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Jafi Marvel: El alpinista electrónico.

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“Estoy harto de la gente a la que se le llena la boca sin saber de qué habla”.

Jafi Marvel es el espía que utiliza su música cual Caballo de Troya para inmiscuirse en los sentimientos de una canción. Músico con una larga trayectoria musical a sus espaldas con Niños del Brasil o The Los Nervios, edita en estos días “Discordia”, un segundo trabajo (después del primer disco de título homónimo que tantos días buenos le dio al zaragozano) con un esperanzador mensaje: sólo importa la victoria. Y así es, con puño en alto o no, la guerra está sobre la mesa y las cartas echadas. Elijan un bando y apunten.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

Revisando el historial, reparo en que hay partes de “Discordia” que fueron terminadas después de acabar el primer disco, de título homónimo, por cierto. Pero… ¿hablamos de las partes más comprometidas o de las más bailables?
Pues un poco de todo. Quizá, comencé a preparar algún ritmo, alguna base o alguna línea de bajo… pero por ejemplo, el tema que abre el disco (‘Norte y sur’) fue de los últimos en acabar la letra, pero ya estaba clara todo lo que era la armonía musical y la melodía casi al terminar de grabar el primer disco. Hubo un impasse entre la grabación, la edición y la gira, así que fue una fase bastante creativa. Venía crecidito del estudio y aproveché.

De hecho, la última canción que compusiste para el primer disco fue ‘Una oración a Elvis’.
Sí, así es. Aquella canción fue la última en componer para el primer disco. Después, fue volver de Berlín y empezar con lo que era ‘Norte y sur’. ¡Venía inspirado! Seguidamente me metí con los bajos y las baterías de ese tema.

Este tema, ‘Norte y sur’, habla de esa discordia (nunca mejor dicho) del dinero. Una línea que sigue la temática del disco.
Del dinero, de cómo la gente se divide en bandos, de las cosas materiales y de las cosas absurdas, como pudo ser la Guerra Civil en España, por ejemplo. Hoy estamos juntos y mañana estamos dándonos de hostias. Eso refleja lo tonta que puede ser a veces la especie humana.

El rollo de “las dos Españas”.
Las dos Españas o cualquier guerra civil o confrontación entre hermanos en absurda. Como cuando una familia discute por herencias o por un trozo de terruño. En el caso de la Guerra Civil española, fue una imposición, algo no buscado por el pueblo. Pero la canción viene a hablar de eso; de por qué nos partimos la cara pudiendo trabajar juntos para luchar y hacer un camino.

Te veo muy comprometido, pero no sé cuánto hay de lo que piensas en “Discordia”. ¿Te has quedado con ganas de decir más?
Quizá no. Por decirlo de alguna manera, suelo ser bastante apolítico. No es por no mojarme, pero a veces es muy cómodo no ignorar ciertas situaciones. En este disco sí que me he querido mojar un poquito porque la situación es alarmante. Cuando estábamos en el estudio, estábamos en pleno 15-M. Los manifestantes en un lado, los del JMJ en otro, y nosotros en el medio. Esa situación tan latente se ha visto reflejada en las letras, claro.

¿Y ‘Alzheimer’? No habla directamente de la enfermedad, pero sí de las cosas que olvidamos con frecuencia.
Bueno, y también un poco de la enfermedad. Piensas cómo vas a ser de mayor y deseas no tener Alzheimer. Tiene que ser horrible. Gracias a Dios no tengo a nadie cercano con esa enfermedad, pero me parece algo terrible el tener a alguien cerca que lo sufra y también por el sufrimiento que causa a los demás. Tiene que ser muy duro y es algo que me da miedo. En esa discordia quiero dar a entender que estamos todos muy contentos y muy felices, pero que pueden pasar cosas malas. A veces, nos quejamos de vicio. Estamos muy bien comparados con otras personas, la verdad.

Cierto. Todavía estamos “bien” en comparación con otra gente.
Sí, eso es verdad. Creo que a ninguno de los que estamos aquí nos falta de comer, ¿verdad? Pero por desgracia, hay mucha gente a la que sí. Y esto sucede cada vez más. Es muy duro, pero a veces parece que olvidamos que hay gente mucho peor. Lo malo es que estamos viendo que quizá vamos hacia esa dirección.

¿De ahí la temática de ‘Harto’?
Tal vez habla más de la hipocresía de este mundillo que tú conoces también. Muchas veces vemos como la gente habla demasiado. Estoy harto de la gente a la que se le llena la boca sin saber de qué habla. Mira, te pondré un ejemplo: hace poco leí a un amigo periodista que hablaba de la entrevista que le hicieron a una cantante famosa porque el que había hecho esa entrevista no tenía ni puñetera idea. Pues por ahí podían ir los tiros de ‘Harto’.

Veo que casi no hay metáforas en “Discordia”…
Las letras del disco son muy literales. Quería la gente las entendiera a la primera porque es todo mensaje directo. Podemos andarnos con florituras, que me encanta, pero vamos a redactar lo que está pasando o lo que veo que está pasando a nuestro alrededor.

Todas las letras, además de ser personales, comienzan mayormente en primera persona y en plural.
Exactamente. Es lo que yo creo que me pasa o lo que yo veo que está pasando: “¿qué opinas del 15-M?”, pues opino esto. “¿Qué opinas de este tío que dice ser el mejor alpinista del mundo y no ha subido ni al Aneto?”, pues opino que estoy harto, harto de alpinistas que no han subido al Aneto. Pobres alpinistas, ¿eh? (Risas).

Alguno habrá que haya subido algo, hombre.
Es verdad, ellos no tienen la culpa. Hay muchos, muy buenos, muy valientes y muy osados (risas).

Y después de tanta reivindicación y compromiso, está ‘Bailar’, que es la más ligera y liviana…
Es el tema frívolo del disco por mera diversión. De ese tema se hizo primero la música, antes que la letra. Sin más. Es lo que viene a significar la canción: baile, diversión, buen rollo… Obviamente, no íbamos a hablar de la crisis.

Pero sí mantienes una estética militar: la bonita en los conciertos, la casaca que hoy traes… y el póster del libreto. Eso sin contar el lema “sólo importa la victoria” y la canción ‘Victoria’.
Se puede aplicar como lema o como objetivo. De hecho, es el cierre del disco. Ya que nos hemos metido en este berenjenal, en este norte y sur; una guerra entre iguales, ya que nos metemos, vamos a ganar. Pero te hablo de esas situaciones, claro. Otra cosa podía ser en el deporte, donde puedes jugar por pasarlo bien. En cambio, si estás matándote… estás ahí para ganar y para sobrevivir. En cuanto a al estética militar; es cierto que he recurrido mucho a la boina en directo. Ahora está la casaca… y ese look bélico que también se refleja en el póster, como tú bien has dicho. Pero ahí se refleja una “guerra Disney”, con el fondo rosa, violeta… más de dibujo (risas).

Una guerra Glam, por favor.
¡Por supuesto! La temática de “Discordia” habla de belicismo con ‘Norte y sur’, ‘Idiotas’… perder los papeles para acabar dándonos de hostias o como cuando echan a alguien de una empresa y el compañero trepa para pisarle la cabeza al compañero con el que se iba antes de cañas porque sólo importa la victoria. El “¿qué hay de lo mío?” y que lo demás no importa.

Adentrémonos en el apartado técnico. Igual es un disco más orgánico, pero es cierto que al principio no había nada de guitarras. Eso cambió cuando François (Big Toxic) apareció y metió guitarras.
Siempre me he escudado en la guitarra, sobretodo en directo, porque es un protector en muchos momentos. Pero para este disco quería tirar más hacia la electrónica, mucho más todavía. De hecho, François era la pieza clave para ser más electrónico todavía por el bagaje que tiene. Sin embargo, él había hecho los deberes estudiando lo que yo había venido haciendo. Además, nos conocíamos desde hace tiempo.

Para ser más exactos, él había editado los Maxis de The Los Nervios.
Sí, por eso mismo ya sabía que detrás de mí tenía haber guitarras. Llegó al estudio y dijo: ‘para esta canción tienes una guitarra definida. ¿No has pensado en meter guitarra? Pues mira, mientras voy ajustando esto, toma el afinador y la guitarra y ve pensando qué se te ocurre’. ¡Y eso que yo insistía en que casi había que quitar hasta pistas de sintetizador! Pues nada, él quería meter alguna guitarra (risas). Fue un proceso curioso ver a alguien tan centrado en las guitarras cuando su característica es más electrónica.

¿Te costó?
Me hizo currar y sudar mucho porque era improvisado el tema de las guitarras. ¡Esta se la guardo! (Risas) Pero estoy muy contento y fue algo genial.

Eso puede darle un toque más espontáneo, ¿no crees?
La verdad es que sí, porque había cosas que eran de primeras tomas. Tenemos que saber cómo hemos hecho las cosas para empollarlo y llevarlo al directo. Es como ponerse a hacer la canción de otro, aunque sea uno el que ha grabado la guitarra.

Mucho se ha cambiado para haber sido un disco de electrónica estricta en un principio.
Yo estaba abierto a dejar jugar a otra persona porque lo llevé todo muy avanzado al estudio, le dimos otra segunda mezcla… pero quería saber la opinión de François. Le gustó y simplemente quiso meter más guitarras, cosa que me sorprendió porque pensaba que fuese a quitar alguna pista de violín, algún sinte… o dejarlo con el bombo y el bajo. Algo más parecido a una remezcla. Pero ya te digo; estaba dispuesto a dejarle hacer. Lo que pasa es que él quiso ir más hacia mi lado.

¡El disco de Jafi Marvel remezclado por él mismo pero visto desde los ojos de otra persona!
Podría ser algo así. Los arreglos de Jafi Marvel disfrazado de François (risas).

Pero las guitarras le han dado una potencia tremenda al grueso del disco.
Totalmente. De hecho, la idea de este proyecto cuando metimos guitarras, era la de elevar y dar potencia. Un ejemplo claro está en ‘Norte y sur’ cuando entran en el estribillo para dar más fuerza y más empaque. Y aunque en el disco yo no tenía esa idea, mi intención era meterlas en el directo para poder levantar las canciones con la intensidad.

¿Significa eso que habrá un extra de guitarras en los conciertos?
No, en las canciones de guitarra seré yo quién la toque. En las máquinas y baterías va a estar Pablo Casas, pero algún tema se ha quedado sin guitarra en directo. En otras tocaré un teclado colgado, tipo keytar, algo muy ochenta. Con ganas, es un juguete nuevo.

Y al igual que al terminar el primer disco te pusiste a componer nuevas piezas, ¿en esta ocasión sucederá lo mismo?
Sucederá igual. Como la etapa final del disco ha sido un proceso muy largo debido a las mezclas, se han ido creando cosas. Incluso antes de entrar al estudio con François, ya fui preparando cositas que obviamente no iban a entrar en “Discordia” porque ya estaba todo descartado y definido. Puedo decirte que hay pinceladas muy básicas, más básicas que la otra vez, pero sí que hay 5 o 6 proyectos comenzados que ya empiezan a sonar un poquito.

¿También conceptual?
No, de momento no. Las letras se cambiarán, seguramente. Hay bases, por decirlo de alguna manera. Queda mucho trabajo todavía, pero no sé por dónde irán los tiros. La verdad es que todavía ni me lo he planteado con la vorágine de directos que nos viene ahora.

¿Y todo vale?
Sí, aunque depende. Puedo tener 5 o 6 bases que luego no entren en bien en el último momento. Por ejemplo, para “Discordia” había muchas bases que al final no han entrado. En su día lo hice con mucha ilusión, pero luego no me motiva ni me inspira nada como para hacer una letra.

El Fary también componía primero la melodía y luego la letra. No es coña.
¡Fary Marvel! ¡Grande Fary, allá dónde quiera que esté! (Risas) Normalmente, hago la melodía y después la letra que me pida. Es más complicado porque muchas veces tienes que juntar las sílabas cuando no te sale del tirón, y si una palabra no entra, es que no entra, por huevos. Incluso la apartas.

Mejor así que no meterlas con calzador, desde luego.
Huyo de eso. Tiene que mandar la música. Siempre digo que si escribimos letras, hacemos un libro. Pero si estamos haciendo canciones, tiene que mandar la música. Por supuesto, eso sí, que la letra vaya acorde y tenga un sentido para que diga algo, aunque sea un tema frívolo a veces.

Ya que hablamos de las canciones frívolas, me gustaría indagar en lo que transmite una canción bailable pese a la temática de la letra. Un texto puede ser terrible mientras que la melodía es lo más bailable. No sé si me explico.
Al fin y al cabo, la música son emociones. Sobretodo lo que a uno le diga una canción. Cuando yo era pequeño y escuchaba una letra en inglés, no tenía ni puñetera idea de lo que hablaba. Para colmo, en el colegio estudiaba francés, así que peor todavía (risas). Pero esa canción me transmitía algo, fuese lo que fuera. Después, al leer esa letra traducida, me daba cuenta que estaba contando justamente lo que me transmitía. Por ejemplo, la música clásica transmite emociones sin haber una letra. Obviamente, las letras condicionan, pero hay que dar un poquito de libertad a la canción, aunque todo pueda ser relativo.

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