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Dani Pérez: Evasión o victoria.

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“Lo que más me gusta de mi faceta humorística es que al final soy uno más de todos”.

Dani Pérez es un contador de historias reales con traje de humor que él viste en cada uno de sus monólogos. Se dio a conocer hace años por la interpretación del monólogo de ‘La esquiada’, pero antes de aquél salto, Pérez ya comenzaba a ganarse a su público, un público sabedor de la información que maneja y que serena con la risa. Después de las obras “Los ángeles no tienen hélices”, “Cazando gamusinos”, “Pájaros en la cabeza” o “Monólogos 2.0”, Dani ha continuado por la senda de la narración actual, siempre con el punto de crítica social justo y medido.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

¿Es mejor reír en tiempos difíciles?
Por supuesto. Es mejor la sonrisa. Pero en tiempos difíciles… y siempre. Es igual que el dicho aquél de “el que canta, su mal espanta”. Es más una filosofía de vida que no tanto hacer reír a los demás, al menos en mi caso. Yo he escogido el arte de hacer reír porque es lo que más me motiva día a día.

De hecho dicen que es más complicado hacer reír que llorar.
Yo creo que sí porque la risa juega mucho con la psicología y el conocimiento humano. La sonrisa es lo que nos diferencia –básicamente- del resto de los animales.

Menos de las hienas.
Ellas deben ser las monologuistas del mundo animal (risas). Pero en serio, creo que la risa no solamente te puede cambiar la vida, sino que te llena porque sacas lo mejor de las personas. Entonces, para mí es fundamental eso.

Tu forma de hacer monólogos va más hacia la crítica y la sátira antes que a cosas más banales. ¿Es posible que de ese modo la gente se sienta más identificada con lo que cuentas?
Sí, totalmente. Y no sólo por las anécdotas que cuento en los monólogos, sino por ser un humor generacional. Yo me comparo con un cantautor que cuenta historias en sus canciones, entonces parto de mis vivencias para que la gente se sienta identificada con lo que yo he vivido. Lo que más me gusta de mi faceta humorística es que al final soy uno más de todos. Y claro que me gusta hacer reír a la gente, pero también me gusta decir algo con mensaje porque se pueden decir muchas cosas con la risa sin necesidad de caer en el insulto. Gente como Charles Chaplin o Buster Keaton hecho cosas muy potentes y han dicho mucho con la risa. Ese es el arma y esa es la utopía; cambiar la historia con la risa.

¿Se han llegado a molestar por algo que hayas dicho en algún monólogo?
Pocas veces, la verdad, pero sí me he sentido censurado. Yo colaboraba con lo que por entonces era Radio4, y le hice una carta a Aznar que no me dejaron leer. En la Ser me pasó también cuando colaboraba en La Ventana del Verano. Nunca me dejaron decirle cuatro cosas a Aznar y no la pude leer en ningún sitio.

¿Qué sucedió al final con esa carta?
La tengo en casa, entre papeles.

¿Pero de qué hablaba?
Bueno, fue durante aquél momento de la guerra de Irak, el del penoso momento de los pies sobre la mesa con Bush… en fin. Comparo los tiempos de hoy en día con los de los años 60 americanos puesto que tenemos una población que está cansada de muchas cosas, de promesas que no llegan nunca y creo que ahora es buen momento para decir muchas cosas porque te obligan a ser creativo.

Dicen que las crisis agudizan el ingenio.
En cierta manera es lo mismo, llamémoslo como lo llamemos. Creo que, al sentirnos desamparados por los gobiernos, nos hemos dado cuenta de que vivimos en un mercado en el que hay gente que no sabe venderse, como yo, mientras que hay otra gente que se vende al mejor postor pero mal. Eso en el humor de hoy en día está muy presente, pero de una manera comercial, como marca. No vende decir verdades en el humor.

Es posible que se hayan banalizado los monólogos al contar cosas demasiado comunes…
…o que no se mojan. Es como si haces un rock hablando sobre lo que ves por la ventana frente a una letra que diga que estás mirando por la ventana pero respirando aire contaminado por tal empresa, por ejemplo. Puedes hacer lo mismo, pero pegando alguna coz. Y creo que eso está muy bien. El arte, en cualquier rama, siempre ha sido para protestar, el inconformismo ante la sociedad y ante lo establecido.

De ahí que lo quieran mermar… y matarlo.
Es que el mundo del teatro, del que yo vengo, ya de entrada siempre ha sido un mundo muy machacado y minoritario. Para empezar ya es complicado que alguien se planteé pagar una entrada para ir al teatro y menos si es para ver a una persona que no esté mediatizada. Pero, en mi caso, no busco ser el producto de la temporada, sino algo del rollo Javier Krahe.

¿Crees que alguien puede venderse mucho para paliar carencias de talento?
No, no voy por ahí. Pero hay gente con talento que no sabe hacia dónde lo tiene que dirigir para hacer un poco más de daño. Pienso que sería muy necio no cargar tinta cuando uno llena teatros o tiene todo un mundo que le escucha. Ojo, tampoco se trata de que vayan a ver un mitin político, pero nunca está de más meter alguna pullita entre risa y risa. La gente tiene ganas de oír por boca de otros lo mismo que le está pasando a esa persona. Así es como se identifican contigo.

Sucede que, dentro de ciertos espacios de humor como El Club de la Comedia, mucha gente que tiene esa capacidad de atención hace un monólogo que ha sido escrito por otros. Como los famosos que cuentan un monólogo, vaya.
Sí, pero no todos. Cuando estuve ahí tuve una lucha bastante pesada con los guionistas porque no me dejaban explicar lo mío. Entonces, los dos monólogos que hice para televisión (el de las cabalgatas y el de los musicales) fueron muy reducidos y muy cortos. Luego transformé el de los musicales al que hago ahora sobre Mary Poppins, pero en aquellos tuve que mover las orejas para que la gente se riera, como señal de protesta.

¿Una especie de boicot?
No exactamente. Ahora han cambiado las cosas, pero aquello no me estimuló mucho y quería hacer otro tipo de cosas. Lo probé, estuve ahí –digamos- en la cresta de la ola y luego me bajé para ver las olas desde la orilla de la playa.

Pero esa playa en la que ahora te encuentras no está tan mal, hombre.
Claro, es una buena playa, pero siempre he sido muy “mosca cojonera” y un culo de mal asiento. Sobre todo, soy una persona muy independiente. Soy, de alguna manera, un revolucionario ya que siempre busco cambios, una revolución. El ir conmigo mismo, no vivir con lo establecido ni con esquemas, sino vivir la vida con pasión. Falta romanticismo en nuestras vidas y más con toda esta mugre que tenemos encima, tanto a nivel político como en lo social. Entonces, para mí, la mejor forma de romper eso es utilizando el humor.

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“Hay que cambiar este sistema que ya huele a podrido”.

Decir la verdad es considerado un acto revolucionario. Ya lo sabes.
Totalmente. Además, puedes perder amistades por ello. Mira, un día recibí una crítica de Atrápalo.com en la que alguien decía que había ido a reírse, no a ver un mitin político. Total, para cinco minutos que se me fue la olla en los que cargué porque ese día estaba hasta la polla de todo… Pero creo que es lo más humano puesto que transmití aquél sentimiento a esa persona. Me pasa con la música. Hay grupos de ahora que no me transmiten nada, pero en los 60 había grupos que –estando colocados o no- se dejaban los cuernos en el escenario. ¡Lo vivían! Y eso es lo que echo de menos ahora en todo.

También está el respeto al público, ¿no?
Claro. Sales al escenario y te tienes que entregar. Antes de salir me pongo nervioso porque esa gente que ha venido a verme ha pagado por una entrada.

Si no recuerdo mal, en una ocasión dijiste que comenzaste a tener un público después de tres años.
Debuté en una sala de Mataró llamada Clap. Era una sala de conciertos que llenaba aún habiendo partido de Champions League. ¡Yo flipaba! ¿Quién me venía a ver? La verdad es que había una buena promoción porque la gente que llevaba la sala era gente que estaba acostumbrada a organizar conciertos, entonces aplicaron lo mismo conmigo. Empapelaban Mataró con carteles haciendo que se enterara mucha peña. Claro, la entrada costaba unos tres euros o así, por lo que llegábamos a petar aquello. ¡Imagínate! Un martes por la noche, en un polígono industrial a las afueras de Barcelona y con fútbol de por medio. Aquello me hizo pensar que había una gente que le gustaba lo que yo hacía y que había un futuro.

¿Entonces fue ahí cuando te diste cuenta de que te ibas a dedicar a esto?
Bueno, me lo empecé a plantear. Desde que empecé, tampoco he tenido una idea clara de cuál era la meta. De hecho, sigo sin tener una meta en la vida. No sé, quiero que la vida sea una experiencia, pero no busco un igual en la operación, ¿sabes? Busco vivir la vida lo mejor que pueda, con pasión, con intensidad… queriendo ser consecuente con mi manera de pensar. Y punto, no hay más. Y si te mueres, por lo menos te irás habiendo vivido algo interesante que haya merecido la pena.

Curioso para alguien que tiene el título de auxiliar administrativo.
(Risas) Sí. A los 20 años iba con traje, corbata y una maleta, pero me harté de aquello. Pillé la crisis del 93 y me metí en esto del humor para probar, a ver qué pasaba. Al final, con el “a ver qué pasa”, llevo 17 años.

¿Y el punto de inflexión clave?
Cuando gané el certamen de monólogos en El Club de la Comedia. Aquello fue un subidón. Me sobrepasó y pudo conmigo. De hecho, hay que estar muy centrado para eso no se te suba a la cabeza porque es una vorágine surrealista. Iba a sitios en los que no había estado en mi vida y la gente me aclamaba. A la vez, también se agradecen los ánimos, pero hay que mantener mucho las formas. Tiene su parte buena, pero también la parte en la que se te puede ir la bola. También he tenido la suerte de no haber parado de trabajar. Nunca me he confiado y he tratado de buscar por mí mismo mis propios bolos.

Hombre, la tele dista mucho del teatro. Más que nada porque en televisión eres “más visible”.
Donde recuerdo haber estado muy bien haciendo televisión fue en el País Vasco, en la ETB. Estuve dos o tres años ahí, subiendo cada tres o cuatro meses y grabando unos cuatro programas. Creo que fue la primera vez que dejaban a alguien hacer un monólogo de diez minutos en televisión. Incluso me invitaron a hacer el programa especial de fin de año. No me enteraba de mucho, pero cuando iba, la gente se acordaba de mí. De hecho, he estado un par de veces en la sala BilboRock y he llenado. Es un público muy agradecido, entendido y muy generoso.

¿Y el público de catalán? ¿Hay diferencias con respecto al público vasco?
No, para nada. El público de Barcelona me está tratando bien ahora, pero al principio me lo tuve que trabajar. Es una gente que lo da todo, pero te va a exigir el triple aunque te lo curres muy bien. Pero no se trata de ser más o menos entendido.

Viendo lo de tu periplo de actuaciones en el Alexandra Teatre se puede y se podría confirmar que te han aceptado.
Bueno, pero también ha habido gente que me ha conocido de oídas y ya está. También puede pasar que luego no den el paso final de asistir al teatro. Me hace gracia la gente que me pregunta por mi próxima aparición por televisión. ¡Coño, pues ven a verme al teatro! Estar en el teatro y no salir en la tele es como un grupo que no tiene videoclip. Creo que la sartén por el mando del mañana la tiene YouTube. Puedes sacar un vídeo –sin ser nadie- en YouTube y en un mes ya te das a conocer de alguna manera. Piensa que en la época del punto de inflexión de la que hablábamos antes no había YouTube ni Facebook ni Twitter. Y si lo había, no estaba tan masificado. Ahora mismo podría grabar esta conversación y subirla con el móvil en cinco minutos, cosa que antes era impensable.

¿Internet ha ayudado, en este caso, a los monologuistas?
Sí, mucho. Es una plataforma en la que te ve todo el mundo durante las 24 horas del día. Además, es algo con lo que te puedes buscar una buena promoción gratuita gracias a los perfiles en Facebook o en Twitter. Por ejemplo, con Twitter, puedo hacer una valoración del público real, el que me ha venido a ver. Pero antes llegabas a casa después de una actuación y no podías hablar con ese público o enviarle un mensaje, cosa que ahora sí puedes hacer. Además, esa persona agradece que le respondas al tuit o al mensaje.

No hace mucho tiempo propusiste a los “tuiteros” que si alcanzabas un cierto número de followers ibas a invitarlos a una actuación.
Cierto. Eso fue para darle viralidad al asunto. Tenía poquísimos seguidores (risas) y me preguntaba cómo podría aumentar el número, así que anuncié que si llegaba a trescientos seguidores iba a hacer un bolo para que la gente de Twitter entrara gratis. Y nada, en dos días tenía ya cuatrocientos y pico (risas).

Definitivamente, la cosa funcionó.
¡Y mucho! Si no lo capan a la larga, Internet tendrá siempre muchas posibilidades. Internet es la calle y la calle no tiene dueño.

¿Y si graban algo tuyo y lo suben a YouTube?
Sea con permiso o sin él, es una publicidad que va ir bien. Bienvenida sea la era tecnológica. Es más: en Internet hay muchas cosas que todavía no se han explotado.

“Monólogos 2.0”, “Los ángeles no tienen hélices”, “Pájaros en la cabeza”… ¿Procuras que sean algo conceptual para que actuación y nombre tengan que ver?
Bueno, creo que el título está buscando. “Pájaros en la cabeza” se trataba de un recopilatorio, pero el título describía los pájaros que tengo en la cabeza (risas). Todo gira en torno a mí.

Sin querer dejarme “Cazando gamusinos”…
“Cazando gamusinos” fue algo que hice cundo empezó la crisis, indicando que había que espabilar para que no te dejaran en el monte cazando gamusinos. De hecho, tenía una bola del mundo hinchable muy grande que tiraba al público para que ellos se sintieran políticos jugando con el planeta. También me metía con la religión. Ahora tengo un espectáculo que representa el sermón de un cura, dando a entender que la religión es un truco de magia.

Y la política, amigo mío.
Tenemos un futuro muy raro y los jóvenes no tienen a dónde agarrarse. Hay que cambiar este sistema que ya huele a podrido.

Puritani: La botánica del asfalto.

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“El ruido es una de las peores epidemias”.

El concepto del nunca o siempre, o sea, que si alguien muere… es para siempre (en teoría), se enreda en la poesía. Y que como dijo Miguel de Cervantes: “El año en el que más abundante es la poesía, suele serlo de hambre”. En todo esto está Puritani, alter ego de Sergio Ortas Durand (Zaragoza, 1974), un humano poetizado que ha sido cocinado entre el vino peleón y Leonard Cohen. Para él no hay más en la vida que la propia conversión personal en lo que hace, ya sea en la escritura, música, cocina o en el viajar de un lado a otro. Autor de “Nunca un trago fue tan ignorado” (Chorrito de plata, 2005), “Antes de que el cáncer me alcance” (Eclipsados, 2007) y de “Tiempos de cocción” (Tropo, 2011), este ser callejero de las andanzas nocturnas de Marlene Dietrich ha emigrado en la lejanía de un horizonte todavía por determinar.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: INÉS ZAMORA, JOSEGIRL, CARLOS GURPEGUI VIDAL Y KIKE GALLEGO.

Publicada en Cambio 16

El cocinero peruano Gastón Acurio dijo en una ocasión: “Dilema del cocinero: El poeta triste escribe poemas y te hace llorar. El pintor triste pinta cuadros y te logra emocionar. El músico triste compone canciones y te hace cantar. Al cocinero triste le está prohibido cocinar”. ¿Cuánto hay de ti en todo eso?
Bastante… o lo suficiente. El buen cocinero es un gran amante de masas y un personaje respetado, recibe felicitaciones de bolcheviques y zares. Cuando estás triste lo mejor es “cocinarte y cocinarles”, es un remanso de alivio, muy poderoso, de ahí la corrupción que brota de este descomunal poder, el poder de cocinar. Cuando entra en escena la poesía y la música esto se convierte en un reverendo lío…

¿Cómo lo combates? ¿Tan exigente es la poesía como amante o te deja complacer a la vez fogones y guitarra?
No se puede combatir, lo necesario para abordar todas esas terapias, sin caer en la locura, es optar por una práctica transversal. Aunque eso conlleva el tremendo riesgo de la dispersión. La poesía está presente en la música y en muchas ocasiones en la cocina, todas son materia sensitiva y expresiva… algo necesario, así como atravesar todas esas exigencias del ego inflamado con el filo de un cuchillo.

Me pregunto si también tienes pasiones pictóricas o si te has iniciado a ello…
Me dije: ¿por qué no vas a pintar y dibujar?, ¿por qué sacabas un suficiente en dibujo lineal o un benévolo bien en dibujo figurativo? Estoy preparando una serie de dibujos o “rostropoemas” de algunos amigos. Espero que me perdonen los representados. La titularé los amigos de Don Puritón. Un hombre del Renacimiento no debe usar Internet…

¿Y cuánto hay de Puritani en lo que hace Sergio Ortas? ¿Sergio escribiría lo mismo que Puritani imagina?
El asunto es que el personaje está creado para sacar todo el yo, de ahí que algunos piensen que muchas veces eres comido por el personaje, en realidad el personaje es uno mismo, en su totalidad, con todo su lirismo… y sus luces y sus sombras. ¡¡¡Es el “yo” el que más come!!! No soy Sergio solo, Puritani es la culminación y el remate de Sergio. Puritani saca a bailar a Sergio y si “el Puri” se excede, Sergio le acompaña abrazado a casa y luego se acuestan juntos, se necesitan. La artista zaragozana Inés Zamora, me ha hecho una marioneta de Puritani con su atrezzo. Comencé a hacer ejercicios para manejarla y ahora… a pesar del peso otorgado, la controlo bastante… hasta bailo con ella. ¡Y soy yo! El Yo… quien maneja los hilos, con un sistema de crucetas de madera, parece rudimentario pero funciona.

¿Y viceversa?
Lo dejaron ya con Sabina, pero tengo entendido que se llevan muy bien (risas).

La teatralización, la música o la videocreación nacen de los textos para su representación por parte de quienes se saben callejeros. ¿Eso va también por los desheredados sin techo o se limita al que permanece en la calle de manera temporal?
La calle es una obligación en ambos casos. La ciudad aparece llena de hijos bastardos de Baudelaire, que desconocen a su padre y hacen botánica en el asfalto… En las rapsodias de “Puri y Los Tanis” se puede contemplar el ambiente callejero, estos recitales son de carácter rotativo e itinerante y marcadamente teatral; con una escena, un atrezzo y un imaginario visual y narrativo. Han participado vagabundos, inmigrantes o estudiantes, proletarios desentendidos de todo… también artistas de diferentes ámbitos, periodistas, varias familias de gitanos rumanos a los que recuerdo discutiendo dentro de la representación de un show. Las últimas veces, creamos un grupo más asentado de músicos, videocreadores como el colectivo Zombra y pintura en directo con José Moñú.

Aunque en el poema ‘El buen humor y la mala hostia’ dices aquello de “Mala hostia es el discreto camión de la basura avanzando en una calle angosta con una perfecta acústica para reconocer los nombres de los nocturnos funcionarios e incluso oler algún residuo orgánico y veraniego”…
Recito metido dentro de un cubo de basura, imagínate a todos los “tanis” subidos en un gran camión de basura en una especie de fanfarria poética y musical como “kusturicas” de ciudad dando el pregón del caos. El ruido es una de las peores epidemias y la música es su conversión a lo sublime, el único milagro del hombre. Podríamos probar a meter un camión de basura en un futuro concierto.

Pero me llama más la atención este extracto: “Mala hostia es el insomnio y el desorden de tu vida…”. ¿Tan beneficioso es el insomnio que de tanto tiempo que ofrece puede llegar a consumir?
Los soñadores descansan creando y curándose pero no duermen, ni pintan mi muerden. El insomne, además de un trozo de carne nerviosa, es un hedonista ambicioso con disfraz de persona atormentada. Mi obligada apuesta, y la más pragmática, sobre el insomnio, es aprovecharlo al máximo. La visión más turbia y quizá más poética, sería la de los bucles obsesivos de los personajes abandonados a sí mismos en el silencio de la noche. Hay que permitirse, de vez en cuando, el encuentro con todos los hombres que fuimos y con los que nunca seremos. Noche de luna y lunáticos y baile con los fantasmas.

¿Y la vida? ¿Es beneficiosa? “Vivir es perder el tiempo”, dices en ‘La muerte algo evidente’ o que “la muerte es un viejo frigorífico con una suave bombilla donde se conserva la vida”, en ‘La muerte’.
Sea como sea, se sufre y se disfruta y con el transcurso del tiempo se encuentran hallazgos, desilusiones y por supuesto pérdidas. A algunos les va bien con ejercer la sabiduría. Yo nunca me entero de nada y me entrego a un voluptuoso absurdo y a la creación paliativa del dolor de existir.

¿Has estado más cerca de la muerte que de la vida?
El asunto es sentir, aunque sea el peligro y la ruptura con los límites o la dictadura de los órganos y el clima. Es un ejercicio de contorsión que no en pocas ocasiones, confunde el sufrimiento con diversión. Algo delirante. Al principio, en la adolescencia y en la primera juventud, y al final de la vida se pierde la conciencia del paso del tiempo, es ahí cuando estamos más cerca de la muerte. El impulso es juventud y el cansancio y el hastío senectud, Nunca aparecen acorde con los años y si no… mira por ejemplo los muchos ejemplos de vejez prematura, o de muerte en vida.

¿Y en qué momento estuviste cerca de la muerte?
Ahora he visto pasar un ángel negro (risas).

¿Puede matar la poesía, como llegas a contar?
No es lo mismo la vida literaria que la literatura. Ambas cosas pueden mandarte de viaje, sin billete de vuelta a los miasmas del caos. Existe el afán de figurar, de sorprender, apadrinar, posicionarse en tendencias y familias artísticas, en lugar de crear sin “mediatizarse”. Yo he sufrido esa palinodia complaciente. Por otro lado, también existe la fabricación literaria y como antagonismo y seña de autenticidad del verdadero escritor… están la pasión de los cazadores de instantáneas, de los rumiadores pensantes, de los espontáneos de lo urgente, de los ingenieros ingeniosos de la narrativa de claro discurso, y también los que no saben cual va a ser su futura obra ni si la tienen, los que continuamente piensan en literario, la poesía como forma de vida. Tipificar es de jueces… difícil es saber todos los individuos que hacen que la poesía pueda ser peligrosa, para bien y para mal.

“No es lo mismo la vida literaria que la literatura”.

Pero antes de que alguien crea que eres un excelso seguidor de “la parca”, vamos a demostrar que tus poemas tienen más ironía y sexo que otra cosa. A los hechos me remito, pues noto más acidez en “Jamás un trago fue tan ignorado” que en “Antes de que el cáncer me alcance”. Posiblemente sea una percepción mía…
El primer libro, “el jamás”, es un poemario más irreflexivo y se mueve en el terreno de lo urgente con un proceso de escritura de vuelco más automático, vómito casi a tiempo real… el libro sería como esos tintos jóvenes y adolescentes, de ahí su acidez… sí… algo así como un “joven Tempranillo” de carácter explosivo y sin abrigo de barrica. El segundo libro “el antes”, es un poemario donde aparecen elementos más macerados, aromas más poéticos como los puntos irreconciliables de la realidad y el deseo, el tedio y ese plasma hipersensible, más proclive al delirio y a la agresión menos figurativa de fuero interno, donde los excesos ya no compensan las carencias. El segundo libro sería un cabernet-sauvignon con merlot semi-crianza. Ambos poemarios contienen vetas de humor y los temas habituales: el amor, el paso del tiempo, el terror laboral, la existencia, la muerte… Roger Wolfe dice que “la guerra todo el tiempo puede acabar con el más grande de los estrategas”. Así que el “antes” es un periodo de paz después de haber perdido la guerra. Un vistazo al precipicio antes de mudar de desesperación.

‘La grandeza del fútbol’ puede ser un texto bastante representativo dentro de esa ironía que destaco. Amén de ser una cosa muy actual. Será que follamos poco y metemos demasiado la pelota (y la pata).
¿No será el campo de fútbol una enorme orgía, en el que los gritos son jadeos y los aplausos, son la explosión de júbilo del orgasmo colectivo? Como El verso de Bukowski que reza “mi polla entró y yo era alguien”, o ese célebre grito de aquel tenista yanqui… ¡John McEnroe! ¡Eso es! McEnroe gritando al juez de silla… “La bola entró”.

Bien es cierto que la primera obra nombrada data del 2005, mientras que la segunda es del 2007, ergo podemos estar ante una evolución que se ha decantado por la sátira. ¿Esto es algo natural que ha sucedido “sin querer”?
Sin querer queriendo… Al final creo que cualquier ejercicio de estilo es determinación y produce cierto confort. Una mirada poética y una visión de las cosas configuran tu estilo, por otro lado… Lo importante es superar la autocomplacencia, que desde luego existe y pasar del aplauso o las críticas de los demás. Después de eso se puede analizar y hacer cualquier cosa.

Justamente, si no me equivoco, fue en 2007 cuando presentaste en el Festival Cosmopoética de Córdoba el espectáculo “Puri y Los Tanis”, dentro del Ciclo Exploradores. Un año provechoso, ¿eh?
Sí, empezamos a funcionar con el espectáculo y cobrando por nuestro trabajo en diferentes lugares; (Madrid, Córdoba, Zaragoza) y muchos días llegamos a comer de la poesía y la música. En Córdoba estuvimos en el Centro Dramático, un pequeño teatro, donde compartimos recital con Miriam Reyes. Fue un ciclo programado por Silvia Grijalva para el Cosmopoética. En Madrid, lo hicimos en lo que fuera La Estación del Silencio sede madrileña, recital del que todos guardamos muy buen recuerdo. En el Bukowski hice una lectura sin músicos, también en un tributo al poeta Ángel Crespo en la localidad de Calaceite. En Zaragoza con Puri y Los Tanis estuvimos por bares, centros culturales y centros sociales. Fue un año de bastante actividad que se prolongó hasta mediados del 2008, donde rehusamos participar en la programación de la Expo… y luego ya se sabe, la crisis… (Risas).

¿Qué fue de todo aquello? Me consta que durante los años siguientes (en 2010, exactamente) se estuvo presentando “Cartas y poemas del mindundinato”.
En el 2010 nos reunimos con nuevos poemas y nuevas ideas que presentamos en el Socco Café de Zaragoza durante dos noches de “Puri y Los Tanis”. El género epistolar y los nuevos poemas recitados, eran el eje central del show en el que se incluía una nueva y contundente escena teatral. Freímos un huevo frito en directo, el crepitar recogido por el micro se oía perfectamente. El aforo lleno guardaba silencio sepulcral, el Socco estaba impregnado de un intenso olor a huevo… Recuerdo que lo untaba con pan sobre una mesa doméstica, mientras tanto sonaban por la megafonía del café, fragmentos de cartas escritas a un amigo poeta mezclados con música de Bach. Esta escena fue una conversación con Dios. Viejas ocurrencias del dadaísmo hacer de Dios un huevo.

“Soy un gitano rumano, el tani más puri”. Sin duda alguna, te pega más ser un nómada que un mindundi.
¡A mí me pegan las dos! (Risas)

De hecho, tienes una estética bastante zíngara. Eso sin contar el tatuaje con letras rusas que llevas en tu brazo izquierdo.
Si Lou Reed quería ser negro, yo quiero ser gitano… bueno y negro también… o un expresionista alemán o un cuadro de José Moñú.

Puritani & 40 de Fiebre es una banda recién nacida, ¿pero es realmente la revisión más musicalizada de los espectáculos de Puri y Los Tanis?
En Puritani & 40 de Fiebre, el poema necesita para todo su exposición el fuero de la canción, se nutre de la música para su respiración y la música necesita del poema. También hay desarrollos narrativos con cierta poética encendidamente jacobina. Juntos funcionan… por separado, supongo que serían un cuerpo decapitado.

Sin embargo, ya estáis grabando el primer disco. ¿Qué tal está yendo? ¿Hay más complicaciones que benevolencias por parte del tiempo y la distancia?
Complicaciones todas las que nos da la vida. Andamos todos achicando agua como marineritos en tierra… pero por encima de todo, están la pasión y las canciones… entonces todo fluye y trabajas con dedicación y cariño, con un estado muy excitante… Llevamos un estudio móvil para grabar a la banda en el salón o el baño de su casa. Es cojonudamente divertido y muy profesional. También tenemos la sala Creedence y el equipo de La Beer Blues Band. Joe Fríjol (José Soto) se encarga del sonido y de las guitarras, Coco Balach del contrabajo, Ludmila Mercerón del piano y los coros, Ana Belén Estaje de los violines y Fran va a ser nuestro batería.

Dylan dijo en una ocasión que es poeta antes que músico. ¿Es así en tu caso?
Yo lo afirmo en todas las ocasiones (risas).

¿Crees en Bob Dylan?
Más que en Dios…

¿Y en Dios?
¡Qué pena! Para eso hace falta algo de fe…

¡Y que Lennon nos perdone por ‘God’! Pero en algo habrá que creer… aunque sea en ‘Requiem’.
En una sentencia cernudiana diría que únicamente creo en la muerte de todo; la muerte de Lennon es un hecho, la de Dios una inclemencia, creo también en la del Gran Bob. Réquiem posee una naturaleza elegíaca y de mucha luz, aunque salga Dios… se sitúa lejos de los cielos prometidos y de los manuales de autoayuda.

“Viejas ocurrencias del dadaísmo hacer de Dios un huevo”.

No obstante, dedicas a tu padre el libro “Tiempos de cocción”.
Siempre me gustó ese temazo de Roberto Carlos titulado ‘Mi querido, mi viejo, mi amigo’.

Si la muerte, la ironía, la sátira y el sexo fueron protagonistas de las puñaladas en letra anteriormente, ahora lo es la cocina y el noble arte del fogón. ¿Existiría tal obra sin El Festín de Babel?
El Festín de Babel es un restaurante que mira al mundo y en su interior, se hallan los vestigios de cierta intrahistoria y obra personal, concretamente de la obra que mencionas: “Tiempos de Cocción”. Este poemario reúne claramente dos de mis ocupaciones principales en la vida: la poesía y la cocina… bueno y también la música.

Perdona que me desvíe un poco de este guión, pero me pregunto cómo es la vida compaginada con la hostelería. Y no hablo de una vida cualquiera, sino de la tuya.
De una ordinaria locura. Es necesario organizarse mucho, porque la realidad tira de un lado y los proyectos tiran de otro. Hay que motivar encuentro y andar continuamente reconciliando las expresiones más extremas. El pasillo de mi casa es un pasillo humanitario.

¿Y cómo es que te metiste en este berenjenal?
“Una elección siempre un error”. El poeta sevillano del siglo de oro Baltasar de Alcázar, explicó que tres cosas le tienen preso de amores su corazón. Una de ellas la berenjena con queso.

Bien, volvamos. Hemos hablado de creer en Dios (helado), pero santa conjunción la que podemos leer en ‘El bufé de Pentecostés’. Uno de mis preferidos, por cierto.
Los dioses, vírgenes y santos cocinados podrían ser una de mis especialidades… ¡joder me estoy acordando de Krahe! El poemario “Tiempos de Cocción” es un libro mixto y mestizo que homenajea a “La cocina caníbal” de Roland Topor… en él, aparecen las figuras religiosas cocinadas, una receta surrealista como el “escabeche mental”, poemas a personajes de la historia, el imaginario animista y el sincretismo, las leyendas, los vínculos entre la comida y el suicidio, el sexo y la cocina. La condición humana con el trasfondo gastronómico y con una dialéctica culinaria puesta en escena con diecisiete foto/ilustraciones de Inés Zamora y Zarzel y los Collages de Susana Vacas.

Muy vistosa la prosa que florece también con ‘El hombre pexe’ o ‘Mantecado’. Casi podría decirse que son relatos. Entre tanta historia y tanta leyenda, ¿no ha surgido la idea de hacer una digna novela?
Sí, son relatos con párrafos poéticos. Ahora no soporto sentarme y seguir un desarrollo narrativo largo, no es un buen momento para una novela, me volvería loco. La escritura viable, en mi caso, es la de tiro corto y concentrado.

“Château du Brik, ensobrado puré de patatas y cánidas albóndigas de la caridad”… Leopoldo María Panero me dijo en una entrevista que el dinero sólo le sirve para gastárselo en vino. Todavía me pregunto si se decantaría por el château du brik.
Me gustaría comer con él sardinas y beber vino peleón en un viejo bar del norte de España. Lejos de Mondragón y de las Canarias… y de los renglones torcidos de Dios. Le voy a llevar un ejemplar de “Tiempos de Cocción” y unas lenguas de gato… sé que le gustan.

¿Y vos?
Bueno, como Leopoldo María, me lo he gastado en el vino, ese que más tarde vendemos. Vendemos los estragos del vino.

Si para el pescado va mejor el vino blanco, ¿qué vino necesita la poesía y cuál la música? Bajo tu punto de vista.
Antes Leopoldo y yo hemos comido sardinas con tintorro… (Risas). ¡No te fíes de los poetas que tienen como contraseña de mail nopuedomas33 y cosas por el estilo! ¡Son unos fingidores! (Risas)

Después de tanto comer y de tanto joder, “Oscuro como la tumba donde yace mi numen” es lo que mano a mano moldeas con Roger Wolfe. ¿Saldrá alguien vivo de ahí?
Espero que las almas más libres y no sus señorías… Será un libro de dos manos de poesía y otra de pintura, breve y concentrada, un pliego bien guapo. Las pinturas serán de José Moñú.

Wolfe también es amante de los “días de vino y hostias”, vaya. ¿Qué pasa con los poetas? ¿Se ha terminado el tópico romanticismo para dar cabida a la verbal violencia?
La realidad es violenta, las palabras no siempre lo son y en su uso adquieren registros que la superan. Se canta a lo que hay, a lo que se pierde o lo que no se tiene y para las ganancias quedan el champán y los trajes caros. La poesía en boca y palabras de quien la (d)escribe, y mira la vida pasar (como es el caso de Roger), es crónica periodística y filosófica, una visión poética con una dialéctica no libre de enjundia y un estilo afilado y preciso… Entonces se difumina la violencia en el espíritu y tal vez, el papel queda manchado.

Al final, amigo mío, ¿no seremos más que fastfood en una fastlife?
¿Deberíamos de darle una patada en el culo al tío Sam? (Risas)

Ángel Martín: Sucesos de un cómico.

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“Los cómicos deberían alejarse de la tele y apostar por otras cosas”.

El gran público conoció a Ángel Martín (Barcelona, 1977) mediante la televisión, exactamente por haber sido un rostro destacable de “Sé lo que hicisteis” durante varios años. Pero antes de esa explosión mediática, el protagonista de esta entrevista (abanderado de www.solocomedia.com) pasó por diferentes etapas, como la de servir copas o tocar en un centro de la tercera edad. Realmente, su objetivo era el de ser actor, por ello empezó a cursar los estudios de interpretación hasta que la comedia se le cruzó un día a regañadientes y de la mano de Ricardo Castella, compañero de profesión que ahora comparte con él cartel bajo la obra titulada “Nunca es tarde”. ¿Parte autobiográfica? ¿Parte de ficción? Bueno, tal vez la mejor manera sea la de ver el espectáculo para comprender un poco más a Ángel Martín lejos de la ‘caja tonta’.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: HÉCTOR HUGO VILA RODRÍGUEZ.

Publicada en Cambio 16

Recuerdo que en un monólogo dijiste lo siguiente: “En Estados Unidos empiezas actuando en bares y pubs, pero si eres muy bueno, acabas en una serie como ‘Friends’. Sin embargo, en España, por muy bueno que seas, terminarías en Noche de Fiesta entre Jaimito Borromeo y Marianico El Corto”. ¿Esto sería la caspa?
Y es verdad. Siendo cómico en España no tienes ninguna posibilidad de que te pase nada. Es muy terrible, pero los cómicos en España son mierdas. No sé si sería como la caspa, pero es gente con la que no se cuenta. Si vas viendo películas de comedia de aquí no verás a ningún cómico. Es muy raro ver alguno. No te encuentras a Don Mauro, por ejemplo. Joaquín [Reyes] ha hecho algo, pero es muy pequeño. Yo diría que el único que ha conseguido hacer algo ha sido Julián López; un par de pelis con la misma gente, como con Nacho G. Velilla en “Que se mueran los feos”. Pero el resto de cómicos de aquí que hacen “stand-up” no salen. En Estados Unidos puedes ver a Seth Rogen haciendo todas pelis porque allí todos los cómicos vienen del “stand-up”, tío. Otros ejemplos: Ben Stiller, Adam Sandler, Will Ferrell… Todos los que de pronto se ponen muy de moda, es peña que vienen de hacer “stand-up”.

De hecho, gente como David Letterman, mantienen todavía sus programas tras décadas y décadas.
O como Jimmy Fallon, que sigue con su propia historia. Y es muy raro que los cómicos de Estados Unidos no hayan hecho “stand-up”. Es un proceso: desde el “stand-up” pasan a series o pasan al cine. Pero aquí no pasa eso porque que no cuentan con los cómicos, cuentan con el tío que esté más de moda. O sea, es más fácil que llamen antes a Mario Casas, por ejemplo. Creo que el que está haciendo algo de comedia es Luis Fernández. De hecho, cuando rodábamos con él una pieza para SoloComedia, me dijo que le habían hecho un casting para una serie que es también de Velilla. Me parece fenómeno.

¿Será porque en España funciona mejor el personaje del paleto o las cassettes con chiste de Arévalo?
Sí, es que no hay cultura de comedia. Los monólogos que ves aquí te los ves en “El Club de la Comedia” o en Paramount Comedy, pero es muy difícil que alguien se vaya a comprar los monólogos de Don Mauro en DVD. Es que son formatos que van dirigidos a ciertos sectores. Piensas en Paramount Comedy y haces tu mierda para Paramount Comedy. Se lo vendes a ellos y ya está. Pero hay muy pocos cómicos aquí que tengan una autoproducción. También es algo como muy sectario.

¿Sectario?
Es que los cómicos no colaboran demasiado entre ellos. Hay como grupos de cómicos y es muy difícil coincidir.

¿Estamos hablando de círculos elitistas?
No, no sé. Sencillamente es difícil. Aquí estamos todavía con el chip de “hagamos monólogos y aprovechemos el tirón es esto”.

Y de los monólogos hace ya…
10 añitos, sí, pero es que en Estados Unidos hace igual 50 o 60 años. Aquí todavía hacemos material muy antiguo. Ves el material de los cómicos estadounidenses de hace 30 años y se nos come con patatas. Si te pones a ver a George Carlin o a Lenny Bruce, gente de los 70, te darás cuenta de que el material que hacen es muy potente. Pero salvo los ejemplos que te he puesto (porque han muerto), el resto sigue haciendo un material de puta madre. ¡Es que estamos en el 2012, joder! Me vengo abajo cuando veo “El Club de la Comedia” porque es un material súper blanco, súper aburrido que todavía sigue hablando de los pies fríos de la novia en la cama, por ejemplo. ¡Me cago en mi puta vida! ¿Todavía seguimos con lo de los pies fríos en el 2012? Intentan que el monólogo sea para el gran público, así que se intenta hacer una cosa que se pueda emitir a las nueve y media o diez de la noche y que le guste a chavales jóvenes y gente muy mayor. Y es que tampoco es el ejemplo ya que la gente que sale ahí no siempre son cómicos, pues un señor que están en una oficina le ha escrito un monólogo a alguien que no sabe ni quién es. Alguien le escribe un monólogo a Belén Rueda, pero si ella dice que no puede porque tiene un rodaje, ese mismo monólogo se lo van a dar a otro. Me parece que eso es impersonal y muy poco interesante.

¿Y no queda “algo”?
Bueno, Paramount Comedy sí que tiene algo porque tú te escribes tu mierda, aunque dentro de unos límites también. Pero lo de “El Club de la Comedia” es demoledor.

¿Entonces hay unos estándares que limitan la creatividad del cómico?
Desde luego lo que ves en televisión, sí. He visto material de muchos cómicos en directo y no es el mismo que se ve en la tele. Es la misma broma, pero la tienes que adaptar para que nadie se ofenda. Ahí deja de ser tu material. Estás adaptando una cosa que tú haces en un teatro o en una sala de una manera, pero cuando lo haces en la tele tiene que ser de otra forma. Es supervivencia. Se trata de pedir pasta por algo que quieras vender. Y eso es una mierda porque el cómico que ves en televisión no está haciendo realmente su material. Es una pena. O como cuando los cogen para hacer programas en la tele. Lo que están haciendo ahí no tiene nada que ver con lo que ellos hacen. Veo a Iñaki Urrutia o a Goyo Jiménez en “No le digas a mamá que trabajo en la tele”, de título impronunciable, y lo que hacen ahí no tiene nada que ver con lo que yo les he visto hacer. Me parece mucho más interesante el material que ellos hacen que lo que hacían en la tele, que no era más que ver llegar a una grúa tirando un montón de chocolate por la cabeza. ¿Tiene eso sentido? Es un rollo. La comedia en la televisión funciona de esa manera.

Tirar de la payasada fácil para que la entienda la abuela y el nieto.
Es entretener al niño de 8 años y a la abuela de 70, y ya está. Tú entras en ese juego aprovechando el tirón para ir luego al teatro o a tu sala para ver si viene más gente. Pero no sé hasta qué punto también es buena idea porque luego la gente que te va a ver es por lo que has hecho en la tele y luego se encuentran que eso que haces no tiene nada que ver. A mí me ha pasado que ha venido gente a verme y se han encontrado con algo duro. Bueno, mira, es que esa es la mierda que yo hago. Si esperaban ver lo que hacía en “Sé lo que hicisteis” tenemos un problema porque no tiene nada que ver… al menos en los últimos años, claro.

Pero también es verdad que mucha gente te empezó a conocer a raíz de “Sé lo que hicisteis”, aunque habías trabajado anteriormente en Paramount Comedy, en el teatro y en “La noche con Fuentes y Cía.”.
Pero “Sé lo que hicisteis” es lo que es y lo que me dio a conocer, pero “La noche con Fuentes y Cía.” era una cosa que veían drogadictos, prostitutas… la gente que salía a la una y media de trabajar, yo creo. Y mis padres, a lo mejor. Y no todas las noches.

“Yo quería ser actor de verdad y no esta mierda que somos ahora”.

Por lo tanto, la gente que va al teatro esperando una cosa, se encuentran otra.
Es que el tono es otra cosa distinta. Ya hace un año y pico que nos largamos de ahí, así que la cosa cambia. Pero al principio mucha gente venía a ver “al tío de la tele” y se la pelaba lo que hicieras. Otros esperaban que hiciera un monólogo sobre Belén Esteban, y eso al final te la pela muchísimo. Pasa lo mismo con SoloComedia. La gente que entre por ver “Sé lo que hicisteis” se puede encontrar con una cosa que no tiene nada que ver. Te puede gustar más o te puede gustar menos, pero no tiene nada que ver con lo que han visto hasta ahora. Al final, la tele tiene una cosa buena que es que te haces conocido, pero tiene una parte mala que es que la gente se va a quedar esa imagen. Entonces tienes que encargarte de salir de ahí, que es una guerra bonita y dura pero larga y un coñazo. Es que fueron 5 años haciendo ruido en ese programa…

Que terminó quemándose, creo yo, porque empezó como algo semanal y luego derivó en algo diario.
Hostia, es que eso es la tele. Empiezas con una cosa semanal que luego te lo convierten en diario para acabar haciendo una cosa de media hora que pasa a ser algo de dos horas y pico… y llega un momento en el que no tiene sentido. Pero la tele es eso: exprime el momento, y si estás de moda, estíralo todo lo que puedas. Aunque a los de los despachos les da igual que tu imagen se queme. Ellos estiran y fuera.

Cierto actor me dijo en una ocasión que la tele es un animal que devora personajes: llega, los consume, los explota, los exprime y después los escupe.
Sí. Si eres directivo, aprovechas eso. Eso es porque luego aparecerá otro cómico que te va a dar lo mismo que te daba el tipo que tenías antes, aparecerá otra chica que era igual de guapa que la que tenías… Aprovechan tu momento y luego, a tomar por el culo. Pero también es porque tú entras a jugar con esas reglas y porque las has aceptado.

Dejando de lado el tema de la televisión; ¿la forma irónica de hacer humor (ciertamente ligada al “humor inteligente”) puede resultar más ofensiva?
Todo eso del “humor inteligente” me toca la polla, no te voy a engañar. Es muy fácil colocarte en ese rollo si no lo has entendido o porque no estás a la altura. Y no es así. Haces un humor que te gusta a ti. Fin. Si le gusta a más gente, pues de puta madre, pero si le gusta a menos gente, pues le gustará a menos gente. No creo que haya humor inteligente. ¿Por qué lo que te gusta a ti o a mí es más inteligente que lo que hace Arévalo o cualquier otra persona? Puede ser igual de divertido llegando a otra gente con otros perfiles. Entonces, haces un humor que encaja con un perfil de gente, que es la que te mola, y no haces otro humor que te encaje con otro perfil de gente. A mí no me interesa el humor de los chistes, pero no es menos guay que el humor que hagamos nosotros. Simplemente no te interesa. Y la ironía es lo mismo. ¿Es más interesante que el otro humor? No. A ti y a mí nos parece más interesante porque estamos en esa línea y no en la del tartazo ni la de la caída, pero no es más interesante ni es mejor. Ya te digo; lo de “humor inteligente” me parece una excusa barata. ¿Te entiende menos gente de la que te gustaría? Pues te jodes. Decide si quieres ampliar tu abanico o te quedas en ese rollo, pero no creo que haya humor inteligente.

¿Tendría esto relación con los círculos y el elitismo?
Tiene que ver con lo que te hace reír a ti. Punto. No es ni mejor ni peor, es la cosa con la que conectas tú con tu público. Puede que te encuentres haciendo una cosa que le guste a menos gente. Vale, es tu línea, pero no es mejor ni peor. ¿Lo que hace José Mota es mejor o peor que lo que hace Joaquín Reyes o Ernesto Sevilla? No tiene nada que ver. Y ya está. Cada uno tiene su público, y si con eso sobrevives… pues de puta madre. El problema viene cuando lo que haces sólo te gusta a ti, entonces sí que tienes un problema porque no vas a poder sobrevivir con eso. Puedes pagarte a ti mismo, pero es muy raro y desconcertante.

¿Te has encontrado con ese problema de pagarte a ti mismo?
No. Nosotros somos una generación que ha tenido mucha suerte porque nos hemos encontrado con algo llamado Internet, y eso es oro porque de pronto hay mucha gente que conecta contigo porque ha visto mucha más comedia. Nuestros padres, claramente, no tenían acceso a otro tipo de humor. Para ellos, ver a los Monty Python era una cosa como muy rara porque no había nadie aquí que hiciera lo mismo de Monty Python. Creo que al final el humor al que tenían acceso nuestros padres era Martes y 13, Gila, Rubianes, Tip y Coll, Arévalo… pero el acceso era distinto. En cambio, nos encontramos ahora con gente que te habla de cómicos que no conoces pero que al mirar en Internet descubres que lo que tú haces se parece a lo que hace ese tío. Y eso es una suerte porque el abanico de gente con el que puedes conectar se abre debido a que hay mucha gente viendo un contenido que es muy salvaje. Claro, ahora no te limitas a dos cadenas de televisión.

De hecho, SoloComedia viene por Funnyordie.com.
Correcto. Funnyordie la fundan tres cómicos (Will Ferrell, Adam McKay y Judd Apatow) que tienen cosas que nos parecían muy interesantes, sobre todo la parte de ver a gente que no suele hacer comedia y que de pronto te los encuentras haciendo el subnormal, como Sean Penn haciendo bromas sobre él. Eso nos parecía oro, pero creo que en España falta todavía sentido del humor eso. Si llamas a un actor para que haga algo así puede decirte que si hace eso la gente pensará que es tonto. Y no, la gente va a creer que tú te estás riendo de ti mismo. Pero es que estamos hablando de otra cosa porque la comedia en Estados Unidos es otro universo. Aquí cuesta mucho todavía que la gente se ría de ellos mismos. Pero vamos poco a poco. Creo que es divertido –también para la gente- aprender a reírte de uno mismo. Mira, María Valverde es un ejemplo muy claro de tía que, haciendo una serie de cosas que son muy dramáticas, quiso hacer algo con nosotros. Recuerdo que sus palabras fueron: ‘Vale, pero quiero hacer de algo en lo que sea una hija de puta’. Pero claro, lo dice porque sabe que a lo mejor en cine no le proponen papeles de hija de puta porque el perfil que tiene es el de ir llorando por las esquinas. Es una tía que viene y que no se plantea lo que dirá la gente después. Viene y se burla de que hace papeles de llorar por las esquinas. Todo esto está pasando con las generaciones más jóvenes mientras que a las más mayores les cuesta un poco más porque creen que Internet es un medio en el que no saben quién va a ver lo que hacen. Pero ya te digo, poco a poco. Es abrir una puerta. La idea inicial de cómicos haciendo cosas exclusivas para Internet con gente que no ves nunca haciendo comedia me parecía que era lo más guay.

Es la parte más “profesional” del humor, digámoslo así, ¿no?
Sí, o por lo menos la parte que nos parecía más interesante. Es la profesional, pero la que nos parecía más guay. Cada vez que alguien nos dice que se apunta a hacer el idiota, nos da un subidón. Que gente como Alberto Granados, Marta Torné, Juanma Iturriaga, Luis Fernandez o Maxi Iglesias (chavales que están de moda) se apunten para jugar o para hacer el subnormal, es muy divertido.

Te iba a decir que en “El Hormiguero” hacen cosas parecidas con los invitados, pero diría que es el lado más infantil.
Sí, hombre, si Pablo Motos no se pone delante del invitado para que puedas verlo, estaría bien. Es bastante divertido cuando ves a gente haciendo… cosas. Lo que pasa es que “El Hormiguero” tiene otro rollo. Han hecho una cosa que está muy de puta madre porque cualquier estrella va “El Hormiguero”. Todos los que vienen pasan por ahí porque también es verdad que no hay otro programa a donde ir. Pienso que abusan demasiado de eso y juegan poco con el invitado. Me parece que es desaprovecharlo. Vale, cuando viene Will Smith es la polla, pero porque Will Smith es la polla. El tío es un showman que llega allí y revoluciona todo, pero en el momento en el que te llega alguien como Jesse Eisenberg, pasa lo que sucedió con toda aquella polémica: que el tipo no entendía nada. Es muy raro que, teniendo gente internacional que se prepara cada puta entrevista, se los traigan para echar Mentos en la Coca-Cola. O si va Justin Timberlake, lo asoman por la ventana para que la gente grite. Vale, ya sabemos que eres la polla. Ya has cogido tu rabo y me has abofeteado con él, pero ahora haz algo que valga la pena, ¿no? Por eso digo que desaprovechan al invitado pero abusan de tener invitados internacionales.

Si están ahí es porque tendrán un público que lo vea…
No, no, claro. Ese programa es impecable. Está muy bien pensado porque es para toda la familia. Y no hay ningún otro programa que sea igual de perfecto que ese. A mí no me interesa, pero es perfecto porque han hecho lo que querían hacer porque… ¿cuánto dinero hay ahí, coño? Joder, hacen unas cosas acojonantes. Pero mi sensación es que está desaprovechado. ¿Por qué están sentados en una mesa contando con tanto dinero? Cada vez que lo pongo, veo a gente sentada en una mesa hablando con unas hormigas. De vez en cuando se ponen delante de la mesa y alguien saca un carrito con un experimento. Que puede ser la polla, sí, pero por ejemplo; está Charlize Theron ahí y terminas preguntándote por qué es lo mismo que cuando está Ana Obregón. Hacen lo mismo. Da mucha pena porque no es lo mismo y porque se puede jugar mucho más. Me da la sensación de que hay una fama, una pasta y un mérito que es muy evidente, pero que no…

Tal vez es hora de hacer un “Cómicos por el mundo” o “¿Quién quiere casarse con mi hijo cómico?”.
Es que los cómicos deberían alejarse de la tele. Mucho. Deberían irse muy lejos porque no van a poder hacer su mierda… a menos que hagamos un canal que esté dirigido por un cómico y que esté controlado por cómicos. Es que al final los cómicos en la tele no tienen ni un puto sentido. No he visto un solo cómico que haya hecho en la tele lo mismo que hace en el teatro. Lo más parecido a libertad con cómicos es “Ilustres Ignorantes” porque yo he estado ahí y es verdad que Javier Coronas no tiene cabeza ninguna. Te sienta en la mesa y puedes decir lo que te salga. Y es verdad, puedes decir lo que te salga de la polla. No tienen ningún sentido, pero estás siendo tú y juegas con esas reglas. Y de programas… poco más. Igual la primera temporada de “Zombis” de Berto. Era una cosa que hizo para Internet, se lo compraron y lo colocó tal cual. Pero por lo demás… en Cuatro no verás cómicos haciendo lo que tienen que hacer, en La Sexta está Jordi Évole, hace su cosa pero no es cómico porque es un periodista con un gran sentido del humor. En TeleCinco, las veces que he visto cómicos ahí han sido en galas… y en La 1 está José Mota haciendo su programa. Y ya está. Es que es lo que te digo: los cómicos deberían alejarse de la tele y apostar por otras cosas. Pero esto te lo está diciendo un tío que estuvo 5 años en la tele, así que no tiene ningún puto sentido lo que estoy diciendo.

Pero para saber si te gusta hay que probarlo.
Sí, claro. Pero si llegas a un programa y te dicen que te vas a echar chocolate por la cabeza… creo que la pista te la han dado en la primera semana. [Ángel cambia el tono de voz] “¿Chocolate en la cabeza? ¡Claro! Me puedo quedar. A ver si en la semana siguiente hago algo parecido a lo mío… Pero me estoy tirando chocolate por la cabeza y es muy raro”. La tele no está hecha para los cómicos, al menos así lo creo. No tenemos nada que hacer en España, de momento.

Esperemos.
Sí, hombre. Esto tiene pinta de que va a ser muy diferente al año que viene. Va a cambiar de manera radical, sí. Tiene muchísima pinta (risas).

Y esto me lo está contando alguien que empezó queriendo ser actor y terminó como cómico gracias a que un día tuvo que hacer un monólogo, el famoso monólogo del fantasma.
¡Hostia! Yo estaba estudiando interpretación cuando Paramount estaba buscando cómicos en Barcelona. En realidad no quería ser cómico, quería ser actor. Actor de verdad y no esta mierda que somos ahora. Mi profesora me obligó a hacer una cosa de humor para Paramount Comedy, pero yo no sabía qué era exactamente un monólogo y “El Club de la Comedia” tampoco estaba muy en auge. No había visto nada, vaya, pero escribí una mini obra de teatro de 5 minutos. Montaba en el escenario una casa abandonada y yo iba con una sábana por la cabeza… una cosa muy bizarra que si lo viera ahora grabado me avergonzaría muchísimo de mí. Sería pura vergüenza. Entonces, nos llevaron al hotel para hacernos una especie de casting a cuatro tíos de la escuela de interpretación. Ellos habían entendido muy bien lo que era el monólogo, pero yo no. Además, como coordinador de “Nuevos cómicos” estaba Ricardo Castella. Cuando me dijeron que hiciera el monólogo, me quité el jersey (me lo puse en la cabeza porque no tenía sábana) y estuve 5 minutos haciendo mi mini obra de teatro sin saber qué coño estaba pasando detrás de ese jersey. No oía nada, no oía risas… nada. Pero tampoco me importaba que no hubiera risas porque yo era un actor y no tenía por qué llegar a la gente con el arco de mi personaje… y todas estas mierdas (risas). Al terminar, me quité el jersey y vi la cara de Ricardo de no haber entendido nada. Me dieron las gracias al irme y a la semana mi profesora me dijo que Ricardo había escrito y que aunque lo mío no tenía nada que ver con un monólogo, se podía convertir en uno. Que escribiera algo sin la sábana y que diera mi punto de vista sobre las psicofonías. Lo adapté, se lo pasé a Ricardo y nos trajeron a Madrid para actuar junto a tres personas más.

¿Dónde fue?
Actuamos en la sala Garibaldi. Había un tipo llamado Marc de Alberdi que tenía un material espectacular. Llorábamos de la risa con él. No sé que estará haciendo ahora por cierto, pero llorábamos de risa con él. Fue el primero en actuar para romper el hielo, y al salir, se hizo un silencio absoluto. Nadie, nadie se reía y todos nos vinimos abajo porque pensábamos que sí el era el bueno y nadie se reía, los demás íbamos a morir. Y efectivamente, salimos al escenario y fue la mayor mierda que hayamos hecho nunca. Nos dimos una hostia muy espectacular. Después de aquello, Ricardo nos dio unas notas, hicimos unas versiones y me dijo que fuese a Paramount a grabar un monólogo. Lo grabe, pero no lo compraron porque era malísimo. Ricardo insistió porque decía que era buenísimo ¡y me hizo venir a Madrid cuatro veces a grabar ese puto monólogo! En Paramount le decían que no me llamara más porque no era divertido (risas), pero se le puso en los huevos y me subió cuatro veces. Creo que el primer monólogo lo compraron por pena (risas).

Pero luego vinieron más monólogos.
Sí, luego le pasé cosas. Me vine muy arriba, le mandé otro monólogo…

Si la memoria no me falla… diría que estaba el de la mili, el del sexo, el del quién conoce a quién…
(Suspira) El del “¿Quién es quién?” fue un encargo que me hicieron un momento antes y me dijeron que improvisara. Era muy raro. Ese y el del chocolate Ram. ¡Terrible!

¡Hombre! Y también estaba ese en el que decías que dejabas la comedia.
Ese fue de los últimos monólogos que grabé en Paramount. Pero lo hice porque me planteé dejar la comedia. Era una cosa que no tenía ya ningún sentido. Recuerdo que estaba el de la mili, como has dicho, el de las psicofonías, el de los cuentos infantiles… y alguno más por ahí. He visto alguno más pero me ha dado muchísimo asco. Muy malo y muy lento todo (risas). Era infumable, tío. Todo ese material que hay mío en Youtube de los monólogos de Paramount me parecen horribles. Todo eso tiene como 12 años, pero es que uno va cambiando y lo que empiezas a escribir ya va en otro tono, otras líneas y otro ritmo. Comparado con lo que hacía antes y ahora, no tiene nada que ver. No sé muy bien por qué, pero creo que fue una apuesta personal de Ricardo. Ahora tenemos un musical juntos y viene a SoloComedia cuando le dejamos cantar.

¿Y qué crees que habría pasado si Ricardo no te hubiera sacado?
Pues que ahora estaría en un bar y sirviendo copas, como muchos otros que querían ser actores. Tuve la fase de servir copas antes de dedicarme a la interpretación, así que ya la he pasado. Pero si no, estaría tocando el piano en centros de la tercera edad, que era a lo que me dedicaba por aquel entonces. Estaría ahí, seguro, porque no creo que los Coen se plantearan la duda de cogerme a mí o a Javier Bardem (risas). Lo tendrían muy claro.

Bueno, si a Castella se le pone también en los cojones…
¡Ah, no, claro! Si a Ricardo se le pone, desde luego (risas). Los Coen le dirían que no, pero él insistiría y lo acabaría haciendo por pena, seguramente.

“Para conseguir que alguien se ría tienes que hacer que su vida deje de ser una mierda”.

“Nunca es tarde”, vuestra obra, tiene parte autobiográfica y parte que no. Pero quiero saber cómo se montó después de haber perdido el contacto durante mucho tiempo entre tú y Ricardo.
Nosotros perdimos el contacto cuando empecé en la tele. Estuvimos como cuatro años sin hablarnos. No de mal rollo, pero perdimos el contacto. Ricardo me escribía o me llamaba a veces y yo ni le devolvía las llamadas ni los mails. No por nada personal, sino que era de estas cosas que vas a contestar luego pero que vas dejando hasta que te das cuenta que ha pasado una semana… y luego ya no sabes cómo explicarte por el retraso (risas).

¡Y todo por no saber cómo explicarle la demora!
Es que se me generaba un mal rollo tremendo porque no sabía cómo responderle después. Estuvimos así cuatro años. Él empezó en un programa de Antena3 llamado “Tal cual lo contamos” haciendo una broma en la que se presentaba diciendo “hola, soy Ángel Martín”… sin decirme nada. Entonces pensé en hacer como una broma y al final terminamos hablando a través de la tele. ¡Era muy raro! O sea, no estábamos hablando pero uno llamaba al hermano del otro para que llamara también al programa… muy absurdo todo, tío. No hablábamos fuera de la tele, pero lo hacíamos por la tele.

¿Rollo Góngora y Quevedo?
¡Era muy bizarro! A él, además, no le dejaban hacerlo, así que lo hacía a escondidas. Hubo una temporada en la que dejaban de rotularlo como Ángel Martín y entonces él salía con un cartel con mi nombre, ¡pero no había avisado de que lo iba a hacer! Le pegaban muchas broncas por eso (risas). Una vez llamé a su hermano para que entrara a mi programa pero sin que dijera que era su hermano… Ya te digo, tío, ida de olla muy grande.

¿Y qué sucedió después?
Pues cuando se largó del programa, yo entré en directo por teléfono porque queríamos darle una sorpresa sin que él lo supiera. Y fue la mierda porque no le había contestado a ningún mail y tampoco le había devuelto ninguna llamada y estaba entrando en directo en su programa sin que él lo supiera (risas). Esa semana quedamos para cenar y fue muy “malrollero” porque lo hice muy mal ahí. Nos dijimos todo a la cara y confesé que la había jodido, así que lo único que podía hacer era pagar esa cena. No podía pedir más disculpas porque habían pasado tantos años que hacerlo iba a ser muy ridículo. A partir de ahí retomamos el contacto. Después le llamaron para hacer una suplencia de verano en “Sé lo que hicisteis” y tal. Pero yo tenía la cabeza ya muy caótica cuando iba a dejar el programa y tenía que hacer muchas entrevistas explicando por qué lo dejaba, así que Ricardo me sugirió que no diera entrevistas porque lo mejor era escribir un musical explicando por qué había dejado la tele. Me pareció una idea tan jodidamente absurda, descabellada y ridícula, que me resultaba impecable. Imagínate crear ese mal rollo cuando me preguntaban el por qué de mi salida de la tele y responderles que estaba haciendo un musical donde lo iba a contar. ¡Era jodidamente raro! (Risas).

Imagino que ahí empezaría el desarrollo creativo con mil ideas, ¿no?
Nos encerramos y empezamos a escribir la historia de un tío que deja su trabajo en la tele para dedicarse a la música. Y sí, se mezcla realidad y ficción.

Después de todo esto, y según la historia, vas a sacar un disco.
¡Claro! Es lo que vende. En el teatro y en la música es donde está el negocio. ¡Es nuestro gran plan para hacernos ricos! (Risas) No, en serio, no creo que saquemos un disco. Ya estamos bastante arruinados con el teatro como para ahora invertir en música.

Bueno, a Sabina y a Serrat les funcionó bien lo de “Dos pájaros de un tiro”.
Para ser dos chavales que están empezando y que a penas tienen seguidores, no les va nada mal. Ni siquiera necesitan tener Twitter ni nada. Son gente que, a lo mejor, pueden ir a una ciudad sin avisar que van, y llenan un estadio en plan “se nos ha olvidado hacer carteles”. Yo creo que en la música hay excepciones y no seríamos nosotros la revelación del 2013, no te voy a engañar (risas). Si vienes a ver nuestro espectáculo no sales hablando sobre lo bien que tocamos.

Bromas aparte, la idea de cómo se monta “Nunca es tarde” es ridícula pero a la par que rompedora.
Es que el espectáculo es muy raro también porque no es una obra de teatro. Es una serie de televisión musical hecha en teatro, entonces es muy extraño porque es una serie de televisión porque el ritmo que tiene, es ritmo de tele y no de teatro. Está pensado en escenas pero no hay localizaciones. Es interesante verlo porque el ritmo es distinto y no tiene que ver con nada. Es curioso pero raro de explicar.

¿Y qué tal la aceptación?
Pues llevamos un año y medio y hemos repetido ciudades, así que yo creo que a la gente le mola. En Madrid nos quedamos ya todo lo que queda de año. Hasta enero vamos a seguir aquí. Funciona bien, vaya. Hay gente que repite y todo.

Ya se sabe que el teatro es la mili del actor.
Sí. Claramente sales ahí a hacer una cosa que has escrito tú y la reacción es inmediata. En la tele haces una broma y no sabes cómo ha sido la reacción porque no oyes las risas, pero si en el teatro no se oyen las risas es porque la obra es una mierda. Eso sí, si ríen es porque la obra funciona. En el teatro tú tienes el control de lo que haces. Puede que haya bromas que funcionen muy bien, pero si no estás cómodo puedes decidir cambiarlas. No viene nadie a decirte qué bromas hay que hacer cada día para que a la gente le guste hasta que deje de ser divertido. En ese aspecto, el teatro es una mili, desde luego.

Si tú haces una broma y nadie la pilla salvo una persona, ¿la mantendrías?
Depende. Hemos llegado a hacer cosas muy raras. Ricardo y yo hemos estado apostando por una broma durante mucho tiempo sin que nadie riera. ¿Pero qué sentido tiene al final que nos haga gracia nada más que a nosotros dos? Pues será la broma que nos gusta a nosotros dos, y ya está, pero la cambias porque no puedes hacer un espectáculo que sólo te guste a ti. No suele pasar tampoco porque intentas hacer un material que te guste a ti y que además le guste a la gente. El público que viene a vernos sabe muy bien qué es lo que se va a encontrar. Es lo que hablábamos antes, pues ahora mismo, el acceso que tienes al material es inmediato. Antes de ir una obra de alguien puedes teclear su nombre en Internet y ves vídeos de lo que él hace u opiniones de gente que ha ido a verla. Encontrarás opiniones buenas, malas… pero ya sabes a lo que vas. Al fin y al cabo, la gente sabe a lo que va porque lo ha investigado antes. Puede que vayan a ver algo que les apetece o puede que vayan a ver al tío que sale por la tele, pero van a ver algo que les gusta.

“En España falta todavía sentido del humor”.

Las opiniones son como los culos…
Puede que un día no andes especialmente fino y la broma no ha gustado. O también puede ser porque no la has tirado bien o viceversa, pues haces un movimiento que antes no hacía y resulta que la gente se ríe mucho con ello. Eso en el teatro es muy complicado, y más la comedia, porque dependes de mil factores, pero es muy interesante porque estás todo el tiempo pensando qué es lo que ha pasado.

De hecho, dicen que es más fácil hacer llorar que hacer reír.
Es que hacer llorar es muy sencillo. En general, todos estamos en una situación de mierda, entonces, sacar eso a relucir es muy fácil. ¿Que estás mal? Pues vamos a acentuar eso para que estés mal. Es muy fácil sacar la sensación de pena, pero es que en el teatro es muy fácil llevar las sensaciones al extremo porque todo te envuelve en ese rollo mientras estás sentado en una butaca en silencio y en penumbra. Para conseguir que alguien se ría tienes que hacer que su vida deje de ser una mierda por unos momentos. Entras en el teatro pensando que mañana tienes que pagar el alquiler, la luz, la falta de pasta, mil problemas… pero entras con la idea de reírte. ¡Vaya planazo bueno! Si logras reírte es porque has conseguido que todo eso se quede a un lado. Al salir del teatro tienes otro rato de risas, pero al volver a casa ya es la mierda. Pero claro, si vas a ver una obra en la que echen a un padre de familia del trabajo, que no tengan dinero… pues vas a llorar.

De ahí que la gente no vaya a ver cine español.
Pues es uno de los motivos. También puede ser porque todo lo de la Guerra Civil ya está contado… no sé. Hay pocas historias que sean buenas y que realmente te lleguen. Yo, desde luego, prefiero la comedia. Además, no creo que haya nadie que monte una obra de teatro titulada “¡Te quiero hacer llorar!” (risas). Pero emocionalmente es más fácil conectar con la pena que con la risa. Así que si has conseguido conectar con la risa es porque has hecho que la gente deje de lado sus problemas. No sé cómo de gratificante tiene que ser hacer llorar a todo el patio de butacas y llegar después al camerino diciendo “hoy han llorado todos. ¡Qué bien!”. Hostia, ¿por qué quieren hacerle eso a la gente? (risas). Aunque también hay momentos en los que necesitas ver una peli que te destroce por dentro y te abra en canal. De todas formas, la comedia es una manera de evadirte de todo. Por eso me alegro de no haber sido actor ahora, seguramente estaría haciendo dramas y sería todo una mierda.

Macarena Gómez: Del método a la locura.

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“No me dedico a esto para sufrir”.

La cita con la actriz Macarena Gómez (Córdoba, 1978) se concreta en un emplazamiento cercano a la zona de Colón y Génova, en Madrid. Es un día de bastante calor pero con viento, poco habitual para aquellas fechas. La charla se alarga durante cerca de 45 minutos en los que se habla de cine, como era de esperar. “Holmes. Madrid Suite 1890” (José Luis Garci) inicia el encuentro que termina con un giro sobre divagaciones varias acerca de la ética y moral del actor, separar al personaje de la persona o de las múltiples formas de adaptación al entorno. Aunque es una cara conocida por “La que se avecina”, Macarena se ha ganado a pulso un reconocimiento respetuoso en el cine, y más exactamente dentro de la disciplina del cortometraje. Off the record, quedaron otro tipo de conversaciones más cercanas a la música y viajes, pero eso permanecerá en el cajón.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

Hablemos de lo que significa trabajar con Garci y el ritmo al que estabas acostumbrada. ¿Te ha supuesto mucho trabajo?
No, la verdad. Si te das cuenta, las películas de Garci en sí tienen un ritmo distinto. Claro, comparado con los rodajes de “La que se avecina”, donde vamos todos histéricos y gritando, el ritmo de una película de Garci es todo lo contrario. No me refiero al ritmo de rodaje, sino al ritmo que él plantea en sus largometrajes; como esa cadencia al hablar. Pasar a ese registro fue para mí un reto. Otra cosa que me fascina de las películas de Garci son los planos secuencias. ¡Me encantaría grabar todo en un plano secuencia! Me parece que es algo muy difícil para el actor porque tienes que resolver todo en una misma toma. Lo tienes que hacer perfecto en un sólo plano para intentar transmitir lo que tiene tu personaje.

“Annie Hall”, de Woody Allen, tiene bastantes, por cierto.
Sí. Hay muchísimas que ahora se hacen también así. De hecho, en Octubre del año pasado rodé un corto de 5 minutos en un plano secuencia. Quise hacer el corto por eso, porque me encanta y es un reto.

¿De cuál corto hablamos?
Se titula “Papá te quiere mucho”.

Es difícil hacer una lista oficial de los cortos en los que has actuado debido a que haces muchísimos al año. Para dar con “Cementerio de elefantes” había que escarbar bastante, de hecho.
¡Es cierto! No sé por qué hay cortos que no aparecen en IMDB y otros sí. Tendría que ser el propio productor el que lo subiera ahí, supongo.

He contabilizado, aproximadamente, unos 20 cortos.
Y te aseguro que hay más (risas). Mira, entre Octubre y Noviembre del año pasado, cada fin de semana hice un corto. Creo que los mejores papeles que me han dado han sido para hacer cortometrajes. Supongo que eso es debido a que el director o el guionista escriben el corto pensando en mí.

Lo que me resulta curioso es que en los cortos siempre te han dado papeles dramáticos.
¿Verdad? Yo también lo pienso. Fíjate: mientras que para largometrajes siempre me dan comedia, para los cortos me dan papeles dramáticos. Será por eso por lo que me gusta más hacer un cortometraje. No me lo había planteado, pero tienes toda la razón. Es que lo pienso ahora mismo y es verdad que los directores de coritos siempre me llaman para hacer dramas y no para hacer comedia, lo cual me halaga mucho porque me ven haciendo tele o cine y ven que tengo también ese registro para hacer dramas. Me encanta. Aunque no es algo que haya buscado conscientemente.

También te llaman para hacer terror, como en “Para entrar a vivir”, de Jaume Balagueró. Es casi una precuela de “Rec”.
Hay mucha gente que considera “Para entrar a vivir” como una de sus mejores películas. Me encantó trabajar ahí. Lo que pasa es que se estrenó en televisión un viernes a las 12 de la noche y no creo que tuviera una repercusión profesional para mí. Sí que hay gente amante del género que la ha visto, claro, pero tampoco creo que me den papeles de terror por “Para entrar a vivir”. Igual es más a raíz de “Dagon, la secta del mar”. Pero no lo sé, si te digo la verdad. Eso sí, me lo paso muy bien con el género de terror.

Bueno, “Dagon, la secta del mar” fue tu primera película y casi es llegar y besar el santo.
¿Sabes lo que sucedió también? Que me coincidió “Padre coraje” y “Dagon, la secta del mar”. No sé cual empecé a rodar antes, pero creo que fue “Padre coraje”, aunque lo mismo la diferencia entre uno y otro fue de 3 semanas. Lo que sí te digo es que el primer trabajo que me salió fue “Dagon, la secta del mar”, aunque a lo mejor “Padre coraje” se empezó a rodar antes. Lo iba compaginando viajando de Sevilla a Barcelona y de Barcelona a Sevilla.

También fue suerte. Hay quién hace una primera película y es como si no existiera.
Totalmente. Tuve mucha suerte. Pero sinceramente y con todos mis respectos hacia “Dagon, la secta del mar”, creo que se fijaron más en mí -porque empecé a trabajar de una manera constante- a raíz de “Padre coraje”.

Aunque “Padre coraje” tenía un buen elenco.
Por supuesto, pero es lo de “Dagon, la secta del mar” es un género que ve un número muy bajo de la gente de la profesión.

Pero lo de “Padre coraje” tuvo más repercusión porque es la tele…
Claro.

Y haciendo de politoxicómana, otro de tus fuertes en los papeles marginales.
Pero fíjate: en “Padre coraje” hago de yonki y en “Dagon, la secta del mar” hago terror. ¿No te has dado cuenta?

Sí, que justo después te dieron papeles de terror.
Exactamente. Y siempre que han querido papeles de yonki, me han llamado. Aunque ya hace tiempo que no me llaman para eso. ¡Es que te encasillan!

La gente, en general, ve más televisión que cine, así que con “La que se avecina” podrían encasillarte más fácilmente con el personaje de Lola.
Sí, pero no creo que me identifiquen como Lola, aunque la gente de la calle sí me reconoce por eso. Hace nada me pararon por la calle porque me habían reconocido de un capítulo de una serie de hace 7 años. Fue algo que me hizo muchísima gracia (risas).

Esto te lo digo porque hay compañeros tuyos que van a discotecas (con su caché correspondiente) bajo el nombre del personaje. ¿No es esto un suicido laboral?
Totalmente. Además, me pregunto si el actor sabe que lo venden con el nombre de un personaje en lugar del suyo real. Al igual que es un peligro estar muchos años en una misma serie. Tengo la suerte de llevar muchos años en “La que se avecina”, pero si te das cuenta, en la serie, mi personaje se va de vez en cuando. Está todo pensadito. De ese modo yo tengo tiempo para hacer otros proyectos.

“Los mejores papeles que me han dado han sido para hacer cortometrajes”.

Es posible que en el cine seas reconocida como Macarena Gómez y no como Lola, que es lo que te sucedería estando en televisión.
Pero el personaje de Lola no ha creado tanto revuelo. Se me ve en la serie, sí, pero al no ser un personaje protagónico, pasa más desapercibido. Es mucho mejor así porque hay que saber separar el personaje del actor.

¿Lola sería entonces una representación de la cara amable de tus papeles en contrapunto a las otras interpretaciones más oscuras que has hecho en cine o en cortos?
Es un buen punto de vista, aunque no me lo he replanteado casi nunca. Pero evidentemente, si en uno haces un personaje trágico, en otro haces la cruz, que es el personaje cómico.

De hecho, todos tus personajes tienen en común un cierto desequilibrio mental y/o emocional.
Sí, pero ese desequilibrio mental es algo que yo misma me busco. Cada actor tiene tendencia a llevarse el trabajo a su terreno. Si el papel de Lola lo hace otra actriz, no sería como lo estoy haciendo yo. Entonces, cuando yo hago un personaje, me lo llevo un poco a ese terreno. Inconscientemente, me divierte tener un puntito de locura.

A eso quería llegar…
Te juro que no me lo planteo. Siempre he dicho que me dedico a esta profesión para jugar. Juego como una niña pequeña lo hace con su Barbie. Creo que ese puntito de locura lo hago porque me resulta más divertido, pero en el sentido más profesional, como un juego.

Llevas… ¿cuánto? ¿10 años? De las pocas que tiene ese estilo marcado a la hora de actuar.
¿Sí? ¿Lo crees? Como cada uno me dice una cosa, yo ya no sé qué creerme (risas). No me dedico a esto para sufrir. Esto de hacer el trabajo en casa, el personaje, ver métodos… es un rollo patatero. Y te lo digo en serio. Mucha gente me mirará mal por lo que te digo, pero es que yo termino de rodar y me voy a mi casa tan pancha. ¿Y por qué te estoy contando esto, Carlos? (Risas)

Tú divaga, pero básicamente estamos hablando del estilo de cada uno.
Hay una cosa que me gusta mucho de las actrices como Verónica Forqué, Ángela Molina, Victoria Abril… y es que cuando tenían 30 años y aparecían en las películas de Almodóvar, eran (y son) como muy desvergonzadas, atrevidas, juguetonas, extrovertidas… Actuaban sin importarles el “qué dirán”. Les daba igual, y ese tipo de forma de actuar me gusta mucho. Por eso siempre he dicho que me identifico mucho con esas actrices.

Creo que te hubiera venido muy bien el personaje de Kika, el cual interpretaba Verónica Forqué en “Kika”.
Cualquier personaje de las películas de Almodóvar me habría venido muy bien. Creo que ahora, entre la gente joven, hay una forma de actuar en la que prima el ser correcto. Es decir; el no arriesgarse y el estar muy comedido en cómo se va a actuar.

¿Ir a lo fácil?
Sí, y no estoy de acuerdo con eso.

Tal vez se aseguren así el que les llamen más veces.
Claro. No se definen tanto como actores y no tienen esa forma de ser o de trabajar. Bajo mi punto de vista, los veo mucho más planos y como que no arriesgan a la hora de crear personajes.

Pues yo, bajo mi punto de vista también, diría que siempre eres Macarena Gómez sólo que tus personajes no son tales, sino pseudónimos.
(Risas) ¡Qué bueno! O sea, ¿me ves a mí en todo lo que hago?

Sí.
¿Y eso lo ves como algo bueno o como algo malo?

Como algo bueno…
Es que no se puede separar en ese sentido. Si tú estás viendo a Elena Anaya en una película, sabes que es Elena Anaya.

Bueno, pero hay papeles en los que es posible que no veas a Elena Anaya actuando en ese registro.
Ya, también. Aunque eso nunca se sabe y dependería también de la persona.

No obstante, te pega más el rollo undeground.
¡Me lo dicen muchísimo! (Risas) Pero creo que doy una imagen equivocada. Pero sinceramente, no lo sé. Es posible que tenga mucha facilidad para adaptarme a cualquier entorno.

¿Como qué?
Por ejemplo, puedo estar cenando en Londres en el restaurante del nieto de Winston Churchill para irme después al antro más “antro” en donde tocaba Pete Doherty. Si tengo que moverme por el mundo underground, voy a ser “underground”, pero si tengo que moverme en un entorno fino, voy a ser también muy “finolis”.

Antonio Garrido: Con elegancia.

Publicado en

“Hoy en día, la televisión es un animal que devora personajes”.

Antonio Garrido (Sevilla, 1971) es un actor de cara reconocida aunque sin personaje que lo condicione. Conocido por sus papeles en “Los simuladores” o “Los protegidos”, el sevillano es un incansable trabajador que no conoce frontera alguna entre la televisión, el teatro o el cine. De hecho, su vida en el cine ha sido tan firme como completa formando parte del reparto de películas como “El camino de los ingleses”, “Camarón”, “La chispa de la vida” y, ahora, “Fin”, película que, como el propio Antonio indica: “mi personaje es un miembro de más de la pandilla, tal vez el más simple, el que tiene el trabajo más normal. Aunque su empresa se ha ido al garete y por circunstancias de la vida ahora no atraviesa un buen momento”. Garrido habló sobre la actualidad de la televisión y del cine, además de la dureza del teatro y otros temas de interesante recorrido en su vida.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: MARCO ROMANÍ.

Publicada en Cambio 16

¿Crees que una serie de éxito (como “Los protegidos”) puede tener una altura y una caída?
Hombre, si es una serie de éxito, es complicado que tenga un bajón. Pero sí es cierto que hay productos que van funcionando. Creo que si no se van renovando las tramas y las formas de hacer la serie, al final la gente se casa, efectivamente. De hecho, ya se han visto muchas series que han estado repitiendo lo mismo, pero el público no es tonto y se termina cansando.

Hombre, “Los protegidos” lleva tres temporadas, camino de cuatro, que ya es mucho para una serie española.
En comparación con “Hospital central”, “Cuéntame cómo pasó” o “El comisario”, sí. Al igual que funciona muy bien, puede ser que el público se canse y prefiera ver otra cosa al día siguiente.

Aunque hay series con una única temporada que alcanzaron el éxito quedándose en la memoria colectiva de generaciones enteras. Hablo de “Verano azul”.
Pero también pasa una cosa; cuando se emitían este tipo de series, no había tantas cadenas de televisión. O sea, tú hacías “Verano azul” y tenías 20 millones de espectadores.

Cierto.
Claro, sólo se hacía una serie. Entonces, España entera estaba pendiente de eso. Pero lo de “Verano azul” es curioso, se hizo una temporada y se siguió emitiendo durante 10 años. Recuerdo una noticia en el periódico que decía así: ‘Televisión Española confirma que este año no repondrá Verano azul’. (Risas)

¿La diversidad de los trabajos evita la monotonía?
Totalmente, sin lugar a dudas.

Bueno, qué te voy a contar… ¡si hiciste de Rey Melchor en Salteras!
(Risas) Sí. Creo que es fundamental. Mira, si estás todo el tiempo haciendo lo mismo, terminas quemándote. Lo bueno que de esta profesión es que tiene varias facetas y varios códigos. Lo importante es adaptarte al código que tiene cada medio, que es fundamental. En el teatro, tienes la inmediatez y tienes además la fuerza de que la última palabra es tuya. Tú eres siempre el que tiene la última palabra encima del escenario. El director o el coreógrafo te han podido decir mil cosas, pero al final, el que está ahí delante, el que decide lo que se hace, eres tú. Eso sí, al día siguiente te expulsarán (risas), pero puedes hacerlo si quieres.

¿No hay ejemplos? Tuvo que ser algo digno de recordar.
No diré el nombre del actor, pero como no le gustaba el montaje de la obra, terminó tirando el sofá al público. Esto es verídico.

¡¿Él solo tuvo la fuerza suficiente?!
Como te lo cuento. Cogió el sofá y se lo tiró al público. Por eso digo que es bueno ir alternándolo con hacer cine, televisión, teatro… siempre que se pueda. Desgraciadamente, no es algo que tú decidas siempre.

Pero igual el teatro tiene más encanto.
Sí. Esto es como el tipo que ahora hace cine, antes hizo fotografía. El que ha hecho periodismo audiovisual, ha trabajado de plumilla. Esto es así. A los actores, lo que nos gusta hacer es el teatro, y en el teatro es donde de verdad está la esencia. Lo que sucede, es que el teatro es muy duro.

La “mili” del actor…
Totalmente. Tiene la parte bonita de que no repites nada. Aunque hagas la misma función todos los días, todas son distintas. Y eso está muy bien, pero te lo tienes que currar todos los días porque no puedes salir al escenario para hablar y que la gente se lo trague. Te mantiene vivo, pero es duro porque también hay temporadas en las que estás haciendo funciones en el mismo sitio, aunque la mayoría de las veces estás de gira. Ahora mismo, pocos espectáculos aguantan una temporada larga en un sitio. Es duro y, además, pagan mucho menos. Por lo tanto, es complicado, pero a todos nos gusta el teatro.

Ciertamente, lo primero que hiciste fue teatro, pero se te ha reconocido más por la televisión… a pesar de haber empezado relativamente tarde, entre el 1998 y el 2000.
Así es. Pero fíjate, en realidad empecé muy temprano con la tele, lo que pasa es que no fue muy profesionalmente. Mi padre ha trabajado toda la vida en la tele, entonces, para mí, trabajar en la tele no es algo que me coja lejano. Jamás le he tenido miedo a la cámara, aunque sí respeto, porque lo he visto desde chico. También, mi hermano Ángel es Director Creativo de programas de televisión. Cuando él era pequeño, cogía la cámara; primero la super8 y después una VHS, y se ponía a grabar mientras yo hacía el tonto delante. A día de hoy, nos pagan por hacer exactamente lo mismo (risas). Quiero decir que en realidad empecé muy temprano, pero hasta que uno no conoce el medio y no está preparado, no considera que sea el momento oportuno para ponerse delante.

Y eso es algo que no ocurre con frecuencia en la actualidad. Me refiero a ciertos personajes que copan las cadenas sin saber mucho del medio. Solamente hay que ver cómo hablan y cómo se comportan.
Hay una cosa que me da mucho coraje. Me he cruzado con gente que me compara con esa gente porque, dicen, “nos dedicamos a la tele”. No, mire usted, yo no me dedico a lo mismo que estos señores o esta señora. No tenemos la misma preparación. Hoy en día, la televisión es un animal que devora personajes: llega, los consume, los explota, los exprime y después los escupe. Eso es si tú no está preparado. Pero si sabes de qué va el rollo y te lo has currado, no te dejas engullir y escupir, sino que te dosificas y eliges qué cosas hacer y qué cosas no. No todo vale aunque haya gente que salga en la tele creyendo lo contrario con tal de conseguir audiencia. Estoy convencido de que hay animales de la televisión como Belén Esteban, por ejemplo. Estoy convencido de que terminarán vendiendo la muerte de esta mujer. ¡Ojo! No digo que la vayan a matar y la vendan, que tampoco me extrañaría, pero terminarán vendiendo su muerte.

Y todo por la audiencia…
La irán explotando y explotando… hasta que aparezca otra y ya no sepan que más vender de esa persona. Estoy casi convencido de que puede pasar.

He pensado que, si el Rey muere, habrá un despliegue tremendo de medios. Pero si Belén Esteban muere, también habrá un despliegue brutal.
Sí, sí. Estoy convencido completamente. Es jodido compararlos porque uno ha hecho muchas cosas por la Democracia y la otra… pues perdonen ustedes pero, ¿qué quieren que les diga? Es jodido por eso, pero puede pasar.

Hablando de personajes devorados y del encasillamiento. Amén de tus muchos personajes, la televisión tiene el peligro de que la gente te vea como Mario, “el de Los protegidos”.
Hombre, esto es como lo de Antonio Ferrandis, que le dieron un Oscar murió siendo Chanquete. No es malo, porque ahora estoy con “Los protegidos” y es lo que más audiencia tiene. Pero claro, en la película de “La chispa de la vida” no me van a estar señalando como el Doctor Velasco, básicamente porque no ha tenido tanta audiencia. Es normal, no sólo por la recaudación, sino porque la serie se emite cada semana y nos ven mínimo 3 millones de personas, más los que van y vienen. Es normal que sea así. De todas formas, Carlos, en esta profesión tanto vales como tu último trabajo. Y dentro de poco, cuando salga otro trabajo distinto y haga otro personaje, si funciona, la gente se olvidará. Antes de hacer “Los protegidos”, yo era “el de Identity”. Y antes de hacer “Identity”, era “el de Los simuladores”… y así. La primera serie que hice en Canal Sur se llamaba “Plaza alta” y “Arrayán”, así que cuando voy por allí me siguen diciendo “el de Arrayán”.

Pero no pasa nada, ¿no?
Claro. No pasa nada porque la gente te compare y te identifique con el personaje. Ahora, si me pegase toda la vida haciendo otra serie distinta con un personaje igual que Mario de “Los protegidos”, pero con otro nombre, pues entonces sí. Pero siempre procuro hacer personajes distintos.

Hombre, eres un actor que no está encasillado pero que a todo el mundo le suena su cara.
(Risas) Pero eso está muy bien y es bueno. Entre otras cosas, porque si después quieres hacer otros trabajos en los que te identifiquen con el personaje, no con la persona, es importante. Y el que te conozcan o no por la calle, es otra cosa secundaria.

Hablemos de la persona, pues lo de todo por los niños no sucede exclusivamente en la ficción, sino también en la realidad puesto que colaboras con la Fundación Theodora.
Estoy en la Fundación Theodora, también en el proyecto de Estimulación Precoz de la Hermandad del Cristo del Buen Fin (Sevilla), también soy miembro de Payasos Sin Fronteras… No sé si es todo por los niños, más bien es por la gente en general y porque creo que todos los que tenemos la posibilidad de echar un cable tenemos la obligación, aunque sólo sea moral, de ayudar en estas cosas. Aparte, es una acción completamente egoísta porque me siento muy bien conmigo mismo cuando lo hago. ¿Hay algo mejor que ser egoísta haciendo el bien a los demás? Es algo de puta madre. Siempre que puedo, colaboro.

Dando chispa a la vida de los demás, vaya. Por cierto, hilado con tu participación en “La chispa de la vida”, película de Álex de la Iglesia. ¿Se podría decir que esta es una especia de confirmación?
Podría ser. Que te cojan para hacer una película es difícil, pero aparecer en una que sea tan buena, es más complicado todavía. Creo que “La chispa de la vida” es una muy buena película, sinceramente. Todos los actores, en general, están muy bien. Además de que está muy bien realizada. Y, entrar a formar parte de un proyecto así, impone. Cuando vi el reparto, pensé: ‘son todos buenísimos, menos yo’ (risas). Pero sí, me ha venido muy bien entrar en esta película, entre otras cosas, porque si uno hace una serie de televisión o este tipo de trabajos sin entrar en el cine, es como que no estás en ese “star-system”.

Lo que viene siendo un ascenso a primera división.
¡Exacto! Todos hemos visto actores que estaban en el cine, en esa primera división, que cuando se han ido a hacer televisión o teatro, la gente les ha dicho que se dedicaran mejor a hacer cine. Cada vez pasa menos, pero muchos actores que hacen cine, viven de la televisión.

¿Y eso no es contraproducente?
No sé si es contraproducente, pero sí es incongruente que la gente que hace cine, critiquen a los hacen televisión cuando muchas de esas personas viven de verdad de la televisión. Es un contrasentido, pero pasa y es así. Se sigue creyendo en eso.

Hay tiempo para todo, pero quería saber si tú crees que este es tu mejor momento. Y te lo pregunto tanto personal como laboralmente.
Personalmente, sí. Por cuestiones familiares. Estoy muy contento y pletórico en ese sentido. Profesionalmente, si estoy pasando por mi mejor momento, tengo más suerte que un ‘quebrao’ porque llevo 10 años pensando en que estoy pasando siempre por mi mejor momento. Me lo curro, pero tengo suerte. Hay una frase que me gusta mucho y que suelo aplicar a esto: ‘te encuentras gente con talento a cada vuelta de la esquina’. Por lo tanto, el talento está bien, pero no sirve de nada si no trabajas.

Leopoldo María Panero: Territorio del miedo.

Publicado en

“ETA es la verdadera y única oposición que hay contra el Gobierno”.

El poema encerrado dentro de una cabeza pide ayuda para ser descrito por el hombre. Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) se liberó de unos ropajes pesados que entorpecían su camino hacia la vida, esa que él mismo quiere vivir alejado de cuatro paredes y una ventana hacia el infierno que lleva por título “Sobre la tumba del poema” (Huerga & Fierro, 2011). Desenlaces de cordura conquistados por el lento hilo de voz de la locura.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: SARA DEL CASTILLO.
Publicada en Jot Down

¿Qué tal está?
¿Yo? Bien. [Silencio] Me gusta esto porque es nuevo.

Pero usted ya ha venido más veces a la feria del libro de Madrid…
Pero no digo eso. Yo me refiero a estar aquí en la calle hablando contigo.

Entonces, se sentirá mucho más libre, ¿no?
[Silencio] Es que es mejor la calle. ¿Nos sentamos a tomar una Coca-Cola?

Vale. ¿Qué quiere?
Una Coca-Cola Zero. Bueno, mejor dos.

William Blake dijo: «si el loco persevera en su locura, termina siendo sabio».
[Repite la cita] Exacto.

En su caso, ¿busca la sabiduría?
No. «La cosa está en saber», como decía Bataille. Pero pide la Coca-Cola y ahora seguimos.

Sí, ya está pedida. Ahora viene.
[Silencio] España es el único país del mundo en el que se le pega a los borrachos.

¿Usted lo cree?
Sí.

¿Piensa que es una putada nacer en España?
Desde luego. Lo dije el otro día en un recital que di en Córdoba. En París triunfé sin haber editado un solo libro. Y aquí, con veinte libros editados de poesía y tres o cuatro más, soy tratado como un perro. Ya lo decía el cristianismo de Dostoievski…

¿Qué decía?
[Silencio] Le París, le París, le París…

¿Y aquí nada? Cuesta creerlo.
Nada, puteado como un perro.

¿No anhela el reconocimiento que hayan podido tener otras personas?
No… no sé. Igual el que tiene Wallace Stevens, que es un poeta que me gusta mucho. «El único emperador es el emperador de los helados».

De hecho, Stevens dice que «el dinero es una clase de poesía». ¿Tampoco echa de menos el dinero?
No sé para qué sirve el dinero si no es para gastárselo en vino.

¿Verdad?
[Risas]

Y seguimos esperando el Premio Nobel…
A lo mejor me lo dan en Octubre. Este año lo espero.

Bueno, hay que tener paciencia. No queda otra.
[Risas] Sí. [Silencio] Hay que comprar tabaco.

“Yo soy peligroso por decir la verdad, y la verdad duele”.

¿Cree en la verdad? En un mundo donde la mentira es un hecho habitual, la verdad se ha convertido en un acto revolucionario.
Yo creo en la verdad y en el Apocalipsis. «Lluvia de fuego y de sangre caerá sobre la tierra».

También ha dicho usted en otra ocasión que «el loco yerra, pero no miente, pues tiene la manía de decir siempre la verdad».
Exactamente.

¿Y no teme por su vida al decir la verdad?
No. Yo soy peligroso por decir la verdad, y la verdad duele.

¿No ha matado a nadie con la verdad?
Nunca he matado a nadie. Creo que nunca.

¿Ni siquiera con la palabra?
Yo creía que mataba a esos hijos de perra de la televisión y de la radio con la palabra, pero nunca he matado a nadie. Si lo hubiera hecho, ahora habría manifestaciones contra mí.

Hombre, no creo que se manifiesten en contra suya estando como está todo…
[Risas. Levanta el puño izquierdo después] ¡¡No al poeta asesino!!

Hay gente peor contra la que manifestarse.
[Tose y escupe] Soy un viejo poeta y un asesino.

¿Eso es suficiente para lograr la libertad? ¿La quiere?
Quiero la libertad y largarme de este país de mierda. En España se puede mentir, robar y asesinar en nombre de Dios. ¡Pero ay de aquellos que meen en la calle! Desearán no haber nacido.

Incluso es fácil maldecir a Dios.
Es peligroso.

Posiblemente lo sea.
Como decía mi padre: «yo he sido transparente viajando en bicicleta». Es uno de sus poemas surrealistas.

¿Y el suicidio? Meterse o ensimismarse en uno mismo puede ser un modo de quitarse la vida.
¿Meterse en uno mismo?

Sí.
[Silencio]

Además de la desesperación.
«La destrucción fue mi Beatriz», como decía Mallarmé.

«El pensamiento es donde las palabras deben dormir mucho tiempo, con el fin de nacer nuevas y puras». Eso lo decía también Mallarmé.
[Repite la frase en francés]

“Si tuviera pensamientos de sangre en mi cabeza se moriría todo el Universo”.

¿Echa de menos algo?
Beber es lo que echo de menos. Beber, trasnochar y joder.

¿No le dejan?
No. [Silencio] Vivo una situación infernal en el manicomio. Eso es peor que la muerte. Me putean los locos porque ven que me putean los auxiliares.

Pero puede defenderse, ¿no?
¿¿Cómo?? Si no puedo ni protestar ni elevar el tono de voz.

¿No hay forma alguna?
Si trato de darles una patada me atan. No puedo hacerlo, hay correas.

Bueno, ahora está en la calle, disfrute.
Voy a intentar quedarme en Madrid, en un hostal o en alguna pensión. En Madrid no me conocen, como comprenderás. Es lo que tienen las grandes metrópolis. De alguna manera los infectos iniciarán la revolución [risas].

Pero yo creo que no hay revoluciones. Es más, después de tantos años de lucha obrera no queda nada más que el proletariado.
La picaresca y el proletariado chistoso.

Cierto, España ha perdido todas las cartas en lo que a eso respecta.
Los obreretes se repiten más que el tango [risas]. Se creen que es por la fe o por algo. Están todo el rato con lo mismo.

Ya lo ve, hablan mucho y hacen poco.
Santiago Carrillo y Nicolás Redondo se volvieron locos en una orgía de sangre en el Palacio de El Pardo.

¿Hay mucha sangre en sus pensamientos?
¡¿Sangre de quién?!

De quién sea.
Si tuviera pensamientos de sangre en mi cabeza se moriría todo el Universo [risas].

Eso es mucha gente.
Bueno, lo haría como los volcanes en un acto contra los agentes físicos. Los volcanes son peligrosos cuando estallan, pero normalmente están dormidos. El volcán de Islandia estalló por un loco. Eso lo decía una profecía de Nostradamus refiriéndose a una catástrofe en lo más profundo del occidente de Europa y relacionado con el volcán de Islandia.

Islandia es ahora un ejemplo a seguir.
Ya. Allí estallaron los volcanes y ahora también lo hace la gente, es lógico.

Mientras, es complicado encontrar una oposición, tal y como ocurre en el caso español.
ETA es la verdadera y única oposición que hay contra el Gobierno.

¿Eso es por que le planta cara al Gobierno?
[Silencio y eructo] Yo estuve colaborando un año con el Egín. Me pagaban mil pesetas por artículo para hablar sobre el Rey Juan Carlos.

Interesante.
[Risas] ¡Gora Euskadi askatuta! Viva la inteligencia y viva la muerte. Al revés que en la vida. Eso lo escribí en un artículo que se titulaba “La mirada triste del Anticristo”.

“Creo en la literatura, pero no creo en la clase obrera, y menos en la clase obrera española”.

También escribió “Edgar Allan Poe, o el rostro del fascismo”.
Sí. Yo dije que a Poe lo utilizaron para unas elecciones trucadas, mientras que a mí me utilizaron para un golpe de Estado.

Si no me equivoco, fue su propia madre la que le utilizó para perpetrar el golpe de Estado.
No… bueno, mi madre también. Pero no sólo me obligó ella, sino medio mundo.

¿Y quiénes, si puede saberse?
Tipejos repugnantes de la calle.

Entonces, esa gente le conocía.
No. No me conocían de nada. No soy famoso y ellos son gente repugnante.

¿Fue al azar, tal vez?
No, no fue al azar. Sobre eso tengo un poema que dice: «y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada de demonio o de dios debo mi ruina has de saber que no fue por matar al pelícano sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada de demonio o de dios debo mi ruina».

Muy bonito.
Sí, lo recitaba en la película “El desencanto”, que es la que más me gusta, con música y colorines…

¿No le gustaría hacer más películas?
No, porque los tíos del cine están com cabras montesas. Jaime Chávarri oye voces.

Al final, Panero, todos estamos locos.
Sí, pero desde la orgía de sangre lo estamos mucho más. Felipe González, incluso, dice que tiene un par de esclavos… o no sé qué cosas.

Ellos, los políticos, además de locos, están manchados de sangre.
Aparte, el golpe de Estado fue consentido. Con Mariano Rajoy tenían el presentimiento de que iba a durar un minuto.

Pues está durando más de un minuto.
[Risas]

¿Cree en la anarquía? Aunque me consta que usted es apátrida.
Creo en la literatura, pero no creo en la clase obrera, y menos en la clase obrera española. Creo en el anarcoindividualismo, no hay nadie por encima de mí.

Por eso le pueden tachar de egoísta.
Pues es una virtud para mí. ¿Puedes pedirme otra Coca-Cola Zero y un sándwich de lo que sea?

De acuerdo, ahora viene.
Llevan diez años envenenándome…

Sobrevivió a cuatro botellas de vodka y otras cuatro de estricnina en vena.
Sí. Eso fue en la sala de medicina interna del hospital de Guipúzcoa. Cuatro botellas de vodka y cuatro de estricnina en vena. Y el puño cerrado.

Pero sobrevivió.
Es que me rescató un masón. Los masones queríamos llevar a juicio al Rey, programar la República y abolir las bases nucleares yanquis por orden de la CIA.

¿Tuvo mucha culpa la CIA de lo que le pasó?
Sí. La CIA es la responsable de todo este asunto. Querían meter policías en el manicomio para que todo el mundo se creyera que no era verdad.

Es suficiente que perdure en su memoria. Ya lo dijo Gimferrer: «Vidrio al rojo crisol de la memoria en abanico abiertas las imágenes».
No conocía ese poema de Gimferrer. Es un poeta que me gusta y es un gran amigo. ¿Te importa si voy un momento al cuarto de baño? [Risas. Vuelve cinco minutos después]

“Más que incómodo, soy molesto”.

¿Trasnocha usted mucho?
No, no puedo. Me tengo que acostar después de cenar y me obligan a dormir. No puedo ni despertarme por la noche para darme una vuelta ni nada.

Es horrible.
Es un infierno. En Mondragón se pasaron conmigo, pero no tanto como en el de ahora. Aunque en Mondragón se inventaron lo del veneno porque si yo aparecía cosido a balazos tenían que enviar una foto mía cosido a balazos a El País. Así que además de las balas tenían que darme el veneno.

Querían matarle.
Querían matarme, sí.

También quisieron matarlo en Francia.
Sí, con un lanzallamas.

Si le quieren matar es porque le conocen, ergo quieren algo de usted.
No sé. Es un crimen absurdo e inconsentible. Por lo visto, no es que sea demócrata, es que soy la democracia [risas]. Por eso lo de Alfred Dreyfus no tiene mucho sentido. En Francia no tendría sentido.

Bueno, en Francia le cortaron la cabeza a su rey.
No. ¿A qué rey?

A Luis XVI.
Pero en Francia ya no hay pena de muerte.

Claro, ahora no. ¿Habría que cortarle la cabeza a Juan Carlos I?
Nacen Borbones, se crían bribones y se mueren bobones.

Quizá la razón por la que quieren liquidarlo es porque resulta una persona incómoda para la política.
Más que incómodo, soy molesto.

Pero ser molesto puede ser bueno… a veces.
No. A mí me gusta vivir.

Puede firmar una tregua…
No me fío. A Rasputín lo envenenaron una noche con cianuro a puerta cerrada.

¿Y cómo lo van a envenenar a usted?
En público. Y me envenenan ya, no es que me vayan a envenenar.

Aunque tiene planes por quedarse en Madrid, me pregunto si le darán permiso.
Están locos porque me vaya.

Lo mismo le dejan tranquilo cuando le den un premio.
Ojalá.

¿Y si se lo dan después de muerto?
Si es así, no lo quiero. Encima me van insultando por la calle.

¿También?
Sí. Una gentuza que no sabe nada de mí. Me dicen de todo.

Pero usted no haga caso a esos insultos.
Hombre, no hago caso, pero me duele.

Nada. Esa gente no conseguiría ni en cien vidas lo que usted ha logrado.
Es que España es un país de envidias donde no se respeta la cultura.

Y mediocre.
También. Un país mediocre lleno de fracasados. Me gustaría irme a París, pero a lo mejor consigo un viaje a Italia en la segunda mitad de este mes. Me van a traducir al francés un libro que se llama “Agujero llamado Nevermore”. También van a traducir una antología en otra editorial francesa.

Si es suficiente para que usted sea feliz… adelante.
Como decía Pessoa: «en el tiempo en que festejaban mi cumpleaños yo era feliz y nadie estaba muerto».

Seamos, entonces, felices sin matar a nadie.
Tengo un poema que dice: «dime ahora, payo al que llaman España si ha valido la pena destruirme bañando con tu inmundo esperma mi figura. Tus ángeles orinan sobre mí. San Pedro y San Rafael en una esquina comentan mientras avanzo borracho sobre esa piedra, payo, que llaman España».

¿Se ha sentido traicionado como para tener que marcharse?
No… pero me toman por gilipollas.

Bueno, podrá perdonar a los franceses que le quisieron matar si va finalmente a París.
En Francia me intentaron matar una vez, pero no toda la eternidad. No perdonan ni condenan.


Aina Clotet: Mismos planes, distintas estrategias

Publicado en

“Cuanto más ves y más aprendes, más puedes comunicar. Y eso, en el mundo del actor, es esencial”.

La actriz Aina Clotet es más que una revelación dentro del séptimo arte. Después de triunfar con “Jóvenes” o “Elisa K”, la joven evoluciona hacia otras disciplinas y campos dentro del género. En la actualidad presenta el largometraje “Les Infidèles” y la serie “Grand Nord”, sin olvidar su papel en “Los niños salvajes”.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Cambio 16

¿Es la juventud una ventaja o una absolución de los errores?
Hombre, yo no diría que es una ventaja. Creo que es una condición que dura un tiempo que está muy bien, pero después vienen otras etapas que están muy bien también. Siento que soy joven, pero tengo veintinueve años y veo cercanos los treinta. Y sí que es verdad eso de que primero crees que lo puedes hacer todo, pero sigo pensando que la juventud no es de edad sino de corazón. Hay personas de setenta años que parece que tengan veinte.

Digamos que, cuando eres anciano, puedes hacer balance de lo vivido y resumir tu obra, ¿no?
Y es verdad. Te hablo de lo que pasa en general y no sólo en mi trabajo, porque cuanto más ves y más aprendes, más puedes comunicar. Y eso, en el mundo del actor, es esencial. Según vas sabiendo de la condición humana más puedes interpretar personajes con más niveles y más complejos… entendiendo más los colores de la actitud de una personalidad.

Son prácticamente diez años trabajando en el cine.
Sí, la verdad. Llevo bastante tiempo porque hará diez años, creo, que empecé en el cine. Aunque será el año que viene cuando se cumplan. Pero sí, trabajando como actriz comencé en una serie catalana que se llamaba “Estació D’enllaç”, yo por entonces tenía doce años. Así que si echamos cuentas son unos… ¿diecisiete? (Risas).

Si no estoy en un error… esto fue por el año 94. Una pronta aparición.
Sí. Empezó muy pronto y por casualidad porque me hicieron una prueba sin que yo la buscara para entrar en una serie. Descubrí que me gustaba mucho el teatro. Después lo dejé un tiempo, digamos la parte profesional, para poder formarme. A los diecinueve o veinte volví. Estoy muy feliz por dedicarme a esto.

Parece que hayas hecho el camino inverso. Normalmente los actores comienzan en teatro y después acaban en cine o televisión. Tu debut en el teatro fue en el 2002 en “Toda una señora”.
Es verdad. Aunque empezar en teatro a los doce años debe ser muy difícil (risas). No creo que sea muy posible o muy viable a nivel legal. Pero sí, después hice teatro, aunque hace ya un par de años que no hago y tengo muchísimas ganas. Realmente es ahí donde está la escuela y donde se aprende más.

La mili del actor, ¿verdad?
Totalmente. Ahí puedes crecer porque tienes más espacio para investigar y probar. Quieras o no el cine y la televisión tienen un ritmo que te pide un resultado muy inmediato. En cambio, en el teatro, puedes investigar y probar cosas. Es un proceso que no se rompe durante la obra porque el personaje evoluciona contigo. En el cine están las tomas, se corta… Son temas muy diferentes. Me gustan todos los campos, pero sí es cierto que el teatro te permite expandir, arriesgarte, repetir, equivocarte… cosas que en el cine o en la tele están más acotadas.

¿Piensas que en la actualidad tiene más prestigio haber trabajado antes en televisión?
No creo mucho en las normas ni en que haya una ley que funcione por lo que hayas hecho. Yo creo que cada actor tiene su carrera y que además es totalmente independiente a lo demás. Si haces las cosas lo mejor que puedes y lo haces… cualquier sistema va a salir bien, empieces por donde empieces.

¿Y los cortos? Has trabajado en varios y una cuestión apareció en mi cabeza. ¿Se puede decir mucho en una filmación de un tiempo tan reducido?
Bueno, siempre he pensado que debería haber como más espacios para los cortos. Son un modelo que debería funcionar más. Me encantan. Pero también pienso que un buen corto es increíble aunque difícil de hacer porque se tiene tan poco tiempo para contar algo… Yo he visto cortos muy buenos pero no muchos. Al igual que películas. Creo que todo puede estar bien contado sin depender de lo que dure o del guión. He hecho cortos de los que estoy muy contenta, de hecho me encantaría escribir uno y dirigirlo porque es una forma fantástica de contar algo. Requiere que estés prestando atención constantemente.

¡Puedes perderte todo en un pestañeo!
Claro. Te das cuenta de que tienes un tiempo de ver una historia.

En tu caso, los premios no llegaron hasta 2007 y 2008. Es más, cuando llegaron fue por “53 días de invierno”. ¿Valen más los premios o el reconocimiento personal?
La verdad es que antes tuve un premio Gaudí por mejor actriz gracias a la película “Jóvenes”. Pero los premios son sólo premios, son como una palmada en la espalda que te hacen ver que vas por el buen camino y que además hay gente a la que le haya gustado… aunque haya otra a la que no (risas). Anima y da coraje, pero intento no darle más significado del que tiene.

“La juventud no es de edad sino de corazón”.

Por todos es sabido que esta profesión es más de contactos y de darse a conocer.
Cierto. Además, nadie te garantiza nada, tengas un premio o no. Lo importante es trabajar bien y a gusto con la gente que quieras y con la que quieras comunicar algo. Lo importante es que tenga un significado para ti. Puede ser divertida la noche en la que te den un premio, pero al día siguiente nadie se acuerda. No le quito valor, pero tampoco me gusta darle un valor añadido a algo que realmente ya lo tenga.

Entonces, habría que prestarle más atención a la intuición que al talento.
No sé, creo que va muy ligado. Ser intuitivo es muy importante. Creo que me muevo mucho por la intuición a la hora de interpretar un personaje. Del talento no te puedo decir, porque no tengo (risas), pero no sé que vale más. Talento se tiene que tener, pero es algo que puede tenerla mucha gente. Más bien la intuición se trabaja… y es algo en lo que creo; en el trabajo.

En tu caso, sin ser una cara muy mediática logras trabajar con equipos internacionales, como con el equipo de “The Artist” en “Les Infidèles”.
Así es. He hecho mucha televisión en Catalunya, entonces es posible que aquí me conozcan un poco más que en el resto de España porque lo que hace conocido hoy en día a los actores es la televisión. La verdad es que he tenido la suerte de trabajar con ellos en esta película. Hice el casting porque tengo representante en Francia y es una secuencia de dos páginas bastante cortita mano a mano con Jean Dujardin y dirigida por Michel Hazanavicius. Es una película que más bien es un cortometraje, curiosamente, porque está dirigida por varios directores como Michel Hazanavicius, Gilles Lellouche… Fue muy divertido. Realmente yo trabajé con ellos antes de ver “The Artist”. Fueron a Cannes el verano pasado, así que despertaron mucho interés. Aunque nadie habría imaginado lo que iba a suceder después.

Tienes muchos registros, pero sueles mostrar un cambio que se aprecia entre la juventud y la madurez. En “Elisa K” y en “Los niños salvajes” puede verse así. Pero es en realidad un cambio brusco el que sufren estos personajes. No son nada graduales.
Tienes toda la razón. En “Elisa K” el cambio era muy bestia. Supongo que también he tenido la suerte de hacer personajes con una evolución bastante clara durante la película. En “Jóvenes” también pasaba eso… pero en “Elisa K” es posible que sea más bestia por ese ataque de cólera y de locura. Más que la madurez diría renacimiento, Elisa es un personaje que renace. En “Los niños salvajes” no sería tan evidente y tan claro, pero el personaje de la educadora social (a quién interpreto) pasa una serie de cosas que le hace pensar que tiene mucho que aprender aún porque uno no se puede despistar ni medio minuto.

¿Se podría decir que son personajes más emocionales?
Sí, siempre tienen una profundidad emocional bastante fuerte.

Aunque has hecho bastantes comedias también.
Claro (risas). Pero es verdad que en cine, casi siempre, he hecho cosas más dramáticas.

Bueno, dicen que es más complicado hacer reír que hacer llorar.
Creo que es difícil hacerlo todo. Lo mejor es cuando puedes juntar todo eso en un personaje. La vida es esto, un día haces reír y al otro haces llorar… y en una misma situación te ríes y lloras, es cuando lo pasas genial.

¿Y en tu vida qué hay más allá de la risa y del llanto?
Pues tengo algunas cosas por cerrar, pero algo inmediato o seguro no puedo adelantar nada. Se estrenan en España “Los niños salvajes” y “Les Infidèles”, y también la serie “Grand Nord”, que es la historia de una chica policía a la que castigan en un pueblo que está medio de una montaña. Tipo “Doctor en Alaska” o “Bienvenidos al Norte”. Hemos disfrutado mucho haciéndola.

Oye, Aina, ¿es verdad que en este oficio se está más pendiente del teléfono?
(Carcajada) Bueno, estamos todos muy pendientes y más hoy en día, aunque ya es en todos los oficios. Dependes totalmente de que te llamen. Pero también soy partidaria de hacer mis cosas por otro lado, como escribir el guión de “Positivos” junto a Álex Mañas. Además, empecé otro guión. Y eso que yo estudié Comunicación Audiovisual…

…y también ibas para médico.
Sí, bueno (risas), me gustaba mucho. Vengo de cinco generaciones de médicos y eso está en los genes. Te influye. Me gustan mucho las ciencias, pero al final me decidí por esto otro y me encanta.