Canal RSS

Álex Meléndez (Vicios Caros): Por la bahía salvaje de la vida.

Publicado en
001

“El silencio de la noche es un vicio caro que engancha”.

Álex Meléndez (conocido como “El zurdo”) es un personaje pintoresco de esos que se toman al pie de la letra el “Rock and Roll way of life” hasta las últimas consecuencias. Después de haber dejado su composición en boca de otros artistas y proyectos, decide lanzarse por su cuenta y riesgo con Vicios Caros, sacando su primer título: “Peluquería de señoras” (Autoeditado, 2012). ¡Viene de Málaga y parece sacado de las entrañas de Memphis!

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

“No tenemos solución, sólo emoción”. ¿Será que vivir por y para la música tiene más de impulso que de solución a algo?
El impulso para vivir, las 12 notas como clavo ardiendo que me ha salvado de más de una extremaunción… para mí es una necesidad vital el poder desquitarme con las cornadas del destino a través del folio en blanco. Algún que otro problema interior sí que ha solucionado, así que cuanto más pronto asumas que hay cosas que no tienen arreglo y vivir en paz con ello, mejor.

¿Y de la noche? Sé que sufres de cierto insomnio que apaciguas… ¿bajando al bar a ver la televisión?
(Risas) Bajando al bar a secas, mi bendito insomnio, ¿qué sería de mí sin él? Más que insomnio creo que es impaciencia, siempre tengo la cabeza a mil por hora. Nunca fui de esos que duermen todo el día, incluso tras alguna que otra noche que se alargan un par de jornadas, con pocas horas de sueño estoy descansado. El silencio de la noche es un vicio caro que engancha.

¿No te da por componer o escribir en el momento del sueño muerto? Es un tópico, pero los que no tienen nada mejor que hacer por la noche siempre se quedan frente al papel.
Creo que el 90% del disco está escrito de noche. Y no es por los tópicos de maldito y noctámbulo, que también hay un porcentaje importante de una época más tóxica, sino que me acostumbre a ese silencio nocturno de cuando que todos están dormidos. Se piensa mucho mejor. Es como ir a hacer la luna con uno mismo. Tengo mi estudio casero y maquetear a esas horas no tiene precio.

De todas formas, el insomnio es algo lógico si el disco habla de la noche.
Me encanta la noche por que soy muy curioso. Me encanta ver cómo terminan ciertas situaciones que son una veta inspirativa a explotar casi inagotable. Parroquiano de carnet y apologeta de la cultura de barra, realmente todo el grueso del disco es una sucesión de vida y milagros personal, sin trampa ni cartón. Las musas son de carne y hueso, de las cuales quedan unos bonitos estribillos y un remiendo en el izquierdo.

Bueno, aunque como dices en ‘Una noche cualquiera’, “en Madrid hay que morir despierto”.
Imagínate mi Málaga la bella, con casi un millón de habitantes… ¡la de situaciones y juego que me dan sus calles! Cuando llego a Madrid soy el hombre más feliz del mundo porque me faltan horas en el día para disfrutar de ella. La capital te pone en bandeja la inspiración.

Sin embargo, el título de “Peluquería de señoras” tiene que ver con la noche. Vaya, que tiene relación entre las correrías nocturnas y las señoras que cacarean en la peluquería.
Pues eres el primero que vez esa relación directamente (risas), pero así es. ¡Imagínate!, es el “Sálvame Deluxe” a pie de calle, donde hablan de lo sinvergüenza que somos pero lo bien que se lo pasan con los tipos del pañuelo y los pitillos. Después nos quejamos que tenemos que dar muchas explicaciones cuando nos ponemos serios (risas).

No haré la pregunta de “¿por qué la noche?”, pero sí que me surge la duda del tipo de noche es la que sacude más, si la capitalina o la malagueña.
La malagueña me vuela la cabeza porque juego en casa y sé desde dónde puedo sacar ventaja en goles average. La capitalina la estoy descubriendo poco a poco en cada incursión zurda, pero al fin de cuentas… el problema no es donde esté, si no los elementos de alrededor. Incluso yo mismo en solitario suelo ser mi enemigo íntimo nocturno.

Aunque casi hay más ropa interior de encaje y tacones en las letras que la noche… ‘Princesita’ o ‘Miraflores 110’ van por ahí.
‘Princesita’ es un tiro por la culata. Señoritas que parecen no romper un plato que continuamente cuestionan tu modus vivendi y que luego son ellas la que te rompen la vajilla encima. ‘Miraflores 110’ es un homenaje a un barrio malagueño donde teníamos el centro de operaciones nocturnos, amores furtivos, incontinencia nasal y muchos buenos ratos vividos. Era un pequeño presente por tanto buen mal vivir.

Por cierto, ¿quiénes o qué son los perdedores de salón de los que hablas en ‘Suerte suprema’?
Son los tipos que se creen ganadores por el tamaño de su cartera, que creen que todo tiene un precio: aduladores de barra, pagafantas summa cum laude… que luego ven al musiquito que miraron por encima del hombro salir triunfante por la puerta con la adulada asida en la cintura.

En tu caso, y por la actitud, no pareces un perdedor… al menos aparentemente.
En el caso del corazón soy muy enamoradizo, casi para írmelo a mirar a algún doctor. ¡Imagínate! En este mundo nocturno musical, enamorarse de alguien de nuestro ambiente y llevarlo a buen puerto es una ruleta rusa de 5 balas. El sentimiento de pérdida me viene más por ahí. Aparte, siempre he sido fiel a los excluidos, a los prejuzgados, a los señalados por la rancia bien pensante sociedad… es mucho más divertido y se aprende más en ese bando que en el de los ganadores altivos y aburridos.

