme a mí o a Javier Bardem (risas). Lo tendrían muy claro.

Bueno, si a Castella se le pone también en los cojones…
¡Ah, no, claro! Si a Ricardo se le pone, desde luego (risas). Los Coen le dirían que no, pero él insistiría y lo acabaría haciendo por pena, seguramente.

“Para conseguir que alguien se ría tienes que hacer que su vida deje de ser una mierda”.

“Nunca es tarde”, vuestra obra, tiene parte autobiográfica y parte que no. Pero quiero saber cómo se montó después de haber perdido el contacto durante mucho tiempo entre tú y Ricardo.
Nosotros perdimos el contacto cuando empecé en la tele. Estuvimos como cuatro años sin hablarnos. No de mal rollo, pero perdimos el contacto. Ricardo me escribía o me llamaba a veces y yo ni le devolvía las llamadas ni los mails. No por nada personal, sino que era de estas cosas que vas a contestar luego pero que vas dejando hasta que te das cuenta que ha pasado una semana… y luego ya no sabes cómo explicarte por el retraso (risas).

¡Y todo por no saber cómo explicarle la demora!
Es que se me generaba un mal rollo tremendo porque no sabía cómo responderle después. Estuvimos así cuatro años. Él empezó en un programa de Antena3 llamado “Tal cual lo contamos” haciendo una broma en la que se presentaba diciendo “hola, soy Ángel Martín”… sin decirme nada. Entonces pensé en hacer como una broma y al final terminamos hablando a través de la tele. ¡Era muy raro! O sea, no estábamos hablando pero uno llamaba al hermano del otro para que llamara también al programa… muy absurdo todo, tío. No hablábamos fuera de la tele, pero lo hacíamos por la tele.

¿Rollo Góngora y Quevedo?
¡Era muy bizarro! A él, además, no le dejaban hacerlo, así que lo hacía a escondidas. Hubo una temporada en la que dejaban de rotularlo como Ángel Martín y entonces él salía con un cartel con mi nombre, ¡pero no había avisado de que lo iba a hacer! Le pegaban muchas broncas por eso (risas). Una vez llamé a su hermano para que entrara a mi programa pero sin que dijera que era su hermano… Ya te digo, tío, ida de olla muy grande.

¿Y qué sucedió después?
Pues cuando se largó del programa, yo entré en directo por teléfono porque queríamos darle una sorpresa sin que él lo supiera. Y fue la mierda porque no le había contestado a ningún mail y tampoco le había devuelto ninguna llamada y estaba entrando en directo en su programa sin que él lo supiera (risas). Esa semana quedamos para cenar y fue muy “malrollero” porque lo hice muy mal ahí. Nos dijimos todo a la cara y confesé que la había jodido, así que lo único que podía hacer era pagar esa cena. No podía pedir más disculpas porque habían pasado tantos años que hacerlo iba a ser muy ridículo. A partir de ahí retomamos el contacto. Después le llamaron para hacer una suplencia de verano en “Sé lo que hicisteis” y tal. Pero yo tenía la cabeza ya muy caótica cuando iba a dejar el programa y tenía que hacer muchas entrevistas explicando por qué lo dejaba, así que Ricardo me sugirió que no diera entrevistas porque lo mejor era escribir un musical explicando por qué había dejado la tele. Me pareció una idea tan jodidamente absurda, descabellada y ridícula, que me resultaba impecable. Imagínate crear ese mal rollo cuando me preguntaban el por qué de mi salida de la tele y responderles que estaba haciendo un musical donde lo iba a contar. ¡Era jodidamente raro! (Risas).

Imagino que ahí empezaría el desarrollo creativo con mil ideas, ¿no?
Nos encerramos y empezamos a escribir la historia de un tío que deja su trabajo en la tele para dedicarse a la música. Y sí, se mezcla realidad y ficción.

Después de todo esto, y según la historia, vas a sacar un disco.
¡Claro! Es lo que vende. En el teatro y en la música es donde está el negocio. ¡Es nuestro gran plan para hacernos ricos! (Risas) No, en serio, no creo que saquemos un disco. Ya estamos bastante arruinados con el teatro como para ahora invertir en música.

Bueno, a Sabina y a Serrat les funcionó bien lo de “Dos pájaros de un tiro”.
Para ser dos chavales que están empezando y que a penas tienen seguidores, no les va nada mal. Ni siquiera necesitan tener Twitter ni nada. Son gente que, a lo mejor, pueden ir a una ciudad sin avisar que van, y llenan un estadio en plan “se nos ha olvidado hacer carteles”. Yo creo que en la música hay excepciones y no seríamos nosotros la revelación del 2013, no te voy a engañar (risas). Si vienes a ver nuestro espectáculo no sales hablando sobre lo bien que tocamos.

Bromas aparte, la idea de cómo se monta “Nunca es tarde” es ridícula pero a la par que rompedora.
Es que el espectáculo es muy raro también porque no es una obra de teatro. Es una serie de televisión musical hecha en teatro, entonces es muy extraño porque es una serie de televisión porque el ritmo que tiene, es ritmo de tele y no de teatro. Está pensado en escenas pero no hay localizaciones. Es interesante verlo porque el ritmo es distinto y no tiene que ver con nada. Es curioso pero raro de explicar.

¿Y qué tal la aceptación?
Pues llevamos un año y medio y hemos repetido ciudades, así que yo creo que a la gente le mola. En Madrid nos quedamos ya todo lo que queda de año. Hasta enero vamos a seguir aquí. Funciona bien, vaya. Hay gente que repite y todo.

Ya se sabe que el teatro es la mili del actor.
Sí. Claramente sales ahí a hacer una cosa que has escrito tú y la reacción es inmediata. En la tele haces una broma y no sabes cómo ha sido la reacción porque no oyes las risas, pero si en el teatro no se oyen las risas es porque la obra es una mierda. Eso sí, si ríen es porque la obra funciona. En el teatro tú tienes el control de lo que haces. Puede que haya bromas que funcionen muy bien, pero si no estás cómodo puedes decidir cambiarlas. No viene nadie a decirte qué bromas hay que hacer cada día para que a la gente le guste hasta que deje de ser divertido. En ese aspecto, el teatro es una mili, desde luego.

Si tú haces una broma y nadie la pilla salvo una persona, ¿la mantendrías?
Depende. Hemos llegado a hacer cosas muy raras. Ricardo y yo hemos estado apostando por una broma durante mucho tiempo sin que nadie riera. ¿Pero qué sentido tiene al final que nos haga gracia nada más que a nosotros dos? Pues será la broma que nos gusta a nosotros dos, y ya está, pero la cambias porque no puedes hacer un espectáculo que sólo te guste a ti. No suele pasar tampoco porque intentas hacer un material que te guste a ti y que además le guste a la gente. El público que viene a vernos sabe muy bien qué es lo que se va a encontrar. Es lo que hablábamos antes, pues ahora mismo, el acceso que tienes al material es inmediato. Antes de ir una obra de alguien puedes teclear su nombre en Internet y ves vídeos de lo que él hace u opiniones de gente que ha ido a verla. Encontrarás opiniones buenas, malas… pero ya sabes a lo que vas. Al fin y al cabo, la gente sabe a lo que va porque lo ha investigado antes. Puede que vayan a ver algo que les apetece o puede que vayan a ver al tío que sale por la tele, pero van a ver algo que les gusta.

“En España falta todavía sentido del humor”.

Las opiniones son como los culos…
Puede que un día no andes especialmente fino y la broma no ha gustado. O también puede ser porque no la has tirado bien o viceversa, pues haces un movimiento que antes no hacía y resulta que la gente se ríe mucho con ello. Eso en el teatro es muy complicado, y más la comedia, porque dependes de mil factores, pero es muy interesante porque estás todo el tiempo pensando qué es lo que ha pasado.

De hecho, dicen que es más fácil hacer llorar que hacer reír.
Es que hacer llorar es muy sencillo. En general, todos estamos en una situación de mierda, entonces, sacar eso a relucir es muy fácil. ¿Que estás mal? Pues vamos a acentuar eso para que estés mal. Es muy fácil sacar la sensación de pena, pero es que en el teatro es muy fácil llevar las sensaciones al extremo porque todo te envuelve en ese rollo mientras estás sentado en una butaca en silencio y en penumbra. Para conseguir que alguien se ría tienes que hacer que su vida deje de ser una mierda por unos momentos. Entras en el teatro pensando que mañana tienes que pagar el alquiler, la luz, la falta de pasta, mil problemas… pero entras con la idea de reírte. ¡Vaya planazo bueno! Si logras reírte es porque has conseguido que todo eso se quede a un lado. Al salir del teatro tienes otro rato de risas, pero al volver a casa ya es la mierda. Pero claro, si vas a ver una obra en la que echen a un padre de familia del trabajo, que no tengan dinero… pues vas a llorar.

De ahí que la gente no vaya a ver cine español.
Pues es uno de los motivos. También puede ser porque todo lo de la Guerra Civil ya está contado… no sé. Hay pocas historias que sean buenas y que realmente te lleguen. Yo, desde luego, prefiero la comedia. Además, no creo que haya nadie que monte una obra de teatro titulada “¡Te quiero hacer llorar!” (risas). Pero emocionalmente es más fácil conectar con la pena que con la risa. Así que si has conseguido conectar con la risa es porque has hecho que la gente deje de lado sus problemas. No sé cómo de gratificante tiene que ser hacer llorar a todo el patio de butacas y llegar después al camerino diciendo “hoy han llorado todos. ¡Qué bien!”. Hostia, ¿por qué quieren hacerle eso a la gente? (risas). Aunque también hay momentos en los que necesitas ver una peli que te destroce por dentro y te abra en canal. De todas formas, la comedia es una manera de evadirte de todo. Por eso me alegro de no haber sido actor ahora, seguramente estaría haciendo dramas y sería todo una mierda.

Macarena Gómez: Del método a la locura.

Publicado en

“No me dedico a esto para sufrir”.

La cita con la actriz Macarena Gómez (Córdoba, 1978) se concreta en un emplazamiento cercano a la zona de Colón y Génova, en Madrid. Es un día de bastante calor pero con viento, poco habitual para aquellas fechas. La charla se alarga durante cerca de 45 minutos en los que se habla de cine, como era de esperar. “Holmes. Madrid Suite 1890” (José Luis Garci) inicia el encuentro que termina con un giro sobre divagaciones varias acerca de la ética y moral del actor, separar al personaje de la persona o de las múltiples formas de adaptación al entorno. Aunque es una cara conocida por “La que se avecina”, Macarena se ha ganado a pulso un reconocimiento respetuoso en el cine, y más exactamente dentro de la disciplina del cortometraje. Off the record, quedaron otro tipo de conversaciones más cercanas a la música y viajes, pero eso permanecerá en el cajón.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

Hablemos de lo que significa trabajar con Garci y el ritmo al que estabas acostumbrada. ¿Te ha supuesto mucho trabajo?
No, la verdad. Si te das cuenta, las películas de Garci en sí tienen un ritmo distinto. Claro, comparado con los rodajes de “La que se avecina”, donde vamos todos histéricos y gritando, el ritmo de una película de Garci es todo lo contrario. No me refiero al ritmo de rodaje, sino al ritmo que él plantea en sus largometrajes; como esa cadencia al hablar. Pasar a ese registro fue para mí un reto. Otra cosa que me fascina de las películas de Garci son los planos secuencias. ¡Me encantaría grabar todo en un plano secuencia! Me parece que es algo muy difícil para el actor porque tienes que resolver todo en una misma toma. Lo tienes que hacer perfecto en un sólo plano para intentar transmitir lo que tiene tu personaje.

“Annie Hall”, de Woody Allen, tiene bastantes, por cierto.
Sí. Hay muchísimas que ahora se hacen también así. De hecho, en Octubre del año pasado rodé un corto de 5 minutos en un plano secuencia. Quise hacer el corto por eso, porque me encanta y es un reto.

¿De cuál corto hablamos?
Se titula “Papá te quiere mucho”.

Es difícil hacer una lista oficial de los cortos en los que has actuado debido a que haces muchísimos al año. Para dar con “Cementerio de elefantes” había que escarbar bastante, de hecho.
¡Es cierto! No sé por qué hay cortos que no aparecen en IMDB y otros sí. Tendría que ser el propio productor el que lo subiera ahí, supongo.

He contabilizado, aproximadamente, unos 20 cortos.
Y te aseguro que hay más (risas). Mira, entre Octubre y Noviembre del año pasado, cada fin de semana hice un corto. Creo que los mejores papeles que me han dado han sido para hacer cortometrajes. Supongo que eso es debido a que el director o el guionista escriben el corto pensando en mí.

Lo que me resulta curioso es que en los cortos siempre te han dado papeles dramáticos.
¿Verdad? Yo también lo pienso. Fíjate: mientras que para largometrajes siempre me dan comedia, para los cortos me dan papeles dramáticos. Será por eso por lo que me gusta más hacer un cortometraje. No me lo había planteado, pero tienes toda la razón. Es que lo pienso ahora mismo y es verdad que los directores de coritos siempre me llaman para hacer dramas y no para hacer comedia, lo cual me halaga mucho porque me ven haciendo tele o cine y ven que tengo también ese registro para hacer dramas. Me encanta. Aunque no es algo que haya buscado conscientemente.

También te llaman para hacer terror, como en “Para entrar a vivir”, de Jaume Balagueró. Es casi una precuela de “Rec”.
Hay mucha gente que considera “Para entrar a vivir” como una de sus mejores películas. Me encantó trabajar ahí. Lo que pasa es que se estrenó en televisión un viernes a las 12 de la noche y no creo que tuviera una repercusión profesional para mí. Sí que hay gente amante del género que la ha visto, claro, pero tampoco creo que me den papeles de terror por “Para entrar a vivir”. Igual es más a raíz de “Dagon, la secta del mar”. Pero no lo sé, si te digo la verdad. Eso sí, me lo paso muy bien con el género de terror.

Bueno, “Dagon, la secta del mar” fue tu primera película y casi es llegar y besar el santo.
¿Sabes lo que sucedió también? Que me coincidió “Padre coraje” y “Dagon, la secta del mar”. No sé cual empecé a rodar antes, pero creo que fue “Padre coraje”, aunque lo mismo la diferencia entre uno y otro fue de 3 semanas. Lo que sí te digo es que el primer trabajo que me salió fue “Dagon, la secta del mar”, aunque a lo mejor “Padre coraje” se empezó a rodar antes. Lo iba compaginando viajando de Sevilla a Barcelona y de Barcelona a Sevilla.

También fue suerte. Hay quién hace una primera película y es como si no existiera.
Totalmente. Tuve mucha suerte. Pero sinceramente y con todos mis respectos hacia “Dagon, la secta del mar”, creo que se fijaron más en mí -porque empecé a trabajar de una manera constante- a raíz de “Padre coraje”.

Aunque “Padre coraje” tenía un buen elenco.
Por supuesto, pero es lo de “Dagon, la secta del mar” es un género que ve un número muy bajo de la gente de la profesión.

Pero lo de “Padre coraje” tuvo más repercusión porque es la tele…
Claro.

Y haciendo de politoxicómana, otro de tus fuertes en los papeles marginales.
Pero fíjate: en “Padre coraje” hago de yonki y en “Dagon, la secta del mar” hago terror. ¿No te has dado cuenta?

Sí, que justo después te dieron papeles de terror.
Exactamente. Y siempre que han querido papeles de yonki, me han llamado. Aunque ya hace tiempo que no me llaman para eso. ¡Es que te encasillan!

La gente, en general, ve más televisión que cine, así que con “La que se avecina” podrían encasillarte más fácilmente con el personaje de Lola.
Sí, pero no creo que me identifiquen como Lola, aunque la gente de la calle sí me reconoce por eso. Hace nada me pararon por la calle porque me habían reconocido de un capítulo de una serie de hace 7 años. Fue algo que me hizo muchísima gracia (risas).

Esto te lo digo porque hay compañeros tuyos que van a discotecas (con su caché correspondiente) bajo el nombre del personaje. ¿No es esto un suicido laboral?
Totalmente. Además, me pregunto si el actor sabe que lo venden con el nombre de un personaje en lugar del suyo real. Al igual que es un peligro estar muchos años en una misma serie. Tengo la suerte de llevar muchos años en “La que se avecina”, pero si te das cuenta, en la serie, mi personaje se va de vez en cuando. Está todo pensadito. De ese modo yo tengo tiempo para hacer otros proyectos.

“Los mejores papeles que me han dado han sido para hacer cortometrajes”.

Es posible que en el cine seas reconocida como Macarena Gómez y no como Lola, que es lo que te sucedería estando en televisión.
Pero el personaje de Lola no ha creado tanto revuelo. Se me ve en la serie, sí, pero al no ser un personaje protagónico, pasa más desapercibido. Es mucho mejor así porque hay que saber separar el personaje del actor.

¿Lola sería entonces una representación de la cara amable de tus papeles en contrapunto a las otras interpretaciones más oscuras que has hecho en cine o en cortos?
Es un buen punto de vista, aunque no me lo he replanteado casi nunca. Pero evidentemente, si en uno haces un personaje trágico, en otro haces la cruz, que es el personaje cómico.

De hecho, todos tus personajes tienen en común un cierto desequilibrio mental y/o emocional.
Sí, pero ese desequilibrio mental es algo que yo misma me busco. Cada actor tiene tendencia a llevarse el trabajo a su terreno. Si el papel de Lola lo hace otra actriz, no sería como lo estoy haciendo yo. Entonces, cuando yo hago un personaje, me lo llevo un poco a ese terreno. Inconscientemente, me divierte tener un puntito de locura.

A eso quería llegar…
Te juro que no me lo planteo. Siempre he dicho que me dedico a esta profesión para jugar. Juego como una niña pequeña lo hace con su Barbie. Creo que ese puntito de locura lo hago porque me resulta más divertido, pero en el sentido más profesional, como un juego.

Llevas… ¿cuánto? ¿10 años? De las pocas que tiene ese estilo marcado a la hora de actuar.
¿Sí? ¿Lo crees? Como cada uno me dice una cosa, yo ya no sé qué creerme (risas). No me dedico a esto para sufrir. Esto de hacer el trabajo en casa, el personaje, ver métodos… es un rollo patatero. Y te lo digo en serio. Mucha gente me mirará mal por lo que te digo, pero es que yo termino de rodar y me voy a mi casa tan pancha. ¿Y por qué te estoy contando esto, Carlos? (Risas)

Tú divaga, pero básicamente estamos hablando del estilo de cada uno.
Hay una cosa que me gusta mucho de las actrices como Verónica Forqué, Ángela Molina, Victoria Abril… y es que cuando tenían 30 años y aparecían en las películas de Almodóvar, eran (y son) como muy desvergonzadas, atrevidas, juguetonas, extrovertidas… Actuaban sin importarles el “qué dirán”. Les daba igual, y ese tipo de forma de actuar me gusta mucho. Por eso siempre he dicho que me identifico mucho con esas actrices.

Creo que te hubiera venido muy bien el personaje de Kika, el cual interpretaba Verónica Forqué en “Kika”.
Cualquier personaje de las películas de Almodóvar me habría venido muy bien. Creo que ahora, entre la gente joven, hay una forma de actuar en la que prima el ser correcto. Es decir; el no arriesgarse y el estar muy comedido en cómo se va a actuar.

¿Ir a lo fácil?
Sí, y no estoy de acuerdo con eso.

Tal vez se aseguren así el que les llamen más veces.
Claro. No se definen tanto como actores y no tienen esa forma de ser o de trabajar. Bajo mi punto de vista, los veo mucho más planos y como que no arriesgan a la hora de crear personajes.

Pues yo, bajo mi punto de vista también, diría que siempre eres Macarena Gómez sólo que tus personajes no son tales, sino pseudónimos.
(Risas) ¡Qué bueno! O sea, ¿me ves a mí en todo lo que hago?

Sí.
¿Y eso lo ves como algo bueno o como algo malo?

Como algo bueno…
Es que no se puede separar en ese sentido. Si tú estás viendo a Elena Anaya en una película, sabes que es Elena Anaya.

Bueno, pero hay papeles en los que es posible que no veas a Elena Anaya actuando en ese registro.
Ya, también. Aunque eso nunca se sabe y dependería también de la persona.

No obstante, te pega más el rollo undeground.
¡Me lo dicen muchísimo! (Risas) Pero creo que doy una imagen equivocada. Pero sinceramente, no lo sé. Es posible que tenga mucha facilidad para adaptarme a cualquier entorno.

