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Archivo mensual: septiembre 2012

Igor Paskual: Simpatía por la honestidad.

Publicado en

“El Rock es el toque lumpen que necesitamos”.

Es una tarde de Agosto en Madrid muy calurosa. La reunión con Igor Paskual se centra en cierto café con solera de la zona del metro de Bilbao. Mientras hablamos de los viajes, la carretera y las giras, el camarero sirve sendas consumiciones que darán cobijo a una extensa charla sobre la mítica (y la ética) del Rock and Roll, la prensa musical, drogas, política, sociedad, la vida con Babylon Chàt y después con Loquillo, además de hablar sobre “Equilibrio inestable”, su disco en solitario que ha hecho crecer su figura como autor y como músico indispensable del panorama patrio. Las edades que observan terminan convirtiéndose en acaudaladas vasijas de sabiduría.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

Comencemos hablando de Argentina, veo que allí te dan bastante bola. Al margen de lo que haces con el Loco.
No es que me vaya de la polla, pero no me puedo quejar. Escuchan más. Creo que, junto con los países anglosajones, es donde mejor entienden el Rock. Tienen la oreja más abierta. No sé si es que escuchan con otra cultura o con otra inocencia.

Yo creo que, además, es parte de su cultura. Es su folclore.
Pero me extraña en Argentina. Aparte de ser un país culturalmente muy rico, como lo han pasado tan mal, para ellos el Rock es un medio de expresión válido. La gente allí se tira meses ahorrando para ver un show de quién sea. Le tienen otro respeto. En cambio, aquí, el Rock es un medio más de consumo como lo puede ser un videojuego, la consola, el cine, ir al McDonalds o al centro comercial. Pero es mi opinión. Aún así, me gustaría saberlo. Igual es que nosotros estamos saturados, como que lo hemos tenido demasiado fácil, y eso le ha quitado cierto misterio o rito al Rock.

¿Como a un niño que le dan todos los regalos de Navidad a la vez?
Sí, creo que ha pasado un poco eso. También está que hemos experimentado una mejora muy grande en muy poco tiempo. Hemos pasado de ser un país de arrendatarios en donde nadie era propietario y todo el mundo vivía de alquiler. Antes te echaban del trabajo y te jodía porque era el pan de tus hijos, ahora lo lamentas porque tienes una hipoteca que pagar. Es que esa diferencia de ser arrendatario o propietario es muy grande. Y en este país no sabemos lo que era eso hace 30 años.

O sea, que hemos pasado de ser vasallos a ser señores.
Exacto. Y creo que eso ha tenido mucho que ver con la música. Cuando las cosas te van bien te apetecen sonidos más blandos. Pero no sé qué es lo que sucede aquí exactamente porque el Rock a finales de los 70 y mediados siempre se consumió. ¡Barón Rojo llenaba los recintos de Madrid! El Heavy, eso sí, ha tenido bastante más aceptación.

¿Eso es debido a que eran “más de la calle”? También hubo una época en la que el Rock era considerado algo imperialista por aquello de venir de Estados Unidos.
El Rock en los 60 y en los 70 era considerado una cosa de pijos porque no era accesible a todo el mundo salvo para los chicos que iban a Londres o los que vivían cerca de las bases americanas (posiblemente porque sus padres fuesen militares). Por eso estaba visto como algo de pijos o accesible para una élite, como todo lo cultural en España hasta que murió Franco. Era una cosa de 4, por así decirlo. Pero yo entiendo el Rock de otra manera. Pasa que, en España, triunfa lo que es Rock urbano como Boikot o Extremoduro; ese tipo de sonidos, o ya el Pop blando o el Heavy, que es algo más de barrio. Pero el Rock, tal y como yo lo entiendo (algo más Bowie), no es una cosa que sea todavía muy popular en España.

¿Más como un modo de vida?
Sí, pero quizá con una cierta elegancia.

¿Y cuándo el Rock dejó de ser un sentimiento para pasar a ser un modo de vida?
Es una pregunta que tiene muchas más preguntas dentro (risas). El Rock en sí es un sonido, no es más que eso. Lo que pasa es que como nos transmite esas grandes pasiones, esa poesía o esa manera de sentir, nos gusta creer que cuando escuchamos un disco de Rock estamos siendo transportados a otra vida. Por eso nos duele tanto que se metan con nuestro grupo favorito, porque sentimos que se meten con algo muy personal, como realmente es. Pero desgraciadamente, para bien o para mal, el Rock tiene muchos usos, como lo tiene la pintura o lo tiene la literatura. Es mercantilista, de hecho. El Rock es un elemento muy importante dentro del sistema capitalista, que es esa válvula de escape necesaria, ese cuarto de baño que tienen todas las culturas, como el carnaval. El carnaval, por ejemplo, es esa especia de vomitorio donde volcar las frustraciones. Pero eso se paga y se cotiza. Hay gente que vive muy bien dentro de eso, gracias a eso y para eso. Es como un libro de Bukowski al lado de uno de Homero. El Rock es el toque lumpen que necesitamos. Los fans de Sabina o los fans de The Rolling Stones, por ejemplo, como todo el mundo, llevan una vida ordenada que encuentra su vía de escape con ese “momento Rock”. Eso lo han entendido muy bien los yanquis, pero somos nosotros los que no queremos acabar de creerlo. De hecho, ellos lo empezaron a llamar “show-business” quitándole ese halo romántico vistiéndolo solamente para venderlo mejor.

¿Y en qué lugar quedaríamos nosotros ante eso?
Nosotros, lo podemos tomar de una manera más romántica y que eso se corresponda con una ética para ser mejores con la gente que trabaja con nosotros. Cuando firmamos con una compañía queremos que sea un contrato en condiciones, legal, con gente que merezca la pena. Luego, nosotros podemos actuar de una manera más Rock, de la manera más ética o no. Pero mucha de la gente que se encuentra (y se ha encontrado muy arriba) no ha actuado de la manera más ética.

También es posible que se tenga idealizado este mundo. El rollo de los camerinos, el eslogan de “sexo, drogas y Rock and Roll”…
También. El eslogan “sexo, drogas y Rock and Roll” tuvo sentido en su tiempo, que es en los años 50 con esa etapa puritana de los norteamericanos, esa doble moral que tienen por ser descendientes de calvinistas integristas. Date cuenta que las primeras migraciones norteamericanas no son por motivos económicos, como la irlandesa en el siglo XIX, sino que fueron por motivos religiosos. O sea, los primeros puritanos del Mayflower y su puta madre, todo eso, son porque eran extremadamente puritanos, metodistas; por el método y La Biblia. Por eso tienen ese punto tan puritano. De hecho, cuando The Beatles fueron a girar por Estados Unidos, flipaban de lo puritanos que eran. Claro, ellos venían de lo que era la Inglaterra de posguerra que se liberó en los 60 y se encontraron con una América muy pacata.

Quedó constante con la frase de Lennon sobre que The Beatles eran más conocidos que Jesús.
Exactamente, y sobretodo en términos sexuales. Eso sí que tuvo que ver con la liberalización de las costumbres. Pero a partir de la liberación del 68, cuando ese tipo de costumbres se liberan realmente, lo que hace el sistema muy sabiamente (como siempre) es pasar por caja. Entonces, cuando nosotros hacemos “sexo, drogas y Rock and Roll”, estamos pasando por caja, sea para un camello, un pub, una discoteca, una tienda de discos… El lema es válido, pero es válido con todo lo apetecible y con todo lo placentero. A mí me parece que es eso y mil cosas más, como Cernuda, Lorca, Dalí… Son cosas muy placenteras, pero ese leitmotiv sirve para que nosotros, cada vez que escuchemos un disco de The Rolling Stones o vayamos a un concierto suyo, sintamos que estamos viviendo una vida que creemos que ellos viven. Digamos que el Rock tiene el pasaporte hacia ese misterio. Es importante para la sociedad.

Como el fútbol, ¿verdad?
Como el fútbol y como mil cosas. Pero el Rock está muy bien integrado. Nació en Estados Unidos gracias al hecho de que un músico negro pudo ser popular. Fue ahí cuando comenzó a ser rentable el Rock. Ahí se acabaron las barreras raciales y no había problema alguno. El Rock and Roll es algo maravilloso y fantástico, pero nunca hemos de perder la perspectiva de que entra dentro de un sistema que paga, en el que vive mucha gente y donde hay (o había) un sistema muy bien armado. Aunque para muchos lo sigue habiendo. Detrás de ese sueño romántico que tenemos y que hemos aprendido a través de los discos, creo que hay un margen de operación muy amplio: desde poder ser un hijo de puta (como tantos y tantos que he conocido en el negocio), hasta gente que lleva realmente esa honestidad a los máximos niveles. Mucha gente ha intentado hacer una ética con el Rock and Roll.

¿Ejemplos?
Pues mucha gente del Hardcore, que es precisamente la rama de la música que más me gusta. Todo el Hardcore de principios de los 80 con Fugazi o Hüsker Dü, era algo que ellos llevaban al límite, que era la de la enseñanza del Rock para crecer con ello y ser válido teniendo una ética y estando también en contra de una serie de cosas que querían transmitir. Hay muchas maneras de tomarlo, aunque luego se puede ser un pedazo de hijo de puta.

¿Y qué hacemos con GG Allin?
¡El extremo! No voy a decir que me parece cobarde, pero sí que es un lado en el que no tienes que rendir responsabilidades ni cuentas a nadie porque no creces con ello, te autoaniquilas. Llega un momento en el que te quemas, vale, ¿y qué? ¿De qué me sirve eso en mi vida diaria cuando bajo a comprar el pan o cuando me enfrento al dilema de echar o no a un músico? ¿Qué me ha enseñado esa actitud para que yo pueda responder a eso? Pues eso me lo ha enseñado el tío de Fugazi o Joe Strummer, en un momento dado, pero no GG Allin o Sid Vicious. Son extremos que se tienen ahí, en el panteón sagrado, pero realmente no se tienen que enfrentar a las propias responsabilidades de las decisiones que ellos toman. En cambio, el tipo de Fugazi o la gente de Black Flag, sí. Me parece más interesante gente que crece con el Rock and Roll. Es una cosa muy adolescente, pero lo que me apetece es poder crecer con ello y plantearme con 40 años o con 36 (los que tengo ahora), teniendo hijos y una familia, cómo el Rock and Roll puede convivir con mi vida.

¿La honestidad de crecer con lo que estás haciendo?
Exactamente. El ejemplo de GG Allin me sirve de poco porque era un kamikaze. Es una especie de huída hacia delante que está en la gran mitología del Rock, que nos siguen vendiendo desde todos los lados y que nosotros queremos comprar porque nos gusta comprar y nos gusta consumir algo que nunca vamos a hacer. De hecho, lo vemos cada poco en la Rolling Stone, que es una de las revistas que más difusión te da pero que en España es quizá una de las revistas más estúpidas que hay. Es una revista hecha por gente de clase media-alta o normal que idealiza “las noches salvajes del Rock” y toda una sarta de estupideces para lavar la cabeza a quinceañeros. Totalmente, en ese aspecto, prefiero mil veces el Popular 1. No voy a decir sí es más consecuente, pero me parece que reflexiona sobre eso mucho más. Pero eso de “la vida más corta de no-sé-quién” o “los suicidios más impactantes” me parecen una sarta de mongoladas. Todo ese tipo de titulares asquerosos y demagógicos contribuyen a perpetuar ese mito anodino del Rock que a estas alturas debería estar ya muy superado, pero no lo está.

¿Porque “ellos” quieren que siga siendo así?
Porque lo quieren ellos y porque lo queremos nosotros, que somos gilipollas y lo seguimos comprando. Lo saben y lo siguen moviendo. Es igual que la tele con Jorge Javier Vázquez: sigue dando lo que da porque la gente lo ve.

Pero nadie ve el programa salvo si es de pasada cuando iban cambiando de canal.
(Risas) Claro, todos vemos La2.

“Está todo tan separado que veo a la gente muy sectaria”.

Me imagino que es algo parecido a lo que sucede con la cantidad de festivales. Mientras haya demanda…
Sí, pero el festival juega con una baza: venden una experiencia global. La música es una tercera parte para esa gente que va al festival, a no ser que sea un Azkena, que es un festival para gente muy “gourmet” que sabe lo que va a ver. Pero por lo general, si hay un cartel medianamente interesante, creo que se juntan más cosas, como estar 3 días con tus amigos. A mí me parecen incómodos, pero la gente que conozco que va, lo hace para eso y para otras cosas. Y claro que tiene cada vez más demanda. Estamos en un país en el que gustan todas las fiestas.

Y que el Rock, como tal, no tiene demasiada cabida dentro de ciertos festivales. También está apartado de las radios, y si no hay gente que lo apoye, no habrá demanda, y si no hay demanda… ¡kaput!
Claro, pero es que el mayor problema que tiene la música hoy en día (que hay muchos) es, para mí, el de la difusión. Todas las radios están copadas por viejos “oldies” y se han dado cuenda que ha funcionado el modelo de KissFM, que es poner música para que tú no cambies. Es decir; antes te enganchabas a una radio porque no había más, pero si a los 20 segundos no te gustaba una canción, cambiabas. Ahora se han dado cuenta de que el oyente no tiene que cambiar de canal porque ya saben lo que le gusta. Si Calamaro saca disco, no le van a poner la nueva canción, sino ‘Flaca’ o ‘Sin documentos’, por ejemplo. Por lo tanto, todas esas radios que antes estaban para todos esos artistas mainstream, ya no están ahí, sino que ocupan las radios donde antes estaban otros artistas más pequeños. Así es muy difícil que alguien escuche tu canción.

¿E Internet?
Internet es una gran herramienta, pero le falta el filtro. Hay mucha información, pero es normal, a mí me pasa también. Recibes miles de llamadas y no sabes a cuál atender. En ese aspecto, encuentro lo complicado. ¿Pero qué es lo que pasa? En mi caso, pasa lo que antes me habías reflejado: hoy en día está el mercado Heavy, el mercado Indie, el mercado Mod… si tú perteneces a uno de esos grupos, más o menos tienes tu circuito. Cerrado, pero lo tienes: tus revistas, tus radios pequeñas y tus festivales. Pasa en el Indie, pasa en el Heavy y en músicas más minoritarias. Pero con el tipo de Rock que hago, que no es ni muy Heavy ni muy Pop o Indie, noto que me cuesta ver el tipo de revistas afines a mí. Igual soy más afín a Popular 1, sin que sea un “artista Popular 1”, pero es posible que haya gente de Rockdelux a la que le interesaría. Pero son compartimentos estancos, que es como funciona la música en España. Compartimentos muy separados, mucho, para todo.

Nos prefieren alienados, amigo.
¡Eso es! Está todo tan separado que veo a la gente muy sectaria. Poco a poco, y por suerte, vamos quitándonos eso, pero está “lo mainstream”, “lo Indie”, “lo Heavy”… entonces, el que está entre dos tierras lo pasa un poco mal. Tienes que tocar más puertas porque tu público está en muchos más sitios.

También habría que tener cuidado con el encasillamiento. Basta que dejes de ser el líder de una banda para hacer una carrera en solitario como para que te sigan recordando por el nombre de la antigua banda y no por lo que haces en el presente.
No sé los demás, pero en mi caso siempre pido que en los carteles no aparezca el nombre de Loquillo, aunque a veces se me cuela alguno. Pero creo que lo hacen porque como cada vez es más difícil vender tickets, tienen que tirar de cualquier reclamo. Lo hacen hasta con los grupos más grandes, a no ser que seas un Noel Gallagher y que tu propio nombre hable por ti. Me imagino que ya será una necesidad de hacer publicidad. Yo prefiero no ponerlo, pero reconozco que el tipo del bar quiere que entre la mayor gente posible y piensa que eso es un reclamo. Es que es muy difícil hoy en día llamar la atención y cuesta mucho dar a conocer tu música después de separarte de un grupo. Te pongo el ejemplo de Pereza al tener dos nombres muy conocidos, pero si no fueran tan conocidos tendrían que poner Pereza al lado de sus nombres, seguro.

Y eso que Rubén venía de Buenas Noches Rose, grupo mítico del underground. Como tú, que venías de Babylon Chàt. Eso sí, sales del underground y esos nombres se diluyen. Amén de que habrá gente que ni sabría de tu estética Glam antes de ser “guitarra de Loquillo”.
Ahí ya hablaríamos de las categorías y de las imágenes. Cuando tú le das una imagen a la gente, quiere esa misma imagen después. Hablas de Jaime Urrutia y ya ven la imagen del Rock torero. Y ya está. Es difícil moverlo de ahí. Por eso a Loquillo le ha costado mucho hacer discos de poetas o cosas mucho más allá, porque tiene el estereotipo de tío que sale al escenario a comérselo todo haciendo Rock. Una vez que te creas el arquetipo, es muy difícil salirte de él. No sé si es por el país en el que vivimos o por cómo funcionan los grandes medios de comunicación. Es decir: la gente no quiere complicaciones. Leen el periódico a toda leche mientras desayunan y ven una foto de alguien porque no quieren grandes matices, sino una idea con categorías muy claras y muy sencillas porque no tienen ni tiempo ni ganas como para digerir más. Creo que va un poco por ahí.

Pero, en parte, es bueno que no sepan dónde meterte…
Bueno, depende del estatus que tengas. Para Enrique Bunbury no será algo muy complicado aunque lleve algunos discos con la misma tímbrica, pero su característica es que ha hecho cosas con muchos cambios radicales, que me parece su etapa más interesante. Ha hecho de esos grandes cambios una marca. Creo que él, junto con el Loco, es de los pocos que lo han conseguido hacer.

Voy a centrarme en tu caso, pero no en la música en sí, sino en las letras. Con Babylon Chàt era todo muy atropellado, mientras que con Loquillo has tenido que aprender a hacer letras más reposadas incluso pensando en él. Sin embargo, en tu carrera en solitario, hay una evolución de todo eso.
Sí, y estás en lo cierto. En Babylon Chàt hay letras muy urgentes, exactamente en “Hotel adicción”, que es un disco más Punk y tal. Pero en “Bailando con Brando” ya voy matizando un poco más. En cuanto al Loco; él hace las letras y yo le compongo algunas, pero hace la mayoría. Con él no aprendí solamente a escribir, sino a cómo concebir la música. Como con Jaime Stinus, con quién me entiendo mucho y muy bien también. Es un tipo muy sabio que tiene la música en la cabeza a muchos niveles: de conocer discos, de tocar instrumentos, de producir, de concepto global como autor, como guitarrista… realmente es un tipo muy bien armado. Cuando se nos vaya, su cabeza debería pasar a otro (risas). Aprendí mucho de él.

La piedra angular, vaya.
Lo es. Es un tipo muy músico. En este último disco que hemos estado grabando de Loquillo, escuchábamos muy poco las maquetas, lo grabábamos en directo y él sabía ver muy bien la jugada para saber dónde lanzar la canción. Es de los mejores momentos musicales que he tenido en mi vida.

¿Y la experiencia con Loquillo?
Para empezar, es 15 años mayor que yo, y es alguien que toca en otra serie de escenarios más grandes en los que se necesita otro tipo de lenguaje muy diferente comparado con los bares en donde yo tocaba. Eso fue un cambio del copón. Luego, yo tuve que ponerme a escuchar mucha música de la cual el Loco era fan y yo desconocía. No era ese rollo 50 que ya conocía, sino algo más Kristofferson y mucha música francesa, de la que no tenía ni idea. Son dos lenguajes más reposados, muy alejados del Punk y del Glam. Pero aunque al Loco le gusta el Glam, ha tirado más por la parte más elegante del Bowie de “Young americans” o por la parte de Roxy Music. Es un cambio enorme. Así que, antes de sacar mi disco, estuve un tiempo buscando un lenguaje propio que no sonara ni a Babylon Chàt ni a Loquillo. Veía que tenía mucha información y que debía de gestionarla de alguna manera. ¿Qué podía hacer con todo eso? ¿Dónde está mi voz? ¿Dónde mi papel? ¿Qué es lo que quiero contar?

Y tardaste…
¡Tardé un huevo! Hombre, con el Loco había un gran volumen de trabajo también. Pero cuando te pones a armar un disco ya sabes lo que es. Antes de hacer nada, me puse a hacer muchos conciertos. Después vino buscar un contrato y grabar el disco… o sea, se tarda. No es algo que salga urgente, pues es un proceso lento. A eso añade que había que buscar fechas, tener un “impasse” con el Loco… Se juntaron muchas cosas que fueron atrasando todo.

Voy a irme atrás en el tiempo para tratar el tema de tu entrada con Loquillo. Entraste en un momento jodido, cuando Trogloditas estaban acabando, mucho después murió Guille Martín…
Loquillo y Trogloditas siempre me habían gustado un montón, junto con Ilegales y algunos discos de Los Rebeldes, porque era un poco el paradigma del Rock que a mí me gustaba. Rock muy potente, sin miedo a las baladas, con un gran sentido del directo… Y no era Rock urbano, aunque tenían mucho de callejero, pero era algo más elegante, como The Clash. Para mí, los Troglos eran los Clash españoles. Además, tenían esa pinta y unas letras con doble o triple lectura. Era un grupo que daba mucho de sí. De todas formas, me alejaba de las referencias, aunque con Jordi Vila (que era con el que mejor me llevaba) teníamos muchos gustos en común. Todo ese lenguaje del Rock que ellos manejaban ya me lo conocía. Por ese lado fue relativamente fácil. Pero lo complicado era cómo hacer el paso con una banda de Rock potente, como la gira que hice con Xabi Tacker, entrando con mogollón de ganas al escenario. ¡Eran la banda del “¡A por ellos…! Que son pocos y cobardes”! Recuerdo conciertos que eran auténticamente demoledores. Ese fue el canto de cisne de una época, pero el Loco tenía muchas cosas en la cabeza y había que ponerlas en orden. Discos como “Balmoral”, “Arte y ensayo”, “Su nombre era el de todas las mujeres”… ¿Cómo podía dar ese giro hacia un Rock más europeo más adecuado a su edad sin perder latido? Fue un proceso que llevó muchísimo tiempo. Fue lento. Y ya no sólo hubo que hacer limpieza de músicos, sino que además el negocio en España está llevado por gente que casi son más ganaderos que otra cosa. Lo digo con cariño, pero había mucho que limpiar ahí.

Es que la época de la que venían pesaba (y pesa) mucho.
Venían hipotecados por esa gran época que fueron los 80 y venían con mucho lastre, ya no musical, sino también mental. Era una manera de funcionar distinta. Fue todo muy poquito a poco, quitando management, músicos, formas de trabajar… todo ese pelo de la dehesa española. La verdad, hay que reconocer, que ha mejorado mucho. Antes, para conseguir un sonido potente de guitarra en España, era imposible. Pero ahora, cualquier tío medio competente te lo sabe hacer. ¡Los tipos de los estudios escuchaban a Kenny G!

Y no hablemos de los vientos… Creo que por entonces, los únicos que sonaban bien con vientos eran Raphael o Camilo Sesto.
Mira, tú escuchas los discos de Raphael o incluso temas de Raffaella Carrà, y alucinarías después de escuchar el sonido que tienen los bajos y las baterías. El problema en España fueron más los 80 que los 70. Escuchas las guitarras de Leño y suenan mejor que las guitarras de Rosendo en los 80. No sé qué pasaría, pero es como que se desaprendió un camino.

Ahora está volviendo ese rollo, como New Wave…
Sí, pero ya es una manera buscada y hecha adrede. Además, el nivel de infraestructura para grabar un directo ha mejorado mucho en España. En Argentina, te das cuenta lo que les cuesta conseguir una púa de fibra o un pedal o un afinador bueno. Te hablo del músico medio, claro.

¿Tendríamos que darnos con un canto en los dientes?
Depende para qué. Hay gente que puede tener instrumentos buenos y acceder a Internet. Yo me tiré dos meses para sacar el solo de ‘Johnny B. Goode’ (risas). En ese aspecto hay muchas más ventajas. Pero ya te digo, en España podemos darnos con un canto en los dientes por muchas de las cosas que tenemos porque es que no sabemos ni lo que tenemos.

Nos hemos quejado de vicio, también.
No sabemos apreciar lo que tenemos ni de coña. No hemos sabido apreciar el sistema sanitario, ni el educativo, ni nada de lo que tenemos. Este varapalo es una mierda porque vamos a salir fatal de la crisis, pero igual nos viene bien para apreciar.

Ahí podemos enramar tu frase “un pesimista es un vago y un hijo de puta”.
En España, sí. Es verdad y lo siento así. Pese a toda esta situación económica que estamos pasando, aún así somos unos privilegiados. Vivimos en un 20% del planeta que tiene agua corriente. Solamente por eso ya deberíamos estar agradecidos. ¿Qué me diferencia a mí de un tío que ha nacido en Nigeria? Nada, que yo he tenido la suerte de nacer aquí, nada más. En Argentina, si te quedas dos veces en paro, no tienes derecho a cobrarlo. O vete a otros países como Perú, países menos seguros. En ese aspecto hemos sido muy poco conscientes de lo que costó tener las cosas y de lo que es. Un colegio público en los 80 tenía una educación de puta madre. Ahora veo a muchas mamás llevando a sus hijos a un colegio privado porque piensan que pagando la educación va a ser mejor puesto que lo gratis tiende a ser malo. ¡Nosotros en los 80 nos meábamos en los privados! Y es una suerte que no pasa en todos los países. En Inglaterra, para estudiar tres años de carrera, te hipotecas porque no hay quién lo pague. Es muy difícil pasar de clase social. Todo eso pasó después de Thatcher, por cierto. No es que me alegre de lo que está pasando, pero nos va a venir muy bien llevarnos una buena hostia para que nos demos cuenta de lo que nos va a costar volver a tener los servicios sociales que teníamos.

Algo así cantas en ‘Bebemos’, por cierto. Habla de las borracheras, la resacas… pero también de que hay que seguir adelante.
Sí. Pero es una canción muy ambigua porque realmente no me posiciono ni estoy diciendo que dejes de beber. Simplemente vi que muchas canciones hablaban de beber y de las resacas, pero muy pocas hablaban de por qué bebemos. Entonces, solamente quería hacer un recorrido de lo que te lleva a beber y a hacer esas promesas siempre incumplidas (risas). Yo, que vivo en el norte, veo con respecto a otras zonas lo complicado que es dejar de beber y más cuando nos socializamos tanto con el alcohol. Es que es más fácil conseguir en un camerino a las 3 de la mañana una raya o una botella de whisky antes que un sándwich (risas). Pero sí, por supuesto que hay que seguir.

Y tener autocontrol y mesura, ¿no?
También. El problema es que es muy complicado. Antes me gustaban las cosas con mucho exceso, pero ahora empiezo a disfrutar -con los años- la mesura porque no hay cuerpo ni tiempo que lo sostenga, sobretodo en eso de gestionar el tiempo. Cuando estás muchos días viviendo de noche, pasas muchas resacas… y el día tiene 24 horas. Además, la noche lleva mucho tiempo, aparte del dinero. Llega un momento en el que ya has vivido tanto esas cosas, que termina perdiendo sentido porque son como vidas repetidas que consumen mucha energía. Pero creo que es una etapa que hay que vivir porque tiene un aprendizaje, pero es una etapa y hay que superarla. Ya está. Es lo que diferencia al niño del adulto, esa manera de vivirlo. Hay de todo: unos se han quedado y otros siguen, pero cuando estás en gira, ese es el alivio rápido. Que por cierto, te recomiendo el libro de Silvia Grijalba titulado así; “Alivio rápido”. Trata sobre una banda en gira y todo eso de lo que te estoy hablando. Pero en fin, cuando pasas esa época de estudio y de aprendizaje teniendo una edad, toca trabajar y hacer buenas canciones.

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Trogloditas: Caballeros de la leyenda.

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“Al final, aguanté con Loquillo y Trogloditas por la pasta”.

Como un animal salvaje que se levanta herido después de la lucha, Jordi Vila y Simón Ramírez decidieron recomponer Trogloditas con el peso de la historia después de haber sido la banda que capitaneó Loquillo durante toda su carrera, prácticamente. A día de hoy, a Vila (batería) y a Simón (bajo) se le han unido nuevos músicos, sangre renovada, que ya eran amigos en otras batallas: Diego García (guitarra y voz), Toni Retamosa (guitarra) y Andreu Montaner “Lobo” (voz). Bajo el lema “el regreso de una banda”, Trogloditas vuelven a darle a vida a canciones como ‘Barcelona ciudad’, ‘El ritmo del garaje’, ‘Rock suave’ o ‘Cádillac solitario’. Jordi Vila y Lobo hicieron acopio de experiencia en esta siguiente entrevista donde hay sinceridad y Rock and Roll en grandes dosis.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

Se dice que esto es el regreso de una banda. ¿No sería más bien un renacimiento?
Vila: Lo puedes llamar como prefieras, aunque el regreso es por parte de Simón [Ramírez] y mía. Pero sí, tienes razón, es más bien un renacimiento en el que hemos tenido que echar mano de colegas para que nos echaran un cable. Ellos, claro, están encantados.

Entonces sería una recomposición.
Vila: Sí, totalmente. Por mi parte, casi prefiero que estén los que están antes que contar con alguno que no estuviera a gusto.

Me consta que había miembros que no quisieron participar.
Vila: Quisimos que estuvieran también Xabi Tacker y Ricard Puigdomènech, aunque fue Simón el que se ocupó de proponérselo [se refiere a Puigdomènech], pero no le interesó.

Al igual que a Sabino Méndez, ¿no?
Vila: Yo sabía que Sabino no estaba dispuesto a colaborar, así que simplemente le llamé para preguntarle si había algún problema puesto que íbamos a tocar sus temas. No tuvo problema alguno. Lo único, antes de preguntarle si quería colaborar en algún momento puntual, ya me dijo que no lo haría. Claro, estando con El Loco…

Claro, es ponerle entre la espada y la pared.
Vila: El Loco es así: “o estás conmigo o estás contra mí”.

Me da la sensación de que estos Trogloditas de hoy son los que tenían que haber sido en un principio. Me refiero a que tenía que haber sido una banda de Rock y no un cantante con una banda detrás. No sé si me explico.
Vila: Es que al principio era un grupo de Rock. Todos teníamos la misma capacidad de opinión… y todos estábamos igualados en ese sentido. Pero eso fue degenerando con el tiempo para terminar convertido en una dictadura, pura y dura. Al final, aguanté con Loquillo y Trogloditas por la pasta.

Jordi, eso son muchos año, tío.
Vila: Lo sé, pero ya era desde el año 2000. Como te he dicho, al principio, eso era una banda, y ahora hemos vuelto a lo que tenía que ser: una banda de Rock, tal y como la veo yo.

Lobo, dudo que te sucediera, pero me pregunto si te daba reparo tener que enfrentarte a una facción muy fundamentalista de seguidores que te señalaran como el que iba a suplantar a Loquillo, de algún modo.
Lobo: No me daba ningún reparo, pero sabía que eso iba a pasar. Aún así, no me preocupaba. También tengo una parte muy profesional sobre el asunto, lo que pasa es que se ha juntado todo y que esto es con una banda que ha tocado con él [se refiere a Loquillo] durante años, así que todo suma. Yo estoy muy seguro de lo que puedo hacer, de lo que quiero hacer y de lo que ellos querían. ¡Tampoco le estoy quitando el sitio a nadie!

En eso estamos de acuerdo, desde luego.
Lobo: Pero la verdad es que sabía que iba a pasar algo de esto… y de hecho, pasó.

¿Qué sucedió?
Lobo: Bueno, se colgó un vídeo con un sonido malo. La gente, entonces, empezó a criticarme a mí a saco. Luego, mucha de esta gente ha venido a vernos en directo para después pasar al camerino y disculparse.

Por lo menos se disculparon…
Lobo: Sí, sí. Y cara a cara, nada de nicks ni e-mails, sino que venían 3 o 4 cuatro de los más cañeros reconociendo lo que habían escrito. Es algo que me parece bastante leal, tío.

Vila: Es que la gente, cuando nos ve en directo, viene a divertirse. Todo el mundo sale contento después de vernos.

Sois una banda de Rock and Roll que se divierte, ¡qué cojones!
Vila: Tenemos la seguridad de que esto suena bien. Hemos hecho los deberes y hemos currado mucho.

Y todo esto nació después de un “Ráscale Guille”.
Vila: Sí, efectivamente.

¿Pero en el que se hizo por primera vez en Zaragoza en 2007?
Vila: No. Ahí yo no estuve y no sé si había algún Troglodita. Yo desde luego no. Pero estuve en el último (aunque este año no se ha hecho) con Simón y con la ayuda de gente como Diego [Diego García, guitarra] para que nos echara una mano. Él estaba encantado, claro, porque es fan de Guille. Preparamos algunos temas, quedaron bien, la gente los recibió de manera entusiasta y nos hicimos la pregunta: ‘¿Por qué no juntamos Trogloditas otra vez y seguimos?’. Y eso ha sido.

¿Una forma de rejuvenecer algo que no tenía que haber muerto de esa manera?
Vila: Exactamente. Está la sangre la sangre antigua que llevamos Simón y yo, que además es la base rítmica del sonido Trogloditas. Y por otro lado, está la sangre nueva que han aportado Lobo, Toni Retamosa y Diego García. Además, teníamos muy claro que no queríamos hacer ninguna copia, sino que cada uno aportara lo suyo, su sello.

Estaría la etiqueta (por parte del público poco receptivo) de “banda tributo” por ahí, ¿verdad?
Vila: Claro, era un comentario muy frecuente cuando montamos esto. La gente lo decía.

Si se hacían las canciones de manera similar al pasado, dirán que seguís jugando con el cadáver del pasado. En cambio, si las transformáis, os tildarán de sacrílegos.
Lobo: Hemos cogido temas que estaban grabados pero que ellos no habían tocado nunca en directo. Entonces, hemos dado la vuelta a esas canciones adaptándolas a nuestro rollo… y son, para mí, de las que más me gustan del repertorio.

Vila: Hay canciones que en su momento no cuajaron y no se tocaron en directo, así que con esto nos hemos quitado la espina.

Ahí está ‘El país te necesita’, por ejemplo.
Vila: En el disco había quedado fatal y no se tocó en directo. No sé por qué.

Esa canción pertenece a “La mafia del baile”, pero la decadencia se acercaba (como en “Hombres”) y Sabino ya no estaba, ni en la banda ni en la composición.
Vila: Date cuenta que Sabino mantenía alto el nivel de las composiciones, así que la cosa bajó cuando se fue.

Por eso antes te preguntaba sobre la decadencia y tu aguante.
Vila: Al principio fue cuestión de aguantar, pero luego se convirtió en una lucha. Al final era tocar y esperar que me pagaran. En mi caso, llegué a un punto en el que tenía dos opciones: marcharme o bajarme los pantalones para que me dieran por el culo directamente.

Y eso que el Loco dejó después la banda…
Vila: Eso es. De manera maquiavélica. Por entonces, quedaba Simón en el grupo. De hecho, era quién tenía registrado el nombre de Trogloditas, pero el Loco se montó la película esa de que dejaba los Trogloditas para empezar una nueva etapa. Era la forma de echar a Simón.

Punto interesante el de los derechos y el nombre.
Vila: Los derechos los teníamos Simón, Puigdomènech y yo. Lo que pasa es que, según íbamos dejando el grupo, se iba dejando de lado ese tema, un poco presionados por el Loco. Recuerdo que Simón me llamaba agobiadísimo diciendo: ‘Tío, cédeme el nombre porque el Loco me está haciendo la vida imposible’.

¿Y la especie de boicot que hay en la prensa de Barcelona con vosotros?
Vila: No sé si es que tienen algo con el Loco, pero sí que hay una parte de la prensa de Barcelona que nos ignora.

Bueno, lo que no mata…
Lobo: No sé si alguien tiene tanto tiempo como para llamar a alguien y decirle que nos ignore. Si lo hace, es que tiene un problema. Eso sí, nosotros no tenemos ninguno.

La publicidad, aunque mala, siempre es buena.
Vila: Sí. Y eso el Loco lo sabe. Está al tanto de todo lo que hacemos, pero no dice ni mú.

Es posible que se lo esté guardando dentro.
Vila: Conociéndole, seguro.

¿Pensáis que los periodistas que os entrevistan sufren algún tipo de veto después?
Vila: No creo que llegue a ese punto. Pero vamos, me parecería muy fuerte si lo hiciera.

Cosas peores se han visto…
Vila: Cierto. Y el Loco juega mucho con ese rollo…

Lobo: Yo creo que no hay que darle mayor importancia. Si está pasando, pues que pase. Y si no está pasando, pues mejor todavía.

Vamos a centrarnos ahora en vuestro primer concierto en Gandía, después del “Ráscale Guille”. Un importante punto de inflexión. ¿Qué sensación había?
Vila: Hombre, había porque era el primer concierto y la cosa arrancaba. Diría que era una presión buena.

Lobo: Recuerdo estar en el escenario y verme a cuatro roquetas, serios y desafiantes (risas). Pero ahora ya no pasa eso, al contrario, aunque en los primeros bolos pasaba.

¿Y si después de esto quieres montar algo por tu cuenta, Lobo? ¿Te harán la cruz?
Lobo: Es su problema. Yo soy músico, soy cantante… y hay cosas mucho más importantes en la vida, como hacer buenas canciones y tocar bien, antes que fijarse en lo que está haciendo otra persona.

Grabar canciones. Se ha pensado en grabar un disco, ¿verdad?
Vila: Exacto. Pero queremos hacerlo bien, sin prisas.

¿Basándose con las referencias anteriores o con una nueva estructura?
Lobo: Bueno, las referencias son Simón y Jordi, que es lo que nos “ata” al sonido Trogloditas. Y en el nivel de composición es donde tenemos el listón.

¿Y hay material?
Vila: Hay cositas por ahí. Daría para un EP. Pero tenemos que juntarnos todos y prepararlos. Lo ideal sería colgar un par de temas en Internet para mostrar un adelanto y, más adelante, a la larga, grabar un LP. Pero vamos, que puede ser mañana o dentro de un año.

Prisa no hay ninguna, desde luego.
Lobo: Eso está claro. Quiero tener 50 temas para elegir 10.

Vila: Yo con 20 me conformaba para tirar…

Lobo: Bueno, si son 50… mejor. Compuestos por nosotros mismos. Tener muchas opciones para poder hilar muy fino y hacer un disco de Rock and Roll a la altura del nombre.

Y superarlo, incluso.
Lobo: Hombre, en eso estamos.

Vila: Y siempre se podrá superar.

¿Más si se trata de la época en la que no estaba Sabino?
Vila: Sí. Hay algún disco por ahí infumable, como “Mientras respiremos” o “Cuero español”.

Bueno, “Cuero español” es un gran disco. Fue el comienzo de una buena era de Loquillo.
Vila: Es que ahí tengo cierta espina clavada. Empecé ensayando ese disco y a los 15 días hubo un desencuentro con Jaime Stinus y con el Loco y al final me salí de la grabación. Me propusieron grabar 6 temas y el resto Enric Illa, un tipo que iba a hacer lo que le dijeran, así que o grababa yo todo el disco o nada.

Te mostraste íntegro y constante, veo.
Vila: Claro, es que yo lo vi así, pero tuve presiones por todos lados. El resto de los Trogloditas me aconsejaban que me bajara del burro porque tenían miedo de que los echaran. O sea, los Trogloditas tenemos un sonido, ¿por qué cojones tenía que venir alguien de fuera a cambiarlo? Acepto que me sugieran cosas, pero no que me impongan lo que tengo que hacer. Creo que un productor tiene que coger el sonido de un grupo y trabajar con eso, no venir con otro sonido para ningunear al grupo de esa manera. En ese momento, los Trogloditas tenían que haberse puesto de mi lado, pero me quedé solo. Pero mira, estoy orgulloso de no haberme bajado los pantalones.

Realmente, estabas en tierra de nadie.
Vila: Sí, incluso después de esto, el Loco intentó echarme cuando un año antes fue el primero en apoyarme para volver a entrar. No me lo esperaba, la verdad.

Me consta que el Loco se mosqueó contigo cuando decidiste montar Romeo 13.
Vila: Al Loco nunca le ha gustado que tuviéramos bandas paralelas cuando yo he tenido muchas bandas paralelas: Corazones Negros, Romeo 13… Yo soy un tío muy abierto con eso, pero él no me daba el derecho a tener mis bandas.

No había contratos de por medio, ¿no?
Vila: No, en esos momentos ya sólo quería que tocáramos en exclusiva. El Loco es muy posesivo, o estabas con él o estabas en su contra. El hecho de que uno estuviera en otras bandas le tocaba muchísimo los cojones.

Es duro que después de toda una vida pasaran estas cosas.
Vila: La situación era ya inaguantable, al menos por mi parte.

Lobo, ¿cómo se pasa de ser seguidor a cantar con Trogloditas?
Lobo: Desde luego yo tuve una época, cuando estaba montando mi primer grupo (Més Renou), en la que después de ensayar con los colegas nos poníamos a tocar todos aquellos temas. Luego tuve una temporada en la que eso desapareció de mi vida.

¿De golpe?
Lobo: Sí. Empecé a cambiar de gente, a montar grupos de Heavy y tal. Ahí ya dejé de escuchar según qué cosas, pero también la música que hacían ellos también cambió. Todo vino después del “¡A por ellos…! que son pocos y cobardes”.

Vila: Es que esa época coincidió con que Sabino dejó de componer para nosotros y empezó el bajón a nivel compositivo.

Pero mira ahora…
Lobo: Al cabo de varios años, entró Simón con Toni Retamosa al estudio y me dijeron: ‘son los Trogloditas, ¿quieres cantar?’. (Risas) Pero Vila y yo ya habíamos hablado. También me ofrecí en caso de que buscaran cantante. Me hacía mucha ilusión.

Si no me equivoco, la voz fue una de las cosas más complicadas a la hora de montar Trogloditas.
Vila: Todo fue complicado. Además, estaba la presión por meter a algún troglodita más, pero cuando me lo dijo Lobo, tampoco tomé nota ni le dije nada… hasta que pasaron unos días y me acordé de él. Estaba todo tan complicado, que Simón y yo estábamos desmoralizados. Los originales decían que no, Tacker no podía… y no teníamos ni cantante, así que fue el reactivo que nos hizo tomar carrerilla. Simón hablaba de un cantante qua él conocía en Vic, pero le convencí para que viniera a escuchar a Lobo.

Lobo: En una banda así, el cantante es necesario.

Y sin dudas. Nadie se lo pensó.
Lobo: Ni por su parte ni por mi parte. Además, en el primer ensayo quedó todo claro.

¡Como para decir que no!
Lobo: Hombre, igual llegas y descubres que no es la gente que dice ser (risas). Pueden tocar de puta madre y caerte fatal. Pero llevo cantando 25 años y te aseguro que el aguantar con una gente que no quieres no funciona.

Vila: Cambian mucho las cosas con la edad, pero ahora mismo estoy muy bien como estoy.

Se podría ver todo con perspectiva, pero es que no lleváis ni un año.
Vila: En Febrero hará un año. Pero todo va tomando forma.

Lobo: Todo ha pasado tan rápido. Hemos hecho tantos bolos y tantos ensayos, que esto ha sido como una nebulosa. Ahora los conciertos son muy cañeros, pero en los primeros tenía que llevar un atril con las letras. Recuerdo empezar los primeros ensayos y a los dos semanas tener el primer concierto de Gandía. Tuve dos semanas para aprenderme todo el repertorio, ¡y eran 26 temas! Y es que hablamos de letras de 6 estrofas sin estribillos. Me volvía loco. Aunque mira, por llevar el atril también me criticaban.

¡Qué raro! (Estoy siendo sarcástico).
Lobo: Si alguien te quiere criticar, te critica. Y si alguien va a verte porque le molas, le dará igual que lleves un atril. ¡Como si vas en bolas! Pero no contesté a ninguna de esas movidas, leí un par y fuera. Que le dieran por culo. Es que soy yo el que está ahí cantando porque me han elegido estos señores. Tenemos que remar todos para el mismo lado.

Vila: Tenemos la seguridad de que la banda es la que tiene que ser y no le sobra ni le falta ningún componente. Hay buena sintonía entre todos. Tocaremos madera para que no se rompa, aunque no tiene por qué.

¿Y si ahora se anima algún otro Troglodita? ¿Podría entrar?
Vila: Eso lo hablamos y dijimos que ya no iba a entrar ninguno más. Esta banda es la que es. Los Trogloditas es esto y no hay posibles cambios. Podrá haber invitados, pero en la banda estamos los que somos.

The Right Ons: Sin censuras.

Publicado en

“Una persona que cree en lo que hace merece un respeto”.

Con tres discos publicados, The Right Ons han conseguido su rincón en este manoseado y paupérrimo panorama musical nacional. Después de “Get out” (Lovemonk, 2011), Álvaro, Ramiro, Rafa, Utah y Martín no han parado de trabajar, tanto en el estudio como en el escenario. Para esta entrevista, Álvaro y Utah han condensado toda su sinceridad hasta puntos muy extremos tratando temas como la carretera, las envidias entre grupos, el disco fallido con Loquillo, giras, vicisitudes… y todo el barro que una banda de Rock and Roll se come día tras día mientras el glamour del Rock enmascara todo eso. Hablan de un nuevo disco y de lo que significa ser un miembro más de este club. Sin duda, un texto acorde con el sentimiento que ellos desprenden en todos y cada uno de sus conciertos.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16

Tres discos de estudio pero ninguno en directo. ¡Ninguno! ¿Cómo es esto?
Álvaro: Pues la verdad es que nunca nos lo hemos planteado. Creo que por sistemas técnicos o por historias, tampoco se ha planteado. Al igual que tampoco se ha planteado un greatest hits (risas).

¡Pero no compares!
Álvaro: Nosotros grabamos los discos con el concepto del directo, desde el principio hasta el fin. Primero grabamos las bases como si fuera en directo y después vamos añadiendo lo demás. Entonces, teniendo esa esencia y esa base, no hemos sentido la necesidad de plantear un disco en directo como tal con público. La verdad es que no se nos ha ocurrido.

Bueno, MC5 debutaron con un disco en directo.
Utah: Igual es porque tengo el concepto de “disco de directo” por un grupo muy grande que tiene muchos discos en su trayectoria y que de repente graban disco en directo durante dos noches. Creo que nosotros no… Y lo que dices del concierto de MC5 se quedó en eso. No creo que ahora se graben discos de directo que merezcan la pena.

Pero “Kick out the jams” fue el debut.
Álvaro: Sí, pero anteriormente ya tenían cosas grabadas.

Yo me refiero a lo oficial…
Utah: Tendría su lógica si nuestro primer disco hubiera sido una maqueta grabada en directo. Aunque nuestro fuerte sea ese, creo que todo el mundo tiene la agilidad de, por un lado, hacer las canciones en el estudio lo mejor posible. Y después, separar las canciones del directo es otra cosa porque eso es una fiesta en donde puedes reinterpretar las canciones de otra manera dándoles más potencia haciendo que suenen más sucias, incluso.

Álvaro: También ha sido siempre una búsqueda, no sólo para nosotros sino también para un montón de grupos cuyo fuerte es el directo. Llegar a plasmar en un compacto o en un reproductor la misma potencia de un directo, es complicado. Mucha gente nos dice que nuestras canciones suenan más potentes en directo, por eso procuramos plasmar esa energía del directo en el plástico. Por eso te digo que es una búsqueda, como la del oro cuando encuentras una veta. El caso es que hay que seguir filtrando la tierra hasta que salgan las pepitas.

Suena como un reto, más bien.
Álvaro: Es que la vida se basa en retos y a nosotros nos gustan los retos musicales. Es una especie de gasolina que pone en marcha el coche que nos lleva a los sitios.

Pero tiene que quemar.
Álvaro: Sí, pero es que somos bastante currantes porque se basa y se fundamente en los retos. Como irse un mes a grabar a Estados Unidos y hacer un pequeño tour en furgoneta. Evidentemente, es un ejercicio físico con mucho desgaste espiritual, pero sarna con gusto no pica.

¿Y el tema de la madurez? Siempre se dice eso de que el último siempre es el más maduro. Exactamente en ciertas entrevistas vacuas.
Utah: Yo creo que esas son las preguntas que les enseñan a los periodistas en la carrera y luego se las memorizan. Si te fijas, muchas entrevistas son iguales. Del mismo modo que a muchos grupos se les critica, a los periodistas también se les puede criticar por otras cosas. En cualquier caso, todo eso de que el primer o el segundo disco son discos de examen, te diré que todos los discos son de examen. Cuando sacas un disco, primero te estás examinando a ti mismo para ver de qué forma suena el grupo. Y segundo, es como lo que decíamos antes del disco en directo; la búsqueda del oro. Para nosotros, esa búsqueda es la del disco siguiente, la de dar un paso en la búsqueda para que sean mejores, probando terrenos. Si no pruebas otras cosas, corres el riesgo de encontrar una fórmula y empezar a repetir discos. Igual una melodía o un estribillo es diferente, pero esa misma canción la tienes en otro disco anterior. No lo digo como algo negativo, sino como algo anecdótico.

Álvaro: Voy a tirar una lanza a favor de esos periodistas que hablan de madurez. Los discos están hechos por personas, y en nuestro caso –como en el de otros músicos-, con el paso del tiempo vas haciéndote mayor y supuestamente vas madurando. Sí que tiene cierta lógica decir que este disco sea el más maduro, pero el cuarto será otro disco de madurez, como el quinto… No sé si el número tres es símbolo de madurez, pero evidentemente vamos madurando.

Pero si llega el día en el que crees que has hecho tu mejor disco puede significar que has alcanzado la meta.
Utah: Personalmente, no soy una persona a la que le guste demasiado escuchar los discos una vez que están grabados. Es algo que le pasa a mucha gente. Lo que está ahí es la barrera que hay entre el disco que acabas de grabar y el anterior. Entonces, siempre pasa una cosa, que cuando estás en tu tercer disco el segundo te parecerá un disco malo. Y de repente, el primero que no te gustaba nada cuando sacaste el segundo, te empieza a gustar más. Cuando llegues al cuarto empezarás a apreciar el segundo que tanto te disgustaba en el tercero… y así.

¡Y es ahí cuando se graba un disco en directo!
Utah: (Risas) Efectivamente, siempre tirando de catálogo.

