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Carlos Sadness: En el reino de la ciencia.

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“Este es un disco sorprendentemente alegre para un tío que se llama Carlos Sadness”.

Ser humano, a veces, no es fácil. Tal vez, para lograr una cierta evasión hacia algo más amable, las personas inventan, crean o distorsionan historias que confluyen en visiones distintas de la realidad. De ese modo, Carlos Sadness (al que muchos recordarán como Shinoflow) edita “Ciencias celestes” (Sony, 2012) como un punto en el mapa de la imaginación colectiva al pasar entre bosques de azulada tintura acompañado de emociones bajo la piel de los animales salvajes.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ

Publicada en Cambio 16 / Nº 2124, 22 Octubre 2012

¿Es un cambio pasar de ser Shinoflow a Carlos Sadness? Si mal no recuerdo, antes de llamarte Shinoflow, ya firmabas tus dibujos como Carlos Sadness.
Claro, por eso no es un cambio en sí, aunque en lo musical quizá lo sea. Para mí es como poder hacer otro proyecto, siendo la misma persona aunque implique volver a empezar en cierto modo. Era algo que me hubiera gustado hacer hace tres años perfectamente. De todas formas, he esperado a que saliera un disco para hacerlo, lo que pasa es que no sabía que fuese a tardar tanto en salir.

Pero el cambio podía haberse hecho en la web, redes sociales…
Bueno, lo he ido haciendo poco a poco, en las redes es fácil porque la gente te sigue y te presta atención, pero no todos los que te escuchan están pendientes de ti y tener de golpe otro nombre puede provocar el despiste de mucha gente por la confusión que genera.

Pero esto no tiene que ver con lo que hizo Bowie con Ziggy Stardust, ¿no?
Eso me lo comentaba Pito [Cubillas]. Incluso decía que me cortara el pelo como él (risas).

¿Como Pito o como Bowie? (Risas)
Como Bowie (risas). Pero sí, volviendo a lo que decías; veo que hay un paralelismo. Aunque ya te digo que no es un cambio. Visto desde fuera entiendo que se pueda ver así, pero para mí no lo es, desde luego. La gente me llama Carlos, no Shinoflow y tenía ganas de utilizarlo.

Pero sin cambios en lo musical.
Eso es. De hecho, aunque el EP saliera como Shinoflow, ya suena bastante a este disco.

Vaya, que no serás “El-artista-antes-conocido-como-Shinoflow”, a lo Prince.
(Risas) No, no. Aunque no estaría mal cambiarse el nombre en cada disco. Es más: creo que eso lo puedes hacer con las redes sociales hoy en día cuando saques un disco.

¿Para?
Para putear un poco a la compañía (risas).

Bueno, bueno… que esta poesía musicalizada que presentas no creo que sea para putear. Aunque también había algo próximo al Hip-Hop años atrás.
¿Poesía musicalizada? Me gusta, es bonito, pero no es Hip-Hop. Cuando hablamos de lo anterior habría que irse cinco años atrás, aunque hay muy pocas referencias de aquellos años. De todas formas, estoy totalmente fuera de ese registro porque llegó un momento en el que lo veía más como un límite.

¿En qué sentido?
Como un límite estilístico para mí a la hora de hacer canciones. Es decir: el Hip-Hop no deja de ser un género con unas directrices y unos cánones bastante puristas. Tú has dicho que lo ves como poesía, pero es que toda la música tendría que ser poesía. Al menos así lo pienso yo. Entonces, el Hip-Hop no deja de ser algo estricto con un límite al que yo enseguida llegaba, y eso, quieras que no, te quita mucha libertad si lo que te pide el cuerpo es ir más allá.

Pero sí escuchabas Hip-Hop, ¿no?
Nunca he sido un gran consumidor del género, pero me atrajo en su día el formato para contar cosas. Yo de adolescente mamé mucho Grunge, tuve una banda que no pude mantener y me hice conocido por canciones más raperas. Como ves, me ha costado coger las riendas de lo que quieres y puedes hacer, pero es divertido eh.

Así que “Ciencias celestes” representaría ese cambio.
Exacto.

En el libreto aparece también lo de “historias escritas por Carlos Sadness”. ¿Siguen las canciones algún tipo de hilo argumental?
No es que sigan un hilo en concreto con unas letras que formen un disco conceptual, pero sí que hay una esencia en las canciones que es lo que está marcando ese estilo.

Yo lo interpreto como un problema sentimental que se abre hacia dos caminos: o sigues para bien o dejas que todo vaya mal, aunque busques terminar con ello de una vez por todas. Es más: ‘Celeste’ sería un camino y ‘Canción fronteriza’ otro.
Es un punto de vista interesante porque precisamente, esas dos canciones son las que definen el disco porque son muy diferentes entre sí. Además es que lo definen tanto por el sonido como por las historias que se cuentan porque es verdad que son dos temas que podían ser de amor porque tienen un enfoque especial. Es decir: ‘Celeste’ es una canción que casi narra la vida de un animal que ve por primera vez a una persona.

Aunque somos muy animales (por el instinto) cuando nos enamoramos.
Sí, más instintivos, más primitivos o más impulsivos. Por eso me gusta convertirme en un zorro para hablar de algo así porque escribir una canción de amor sobre una chica que se ve me parece una pastelada. Sin embargo, si lo cuenta un zorro, resulta más divertido, o menos cursi, odiaría que fuera cursi.

¿Y ‘Canción fronteriza’?
Pues sucede en el mismo paisajes. De hecho, son dos canciones que parten de una composición mía y que plasman muy bien lo que quería decir en este disco. ‘Canción fronteriza’ es lo que me gustaría hacer con el amor. A veces, es la libertad de elegir a la persona que tú quieres para enseñarle todas esas cosas que te parecen maravillosas.

Normalmente, la gente dice “compartir mi vida” y no “enseñar”.
Una cosa no quita la otra, mira, me gusta mucho viajar a la zona de Huesca y demás por los campos que hay y sus colores. Pienso que, si lo veo yo solo, no lo estoy disfrutando tanto como si lo compartiera con alguien. Por eso, esas ganas de compartir las cosas que te parecen especiales, es lo que refleja ‘Canción fronteriza’ en el sentido de lo que es el amor.

Otro detalle que he sacado de todas las canciones es que siempre aparece un bosque (o bosques) o un árbol como una maraña para perderse.
Tal cual, porque me gusta mucho irme por ahí. Entonces, las cosas que me inquietan en Barcelona las dibujo en esos sitios en los que he estado perdiéndome en el viaje. Al fin y al cabo, creo que todas las historias que hay en el disco en las que se habla de un bosque se pueden traducir como a una ciudad, relaciones personales… que son cosas que vivo, les he puesto el escenario natural porque he pasado unos años de reencuentro con lo salvaje.

Considero que ‘Au revoir’ (con Zahara) es una pelea entre el odio y el querer, también.
Sí. De hecho, está va más de eso que las otras. Para mí no es una canción de amor porque está escrita pensando en desprenderse de muchas cosas y de muchas personas, aunque no es una historia concreta. También es verdad que en el estribillo dice eso de “será mi despedida para volverte a ver” porque muchas veces tienes la necesidad de mandar a alguien a freír espárragos. Pero son personas que necesitamos.

Ni contigo ni sin ti, vaya.
Claro. Es una canción para mandar a alguien a la mierda pero arrepintiéndote a tiempo para sentir que la necesitas después.

¿Puede estar esa redención en ‘Siempre esperándote’?
Bueno… en verdad es una historia de impuntualidades y de…

¿…de dar mucho y recibir poco?
No. Creo que habla de cuando hemos estado pendientes de una persona que no nos hacía caso y luego descubrimos que también estaba igual que nosotros. Es pensar en toda la vida que se ha escapado por no haberse dado cuenta de esos detalles, que es algo que se da en la adolescencia por eso de ser más inocentes. Es algo ultrasencillo que quería envolverlo con una historia. Es la impuntualidad de haber coincidido en el espacio pero no en el tiempo.

Y ‘Mátame ya’ como el deseo de acabar con la historia.
Sí. Es suplicar que te maten por no aguantar ya más la impaciencia pasional, puedes entenderlo como un calentón. Yo soy Aries y soy muy impaciente.

¿Con todo?
Creo que sí, aunque luego no te queda más remedio que aprender a esperar.

Y el que espera, desespera.
Claro, y yo desespero un poco. Pero bueno, tampoco soy tan impaciente (risas). Después de hablar de esta canción puedo parecer el tío más pesimista del mundo, pero en realidad soy una persona muy positiva que sueña.

Después de escuchar las canciones ya nombradas y ‘El cazador y la serpiente’, queda una sensación de consolación.
Pienso que en este disco, las canciones tristes no son tan tristes. Pero sí es verdad ‘El cazador y la serpiente’ es de las más tristes, bajo mi punto de vista, porque me pone los pelos de punta. También es una historia sobre personas y de cómo el entorno puede acabar con ellas. Como ‘Siempre esperándote’, la cual me parece muy triste también. Pero no son canciones dramáticas.

¿Y las que parecen felices?
Esas, como ‘El día que hizo más viento que nunca’, cuenta una cosa bastante fuerte y muy sentimental. Es como ‘Hoy es el día’; todo el mundo me dice que es muy positiva. Bueno, tan positiva… no es, cuenta algo que tiene una tensión. La canción habla de mi relación con el mundo musical y con la gente que me escucha. Por eso es la primera canción del disco, porque hoy es el día de volver con esto y darlo todo. Es esa pelea que el artista tiene con el arte, que hay veces en las que uno se pone en duda de si va por un camino acertado o no.

¿Llegaste a encontrarte en un brete?
No en el hecho de hacerlo o no hacerlo, sino porque este disco era un poco arriesgado. Hay gente que incluso me dice que esto que ahora hago es más comercial con respecto a lo que hacía al principio. Pero no sé, pienso que están completamente equivocados porque lo fácil habría sido hacer un disco continuista a lo que hacía, de Hip-Hop un poco sentimental que emocionara a la gente, que no hay mucho, pero es que yo no quería hacer eso, me apetecía hacer canciones mucho más cercanas al Rock, al Pop… aunque sea una palabra maldita. El Pop es lo mejor.

Hablamos de canciones humanas, más que otra cosa.
Es otro punto de vista interesante. Yo quería hacer canciones, simplemente. Le pasé a uno de mis amigos raperos ‘El día que hizo más viento que nunca’ y me dijo que parecía una canción de anuncio de la tele, de manera despectiva. Joder, ¿y eso es bueno o es malo? (Risas) Mi amigo volvió a llamarme al día siguiente diciendo que debería hacer todo el disco así porque iba a ser la hostia. Eso me dio un voto de confianza. Este es un disco sorprendentemente alegre para un tío que se llama Carlos Sadness.

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