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Andrés Suárez: Marea alta.

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“No hay nada mejor que la improvisación”.

Llegó de Galicia con ganas de exponer su música como manera de expresión, esa música que huele a mar y a puerto. Andrés Suárez (Vigo, 1980) ha sido constante y muy profesional, hasta tal punto que ha logrado algo más que un sueño: poder dedicarse a la música. Después de dos trabajos con cierto reconocimiento, llegó en 2011 “Cuando vuelva la marea” (Relocos Records, 2011). La verdad es que no se trata de un disco cualquiera, sino de una recopilación de lo mejor de su vida en el que también toma parte Pablo Milanés. A día de hoy, Andrés Suárez ha recorrido el mundo, dejando la etapa de Madrid como un punto de agradecimiento que ahora ve desde otras fronteras.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

¿Qué relación tiene el mar contigo? Veo que tu primer disco se tituló “Maneras de romper una ola”, el EP que vino después “Piedras y charcos”, y este último disco se llama “Cuando vuelva la marea”.
Cuando estábamos haciendo este disco y lo íbamos acabando (junto con el director musical Alfonso Pérez), supe que era el mejor que había hecho. Yo no estaba tan seguro con lo que iba a pasar aunque sí sabía muy bien qué contar, así que la movida era muy simple: o me inventaba un personaje o era yo mismo. Pero me vas a perdonar, pues eso del personaje… no lo soporto. Yo soy yo, y hago lo que hago. Hice un disco como “Maneras de romper una ola”, después un EP –con elementos naturales- como “Piedras y charcos” en el que hay un making off donde enseño mi casa para demostrar (y contestar) a esta pregunta: yo soy esto.

Y ese “esto”, ¿se limita a las experiencias personales?
Crecí en una habitación hasta los 19 o 18 años en la cual daba el agua del mar. No había jardín. Vivía en una playa. Estuve después en Madrid haciendo giras, en un estudio de grabación durante un año entero… pero mi dependencia con el mar estaba ahí.

¿Más que con las mujeres?
Mucho más. Pienso que ya no es sólo una forma de entender la vida. Mira, ahora llevo un tiempo en Madrid y nunca había estado tanto tiempo sin ver el mar, por lo que ahora mismo tengo ansiedad. Y es que ya no es una forma de vivir, sino una forma de hablar y de comunicarte. El mar lo es todo, tío.

¿Pero cuándo viniste a Madrid exactamente?
Hace 5 o 6 años para tocar en el Metro con la pretensión de vivir de la música. Siempre tuve problemas de dinero, desde pequeño, pero en esta ocasión se lo achacaba a los problemas del alcohol y de la noche en la capital. Pero mi salvación era el mar… ¡y yo no lo sabía! Era cuestión de ir al mar, sobre todo al norte, y volver. Allí era otra persona. Aunque dicen que los del norte somos muy cerrados (risas), pero sí es verdad que ver el horizonte del mar es una plenitud total. Estás viendo el mundo.

Veo que muchas de las canciones ya venían siendo tocadas en directo o en anteriores trabajos, como ‘No te quiero tanto’, ‘Piedras y charcos’ o ‘La vi bailar Flamenco’. ¿Es un recopilatorio de lo mejor de tu vida?
Pues me encanta que me digas eso porque es una forma de entenderlo. Había una canción (‘No te quiero tanto’) que tenía que ser obligada porque quería hacerla bien. Es decir: que estuviera bien producida en el disco, nada más. Pero efectivamente, hay un bonus-track (‘Tengo 26’) que no era más que una encerrona porque estábamos el último día en el estudio de grabación Alfonso Pérez (al piano) y Jorge Montes (con el violín) y les dije: ‘sentaros en vuestros sitios, pongamos el micrófono en el techo y hagamos una canción’. Me di cuenta de que estaba tocando con los mejores músicos de este país y con las mejores canciones que yo tenía. Creo que también hay un salto de calidad en cuanto a sonido puesto que había grabado todos mis otros discos en un estudio casi casero. Renové el sonido y la banda porque llevaba mucho tiempo con la misma.

