Canal RSS

Más de 100 Mentiras: Por obra y gracia del desengaño.

Publicado en

“A Joaquín le daba un poco de pudor el hecho de que se hiciera un musical sobre él”.

Más de veinte discos editados (contando trabajos de estudio, directos y recopilatorios) y una lírica digna del mejor y más ínclito poeta han ensalzado la figura de Joaquín Sabina a uno y otro lado del ‘charco’. A estas alturas de la película poco se le puede reprochar al jienense, al igual que pocas cosas faltan en su haber.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16 / Nº 2078, 17 Octubre 2011

Aunque no sea directamente parte de su obra, un musical es algo que, a día de hoy, parece estar en boga de toda producción teatral, ya sea película, suceso histórico o la carrera de un músico, para terminar de redondear la historia artística del homenajeado. “Más de 100 mentiras” no es ni una biografía de Sabina ni una historia narrada a través de su vida, nada de eso. El musical dirigido por David Serrano (“Días de fútbol”, “Hoy no me puedo levantar”, “Los dos lados de la cama”…) deambula por las historias de timadores y mentiras, mafias y prostitutas, dinero que viene… y dinero que se va, hechos que parecen sacados del cancionero más canalla. Pero antes de continuar hablando sobre esta producción, conviene que todos se hagan la misma pregunta: ¿era necesario hacer un musical?

Pancho Varona, músico y compañero de Joaquín Sabina desde los primeros pasos de los ochenta, responde a estas y otras cuestiones acerca de “Más de 100 mentiras” y sobre su aportación dentro del campo de la dirección musical del proyecto.

«Para mí es un regalo que hagan este musical. Seguramente necesario no es, pero es que ya la palabra ‘necesario’ es difícil de definir. Tampoco es necesario hacer ‘Woodstock’ ni es necesario hacer ‘Mamma Mía’ y tampoco es necesario hacer ‘Cabaret’. No es necesario, pero surge la oportunidad y se hace. Necesario no es, pero ¿por qué no se va a hacer?»

Y se ha hecho, aunque no es un proyecto ideado en la actualidad. En 2006 ya se planteó llevarlo a cabo, pero el propio Sabina se negó. Puede resultar complicado y hasta discutible ver su propio trabajo llevado a otro campo, lejos del whisky doble y del humo del tabaco de salón. ‘Y sin embargo’, ‘A la orilla de la chimenea’, ‘Pastillas para no soñar’ o ‘La del pirata cojo’ (estas dos últimas con arreglos de Leiva, componente de Pereza) adquieren otra dimensión sonora cuando se desarrollan frente a la platea con un elenco de actores que muestra una coordenada coreografía a la vez que cantan a viva voz cada estrofa. ¿Una especie de miedo escénico? Posiblemente, pero sí es un momento para guardar expectación ante la idea de que canciones han cambiado o como han sobrevivido.

«A Joaquín le daba un poco de pudor el hecho de que se hiciera un musical sobre él. Le parecía que era un traje que le quedaba muy grande. Era como un homenaje muy serio. Pensaba incluso que no creía merecerlo tanto. Pero más por vergüenza que por otra cosa, pero al final también pensó: bueno, ¿por qué no? Allá vosotros. Ya no tenía motivos para decir que no, pero si lo querían hacer, que lo hicieran, aunque él no fuese a invertir ni un duro en ello. Está bien pensado por parte de Joaquín y bien pensado por parte de la productora».

Siguiendo la línea de cortes musicales que se desarrollan dentro del espectáculo, cabe destacar la encomiable labor a la hora de seleccionar las canciones que podían congeniar. Las canciones de perdedores y crápulas iban a disfrazarse de lentejuelas, bailes coordinados y hasta de momentos de júbilo y celebración. Costar, cuesta asimilar una idea así de descabellada, la verdad. La selección principal de la lista se debate entre “Física y Química”, uno de los mejores discos del de Úbeda que aporta gran parte de la selección: ‘Yo quiero ser una chica Almodóvar’, ‘Conductores suicidas’, ‘A la orilla de la chimenea’, ‘La canción de las noches perdidas’ y ‘La del pirata cojo’. El repertorio de los últimos años de los ochenta y mediados de los noventa es –como no podía ser de otra manera- protagonista. Aquí se disgregan y reparten las composiciones elegidas: ‘Calle Melancolía’ del segundo LP, titulado “Malas compañías”; ‘Princesa’ de “Juez y parte”; ‘Que se llama Soledad’, perteneciente a “Hotel, dulce hotel” u otros imprescindibles, como ‘¿Quién me ha robado el mes de Abril?’, ‘19 días y 500 noches’ o ‘Contigo’. Evidentemente, la canción que da título al musical se encuentra entre estas y otras composiciones.

«Me pidieron que diera una lista en primer lugar. Le mandé a David Serrano sesenta canciones de las cuales se han quedado unas veinticinco. Joaquín me dijo que hiciera una lista de canciones atendiendo a tres aspectos principales: que fuesen canciones teatrales; que fueran teatrales; y de las buenas, de las que nos gustan a nosotros. Bajo esos tres aspectos hice una lista de las que yo pensaba que eran las indispensables. También intenté estar de autor en las canciones de manera equilibrada. Mías puede haber unas cuantas, pero nunca más de las que no son mías».

Y más teniendo en cuenta la exigencia del fiel público del cantautor. Sereno y serio a la par que vividos y canallas. Un reto con el que el director David Serrano tenía que lidiar si no quería ser el blanco de –sin duda- extensas críticas.

«Joaquín se jacta de tener el público más inteligente del mundo, por lo que David Serrano tiene que ofrecer algo diferente a ‘Hoy no me puedo levantar’».

Antes de nada hay que dejar claro que “Más de 100 mentiras” no es un musical sobre la vida del artista ni tampoco es un concierto, mucho ojo con eso. Este no es un musical sobre la vida de Joaquín. La trama y la música guardan en común un fino hilo conductor, pero la historia no nada entre las canciones.

El argumento narra durante las tres horas de duración, la historia de cuatro compadres, que no resultan si no ser unos rateros venidos a menos. El grupo lo protagonizan Juan (Juan Pablo Di Pace), encargado del pub Darling’s donde se desarrolla prácticamente toda la trama. Éste es atormentado por el espíritu de Samuel (Víctor Massán), un amigo fallecido por el que Tuli (Álex Barahona), recientemente liberado de la cárcel y Juan tratarán de vengar su muerte, acompañados de la novia de este último, Magdalena (Guadalupe Lancho), una joven prostituta. Cada uno de ellos guarda un punto referencial a Sabina, pero hasta ahí. El resto es echarle imaginación y dejarse llevar por la historia como si de una película más se tratara. Una historia que cojea en ciertas partes haciéndola incluso pesada. No obstante recoge grandes momentos, como la interpretación de ‘Yo quiero ser una chica Almodóvar’ por parte del entrañable camarero del Darling’s, Manitas (Diego Paris) o la sobrecogedora entonación de ‘A la orilla de la chimenea’ a cargo de uno de los ‘malos’ de la película, Ocaña (Juan Carlos Martín).

«David Serrano sabía que canciones iba a meter y bajo esa premisa ha construido la obra. Luego ha ido cambiando una canción por otra… pero al final las canciones son el hilo que teje esa historia. O sea, la historia tiene un peso específico sin las canciones, es una obra de teatro que se podría representar sin música de Sabina. La música de Sabina la adorna. Aunque si es cierto que hay un tufo sabinero en la obra, de hecho hay un personaje que lleva bombín y ese tipo de guiños. Pero realmente ni se habla de Joaquín ni es un musical sobre Joaquín».

Destacable trabajo de Ricardo Sánchez Cuerda en la escenografía, por cierto. Merece la pena mentar este apartado, pues gracias a ello se consigue dar vida e identidad a lo poco que pueda unir entre el cancionero de Sabina y la historia. Interiores y exteriores del Darling’s, callejones, nave industrial… todo ello contando con una orquesta, dirigida por Daniel García y que se situaba siempre en lo alto del decorado. Pero se echa de menos que ese fantástico conjunto de músicos no tocaran (a su manera) canciones memorables, ya sea ‘Zumo de neón’ o ‘Y nos dieron las diez’. Otras aparecen fragmentadas dentro de un medley, como ‘Y sin embargo’ o ‘Tiramisú de limón’, enlazándose con ‘Embustera’. En honor a la verdad cabe reseñar que los últimos y más recientes trabajos de Joaquín no tienen nada de protagonismo, salvo en esta honrosa excepción.

«Se han quedado fuera canciones muy importantes que no tenían hueco y porque la trama no daba para ello. Se han quedado fuera ‘Peces de ciudad’, ‘Pongamos que hablo de Madrid’… unas cuantas canciones importantes. Hay una que a Joaquín le hubiese gustado que estuviera, que es casi la canción favorita de Joaquín, ‘De purísima y oro’. Siempre hemos pensado que es la mejor canción. ‘Noches de boda’ se quedó fuera en el último momento porque tampoco tenía un hueco y también es una canción importante de su repertorio».

¿Funcionará una producción con este material? “Más de 100 mentiras” lleva muy poco tiempo como para aventurar un futuro más allá de lo que el público y la crítica dictaminen. Se pretende llevar por más ciudades, como Barcelona, una vez termina su representación en Madrid, además de cruzar el Atlántico para mostrarla en países como Argentina o México. ¡Hasta su adaptación al cine! Pero de momento son elucubraciones y proyectos a largo plazo que penden de lo que esta “prueba piloto” germine entre sus espectadores.

«Esto es una prueba, un ‘a ver qué tal funciona’. Nosotros pensamos que va a funcionar muy bien para el gran público y que, lógicamente, habrá sabineros que se quejen, porque hay sabineros más sabineros que el propio Sabina, como más papistas que el Papa. Habrá quien diga que le gusta más el Sabina de ‘La Mandrágora’ que el Sabina de el musical, pero tiene que haber de todo».

Para finalizar habría que hacer una nueva reflexión antes de dejar caer el telón. ¿Un homenaje a la figura de Joaquín Sabina o un merecido tributo a su obra?

«Hace poco me dijeron algo que me gustó mucho: es el planeta sabinero. Creo que es un homenaje a la obra de Joaquín, al Mundo Sabina. A él directamente no, aunque su figura es el espectro que flota a lo largo de toda la obra, pero realmente es un homenaje a su obra. Ese es mi punto de vista».

No queda nada más que decir. El musical “Más de 100 mentiras” ha echado a rodar. El propio Joaquín Sabina asistió además al día del estreno en el Teatro Rialto de Madrid, expectante e impaciente por ver el espejo por el que se miran sus canciones.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: