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Ángel Martín: Sucesos de un cómico.

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“Los cómicos deberían alejarse de la tele y apostar por otras cosas”.

El gran público conoció a Ángel Martín (Barcelona, 1977) mediante la televisión, exactamente por haber sido un rostro destacable de “Sé lo que hicisteis” durante varios años. Pero antes de esa explosión mediática, el protagonista de esta entrevista (abanderado de www.solocomedia.com) pasó por diferentes etapas, como la de servir copas o tocar en un centro de la tercera edad. Realmente, su objetivo era el de ser actor, por ello empezó a cursar los estudios de interpretación hasta que la comedia se le cruzó un día a regañadientes y de la mano de Ricardo Castella, compañero de profesión que ahora comparte con él cartel bajo la obra titulada “Nunca es tarde”. ¿Parte autobiográfica? ¿Parte de ficción? Bueno, tal vez la mejor manera sea la de ver el espectáculo para comprender un poco más a Ángel Martín lejos de la ‘caja tonta’.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: HÉCTOR HUGO VILA RODRÍGUEZ.

Publicada en Cambio 16

Recuerdo que en un monólogo dijiste lo siguiente: “En Estados Unidos empiezas actuando en bares y pubs, pero si eres muy bueno, acabas en una serie como ‘Friends’. Sin embargo, en España, por muy bueno que seas, terminarías en Noche de Fiesta entre Jaimito Borromeo y Marianico El Corto”. ¿Esto sería la caspa?
Y es verdad. Siendo cómico en España no tienes ninguna posibilidad de que te pase nada. Es muy terrible, pero los cómicos en España son mierdas. No sé si sería como la caspa, pero es gente con la que no se cuenta. Si vas viendo películas de comedia de aquí no verás a ningún cómico. Es muy raro ver alguno. No te encuentras a Don Mauro, por ejemplo. Joaquín [Reyes] ha hecho algo, pero es muy pequeño. Yo diría que el único que ha conseguido hacer algo ha sido Julián López; un par de pelis con la misma gente, como con Nacho G. Velilla en “Que se mueran los feos”. Pero el resto de cómicos de aquí que hacen “stand-up” no salen. En Estados Unidos puedes ver a Seth Rogen haciendo todas pelis porque allí todos los cómicos vienen del “stand-up”, tío. Otros ejemplos: Ben Stiller, Adam Sandler, Will Ferrell… Todos los que de pronto se ponen muy de moda, es peña que vienen de hacer “stand-up”.

De hecho, gente como David Letterman, mantienen todavía sus programas tras décadas y décadas.
O como Jimmy Fallon, que sigue con su propia historia. Y es muy raro que los cómicos de Estados Unidos no hayan hecho “stand-up”. Es un proceso: desde el “stand-up” pasan a series o pasan al cine. Pero aquí no pasa eso porque que no cuentan con los cómicos, cuentan con el tío que esté más de moda. O sea, es más fácil que llamen antes a Mario Casas, por ejemplo. Creo que el que está haciendo algo de comedia es Luis Fernández. De hecho, cuando rodábamos con él una pieza para SoloComedia, me dijo que le habían hecho un casting para una serie que es también de Velilla. Me parece fenómeno.

¿Será porque en España funciona mejor el personaje del paleto o las cassettes con chiste de Arévalo?
Sí, es que no hay cultura de comedia. Los monólogos que ves aquí te los ves en “El Club de la Comedia” o en Paramount Comedy, pero es muy difícil que alguien se vaya a comprar los monólogos de Don Mauro en DVD. Es que son formatos que van dirigidos a ciertos sectores. Piensas en Paramount Comedy y haces tu mierda para Paramount Comedy. Se lo vendes a ellos y ya está. Pero hay muy pocos cómicos aquí que tengan una autoproducción. También es algo como muy sectario.

¿Sectario?
Es que los cómicos no colaboran demasiado entre ellos. Hay como grupos de cómicos y es muy difícil coincidir.

¿Estamos hablando de círculos elitistas?
No, no sé. Sencillamente es difícil. Aquí estamos todavía con el chip de “hagamos monólogos y aprovechemos el tirón es esto”.

Y de los monólogos hace ya…
10 añitos, sí, pero es que en Estados Unidos hace igual 50 o 60 años. Aquí todavía hacemos material muy antiguo. Ves el material de los cómicos estadounidenses de hace 30 años y se nos come con patatas. Si te pones a ver a George Carlin o a Lenny Bruce, gente de los 70, te darás cuenta de que el material que hacen es muy potente. Pero salvo los ejemplos que te he puesto (porque han muerto), el resto sigue haciendo un material de puta madre. ¡Es que estamos en el 2012, joder! Me vengo abajo cuando veo “El Club de la Comedia” porque es un material súper blanco, súper aburrido que todavía sigue hablando de los pies fríos de la novia en la cama, por ejemplo. ¡Me cago en mi puta vida! ¿Todavía seguimos con lo de los pies fríos en el 2012? Intentan que el monólogo sea para el gran público, así que se intenta hacer una cosa que se pueda emitir a las nueve y media o diez de la noche y que le guste a chavales jóvenes y gente muy mayor. Y es que tampoco es el ejemplo ya que la gente que sale ahí no siempre son cómicos, pues un señor que están en una oficina le ha escrito un monólogo a alguien que no sabe ni quién es. Alguien le escribe un monólogo a Belén Rueda, pero si ella dice que no puede porque tiene un rodaje, ese mismo monólogo se lo van a dar a otro. Me parece que eso es impersonal y muy poco interesante.

¿Y no queda “algo”?
Bueno, Paramount Comedy sí que tiene algo porque tú te escribes tu mierda, aunque dentro de unos límites también. Pero lo de “El Club de la Comedia” es demoledor.

¿Entonces hay unos estándares que limitan la creatividad del cómico?
Desde luego lo que ves en televisión, sí. He visto material de muchos cómicos en directo y no es el mismo que se ve en la tele. Es la misma broma, pero la tienes que adaptar para que nadie se ofenda. Ahí deja de ser tu material. Estás adaptando una cosa que tú haces en un teatro o en una sala de una manera, pero cuando lo haces en la tele tiene que ser de otra forma. Es supervivencia. Se trata de pedir pasta por algo que quieras vender. Y eso es una mierda porque el cómico que ves en televisión no está haciendo realmente su material. Es una pena. O como cuando los cogen para hacer programas en la tele. Lo que están haciendo ahí no tiene nada que ver con lo que ellos hacen. Veo a Iñaki Urrutia o a Goyo Jiménez en “No le digas a mamá que trabajo en la tele”, de título impronunciable, y lo que hacen ahí no tiene nada que ver con lo que yo les he visto hacer. Me parece mucho más interesante el material que ellos hacen que lo que hacían en la tele, que no era más que ver llegar a una grúa tirando un montón de chocolate por la cabeza. ¿Tiene eso sentido? Es un rollo. La comedia en la televisión funciona de esa manera.

Tirar de la payasada fácil para que la entienda la abuela y el nieto.
Es entretener al niño de 8 años y a la abuela de 70, y ya está. Tú entras en ese juego aprovechando el tirón para ir luego al teatro o a tu sala para ver si viene más gente. Pero no sé hasta qué punto también es buena idea porque luego la gente que te va a ver es por lo que has hecho en la tele y luego se encuentran que eso que haces no tiene nada que ver. A mí me ha pasado que ha venido gente a verme y se han encontrado con algo duro. Bueno, mira, es que esa es la mierda que yo hago. Si esperaban ver lo que hacía en “Sé lo que hicisteis” tenemos un problema porque no tiene nada que ver… al menos en los últimos años, claro.

Pero también es verdad que mucha gente te empezó a conocer a raíz de “Sé lo que hicisteis”, aunque habías trabajado anteriormente en Paramount Comedy, en el teatro y en “La noche con Fuentes y Cía.”.
Pero “Sé lo que hicisteis” es lo que es y lo que me dio a conocer, pero “La noche con Fuentes y Cía.” era una cosa que veían drogadictos, prostitutas… la gente que salía a la una y media de trabajar, yo creo. Y mis padres, a lo mejor. Y no todas las noches.

“Yo quería ser actor de verdad y no esta mierda que somos ahora”.

Por lo tanto, la gente que va al teatro esperando una cosa, se encuentran otra.
Es que el tono es otra cosa distinta. Ya hace un año y pico que nos largamos de ahí, así que la cosa cambia. Pero al principio mucha gente venía a ver “al tío de la tele” y se la pelaba lo que hicieras. Otros esperaban que hiciera un monólogo sobre Belén Esteban, y eso al final te la pela muchísimo. Pasa lo mismo con SoloComedia. La gente que entre por ver “Sé lo que hicisteis” se puede encontrar con una cosa que no tiene nada que ver. Te puede gustar más o te puede gustar menos, pero no tiene nada que ver con lo que han visto hasta ahora. Al final, la tele tiene una cosa buena que es que te haces conocido, pero tiene una parte mala que es que la gente se va a quedar esa imagen. Entonces tienes que encargarte de salir de ahí, que es una guerra bonita y dura pero larga y un coñazo. Es que fueron 5 años haciendo ruido en ese programa…

Que terminó quemándose, creo yo, porque empezó como algo semanal y luego derivó en algo diario.
Hostia, es que eso es la tele. Empiezas con una cosa semanal que luego te lo convierten en diario para acabar haciendo una cosa de media hora que pasa a ser algo de dos horas y pico… y llega un momento en el que no tiene sentido. Pero la tele es eso: exprime el momento, y si estás de moda, estíralo todo lo que puedas. Aunque a los de los despachos les da igual que tu imagen se queme. Ellos estiran y fuera.

Cierto actor me dijo en una ocasión que la tele es un animal que devora personajes: llega, los consume, los explota, los exprime y después los escupe.
Sí. Si eres directivo, aprovechas eso. Eso es porque luego aparecerá otro cómico que te va a dar lo mismo que te daba el tipo que tenías antes, aparecerá otra chica que era igual de guapa que la que tenías… Aprovechan tu momento y luego, a tomar por el culo. Pero también es porque tú entras a jugar con esas reglas y porque las has aceptado.

Dejando de lado el tema de la televisión; ¿la forma irónica de hacer humor (ciertamente ligada al “humor inteligente”) puede resultar más ofensiva?
Todo eso del “humor inteligente” me toca la polla, no te voy a engañar. Es muy fácil colocarte en ese rollo si no lo has entendido o porque no estás a la altura. Y no es así. Haces un humor que te gusta a ti. Fin. Si le gusta a más gente, pues de puta madre, pero si le gusta a menos gente, pues le gustará a menos gente. No creo que haya humor inteligente. ¿Por qué lo que te gusta a ti o a mí es más inteligente que lo que hace Arévalo o cualquier otra persona? Puede ser igual de divertido llegando a otra gente con otros perfiles. Entonces, haces un humor que encaja con un perfil de gente, que es la que te mola, y no haces otro humor que te encaje con otro perfil de gente. A mí no me interesa el humor de los chistes, pero no es menos guay que el humor que hagamos nosotros. Simplemente no te interesa. Y la ironía es lo mismo. ¿Es más interesante que el otro humor? No. A ti y a mí nos parece más interesante porque estamos en esa línea y no en la del tartazo ni la de la caída, pero no es más interesante ni es mejor. Ya te digo; lo de “humor inteligente” me parece una excusa barata. ¿Te entiende menos gente de la que te gustaría? Pues te jodes. Decide si quieres ampliar tu abanico o te quedas en ese rollo, pero no creo que haya humor inteligente.

¿Tendría esto relación con los círculos y el elitismo?
Tiene que ver con lo que te hace reír a ti. Punto. No es ni mejor ni peor, es la cosa con la que conectas tú con tu público. Puede que te encuentres haciendo una cosa que le guste a menos gente. Vale, es tu línea, pero no es mejor ni peor. ¿Lo que hace José Mota es mejor o peor que lo que hace Joaquín Reyes o Ernesto Sevilla? No tiene nada que ver. Y ya está. Cada uno tiene su público, y si con eso sobrevives… pues de puta madre. El problema viene cuando lo que haces sólo te gusta a ti, entonces sí que tienes un problema porque no vas a poder sobrevivir con eso. Puedes pagarte a ti mismo, pero es muy raro y desconcertante.

¿Te has encontrado con ese problema de pagarte a ti mismo?
No. Nosotros somos una generación que ha tenido mucha suerte porque nos hemos encontrado con algo llamado Internet, y eso es oro porque de pronto hay mucha gente que conecta contigo porque ha visto mucha más comedia. Nuestros padres, claramente, no tenían acceso a otro tipo de humor. Para ellos, ver a los Monty Python era una cosa como muy rara porque no había nadie aquí que hiciera lo mismo de Monty Python. Creo que al final el humor al que tenían acceso nuestros padres era Martes y 13, Gila, Rubianes, Tip y Coll, Arévalo… pero el acceso era distinto. En cambio, nos encontramos ahora con gente que te habla de cómicos que no conoces pero que al mirar en Internet descubres que lo que tú haces se parece a lo que hace ese tío. Y eso es una suerte porque el abanico de gente con el que puedes conectar se abre debido a que hay mucha gente viendo un contenido que es muy salvaje. Claro, ahora no te limitas a dos cadenas de televisión.

De hecho, SoloComedia viene por Funnyordie.com.
Correcto. Funnyordie la fundan tres cómicos (Will Ferrell, Adam McKay y Judd Apatow) que tienen cosas que nos parecían muy interesantes, sobre todo la parte de ver a gente que no suele hacer comedia y que de pronto te los encuentras haciendo el subnormal, como Sean Penn haciendo bromas sobre él. Eso nos parecía oro, pero creo que en España falta todavía sentido del humor eso. Si llamas a un actor para que haga algo así puede decirte que si hace eso la gente pensará que es tonto. Y no, la gente va a creer que tú te estás riendo de ti mismo. Pero es que estamos hablando de otra cosa porque la comedia en Estados Unidos es otro universo. Aquí cuesta mucho todavía que la gente se ría de ellos mismos. Pero vamos poco a poco. Creo que es divertido –también para la gente- aprender a reírte de uno mismo. Mira, María Valverde es un ejemplo muy claro de tía que, haciendo una serie de cosas que son muy dramáticas, quiso hacer algo con nosotros. Recuerdo que sus palabras fueron: ‘Vale, pero quiero hacer de algo en lo que sea una hija de puta’. Pero claro, lo dice porque sabe que a lo mejor en cine no le proponen papeles de hija de puta porque el perfil que tiene es el de ir llorando por las esquinas. Es una tía que viene y que no se plantea lo que dirá la gente después. Viene y se burla de que hace papeles de llorar por las esquinas. Todo esto está pasando con las generaciones más jóvenes mientras que a las más mayores les cuesta un poco más porque creen que Internet es un medio en el que no saben quién va a ver lo que hacen. Pero ya te digo, poco a poco. Es abrir una puerta. La idea inicial de cómicos haciendo cosas exclusivas para Internet con gente que no ves nunca haciendo comedia me parecía que era lo más guay.

Es la parte más “profesional” del humor, digámoslo así, ¿no?
Sí, o por lo menos la parte que nos parecía más interesante. Es la profesional, pero la que nos parecía más guay. Cada vez que alguien nos dice que se apunta a hacer el idiota, nos da un subidón. Que gente como Alberto Granados, Marta Torné, Juanma Iturriaga, Luis Fernandez o Maxi Iglesias (chavales que están de moda) se apunten para jugar o para hacer el subnormal, es muy divertido.

Te iba a decir que en “El Hormiguero” hacen cosas parecidas con los invitados, pero diría que es el lado más infantil.
Sí, hombre, si Pablo Motos no se pone delante del invitado para que puedas verlo, estaría bien. Es bastante divertido cuando ves a gente haciendo… cosas. Lo que pasa es que “El Hormiguero” tiene otro rollo. Han hecho una cosa que está muy de puta madre porque cualquier estrella va “El Hormiguero”. Todos los que vienen pasan por ahí porque también es verdad que no hay otro programa a donde ir. Pienso que abusan demasiado de eso y juegan poco con el invitado. Me parece que es desaprovecharlo. Vale, cuando viene Will Smith es la polla, pero porque Will Smith es la polla. El tío es un showman que llega allí y revoluciona todo, pero en el momento en el que te llega alguien como Jesse Eisenberg, pasa lo que sucedió con toda aquella polémica: que el tipo no entendía nada. Es muy raro que, teniendo gente internacional que se prepara cada puta entrevista, se los traigan para echar Mentos en la Coca-Cola. O si va Justin Timberlake, lo asoman por la ventana para que la gente grite. Vale, ya sabemos que eres la polla. Ya has cogido tu rabo y me has abofeteado con él, pero ahora haz algo que valga la pena, ¿no? Por eso digo que desaprovechan al invitado pero abusan de tener invitados internacionales.

Si están ahí es porque tendrán un público que lo vea…
No, no, claro. Ese programa es impecable. Está muy bien pensado porque es para toda la familia. Y no hay ningún otro programa que sea igual de perfecto que ese. A mí no me interesa, pero es perfecto porque han hecho lo que querían hacer porque… ¿cuánto dinero hay ahí, coño? Joder, hacen unas cosas acojonantes. Pero mi sensación es que está desaprovechado. ¿Por qué están sentados en una mesa contando con tanto dinero? Cada vez que lo pongo, veo a gente sentada en una mesa hablando con unas hormigas. De vez en cuando se ponen delante de la mesa y alguien saca un carrito con un experimento. Que puede ser la polla, sí, pero por ejemplo; está Charlize Theron ahí y terminas preguntándote por qué es lo mismo que cuando está Ana Obregón. Hacen lo mismo. Da mucha pena porque no es lo mismo y porque se puede jugar mucho más. Me da la sensación de que hay una fama, una pasta y un mérito que es muy evidente, pero que no…

Tal vez es hora de hacer un “Cómicos por el mundo” o “¿Quién quiere casarse con mi hijo cómico?”.
Es que los cómicos deberían alejarse de la tele. Mucho. Deberían irse muy lejos porque no van a poder hacer su mierda… a menos que hagamos un canal que esté dirigido por un cómico y que esté controlado por cómicos. Es que al final los cómicos en la tele no tienen ni un puto sentido. No he visto un solo cómico que haya hecho en la tele lo mismo que hace en el teatro. Lo más parecido a libertad con cómicos es “Ilustres Ignorantes” porque yo he estado ahí y es verdad que Javier Coronas no tiene cabeza ninguna. Te sienta en la mesa y puedes decir lo que te salga. Y es verdad, puedes decir lo que te salga de la polla. No tienen ningún sentido, pero estás siendo tú y juegas con esas reglas. Y de programas… poco más. Igual la primera temporada de “Zombis” de Berto. Era una cosa que hizo para Internet, se lo compraron y lo colocó tal cual. Pero por lo demás… en Cuatro no verás cómicos haciendo lo que tienen que hacer, en La Sexta está Jordi Évole, hace su cosa pero no es cómico porque es un periodista con un gran sentido del humor. En TeleCinco, las veces que he visto cómicos ahí han sido en galas… y en La 1 está José Mota haciendo su programa. Y ya está. Es que es lo que te digo: los cómicos deberían alejarse de la tele y apostar por otras cosas. Pero esto te lo está diciendo un tío que estuvo 5 años en la tele, así que no tiene ningún puto sentido lo que estoy diciendo.

Pero para saber si te gusta hay que probarlo.
Sí, claro. Pero si llegas a un programa y te dicen que te vas a echar chocolate por la cabeza… creo que la pista te la han dado en la primera semana. [Ángel cambia el tono de voz] “¿Chocolate en la cabeza? ¡Claro! Me puedo quedar. A ver si en la semana siguiente hago algo parecido a lo mío… Pero me estoy tirando chocolate por la cabeza y es muy raro”. La tele no está hecha para los cómicos, al menos así lo creo. No tenemos nada que hacer en España, de momento.

Esperemos.
Sí, hombre. Esto tiene pinta de que va a ser muy diferente al año que viene. Va a cambiar de manera radical, sí. Tiene muchísima pinta (risas).

Y esto me lo está contando alguien que empezó queriendo ser actor y terminó como cómico gracias a que un día tuvo que hacer un monólogo, el famoso monólogo del fantasma.
¡Hostia! Yo estaba estudiando interpretación cuando Paramount estaba buscando cómicos en Barcelona. En realidad no quería ser cómico, quería ser actor. Actor de verdad y no esta mierda que somos ahora. Mi profesora me obligó a hacer una cosa de humor para Paramount Comedy, pero yo no sabía qué era exactamente un monólogo y “El Club de la Comedia” tampoco estaba muy en auge. No había visto nada, vaya, pero escribí una mini obra de teatro de 5 minutos. Montaba en el escenario una casa abandonada y yo iba con una sábana por la cabeza… una cosa muy bizarra que si lo viera ahora grabado me avergonzaría muchísimo de mí. Sería pura vergüenza. Entonces, nos llevaron al hotel para hacernos una especie de casting a cuatro tíos de la escuela de interpretación. Ellos habían entendido muy bien lo que era el monólogo, pero yo no. Además, como coordinador de “Nuevos cómicos” estaba Ricardo Castella. Cuando me dijeron que hiciera el monólogo, me quité el jersey (me lo puse en la cabeza porque no tenía sábana) y estuve 5 minutos haciendo mi mini obra de teatro sin saber qué coño estaba pasando detrás de ese jersey. No oía nada, no oía risas… nada. Pero tampoco me importaba que no hubiera risas porque yo era un actor y no tenía por qué llegar a la gente con el arco de mi personaje… y todas estas mierdas (risas). Al terminar, me quité el jersey y vi la cara de Ricardo de no haber entendido nada. Me dieron las gracias al irme y a la semana mi profesora me dijo que Ricardo había escrito y que aunque lo mío no tenía nada que ver con un monólogo, se podía convertir en uno. Que escribiera algo sin la sábana y que diera mi punto de vista sobre las psicofonías. Lo adapté, se lo pasé a Ricardo y nos trajeron a Madrid para actuar junto a tres personas más.