Si las cuentas no me fallan, entre 6 y 7 años con la misma banda.
Sí. Necesitaba hacer ese cambio porque era necesario. Pero he cambiado también el formado, la web… un cambio en todos los sentidos. Sigue estando el mar, sigue estando la luz, el charco, las piedras… porque si no siguen esos elementos, tendría problemas. Sé que decir que este es el mejor disco es dar una respuesta muy pretenciosa, pero sinceramente lo pienso así. Coge mis otros discos, escucha este y compara. Más no puedo pedir.

¡Y ya te puedes morir!
Hombre, quiero vivir más (risas). No, en serio, tengo un par de proyectos musicales en mente que todavía no puedo anunciar, pero que… una vez hecho eso, podré decir que he tocado el cielo de la música con los dedos. La música se está situando en un lugar paradisíaco. Yo estoy haciendo una gira con 6 tíos que son mis amigos, pero es que también son 6 de los mejores músicos que yo he visto tocar. Vamos en la furgoneta llorando de la risa por lo bien que nos lo pasamos. Eso es lo que nos llevamos.

Has dicho también que has escuchado de todo, así que creo que eso está también en tu banda debido a que son gente experimentada que ha tocado con Miguel Bosé, Alejandro Sanz o Calamaro.
Hay gente que viene de muchos palos. La formamos hace 2 años porque le pedí un cambio de sonido a Luismi Baladrón, iba a empezar a trabajar con él y se ofreció a montarla. Entonces, al hacer un nuevo sonido, uno tiene que sentir que está volviendo a nacer. Y ellos son grandes músicos, tienen un concepto de la música brutal. Ellos lo pueden hacer a mi manera, pero es que si aportan algo de su cosecha, la canción se la llevan a otro terreno. No hay nada mejor que la improvisación.

Incluso vienes de una familia de cantantes, ¿verdad?
Mi abuelo y mi madre cantaban, efectivamente. Es curioso porque por la parte de mi madre, todos, eran músicos, mientras que por la parte de mi padre todos eran marineros. Se juntó ahí una especie de cosa que desembocó en algo llamado “música de costa”. Que yo recuerde, siempre he tenido música en casa. Todos los días de mi vida tenía música, guitarras… no hay más felicidad más pura que la felicidad producida por cantar, como decía García Márquez en aquella introducción del disco “Pablo querido” sobre Pablo Milanés.

Por cierto, ¿y el tema de la colaboración con Pablo Milanés en ‘Perdón por los bailes’?
Tiene historia. Cuando mis padres venían a buscarme al colegio, llevaban cintas en el coche de Franco Battiato, por ejemplo, pero había muchas de Pablo Milanés, así que yo los escuchaba desde los 5 años. Es más, creo que fui por primera vez a un concierto suyo a los 8 años en el Parque Reina Sofía de Ferrol. Tengo todos los discos en casa, de hecho.

¡Eres un producto de Pablo Milanés!
¡Soy un producto de Pablo Milanés! (Risas) No, pero es verdad, cuando me respondieron de la oficina de Pablo Milanés diciendo que él iba a cantar mi canción, me eché a llorar. Es lo mejor que me ha pasado en la vida, tanto a nivel personal como profesional. Lo diré siempre. Que una persona con la experiencia de Pablo Milanés acceda a cantar una canción con alguien que está empezando… pues significa mucho y demuestra su grandeza, sencillez y humildad. Sucedió a raíz de ser su telonero en los conciertos de los Veranos de la Villa. Escuchó la canción, le pasamos la letra y después le enviamos el mp3.

¿Y no había más colaboraciones además de esa?
Yo siempre quise cantar con Roberto Iniesta y no voy a parar hasta conseguirlo. Con Javier Ruibal tuve la suerte de cantar en directo, uno de los mayores exponentes de la música en el mundo. Y algunas personas más que se me olvidan, pero hay una gente que me influyó mucho con la que no he podido cantar.

Seguro que también se te han olvidado muchas otras personas en los agradecimientos, que son muchos, por cierto.
El que diga que no, miente, pero este oficio es un trabajo de muchas rivalidades y competitividad, pero yo me debo a una cantidad de gente a la que le estoy muy agradecido. No le debo nada a nadie, por suerte, pero sobre todo estoy muy agradecido a la gente que me apoyó mucho cuando llegué a Madrid por primera vez. Siempre lo pondré en los discos y siempre lo diré: ¡Gracias!

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