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Najwa Nimri: Agarre y desgaste.

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“Escribo mucho más de lo que canto después”.

Como una bruma que se cuela entre las rendijas de la monotonía, Najwa Nimri (Pamplona, 1972) invierte el aburrimiento en diversión. “Donde rugen los volcanes” (Warner 2012) es el fruto de una conversión que ha ido más allá de la sordidez lingüística y del embrollo electrónico.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Veo que has querido romper con lo anterior, exactamente con un álbum tan nefasto como lo fue “El último primate”.
¿Nefasto por qué? Tuvo mucha aceptación y fue muy positivo. Además, yo llevé el disco a la discográfica con la sensación de haber hecho un buen trabajo, no pensando en la aceptación. Todo eso son números sin más.

Yo me refería a la aceptación personal.
Tampoco. Tengo una aceptación total con ese disco.

¿Y por qué dices entonces que “Donde rugen los volcanes” es como resurgir de las cenizas?
Bueno, no era exactamente resurgir de las cenizas, sino que se trata más bien de un estado de ánimo. He estado todo el tiempo haciendo lo mismo pero de diferente manera, así que cuando he creído estar en un buen momento, he guardado esa esencia para sacarla. Sabía desde el principio que estaba hablando de una fase que ya se estaba acabando, por lo que estaba convencida de que lo siguiente tenía que ser un intento de escape.

¿Una vía de escape? ¿Tiene que ver con teorías apocalípticas?
No, no tiene que ver con teorías apocalípticas, ni con imágenes de ciencia ficción que me lleven a ciertos espacios. Todo eso me parece muy aburrido.

¿Y es por lo aburrido por lo que querías escapar?
Es que es hablar del aburrimiento como un punto final. Es diferente. No es lo mismo estar quemado y salir de las cenizas como estar aburrido y escapar de las cenizas. Es algo más liviano y menos profundo. Creo que la dimensión consiste en hacer lo que hago porque, para mí, hacer música es como hacer un juego, pero es mi juego. Algo a lo que le dedico todo el amor y todo el tiempo del mundo con mis energías positivas y mis energías negativas. Todo está dentro de ese juego. No es una cosa que deje de ser importante… aunque no tiene ninguna importancia que la haga.

Entiendo. O sea, que no quieres quedarte en lo mismo una y otra vez.
Exacto. Soy una persona que se aburre rápidamente con lo que hace.

¿Y te has dado cuenta ahora de eso?
Claro. Es que yo no trabajo haciendo balanza, pero ahora ya tengo discos y películas suficientes como para saber en qué he estado trabajando y cómo. Eso no lo sabía ni con el primero ni con el segundo, pero después de haber hecho unos cuantos sí sé qué es lo que hago.

‘Nada nos puede pasar’ tal vez engaña a los oídos, siendo “Donde rugen los volcanes” un LP con guitarra.
Pero el instrumento no era tan importante. Lo principal era la dirección, y que la guitarra hiciera un riff permanente hasta llegar al trance: tocar, tocar y tocar… cantar, cantar y cantar. No era necesario ponerle mucho esfuerzo ni tampoco que tuviera colorido puesto que yo ya le meto melodías, pero tenía que expresar el sitio en el que me encontraba.

Pero lo empezaste con guitarra, ¿cierto?
Sí, al principio era así porque Raúl Santos no estaba todavía disponible. Fue un comienzo basado en la guitarra que luego volvió a la electrónica. La guitarra se fue y desapareció por completo, entonces utilizo lo que tengo a mano, en realidad, porque si tienes una dirección clara lo puedes hacer con ordenador o con lo que quieras. El caso es tener clara esa dirección.

También se notan mucho las baterías y los bajos, así que es bastante orgánico.
Es verdad. Hay capas de batería y otros ritmos dentro de lo que es el loop general. Se ha creado con ordenador pero no hay nada sampleado, así que podemos decir que es algo natural, cosa que no pasaba con “No blood”, un primer disco que era todo electrónica.

¿Cuándo dejaste de samplear?
A partir del segundo disco.

Interesante, aunque el directo de “Donde rugen los volcanes” se hace del tirón.
Sí. Ahora llevamos batería, pero yo toco los teclados y pongo las voces. El disco está planteado como un directo, por eso la duración de sus temas y por eso ese orden, pero incluso está concebido para que siguiera un hilo y una historia.

¿Pudo haber sido un disco eterno?
Totalmente.

‘Nunca estuve a salvo’ tiene un halo de tenebrosidad. Podría empezar por ahí…
Es la que más fuera está en espíritu. Es la primera canción que escribí justo al terminar “El último primate”. También he quitado muchísimo texto y muchas otras cosas que había al principio para que la electrónica destacara la violencia de la canción en su totalidad.

¿Pero ese texto que quitaste era para…?
…para que la música respirara, aunque dejé una base rítmica por encima de la voz para que se pareciera a The White Stripes.

Aún así, ¿ese texto que quitaste era fundamental?
Como texto, leído, es fundamental. Pero de todas las canciones suelo quitar el 30% o el 40%. Escribo mucho más de lo que canto después. Voy sacando lo justo para que se entienda el concepto.

El concepto pero no el significado.
Eso es. Es básicamente para que se entienda el concepto de la canción pero no el significado de la misma. Yo dejo el gancho para que tú te puedas imaginar el resto. No creo que pueda escribir una letra cotidiana o costumbrista. Hasta el tío más friki del mundo tiene una vida que hacemos todos, pero yo no hablo de eso, no quiero estrechar lazos para que la gente se identifique con lo que escucha.

Entonces no es un método de acercamiento al público.
Ni de distanciamiento. Lo hago así simplemente porque me sale de esa manera. Si fuera director haría cine de ciencia ficción, no cine realista. Pondría un croma y me imaginaría el mundo.

Mucho croma y mucho verde tiene “Donde rugen los volcanes”.
Sí. No lo había pensado hasta que hicieron la portada.

Vuelvo a la anterior pregunta, pues el único punto “cotidiano” que encuentro en todo el disco está en ‘Mi cama’. Es ahí donde todos nos encontramos.
Puede ser. La letra era también más larga y la planteé de otra manera, pero no sé si alguien puede sentirse identificado con eso aunque existan puntos comunes. Pero no es sólo la cama, sino el sexo, que es lo más primario, como en ‘Crime’.

Otra canción “costumbrista”…
Sí, pero si la traduces es insoportable. Habla claramente de la “cosa” que se describe y me parece algo bochornoso.

¿Y en el momento de la composición no te lo pareció?
No, para nada. Es una canción que salió del corazón. Es absolutamente emocional. Ahí es donde tengo el balance de lo que me gusta verdaderamente y dónde disfruto yo en el día. Pero veo que está teniendo aceptación el disco, así que la gente se está enganchando inexplicablemente.

Pero como concepto, ¿no?
Y como historia. Me flipa estar trabajando durante un año con un grupo de gente pensando en muchas cosas a la vez con las canciones, la portada… ¡Eso es lo que divierte! ¿Qué haríamos si no? ¿Canciones emocionales que salen en ese momento? Es una manera de currar, pero no es la mía.

Eso me lleva a pensar que ‘Crime’ es una canción opuesta al concepto de “Donde rugen los volcanes”.
Exacto. Es el contrapunto, lo opuesto a lo que estoy haciendo ahora. Estamos hablando de lo mismo, pero desde ángulos completamente distintos: uno desde lo sensorial y otro desde la emoción. Con la emoción se engancha con el público muchísimo más.

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