Canal RSS

Pía Tedesco: Un trago embriagador.

Publicado en

“Yo tropiezo dos veces con la misma piedra, pero no cinco”.

Ya lo decía Charles Baudelaire: “Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, hay que embriagarse sin cesar de vino, de poesía o de virtud, como queráis”. Y eso mismo es lo que reza en “Bordeaux. Historias de cabaret”, el pequeño salón cabaretero que la argentina Pía Tedesco presenta con dedicación y descaro a lo largo de un repertorio de 11 temas entre los que discurre el tango y el cabaret impunemente. Nadie, fuera de este disco, sabrá lo que sucede dentro si no se sirve una copa de vino y se deja embriagar por la poesía y la música de este palacete clandestino.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: CARMEN HACHE.

Publicada en Cambio 16

¿Qué tiene el cabaret de clandestino y de erótico que tan prohibitivo parece?
Bueno, el cabaret empezó en París para poder ir a verles las piernas a las señoritas que bailaban Can-Can. Pero era algo inocentón y tampoco pasaba demasiado. Pero creo que esto del cabaret asociado con lo prohibido es sobre todo en España. Mientras que en otras ciudades de Europa como Berlín o París se juntaban artistas en el cabaret para divertirse, arreglar el mundo alrededor de una mesa, hacer sátiras sobre la actualidad o para pintar (como Toulouse-Lautrec), aquí el Franquismo tenía prohibido cualquier tipo de contenido político.

Y eso que era un cabaret, nada más.
Ya, pero entonces eran canciones de crítica social y no se podían hacer. Como números en los que uno hiciera burla de determinado político. Entonces, sin todo contenido político o intelectual, los cabarets quedaron como simples puticlubs. De hecho, es gracioso porque aquí quisieron hacer una especie de Moulin Rouge llamándolo Molino Rojo, pero Franco dijo que nada de “rojo”. Así que se quedó como El Molino (risas).

Los más reprimidos luego son los peores.
A ver, si tú tapas un tubo por una punta, la otra estalla.

De hecho, tienes ‘No le cuente a mami’ (‘Don’t tell mama’), que tira por ese lado de la nocturnidad.
Sí. Es una coña porque en realidad, lo gracioso de esa letra es que en el momento de escucharla no la analizas, pero luego le das un par de vueltas y caes en que la chica de la canción le dice a la gente que no le cuente a su mami que canta en un cabaret. Aunque al final termina contando que si se lo dicen a su tío no importa puesto que es su chulo, la abuela es corista y el padre va todas las noches. Pero eso sí, que no lo sepa su mami (risas). Con lo cual, en los cabarets se hace un poco burla de los roles porque la mujer, siendo ama de casa, no se entera de nada mientras la hija está en el cabaret.

El rojo, color que predomina también en ese ambiente… y en el vino, así como en el título: “Bordeaux”.
La verdad es que fue una decisión caprichosa. Había mil formas de llamar al disco, mil opciones y mil ideas, pero un amigo me sugirió que dejara de darle vueltas porque cualquier idea iba a venir a mi cabeza. Los nombres que recuerdo eran muy explicativos y muy largos, como “Cuentos para dormir en un cabaret”. Eran muy rebuscados. Al final terminó llamándose “Bordeaux” porque la letra de la canción de ‘Un traguito de Bordeaux’ (‘Quand j’ai bu mon p’tit coup de Bordeaux’) me encanta y porque te transporta al cabaret fuera de España puesto que aquí, como ya hemos hablado antes, eran sólo puticlubs.

Pero eso ha cambiado. Al menos eso espero.
Ahora hay gente que está haciendo cositas, pero bueno…

¿Y ‘Canción de Bilbao’ (‘The Bilbao song’)?
Es una canción alemana de Kurt Weill (en la composición) y de Bertolt Brecht (en la letra), que fue quién escribió “La ópera de los tres centavos” (Die Dreigroschenoper) o comúnmente llamada “La ópera de los cuatro cuartos”, entre otras muchas. Junto con Kurt Weill hacían obras muy potentes y de crítica social, por lo que ‘Canción de Bilbao’ cuenta lo que sucedía en ese garito de la ciudad.

Dentro del digipack citas la poesía de Baudelaire en “Embriagaos”. El alcohol, además de conservarnos por dentro, ¿también nos conservaría por fuera?
En realidad, lo que me gusta de este poema es que dice: ‘Hay que embriagarse sin parar. ¿Pero de qué? De vino. De poesía o de virtud. Como queráis. Pero embriagaos”. Como que el estado de embriaguez puede venir por otras cosas que no sea solamente el alcohol porque se trata de un estado de felicidad, de plenitud y de alegría que puede encontrarse con ese puntito o esa chispa de vino. Aunque también puede encontrarse en la poesía, en la música… en la virtud. Muchos hombres inspirados, incluso religiosos, estaban embriagados, entonces es lo que me gusta. En el cabaret se busca más la embriagadez por el vino, la exaltación de los sentidos y el placer carnal, pero puede encontrarse también de otras maneras.

¿Por eso encontramos en este cancionero el ‘Tango de los estupefacientes’ (‘Le Tango stupéfiant’)?
Ese tango me encanta porque suena muy punky gracias al comienzo que tiene en el que se habla de las drogas. Pero al final, la chica que prueba naftalina, se inyecta agua de colonia, toma morfina y demás… termina la canción sintiéndose triste porque se ha metido de todo y sigue en las mismas. Podría hasta decirte que tiene moralina.

Estos temas son versiones, pero me pregunto el motivo de su elección.
En primer lugar, siempre me atrajo la estética del cabaret, pero no la estética vacía. Cuando era pequeña, allá en Buenos Aires, recuerdo que ponían en televisión ciclos de los años dorados de Hollywood, películas de Marlene Dietrich o las primeras películas de tangos en las que se mostraba una estética que me atraía mucho más que la que podía verse en otras películas. Tiempo después, a los 17, una amiga me hizo escuchar un disco de canciones de Kurt Weill y me encantó. Luego empecé a escuchar la dupla entre Bretch y Weill (y otras cosas de esa época) en las que la crítica y el ojo incisivo era reflejar casi lo mismo que estamos pasando ahora. Me pareció interesante rescatar textos que hablan de lo que pasa ahora, pero hace más de 100 años. O sea, cosas que ya estaban ahí pero que la gente no había reparado en ellas.

Dándole otra vida, ¿cierto?
Sí. Los arreglos son nuestros, más actuales, pero como tarea casi política para tratar de espabilar a la gente porque dentro de 100 años seguiremos en las mismas.

Si hace 100 años las cosas estaban como ahora… lo siento, pero no creo que haya mucha esperanza.
No sé. Yo tropiezo dos veces con la misma piedra, pero no cinco. Como el entorno cambia, uno piensa que la situación es distinta, pero si tú analizas varias situaciones a lo largo de la historia, te das cuenta de que es lo mismo, así que igual hay que sacar momentos de esos para dar con el denominador común. Es como en “Juegos de guerra”; la máquina está hecha para ganar, pero a la millonésima vez se da cuenta de que no se gana. Pero confío mucho en que los medios de comunicación nos ayudarán. No en el sentido de que nos informen, porque está claro de que no, pero sí para haber registros con fotografías y grabaciones. No sé nuestra generación, pero las futuras llegarán a un tipo de conclusión.

¿“Bordeaux” nace de la curiosidad o de la melancolía en el recuerdo?
Pues por ninguna melancolía. No es que me apeteciera hacer este disco porque sí, sino porque quería labrar un repertorio determinado que fue apareciendo a base de buscar y buscar, además de adaptarlas al español. A través de muchísimos conciertos se fueron afianzando los arreglos con los que nos sentíamos cómodos, así que la grabación fue un resultado lógico después de haber grabado tanto. Un resultado inevitable.

Un resultado producido por ti, aunque Martín de Aguirre también lo firma. ¿Querías tener el control?
(Risas) ¡Siempre! De hecho, nunca había mezclado un disco, pero cogí las riendas porque sabía lo que quería escuchar… aunque, como te digo, nunca había mezclado antes un disco por todo el morro. Bueno, por todo el morro no, con todo el derecho, porque si me equivocaba, tenía que pasar por mi error y no el de otro. Pensando de cara al futuro, si tengo que cometer errores, que sea en este disco y no en el siguiente.

De todas formas, aún habiendo una instrumentación básica de violín, piano, metalófono, clarinete y guitarra, se aprecia que hay más poder en la palabra.
Sí, totalmente. Al buscar canciones interesantes con letra interesante y currarme todo el texto en español para que tuviera sentido, se nota que yo me involucro de manera natural con el texto. Hay canciones que la mitad son medio habladas, y eso es porque me interesa más contar que hacer música. Hay unos estilos en los que la corrección y todo eso importa mucho más que lo que estás contando, aunque no creo mucho en eso. Como cantante, tienes que poner el énfasis en algún lado, y si no lo pones en un texto, lo pondrás en la afinación perfecta o en respetar todos los arreglos. Pero como ya te digo, me interesaba otra cosa. Me interesa más la imperfección y el momento que transmite una canción. El disco es fiel a lo que hacemos musicalmente porque se hizo del tirón en dos tardes, voz incluida.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: