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Kevin Johansen: Especialista en doble vida.

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“Los cancionistas somos una especie de arqueólogos que hurgamos bajo el sentido”.

Una voz, oscura y grave. Un sentimiento que va más allá del arte como negocio, es lo que hace Kevin Johansen (Alaska, 1964) junto a The Nada con “Bi” (Sony, 2012), dividiendo la sensación en una dupla que discurre entre “Jogo (Subtropicalia)” y “Fogo (Pop Heart)” concentrando los puntos de vista viajantes entre Argentina, Uruguay y Brasil. Por la portada uno entenderá rápidamente de dónde viene cada uno: de una madre y de un padre, tal y como lo refleja el doble LP del músico argentino.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16 / Nº 2126, 12 Noviembre 2012

Para empezar, voy a lanzar una pregunta que no tiene que ver demasiado con “Bi”. ¿Cuánto tiene este disco de “Sur o no sur”?
(Risas) Pues puede ser que tenga algo de ello y más con la dualidad que tiene algo tan completo como es un disco doble con la foto del padre y de la madre que aparecen en la portada. Foto que encontró mi hermana Karina de nuestros padres, cuando eran jovencitos, por cierto.

Un eslabón más a nuestra investigación cíclica, vaya.
Me gustó la idea de poner esa foto en la tapa porque cerraba una especia de ciclo con uno de los dos discos que hay en este trabajo: “Jogo (Subtropicalia)” ya que tiene una especie de guiño por la mirada que hay desde Argentina, pasando por Uruguay hasta Brasil. Esa cercanía que tenemos por una suerte de coincidencias y también de incidencias.

¿Y con “Fogo (Por Heart)”? Ahí es donde veo yo la proximidad con “Sur o no sur”.
Por otro lado, con “Fogo (Pop Heart)”, hay un sonido más Rock o más pachanguero y Pop (a lo Warhol) inclusive. Y sí, había mucho ahí de “Sur o no sur” porque hay muchos temas en inglés, por lo que tenía que ver con ese lado más anglosajón y alienado que tengo.

Hemos hablado de tus padres, pero David Bowie (‘Modern love’) y Leonard Cohen (‘Everybodys knows’) serán como padres para ti.
Absolutamente. Las referencias ineludibles.

¿“Jogo” y “Fogo” tienen que ver más por algo espiritual entre el juego de la instrumentación y el fuego por la pasión que desata?
Por supuesto. Los cancionistas somos una especie de arqueólogos que hurgamos bajo el sentido y las etimologías tratando de encontrarle sentido y musicalidad a las palabras. Aunar sentido y sonoridad. A veces, uno lo logra encontrando la palabra perfecta para el sentido, pero otras veces, las palabras tienen que rodar por la lengua y tener un sonido.

Esto me recuerda a lo que dijo Dylan sobre sí mismo, considerándose un expedicionario musical.
Justamente. Hace poco andaba escuchando el “Modern times” y pensaba en él elucubrando las letras. Acá hay grandes autores (como Charly García) que, cuando componen, empiezan a cantar con un inglés inventado antes de encontrar la letra. Después le pone la letra en castellano, por supuesto. Pero ya te digo; yo, que supuestamente entiendo inglés, no entendía nada a Dylan cuando cantaba (risas). Con él hay que jugar con la sonoridad hasta que encuentras de qué va la cosa. Sería interesante preguntarle a Bob Dylan cómo lo hace.

En la línea de esto, destaco una frase que leí. Dice así: “¿quién no ha tenido un mejor amigo que escuchaba música inaudible para uno o viceversa?”. Me resulta curioso porque la gente tiende a escuchar un tipo de música “culta” despreciando lo demás olvidando que de otras cosas también se puede aprender.
A veces, es impresionante el prejuicio que pueden tener unos con otros preguntando cosas del estilo de “¿cómo puedes escuchar esto, hijo de puta?”. Uno puede estar escuchando a Ricardo Montaner mientras que a ti te gusta Motörhead. Pero por ese tipo de cosas, esa persona es tu mejor amigo. Me parece interesantísima la sensibilidad musical. Por eso digo que para mí hay tantas sensibilidades musicales como personas en el planeta, así como sexualidades o formas de manifestar la sexualidad. Si bien las opciones son heterosexuales, homo o trans, hay muchas y variadas formas de manifestarse en lo personal. De ahí parte un poco la idea de “Bi” porque yo sabía que al ponerle un título así a un disco doble, la gente iba a ir directamente a lo sexual (risas).

No sería la primera ni la última vez en la que una persona me comenta que si se ha de hacerse gay o bi, sería por ti.
(Carcajada) ¡Qué grande! Bueno, eso es un logro muy simpático. Felicito a quién lo haya dicho también.

Bromas aparte, estamos ante un disco de 29 canciones para tiempos acelerados en los que poco tiempo dejan para escucharlas detenidamente. ¿Es algo personal?
Por supuesto qué es algo personal, pero también es por una cuestión de ganas de comunicar y de compartir con la gente y no guardarse. Sé que será un mínimo porcentaje el que escuche las 29 tracks, pero la gente que tenga el tiempo y la dedicación para escucharlas sentirá que valdrá la pena y además, lo entenderán. Quizás también vayan hurgando bajo la superficie después de escuchar un tema tras otro recordando a su tía y a su novio.

Eso da mucho juego.
Sí. Creo que te da la chance de una larga vida si el disco está bueno, de trabajarlo, de mostrarlo… La idea es, obviamente, mostrarlo en vivo y que genere esa curiosidad de un buen disco. Ojalá que así sea.

Como ‘Amor finito’, la canción que abre el disco. Vamos, que la música no tiene límites.
Es un poco lo que me pasa con los artistas que me gustan. Cuando me gusta algo, lo voy a escuchar a mi tiempo, pero escucharé todo lo que pueda de ese artista porque sé que me genera un placer ir descubriéndolo y porque siempre voy a estar poniendo algo de ese artista. ¡Con optimismo! Como cuando vas a ir a ver una película de Woody Allen.

Has puesto un buen ejemplo con Woody Allen. Un tipo negativo que termina encontrándole el punto positivo al asunto.
Totalmente. Como decía François Truffaut: “un pesimista es un optimista con experiencia”.

¿Guarda relación con la canción ‘Alta, fea y linda’?
(Risas) Sí. Me gustaba esa contradicción porque justamente habían mencionado –sobre la cantante Marisa Monte- que es horrible pero que también es hermosísima. Justo me tocó conocerla, y más allá de lo que me pareció, me gustó esa noción de belleza o de fealdad que desemboca en un ser atrapante. Las contradicciones nos hacen bellos, muchas veces.

‘Nieva en Buenos Aires’ entraña otra contradicción, por cierto. Aparte de ser una preciosa canción, por otro lado.
Me alegra mucho saber que te haya gustado porque la compuse en el último momento. Fíjate qué casualidad, porque la tenía desde hacía un tiempo, pero nevó en Buenos Aires un 9 de Julio del 2007 y yo estaba casualmente en Madrid. Me llamó mi hija, que por entonces tenía 9 años, y me habló tan emocionada de que nevaba en Buenos Aires que obviamente me transmitió esa emoción que me llevó a componer ‘Nieva en Buenos Aires’. Curiosamente, la comencé a escribir en Madrid.

¡Qué curioso!
Luego, armando los dos discos, me acerqué a la gente de Orquesta El Arranque y se entusiasmaron con ‘Nieva en Buenos Aires’ y con el cover de ‘Everybodys knows’ de Leonard Cohen. Quedó algo muy bonito y muy de Tango tradicional.

Cierto. Hay mucho folclore, sí, pero con puntos de vista algo más actuales. Ahí están los invitados: Natalia Lafourcade, Lila Downs, Lisandro Aristimuño, Santiago Vázquez… Me pregunto si antes de encontrar una unidad, también buscabas una clase de músico nómada que explicara muy bien esa idea.
Seguramente, así es. Absolutamente hay una afinidad artística con ellos. Y si bien cada uno es un mundo muy diferente entre sí, había algo de cada uno que fue generando una cosa muy orgánica que me gusta mucho cuando los discos se van definiendo viendo que tal compañero podría cantar esta o la otra canción. Algunos grabaron aquí, en Buenos Aires, otros en la distancia… y bueno, fue un proceso muy bonito para ir viviéndolo con entusiasmo.

Un contrapunto interesante con tu voz.
Sí, las voces aportaban esa variedad tímbrica que tanto me gusta. Y como mi voz tiene por ahí una limitación por lo grave que es, me gustó aportar voces un poco más agudas con otros colores. Quedé muy contento con esas colaboraciones.

¿Las ofreciste tú o fueron ellos las que las eligieron?
Yo les iba tirando dos o tres canciones y cada uno elegía la que más le gustaba. Hay acordados entre ambas partes (risas).

Hemos hablado de tu voz, pero la canción que más representa esa cualidad es ‘My name is Peligro’.
Ahí está ese homenaje a Ennio Morricone a lo Clint Eastwood. Realmente está dedicada a mi hijo Tom Atahualpa porque cuando tenía un año y medio trepaba por todos los lados y tocaba todo, así que me salió lo de ‘My name is Peligro’. Había que tener cuidado con él (risas). Por otro lado, lo de la voz grave es un recurso divertido que me nace natural dando un color y una oscuridad tímbrica que va muy bien para ciertos temas. En este caso, era de cajón que le iba a ir bien.

¿‘Y sigo (canción de autoayuda para mí)’? ¿Kevin Johansen necesita autoayuda en una canción propia?
(Risas) Autoayuda de sí mismo. Por supuesto, era un tema que tenía que ver con las dudas que uno puede tener y el seguir y las inseguridades jugando un poco con la autoayuda. Me parecía que estaba bueno. En ese tema y en ‘No digas quizás’ también digo “a veces el entorno te nubla la vista, ya sea el gurú de turno o el psicoanalista”. Muchas veces uno recurre a ayudas que no ayudan.

Bueno, no hay vuelta de tuerca inútil.
Totalmente.

Me da en la nariz que esto tiene pinta de ser una especie de tetralogía. Algo así como las cuatro estaciones de Kevin Johansen. Igual sobraron muchas canciones.
Bueno, ya estaba barajado ese tema después de haber hecho “Fogo” y “Jogo”, para hacer “Pogo”, algo más Punk, más de choque (risas). Seguramente quedarán cosas por hacer.

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