¿Como qué?
Por ejemplo, puedo estar cenando en Londres en el restaurante del nieto de Winston Churchill para irme después al antro más “antro” en donde tocaba Pete Doherty. Si tengo que moverme por el mundo underground, voy a ser “underground”, pero si tengo que moverme en un entorno fino, voy a ser también muy “finolis”.

Antonio Garrido: Con elegancia.

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“Hoy en día, la televisión es un animal que devora personajes”.

Antonio Garrido (Sevilla, 1971) es un actor de cara reconocida aunque sin personaje que lo condicione. Conocido por sus papeles en “Los simuladores” o “Los protegidos”, el sevillano es un incansable trabajador que no conoce frontera alguna entre la televisión, el teatro o el cine. De hecho, su vida en el cine ha sido tan firme como completa formando parte del reparto de películas como “El camino de los ingleses”, “Camarón”, “La chispa de la vida” y, ahora, “Fin”, película que, como el propio Antonio indica: “mi personaje es un miembro de más de la pandilla, tal vez el más simple, el que tiene el trabajo más normal. Aunque su empresa se ha ido al garete y por circunstancias de la vida ahora no atraviesa un buen momento”. Garrido habló sobre la actualidad de la televisión y del cine, además de la dureza del teatro y otros temas de interesante recorrido en su vida.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: MARCO ROMANÍ.

Publicada en Cambio 16

¿Crees que una serie de éxito (como “Los protegidos”) puede tener una altura y una caída?
Hombre, si es una serie de éxito, es complicado que tenga un bajón. Pero sí es cierto que hay productos que van funcionando. Creo que si no se van renovando las tramas y las formas de hacer la serie, al final la gente se casa, efectivamente. De hecho, ya se han visto muchas series que han estado repitiendo lo mismo, pero el público no es tonto y se termina cansando.

Hombre, “Los protegidos” lleva tres temporadas, camino de cuatro, que ya es mucho para una serie española.
En comparación con “Hospital central”, “Cuéntame cómo pasó” o “El comisario”, sí. Al igual que funciona muy bien, puede ser que el público se canse y prefiera ver otra cosa al día siguiente.

Aunque hay series con una única temporada que alcanzaron el éxito quedándose en la memoria colectiva de generaciones enteras. Hablo de “Verano azul”.
Pero también pasa una cosa; cuando se emitían este tipo de series, no había tantas cadenas de televisión. O sea, tú hacías “Verano azul” y tenías 20 millones de espectadores.

Cierto.
Claro, sólo se hacía una serie. Entonces, España entera estaba pendiente de eso. Pero lo de “Verano azul” es curioso, se hizo una temporada y se siguió emitiendo durante 10 años. Recuerdo una noticia en el periódico que decía así: ‘Televisión Española confirma que este año no repondrá Verano azul’. (Risas)

¿La diversidad de los trabajos evita la monotonía?
Totalmente, sin lugar a dudas.

Bueno, qué te voy a contar… ¡si hiciste de Rey Melchor en Salteras!
(Risas) Sí. Creo que es fundamental. Mira, si estás todo el tiempo haciendo lo mismo, terminas quemándote. Lo bueno que de esta profesión es que tiene varias facetas y varios códigos. Lo importante es adaptarte al código que tiene cada medio, que es fundamental. En el teatro, tienes la inmediatez y tienes además la fuerza de que la última palabra es tuya. Tú eres siempre el que tiene la última palabra encima del escenario. El director o el coreógrafo te han podido decir mil cosas, pero al final, el que está ahí delante, el que decide lo que se hace, eres tú. Eso sí, al día siguiente te expulsarán (risas), pero puedes hacerlo si quieres.

¿No hay ejemplos? Tuvo que ser algo digno de recordar.
No diré el nombre del actor, pero como no le gustaba el montaje de la obra, terminó tirando el sofá al público. Esto es verídico.

¡¿Él solo tuvo la fuerza suficiente?!
Como te lo cuento. Cogió el sofá y se lo tiró al público. Por eso digo que es bueno ir alternándolo con hacer cine, televisión, teatro… siempre que se pueda. Desgraciadamente, no es algo que tú decidas siempre.

Pero igual el teatro tiene más encanto.
Sí. Esto es como el tipo que ahora hace cine, antes hizo fotografía. El que ha hecho periodismo audiovisual, ha trabajado de plumilla. Esto es así. A los actores, lo que nos gusta hacer es el teatro, y en el teatro es donde de verdad está la esencia. Lo que sucede, es que el teatro es muy duro.

La “mili” del actor…
Totalmente. Tiene la parte bonita de que no repites nada. Aunque hagas la misma función todos los días, todas son distintas. Y eso está muy bien, pero te lo tienes que currar todos los días porque no puedes salir al escenario para hablar y que la gente se lo trague. Te mantiene vivo, pero es duro porque también hay temporadas en las que estás haciendo funciones en el mismo sitio, aunque la mayoría de las veces estás de gira. Ahora mismo, pocos espectáculos aguantan una temporada larga en un sitio. Es duro y, además, pagan mucho menos. Por lo tanto, es complicado, pero a todos nos gusta el teatro.

Ciertamente, lo primero que hiciste fue teatro, pero se te ha reconocido más por la televisión… a pesar de haber empezado relativamente tarde, entre el 1998 y el 2000.
Así es. Pero fíjate, en realidad empecé muy temprano con la tele, lo que pasa es que no fue muy profesionalmente. Mi padre ha trabajado toda la vida en la tele, entonces, para mí, trabajar en la tele no es algo que me coja lejano. Jamás le he tenido miedo a la cámara, aunque sí respeto, porque lo he visto desde chico. También, mi hermano Ángel es Director Creativo de programas de televisión. Cuando él era pequeño, cogía la cámara; primero la super8 y después una VHS, y se ponía a grabar mientras yo hacía el tonto delante. A día de hoy, nos pagan por hacer exactamente lo mismo (risas). Quiero decir que en realidad empecé muy temprano, pero hasta que uno no conoce el medio y no está preparado, no considera que sea el momento oportuno para ponerse delante.

Y eso es algo que no ocurre con frecuencia en la actualidad. Me refiero a ciertos personajes que copan las cadenas sin saber mucho del medio. Solamente hay que ver cómo hablan y cómo se comportan.
Hay una cosa que me da mucho coraje. Me he cruzado con gente que me compara con esa gente porque, dicen, “nos dedicamos a la tele”. No, mire usted, yo no me dedico a lo mismo que estos señores o esta señora. No tenemos la misma preparación. Hoy en día, la televisión es un animal que devora personajes: llega, los consume, los explota, los exprime y después los escupe. Eso es si tú no está preparado. Pero si sabes de qué va el rollo y te lo has currado, no te dejas engullir y escupir, sino que te dosificas y eliges qué cosas hacer y qué cosas no. No todo vale aunque haya gente que salga en la tele creyendo lo contrario con tal de conseguir audiencia. Estoy convencido de que hay animales de la televisión como Belén Esteban, por ejemplo. Estoy convencido de que terminarán vendiendo la muerte de esta mujer. ¡Ojo! No digo que la vayan a matar y la vendan, que tampoco me extrañaría, pero terminarán vendiendo su muerte.

Y todo por la audiencia…
La irán explotando y explotando… hasta que aparezca otra y ya no sepan que más vender de esa persona. Estoy casi convencido de que puede pasar.

He pensado que, si el Rey muere, habrá un despliegue tremendo de medios. Pero si Belén Esteban muere, también habrá un despliegue brutal.
Sí, sí. Estoy convencido completamente. Es jodido compararlos porque uno ha hecho muchas cosas por la Democracia y la otra… pues perdonen ustedes pero, ¿qué quieren que les diga? Es jodido por eso, pero puede pasar.

Hablando de personajes devorados y del encasillamiento. Amén de tus muchos personajes, la televisión tiene el peligro de que la gente te vea como Mario, “el de Los protegidos”.
Hombre, esto es como lo de Antonio Ferrandis, que le dieron un Oscar murió siendo Chanquete. No es malo, porque ahora estoy con “Los protegidos” y es lo que más audiencia tiene. Pero claro, en la película de “La chispa de la vida” no me van a estar señalando como el Doctor Velasco, básicamente porque no ha tenido tanta audiencia. Es normal, no sólo por la recaudación, sino porque la serie se emite cada semana y nos ven mínimo 3 millones de personas, más los que van y vienen. Es normal que sea así. De todas formas, Carlos, en esta profesión tanto vales como tu último trabajo. Y dentro de poco, cuando salga otro trabajo distinto y haga otro personaje, si funciona, la gente se olvidará. Antes de hacer “Los protegidos”, yo era “el de Identity”. Y antes de hacer “Identity”, era “el de Los simuladores”… y así. La primera serie que hice en Canal Sur se llamaba “Plaza alta” y “Arrayán”, así que cuando voy por allí me siguen diciendo “el de Arrayán”.

Pero no pasa nada, ¿no?
Claro. No pasa nada porque la gente te compare y te identifique con el personaje. Ahora, si me pegase toda la vida haciendo otra serie distinta con un personaje igual que Mario de “Los protegidos”, pero con otro nombre, pues entonces sí. Pero siempre procuro hacer personajes distintos.

Hombre, eres un actor que no está encasillado pero que a todo el mundo le suena su cara.
(Risas) Pero eso está muy bien y es bueno. Entre otras cosas, porque si después quieres hacer otros trabajos en los que te identifiquen con el personaje, no con la persona, es importante. Y el que te conozcan o no por la calle, es otra cosa secundaria.

Hablemos de la persona, pues lo de todo por los niños no sucede exclusivamente en la ficción, sino también en la realidad puesto que colaboras con la Fundación Theodora.
Estoy en la Fundación Theodora, también en el proyecto de Estimulación Precoz de la Hermandad del Cristo del Buen Fin (Sevilla), también soy miembro de Payasos Sin Fronteras… No sé si es todo por los niños, más bien es por la gente en general y porque creo que todos los que tenemos la posibilidad de echar un cable tenemos la obligación, aunque sólo sea moral, de ayudar en estas cosas. Aparte, es una acción completamente egoísta porque me siento muy bien conmigo mismo cuando lo hago. ¿Hay algo mejor que ser egoísta haciendo el bien a los demás? Es algo de puta madre. Siempre que puedo, colaboro.

