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El Cigala: En el reino de los tiempos.

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“A día de hoy, tal y como está el planeta, tenemos que creer en Dios”.

La pureza, esa base que nunca se debe despreciar, se agarra de la mano del sentir más profundo para entender los argumentos inexplicables que otorga la experiencia. Diego Ramón Jiménez Salazar (Madrid, 1968), conocido como “El Cigala”, abre las puertas de su casa y de su corazón para confesarse, una vez más, acerca de lo que significa para él el Flamenco y su repercusión, desde Nueva York hasta Madrid, donde actuará el próximo 31 de Octubre en el Auditorio Nacional. Ya lo decía Federico García Lorca: “¡Oh, ciudad de los gitanos! ¿Quién te vio y no te recuerda? Ciudad de dolor y almizcle, con las torres de canela”. Así es… y así será.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTO: JUAN PÉREZ-FAJARDO.

Publicada en Cambio 16

“Porque me siento un pedazo de América en cada país a donde llego”, dices cuando presentas tu gira “Sintiendo América”. ¿Te consideras de todo el mundo?
La verdad es que sí. Ir a Latinoamérica es sentirte parte de cada país al que vas. La gente te trata con mucho cariño; siguen tu música y siguen tus pasos. Luego está que yo me acoplo muy bien a Latinoamérica porque es el tipo de tierra en el que yo me siento como pez en el agua tanto en Venezuela, Colombia…

Es que la tierra llama…
Llama, desde luego. Además tienes Cuba, que es una tierra con mucho sentimiento.

Lo mejor para recordar a Bebo Valdés, ¿verdad?
Yo creo que eso fue… juntarse con músicas que no se habían juntado nunca. Músicas de verdad, sin trampa ni cartón. Bebo me decía: ‘tú canta como ese gitano que eres que yo tocaré el piano como ese cubano que soy’ (risas). Esa fue la primera respuesta que me dio.

Y eso te marcó ya para los restos, imagino.
[Silencio y suspira] Yo nunca había cantado con un piano, jamás, pero sucedió eso. También lo hicimos por amor a la música porque no había disquera que se interesara por el disco. Decían que “Lágrimas negras” era una españolada más y que no iba a funcionar (sonríe). Se tuvo que hacer disco de platino a las cien mil copias para que las discográficas empezaran a untar y a ver el color para que se dieran cuenta de lo que había en ese disco que al final pasó el millón de copias. Por entonces, en ese tiempo, ya estaba empezando la piratería, pero según dicen, “Lágrimas negras” fue el disco menos pirateado de la historia. Fíjate, todo el mundo quería tener el disco original. Ha pasado una década… Es que es una cosa increíble. Mira, el otro día en el Palau estaba haciendo un concierto de Flamenco y canté ‘Corazón loco’, ‘La bien pagá’… y cambió el Palau, se vino abajo. En Latinoamérica hago “Cigala & Tango”, que está muy bien, pero si no canto ‘Lágrimas negras’ o no hago dos o tres temas de “Lágrimas negras”, no corono.

O sea, es cita obligada cantar esa serie de canciones.
Totalmente. Después de diez años, si llego a Latinoamérica y no canto ‘Lágrimas negras’, ahí no ha pasado nada.

¿Aunque hagas el mejor concierto de tu vida?
Aunque hagas el mejor concierto de tu vida. Tú fíjate hasta qué punto llega. Todo el mundo que nos recibe cuando llegamos a Miami en esas recepciones (ministros, embajadores…), dejan lo que estén haciendo para ir al concierto. Después ves como mil o mil quinientas personas cantan contigo ‘Lágrimas negras’ o ‘La bien pagá’. Eso está muy bonito, pero si no cantas esas canciones, la crítica te lo señala al día siguiente. O sea, nosotros ya no nos lo podemos permitir porque después de diez años sí es verdad que podríamos estar aburridos, pero yo jamás me aburro de “Lágrimas negras” porque lo hacemos diferente cada vez. Siempre está la improvisación, así que jugamos con eso para no aburrirnos. Pero la verdad es que ha habido un antes y un después.

¿Te afectan las críticas?
Qué va, para nada. Me dan igual. Hombre, eso sí, prefiero una buena crítica, siempre, a que se hable por una mala. Aunque en mi caso nunca he tenido una mala crítica. Eso es cierto. Siempre he sido muy respetuoso con la prensa y en el escenario doy el máximo. Para bien o para mal, ese respeto siempre está ahí. De todas formas, el que te hace la crítica es el público mientras que el periodista se dedica a transcribir lo que ha sentido el público en ese concierto y su respuesta. Nada más. Entonces, en todos estos países en los que hemos estado, las críticas han sido increíbles. En Salta, Chaco… el interior de Argentina, te encuentras los teatros llenos y es algo increíble.