¿Dónde fue?
Actuamos en la sala Garibaldi. Había un tipo llamado Marc de Alberdi que tenía un material espectacular. Llorábamos de la risa con él. No sé que estará haciendo ahora por cierto, pero llorábamos de risa con él. Fue el primero en actuar para romper el hielo, y al salir, se hizo un silencio absoluto. Nadie, nadie se reía y todos nos vinimos abajo porque pensábamos que sí el era el bueno y nadie se reía, los demás íbamos a morir. Y efectivamente, salimos al escenario y fue la mayor mierda que hayamos hecho nunca. Nos dimos una hostia muy espectacular. Después de aquello, Ricardo nos dio unas notas, hicimos unas versiones y me dijo que fuese a Paramount a grabar un monólogo. Lo grabe, pero no lo compraron porque era malísimo. Ricardo insistió porque decía que era buenísimo ¡y me hizo venir a Madrid cuatro veces a grabar ese puto monólogo! En Paramount le decían que no me llamara más porque no era divertido (risas), pero se le puso en los huevos y me subió cuatro veces. Creo que el primer monólogo lo compraron por pena (risas).

Pero luego vinieron más monólogos.
Sí, luego le pasé cosas. Me vine muy arriba, le mandé otro monólogo…

Si la memoria no me falla… diría que estaba el de la mili, el del sexo, el del quién conoce a quién…
(Suspira) El del “¿Quién es quién?” fue un encargo que me hicieron un momento antes y me dijeron que improvisara. Era muy raro. Ese y el del chocolate Ram. ¡Terrible!

¡Hombre! Y también estaba ese en el que decías que dejabas la comedia.
Ese fue de los últimos monólogos que grabé en Paramount. Pero lo hice porque me planteé dejar la comedia. Era una cosa que no tenía ya ningún sentido. Recuerdo que estaba el de la mili, como has dicho, el de las psicofonías, el de los cuentos infantiles… y alguno más por ahí. He visto alguno más pero me ha dado muchísimo asco. Muy malo y muy lento todo (risas). Era infumable, tío. Todo ese material que hay mío en Youtube de los monólogos de Paramount me parecen horribles. Todo eso tiene como 12 años, pero es que uno va cambiando y lo que empiezas a escribir ya va en otro tono, otras líneas y otro ritmo. Comparado con lo que hacía antes y ahora, no tiene nada que ver. No sé muy bien por qué, pero creo que fue una apuesta personal de Ricardo. Ahora tenemos un musical juntos y viene a SoloComedia cuando le dejamos cantar.

¿Y qué crees que habría pasado si Ricardo no te hubiera sacado?
Pues que ahora estaría en un bar y sirviendo copas, como muchos otros que querían ser actores. Tuve la fase de servir copas antes de dedicarme a la interpretación, así que ya la he pasado. Pero si no, estaría tocando el piano en centros de la tercera edad, que era a lo que me dedicaba por aquel entonces. Estaría ahí, seguro, porque no creo que los Coen se plantearan la duda de cogerme a mí o a Javier Bardem (risas). Lo tendrían muy claro.

Bueno, si a Castella se le pone también en los cojones…
¡Ah, no, claro! Si a Ricardo se le pone, desde luego (risas). Los Coen le dirían que no, pero él insistiría y lo acabaría haciendo por pena, seguramente.

“Para conseguir que alguien se ría tienes que hacer que su vida deje de ser una mierda”.

“Nunca es tarde”, vuestra obra, tiene parte autobiográfica y parte que no. Pero quiero saber cómo se montó después de haber perdido el contacto durante mucho tiempo entre tú y Ricardo.
Nosotros perdimos el contacto cuando empecé en la tele. Estuvimos como cuatro años sin hablarnos. No de mal rollo, pero perdimos el contacto. Ricardo me escribía o me llamaba a veces y yo ni le devolvía las llamadas ni los mails. No por nada personal, sino que era de estas cosas que vas a contestar luego pero que vas dejando hasta que te das cuenta que ha pasado una semana… y luego ya no sabes cómo explicarte por el retraso (risas).

¡Y todo por no saber cómo explicarle la demora!
Es que se me generaba un mal rollo tremendo porque no sabía cómo responderle después. Estuvimos así cuatro años. Él empezó en un programa de Antena3 llamado “Tal cual lo contamos” haciendo una broma en la que se presentaba diciendo “hola, soy Ángel Martín”… sin decirme nada. Entonces pensé en hacer como una broma y al final terminamos hablando a través de la tele. ¡Era muy raro! O sea, no estábamos hablando pero uno llamaba al hermano del otro para que llamara también al programa… muy absurdo todo, tío. No hablábamos fuera de la tele, pero lo hacíamos por la tele.

¿Rollo Góngora y Quevedo?
¡Era muy bizarro! A él, además, no le dejaban hacerlo, así que lo hacía a escondidas. Hubo una temporada en la que dejaban de rotularlo como Ángel Martín y entonces él salía con un cartel con mi nombre, ¡pero no había avisado de que lo iba a hacer! Le pegaban muchas broncas por eso (risas). Una vez llamé a su hermano para que entrara a mi programa pero sin que dijera que era su hermano… Ya te digo, tío, ida de olla muy grande.

¿Y qué sucedió después?
Pues cuando se largó del programa, yo entré en directo por teléfono porque queríamos darle una sorpresa sin que él lo supiera. Y fue la mierda porque no le había contestado a ningún mail y tampoco le había devuelto ninguna llamada y estaba entrando en directo en su programa sin que él lo supiera (risas). Esa semana quedamos para cenar y fue muy “malrollero” porque lo hice muy mal ahí. Nos dijimos todo a la cara y confesé que la había jodido, así que lo único que podía hacer era pagar esa cena. No podía pedir más disculpas porque habían pasado tantos años que hacerlo iba a ser muy ridículo. A partir de ahí retomamos el contacto. Después le llamaron para hacer una suplencia de verano en “Sé lo que hicisteis” y tal. Pero yo tenía la cabeza ya muy caótica cuando iba a dejar el programa y tenía que hacer muchas entrevistas explicando por qué lo dejaba, así que Ricardo me sugirió que no diera entrevistas porque lo mejor era escribir un musical explicando por qué había dejado la tele. Me pareció una idea tan jodidamente absurda, descabellada y ridícula, que me resultaba impecable. Imagínate crear ese mal rollo cuando me preguntaban el por qué de mi salida de la tele y responderles que estaba haciendo un musical donde lo iba a contar. ¡Era jodidamente raro! (Risas).

Imagino que ahí empezaría el desarrollo creativo con mil ideas, ¿no?
Nos encerramos y empezamos a escribir la historia de un tío que deja su trabajo en la tele para dedicarse a la música. Y sí, se mezcla realidad y ficción.

Después de todo esto, y según la historia, vas a sacar un disco.
¡Claro! Es lo que vende. En el teatro y en la música es donde está el negocio. ¡Es nuestro gran plan para hacernos ricos! (Risas) No, en serio, no creo que saquemos un disco. Ya estamos bastante arruinados con el teatro como para ahora invertir en música.

Bueno, a Sabina y a Serrat les funcionó bien lo de “Dos pájaros de un tiro”.
Para ser dos chavales que están empezando y que a penas tienen seguidores, no les va nada mal. Ni siquiera necesitan tener Twitter ni nada. Son gente que, a lo mejor, pueden ir a una ciudad sin avisar que van, y llenan un estadio en plan “se nos ha olvidado hacer carteles”. Yo creo que en la música hay excepciones y no seríamos nosotros la revelación del 2013, no te voy a engañar (risas). Si vienes a ver nuestro espectáculo no sales hablando sobre lo bien que tocamos.

Bromas aparte, la idea de cómo se monta “Nunca es tarde” es ridícula pero a la par que rompedora.
Es que el espectáculo es muy raro también porque no es una obra de teatro. Es una serie de televisión musical hecha en teatro, entonces es muy extraño porque es una serie de televisión porque el ritmo que tiene, es ritmo de tele y no de teatro. Está pensado en escenas pero no hay localizaciones. Es interesante verlo porque el ritmo es distinto y no tiene que ver con nada. Es curioso pero raro de explicar.

¿Y qué tal la aceptación?
Pues llevamos un año y medio y hemos repetido ciudades, así que yo creo que a la gente le mola. En Madrid nos quedamos ya todo lo que queda de año. Hasta enero vamos a seguir aquí. Funciona bien, vaya. Hay gente que repite y todo.

Ya se sabe que el teatro es la mili del actor.
Sí. Claramente sales ahí a hacer una cosa que has escrito tú y la reacción es inmediata. En la tele haces una broma y no sabes cómo ha sido la reacción porque no oyes las risas, pero si en el teatro no se oyen las risas es porque la obra es una mierda. Eso sí, si ríen es porque la obra funciona. En el teatro tú tienes el control de lo que haces. Puede que haya bromas que funcionen muy bien, pero si no estás cómodo puedes decidir cambiarlas. No viene nadie a decirte qué bromas hay que hacer cada día para que a la gente le guste hasta que deje de ser divertido. En ese aspecto, el teatro es una mili, desde luego.

Si tú haces una broma y nadie la pilla salvo una persona, ¿la mantendrías?
Depende. Hemos llegado a hacer cosas muy raras. Ricardo y yo hemos estado apostando por una broma durante mucho tiempo sin que nadie riera. ¿Pero qué sentido tiene al final que nos haga gracia nada más que a nosotros dos? Pues será la broma que nos gusta a nosotros dos, y ya está, pero la cambias porque no puedes hacer un espectáculo que sólo te guste a ti. No suele pasar tampoco porque intentas hacer un material que te guste a ti y que además le guste a la gente. El público que viene a vernos sabe muy bien qué es lo que se va a encontrar. Es lo que hablábamos antes, pues ahora mismo, el acceso que tienes al material es inmediato. Antes de ir una obra de alguien puedes teclear su nombre en Internet y ves vídeos de lo que él hace u opiniones de gente que ha ido a verla. Encontrarás opiniones buenas, malas… pero ya sabes a lo que vas. Al fin y al cabo, la gente sabe a lo que va porque lo ha investigado antes. Puede que vayan a ver algo que les apetece o puede que vayan a ver al tío que sale por la tele, pero van a ver algo que les gusta.

“En España falta todavía sentido del humor”.

Las opiniones son como los culos…
Puede que un día no andes especialmente fino y la broma no ha gustado. O también puede ser porque no la has tirado bien o viceversa, pues haces un movimiento que antes no hacía y resulta que la gente se ríe mucho con ello. Eso en el teatro es muy complicado, y más la comedia, porque dependes de mil factores, pero es muy interesante porque estás todo el tiempo pensando qué es lo que ha pasado.

De hecho, dicen que es más fácil hacer llorar que hacer reír.
Es que hacer llorar es muy sencillo. En general, todos estamos en una situación de mierda, entonces, sacar eso a relucir es muy fácil. ¿Que estás mal? Pues vamos a acentuar eso para que estés mal. Es muy fácil sacar la sensación de pena, pero es que en el teatro es muy fácil llevar las sensaciones al extremo porque todo te envuelve en ese rollo mientras estás sentado en una butaca en silencio y en penumbra. Para conseguir que alguien se ría tienes que hacer que su vida deje de ser una mierda por unos momentos. Entras en el teatro pensando que mañana tienes que pagar el alquiler, la luz, la falta de pasta, mil problemas… pero entras con la idea de reírte. ¡Vaya planazo bueno! Si logras reírte es porque has conseguido que todo eso se quede a un lado. Al salir del teatro tienes otro rato de risas, pero al volver a casa ya es la mierda. Pero claro, si vas a ver una obra en la que echen a un padre de familia del trabajo, que no tengan dinero… pues vas a llorar.

De ahí que la gente no vaya a ver cine español.
Pues es uno de los motivos. También puede ser porque todo lo de la Guerra Civil ya está contado… no sé. Hay pocas historias que sean buenas y que realmente te lleguen. Yo, desde luego, prefiero la comedia. Además, no creo que haya nadie que monte una obra de teatro titulada “¡Te quiero hacer llorar!” (risas). Pero emocionalmente es más fácil conectar con la pena que con la risa. Así que si has conseguido conectar con la risa es porque has hecho que la gente deje de lado sus problemas. No sé cómo de gratificante tiene que ser hacer llorar a todo el patio de butacas y llegar después al camerino diciendo “hoy han llorado todos. ¡Qué bien!”. Hostia, ¿por qué quieren hacerle eso a la gente? (risas). Aunque también hay momentos en los que necesitas ver una peli que te destroce por dentro y te abra en canal. De todas formas, la comedia es una manera de evadirte de todo. Por eso me alegro de no haber sido actor ahora, seguramente estaría haciendo dramas y sería todo una mierda.

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