Álvaro: Claro. Los temas que están en el primer disco ya no suenan igual. Creo que están más desarrollados e interiorizados y al final los regurgitas de otra manera. Más madura, tal vez.

Tal vez…
Utah: Al final te basas en la frescura del primer disco, donde las canciones están recién horneadas y te gustan. También puedes trabajar mucho y correr el riesgo de sobreproducir las canciones.

“Coger media hora para ponerte a escuchar un disco es todo un privilegio”.

En vuestro caso, “Get out” es bastante simple en ese sentido, pero hay quién llega a un siguiente disco, se cansa de esa simpleza y se pasa con la producción.
Utah: Muchas veces, la culpa ahí es del productor. También hay mucha gente que deposita toda su confianza en el productor y este termina haciendo un disco de productor. Puedes tener unas ideas pero el productor termina haciéndolo a su manera. Ahí ya eres tú el que decide hasta dónde hacerle caso. En mi caso, me gustaría grabar un disco de productor. Es importante para poder tus canciones desde fuera. No creo que sea ni bueno ni malo.

Álvaro: Lo que sí está claro es que las canciones buenas son las más sencillas y las más básicas. Luego, si llegas a conseguir eso, entiendo que se quiera buscar un ambiente nuevo. Las canciones que me gustan son las que desde el minuto uno ya te han puesto en un entorno distinto o distinto, entonces puede que tires de esa sobreproducción para generar ese tipo de localizaciones que no existen o que pueden existir en un futuro. A veces, un violín o un chelo te ponen en un sitio que te llevan a un paisaje que puedas imaginar. ¿Sabes a lo que me refiero?

Claro, además te ha quedado muy poético.
Álvaro: (Risas) Es que me vengo arriba…

Hablamos de “Get out”, un disco con siete canciones y una duración aproximada de 30 minutos.
Álvaro: Nos han dicho muchas veces si esto es un EP o un Maxi Single. Pues mira, que lo llamen como quieran, pero es media hora de música en la que hemos concentrado lo que considerábamos oportuno para editar. Muchos discos importantísimos en la historia de la música y del Rock han tenido también 7 canciones, como el “Kick out the jams”, por ejemplo, el “Fun house” de The Stooges o la “Histoire de Melody Nelson, avec Jane Birkin” de Serge Gainsbourg. Si duran media hora, es una media hora que necesitas para concentrarte en ese disco. Coger media hora para ponerte a escuchar un disco es todo un privilegio. Hay muchos otros discos en los que puedes pasar una canción si no te convence. “Get out” te lo puedes escuchar del tirón, y hasta con un poco de suerte le puedes dar otra vuelta.

Igual, con menos canciones hay menos margen de error que con un disco largo. Vamos, que concentras lo bueno en poca cantidad mientras que uno largo es mucho más disperso.
Utah: Bueno, eso es como lo de juzgar un libro por la tapa. Se grabaron más canciones, pero cada uno hizo sus apuestas y realmente nos dábamos cuenta de que esas canciones funcionaban muy bien en su conjunto haciendo un buen disco. A lo mejor metemos una más que no tiene mucho que ver y desequilibra el discurso. Pero igual ahora lo veo y empiezo a preguntarme por qué hemos dejado esa serie de canciones fuera.

Pero eso siempre pasa.
Utah: Sí. Hay una canción, que no me acuerdo muy bien, que grabamos en EEUU de la que no tenemos ni una demo. Vamos, que no llegó ni a mezclarse.

Álvaro: Hay dos de esas.

¿Dos?
Utah: Una era muy Soul, pero no la metimos porque tiene un estilo muy marcado y había que elegir. Pero ya te digo, igual ahora lo veo distinto. Si una canción la veías de un color azul marino, ahora no la ves tan oscura como antes. Y respecto a lo de las 7 canciones; más que la gente que se queja de la piratería y de que no gana dinero con los discos, creo que lo que ha pasado es que se ha desvirtuado el valor del disco. Eso lleva a que la gente a descargar discos como churros. Llegan, ponen el disco y escuchan un poco de cada canción saltándoselas sin escuchar casi nada precisamente porque no es el momento para sentarse en el sofá. Recuerdo tener 15 años, poco y dinero, y comprarme al mes un vinilo. Luego llegaba a casa y tranquilamente me quedaba mirando las fotos, la carpeta, leyéndome las letras (así es como aprendí inglés, por cierto) y disfrutando la música. Como no tenía otro disco, le daba muchas vueltas y descubría cosas nuevas de tanto escucharlas. Creo que muchos discos de los 80 y de los 90 han cobrado más importancia por esa repetición.

También ha influido el comportamiento de la sociedad…
Utah: Claro. Hoy en día vivimos en la cultura del consumo y de la comida rápida, y muchos discos se quedan relegados por eso.

Álvaro: Bueno, a mí no me pasa. El otro día descubrí a Blake Mills, un músico de estudio de 25 años que tocaba con Dawes y ha colaborado con gente como Lucinda Williams, Jenny Lewis, Jackson Browne… es un virtuoso. Lo tenía en el iPod, lo escuché y no me apeteció demasiado en su momento por lo tranquilito que era. ¿Qué pasa? Que hace poco volví a escucharlo y dije: ‘¡menudo hijo de puta!’. Se me pusieron los pelos de punta. Ahora estoy súper enganchado con este tío.

Utah: En la furgoneta tenemos a Ramiro [Nieto, batería], que pone canciones, discos… y suelen caer cosas del alambique muy interesantes.

Como cuando vas de borrachera y ves que algunas mujeres no son tan feas, ¿no?
Álvaro: (Carcajada) Eso lo has dicho tú, ¿eh? Pero podía haberlo dicho cualquier otro.

“Las cosas que realmente son valiosas son las que cuestan un esfuerzo”.

¿Conocéis a Tal Wilkenfeld?
Utah: Sí, la chica esta tan jovencita que toca el bajo. Lo que ocurre es que el perfil de Blake Mills es más de músico de estudio. Es un chaval que a los 10 años le empezó a interesar mucho la guitarra y empezó a tocar. Se pasaba como 8 horas tocando la guitarra. Pero no es virtuoso en el sentido de las virguerías que pueda hacer, sino que es un tío que graba discos de Folk, Country, Americana, produce discos, dice como arreglar una canción… Es una persona que a cada música le aplica su criterio. Es uno de los músicos más solicitados para grabar en Los Ángeles.

Álvaro: Y tiene una manera especial de tocar. No hay nadie que toca que toque como ese tío porque hace unas cosas con la mano derecha y unas progresiones… que te iluminan. Merece la pena.

Le espera buen futuro.
Utah: ¡Y ya lo tiene! Se está haciendo toda la gira de Lucinda Williams y el año pasado estuvo con Band Of Horses. Tiene el don de tocar muy bien y de tener muy buen gusto. Hay gente que toca muy bien, pero no tienen buen gusto.

¿Y a qué le dais vosotros?
Utah: Que escuchemos esto no significa que ignoremos otras cosas como el Jazz o el Hardcore. Escuchamos de todo. Además, es algo bueno del grupo. Por ejemplo a Rafa [Fernández; guitarra] le gusta mucho Fania All-Stars y todo ese rollo de la salsa, latin, 70… En mi caso, profundizo más en el Jazz. Martín [Muñiz, teclados] en la psicodélia, electrónica… Y está guay porque luego cada uno nos vamos picando mandándonos mails con discos y canciones. Es muy sano porque descubrimos mucha música. Y eso, a la larga, durante el tiempo que dure el grupo, hará que evolucionemos. Todo, por desgracia, tiene un principio y un final, pero esperemos que lo nuestro dure más que ningún otro.

¡Qué bonito! Es como casarse y hacer la separación de bienes…
Utah: (Risas) De momento no hay nada que nos separe.

No sois The Beatles y no hay una Yoko.
Utah:(Risas) Ya nos gustaría…

Bueno, pero volviendo al tema musical; os han metido mucho en el rollo Funky, Soul…
Álvaro: También tuvo que ver con la primera hoja de promo del primer disco. Había muchas bandas con las que se nos comparaba… Y la gente, a la hora de hacer entrevistas, pues se basaba en eso.

Utah: Sí. A la gente le gusta meterte en escenas que no existen. Pero otra de las cosas en las que hemos mejorado ha sido en las hojas de promo (risas).

A ver si ahora le vais a deber la fama a una hoja de promo…
Álvaro: No, no. Tenemos a un Utah y a un Ramiro que dan un groove y un beat que muchas veces recuerdan a las bases de la música que te inspira desde dentro.

¡Jodó! Recuerdo haberos visto por primera vez en aquel Rock In Río del 2008, antes de Loquillo. ¡Volaron hasta maracas! [El periodista saca una de esas maracas, con el lema “Baila o muere”].
Utah: ¡¡Hostia!! “Baila o muere”, tío (risas). ¡Voy a echarle una foto!

Álvaro: (Risas) ¡Joder! La verdad es que esas fueron muy difíciles de hacer porque fíjate para pintar eso. Le dimos con el spray a muchas panderetas y a muchas maracas, y eso le da un puntito más si la gente puede participar en el concierto. Era una idea que se le ocurrió a Rafa y funcionó de puta madre. Años después nos siguen preguntando si vamos a llevar panderetas.

Recuerda dónde estamos, que eso influye.
Utah: En España, todo lo que sea gratis, triunfa.

Álvaro: Y como eran de “los chinos”, la gente las rompía y te pedían otra (risas).

¿Otra…?
Álvaro: Sí, que tocáramos otra canción que les diéramos otra pandereta u otra maraca.

Y ahí estabais todavía con “80.81”, el primer disco. Si no me equivoco.
Álvaro: No te equivocas. El segundo lo empezamos a grabar dos meses después.

Tocando, además, para un público un poco raro que no era el vuestro. Estaba la gente del Rock In Río y los rocketas que iban a ver a Loquillo.
Utah: Pero realmente, me he dado cuenta de que tampoco tenemos un público muy definido. Hay grupos que, por su estética, pueden atraer a modernos, puretas o adolescentes. En nuestros conciertos puedes ver a gente de 16, a un moderno, a un pureta y hasta a un fan de Black Sabbath. Creo que le gustamos a la gente que disfruta la música. Sin más. Y la gente que nos ha descubierto este año flipan porque no nos habían escuchado hasta ahora aún siendo españoles. Pero bueno, bienvenido sea. Funciona el boca-oreja.

“La gente en España busca más lo malo que lo bueno”.

No lo sé, pero no creo que os sintáis infravalorados.
Álvaro: Yo sí que siento que estamos un poco infravalorados. También nos los dice mucha gente. No sé, también podríamos tener éxito y ligar más. Somos tíos majetes, por dentro y por fuera, y podríamos ligar más. Pero mira (risas). Mientras te sientas bien contigo mismo y con lo que haces, lo demás no importa.

Utah: A mí, me parece un lujo tener lo que tenemos. Tampoco tenemos prisa. Quiero decir que esto es una carrera de fondo, no son los 100 metros lisos y no tenemos prisa por llegar a la meta. Pero sí, como dice Álvaro, hay gente que nos dice eso de que estamos infravalorados y lo de que deberíamos tener mucho más éxito. ¿Pero es que el “éxito”? Un ejemplo es Dan Auerbach, un tío que ha sacado muchos discos y que ahora de repente lo ha petado ahora. Al final, con esfuerzo, el éxito llega. En mayor o en menor medida, pero llega. Y lo único que debes hacer es no preocuparte por ello, seguir disfrutando haciendo lo que haces.

Suele pasar eso de estar trabajando toda la vida y tener el boom al final de tu carrera. Sucedió y sucederá a lo largo de toda la historia.
Álvaro: Mira Chiquito de la Calzada. Se recorrió el mundo como cantaor y el bombazo lo pegó realmente con 67 años (o los que tuviera) haciendo chistes y creando un nuevo léxico en este país. ¡Olé sus huevos! Lo que sí está claro es que las cosas que realmente son valiosas son las que cuestan un esfuerzo, y cuanto más esfuerzo cuesten, más valiosa es la recompensa. Hagas música o tengas una granja.

La cuestión estaría en saber apreciarlo y no en el éxito. Al fin y al cabo, el éxito no será para siempre y más en un entorno musical en el que si repites, es malo. Pero si innovas, los seguidores no lo verán tan bien.
Utah: Claro, porque esperan de ti ese producto que ya conocen.

Álvaro: Hay ejemplos clarísimos como Camarón de la Isla con “La leyenda del tiempo” o Dylan, cuando electrificó su sonido. Pero pasa en diversos sectores del arte; un actor puede tener un boom o se encasilla en un papel. También puede acabar haciendo entrevistas en un programa, presentando… O incluso con un pintor puede pasar también.

Totalmente. Cuando agradas a tomo el mundo…
Álvaro: Es que algo raro pasa. ¿Y qué haces? Pues no te vas a quejar. ¿Te vas a ir de ermitaño a la montaña? Pues no, tío. Aprovecha el tirón. Mi abuela me decía: ‘cuando te den, coge y calla’. Aunque a mí me cuesta, todavía. Pero coño, yo espero que, si sucede eso, lo tomaremos como venga. Ojalá pudiéramos pagar el piso religiosamente cada mes sin problemas y despreocuparnos de cosas banales como es el dinero para poder seguir trabajando. Si la gente nos da un apoyo y nos lo permite hacer, bienvenido sea.

¿Cómo habéis visto “Get out” de manera retrospectiva ahora que casi ha pasado un año?
Álvaro: Lo grabamos justo hace ahora un año y salió dentro tres meses después. La verdad es que yo estoy contento. Es lo que hablábamos antes. Me parece un disco directo, conciso y que engloba bastante materia dentro de lo que es la música, que es lo que nos gusta. Estamos ya pensando en el siguiente trabajo, queremos hacer algo que realmente pueda durar en el tiempo y que sea grande y que aporte. Además de que sea funcional y práctico. Si puedes ayudar a la gente con una idea, con un producto, con una canción… pues estaremos satisfechos. Ya te digo: no estamos tanto pensando en “Get out”, sino en los bolos que nos quedan y redondear este año de promoción y conciertos que han estado muy bien. Pero estamos pensando en el siguiente paso. No nos centramos ni en el pasado ni en el futuro, estamos en el presente. Sea con la música, con una relación… lo importante es estar en el momento de ahora.

Da la sensación de que no hacéis nada al 50%.
Utah: Lo intentamos. Evidentemente, somos gente curiosa que le gusta hacer un buen trabajo. Para hacer un mal disco, no nos juntaríamos. Es lo que decías antes; para nosotros no existe una fórmula, lo que sí nos sale es hacer canciones y currar todos los días.

Álvaro: Pero no tenemos la sensación de que esté al 100%. De hecho, cualquier artista, en cualquier disciplina, nunca dirá que su trabajo está bien del todo porque siempre se encuentra algo que arreglar. Nada está al 100%. Es ese reto de la búsqueda lo que nos hace tirar hacia delante, que es lo que hablábamos antes. Pero es básicamente eso: hacer la mejor canción posible.

Y si algo es conciso, la gente siempre tiende a buscarle los tres pies al gato. ¿Les cuesta creer que algo corto pueda ser bueno?
Utah: Por desgracia, la gente en España busca más lo malo que lo bueno. Tú estás tocando en EEUU, te bajas del escenario, y te dicen que has hecho un buen concierto. ¿Sabes? Te lo agradecen. En cambio, aquí parece que molesta. Si eres de fuera, bueno, pero si eres español como que les jode más. En lugar de querer alentarte en tu trabajo, te tiran piedras. EEUU tiene la cultura esa de creer en uno mismo: ‘¿Crees que puedes ser el mejor manejador de yo-yo del mundo?’. Pues la gente no se va a reír de ti, todo lo contrario, te van a apoyar. Aquí te dan una colleja y te llaman tonto: ‘¿Cómo vas a vivir manejando un yo-yo? ¡Anda y tira a trabajar en una oficina!’. Creo que es algo cultural. Lo queramos o no, asistimos a conciertos y vamos a buscarle algo malo al tipo que está en el escenario. Y en nuestro caso, ¿un disco de un grupo español que es corto, conciso y bueno? No puede ser.

Álvaro: Yo creo que tengo una visión bastante crítica sobre la música después de haber visto tantos conciertos. Estuve viendo a Vetusta Morla en el Low Cost Festival y disfruté bastante. Me dio una energía tremenda. Es gente que se lo ha ganado y yo me alegro porque están defendiendo un material muy bueno. Se emocionan tocando la música, y cuando tú crees en la música que estás tocando porque te emociona, lo normal es que se contagie. Llámame romántico, pero no hace falta que se vean las cosas. Mucha gente que viene a nuestros conciertos con ciertos prejuicios se da cuenta de que es un producto sincero contado de verdad. Por eso mismo, una persona que cree en lo que hace merece un respeto. Poco a poco, este país va ir cogiéndolo, pero todavía queda. Países como EEUU nos llevan tres generaciones de ventaja en el Rock and Roll.

Básicamente porque nació allí.
Utah: Y porque es cultural. Los niños con 12 años van a ver conciertos como algo cultural.

Álvaro: Y porque aprenden a tocar la guitarra o se montan algo en un garaje…

Partiendo de que el folclore allí es el Folk o el Country, mientras que aquí tenemos la Copla y el Flamenco.
Utah: Ya, pero piensa que nuestro Folk está muy abajo del todo, pero es que en el resto de España no hay ni siquiera eso.

Porque en España no se respeta el propio folclore.
Utah: ¡Claro! En EEUU tienen eso muy arraigado y eso que es muy grande. España, que para colmo es muy pequeña, es “esa puntita que está ahí abajo”.

“’Get out’ salió gracias a que el proyecto con Loquillo se quedó en stand-by”.

Politizándolo incluso. La Copla suele estar ligada a la caspa o al franquismo. Joder, Johnny Cash o Willie Nelson llevan la bandera norteamericana y no pasa nada.
Álvaro: Sí, tío. Aquí llevas la bandera y ya te llaman facha. Es absurdo. Si es mi país, ¿qué más da? Si es un símbolo. Cualquier tipo norteamericano tiene una bandera en el porche de su casa.

Utah: Pero además de ser un símbolo (feo de cojones), está ligado a un pensamiento e ideología que en EEUU no está tan extendida. Son dos extremos y hay muchos prejuicios.

Manolo Escobar tiene 81 años y está visto como el músico souvenir. Mientras tanto, Dylan es totalmente respetado.
Utah: Bueno, pero son dos tipos de cantante. Uno igual era más comprometido que el otro por sus letras y su forma de tocar.

Ya, pero yo me refería al hecho de estar en un escenario a esas edades.
Álvaro: Sí. Es que no hay respeto y tampoco educación. Un tío que está a esa edad sobre un escenario haciendo lo que le gusta debería tener todos los respetos del mundo.

Hablando de respeto, ¿os llovieron hostias por el spot de Mini?
Utah: Yo veía que en los primeros días había mensajes en Twitter muy jodidos, del palo ‘qué asco de anuncio. Me gustaría pegarle un sillazo en la boca al cantante’.

Álvaro: También te digo que mucha gente de nuestro entrono, del sector de la música, quedó encantada con el anuncio. Les parecía un temazo de puta madre que estaba en su punto. A nivel publicitario, ese anuncio ha ganado tres premios. Tuvimos la suerte de que utilizaran nuestro single de nuestro disco saliendo nosotros. ¿A cuántos grupos les pasa eso? A muy pocos. De hecho, el otro día estuve con Edgar de The Zombie Kids y me dijo: ‘¡Ah, coño, The Right Ons! Los del anuncio de Mini’. (Risas)

Que por cierto, Utah, ¿fue a ti al que confundieron con uno de The Zombie Kids?
Utah: Estaba en el Arenal Sound, justamente en la zona para entrar al backstage, y los chavales venían como en manada. Llegué a estar acojonado porque venían en masas (Risas). Pedían hacerse fotos conmigo y demás, pero ya les decía que no era yo el de The Zombie Kids. Se iban, sí, pero no muy convencidos (risas).

Álvaro: Hicieron un concierto impresionante ante 50.000 personas. Me contaron que bajaban los graves y que al subirlos la gente se volvía loca. La hostia. Claro, que en Castellón, parece ser, la gente va muy “conectada”… Me han dicho, ¿eh? (Risas)

Claro, te han dicho. El amigo del amigo…
Utah: Puedes terminar ahí la entrevista con esa frase (risas).

Voy a cambiar de tercio para preguntaros por el disco con Loquillo, pero no sé si os apetece hablar de ello.
Álvaro: Puedes preguntar lo que quieres sobre eso.

Utah: ¿De qué quieres hablar? ¿De que no hay disco? (Risas).

Por ahí se puede empezar.
Álvaro: Nos conocimos hace tiempo. Compartíamos aficiones por el squash y por el ajedrez y decidimos juntarnos. Hemos estado trabajando un año y medio con canciones de Sabino Méndez, ideas nuestras… simultáneamente con la preparación de “Get out”. Él ha llegado a venir a nuestro local de ensayo para escuchar los temas. Estaba contento, pero cuando estaba ya todo hecho… se echó para atrás. Al final decidió grabar el disco con su banda y con los temas con los que estuvimos trabajando de Sabino. Creo que el disco sale ahora.

¿Y sabéis si van a utilizar vuestros temas?
Álvaro: No creo que cojan las maquetas de nuestros temas. Hay un matiz que tanto Sabino como Loquillo han reafirmado en entrevistas, y es que es un disco de señores de 50 años para señores de 50 años. Cuando nos ofreció su interés en el proyecto, nosotros entendimos que era coger todo el peso y la experiencia de un músico como Loquillo, en este país, con la frescura de unos chavales que disfrutan haciendo música y que además tienen cierto poderío.

Utah: Llegamos a grabar algunos temas, pero están en la carpeta de cosas pendientes. Quisimos hacer algo tipo Wanda Jackson con Jack White. En principio todo estaba muy bien, la gente de la compañía encantada, a todos les gustaba mucho, pero creo que en un determinado punto –y siéndote muy sincero- Sabino sugirió a Loquillo que nosotros le íbamos a llevar por un terreno que no le iba a corresponder. Loquillo, que es muy listo, pensó que si triunfó con las canciones de Sabino, lo mejor era no trabajar con nosotros al ser algo que no le iba a beneficiar.

Pienso que se juntó el hambre con las ganas de comer. Estaba el reencuentro con Sabino y su éxito asegurado, y por otro lado estabais vosotros con otra idea. Había presión, seguro. Supongo que se encontraría en un brete.
Álvaro: Nosotros no interpretamos en ningún momento que fuésemos a dinamitar esa esencia añeja. De hecho, era uno de los puntos que tenía este proyecto. Ya te digo; nos gustan los retos. Hemos cantando en ruso o hemos hecho versiones de lo que fuera porque nos gusta tocar, entonces nos apetecía tener algo nuevo, distinto y más con una figura como la suya. Pero bueno, él se lo pierde. Hemos aprendido un montón de cosas, pero las cosas suceden por algo.

Igual es porque esas canciones deberían sonar en otro momento.
Álvaro: Bueno, vamos a ver cómo suena ese disco y si los arreglos son los nuestros o los de Sabino.

Utah: En cualquier caso, y a título personal, no tengo ningún interés en escuchar este disco con Sabino. Y si han cogido algo nuestro, personalmente, no me importa, pero si lo hacen demostrarían que han tenido muy pocas ideas. Pero no importa. Puedo hacer canciones mejores. De hecho, cada día que toco en casa hago una canción mejor porque todo el mundo busca superarse.

Es lo suyo. No hay que estancarse.
Utah: Eso es. Y te voy a ser sincero otra vez. Creo que “Get out” salió gracias a que el proyecto con Loquillo se quedó en stand-by. Llevábamos un año y pico perdido componiendo temas de un lado para otro y llegó un momento en el que nos plantamos y en tres meses nos vimos grabando en un estudio.

¿Significa esto que las canciones que se quedaron fuera de “Get out” correspondían al proyecto con Loquillo?
Álvaro: No. Nosotros hemos trabajado en todas las canciones de manera simultánea. Veíamos que aquello no iba a ninguna parte, así que nos pusimos a trabajar en nuestras canciones. Date cuenta que esto se ha caído en Febrero.

Hace relativamente poco.
Utah: Sí. Pero como llevábamos un año y pico con ello y no salía nada. No queríamos estar a expensas de nadie porque a lo mejor ni nos convenía. Estuvimos buscando un estudio y nos metimos a grabar nuestras canciones.

Álvaro: Y después hemos seguido currando con nuevas canciones y con Igor [Paskual, guitarra de Loquillo] en nuestro local con Rosillo.

“La vida se basa en retos y a nosotros nos gustan los retos musicales”.

Bueno, no ha sido un trabajo en vano.
Utah: Y no es que digamos nosotros que las canciones eran buenas, es que la gente de la compañía así lo creía. Durante un tiempo no queríamos hablar de ello porque no nos aportaba nada y no tenía más.

Pero el morbo vende…
Utah: Sí, pero es como una relación. Un día conoces a una chica y te enamoras y es la hostia, pero luego la relación no cuaja. Pues esto fue igual. Nos conocimos y tal, pero no salieron las cosas. Y ya está. No tengo rencor ni le doy más vueltas porque es algo que no ha funcionado. Sí, habría estado guay haberlo hecho, pero es lo que hay.

Álvaro: Y que la vida sigue.

