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Macarena Gómez: Del método a la locura.

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“No me dedico a esto para sufrir”.

La cita con la actriz Macarena Gómez (Córdoba, 1978) se concreta en un emplazamiento cercano a la zona de Colón y Génova, en Madrid. Es un día de bastante calor pero con viento, poco habitual para aquellas fechas. La charla se alarga durante cerca de 45 minutos en los que se habla de cine, como era de esperar. “Holmes. Madrid Suite 1890” (José Luis Garci) inicia el encuentro que termina con un giro sobre divagaciones varias acerca de la ética y moral del actor, separar al personaje de la persona o de las múltiples formas de adaptación al entorno. Aunque es una cara conocida por “La que se avecina”, Macarena se ha ganado a pulso un reconocimiento respetuoso en el cine, y más exactamente dentro de la disciplina del cortometraje. Off the record, quedaron otro tipo de conversaciones más cercanas a la música y viajes, pero eso permanecerá en el cajón.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

Hablemos de lo que significa trabajar con Garci y el ritmo al que estabas acostumbrada. ¿Te ha supuesto mucho trabajo?
No, la verdad. Si te das cuenta, las películas de Garci en sí tienen un ritmo distinto. Claro, comparado con los rodajes de “La que se avecina”, donde vamos todos histéricos y gritando, el ritmo de una película de Garci es todo lo contrario. No me refiero al ritmo de rodaje, sino al ritmo que él plantea en sus largometrajes; como esa cadencia al hablar. Pasar a ese registro fue para mí un reto. Otra cosa que me fascina de las películas de Garci son los planos secuencias. ¡Me encantaría grabar todo en un plano secuencia! Me parece que es algo muy difícil para el actor porque tienes que resolver todo en una misma toma. Lo tienes que hacer perfecto en un sólo plano para intentar transmitir lo que tiene tu personaje.

“Annie Hall”, de Woody Allen, tiene bastantes, por cierto.
Sí. Hay muchísimas que ahora se hacen también así. De hecho, en Octubre del año pasado rodé un corto de 5 minutos en un plano secuencia. Quise hacer el corto por eso, porque me encanta y es un reto.

¿De cuál corto hablamos?
Se titula “Papá te quiere mucho”.

Es difícil hacer una lista oficial de los cortos en los que has actuado debido a que haces muchísimos al año. Para dar con “Cementerio de elefantes” había que escarbar bastante, de hecho.
¡Es cierto! No sé por qué hay cortos que no aparecen en IMDB y otros sí. Tendría que ser el propio productor el que lo subiera ahí, supongo.

He contabilizado, aproximadamente, unos 20 cortos.
Y te aseguro que hay más (risas). Mira, entre Octubre y Noviembre del año pasado, cada fin de semana hice un corto. Creo que los mejores papeles que me han dado han sido para hacer cortometrajes. Supongo que eso es debido a que el director o el guionista escriben el corto pensando en mí.

Lo que me resulta curioso es que en los cortos siempre te han dado papeles dramáticos.
¿Verdad? Yo también lo pienso. Fíjate: mientras que para largometrajes siempre me dan comedia, para los cortos me dan papeles dramáticos. Será por eso por lo que me gusta más hacer un cortometraje. No me lo había planteado, pero tienes toda la razón. Es que lo pienso ahora mismo y es verdad que los directores de coritos siempre me llaman para hacer dramas y no para hacer comedia, lo cual me halaga mucho porque me ven haciendo tele o cine y ven que tengo también ese registro para hacer dramas. Me encanta. Aunque no es algo que haya buscado conscientemente.

También te llaman para hacer terror, como en “Para entrar a vivir”, de Jaume Balagueró. Es casi una precuela de “Rec”.
Hay mucha gente que considera “Para entrar a vivir” como una de sus mejores películas. Me encantó trabajar ahí. Lo que pasa es que se estrenó en televisión un viernes a las 12 de la noche y no creo que tuviera una repercusión profesional para mí. Sí que hay gente amante del género que la ha visto, claro, pero tampoco creo que me den papeles de terror por “Para entrar a vivir”. Igual es más a raíz de “Dagon, la secta del mar”. Pero no lo sé, si te digo la verdad. Eso sí, me lo paso muy bien con el género de terror.

Bueno, “Dagon, la secta del mar” fue tu primera película y casi es llegar y besar el santo.
¿Sabes lo que sucedió también? Que me coincidió “Padre coraje” y “Dagon, la secta del mar”. No sé cual empecé a rodar antes, pero creo que fue “Padre coraje”, aunque lo mismo la diferencia entre uno y otro fue de 3 semanas. Lo que sí te digo es que el primer trabajo que me salió fue “Dagon, la secta del mar”, aunque a lo mejor “Padre coraje” se empezó a rodar antes. Lo iba compaginando viajando de Sevilla a Barcelona y de Barcelona a Sevilla.

También fue suerte. Hay quién hace una primera película y es como si no existiera.
Totalmente. Tuve mucha suerte. Pero sinceramente y con todos mis respectos hacia “Dagon, la secta del mar”, creo que se fijaron más en mí -porque empecé a trabajar de una manera constante- a raíz de “Padre coraje”.

Aunque “Padre coraje” tenía un buen elenco.
Por supuesto, pero es lo de “Dagon, la secta del mar” es un género que ve un número muy bajo de la gente de la profesión.

Pero lo de “Padre coraje” tuvo más repercusión porque es la tele…
Claro.

Y haciendo de politoxicómana, otro de tus fuertes en los papeles marginales.
Pero fíjate: en “Padre coraje” hago de yonki y en “Dagon, la secta del mar” hago terror. ¿No te has dado cuenta?

Sí, que justo después te dieron papeles de terror.
Exactamente. Y siempre que han querido papeles de yonki, me han llamado. Aunque ya hace tiempo que no me llaman para eso. ¡Es que te encasillan!

La gente, en general, ve más televisión que cine, así que con “La que se avecina” podrían encasillarte más fácilmente con el personaje de Lola.
Sí, pero no creo que me identifiquen como Lola, aunque la gente de la calle sí me reconoce por eso. Hace nada me pararon por la calle porque me habían reconocido de un capítulo de una serie de hace 7 años. Fue algo que me hizo muchísima gracia (risas).

Esto te lo digo porque hay compañeros tuyos que van a discotecas (con su caché correspondiente) bajo el nombre del personaje. ¿No es esto un suicido laboral?
Totalmente. Además, me pregunto si el actor sabe que lo venden con el nombre de un personaje en lugar del suyo real. Al igual que es un peligro estar muchos años en una misma serie. Tengo la suerte de llevar muchos años en “La que se avecina”, pero si te das cuenta, en la serie, mi personaje se va de vez en cuando. Está todo pensadito. De ese modo yo tengo tiempo para hacer otros proyectos.

“Los mejores papeles que me han dado han sido para hacer cortometrajes”.

Es posible que en el cine seas reconocida como Macarena Gómez y no como Lola, que es lo que te sucedería estando en televisión.
Pero el personaje de Lola no ha creado tanto revuelo. Se me ve en la serie, sí, pero al no ser un personaje protagónico, pasa más desapercibido. Es mucho mejor así porque hay que saber separar el personaje del actor.

¿Lola sería entonces una representación de la cara amable de tus papeles en contrapunto a las otras interpretaciones más oscuras que has hecho en cine o en cortos?
Es un buen punto de vista, aunque no me lo he replanteado casi nunca. Pero evidentemente, si en uno haces un personaje trágico, en otro haces la cruz, que es el personaje cómico.

De hecho, todos tus personajes tienen en común un cierto desequilibrio mental y/o emocional.
Sí, pero ese desequilibrio mental es algo que yo misma me busco. Cada actor tiene tendencia a llevarse el trabajo a su terreno. Si el papel de Lola lo hace otra actriz, no sería como lo estoy haciendo yo. Entonces, cuando yo hago un personaje, me lo llevo un poco a ese terreno. Inconscientemente, me divierte tener un puntito de locura.

A eso quería llegar…
Te juro que no me lo planteo. Siempre he dicho que me dedico a esta profesión para jugar. Juego como una niña pequeña lo hace con su Barbie. Creo que ese puntito de locura lo hago porque me resulta más divertido, pero en el sentido más profesional, como un juego.

Llevas… ¿cuánto? ¿10 años? De las pocas que tiene ese estilo marcado a la hora de actuar.
¿Sí? ¿Lo crees? Como cada uno me dice una cosa, yo ya no sé qué creerme (risas). No me dedico a esto para sufrir. Esto de hacer el trabajo en casa, el personaje, ver métodos… es un rollo patatero. Y te lo digo en serio. Mucha gente me mirará mal por lo que te digo, pero es que yo termino de rodar y me voy a mi casa tan pancha. ¿Y por qué te estoy contando esto, Carlos? (Risas)

Tú divaga, pero básicamente estamos hablando del estilo de cada uno.
Hay una cosa que me gusta mucho de las actrices como Verónica Forqué, Ángela Molina, Victoria Abril… y es que cuando tenían 30 años y aparecían en las películas de Almodóvar, eran (y son) como muy desvergonzadas, atrevidas, juguetonas, extrovertidas… Actuaban sin importarles el “qué dirán”. Les daba igual, y ese tipo de forma de actuar me gusta mucho. Por eso siempre he dicho que me identifico mucho con esas actrices.

Creo que te hubiera venido muy bien el personaje de Kika, el cual interpretaba Verónica Forqué en “Kika”.
Cualquier personaje de las películas de Almodóvar me habría venido muy bien. Creo que ahora, entre la gente joven, hay una forma de actuar en la que prima el ser correcto. Es decir; el no arriesgarse y el estar muy comedido en cómo se va a actuar.

¿Ir a lo fácil?
Sí, y no estoy de acuerdo con eso.

Tal vez se aseguren así el que les llamen más veces.
Claro. No se definen tanto como actores y no tienen esa forma de ser o de trabajar. Bajo mi punto de vista, los veo mucho más planos y como que no arriesgan a la hora de crear personajes.

Pues yo, bajo mi punto de vista también, diría que siempre eres Macarena Gómez sólo que tus personajes no son tales, sino pseudónimos.
(Risas) ¡Qué bueno! O sea, ¿me ves a mí en todo lo que hago?

Sí.
¿Y eso lo ves como algo bueno o como algo malo?

Como algo bueno…
Es que no se puede separar en ese sentido. Si tú estás viendo a Elena Anaya en una película, sabes que es Elena Anaya.

Bueno, pero hay papeles en los que es posible que no veas a Elena Anaya actuando en ese registro.
Ya, también. Aunque eso nunca se sabe y dependería también de la persona.

No obstante, te pega más el rollo undeground.
¡Me lo dicen muchísimo! (Risas) Pero creo que doy una imagen equivocada. Pero sinceramente, no lo sé. Es posible que tenga mucha facilidad para adaptarme a cualquier entorno.

¿Como qué?
Por ejemplo, puedo estar cenando en Londres en el restaurante del nieto de Winston Churchill para irme después al antro más “antro” en donde tocaba Pete Doherty. Si tengo que moverme por el mundo underground, voy a ser “underground”, pero si tengo que moverme en un entorno fino, voy a ser también muy “finolis”.

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