¿Dejaste de escribir después de haber sido compositor de otros grupos o rápidamente montaste Vicios Caros?
Con 16 años no tienes mucho que contar, así que empecé a escribir en inglés en mi primer proyecto; Crossroads. El atreverme con el castellano fue a través de la poesía, en ese momento que dejé un tiempo la música, necesitaba sacar eso de alguna manera. Tengo por ahí casi 200 sonetos, la mayoría malísimos (risas), pero que me ayudaron a coger el hilo y la musicalidad de la rima. Siempre me sentí más guitarrista que otra cosa, pero en ese tiempo encontré un camino por recorrer bastante jugoso. Saltar al ruedo de la composición en español me devolvió la ilusión perdida.

¿No te resultó complicada esa transición? Hasta uno puede hacer otra cosa que no sea música en caso de verse arrinconado con la autoculpa.
Piensa en la falta de confianza que hay al principio, el enfrentarme al micro con mis textos… En esa época oscura donde no tocaba, intenté refugiarme en muchas cosas, pero como te dije al principio, el clavo ardiendo donde me enganché fue a la música.

Tiraste de amigos, ¿verdad? O sea, que no fue liarte la manta a la cabeza tú solo al 100%.
Gracias al bagaje como guitarrista en un montón de grupos donde me buscaba la vida, pude conocer a gente maravillosa que siempre estuvieron pendientes de mi proyecto, así que quería que formaran parte de él. Me ayudaron -incluso monetariamente- personas como Adolfo Caimán (Motel Caimán) y Pepe Salas (Manitú), que pagaron el master.

Tampoco nos podemos olvidar de Sergio Cascales, quien ha sido clave en el sonido y hasta en la cimentación del proyecto.
Sergio me conoce desde pequeño, fue vecino mío al que mi hermano le pintaba la cara de los Kiss y se ponía a tocar su Strato blanca en el patio de abajo. Es vocalista de grupos de Rock de aquí, en mi ciudad, que además cuenta con cientos de producciones a sus espaldas. Él me conoce muy bien, y eso ayuda para ir a tiro fijo con las canciones ya que sabe lo que quiero. Trabajamos juntos -cuando volvió de México- en una producción de un grupo en el que yo estaba y surgió el amor a primera vista. Es un hermano y un gurú sónico impagable.

¡Ojo! Que también es verdad que dejaste compañeros y amigos que antes trabajaron contigo a las puertas de Vicios Caros.
Algunos por motivos musicales y otros, más dolorosos, con gente a la que le has dado tu amistad y tu cariño sin concesiones dándote cuenta de que el enemigo lo tienes en casa. En fin, una pena.

Pese a todo… lo que hay es Rock and Roll. Bajo, guitarra, batería… y de vez en cuando pedal steel (‘Lo prometido’), Hammond, Rhodes, saxos… ¿Simple pero conciso?
Yo para eso soy muy añejo. Me encantan las producciones crudas, con instrumentos clásicos… y si se puede grabar la base en directo, mejor. En este LP no pude hacerlo como yo quería por que empezamos la casa por el tejado: entramos a grabar sin haber tocado nunca en directo, sin mucho dinero para la producción y teníamos que trabajar ligeros y buscando el hueco en el estudio. En el siguiente me quitaré esa espinita (risas).

Sí, simple pero conciso si no tenemos en cuenta ‘Perder o ganar’, la que me parece es la canción con más instrumentos y créditos de todo el LP.
Ahí me salió el George Martin que llevamos dentro. `Perder o ganar’ es mi ojito derecho del disco, un texto muy personal, con arreglos hendrixianos, sitares, voces del revés, flautas y un final orquestado. Como decía Brian May en este caso: “más es más”.

Al final, ¿cuánto ha durado (temporalmente hablando) esta transición incluyendo la edición del disco?
Casi 3 años ya de la primera canción (‘El último testigo’) que salió de un tirón, hasta el primer concierto.

¿Y cuánto ha durado (mental y emocionalmente hablando)?
Realmente, cuando decidí afrontar Vicios Caros yo solo (con mi banda de directo pero solo en el sentido más literal de la palabra) sin tener que darle cuentas a nadie y siendo el único responsable para bien o para mal del proyecto, fue cuando empecé a pensar en el segundo y cambié el chip, que fue a primeros de enero de este año.

Pero… ¡oh, sorpresa! Ya estás trabajando en un segundo trabajo. ¿¿Tan pronto??
Como te digo, mi cabeza no para, le he cogido el punto a la composición y tengo ya casi 30 temas listos, maqueteados y vistos para sentencia de estudio. Aquí en Málaga empiezan a decirme con mucha guasa, que voy a hacer el “Boquerón” en vez del “Salmón” (risas).

Únicamente he escuchado la maqueta de ‘Miss carnaval’, pero es posible que la música ahora vaya por otro derrotero más Country o más centrado en la música americana. Claro, que te hablo por una canción que es una maqueta… Igual la cosa no va por ahí.
Realmente el hilo conductor de todo son los textos. Ahora que no tengo que dar explicaciones a nadie, tendremos un abanico más amplio de estilos: habrá un Tango, un Bolero, riff de Rock, Country, Rock & Roll de manual… y eso si, colaboraciones muy importantes con grandes músicos y artistas que ya iré desvelando cuando entremos en el estudio. Seguimos sin tener solución, pero de emoción tenemos superávit. Lo malo no es volverse loco, sino volverse normal.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: