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Hashima: De provincias y divertidos.

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“Ahora que vamos a empezar a tocar a destajo, hay que plantearse grabar de nuevo”.

El siguiente artículo podría tratarse de una banda de Rock and Roll cualquiera, de esas que ahorran como buenamente pueden para pagarse el local, los instrumentos y la gasolina de la furgoneta. En este caso, Carlos H. Vázquez viaja de Madrid a Zaragoza (y viceversa) por las arterias de Hashima, banda aragonesa que ha sido la creación de otras bandas anteriores. Noches de alcohol, Rock y desvergüenza copan una historia contada por sus protagonistas: Luis Bernadaus, Daniel Salanova, Pablo Peralta y David Albalá. Para los profanos en este noble arte, lo mejor es que se sienten y esperen crecer las ganas por estampar botellas en el suelo. Para los alumnos aventajados, nada como leer el siguiente texto para aprender del barro que pisan las botas del Rock and Roll. Dos años y medio de entrevistas y viajes intermitentes han llegado a su punto final.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: DAVID ALBALÁ, ELENA VARGAS Y PAULA MARCO.

Publicada en Cambio 16

El calendario bostezaba mediados del 2010 cuando Luis Bernadaus, todavía en Wasabi, hablaba con un servidor antes de la gira de 10 conciertos que la banda aragonesa iba a realizar por México en Julio de ese mismo año. Nada más empezar la conversación, Luis ya hablaba de sus vicios antes de subir al escenario: “No tengo ningún vicio inconfesable, aunque me apetecería un montón. Básicamente por hacerme el interesante”, reía el vocalista para después continuar explicándose. “Tengo lo normal; como una botella de agua a mano, toallas… y poco más. No soy rarito con eso”. Así parecía un corderazo inofensivo, pero en sus entretelas permanecía el gusto por el escatológico GG Allin. “No busques nada suyo en YouTube, tío, está todo capado y no verás nada”. Para más señas, si ustedes desean saber más, busquen… para encontrar de una u otra manera el vídeo con el funeral del cantante Punk de New Hampshire. Sobran las palabras. Pero en fin, de ahí que el maño lo tenga en un pedestal cuando se le pregunta por alguna remota colaboración: “no soy mitómano. He conocido a mucha gente y nunca me he sentido deslumbrado. Creo que si me planteara eso, lo tendríamos difícil porque todos están muertos”. Touche!

Bernadaus, además de ser un animal sobre el escenario, es también un padre de familia que dedica su vida cotidiana a ensayar mientras trabaja como encargado en un aparcamiento. Vaya, que no vive realmente de la música. “Eso de que se liga tocando es un mito, chaval. Y menos si somos nosotros”, apuntaba Luis. Aún así, ganas no le faltan debido a que el conjunto de Rock estaba en lo más alto. Venían de ganar, además, la edición del 2009 del concurso PopyRock celebrado en la sala Multiusos de Zaragoza. El CD single con las canciones ‘Negro de humo’ y ‘Nana’ había hecho estragos en la comunidad especializada del lugar. Sí, eran la hostia, pero… ¿qué les iba a deparar el destino?

“Wasabi hizo la gira mexicana y todos éramos muy felices… hasta que nos dimos cuenta de que no lo éramos tanto”.

El viaje por el país azteca que Wasabi estaba a punto de realizar en unas pocas semanas se iba a convertir en la explosión exacerbada de Rock. Un poco más y la cosa -¡maldita sea!- iba a llegar muy lejos. “Para un grupo amateur sin otro objetivo que pasarlo bien como hobbie, probar en tus propias carnes lo que es hacer de verdad lo que hace un grupo de verdad (valga la redundancia) es increíble. Seguramente, la mejor experiencia de mi vida”. México D.F. (4 días seguidos), Puebla, León, Aguascalientes, Puerto Vallarta, Guadalajara y Morelia fueron las ciudades que se envenenaron con Wasabi. Pero por muy sorprendente que pareciese, el grupo se había disuelto después de aquel tour. “Wasabi hizo la gira mexicana y todos éramos muy felices… hasta que nos dimos cuenta de que no lo éramos tanto”, explicaba Bernadaus durante una charla en Zaragoza en Junio del 2011 regada con grandes cantidades de cerveza. Un botellín de Ámbar cada 7 minutos. Ese era el trato. Pero siguiendo con la historia, algo se debió torcer. Además, nada más llegar de México sorprendió que Wasabi se disolviera. El 3 de Noviembre del 2010 aparecía el siguiente mensaje en el MySpace de la banda: “Hoy los miembros de Wasabi hemos decidido poner punto y final a esta aventura. Agradecemos a todas las personas que nos han seguido a lo largo de todo este tiempo”.

Los chicos decían adiós, pero eso sí, dando paso a Hashima con todos los integrantes anteriores salvo uno: Toni D. Nuevo. ¿Era un adiós? Para nada, Luis lo tiene claro. “Creo que una banda de Rock no difiere mucho de cualquier relación interpersonal. Si se rompe siempre, queda la opción de volver a empezar. Lo peor que uno puede hacer es meterse en una habitación del sueño y dormitar. La vida siempre continúa mientras haya ilusión y proyectos. Hay que seguir siempre con paso firme”. Y es que amigos, la música puede ser (y de hecho lo es) tan vital… que termine convirtiéndose en un modo de vida que se aproxime al “enganche” de una droga muy adictiva. “Hacer música para mí es algo vital, supongo que como respirar. He intentado dejarlo alguna vez, pero al poco tiempo he vuelto. Es una necesidad, una forma de dejar salir a veces tus demonios internos”. Argumenta Bernadaus que ahora señala un punto importante social y familiar para abordar su caso. “Creo que en mi caso es una vía de escape de una vida a lo mejor demasiado convencional, ya sabes; trabajo, casa, mujer e hijos. No es que eso sea malo, sino que uno por dentro creo que nunca deja de ser algo rebelde, y puede ser que la música sea eso, rebeldía y una forma de escape”. Después de la disolución de Wasabi y el punto de inflexión, la vida musical de este músico aragonés iba a consumir otra calada más de vitalidad para retroalimentarse.

Después de todo, había que rearmar el proyecto, así que el joven Daniel Salanova entró en sustitución de Luis Miguel Yoldi (en la batería) para preparar el periplo mexicano. No obstante, en lugar de Toni entraba Pablo Peralta a la guitarra. “El grupo volvió potenciado a nivel mediático, pero a veces las cosas dan giros inesperados, y lo que podría ser una tragedia es la decisión mejor tomada en 22 años de música”. Se sinceraba Bernadaus. “Ahora estoy realmente orgulloso de este proyecto, y lo defiendo con uñas y dientes porque estoy convencido que es uno de los mejores grupos de rock del país”. Sí señor, eso eran agallas y esperanza. Por su lado, David Albalá, el otro superviviente de Wasabi desde los primeros tiempos, tenía también algo que decir ante la reestructuración de la banda: “Pablo se barajó como un complemento”, pero aclara, “cuando Wasabi decide dejarlo, pensamos en montarnos el plan por nuestra cuenta”. Todo claro, ¿verdad?

Desde luego, había que aprovechar el subidón moral que había dejado México y toda la algarabía formada por los premios recibidos, entre ellos los 4.500€ del concurso PopyRock, el cuál serviría para sufragar los gastos de “Nadie sabe que estoy aquí” (rememorando al literato Haruki Murakami), el primer EP de Hashima. El plástico contenía cuatro cortes que fueron grabados en los estudios Inguz de Zaragoza. Los chicos suenan contundentes con líneas de bajo y fraseos poco estilados de manera corriente. Quizá anden cercanos al sonido rabioso de Tako, pero no ha visto Aragón unos atributos musicales como los de estos tipos raros de Hashima. Para presentarse al mundo y ante las féminas, van dando la tabarra con la muestra, titulad como lo que hay en la sesera de cualquier político: ‘Nada’. La voz de Bernadaus en esta canción es un muro de piedra contra el que choca el ritmo de la batería, consiguiendo una pieza bailable.

No hay una sola canción que sobre ni ningún componente que no destaque aportando su parte. El bajo de Albalá es un importante eslabón que unido al contencioso ritmo del motor de la máquina, dirigido por Salanova, mantienen la línea rítmica que recorre de manera salvaje el cuarteto de canciones, como en el caso del bajo en ‘Euforia’. Por su lado, ‘La opinión del hombre rana’ se encarga de abrir “Nadie sabe que estoy aquí” otorgando unos guitarrazos mordidos por la mano y la seis cuerdas de Pablo Peralta que se abren camino entre los coros limpios y el grito del vocalista cuando alcanza el estribillo:

«Esperando un corazón, yo te digo lo que pienso como una puesta de sol…»

Y aunque no lo parezca, esta panda de desalmados tiene su lado tierno. Para ello se curten en la experiencia con el cierre al trabajo dentro de ‘En la sombra absoluta’. Ritmo pausado y conjunto vocal que va de menos a más con un solo de guitarra (de esos de mechero al cielo) hasta que la música toca a su fin, volviendo a querer quemar desde el principio esta primera entrega de Hashima, la actual posada de unos aventajados y labrados músicos.

“Los que me conocen saben que soy hipercrítico conmigo mismo”.

El grupo con nombre de salsa picante japonesa daba paso a una nueva formación con nombre de isla nipona. “Para el nombre no queríamos ninguna mierda japonesa que nos asociara con lo anterior, así que pensamos nombres como Autopista Sangrienta, Seat Córdoba, Marina D’Or, Volador… gilipolleces, pero es que todos los grupos que terminan en –or, triunfan”. Adelantaba Luis. Por su cuenta, Peralta añadía: “Yo, de hecho, propuse un nombre que cumplía las tres reglas: tienes que saber cómo se escribe en el momento que lo escuchas. Tienes que acordarte del nombre por muy borracho que fueras. Y que nadie te diga ‘¿qué?’ cuando lo escuche”. ¿Y cómo llegaron a dar con el nombre? Fácilmente. Durante una noche de esparcimiento, Bernadaus, navegando por Internet, dio con la historia de la isla Hashima. El pequeño espacio de tierra de 148 metros de largo por 150 metros de largo fue una especie de isla-factoría que la marca Mitsubishi compró en 1890 para explotarla hasta 1974. Teniendo poco más de un 1km², Hashima registró en 1959 una de las mayores densidades de población al alcanzar la cifra de 139.000 personas / km² en su zona residencial y 83.500 personas / km² para toda su superficie. Se abandonó a su suerte y desde entonces ha permanecido en silencio siendo deteriorada por la naturaleza.

Empolladas de Wikipedia aparte, el nombre de una banda de Rock como la que protagoniza el presente texto tenía que llamarse así, aunque ya existía en Valencia una banda con ese mismo nombre pese a “que era una puta mierda de grupo”, tal y como explica Luis. Después de esa piedrecita que obstaculizaba el camino de Hashima, todo estaba a punto de comenzar. El líder se siente bien y seguro de lo que hace, pero aunque su punto crítico siga siendo bandera en su personalidad, expresa con benevolencia su sentimiento sobre la actualidad a últimos de Septiembre del 2012 en una charla de madrugada (vía Facebook) entre Madrid y Zaragoza. “Los que me conocen saben que soy hipercrítico conmigo mismo, y por extensión, con cualquier cosa en la que participe. Creo que hasta el crítico más duro es benevolente comparado con lo coñazo que soy en relación a todos los proyectos que he estado”. Sin pelos en la lengua, franco y sincero, no cesa en su tormentosa dialéctica. “Y sigo igual. Por eso, si yo creo que este grupo es bueno es porque lo es. Estoy súper orgulloso de formar parte de él”. Pero el sentido común le da un toquecito en el hombro. “Y ojo, acabamos de empezar. Está todo en pañales”.

“Está todo en pañales”.

Lo que empezó como una conversación sin más, acabó en algo más sincero y profundo de lo que se esperaba. Al preguntar por el futuro del conjunto –todavía algo inestable-, salta en la pantalla el nombre de Pablo Peralta. ¿Qué sucedió con él? Aunque pueda sonar dramático, Bernadaus no se muestra pesimista, sino todo lo contrario. Aventura que el sonido es distinto al de hace un año y que se siente con más ganas todavía. “El trabajo anterior de este último año ha estado muy bien hecho, creo que ha sido algo con mucha calidad, muy cuidado, pero se ha cerrado una etapa. Es curioso, hemos cerrado una etapa en un grupo con un año de vida. Suena ridículo, pero es así”.

Una vez preparado el terreno, otro nombre asalta el camino: Jorge García. “Esto ha sido un cambio fundamental. La suerte ha hecho que entrara Jorge García, un joven y excelente músico que le ha dado la vuelta a todo como un calcetín. Ha sido tan brutal, que todo lo que habíamos hecho hasta hace poco más de 4 meses ya casi no sirve”. Eso tenía fácil solución, pues el 10 de Octubre del 2012 iban a dar su primer concierto. Sí, casi pasado el año de su fundación, Hashima pisaba por primera vez un escenario. Un nuevo viaje a las tierras del Moncayo iba a tratar de narrar el show. El día siguiente del concierto era una fiesta. Luis, Dani y David (Jorge se encontraba fuera de la ciudad) ardían en deseos de hacer más en el futuro. “La juventud va por dentro. Congeniamos muy bien. Nos lo pasamos todos de vicio en los ensayos, y ahora que vamos a empezar a tocar a destajo, hay que plantearse grabar de nuevo”. ¿Un EP o un LP? No se sabe, pero desde luego habrá que lanzar la piedra contra el cristal de la parsimonia cotidiana cuando Hashima anden demoliendo rascacielos.

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