Canal RSS

Paul Zinnard: Ciento volando de catorce.

Publicado en
001

“No tiene sentido sacar una canción adelante que no te haya ayudado a dar un paso más”.

Conversar con Carlos Oliver (ser humano detrás del nombre de Paul Zinnard) es entrar en terrenos más plausibles de la lírica y de la canción. Cuando la vida de Bolivians y The Pauls terminaron, Zinnard decidió que lo mejor era crecer por su cuenta, acuñando un primer LP llamado “Songs of hatred and remorse” (Ojo! Artistas, 2010) de corte casi acústico que empezó a buscar una línea no tan individualista pero sí más introspectiva. “Orbit one” (Two Mad Records, 2012) siguió después siendo el presente más inmediato que ya encara una tercera parte que forjará a Paul Zinnard como músico de banda.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Hablemos, en primer lugar, de cómo surge “Orbit one”, aunque es más bien una de las canciones la que habla de un recorte de un atraco a un autobús…
En general, “Orbit one” surge de la observación de crónicas y de historias, mientras que el disco anterior [“Songs of hatred and remorse”] era muy introspectivo, una mirada hacia adentro… y más personal.

¿De ahí que “This is not me” fuese el título de “Orbit one”?
La idea para “Orbit one” no era esa de ser yo reconcomiéndome, sino de ser algo que fuese de dentro hacia afuera, así que me pareció mejor dejar lo de “Orbit one”, una órbita cercana. En cuanto a lo que has comentado de la canción y el recorte, no se trata de una noticia reciente, sino que es del año 93 o así. Estaba en una carpeta, esa típica que te encuentras después de mucho tiempo y que vuelves a abrir preguntándote por qué la guardaste. Pues ahí estaba ese recorte.

Eso me pregunto yo, ¿por qué guardaste un recorte así?
Pues no sé. Guardaba recortes de noticias, sucesos… y ese, pues no sé muy bien por qué lo guardé. Supongo que vi algo en esa historia. Lo curioso es que el otro día puse en Facebook ese recorte, para explicarlo, y rápidamente me escribió un amigo que vive en Brasil para contarme que estaba viendo cómo atracaban un autobús.

¡El recorte maldito!
Cosas de la tecnología. Pero bueno, esa era la idea para exponer cómo se ha hecho un poco este disco.

Añadiría que en este disco has tirado más por la guitarra eléctrica, mientras que en el anterior era todo más acústico… aunque con arreglos de cuerda.
Cierto. “Orbit one” no tiene los arreglos de cuerda porque no quise traicionar a “Songs of hatred and remorse”, pero sí abrir un camino más.

Creo que era ‘Like a boy’ la que se electrificaba más en el primer disco, ¿no?
Así es. Tenía una guitarra eléctrica muy llamativa, pero era de las poquitas del disco con ese sonido. Sin embargo, en este, ya no sólo electricidad, sino que hay una banda entera tocando. Por ejemplo, antes la batería sonaba muy discreta, pero ahora está el piano acústico, la batería… más presente. De hecho, he creado la banda para los directos mientras que en el primero no la monté. Sólo hacía conciertos con el cuarteto de cuerdas o con un chelo.

¿La Ansalawi String Quartet?
Sí. Y todavía sigo haciendo cosas con ellos. La verdad es que no es espectáculo que haya costado mucho montar puesto que vas haciendo arreglos de manera fluida. Además, la compenetración con ellos es muy grande, entonces no quería dejar de hacer conciertos con ellos de repente, aunque ahora añada la nueva banda.

O sea, “Orbit one” es un disco de banda, más que de un músico solitario.
Creo que es un disco puente, en ese sentido. El siguiente disco sí que va a ser de banda, prácticamente.

¿Eso te obligará a cambiar el nombre del firmante de los discos?
No, seguirá siendo el mismo nombre de Paul Zinnard. Más o menos vamos a trabajar con los mismos músicos. De hecho, vamos a empezar pronto a grabar para darle una continuidad a la parte eléctrica porque creo que se ha quedado a medias en “Orbit one”. Digamos que le ha dado una pincelada.

Pues sí. ‘Just the way I am’, ‘A good thing that you know’, ‘Listen everybody’ y ‘Away from home’ son las que considero yo eléctricas. Y bueno, ‘A good thing that you know’ tiene luego una versión acústica.
Efectivamente, creo que son 4 o 5. ‘Happiness’ también tiene algo. Y ‘A good thing that you know’, como bien dices, tiene una versión acústica, pero era algo que no quería porque no me gustaba poner versiones repetidas. Quería guardar esas canciones dobles para sacarlas más adelante, ¿sabes? Guardar un poco de material. Pero cuando lo escuché todo entero para decidir el orden del disco, me encajaba muy bien. La escucha se veía muy natural.

Muy curioso porque el orden del disco parece que ha sido hecho a su libre albedrío.
Sí, se hizo a su libre albedrío. El orden surgió después de escucharlo muchas veces en el coche, una vez ya mezclado, y nada, cada vez anotaba algo. Pero vamos, fue por una simple fluidez. Mi idea, como hice en el disco anterior, era que no hubiera ningún tema que se atravesara. Quería que todo fuese del tirón y que fluyera. No me gustan nada los discos que tienen una canción buena y lo demás, a partir de la quinta canción, sobre. De hecho, en este disco quité alguna canción. Había dos más grabadas y las quité.

¿Por?
Pues porque una, en concreto, no me parecía coherente con el resto. Está muy bien, me encanta, pero no iba con sus hermanas.

¿Y la otra?
La otra era solamente guitarra, voz y chelo… y se quedaba un poco floja.

Parece que habría encajado mejor con el primer disco.
Bueno, también era una canción que hablaba del pasado. Si esta no encajaba por escucha, la otra no encajaba por honestidad. Es decir: no se hubiera podido llamar el disco “Orbit one” porque no pertenecía a esa órbita de historias al ser una canción del pasado que no pertenecía al mismo periodo compositivo, y eso lo notaba.

Veo una relación clara entre ‘Beyond the moon’ y ‘Man falling on the ground’. De hecho, diría que une el primer LP con este segundo.
Puede ser… De hecho, puede que tengas razón porque ‘Beyond the moon’ fue la primera canción que se grabó. Pero ojo, fue la primera en grabarse pero no en escribirse. La primera fase de “Orbit one” se hizo en una casa donde montamos todo. Yo grabo la guitarra y la voz a la vez, entonces, al principio, siempre hay un periodo de adaptación en el que tocas y no funciona lo que haces, por lo que las primeras horas son siempre para tirar. Pero con ‘Beyond the moon’ pasó una cosa muy curiosa, y es que se grabó sin que estuvieran bien tomados todos los niveles. Después, cuando escuchamos todas las tomas, vimos que justamente esa era la buena.

¿Es un disco de primeras tomas?
Es un disco que está grabado en directo. Es decir; las canciones eléctricas se grabaron todas a la vez, al 100%. Y las canciones de guitarra y voz, igual… aunque luego se ponían encima los arreglos. Pero no son primeras tomas porque creo que he grabado cada canción 3 o 4 veces. Después he elegido, claro, pero siempre con espontaneidad. No hay ninguna edición.

O sea, que esas tomas eran por “gusto”, para mejorar.
Tal y como estaba programado, la parte eléctrica fueron 3 días de grabación entre montaje y tocar, sin prácticamente escucharlo. Después escuchas lo que hay y eliges lo mejor y lo que más transmite de esas 3 o 4 tomas.

La verdad es que, en general, este disco me recuerda más a lo que hacías con los primeros Bolivians.
Sí, pero porque lo he hecho con banda. De todas formas, Los Bolivians era algo mucho más elaborado, complejo y rebuscado, y yo no estaba contento con eso. Dejé Los Bolivians muy pronto por eso precisamente. Todavía lo escucho y me molesta. Me da lástima, porque había cosas buenas, pero no se llegó a hacer nada bueno del todo. Sé que puede sonar contradictorio que diga esto, pero nunca estuve satisfecho. Aquello me creaba una gran incomodidad por ver que aquello crecía y se iba consolidando con algo que musicalmente no me tenía contento.

¿Una mala hierba que empezó a crecer?
Y en contra de mi voluntad. Entiéndeme, uno hace lo que tiene que hacer, pero miraba y miraba… intentaba arreglarlo… y nada. El problema viene cuando hay un éxito incipiente, pues parece que las cosas tienen que ser de una manera. Cuando ves que la cosa le gusta a más gente pero a ti no y tratas de decirlo, nadie te hace caso.

Pero bueno, te lanzaste en solitario después de The Pauls.
Sí, bueno… Aquello me apetecía mucho, pero sobre todo por los tiempos que corren, en los que es muy difícil tener a una banda unida. Pero es muy difícil por una cuestión meramente económica. Y bueno, se me ocurrió que yo no quiero estar parado, así que por eso hice el primero disco a guitarra y voz, buscando una aventura que al final me ha gustado por cómo se ha recibido el disco y por cómo se dio la gira.

¿Y cómo fue la gira?
Fueron conciertos difíciles, la verdad. Recuerdo el de Pontevedra, en el que no había ni dios, aunque luego entraron algunas personas. Pero en fin, no era mi público. Yo habría cancelado ese concierto 5 minutos antes de empezar, pero empecé a tocar… y cuando acabé, notaba que tanto yo como el público reducido que allí había, estábamos muy bien, por eso he continuado.

Pero ahora quieres volver a hacer una banda, vas a volver a lo mismo…
(Risas) Sí, pero al ser “en solitario” no tienes esa obligación de banda en sí. Grabar no es el problema, pero sí girar con ellos.

Girar ayuda a componer también.
Claro, tienes mucho tiempo y muchas horas. Reflexionas, miras hacia dentro, tienes tus historias, escribes tus relatos… Yo trabajo solo. Me refiero a que estoy en soledad. Procuro no tener distracciones ni nada a mi alrededor para que lo que cuente esté fuera de toda influencia. Me parece algo muy placentero.

¿Placentero porque el fin justifica el medio?
No, placentero porque es una manera de estar contigo mismo y de meditar sobre una serie de cosas. Y también muy placentero por los pequeños logros. Escribir una frase es muy placentero cuando vas más allá. Escribir canciones, para mí, es descubrirte a ti mismo, descubrir pasos… así que ir más allá significa dar grandes pasos. No tiene sentido sacar una canción adelante que no te haya ayudado a dar un paso más. Tengo la sensación de que yo no he escrito mis canciones porque he ido más allá de mí mismo, así que cuando las leo…

¿No crees que hayas sido tú?
No es que no lo crea, es que me sorprenden a mí mismo. De alguna manera, para alcanzar un estado de introspección creativo, no tienes que ser demasiado autoconsciente. Es decir: no tiene qué pasar toda la información por tu cerebro de manera consciente. A pesar de que escribir pueda ser un trabajo intelectual, pienso que es más espontáneo que intelectual. La canción no puede ser algo intelectual. No se trata de pensar en algo que luego se vaya a escribir. Por eso te decía lo de los relatos, porque de alguna manera observas todo lo que hay, los datos… pero luego el cerebro vomita todo eso y sale por otro lado.

O sea, es una manera de tamizar la canción, ¿no?
Algo así. También pensaba una analogía de la nouvelle cuisine puesto que utilizan muchos ingredientes para algo muy pequeño, pues con la canción igual: ¿tanto esfuerzo para hacer 3 minutos? Ser conciso, pero sin intención, como los haikus.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: