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Igor Paskual: Simpatía por la honestidad.

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“El Rock es el toque lumpen que necesitamos”.

Es una tarde de Agosto en Madrid muy calurosa. La reunión con Igor Paskual se centra en cierto café con solera de la zona del metro de Bilbao. Mientras hablamos de los viajes, la carretera y las giras, el camarero sirve sendas consumiciones que darán cobijo a una extensa charla sobre la mítica (y la ética) del Rock and Roll, la prensa musical, drogas, política, sociedad, la vida con Babylon Chàt y después con Loquillo, además de hablar sobre “Equilibrio inestable”, su disco en solitario que ha hecho crecer su figura como autor y como músico indispensable del panorama patrio. Las edades que observan terminan convirtiéndose en acaudaladas vasijas de sabiduría.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

Comencemos hablando de Argentina, veo que allí te dan bastante bola. Al margen de lo que haces con el Loco.
No es que me vaya de la polla, pero no me puedo quejar. Escuchan más. Creo que, junto con los países anglosajones, es donde mejor entienden el Rock. Tienen la oreja más abierta. No sé si es que escuchan con otra cultura o con otra inocencia.

Yo creo que, además, es parte de su cultura. Es su folclore.
Pero me extraña en Argentina. Aparte de ser un país culturalmente muy rico, como lo han pasado tan mal, para ellos el Rock es un medio de expresión válido. La gente allí se tira meses ahorrando para ver un show de quién sea. Le tienen otro respeto. En cambio, aquí, el Rock es un medio más de consumo como lo puede ser un videojuego, la consola, el cine, ir al McDonalds o al centro comercial. Pero es mi opinión. Aún así, me gustaría saberlo. Igual es que nosotros estamos saturados, como que lo hemos tenido demasiado fácil, y eso le ha quitado cierto misterio o rito al Rock.

¿Como a un niño que le dan todos los regalos de Navidad a la vez?
Sí, creo que ha pasado un poco eso. También está que hemos experimentado una mejora muy grande en muy poco tiempo. Hemos pasado de ser un país de arrendatarios en donde nadie era propietario y todo el mundo vivía de alquiler. Antes te echaban del trabajo y te jodía porque era el pan de tus hijos, ahora lo lamentas porque tienes una hipoteca que pagar. Es que esa diferencia de ser arrendatario o propietario es muy grande. Y en este país no sabemos lo que era eso hace 30 años.

O sea, que hemos pasado de ser vasallos a ser señores.
Exacto. Y creo que eso ha tenido mucho que ver con la música. Cuando las cosas te van bien te apetecen sonidos más blandos. Pero no sé qué es lo que sucede aquí exactamente porque el Rock a finales de los 70 y mediados siempre se consumió. ¡Barón Rojo llenaba los recintos de Madrid! El Heavy, eso sí, ha tenido bastante más aceptación.

¿Eso es debido a que eran “más de la calle”? También hubo una época en la que el Rock era considerado algo imperialista por aquello de venir de Estados Unidos.
El Rock en los 60 y en los 70 era considerado una cosa de pijos porque no era accesible a todo el mundo salvo para los chicos que iban a Londres o los que vivían cerca de las bases americanas (posiblemente porque sus padres fuesen militares). Por eso estaba visto como algo de pijos o accesible para una élite, como todo lo cultural en España hasta que murió Franco. Era una cosa de 4, por así decirlo. Pero yo entiendo el Rock de otra manera. Pasa que, en España, triunfa lo que es Rock urbano como Boikot o Extremoduro; ese tipo de sonidos, o ya el Pop blando o el Heavy, que es algo más de barrio. Pero el Rock, tal y como yo lo entiendo (algo más Bowie), no es una cosa que sea todavía muy popular en España.

¿Más como un modo de vida?
Sí, pero quizá con una cierta elegancia.

¿Y cuándo el Rock dejó de ser un sentimiento para pasar a ser un modo de vida?
Es una pregunta que tiene muchas más preguntas dentro (risas). El Rock en sí es un sonido, no es más que eso. Lo que pasa es que como nos transmite esas grandes pasiones, esa poesía o esa manera de sentir, nos gusta creer que cuando escuchamos un disco de Rock estamos siendo transportados a otra vida. Por eso nos duele tanto que se metan con nuestro grupo favorito, porque sentimos que se meten con algo muy personal, como realmente es. Pero desgraciadamente, para bien o para mal, el Rock tiene muchos usos, como lo tiene la pintura o lo tiene la literatura. Es mercantilista, de hecho. El Rock es un elemento muy importante dentro del sistema capitalista, que es esa válvula de escape necesaria, ese cuarto de baño que tienen todas las culturas, como el carnaval. El carnaval, por ejemplo, es esa especia de vomitorio donde volcar las frustraciones. Pero eso se paga y se cotiza. Hay gente que vive muy bien dentro de eso, gracias a eso y para eso. Es como un libro de Bukowski al lado de uno de Homero. El Rock es el toque lumpen que necesitamos. Los fans de Sabina o los fans de The Rolling Stones, por ejemplo, como todo el mundo, llevan una vida ordenada que encuentra su vía de escape con ese “momento Rock”. Eso lo han entendido muy bien los yanquis, pero somos nosotros los que no queremos acabar de creerlo. De hecho, ellos lo empezaron a llamar “show-business” quitándole ese halo romántico vistiéndolo solamente para venderlo mejor.

¿Y en qué lugar quedaríamos nosotros ante eso?
Nosotros, lo podemos tomar de una manera más romántica y que eso se corresponda con una ética para ser mejores con la gente que trabaja con nosotros. Cuando firmamos con una compañía queremos que sea un contrato en condiciones, legal, con gente que merezca la pena. Luego, nosotros podemos actuar de una manera más Rock, de la manera más ética o no. Pero mucha de la gente que se encuentra (y se ha encontrado muy arriba) no ha actuado de la manera más ética.

También es posible que se tenga idealizado este mundo. El rollo de los camerinos, el eslogan de “sexo, drogas y Rock and Roll”…
También. El eslogan “sexo, drogas y Rock and Roll” tuvo sentido en su tiempo, que es en los años 50 con esa etapa puritana de los norteamericanos, esa doble moral que tienen por ser descendientes de calvinistas integristas. Date cuenta que las primeras migraciones norteamericanas no son por motivos económicos, como la irlandesa en el siglo XIX, sino que fueron por motivos religiosos. O sea, los primeros puritanos del Mayflower y su puta madre, todo eso, son porque eran extremadamente puritanos, metodistas; por el método y La Biblia. Por eso tienen ese punto tan puritano. De hecho, cuando The Beatles fueron a girar por Estados Unidos, flipaban de lo puritanos que eran. Claro, ellos venían de lo que era la Inglaterra de posguerra que se liberó en los 60 y se encontraron con una América muy pacata.

Quedó constante con la frase de Lennon sobre que The Beatles eran más conocidos que Jesús.
Exactamente, y sobretodo en términos sexuales. Eso sí que tuvo que ver con la liberalización de las costumbres. Pero a partir de la liberación del 68, cuando ese tipo de costumbres se liberan realmente, lo que hace el sistema muy sabiamente (como siempre) es pasar por caja. Entonces, cuando nosotros hacemos “sexo, drogas y Rock and Roll”, estamos pasando por caja, sea para un camello, un pub, una discoteca, una tienda de discos… El lema es válido, pero es válido con todo lo apetecible y con todo lo placentero. A mí me parece que es eso y mil cosas más, como Cernuda, Lorca, Dalí… Son cosas muy placenteras, pero ese leitmotiv sirve para que nosotros, cada vez que escuchemos un disco de The Rolling Stones o vayamos a un concierto suyo, sintamos que estamos viviendo una vida que creemos que ellos viven. Digamos que el Rock tiene el pasaporte hacia ese misterio. Es importante para la sociedad.

Como el fútbol, ¿verdad?
Como el fútbol y como mil cosas. Pero el Rock está muy bien integrado. Nació en Estados Unidos gracias al hecho de que un músico negro pudo ser popular. Fue ahí cuando comenzó a ser rentable el Rock. Ahí se acabaron las barreras raciales y no había problema alguno. El Rock and Roll es algo maravilloso y fantástico, pero nunca hemos de perder la perspectiva de que entra dentro de un sistema que paga, en el que vive mucha gente y donde hay (o había) un sistema muy bien armado. Aunque para muchos lo sigue habiendo. Detrás de ese sueño romántico que tenemos y que hemos aprendido a través de los discos, creo que hay un margen de operación muy amplio: desde poder ser un hijo de puta (como tantos y tantos que he conocido en el negocio), hasta gente que lleva realmente esa honestidad a los máximos niveles. Mucha gente ha intentado hacer una ética con el Rock and Roll.

¿Ejemplos?
Pues mucha gente del Hardcore, que es precisamente la rama de la música que más me gusta. Todo el Hardcore de principios de los 80 con Fugazi o Hüsker Dü, era algo que ellos llevaban al límite, que era la de la enseñanza del Rock para crecer con ello y ser válido teniendo una ética y estando también en contra de una serie de cosas que querían transmitir. Hay muchas maneras de tomarlo, aunque luego se puede ser un pedazo de hijo de puta.

¿Y qué hacemos con GG Allin?
¡El extremo! No voy a decir que me parece cobarde, pero sí que es un lado en el que no tienes que rendir responsabilidades ni cuentas a nadie porque no creces con ello, te autoaniquilas. Llega un momento en el que te quemas, vale, ¿y qué? ¿De qué me sirve eso en mi vida diaria cuando bajo a comprar el pan o cuando me enfrento al dilema de echar o no a un músico? ¿Qué me ha enseñado esa actitud para que yo pueda responder a eso? Pues eso me lo ha enseñado el tío de Fugazi o Joe Strummer, en un momento dado, pero no GG Allin o Sid Vicious. Son extremos que se tienen ahí, en el panteón sagrado, pero realmente no se tienen que enfrentar a las propias responsabilidades de las decisiones que ellos toman. En cambio, el tipo de Fugazi o la gente de Black Flag, sí. Me parece más interesante gente que crece con el Rock and Roll. Es una cosa muy adolescente, pero lo que me apetece es poder crecer con ello y plantearme con 40 años o con 36 (los que tengo ahora), teniendo hijos y una familia, cómo el Rock and Roll puede convivir con mi vida.

¿La honestidad de crecer con lo que estás haciendo?
Exactamente. El ejemplo de GG Allin me sirve de poco porque era un kamikaze. Es una especie de huída hacia delante que está en la gran mitología del Rock, que nos siguen vendiendo desde todos los lados y que nosotros queremos comprar porque nos gusta comprar y nos gusta consumir algo que nunca vamos a hacer. De hecho, lo vemos cada poco en la Rolling Stone, que es una de las revistas que más difusión te da pero que en España es quizá una de las revistas más estúpidas que hay. Es una revista hecha por gente de clase media-alta o normal que idealiza “las noches salvajes del Rock” y toda una sarta de estupideces para lavar la cabeza a quinceañeros. Totalmente, en ese aspecto, prefiero mil veces el Popular 1. No voy a decir sí es más consecuente, pero me parece que reflexiona sobre eso mucho más. Pero eso de “la vida más corta de no-sé-quién” o “los suicidios más impactantes” me parecen una sarta de mongoladas. Todo ese tipo de titulares asquerosos y demagógicos contribuyen a perpetuar ese mito anodino del Rock que a estas alturas debería estar ya muy superado, pero no lo está.

¿Porque “ellos” quieren que siga siendo así?
Porque lo quieren ellos y porque lo queremos nosotros, que somos gilipollas y lo seguimos comprando. Lo saben y lo siguen moviendo. Es igual que la tele con Jorge Javier Vázquez: sigue dando lo que da porque la gente lo ve.

Pero nadie ve el programa salvo si es de pasada cuando iban cambiando de canal.
(Risas) Claro, todos vemos La2.

“Está todo tan separado que veo a la gente muy sectaria”.

Me imagino que es algo parecido a lo que sucede con la cantidad de festivales. Mientras haya demanda…
Sí, pero el festival juega con una baza: venden una experiencia global. La música es una tercera parte para esa gente que va al festival, a no ser que sea un Azkena, que es un festival para gente muy “gourmet” que sabe lo que va a ver. Pero por lo general, si hay un cartel medianamente interesante, creo que se juntan más cosas, como estar 3 días con tus amigos. A mí me parecen incómodos, pero la gente que conozco que va, lo hace para eso y para otras cosas. Y claro que tiene cada vez más demanda. Estamos en un país en el que gustan todas las fiestas.

Y que el Rock, como tal, no tiene demasiada cabida dentro de ciertos festivales. También está apartado de las radios, y si no hay gente que lo apoye, no habrá demanda, y si no hay demanda… ¡kaput!
Claro, pero es que el mayor problema que tiene la música hoy en día (que hay muchos) es, para mí, el de la difusión. Todas las radios están copadas por viejos “oldies” y se han dado cuenda que ha funcionado el modelo de KissFM, que es poner música para que tú no cambies. Es decir; antes te enganchabas a una radio porque no había más, pero si a los 20 segundos no te gustaba una canción, cambiabas. Ahora se han dado cuenta de que el oyente no tiene que cambiar de canal porque ya saben lo que le gusta. Si Calamaro saca disco, no le van a poner la nueva canción, sino ‘Flaca’ o ‘Sin documentos’, por ejemplo. Por lo tanto, todas esas radios que antes estaban para todos esos artistas mainstream, ya no están ahí, sino que ocupan las radios donde antes estaban otros artistas más pequeños. Así es muy difícil que alguien escuche tu canción.

¿E Internet?
Internet es una gran herramienta, pero le falta el filtro. Hay mucha información, pero es normal, a mí me pasa también. Recibes miles de llamadas y no sabes a cuál atender. En ese aspecto, encuentro lo complicado. ¿Pero qué es lo que pasa? En mi caso, pasa lo que antes me habías reflejado: hoy en día está el mercado Heavy, el mercado Indie, el mercado Mod… si tú perteneces a uno de esos grupos, más o menos tienes tu circuito. Cerrado, pero lo tienes: tus revistas, tus radios pequeñas y tus festivales. Pasa en el Indie, pasa en el Heavy y en músicas más minoritarias. Pero con el tipo de Rock que hago, que no es ni muy Heavy ni muy Pop o Indie, noto que me cuesta ver el tipo de revistas afines a mí. Igual soy más afín a Popular 1, sin que sea un “artista Popular 1”, pero es posible que haya gente de Rockdelux a la que le interesaría. Pero son compartimentos estancos, que es como funciona la música en España. Compartimentos muy separados, mucho, para todo.

Nos prefieren alienados, amigo.
¡Eso es! Está todo tan separado que veo a la gente muy sectaria. Poco a poco, y por suerte, vamos quitándonos eso, pero está “lo mainstream”, “lo Indie”, “lo Heavy”… entonces, el que está entre dos tierras lo pasa un poco mal. Tienes que tocar más puertas porque tu público está en muchos más sitios.

También habría que tener cuidado con el encasillamiento. Basta que dejes de ser el líder de una banda para hacer una carrera en solitario como para que te sigan recordando por el nombre de la antigua banda y no por lo que haces en el presente.
No sé los demás, pero en mi caso siempre pido que en los carteles no aparezca el nombre de Loquillo, aunque a veces se me cuela alguno. Pero creo que lo hacen porque como cada vez es más difícil vender tickets, tienen que tirar de cualquier reclamo. Lo hacen hasta con los grupos más grandes, a no ser que seas un Noel Gallagher y que tu propio nombre hable por ti. Me imagino que ya será una necesidad de hacer publicidad. Yo prefiero no ponerlo, pero reconozco que el tipo del bar quiere que entre la mayor gente posible y piensa que eso es un reclamo. Es que es muy difícil hoy en día llamar la atención y cuesta mucho dar a conocer tu música después de separarte de un grupo. Te pongo el ejemplo de Pereza al tener dos nombres muy conocidos, pero si no fueran tan conocidos tendrían que poner Pereza al lado de sus nombres, seguro.

Y eso que Rubén venía de Buenas Noches Rose, grupo mítico del underground. Como tú, que venías de Babylon Chàt. Eso sí, sales del underground y esos nombres se diluyen. Amén de que habrá gente que ni sabría de tu estética Glam antes de ser “guitarra de Loquillo”.
Ahí ya hablaríamos de las categorías y de las imágenes. Cuando tú le das una imagen a la gente, quiere esa misma imagen después. Hablas de Jaime Urrutia y ya ven la imagen del Rock torero. Y ya está. Es difícil moverlo de ahí. Por eso a Loquillo le ha costado mucho hacer discos de poetas o cosas mucho más allá, porque tiene el estereotipo de tío que sale al escenario a comérselo todo haciendo Rock. Una vez que te creas el arquetipo, es muy difícil salirte de él. No sé si es por el país en el que vivimos o por cómo funcionan los grandes medios de comunicación. Es decir: la gente no quiere complicaciones. Leen el periódico a toda leche mientras desayunan y ven una foto de alguien porque no quieren grandes matices, sino una idea con categorías muy claras y muy sencillas porque no tienen ni tiempo ni ganas como para digerir más. Creo que va un poco por ahí.

Pero, en parte, es bueno que no sepan dónde meterte…
Bueno, depende del estatus que tengas. Para Enrique Bunbury no será algo muy complicado aunque lleve algunos discos con la misma tímbrica, pero su característica es que ha hecho cosas con muchos cambios radicales, que me parece su etapa más interesante. Ha hecho de esos grandes cambios una marca. Creo que él, junto con el Loco, es de los pocos que lo han conseguido hacer.

Voy a centrarme en tu caso, pero no en la música en sí, sino en las letras. Con Babylon Chàt era todo muy atropellado, mientras que con Loquillo has tenido que aprender a hacer letras más reposadas incluso pensando en él. Sin embargo, en tu carrera en solitario, hay una evolución de todo eso.
Sí, y estás en lo cierto. En Babylon Chàt hay letras muy urgentes, exactamente en “Hotel adicción”, que es un disco más Punk y tal. Pero en “Bailando con Brando” ya voy matizando un poco más. En cuanto al Loco; él hace las letras y yo le compongo algunas, pero hace la mayoría. Con él no aprendí solamente a escribir, sino a cómo concebir la música. Como con Jaime Stinus, con quién me entiendo mucho y muy bien también. Es un tipo muy sabio que tiene la música en la cabeza a muchos niveles: de conocer discos, de tocar instrumentos, de producir, de concepto global como autor, como guitarrista… realmente es un tipo muy bien armado. Cuando se nos vaya, su cabeza debería pasar a otro (risas). Aprendí mucho de él.

La piedra angular, vaya.
Lo es. Es un tipo muy músico. En este último disco que hemos estado grabando de Loquillo, escuchábamos muy poco las maquetas, lo grabábamos en directo y él sabía ver muy bien la jugada para saber dónde lanzar la canción. Es de los mejores momentos musicales que he tenido en mi vida.

¿Y la experiencia con Loquillo?
Para empezar, es 15 años mayor que yo, y es alguien que toca en otra serie de escenarios más grandes en los que se necesita otro tipo de lenguaje muy diferente comparado con los bares en donde yo tocaba. Eso fue un cambio del copón. Luego, yo tuve que ponerme a escuchar mucha música de la cual el Loco era fan y yo desconocía. No era ese rollo 50 que ya conocía, sino algo más Kristofferson y mucha música francesa, de la que no tenía ni idea. Son dos lenguajes más reposados, muy alejados del Punk y del Glam. Pero aunque al Loco le gusta el Glam, ha tirado más por la parte más elegante del Bowie de “Young americans” o por la parte de Roxy Music. Es un cambio enorme. Así que, antes de sacar mi disco, estuve un tiempo buscando un lenguaje propio que no sonara ni a Babylon Chàt ni a Loquillo. Veía que tenía mucha información y que debía de gestionarla de alguna manera. ¿Qué podía hacer con todo eso? ¿Dónde está mi voz? ¿Dónde mi papel? ¿Qué es lo que quiero contar?

Y tardaste…
¡Tardé un huevo! Hombre, con el Loco había un gran volumen de trabajo también. Pero cuando te pones a armar un disco ya sabes lo que es. Antes de hacer nada, me puse a hacer muchos conciertos. Después vino buscar un contrato y grabar el disco… o sea, se tarda. No es algo que salga urgente, pues es un proceso lento. A eso añade que había que buscar fechas, tener un “impasse” con el Loco… Se juntaron muchas cosas que fueron atrasando todo.

Voy a irme atrás en el tiempo para tratar el tema de tu entrada con Loquillo. Entraste en un momento jodido, cuando Trogloditas estaban acabando, mucho después murió Guille Martín…
Loquillo y Trogloditas siempre me habían gustado un montón, junto con Ilegales y algunos discos de Los Rebeldes, porque era un poco el paradigma del Rock que a mí me gustaba. Rock muy potente, sin miedo a las baladas, con un gran sentido del directo… Y no era Rock urbano, aunque tenían mucho de callejero, pero era algo más elegante, como The Clash. Para mí, los Troglos eran los Clash españoles. Además, tenían esa pinta y unas letras con doble o triple lectura. Era un grupo que daba mucho de sí. De todas formas, me alejaba de las referencias, aunque con Jordi Vila (que era con el que mejor me llevaba) teníamos muchos gustos en común. Todo ese lenguaje del Rock que ellos manejaban ya me lo conocía. Por ese lado fue relativamente fácil. Pero lo complicado era cómo hacer el paso con una banda de Rock potente, como la gira que hice con Xabi Tacker, entrando con mogollón de ganas al escenario. ¡Eran la banda del “¡A por ellos…! Que son pocos y cobardes”! Recuerdo conciertos que eran auténticamente demoledores. Ese fue el canto de cisne de una época, pero el Loco tenía muchas cosas en la cabeza y había que ponerlas en orden. Discos como “Balmoral”, “Arte y ensayo”, “Su nombre era el de todas las mujeres”… ¿Cómo podía dar ese giro hacia un Rock más europeo más adecuado a su edad sin perder latido? Fue un proceso que llevó muchísimo tiempo. Fue lento. Y ya no sólo hubo que hacer limpieza de músicos, sino que además el negocio en España está llevado por gente que casi son más ganaderos que otra cosa. Lo digo con cariño, pero había mucho que limpiar ahí.

Es que la época de la que venían pesaba (y pesa) mucho.
Venían hipotecados por esa gran época que fueron los 80 y venían con mucho lastre, ya no musical, sino también mental. Era una manera de funcionar distinta. Fue todo muy poquito a poco, quitando management, músicos, formas de trabajar… todo ese pelo de la dehesa española. La verdad, hay que reconocer, que ha mejorado mucho. Antes, para conseguir un sonido potente de guitarra en España, era imposible. Pero ahora, cualquier tío medio competente te lo sabe hacer. ¡Los tipos de los estudios escuchaban a Kenny G!

Y no hablemos de los vientos… Creo que por entonces, los únicos que sonaban bien con vientos eran Raphael o Camilo Sesto.
Mira, tú escuchas los discos de Raphael o incluso temas de Raffaella Carrà, y alucinarías después de escuchar el sonido que tienen los bajos y las baterías. El problema en España fueron más los 80 que los 70. Escuchas las guitarras de Leño y suenan mejor que las guitarras de Rosendo en los 80. No sé qué pasaría, pero es como que se desaprendió un camino.

Ahora está volviendo ese rollo, como New Wave…
Sí, pero ya es una manera buscada y hecha adrede. Además, el nivel de infraestructura para grabar un directo ha mejorado mucho en España. En Argentina, te das cuenta lo que les cuesta conseguir una púa de fibra o un pedal o un afinador bueno. Te hablo del músico medio, claro.