¡Hasta dónde llega tu música!
¡Claro! Pero si nosotros nunca habíamos estado ahí. ¿Cómo nos iban a conocer en Chaco? ¡Hasta los guaraníes! O en Chile, tío, que está muy pegado a esa zona. Pero al final, te vas aficionando a esos sitios y, a la vez, afianzando de que en estos sitios hay que salir a cantar al 100%, haga lo que haga. Como te decía; el otro día fuimos al Palau y reventó porque tenía muchas ganas de cantar Flamenco, como vamos a hacer en Madrid en el Auditorio Nacional. Date cuenta que yo vengo de una gira con otro chip. He tenido que quitarme un disco y ponerme otro de Flamenco en tres días para montar otro espectáculo con Diego “del Morao” con un cajón y tres palmas.

Me pregunto si además del “cambio de disco” hay que ponerle un cambio de sentimiento porque para cantar algo, lógicamente, tienes que sentirlo.
Es que cantar Flamenco es algo mucho más agresivo con un desgaste físico y mental. Me tiré dos horas cantando y cuando acabé me dolían los costados. Parecía que había hecho cuatro conciertos de “Cigala & Tango” y de “Lágrimas negras”. ¿¿Cómo puede ser eso?? Terminé reventado, para coger e irme al hotel. No es como el Bolero, que es muy sentido y muy bonito, pero está en otro tono menor. En cambio, en el Flamenco están las cejillas muy altas, las Bulerías, Soleá, Taranto, Alegría, Fandango, Malagueña… y claro, el público fue para ver a El Cigala cantar Flamenco, no a escuchar “Cigala & Tango”, ni Boleros ni tal. Hicimos ‘Nostalgia’ por Bulerías y la respuesta fue impresionante. Con ‘Soledad’ y ‘La bien pagá’ igual. Esos fueron los tres temas con los que tembló todo porque el público vino a escuchar Flamenco.

Tiene que darte un vuelco al corazón.
Sobre todo porque no lo puedes perder. No empecemos a hacer gilipolleces, hablando en plata, porque yo soy cantaor de Flamenco y a mí lo que me gustan son estas incursiones que hago, pero no dejo de ser Flamenco. Siempre que puedo lo canalizo desde la perspectiva del Flamenco que soy.

Flamenco por la Gracia de Dios…
Efectivamente. Me encanta cantar por Bulerías, con Diego “del Morao”… Me encanta. El día 3 estaremos en el Town Hall de Nueva York presentando el mismo espectáculo que acá en Madrid. Diego “del Morao”, tres palmas y un cajón. Por otro lado, el año pasado también estuvimos en el Town Hall presentando “Cigala & Tango” y todo ese rollo, pero llegaron los de World Music Institute y me dijeron que al año siguiente yo tenía que estar cantando Flamenco. Flipé. Y mira, para el que haremos ahora ya está todo vendido. ¡Y en el Town Hall de Nueva York! Se han vendido antes las entradas que con “Cigala & Tango”, según me dijeron de World Music Institute. No sabes la afición de Flamenco que hay en Nueva York porque lo que pasa ahí, no pasa en ningún lado. Es la ciudad por antonomasia en donde más conciertos ocurren de todo el planeta. Allí pasa de todo durante todo el año. Esa ciudad no duerme. El mundo entero y todas las etnias están en Nueva York. Y sí es verdad que cosechar éxitos en Nueva York es muy difícil, por eso valoro tanto que mi espectáculo estuviera entre lo mejor del año pasado en el New York Times. Por eso volvemos este año. Además, “Cigala & Tango” tiene tres nominaciones para los Grammy americanos, así que imagínate lo que es conseguir un Grammy americano. Pero hay una colonia flamenca en Nueva York de guitarristas, bailaores, academias… ¡Es increíble! Y todos llegan al camerino, te saca la guitarra un tipo americano de dos metros, otros te cuentan que están en tal tablao… Joder, tío, es que es alucinante. Aunque a los americanos les guste mucho el Flamenco, también va mucho latino que va a ver a El Cigala cantar Flamenco y no “Lágrimas negras”, que es muy diferente.

No hay color. Es otra manera de sentir.
El otro día estaba actuando en Chile y alguien del público me dijo: “¡canta una Bujería, Diego!”. Le dije que se había equivocado de concierto (risas). El tío flipó. Pero al margen de eso, recuerda que eso fue en Chile y que allí me estaban pidiendo una Bujería, que es a lo que voy. En todos los lados, como en Chile, hay clases y academias porque el Flamenco se ha expandido. Está muy esparcido. Y bueno, si te cuento que en Australia también hay academias de Flamenco, ni te lo crees. Estamos hablando del fin del mundo, que son 36 horas de avión lo que se tarda en llegar hasta allí, como en Nueva Zelanda.

Y si conocen el Flamenco, por lógica te conocerán a ti.
Sí. ¿Cómo puede gustar el Flamenco allí, tío? Gustan más mis discos de Flamenco como “Picasso en mis ojos” que “Lágrimas negras”. Y Estados Unidos tiene eso también. En Europa gusta el Flamenco, por supuesto, en París o en Alemania, pero no me podía imaginar que en Estados Unidos sintieran el Flamenco de esta manera porque ir al Town Hall no es fácil.

De hecho, el Flamenco es una música de raíz. Pero lo curioso es que es algo muy nómada también.
Y es algo minoritario. Como decía mi padre, que en paz descanse: “el Flamenco es para cuarto de cabales”. Lo que pasa es que desde cuarto de cabales, el Flamenco ya es algo universal. Por ejemplo; tú llegas a Latinoamérica y no coronas con un concierto de Flamenco porque no lo entienden, no están preparados. Aquello es Rumba, Bolero… pero metes una Soleá y no. Eso en Latinoamérica. En Estados Unidos sí les gusta porque ha llegado Agujeras, El Chocolate… todos estos grandes, a cantar a Nueva York. Pero volvemos a lo mismo porque por Latinoamérica haces una gira de Flamenco y lo mismo puedes tener más éxito. Lo mismo pasaba antes con el baile, que es por eso por lo que ha salido mucha danza. Pero ahora ha cambiado el concepto totalmente.

Eso mismo me lo comentó Eddie Palmieri en una entrevista. Dijo que lo que ahora tenemos, respecto a la música, es una gran tragedia.
Estoy totalmente de acuerdo en Eddie Palmieri. Es una hecatombe. Hace unos años había música de verdad, pero ahora la gente opta por esa música fácil que ya no sabemos ni a dónde vamos con ella. ¡En Cuba se escucha Reggaetón! ¡¿Cómo puede ser eso?! A la juventud, quitando unos cuantos, les hablas de Benny Moré, Rolando Laserie, Chano Pozo, Mario Bauza… y no saben quiénes son. ¡Pero si son los genios de Cuba! Allí te hablan de Reggaetón y van con las cadenas, hacen gestos y hacen unas cosas que… eso no es cantar. Si eso es música, que venga Dios y lo vea. No puede ser que un tío cobre cien mil pavos por pinchar unos discos sobre una plancha. ¡Eso no es música, señores! Eso lo hago con mi hijo aquí en casa con un tocadiscos para que él disfrute, pero eso no es música. Encima cobran cifras astronómicas que no las cobran ni los grandes. Eso quiere decir que hay algo que está fallando. También es verdad que hay melómanos, y esos no pueden faltar… porque si no, yo no estaría aquí.

Pero cada vez hay menos, desafortunadamente.
¿Y qué es lo que pasa? Pues que muchas veces, la música esta (por decirlo de alguna manera) que es cocinada rápidamente, al final no tiene sabores. Si tú cocinas despacio, la comida tendrá sabores, ¿no? Que es lo que no se puede perder. Por lo tanto, el señor Eddie Palmieri no iba mal encaminado.

Entonces, y en la música, ¿dependeríamos más de nuestros actos o de nuestra fe?
Yo creo que más de nuestra fe que de nuestros actos.

Por lo tanto, ¿habría que creer en Dios para cantar?
Por supuesto. Y a día de hoy, tal y como está el planeta, tenemos que creer en Dios. Sabemos que hay algo en el reino de los cielos. Mira, se cometen muchas injusticias, muchas guerras… Fíjate cómo está el asunto, todo está a punto de explotar. Tsunamis, terremotos…

…guerras.
Y guerras, que no para de haber guerra. Guerras de hambre, enfermedades como el cáncer… Es aberrante. Si no nos agarramos a la música, ¿a qué nos agarramos? Además de la familia y de los seres más queridos, lo que me hace más feliz es la música. Y creo que una buena dosis de música amansa a las fieras y te deja tranquilo como una balsa de aceite. La música llena el corazón. Y pienso que en los momentos más oscuros y de tremenda confusión que estamos viviendo en España con esta crisis de seis millones de parados, es cuando más necesitamos la música. Si el otro día estaba lleno el Palau, es porque eso lo necesita el alma. Pero es verdad que también dependeríamos de nuestros actos porque la gente se tiene que prestar a eso y ser más flexible en estos tiempos. Si no puedo cantar a este precio, pues bajo y me pongo asequible. O ayudar a gente que lo necesita. Me gusta hacerlo porque conmigo no lo hicieron, ¿sabes? Eso es así y por eso lo he aprendido haciendo, por ejemplo, un sello discográfico para editar a gente como Diego “del Morao”, que ha hecho el disco de guitarras más bonito que hay, o para sacar el disco Jerry González titulado “Avísale a mi contrario que aquí estoy yo”. Quiero ayudar a gente que no puede ir a una discográfica porque el disco se lo meten en un cajón porque no venden.

Pero no venden según las disqueras.
Claro, según ellos. Pero además nos arriesgamos a sacarlo en vinilo. ¿Quién saca hoy vinilos en tiempos de crisis? Decían que estaba loco por hacer un sello discográfico con la que está cayendo. Pero es que es por eso mismo, por la que está cayendo, por lo que monto un sello discográfico.

Alguien tiene que hacerlo, sin duda.
Eso es. Al final, todo eso, me ha dado una recompensa. Los discos están ahí y se siguen vendiendo. Me siento muy feliz de hacer todo eso porque mi primer disco [“Undebel”] estuvo en un cajón durante dos años. Desde aquello me hice una promesa a mí mismo: “el día que yo llegue, esto no va a volver a pasar”. Toda la gente que venga con buen rollo, con buena música y con buenas artes, sean de donde sean, a mi estudio. La música es lo que conmueve el corazón.

Y es el idioma universal.
He conocido en Perú a Eva Ayllon y los sonidos peruanos son muy parecidos a los del Flamenco. He conocido allí a una pila de músicos con los que quiero trabajar. Esa es la oportunidad que nos da también esta profesión. Conocer a Eva Ayllon, a Adriana Varela, Diego Torres, Óscar D’León, Rubén Blades… son como sueños hechos realidad porque yo me he criado escuchando la música de Rubén Blades y Óscar D’León, así que estar con ellos ahí es una pasada.

Dijiste en una ocasión que para dominar todos los palos del Flamenco había que dominar las Bulerías. ¿Para dominar la música hay que dominar también el hambre?
Sí, total. Si no has pasado bocata, ¿cómo vas a cantar? Piénsalo. Esa gente que está todo el día tumbada en el sofá, haciendo zapping, con la barriga hinchada, teniendo de todo… ¿cómo cojones van a cantar? Tendrán que tener unos principios por haber pasado fatigas, ¿no? Yo he pasado muchas fatigas hasta llegar aquí. Muchísimas. Y es por eso por lo que canto. He cantado estando en una nave industrial con un flemón hasta llegar acá. Me he comido de todo: viajes, trenes de Madrid a París, compañías de baile… de todo, hasta que dije “basta” porque ya era hora de que me ocupara de mí.

La droga también hizo daño. Gracias a tu mujer y a tus hijos, saliste…
…de aquellos mundos oscuros. Han pasado ya 12 años y son muchos años en el que uno dejó de hacer tonterías. Le doy muchas gracias Dios. Pero también ha tenido que pasar para poder dar testimonio de la verdad y para decir “no hagáis eso, niño”. Ya no dejo que pasen por aquí esas malas energías que me comí yo con 25 años. Pensaba que me iba a comer el mundo.

Porque es el mundo el que te come a ti.
Y luego tú no te comes nada. Te vuelves un ser de la nada que no sabe a dónde va a ir a parar. Pero eso fue como un mal sueño al que luego le di la vuelta para poder hacerme número uno en el Flamenco. Lo deseaba, pero todas esas oscuras me frenaban, así que en el momento en el que decidí salir, mi objetivo era ser el número uno. Le doy muchas gracias a Dios, pero también he tenido su ayuda. Es lo que te estaba diciendo; hay un Dios muy grande que todo lo ve, todo lo puede…

…y que todo lo juzga.
Claro. Conforme tú juzgues, serás juzgado. Por eso, a día de hoy, me gusta hacer el bien y no mirar a quién. Estoy en ese punto de retorno.

¡Pero todavía te queda!
Mucho, mucho… Pero mi vida es esta: mi casa, mis hijos, mi familia, mi música, una buena Play Station para echar unas partidas al FIFA, un billar, un cine… Cosas normales de la vida, como una borrachera con tus amigos en casa cantando. Eso es algo divino que no podemos perder porque si no seríamos como esculturas que ni sienten ni padecen. Pero fíjate, eso viajando es imposible porque puedes llegar a coger en 40 días 26 aviones, como me ha pasado esta vez.

¡Qué locura!
Terminaba de cantar y el plan era: teatro-aeropuerto-teatro-hotel-teatro-cenar-hotel-dormir-aeropuerto-teatro… y así durante 40 días. No veía nada salvo el hotel y el aeropuerto. ¡Me conozco todos los aeropuertos! Soy un experto en aeropuertos (carcajada). Pero claro, le doy muchas gracias a Dios por eso para que no me falte.

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