Dando chispa a la vida de los demás, vaya. Por cierto, hilado con tu participación en “La chispa de la vida”, película de Álex de la Iglesia. ¿Se podría decir que esta es una especia de confirmación?
Podría ser. Que te cojan para hacer una película es difícil, pero aparecer en una que sea tan buena, es más complicado todavía. Creo que “La chispa de la vida” es una muy buena película, sinceramente. Todos los actores, en general, están muy bien. Además de que está muy bien realizada. Y, entrar a formar parte de un proyecto así, impone. Cuando vi el reparto, pensé: ‘son todos buenísimos, menos yo’ (risas). Pero sí, me ha venido muy bien entrar en esta película, entre otras cosas, porque si uno hace una serie de televisión o este tipo de trabajos sin entrar en el cine, es como que no estás en ese “star-system”.

Lo que viene siendo un ascenso a primera división.
¡Exacto! Todos hemos visto actores que estaban en el cine, en esa primera división, que cuando se han ido a hacer televisión o teatro, la gente les ha dicho que se dedicaran mejor a hacer cine. Cada vez pasa menos, pero muchos actores que hacen cine, viven de la televisión.

¿Y eso no es contraproducente?
No sé si es contraproducente, pero sí es incongruente que la gente que hace cine, critiquen a los hacen televisión cuando muchas de esas personas viven de verdad de la televisión. Es un contrasentido, pero pasa y es así. Se sigue creyendo en eso.

Hay tiempo para todo, pero quería saber si tú crees que este es tu mejor momento. Y te lo pregunto tanto personal como laboralmente.
Personalmente, sí. Por cuestiones familiares. Estoy muy contento y pletórico en ese sentido. Profesionalmente, si estoy pasando por mi mejor momento, tengo más suerte que un ‘quebrao’ porque llevo 10 años pensando en que estoy pasando siempre por mi mejor momento. Me lo curro, pero tengo suerte. Hay una frase que me gusta mucho y que suelo aplicar a esto: ‘te encuentras gente con talento a cada vuelta de la esquina’. Por lo tanto, el talento está bien, pero no sirve de nada si no trabajas.

Aina Clotet: Mismos planes, distintas estrategias

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“Cuanto más ves y más aprendes, más puedes comunicar. Y eso, en el mundo del actor, es esencial”.

La actriz Aina Clotet es más que una revelación dentro del séptimo arte. Después de triunfar con “Jóvenes” o “Elisa K”, la joven evoluciona hacia otras disciplinas y campos dentro del género. En la actualidad presenta el largometraje “Les Infidèles” y la serie “Grand Nord”, sin olvidar su papel en “Los niños salvajes”.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Cambio 16

¿Es la juventud una ventaja o una absolución de los errores?
Hombre, yo no diría que es una ventaja. Creo que es una condición que dura un tiempo que está muy bien, pero después vienen otras etapas que están muy bien también. Siento que soy joven, pero tengo veintinueve años y veo cercanos los treinta. Y sí que es verdad eso de que primero crees que lo puedes hacer todo, pero sigo pensando que la juventud no es de edad sino de corazón. Hay personas de setenta años que parece que tengan veinte.

Digamos que, cuando eres anciano, puedes hacer balance de lo vivido y resumir tu obra, ¿no?
Y es verdad. Te hablo de lo que pasa en general y no sólo en mi trabajo, porque cuanto más ves y más aprendes, más puedes comunicar. Y eso, en el mundo del actor, es esencial. Según vas sabiendo de la condición humana más puedes interpretar personajes con más niveles y más complejos… entendiendo más los colores de la actitud de una personalidad.

Son prácticamente diez años trabajando en el cine.
Sí, la verdad. Llevo bastante tiempo porque hará diez años, creo, que empecé en el cine. Aunque será el año que viene cuando se cumplan. Pero sí, trabajando como actriz comencé en una serie catalana que se llamaba “Estació D’enllaç”, yo por entonces tenía doce años. Así que si echamos cuentas son unos… ¿diecisiete? (Risas).

Si no estoy en un error… esto fue por el año 94. Una pronta aparición.
Sí. Empezó muy pronto y por casualidad porque me hicieron una prueba sin que yo la buscara para entrar en una serie. Descubrí que me gustaba mucho el teatro. Después lo dejé un tiempo, digamos la parte profesional, para poder formarme. A los diecinueve o veinte volví. Estoy muy feliz por dedicarme a esto.

Parece que hayas hecho el camino inverso. Normalmente los actores comienzan en teatro y después acaban en cine o televisión. Tu debut en el teatro fue en el 2002 en “Toda una señora”.
Es verdad. Aunque empezar en teatro a los doce años debe ser muy difícil (risas). No creo que sea muy posible o muy viable a nivel legal. Pero sí, después hice teatro, aunque hace ya un par de años que no hago y tengo muchísimas ganas. Realmente es ahí donde está la escuela y donde se aprende más.

La mili del actor, ¿verdad?
Totalmente. Ahí puedes crecer porque tienes más espacio para investigar y probar. Quieras o no el cine y la televisión tienen un ritmo que te pide un resultado muy inmediato. En cambio, en el teatro, puedes investigar y probar cosas. Es un proceso que no se rompe durante la obra porque el personaje evoluciona contigo. En el cine están las tomas, se corta… Son temas muy diferentes. Me gustan todos los campos, pero sí es cierto que el teatro te permite expandir, arriesgarte, repetir, equivocarte… cosas que en el cine o en la tele están más acotadas.

¿Piensas que en la actualidad tiene más prestigio haber trabajado antes en televisión?
No creo mucho en las normas ni en que haya una ley que funcione por lo que hayas hecho. Yo creo que cada actor tiene su carrera y que además es totalmente independiente a lo demás. Si haces las cosas lo mejor que puedes y lo haces… cualquier sistema va a salir bien, empieces por donde empieces.

¿Y los cortos? Has trabajado en varios y una cuestión apareció en mi cabeza. ¿Se puede decir mucho en una filmación de un tiempo tan reducido?
Bueno, siempre he pensado que debería haber como más espacios para los cortos. Son un modelo que debería funcionar más. Me encantan. Pero también pienso que un buen corto es increíble aunque difícil de hacer porque se tiene tan poco tiempo para contar algo… Yo he visto cortos muy buenos pero no muchos. Al igual que películas. Creo que todo puede estar bien contado sin depender de lo que dure o del guión. He hecho cortos de los que estoy muy contenta, de hecho me encantaría escribir uno y dirigirlo porque es una forma fantástica de contar algo. Requiere que estés prestando atención constantemente.

¡Puedes perderte todo en un pestañeo!
Claro. Te das cuenta de que tienes un tiempo de ver una historia.

En tu caso, los premios no llegaron hasta 2007 y 2008. Es más, cuando llegaron fue por “53 días de invierno”. ¿Valen más los premios o el reconocimiento personal?
La verdad es que antes tuve un premio Gaudí por mejor actriz gracias a la película “Jóvenes”. Pero los premios son sólo premios, son como una palmada en la espalda que te hacen ver que vas por el buen camino y que además hay gente a la que le haya gustado… aunque haya otra a la que no (risas). Anima y da coraje, pero intento no darle más significado del que tiene.

“La juventud no es de edad sino de corazón”.

Por todos es sabido que esta profesión es más de contactos y de darse a conocer.
Cierto. Además, nadie te garantiza nada, tengas un premio o no. Lo importante es trabajar bien y a gusto con la gente que quieras y con la que quieras comunicar algo. Lo importante es que tenga un significado para ti. Puede ser divertida la noche en la que te den un premio, pero al día siguiente nadie se acuerda. No le quito valor, pero tampoco me gusta darle un valor añadido a algo que realmente ya lo tenga.

Entonces, habría que prestarle más atención a la intuición que al talento.
No sé, creo que va muy ligado. Ser intuitivo es muy importante. Creo que me muevo mucho por la intuición a la hora de interpretar un personaje. Del talento no te puedo decir, porque no tengo (risas), pero no sé que vale más. Talento se tiene que tener, pero es algo que puede tenerla mucha gente. Más bien la intuición se trabaja… y es algo en lo que creo; en el trabajo.

En tu caso, sin ser una cara muy mediática logras trabajar con equipos internacionales, como con el equipo de “The Artist” en “Les Infidèles”.
Así es. He hecho mucha televisión en Catalunya, entonces es posible que aquí me conozcan un poco más que en el resto de España porque lo que hace conocido hoy en día a los actores es la televisión. La verdad es que he tenido la suerte de trabajar con ellos en esta película. Hice el casting porque tengo representante en Francia y es una secuencia de dos páginas bastante cortita mano a mano con Jean Dujardin y dirigida por Michel Hazanavicius. Es una película que más bien es un cortometraje, curiosamente, porque está dirigida por varios directores como Michel Hazanavicius, Gilles Lellouche… Fue muy divertido. Realmente yo trabajé con ellos antes de ver “The Artist”. Fueron a Cannes el verano pasado, así que despertaron mucho interés. Aunque nadie habría imaginado lo que iba a suceder después.

Tienes muchos registros, pero sueles mostrar un cambio que se aprecia entre la juventud y la madurez. En “Elisa K” y en “Los niños salvajes” puede verse así. Pero es en realidad un cambio brusco el que sufren estos personajes. No son nada graduales.
Tienes toda la razón. En “Elisa K” el cambio era muy bestia. Supongo que también he tenido la suerte de hacer personajes con una evolución bastante clara durante la película. En “Jóvenes” también pasaba eso… pero en “Elisa K” es posible que sea más bestia por ese ataque de cólera y de locura. Más que la madurez diría renacimiento, Elisa es un personaje que renace. En “Los niños salvajes” no sería tan evidente y tan claro, pero el personaje de la educadora social (a quién interpreto) pasa una serie de cosas que le hace pensar que tiene mucho que aprender aún porque uno no se puede despistar ni medio minuto.

¿Se podría decir que son personajes más emocionales?
Sí, siempre tienen una profundidad emocional bastante fuerte.

Aunque has hecho bastantes comedias también.
Claro (risas). Pero es verdad que en cine, casi siempre, he hecho cosas más dramáticas.

Bueno, dicen que es más complicado hacer reír que hacer llorar.
Creo que es difícil hacerlo todo. Lo mejor es cuando puedes juntar todo eso en un personaje. La vida es esto, un día haces reír y al otro haces llorar… y en una misma situación te ríes y lloras, es cuando lo pasas genial.

¿Y en tu vida qué hay más allá de la risa y del llanto?
Pues tengo algunas cosas por cerrar, pero algo inmediato o seguro no puedo adelantar nada. Se estrenan en España “Los niños salvajes” y “Les Infidèles”, y también la serie “Grand Nord”, que es la historia de una chica policía a la que castigan en un pueblo que está medio de una montaña. Tipo “Doctor en Alaska” o “Bienvenidos al Norte”. Hemos disfrutado mucho haciéndola.

Oye, Aina, ¿es verdad que en este oficio se está más pendiente del teléfono?
(Carcajada) Bueno, estamos todos muy pendientes y más hoy en día, aunque ya es en todos los oficios. Dependes totalmente de que te llamen. Pero también soy partidaria de hacer mis cosas por otro lado, como escribir el guión de “Positivos” junto a Álex Mañas. Además, empecé otro guión. Y eso que yo estudié Comunicación Audiovisual…

…y también ibas para médico.
Sí, bueno (risas), me gustaba mucho. Vengo de cinco generaciones de médicos y eso está en los genes. Te influye. Me gustan mucho las ciencias, pero al final me decidí por esto otro y me encanta.


Willy Toledo: De rabia y miel.

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“No vivimos en una democracia y, como no vivimos en una democracia, las ideas políticas se persiguen”.

A día de hoy, mostrar la verdad y ser políticamente incorrecto es motivo de exclusión. Guillermo Toledo (Madrid, 1970) no teme a decir lo que piensa contra la injusticia, tanto, que tampoco muestra reparo en pagar las consecuencias. Después de los últimos hechos ocurridos tras las huelga general del pasado 29 de Marzo, Toledo hace balance y analiza la situación.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: JUAN PÉREZ-FAJARDO.
Publicada en Cambio 16 / Nº 2107, 21 Mayo 2012

Como decía Bertolt Brecht, “vivimos en un mundo donde la mentira es un hecho habitual y la verdad se ha convertido en un acto revolucionario”. ¿Qué hay de cierto en esa frase?
Más cierta imposible, como tantas otras cosas que dijo Bertolt Brecht. Sí, los que mienten, roban, engañan, tergiversan la realidad… son presidentes de Gobierno, del Consejo de Administración de Repsol o del Banco de Santander, pero los que buscan la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas son perseguidos como delincuentes.

Ya ves que la nueva reforma del código penal dice que sentarse en una calle pacíficamente a protestar por lo que sea va a ser considerado como atentado contra la autoridad. O publicitar una manifestación en tu Facebook va a suponer un acto de terrorismo.

Justamente. Ya que se equipara la resistencia pasiva con la activa y el terrorismo, la gente actuará en consecuencia pensando que “de perdidos al río”.
Claro. Yo creo que tenemos que tener mucho cuidado con eso porque es una estrategia del poder para incitar a la violencia ya que te va a dar igual ser pacífico que violento. Si aparece la violencia utilizarán eso en contra nuestra para llamarnos violentos y así justificar cualquier tipo de represión contra los que protestan. Por eso te digo que hay que tener cuidado con eso porque es una estrategia bien clara ahí detrás. A parte de que saben lo que están haciendo con nosotros. Tienen la conciencia clara de que nos están viendo en el fango y que el pueblo no se va a quedar cruzado de brazos, con lo cual están tomando las medidas preventivas para intentar desmovilizar a la sociedad.

Cuanto te detuvieron tras la huelga general detallaste que estuviste en un calabozo con veintidós personas más, de las cuales dos eran sindicalistas y los demás inmigrantes. Para esas personas, en este caso los inmigrantes, el sistema les tiene preparada la invisibilidad, justamente es lo contrario que pasa contigo. Parece que quieren tenerte en los medios como cabeza de turco.
Sí. Claro, los trabajadores inmigrantes no tienen la posibilidad de defenderse, entonces, lo que el sistema tiene preparado para ellos es la invisibilidad dentro de la cárcel, en el calabozo… en el agujero. Pero a los que sí tenemos la oportunidad de defendernos lo que se busca es eso, la persecución y la estigmatización de personas que se movilizan por los demás.

Yo estoy ahora mismo aquí hablando contigo, todavía estoy en la calle, pero a día de hoy hay gente que sigue presa por lo que sucedió con los piquetes en la huelga general. Hay chavales que están en la cárcel, todavía, por haber cruzado un contenedor en medio de la calle. ¡Y siguen presos!

Anteayer se murió otro chaval de Bilbao por un pelotazo de la Ertzaintza. En los últimos tres años hay seis o siete chavales a los que les han arrancado los ojos a base de pelotazos de goma. Entonces, la presesión continúa, aunque yo estoy libre… de momento.

Seguro te meterán en algún fregado…
¡Seguro!

No cuadra lo que sucedió el día de la huelga. Se supone que estabas en un bar. El dueño te denuncia, pero ni el cliente ni la vecina te vieron allí. Pero no te detienen esa misma noche, sino a la siguiente. Parece que te tienen ganas…
Ha sido algo muy oscuro y muy raro esto que ha pasado. Fue una detención anunciada. Dieciocho horas después vinieron a mi casa a eso de las doce de la noche para detenerme.

Y sin pruebas.
Efectivamente, y sin ningún tipo de pruebas, porque de hecho la denuncia no habla en ningún caso de que yo personalmente haya ejercido ningún tipo de violencia contra nadie, simplemente decía que yo alentaba a las masas. Debe ser que tengo un poder casi divino, el cual desconocía que tenía (risas). Es que es muy extraño que por una denuncia sin ningún tipo de prueba, sin ninguna diligencia policial, sin ningún tipo de investigación… y encima con una denuncia en la que no dice que yo haya ejercido la violencia ni contra él ni contra nadie, me vengan a detener a las doce de la noche. ¿Qué hay detrás de eso? No lo sé.

Rafael Contreras, el denunciante, no mostró fotos tampoco. Es más, al día siguiente el bar estaba impoluto.
Sí. Cuando tú pones una denuncia por destrozos en tu bar lo último que haces es recoger los destrozos y borrar las pruebas. Pero esto es por una sencilla razón: no hubo ningún destrozo en ese bar. Ninguno.

¿Es posible que fuese un señuelo?
Es que no sé que ha pasado. No sé si el tipo buscaba algo. A lo mejor pensó: “como éste es famoso igual es millonario y así le puedo sacar un dinero”. No lo sé. También él cambiaba su versión todo el rato. Al principio decía que yo había entrado, luego que no, luego que no estaba seguro, que me reconoció, que fue alguien que le dijo que yo era quién era… y luego que no, que vino la policía, le enseñó una foto y ya me reconoció. Como él ha cambiado tantas veces la versión no sé cual es la verdad. Ahora, lo que sí sé es que vinieron a mi casa a detenerme a las doce de la noche sin ningún tipo de prueba contra mí. Y todo por una denuncia de un tipo que ni siquiera me denuncia a mí por actos vandálicos.

Para colmo, pedían prisión preventiva para ti…
…y llega el fiscal y me quiere meter prisión preventiva y tres años de condena por una cosa en la que yo no había participado. Entonces, ¿qué hay detrás de eso? Persecución política. Claro, es que no vivimos en una democracia, y como no vivimos en una democracia las ideas políticas se persiguen. Hay muchos presos políticos en este país. Muchos. Pero nos dedicamos a meternos con los presos políticos de Cuba, los cuales no existen según Amnistía Internacional.

Al igual que para la ONU tampoco existe Siria.
¿Cómo que tampoco existe Siria?

Quiero decir, no ha entrado en el país para parar la matanza de civiles. ¿Tiene que haber petróleo para que entre en un país a “ayudar”?
Probablemente. Yo es que tampoco intervendría en Siria. No me fío de la ONU, es un instrumento más a las órdenes del capital. Y es un instrumento de legitimación a guerras ilegítimas. De legitimación, por ejemplo, la ONU fue la que decretó el embargo contra Irak entre el 1991 y el 2003. Doce años en los que murieron un millón y medio de personas por culpa directa del embargo, la mitad de ellos eran niños. Eso lo decretó la ONU y lo llevó a cabo la ONU. Entonces, es una organización criminal, como la OTAN. Es exactamente igual. Con su propia particularidad, pero es una organización criminal que está al servicio de los cinco miembros que tienen derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

Aborrezco las intervenciones militares imperialistas como la de Libia, como la de Irak, como la de Afganistán, como la de Yemen, Costa de Marfil… La ONU, la OTAN, el Pentágono, FMI… cuanto más lejos, mucho mejor para todos.

¿Temes por tu vida? Cualquier día puede aparecer en los medios que Willy Toledo ha sufrido un “accidente”.
No temo por mi vida. No tengo miedo y no me dan miedo. Sé de lo que son capaces, pero asumo todas y cada una de las consecuencias de las acciones que hago. Por eso, entre otras cosas, me dio tanta rabia por todo lo que ha pasado con esta detención, porque yo asumo las consecuencias de mis acciones, pero lo que no permito es que se me atribuyan cosas en las que no he participado. Como cuando entré en el Congreso de los Diputados y fui detenido -por primera vez en la historia del Congreso de los Diputados- por protestar en una sesión parlamentaria. Yo sabía lo que me podía pasar y asumí las consecuencias. Me llevaron preso; pues muy bien, asumo las consecuencias. Pero esto que ha pasado…

No tengo miedo porque esa es la estrategia: infundirnos miedo, y cuidadito con lo que haces porque estas son las consecuencias. No me van a parar por eso, evidentemente.

¿Es posible que por ser una cara conocida la repercusión de ciertos actos tengan más repercusión ergo vayan a por ti?
Es posible, y claro que tiene más repercusión. Pero yo tampoco soy responsable de esto. El otro día yo era uno más, estaba absolutamente diluido el piquete. Yo no lideraba nada, era uno más allí. Pero claro, la policía me reconoció a mí… En fin, es lo que hay.

También has dicho que esto te afecta, laboralmente hablando.
¿Sabes lo que pasa? Que las consecuencias han sido tan brutales de lo que estaban siendo para mí que para otras personas. Muchos miles han sido asesinados, encarcelados o perseguidos de una manera mucho más brutal de lo que estoy siendo yo por la mitad de lo que estoy haciendo o diciendo. O sea, mis consecuencias están siendo insignificantes en comparación con las que están teniendo otras personas, como los miles de sindicalistas asesinados en Colombia, por ejemplo. Ya sabes, la democracia colombiana de nuestro “amigo” Uribe y Santos.

Realmente no me quejo y asumo lo que venga porque realmente soy insignificante en comparación con otras personas.

Y no te van a faltar compañeros que te respalden, ¿verdad?
Hombre. Hay millones de ciudadanos en el planeta que luchan y dicen lo mismo que yo. Miles de millones.

De ahí lo de ser cara conocida siendo un altavoz de aquellos que no pueden ser escuchados. Y sin quererlo.
Así es, sin quererlo. Además, no es mi intención y yo no represento a nadie más que a mí mismo. Eso lo tengo más claro que el agua. Pero sí sé que hay muchos miles de millones de personas en este planeta que actúan igual que yo.

Es curioso, incluso, porque los medios de comunicación rara vez hablan de tu trabajo; de tus películas o proyectos. Si mal no recuerdo, José Bono reconoció en Telecinco no haber visto ninguna de tus películas. Es extraño que además no conozca el gag del Niño Melón.
(Carcajada) Hombre, el señor Bono sabe perfectamente quién era yo porque ha visto películas mías, igual que las ha visto todo el mundo. Lo que pasa es que como el señor Bono responde con esa bajeza ética tiene que buscar un huequito para desacreditarte de la manera que pueda. Y la única que encontró este señor (tan amigo del señor Obiang, el criminal en Guinea Ecuatorial) fue para decir que no me conocía y que nunca me había visto trabajar. Allá él.

De igual manera te van a meter en el saco del PSOE, hagas lo que hagas. O sea, tus críticas son para ambos partidos, sin distinción, pero te marcan con la etiqueta de “los de la ceja”.
Eso sí que me jode (risas). Es la estigmatización y el identificar a alguien con un grupo para facilitar las cosas: es de “la ceja”. Pues una vez más, después de un millón de veces que lo he dicho, no tengo nada que ver con “la ceja”. Nunca he pedido el voto por Zapatero y jamás se me ocurriría porque el PSOE es un partido de derechas y yo soy una persona de izquierdas, por lo tanto, no puedo ser jamás de “la ceja”. En absoluto.

De hecho, en tu libro [“Razones para la rebeldía”] das caña a gente que está muy ligada al PSOE.
Sí. Es que el PSOE me parece un partido despreciable, y todos los que han trabajado en los diferentes gobiernos del PSOE me parecen gente personal y políticamente despreciables porque han trabajado a las órdenes del capital. Sólo hay que ver cómo la señora Salgado, después de salir del Ministerio, ha fichado por Endesa. Trabajan a las órdenes de las multinacionales, del capital y de los bancos. Y ya no hablo únicamente de Elena Salgado, sino también de Felipe González, José María Aznar, Joseph Piqué, Zaplana… todos los que quieras. Trabajan para las empresas privadas que privilegiaron cuando estaban en el poder. Es el premio por los servicios prestados. Y no es que lo diga yo, es que es así. Las pruebas están ahí.

Por eso mismo decía que rara vez hablan de tu trabajo. Te ligan a ciertos actos pero no hablan de Animalario, ni de “Urtain”, ni de “El Montaplatos” o de “Diamantes Negros”. En definitiva, de lo que vives.
Claro, es parte de la estrategia. Soy actor pero dicen de mí que nadie me ha visto actuar. Y que como no trabajo (según ellos) mi manera de salir en los medios es metiéndome en líos. Ese es el argumento. ¿Y qué le voy a hacer? Llevo veinte años sin para de trabajar. He hecho más de treinta películas; más de quince montajes teatrales; he hecho de protagonista en series de televisión… El que lo quiere ver, bien, y el que no… pues oye, allá ellos.

Diría que “El Montaplatos” es una obra que tiene mucho que ver con lo que está sucediendo. Es un reflejo cercano a la historia entre Caín y Abel.
De hecho, la escogimos porque es una obra que está escrita para hoy, aunque se escribió en 1958. Como todos los grandes autores, Harold Pinter estaba vigente cuando escribió sus obras y también a día de hoy. Es una reflexión sobre cómo el poder nos despoja absolutamente de todo lo que tenemos, encima riéndose de nosotros. También de cómo utiliza a los obreros en la medida de lo que puede para enfrentarlos unos a otros para así librarse del acoso a ellos mismos; al propio poder, estructuras del sistema… Sin olvidar de cómo la rebeldía –ante la injusticia provocada por el poder- se castiga incluso con la muerte.

Ya no hablamos de anular la libertad, sino de la muerte.
Sí. Y aunque no sea una muerte física por la eliminación del adversario. Por ejemplo; la reforma laboral es una condena a muerte para millones de trabajadores. Así de claro. La miseria, la desesperación, el hambre, la falta de vivienda, la falta de cultura, la de educación, salud pública… es condenar a la muerte a los ciudadanos. Y eso es justamente lo que está haciendo el gobierno de Rajoy; una declaración de guerra al pueblo español en toda regla.

¿Crees que el pueblo español va a responder?
Yo creo que sí. De hecho ya estamos respondiendo. Y la prueba de que ellos saben que vamos a responder es toda la reforma del Código Penal que están planeando. Saben que va a haber respuesta y saben lo que están haciendo porque conocen perfectamente que ni una sola de las medidas que están tomando para, presuntamente, paliar los efectos de la crisis (que en realidad es una estafa) van encaminadas a aliviar el sufrimiento del pueblo. Ni una, sino todo lo contrario; van encaminadas a terminar con los derechos civiles, los derechos políticos, los derechos laborales, el derecho a la protesta… directamente, el derecho a la libertad porque nos van a meter en la cárcel por protestar. Ellos saben lo que están haciendo y saben cual va a ser la reacción del pueblo, por eso se están preparando.

Volvemos a lo mismo de antes: cualquier protesta, por pacífica que sea, se terminará equiparando al terrorismo, ergo la violencia será mayor.
Claro. Si sentarme en medio de la Gran Vía y cortarla supone la misma pena que tirarle un cóctel molotov a la policía… ¿Nos están llamando para que tiremos cócteles molotov? Pues cuidado, no caigamos en eso porque es lo que están buscando. Sigamos por donde estábamos yendo porque lo estábamos haciendo bien.

Entonces, ¿crees que hay salvación aunque haya que pasar por la violencia?
Creo que nunca en la historia de la humanidad se la ha ofrecido la libertad al pueblo gratis. Nunca. Siempre que se ha conquistado la libertad ha sido mediante las armas. Y no porque el pueblo tenga sed de violencia ni de venganza o porque le gusten las armas, sino porque la reacción del poder siempre es ultraviolenta.

En este último año, desde el 15-M hasta ahora, los únicos que han ejercido la violencia han sido los cuerpos de fuerza y seguridad del Estado, ya sea la Ertzaintza, Mossos d’Esquadra, Policía Nacional… Pero el pueblo no ha ejercido ningún tipo de violencia. Entonces, cuando ves que el pueblo no ejerce ningún tipo de violencia pero el poder sí lo hace y de la manera más brutal, al final no queda otra solución que la de dar otro puñetazo contra otro puñetazo o un pelotazo contra otro pelotazo. No digo que sea la única manera, pero es que el poder no está dispuesto a renunciar a sus privilegios de manera pacífica. En absoluto. Para eso tienen a sus cuerpos de fuerza y seguridad del Estado. Además, fíjate cómo se dice el nombre: dicen que están para proteger al ciudadano, pero no es así. Cuerpos-de-fuerza-y-seguridad-del-Estado. Están para proteger al Estado y a los privilegios de los que lo sustentan.

Ya sabes, no hay revolución sin sangre.
Desgraciadamente es así. Dicen que nos podemos manifestar y salir a la calle siempre y cuando no ejerzamos la violencia, pero si lo hacemos quedaremos deslegitimados. Salimos a la calle, nos sentamos en el suelo en Plaça Catalunya y vienen los Mossos d’Esquadra repartiendo hostias con una saña, con una violencia y con un sadismo que pocas veces se ha visto. Entonces, ¿de qué me están hablando? O sea, ¿yo no puedo ejercer la violencia pero tú sí? Ya lo dijo Rubalcaba: “el Estado tiene la exclusividad de la violencia”. ¿Por qué? ¿Quién te lo ha dicho?

Suena muy “1984”…
Totalmente. Es que estamos viviendo una situación muy parecida. Y la Ley Sinde viene a apoyar todo eso, a tener un control absoluto de todo el estado de nuestras comunicaciones, de nuestros mails, de nuestros perfiles de Facebook, de nuestros móviles… de todo. Eso es la Ley Sinde también.

Justamente, la Ley Sinde o la SOPA pretenden poner puertas al campo y meter miedo.
De hecho, ya están cerrando páginas de intercambio de archivos a saco. La Ley Sinde, con la excusa de la protección de los derechos de la propiedad intelectual y de los derechos de autor, realmente lo que están haciendo es abrir las puertas a un control brutal de las comunicaciones por parte del Estado y de los que mandan.

Estamos gobernados por delincuentes, así que van a ejercer la delincuencia siempre que puedan. Y con total impunidad, además.

Curiosamente, aquellos que llamaban delincuentes a los que se compraban un reproductor de Mp3 (previo pago del canon) han terminado detenidos por desfalcar miles de millones.
Exactamente, y eso es así. ¡La SGAE nos ha llamado ladrones! Y además con todas las letras. Nos lo han llamado unos señores que, presuntamente, han cogido todo el dinero ingresado del canon digital y se lo han repartido entre ellos. ¿Y éstos son los que nos llamaban ladrones a nosotros? ¡Es un cachondeo!

Yo no soy socio de la SGAE, pero me jode ver a todos los socios que han mantenido la boquita cerrada durante todos estos años mientras se nos aplicaban leyes preventivas. En previsión de que tú puedas cometer un delito voy a cobrarte un plus por la fotocopiadora, por el ordenador, por el móvil… no vaya a ser que intercambies una canción de Alejandro Sanz. O sea, somos delincuentes preventivos, somos presuntos delincuentes todos los ciudadanos. Todo eso que cobra el Estado con nuestro dinero y con nuestros presupuestos se lo da directamente a la SGAE para que ellos, sin ningún control, lo distribuyan como les de la gana. Por supuesto, no ha llegado a los autores porque se lo han quedado, presuntamente, entre ellos.

Al fin y al cabo somos el enemigo.
Sí. El pueblo siempre es el enemigo. Siempre es el culpable, el responsable y siempre es el que paga. ¿Quiénes están en las cárceles? No veremos a un banquero porque en las raras veces en las que se les juzga y las rarísimas veces en las que se les condenan llega el Gobierno y los indulta, sea el PSOE o el PP.

Los policías a los que rara vez se juzga y casi nunca se les condena por torturas (como los cuatro Mossos d’Esquadra por torturas), cuando se les condena, llega también el Gobierno y los indulta. Por lo tanto; cuerpos de seguridad del Estado, banqueros, empresarios, grandes fortunas… tienen impunidad absoluta para hacer lo que les de la gana.

Así estamos, que todavía no se ha aclarado nada sobre el caso GAL.
Por ejemplo. Malos tratos y torturas siempre ha habido y seguirán existiendo en este país a manos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Lo dicen todas las organizaciones internacionales y lo dicen los hechos. Ha habido policías de cualquier cuerpo del Estado (sean autonómicos, nacionales o municipales) que han sido condenados en firme por torturas y malos tratos. Todos y cada uno de ellos han sido indultados después por el Gobierno. Eso es un mensaje para decirle a la policía que pueden estar tranquilos, que no pasa nada. Veremos que pasa con el responsable de la muerte de este chaval que murió el otro día en Bilbao.

Bueno, ahora dicen que están investigando porque fue por una pelea y que la Ertzaintza lanzó el pelotazo para diluirla.
Sí. Y parece ser que el pelotazo fue a bocajarro, que era un chaval que estaba tomando una caña… En fin. ¿Qué va a pasar con esos policías?

Es querer apagar el fuego con gasolina.
Claro. Ahora salen diciendo que habrá una investigación exhaustiva, pero no es cierto, no habrá ninguna investigación. Ya me gustaría a mí que la hubiera y que hubiera responsables que pagaran las consecuencias. Pero lo dudo.

Es bastante utópico que paguen ellos las consecuencias.
Y lo es, pero lo es porque no lo han hecho nunca.


Carlos Iglesias: Maleta de cartón.

Publicado en

“Las dos Españas siempre se encuentran en el exilio y se dan la mano”.

Como actor y como director es uno de los mejores nombres dentro del cine nacional. Carlos Iglesias abarca temas como la emigración y el exilio de forma cuidada y detallada, basándose en hechos reales. De ese modo “Un Franco, 14 pesetas” (2006) e “Ispansi” (2011) son obras que sirven de reflejo para todos. Actualmente trabaja en “Un Franco, 20 pesetas. ¡Ya somos turistas!”, su próximo largometraje. En la siguiente entrevista Carlos Iglesias recorre la vida a través del objetivo, pasando por el cine, la música y la sociedad.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: DAVID SAGASTA.
Publicada en Cambio 16 / Nº 2089, 9 Enero 2012

Primero vino “Un Franco, 14 pesetas” y después “Ispansi”. Creo que tienes pensado hacer una trilogía.
Sí, se llamaría “Un Franco, 20 pesetas. ¡Ya somos turistas!” y estaría ambientada en 1974. La otra la dejamos en 1966 y esta transcurre durante un verano. Sería “Un Franco, 14 pesetas” ocho años después, pero con los mismos personajes, que han transcurrido ocho años en la realidad y en la ficción, con lo cual yo puedo utilizar los mismos actores sin tener que maquillarlos. Obviamente habrá personajes nuevos porque el personaje de Pablo (el hijo) lo dejamos con once años y ahora ya tendría diecinueve.

Me he dado cuenta de que tanto el elenco de “Un Franco, 14 pesetas” como el de “Ispansi” es el mismo.
Sí, salen en la inmensa mayoría de mis películas (risas). Digamos que somos como un grupo de teatro, nos entendemos muy bien. Cuando os hacéis amigos, cuando te han hecho muchos favores para aceptar sueldos muy bajos porque no nos podíamos permitir nada mejor… hay que ser agradecido. Yo siempre escribo pensando en que voy a meterlos a todos (o a gran parte) porque me siento bien con ellos y trabajamos de puta madre. Me parecería muy mal –a la hora de hacer otra película- no contar con alguno de mis “hermanos artísticos”.

Un detalle importante en la realización de la película es que el pueblo suizo se volcó con vosotros cediendo casas, coches, fábricas…
Fue increíble, tío. Como se portaron sin tener co-producción con ellos. La gente particular nos aportaba bicicletas, motos y coches de época. ¡Nos abrían sus casas! La compañía de ferrocarriles suiza nos dejó rodar una secuencia poniendo a dos tíos en la puerta para que no entraran en ese vagón porque estábamos haciendo el recorrido habitual del tren. Por bastante menos, RENFE me cobró un dineral, pero es que cada vez que lo cuento me pongo enfermo. ¡Siendo la producción española! Allí la gente mostró una generosidad increíble mientras que aquí era todo a base de pagar… En fin, así es como somos.

“La música que yo escuchaba era la que cantaba mi madre mientras fregaba”.

“Un Franco, 14 pesetas” habla de la emigración mientras que “Ispansi” habla del exilio. ¿Crees que la música de la emigración es más amarga que las del exilio, pues hablan de algo más reivindicativo?
En “Ispansi” hemos recurrido más a tener esencias del país donde se desarrollaba la película. Las esencias rusas del año treinta y del año cuarenta para mí tienen un valor musical maravilloso. Entonces, sin recurrir a ninguna en concreto, porque entre otras cosas no nos lo podíamos permitir al no poder pagarlas (lo intentamos), pero no pudimos), le pedí a Mario de Benito que cogiera esas esencias y las adaptara un poco a nuestra forma de entender la música para que las metiera en la película. Empieza la película con unas notas claramente rusas, la Rusia clásica y tópica donde los occidentales nos vemos. Pero la que nos llega a nosotros y la que más fuerza tiene para el occidental es un poco lo que está reflejado en “Ispansi”.

Como bien dices, una parte importante de la ambientación musical de tus películas es Mario de Benito.
En este caso el papel del músico es más importante porque así puedo ver que opciones me da a mí como director para esa película. Digamos que yo le cuento a Mario de Benito mi sueño, que muchas veces es acertado para él y otras no tiene nada que ver con lo que había imaginado. Le cuento un poco lo que yo sentía para la película –musicalmente hablando- y después él me da su opinión. Su opinión está más pensada en el sentido de que él se tiene que dedicar a esa parte de la película, mientras que yo tengo que estar en el conjunto de toda ella. Hay directores que escriben la música y saben exactamente lo que quieren, que para mí eso tiene mucho valor. Yo tengo una intuición de lo que quiero y me lo remata el músico, que es en quien confío plenamente. Bien es cierto que hay algunas veces donde el músico me ofrece ciertas piezas que a mí, por temperamento o por carácter, no me van, entonces la rechazo, claro.

Uno de esos momentos se da casi al comienzo de la película, cuando uno de los niños es arrollado por el tren. La música dota a las imágenes de un estremecedor dramatismo.
Sí, es un momento dramático porque muere el hijo de la protagonista. Ahí también se concentran las esencias del sufrimiento ruso y del sufrimiento del exilio español en Rusia, el cual fue muy largo y muy tremendo. Además que fue más complicado que cualquiera de los exilios que hemos tenido.

Hay una pieza en especial, referente a los niños de la guerra, que es ‘Suena en Moscú’, poema de Josefina Iturrarán musicalizado por Amancio Prada. Creo que entró casi al final del montaje de “Ispansi”.
Josefina Iturrarán, efectivamente, era una niña de la guerra. La canción no entró al final. Veamos, rodé la película en Suiza y resulta que Amancio Prada dio un recital en Berna. Él se enteró por otro español que nosotros estábamos rodando esta película sobre los niños de la guerra en la región del Jura, en los Alpes suizos. Entonces se interesó mucho y contó que él había estado con los niños de la guerra hacía un año. Se puso en contacto conmigo y me comentó que había una mujer que le escribió un poema pero que nunca musicalizó, pero que le gustaría mostrármelo. Me pareció que el poema tenía mucho que ver con lo que nosotros contábamos en la película, pero mi problema era que no sabía donde ubicarlo dentro de la película. Lo que nosotros contamos sólo podía aparecer en la última parte y realmente hubiera sido mucho cante que dentro de la película apareciera la voz de Amancio Prada verbalizando un poema, sobretodo porque nos iba a despistar, por lo que únicamente se pudo meter en los títulos de crédito. Hablé con Amancio y le dije que estaba deseando meter esa canción pero no sabía donde. Me dijo que no importaba. Pero es que claro, meterla en los créditos finales suponía que no la iba a escuchar un montón de gente porque en el cine se levantan cuando salen los créditos y en televisión nunca ponen los rodillos finales, por lo tanto se iba a perder. Pero a él eso le daba igual, quería hacer ese homenaje y que apareciera en la película.

Cuando estábamos en Moscú presentando la película Josefina no pudo venir porque estaba muy malita, pero sus compañeros se dieron cuenta y recordaron que aquel poema era de ella.

Otra especial, y de las pocas canciones cantadas de “Ispansi”, es ‘Nel pozu María Luisa’, perteneciente a los mineros asturianos.
Correcto. ‘Nel pozu María Luisa’ es una música que a mí me ha conmovido siempre, pero realmente no tiene que ver ni con el exilio ni con la Guerra Civil. Resulta que yo en ese momento necesitaba de una forma muy clara recordar la España que se había dejado y por qué se había dejado. Además cuenta algo de lo que casi no se ha hablado, que es el levantamiento asturiano. Me pareció que con esas notas se entroncaba perfectamente con lo que se estaba contando en la secuencia, que era esa frase que decía el personaje: “Voy a hacer cualquier cosa por recuperar la República en España”. Con toda la memoria que implica a España en ese momento de exilio en Rusia. Aquello le parecía muy bien a Mario de Benito, aunque obviamente no lo contemplaba así porque prefería seguir con el tono musical que llevábamos, pero me pareció que había que hacer ahí un rompimiento para entrar otra vez en España, en esa España que en la película hacía mucho que ya habían dejado.