¿Tendríamos que darnos con un canto en los dientes?
Depende para qué. Hay gente que puede tener instrumentos buenos y acceder a Internet. Yo me tiré dos meses para sacar el solo de ‘Johnny B. Goode’ (risas). En ese aspecto hay muchas más ventajas. Pero ya te digo, en España podemos darnos con un canto en los dientes por muchas de las cosas que tenemos porque es que no sabemos ni lo que tenemos.

Nos hemos quejado de vicio, también.
No sabemos apreciar lo que tenemos ni de coña. No hemos sabido apreciar el sistema sanitario, ni el educativo, ni nada de lo que tenemos. Este varapalo es una mierda porque vamos a salir fatal de la crisis, pero igual nos viene bien para apreciar.

Ahí podemos enramar tu frase “un pesimista es un vago y un hijo de puta”.
En España, sí. Es verdad y lo siento así. Pese a toda esta situación económica que estamos pasando, aún así somos unos privilegiados. Vivimos en un 20% del planeta que tiene agua corriente. Solamente por eso ya deberíamos estar agradecidos. ¿Qué me diferencia a mí de un tío que ha nacido en Nigeria? Nada, que yo he tenido la suerte de nacer aquí, nada más. En Argentina, si te quedas dos veces en paro, no tienes derecho a cobrarlo. O vete a otros países como Perú, países menos seguros. En ese aspecto hemos sido muy poco conscientes de lo que costó tener las cosas y de lo que es. Un colegio público en los 80 tenía una educación de puta madre. Ahora veo a muchas mamás llevando a sus hijos a un colegio privado porque piensan que pagando la educación va a ser mejor puesto que lo gratis tiende a ser malo. ¡Nosotros en los 80 nos meábamos en los privados! Y es una suerte que no pasa en todos los países. En Inglaterra, para estudiar tres años de carrera, te hipotecas porque no hay quién lo pague. Es muy difícil pasar de clase social. Todo eso pasó después de Thatcher, por cierto. No es que me alegre de lo que está pasando, pero nos va a venir muy bien llevarnos una buena hostia para que nos demos cuenta de lo que nos va a costar volver a tener los servicios sociales que teníamos.

Algo así cantas en ‘Bebemos’, por cierto. Habla de las borracheras, la resacas… pero también de que hay que seguir adelante.
Sí. Pero es una canción muy ambigua porque realmente no me posiciono ni estoy diciendo que dejes de beber. Simplemente vi que muchas canciones hablaban de beber y de las resacas, pero muy pocas hablaban de por qué bebemos. Entonces, solamente quería hacer un recorrido de lo que te lleva a beber y a hacer esas promesas siempre incumplidas (risas). Yo, que vivo en el norte, veo con respecto a otras zonas lo complicado que es dejar de beber y más cuando nos socializamos tanto con el alcohol. Es que es más fácil conseguir en un camerino a las 3 de la mañana una raya o una botella de whisky antes que un sándwich (risas). Pero sí, por supuesto que hay que seguir.

Y tener autocontrol y mesura, ¿no?
También. El problema es que es muy complicado. Antes me gustaban las cosas con mucho exceso, pero ahora empiezo a disfrutar -con los años- la mesura porque no hay cuerpo ni tiempo que lo sostenga, sobretodo en eso de gestionar el tiempo. Cuando estás muchos días viviendo de noche, pasas muchas resacas… y el día tiene 24 horas. Además, la noche lleva mucho tiempo, aparte del dinero. Llega un momento en el que ya has vivido tanto esas cosas, que termina perdiendo sentido porque son como vidas repetidas que consumen mucha energía. Pero creo que es una etapa que hay que vivir porque tiene un aprendizaje, pero es una etapa y hay que superarla. Ya está. Es lo que diferencia al niño del adulto, esa manera de vivirlo. Hay de todo: unos se han quedado y otros siguen, pero cuando estás en gira, ese es el alivio rápido. Que por cierto, te recomiendo el libro de Silvia Grijalba titulado así; “Alivio rápido”. Trata sobre una banda en gira y todo eso de lo que te estoy hablando. Pero en fin, cuando pasas esa época de estudio y de aprendizaje teniendo una edad, toca trabajar y hacer buenas canciones.

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