Con “Ispansi” ha quedado claro. ¿Cómo se seleccionaron las canciones que suenan en “Un Franco, 14 pesetas”?
Bueno, yo las fui seleccionando por el gusto de mi padre, él adoraba a Manolo Caracol.

Efectivamente. ‘Rosa venenosa’ de Manolo Caracol. La copla reflejando escenas costumbristas de la sociedad española.
La música que yo escuchaba era la que cantaba mi madre mientras fregaba y efectivamente tenía que ver con la copla. Pero es que después ponías la radio y la copla o el flamenco estaban presentes, contando con la música melódica italiana, en un ochenta por ciento. Por lo tanto, esa referencia de la copla y del casticismo del momento en una película ambientada en los años sesenta pues tiene que estar ahí porque era la vida de aquella época y todo el mundo se sabía las canciones. Realmente de las que me acuerdo son aquellas de mi primera juventud y esas de la infancia.

¿Crees que se censuraban ciertas canciones por contener una letra que hablara de un mejor lugar más allá de las fronteras españolas?
Canciones como ‘El emigrante’, que reflejan la inmigración tópica, se ponían con mucha frecuencia. Yo creo que ahí la censura no tenía nada que decir. Lo que no salía a flote era esa canción protesta que ya existía por entonces en Francia. No sé tanto en Inglaterra, pero me consta que en Francia sí. Eso era lo que no se escuchaba porque obviamente se censuraba. Pero también se censuraba bastante el rock y toda la modernidad que nos llegaban de los países anglosajones. Se censuraba y además no se entendía. Por desgracia era algo que había sido muy ajeno a nosotros durante tantísimo tiempo, así que no gozó de una acogida popular porque no se entendía. Tampoco se ponía en la radio porque no gustaba.

Pienso también que los villancicos son el nexo común que había entre los emigrantes que salieron de España y las familias que dejaron, por el hecho de ser canciones tristes que tienen un poso de añoranza. En la escena del viaje en tren de “Un Franco, 14 pesetas” unos hombres cantan ‘A la puerta de un rico araviento’ al lado de la madre y del niño (inspirado en ti), el cual duerme sobre unas maletas.
Sí. Los villancicos tenían la gran ventaja de poder ser cantados sin necesidad de instrumentos musicales y los conocía todo el mundo. Entonces cuando la gente se ponía un poco tierna ya surgían los villancicos. Eso, evidentemente, en la película tiene que estar. Efectivamente, yo me quedé dormido en el canto de las maletas y unos hombres se pusieron a cantar canciones muy populares, entre ellas algunos villancicos. Yo tenía esa secuencia para contar la sensación de aquel viaje porque me parecía que aquella canción triste tenía mucho que ver con la miseria que ellos están viviendo. Luego aparecía otra secuencia más alegre que transcurría en España, donde se rascaba la botella de anís. Por contraposición estaba el villancico alemán ‘Stille Nacht, heilige Nacht’ (Noche de Paz) que es el que posteriormente nos llegó a nosotros.

“Me interesa infinitamente más mostrar el espejo de lo que fuimos que mostrar el espejo de lo que somos”.

Dedicas “Ispansi” a los que no volvieron…
Así es. Fueron la inmensa mayoría de adulos que de una manera muy generosa acompañaron a los niños de la guerra. Se ha hablado muy poco, poquísimo de esta gente. La verdad es que toda la literatura que he encontrado referente a esto tiene que ver con los niños, pero habla muy poco de los maestros, médicos y profesores que les acompañaron. Al irse pensaban que iba a ser una cosa de seis meses, todo lo más un año, pero condenaron su vida al exilio. Algunos de ellos dejaron hijos en España. A mí me parece que es un acto sumamente generoso.

Los maestros y profesores siempre tan sacrificados… como cuando se condenaba a los maestros republicanos en la Dictadura porque la Iglesia, digamos, tenía el control de la enseñanza.
Obviamente, el profesor republicano no interesaba para nada. En algunas partes de España, como en Asturias, murieron un montón de ellos. Algunos fusilados. Su “delito” era haber sido profesor durante la República. Fue tremendo, el profesor republicano fue repudiado en toda España. También es cierto que al poco tiempo, el valor intrínseco que tenía la persona, se le reconoció y muchos de ellos volvieron al grado que tenían antes, pero a otros les amargaron la vida.

Supongo que no tendría nada que ver con la gente que se exilió a Venezuela o Francia, por ejemplo.
Ni muchísimo menos, porque la inmensa mayoría de los exiliados (quitando los que fueron a Rusia) pudieron volver a España cuando terminó la guerra. Sin embargo, para los niños de la guerra había un plan por parte de Stalin y por parte del Partido Comunista Español que era darles una formación muy buena para que fueran la élite que iba a gobernar España a la caída de Franco. Como Franco no cayó y ya se habían gastado mucho en ellos no quisieron nunca que esa gente tan bien preparada sirviera para la causa del fascismo. Entonces, hasta 1953, cuando muere Stalin, los más mayores empiezan a contactar con la Cruz Roja Internacional, pero no consiguieron volver. Franco no tenía ningún interés en llenar España de comunistas, entonces digamos que ya no los quería nadie. El comunismo de Stalin había caído y el Partido Comunista Español no tenía ninguna fuerza. Contando con que Franco no los quería… se encontraban en tierra de nadie.

Pero es cierto que la actriz que hace de tu esposa en la película (Esther Regina) vuelve a España y se encuentra con una cierta evolución en la forma de vestir de la gente. Pero por el contrario, cuando regresa del exilio ya no se la ve de la misma manera, aunque no era menos española por ello.
Las dos Españas siempre se encuentran en el exilio y se dan la mano. En “Ispansi” está clarísimo en la escena de la División Azul, que no ocurrió solo una, sino muchísimas veces que divisionarios salvaron a comunistas en Rusia y comunistas españoles salvaron a divisionarios españoles de que fueran fusilados por los rusos. Esto es curioso porque se desconocía y también se ha hablado de ello muy poco, y eso que a mucha gente le ha ofendido que yo lo haya puesto en la película. Pero es absolutamente cierto. Un niño de la guerra me contó que un falangista salvó a su hermano de ser fusilado por los alemanes. Es un dato maravilloso porque por fin hay algo que se pueda contar sobre la unión de las dos Españas. Pero bueno, esto ha molestado a mucha gente.

¿Debido a…?
Bueno… pues porque entonces no ven clara la definición ideológica de la película o se les desdibuja. Yo creo que está clarísimo, aunque yo lo que más odio en el cine es la obviedad. Hago protagonista de una película de izquierdas a una mujer de derechas, eso está claro, pero me gusta jugar un poco con los personajes en el sentido de que me gusta más la humanidad que ellos tengan antes que su ideología. Yo creo que esas dos Españas se han encontrado constantemente. De hecho, el anterior alcalde de Sevilla al ver la película dijo que yo, sin conocerla, había contado la historia de sus padres.

Esos enfrentamientos se pueden ver de algún modo en “Un Franco, 14 pesetas” con el traductor para los españoles en la fábrica, que es catalán, y los dos trabajadores de Madrid.
Está basado en un hecho real. De hecho, la rivalidad entra catalanes y madrileños era tremenda en aquella época y lo es hoy en día. Pero referente a aquella época yo he oído discusiones absurdas como que Madrid tenía edificios más altos porque es ahí donde estaba El Caudillo. Pero en cambio le correspondería a Barcelona tener los edificios más altos por ser más rica. Cosas muy raras.

Había una rivalidad que el sistema político también fomentaba y justificaba porque ese separatismo o germen de separatismo que podían tener los vascos y los catalanes no interesaba en absoluto, con lo cual todo lo madrileño tenía que ser lo mejor porque era como la esencia del centralismo y de los valores ciudadanos.

Pero efectivamente, está basado en un hecho real. Este señor era muy buen profesional y servía de traductor para los españoles que iban llegando porque estaba la complicación del idioma alemán que era muy difícil de aprender para los españoles que llegaban. ¿Pero qué pasaba? Pues que la inmensa mayoría de los que llegaban tenían una preparación muy baja o nula y a él le molestaba mucho quedar en evidencia presentar un español que no tenía los conocimientos que decía tener. Además de ser un tipo muy seco, tenía esa cualidad, y es que él era muy bueno trabajando y le hubiera gustado que todos los que llegaban fueran un poquito igual. Por otro lado, también era cierto que había conseguido cierta parcela de poder, por lo que posiblemente le producía algún celo el que llegara alguien que le pudiera quitar el puesto.

¿Para conocer nuestro presente es necesario saber de nuestro pasado?
Yo no sé si es necesario, imprescindible o conveniente. A mí el pasado me atrae aunque solo sea porque he vivido una parte de él. Digamos que el cine que hago si tiene que ver con el pasado. Me interesa infinitamente más mostrar el espejo de lo que fuimos que mostrar el espejo de lo que somos, porque realmente, no he terminado de digerir esta sociedad totalmente. Yo no la comprendo del todo.

Tanto laboralmente como persona, ¿te sientes a gusto en España?
Pues hombre, la “patria chica” es un poco Suiza porque por más que vuelvo, la verdad, sigo manteniendo hacia ella un cariño increíble que no se distorsiona con el tiempo. Eso es muy curioso porque suele pasar que cuando vuelves a los sitios donde has vivido la primera infancia o la juventud todo ha cambiado porque lo tenías idealizado. Siempre que voy vuelvo con añoranza, me da mucha pena el tener que volver. Pero reconozco que estoy ligado a una familia que, obviamente, no habla en alemán… Si yo hubiera estado soltero posiblemente y a estas altura me habría quedado allí. Yo creo que sí, aunque nunca se puede saber. A lo mejor, si paso allí mucha vida, de pronto lo que añoro es esto, cosa que también les ocurre a todas las segundas generaciones y españoles que se quedaron, que tienen idealizado esto. ¿Qué idealizan? Pues cosas tan absurdas como el clima. ¡Nosotros no hemos hecho nada por tener sol! al contrario, pues muchas veces es tan opresivo que nos complica mucho la vida al tener este clima tan seco. A mí lo que me preocupa es lo que nosotros somos capaces de hacer por nuestro país. ¿En qué grado lo podemos querer, de alguna forma, para salvarlo? Eso es lo que ahora hace falta.