También pudo haber sido un batacazo en caso de haber salido.
Utah: Pues sí. Igual eso hace que la carrera de The Right Ons de un giro y se quede al final con Loquillo y The Right Ons. No salió porque el karma no quiso que saliera y ha decidido que sigamos por nuestro camino. Y no somos los únicos, pues a Leiva le pasó con Burning. Son generaciones diferentes. Han vivido la época de los 80, con un pensamiento que ahora mismo ya está más enfocado hacia el negocio. Nosotros estaríamos más involucrados en la faceta de hacer canciones.

Álvaro: Y con una experiencia acumulada. Todo suma. Además, todos estamos en lo mismo, que es hacer canciones. En lugar de ponernos enfrentados los unos contra los otros, deberíamos unirnos. Volviendo al tema de EEUU y los años de ventaja; allí tienen una comunidad mucho más cercana, más tranquila y más abierta. Más sana.

Ahí quedaría Jack White como ejemplo. Además, lo hemos comentado antes.
Utah: Creo que la música es algo que no se termina de aprender nunca. Igual que tú comes todos los días, la música es parte de eso. Necesitas hacer nuevas canciones, escribir nuevos acordes, buscar nuevos estribillos… Una alimentación.

La búsqueda de la que hablábamos antes, ¿no?
Utah: Eso es. La búsqueda personal para crecer por dentro. La vida sigue en cada momento, y cuando grabas un disco, no te quedas ahí, sino que vas más allá. El caso es hacer cosas. No sé cómo funcionarán los súper-grupos, pero en nuestro caso somos un grupo que hacemos prácticamente todo nosotros.

Álvaro: Pero necesitamos a alguien que nos lleve y nos conduzca. No me apetece pegarme 8 o 9 horas de viaje para cargar y descargar y después tocar. No, no me apetece. Además, que conducir todo ese tiempo habiendo dormido 2 horas no es seguro.

Las “glorias” del Rock and Roll, amigos míos.
Utah: La gente siempre habla de lo que mola estar en un grupo de Rock y tal, pero la vida de un grupo son muchas horas. Aunque a mí me encantan las horas de furgoneta. Para que haya cosas buenas tiene que haber cosas malas. Ha habido conciertos mejores y peores, ha habido palmadas…

Álvaro: Claro, y nos reímos en la furgoneta y lo pasamos bien. Pero es lo que hablamos antes cuando un éxito se convierte en eso cuando te ha supuesto un esfuerzo de verdad.

¿Cuál sería el concierto del imborrable esfuerzo?
Utah: Recuerdo el de Saint Louis y eso que quedaban 6 personas cuando estábamos tocando. El tipo de la sala no se podía creer que hubiera tan pocas personas con el concierto que estábamos dando, donde 3 de esas 6 personas eran los camareros. Hicimos 200 dólares de merchandising porque los camareros y todo el mundo de allí compró camisetas y de todo. Era acojonante.

Y un hito.
Utah: Sí. La historia es que antes de nosotros tocó John Doe y eso estaba hasta arriba de gente. A eso hay que añadirle que llevábamos como 3 o 4 semanas por EEUU y estábamos hechos polvo, sudados, cansados… pero llegamos a la sala y vimos que éramos los últimos en tocar. ‘Cojonudo, lo vamos a petar’, pensamos. Primero estaba John Doe con 400 personas, después un chaval de Hortaleza afincado en EEUU con 80 personas… y cuando íbamos a salir me entraron unas ganas tremendas de mear, pero Ramiro empezó con la primera canción y empecé a tocar hasta que a mitad del concierto no podía aguantar más debido a que me iba a mear en los pantalones. Me bajé del escenario y corrí por toda la sala hasta el cuarto de baño mientras que estos hijos de puta estaban tocando. Terminé de mear de mala gana, subí y seguimos tocando (risas). Pero fue un concierto impecable con mucha actitud como si no hubiese un mañana.

Álvaro: Sabiendo que nada más terminar ese bolo nos teníamos que ir a Austin. Son 16 horas conduciendo y teníamos que llegar al medio día. Pero vaya, tocamos para 10 como si fueran 1.000 personas. Eso sí, para la próxima le pondremos una cuña a Utah detrás del monitor (risas).

Eso hace cayo, hombre.
Utah: No sé si hará cayo o no, pero da igual el público que haya si las ganas por tocar y el feeling entre el grupo es el mejor.

Álvaro: Tienes que disfrutar ese momento. Piensa que tienes que hacerlo después de todo el esfuerzo de conducir 800 kilómetros, de descargar… Tienes que disfrutar ese momento. A nosotros nos gusta tocar. Una vez que estás arriba, se te olvida y se te quita todo… salvo las ganas de mear de Utah (risas). ¡No hay dolor!

Kevin Johansen: Especialista en doble vida.

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“Los cancionistas somos una especie de arqueólogos que hurgamos bajo el sentido”.

Una voz, oscura y grave. Un sentimiento que va más allá del arte como negocio, es lo que hace Kevin Johansen (Alaska, 1964) junto a The Nada con “Bi” (Sony, 2012), dividiendo la sensación en una dupla que discurre entre “Jogo (Subtropicalia)” y “Fogo (Pop Heart)” concentrando los puntos de vista viajantes entre Argentina, Uruguay y Brasil. Por la portada uno entenderá rápidamente de dónde viene cada uno: de una madre y de un padre, tal y como lo refleja el doble LP del músico argentino.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.

Publicada en Cambio 16 / Nº 2126, 12 Noviembre 2012

Para empezar, voy a lanzar una pregunta que no tiene que ver demasiado con “Bi”. ¿Cuánto tiene este disco de “Sur o no sur”?
(Risas) Pues puede ser que tenga algo de ello y más con la dualidad que tiene algo tan completo como es un disco doble con la foto del padre y de la madre que aparecen en la portada. Foto que encontró mi hermana Karina de nuestros padres, cuando eran jovencitos, por cierto.

Un eslabón más a nuestra investigación cíclica, vaya.
Me gustó la idea de poner esa foto en la tapa porque cerraba una especia de ciclo con uno de los dos discos que hay en este trabajo: “Jogo (Subtropicalia)” ya que tiene una especie de guiño por la mirada que hay desde Argentina, pasando por Uruguay hasta Brasil. Esa cercanía que tenemos por una suerte de coincidencias y también de incidencias.

¿Y con “Fogo (Por Heart)”? Ahí es donde veo yo la proximidad con “Sur o no sur”.
Por otro lado, con “Fogo (Pop Heart)”, hay un sonido más Rock o más pachanguero y Pop (a lo Warhol) inclusive. Y sí, había mucho ahí de “Sur o no sur” porque hay muchos temas en inglés, por lo que tenía que ver con ese lado más anglosajón y alienado que tengo.

Hemos hablado de tus padres, pero David Bowie (‘Modern love’) y Leonard Cohen (‘Everybodys knows’) serán como padres para ti.
Absolutamente. Las referencias ineludibles.

¿“Jogo” y “Fogo” tienen que ver más por algo espiritual entre el juego de la instrumentación y el fuego por la pasión que desata?
Por supuesto. Los cancionistas somos una especie de arqueólogos que hurgamos bajo el sentido y las etimologías tratando de encontrarle sentido y musicalidad a las palabras. Aunar sentido y sonoridad. A veces, uno lo logra encontrando la palabra perfecta para el sentido, pero otras veces, las palabras tienen que rodar por la lengua y tener un sonido.

Esto me recuerda a lo que dijo Dylan sobre sí mismo, considerándose un expedicionario musical.
Justamente. Hace poco andaba escuchando el “Modern times” y pensaba en él elucubrando las letras. Acá hay grandes autores (como Charly García) que, cuando componen, empiezan a cantar con un inglés inventado antes de encontrar la letra. Después le pone la letra en castellano, por supuesto. Pero ya te digo; yo, que supuestamente entiendo inglés, no entendía nada a Dylan cuando cantaba (risas). Con él hay que jugar con la sonoridad hasta que encuentras de qué va la cosa. Sería interesante preguntarle a Bob Dylan cómo lo hace.

En la línea de esto, destaco una frase que leí. Dice así: “¿quién no ha tenido un mejor amigo que escuchaba música inaudible para uno o viceversa?”. Me resulta curioso porque la gente tiende a escuchar un tipo de música “culta” despreciando lo demás olvidando que de otras cosas también se puede aprender.
A veces, es impresionante el prejuicio que pueden tener unos con otros preguntando cosas del estilo de “¿cómo puedes escuchar esto, hijo de puta?”. Uno puede estar escuchando a Ricardo Montaner mientras que a ti te gusta Motörhead. Pero por ese tipo de cosas, esa persona es tu mejor amigo. Me parece interesantísima la sensibilidad musical. Por eso digo que para mí hay tantas sensibilidades musicales como personas en el planeta, así como sexualidades o formas de manifestar la sexualidad. Si bien las opciones son heterosexuales, homo o trans, hay muchas y variadas formas de manifestarse en lo personal. De ahí parte un poco la idea de “Bi” porque yo sabía que al ponerle un título así a un disco doble, la gente iba a ir directamente a lo sexual (risas).

No sería la primera ni la última vez en la que una persona me comenta que si se ha de hacerse gay o bi, sería por ti.
(Carcajada) ¡Qué grande! Bueno, eso es un logro muy simpático. Felicito a quién lo haya dicho también.

Bromas aparte, estamos ante un disco de 29 canciones para tiempos acelerados en los que poco tiempo dejan para escucharlas detenidamente. ¿Es algo personal?
Por supuesto qué es algo personal, pero también es por una cuestión de ganas de comunicar y de compartir con la gente y no guardarse. Sé que será un mínimo porcentaje el que escuche las 29 tracks, pero la gente que tenga el tiempo y la dedicación para escucharlas sentirá que valdrá la pena y además, lo entenderán. Quizás también vayan hurgando bajo la superficie después de escuchar un tema tras otro recordando a su tía y a su novio.

Eso da mucho juego.
Sí. Creo que te da la chance de una larga vida si el disco está bueno, de trabajarlo, de mostrarlo… La idea es, obviamente, mostrarlo en vivo y que genere esa curiosidad de un buen disco. Ojalá que así sea.

Como ‘Amor finito’, la canción que abre el disco. Vamos, que la música no tiene límites.
Es un poco lo que me pasa con los artistas que me gustan. Cuando me gusta algo, lo voy a escuchar a mi tiempo, pero escucharé todo lo que pueda de ese artista porque sé que me genera un placer ir descubriéndolo y porque siempre voy a estar poniendo algo de ese artista. ¡Con optimismo! Como cuando vas a ir a ver una película de Woody Allen.

Has puesto un buen ejemplo con Woody Allen. Un tipo negativo que termina encontrándole el punto positivo al asunto.
Totalmente. Como decía François Truffaut: “un pesimista es un optimista con experiencia”.

¿Guarda relación con la canción ‘Alta, fea y linda’?
(Risas) Sí. Me gustaba esa contradicción porque justamente habían mencionado –sobre la cantante Marisa Monte- que es horrible pero que también es hermosísima. Justo me tocó conocerla, y más allá de lo que me pareció, me gustó esa noción de belleza o de fealdad que desemboca en un ser atrapante. Las contradicciones nos hacen bellos, muchas veces.

‘Nieva en Buenos Aires’ entraña otra contradicción, por cierto. Aparte de ser una preciosa canción, por otro lado.
Me alegra mucho saber que te haya gustado porque la compuse en el último momento. Fíjate qué casualidad, porque la tenía desde hacía un tiempo, pero nevó en Buenos Aires un 9 de Julio del 2007 y yo estaba casualmente en Madrid. Me llamó mi hija, que por entonces tenía 9 años, y me habló tan emocionada de que nevaba en Buenos Aires que obviamente me transmitió esa emoción que me llevó a componer ‘Nieva en Buenos Aires’. Curiosamente, la comencé a escribir en Madrid.

¡Qué curioso!
Luego, armando los dos discos, me acerqué a la gente de Orquesta El Arranque y se entusiasmaron con ‘Nieva en Buenos Aires’ y con el cover de ‘Everybodys knows’ de Leonard Cohen. Quedó algo muy bonito y muy de Tango tradicional.

Cierto. Hay mucho folclore, sí, pero con puntos de vista algo más actuales. Ahí están los invitados: Natalia Lafourcade, Lila Downs, Lisandro Aristimuño, Santiago Vázquez… Me pregunto si antes de encontrar una unidad, también buscabas una clase de músico nómada que explicara muy bien esa idea.
Seguramente, así es. Absolutamente hay una afinidad artística con ellos. Y si bien cada uno es un mundo muy diferente entre sí, había algo de cada uno que fue generando una cosa muy orgánica que me gusta mucho cuando los discos se van definiendo viendo que tal compañero podría cantar esta o la otra canción. Algunos grabaron aquí, en Buenos Aires, otros en la distancia… y bueno, fue un proceso muy bonito para ir viviéndolo con entusiasmo.

Un contrapunto interesante con tu voz.
Sí, las voces aportaban esa variedad tímbrica que tanto me gusta. Y como mi voz tiene por ahí una limitación por lo grave que es, me gustó aportar voces un poco más agudas con otros colores. Quedé muy contento con esas colaboraciones.

¿Las ofreciste tú o fueron ellos las que las eligieron?
Yo les iba tirando dos o tres canciones y cada uno elegía la que más le gustaba. Hay acordados entre ambas partes (risas).

Hemos hablado de tu voz, pero la canción que más representa esa cualidad es ‘My name is Peligro’.
Ahí está ese homenaje a Ennio Morricone a lo Clint Eastwood. Realmente está dedicada a mi hijo Tom Atahualpa porque cuando tenía un año y medio trepaba por todos los lados y tocaba todo, así que me salió lo de ‘My name is Peligro’. Había que tener cuidado con él (risas). Por otro lado, lo de la voz grave es un recurso divertido que me nace natural dando un color y una oscuridad tímbrica que va muy bien para ciertos temas. En este caso, era de cajón que le iba a ir bien.

¿‘Y sigo (canción de autoayuda para mí)’? ¿Kevin Johansen necesita autoayuda en una canción propia?
(Risas) Autoayuda de sí mismo. Por supuesto, era un tema que tenía que ver con las dudas que uno puede tener y el seguir y las inseguridades jugando un poco con la autoayuda. Me parecía que estaba bueno. En ese tema y en ‘No digas quizás’ también digo “a veces el entorno te nubla la vista, ya sea el gurú de turno o el psicoanalista”. Muchas veces uno recurre a ayudas que no ayudan.

Bueno, no hay vuelta de tuerca inútil.
Totalmente.

Me da en la nariz que esto tiene pinta de ser una especie de tetralogía. Algo así como las cuatro estaciones de Kevin Johansen. Igual sobraron muchas canciones.
Bueno, ya estaba barajado ese tema después de haber hecho “Fogo” y “Jogo”, para hacer “Pogo”, algo más Punk, más de choque (risas). Seguramente quedarán cosas por hacer.

The Kooks: Dias de ruido y furia.

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“Estamos en una banda y perder el control es necesario”.

Formada en Brighton entre 2002 y 2004, The Kooks es una banda que se ha ganado a pulso el respeto de unos y el odio de otros. ¿Motivos? Todos. Su talento para hacer canciones pegadizas dentro del Pop-Rock han provocado una escisión en el panorama británico otorgándoles una reputación muy hermética. Fruto de la inspiración de Bowie (gracias a la canción ‘Kooks’) los chicos de Luke Pritchard han remarcado su estancia en el planeta con “Junk of the heart” (Virgin Records, 2011) después del sonado debut con “Inside In/Inside Out” (Virgin Records, 2006) y el accidentado “Konk” (Virgin Records, 2008). Hugh Harris (guitarra princial) ahonda en los traspiés y las glorias de The Kooks en la siguiente entrevista.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ.
FOTOS: ANDREW WHITTON Y DEIRDE O’CALLAGHAN.

Publicada en Cambio 16 / Nº 2126, 12 Noviembre 2012

Voy a ser directo y no me andaré con rodeos: ¿crees que hay demasiados grupos que hablan sobre sí mismos?
Bueno, pienso que hay algunos grupos que hablan sobre ellos porque especialmente no tienen algo bueno sobre lo que escribir. Me refiero a que basan sus canciones en una vida que poco tiene que ver después con lo que de verdad son.

Esto puede ir hilado con ‘Mr. Nice guy’, canción que habla sobre la cocaína y su consumo.
Cierto, aunque la canción habla sobre esa serie de personas “simpáticas” que consumen en exceso y que distorsionan sus vidas.

¿Y no tiene que ver con vosotros?
Tú sabes, hay cosas que se cuentan de una manera que parece responder a lo que has hecho alguna vez en tu vida.

Pero estamos hablando de un disco con otro concepto. ¿Era mejor perder tiempo antes que cometer los mismos errores del pasado?
No, no creo que hay sido un error o una pérdida de tiempo todo lo anterior. Se tomaron decisiones (unas más acertadas que otras), pero se aprendió de cada paso que se dio. Por otro lado, procuramos hacer algo que le guste a la gente y también tratamos de cerrar ciclos cuando finalizamos un disco con su gira correspondiente.

¿Influirá que os tomen por una moda pasajera?
Lo dudo. Hacemos las cosas suficientes como para que nos tomen en serio. Esto es Pop o Rock, como quieras llamarlo, pero es algo serio y necesario… aunque se produzcan cambios, claro.

“Hacemos las cosas suficientes como para que nos tomen en serio”.

Claro que después de “Konk” las cosas no fueron tan bien, así que me imagino que lo mejor era hacer borrón y cuenta nueva, ¿verdad?
Sí… pienso que pudimos hacer algo más con “Konk”, pero esto es una banda que funciona –más o menos- de manera democrática y hay que hacer las cosas como diga la mayoría, ya sabes. Es esencial para tener una larga vida y no acabar peleados los unos con los otros. Puedes hacer planes en la música, pero habrá complicaciones que provoquen incomodidades varias que te hagan perder el control tirando todo por tierra dentro de una banda. Pero por muy mal que salgan las cosas, se puede empezar de nuevo.

¿Es posible que la gente esperara otro “Inside In/Inside Out”?
Tal vez. Fue un disco que puso muy alto el listón y que mantuvo una manera de trabajar muy buena. Eso hizo mella, claro. Hacer otro “Inside In/Inside Out” habría significado no poder evolucionar ni instaurar nuevos cambios. La verdad, un disco así puede quitarte mucha libertad tanto en las letras como en la instrumentación debido a la fórmula tan exitosa que adquirió. Pero como antes te he dicho, lo mejor es cerrar ciclos y proponer cosas nuevas.

Y sois muy jóvenes como para encasillaros tan pronto.
Claro. Tenemos una media de entre veinticinco y veintiséis años.

No digo que “Konk” sea un mal disco, pero me pregunto si queréis ocultarlo puesto que en directo tocáis nada más que ‘Do you wanna’ y ‘Always where I need to be’. Es sospechoso.
Vuelves a tener razón y entiendo que sea sospechoso. Nosotros tenemos muchas canciones y a veces nos olvidamos de tocar algunas al no llevarlas demasiado en nuestro repertorio habitual. Como sabrás, hay temas que funcionan de mejor manera que otros. Bien porque las sentimos mejor o porque se adaptan perfectamente a lo que queremos transmitir en un concierto. No obstante, montar un set-list conlleva tener decisiones difíciles. Hay fans que quieren que toquemos muchas más canciones de “Konk”, pero ahora estamos presentando “Junk of the heart”, así que toca defender esas canciones. Con esto no quiero decirte que nos cerremos en banda, pues después del concierto solemos tocar viejas canciones para satisfacer a los fans y a nosotros mismos.

Pero sigue habiendo poco “Konk”.
Lo sé, lo sé. Son cosas que se deciden en conjunto con la banda antes de un concierto. Algunas veces se tocarán más unas canciones de un disco determinado que otras. También hay que sorprender.

Está saliendo mucho el tema de las decisiones conjuntas. ¿Se pensó en disolver la banda después de aquel bache?
Por supuesto, tío. No eran buenos tiempos y no sabíamos ni hacia dónde tirar. Tocábamos música juntos y compartíamos carretera desde el primer momento, pero nos queremos (aunque no lo parezca) y nos costaría mucho separarnos. Igual haríamos un nuevo camino y una nueva vida. No sé, no sería lo mismo. Son cosas distintas, pero no lo descartaría nunca. La realidad está en el ahora, en que nos divertimos tocando juntos y en que eso es lo que importa ahora.

¿Descarriló, entonces, vuestro tren de vida?
Pues también, claro. Estamos en una banda y perder el control es necesario. No sé qué intenciones hay en realidad con ciertas actitudes, pero la velocidad a la que se vive dista mucho de la de cualquier persona “normal”. Todo ello puede dar vértigo, pero se frena y estabiliza cuando aparece el estudio y la grabación de un nuevo disco. Es fantástico.

Todo con el fin de hacer un nuevo disco genuino. A esas alturas de la película, ¿era más fácil convenceros a vosotros mismos del cambio o iba a ser más complicado convencer a la prensa?
Es una pregunta interesante. Pienso que a los primeros que tenemos que convencer con los cambios es a nosotros mismos. Dejar el pasado a un lado y hacer cosas nuevas que nos sorprendan y hasta que nos descoloquen. Luego, convencer al resto (incluida la prensa) es algo que no me preocupa demasiado, la verdad. Te diría que ni pienso en ello porque me dan igual. Yo hago mi trabajo y los demás el suyo aunque me parezca injusto que juzguen algo sin haberlo visto desde dentro. La convicción es auténtica si crees en lo que haces. Cambios, nuevos espacios sonoros, otros componentes en la banda, canciones nuevas… al fin y al cabo se trata de expresiones que llevan al final de algo.

Supersubmarina: Pies de plomo.

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“Supersubmarina dice las cosas que están pasando y que sentimos”.

Llegaron como un grupo más, pero pronto despuntaron con varios EPs y un grandioso LP titulado “Electroviral” que los llevó a lo más alto del panorama. Jóvenes, sí, pero José Chino, Juancha, Pope y Jay tienen los pies en la tierra y sienten lo que exponen en cada concierto. Así quedó demostrado anteriormente y ahora con el segundo largo, “Santacruz”, un trabajo sorprendente donde la experimentación compromete al trabajo.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ

Publicada en Cambio 16 / Nº 2121, 01 Octubre 2012

¿Creéis que os la jugáis con “Santacruz”? “Electroviral” puso el nivel muy alto y no sé si esta segunda entrega es una reválida.
Chino: Creemos que es importante, la verdad. Como tú dices, el otro disco gustó y funcionó bastante bien, así que pensamos que es importante este disco porque evidentemente la gente está a la espera, pero tampoco tenemos esa sensación de que vaya a ser el mejor disco de Supersubmarina.

Eso está claro, pero las expectativas están ahí…
Chino: Sabemos que es importante y estamos muy contentos por el trabajo que hemos hecho. Creemos que a la gente le va a gustar incluso más que el anterior, por lo menos ese es el sentimiento que nosotros tenemos. Como te digo; es importante, pero tampoco nos hemos comido mucho la cabeza con eso ni nos hemos preocupado en lo que la gente iba a pensar.

Juancha: Queríamos hacer de “Santacruz” el mejor disco de Supersubmarina, pero eso también lo hicimos con el primero y lo haremos con todos los que vengan.

Pero en este nuevo disco la voz está más tratada. Incluso diría que es más oscura.
Chino: Es verdad que cuando grabamos hace tres o cuatro años “Electroviral”, tenía menos técnica con la voz y había cantado mucho menos. Ahora, he aprendido mucho a cantar y a emitir de otra manera. Y también es cierto que el productor de este disco [Tony Doogan] ha metido su estilo propio que tanto marcaron sus anteriores trabajos. Eso era algo que pedíamos nosotros pues ya que nosotros llevamos los temas prácticamente arreglados, queríamos mejorar y potenciar el sonido lo máximo posible, y eso pasaba por la voz y su tratado.

También queda demostrado que ahora ya tenéis controlado vuestro trabajo. De hecho, destaco esta frase de ‘En mis venas’: “Ahora da la sensación de que todo está en mis venas”.
Chino: Sí. La experiencia es una de las cosas que te aporta un poco más de seguridad y de ideas claras. Además de una amplitud mayor de conocimientos que hacen que enfoques las canciones hacia una dirección que sea la que a ti más te guste. Cuando empiezan las cosas y se hace un primer disco uno va probando, y de ahí que haya canciones (como la versión de ‘¡Chas! Y aparezco a tu lado’) que tuvimos que hacer por el motivo que fuera. También pasa con ‘Elástica galáctica’ que, a la hora de afrontar un repertorio, sentimos que no la tocamos tan a gusto con el repertorio nuevo.

Repertorio y fans. Me resulta curioso que vuestros seguidores sean más guerreros que “amorosos”. Es más, ‘Canción de guerra’ le canta a una generación que ya se ha cansado del amor.
Juancha: Buscamos que los conciertos sean enérgicos porque nosotros somos también así. Nos gusta pasárnoslo bien. Y por eso que dices de que algunas letras no son tan melosas, y por nuestra forma de tocar en el escenario, es verdad que transmitimos mucha fuerza, así que nuestra gente se mimetiza con la banda y eso termina siendo un conjunto. Creo que a veces, el público es el reflejo de la banda. En nuestro caso es así.

Chino: Lo que dices de las canciones y el público, puede ser porque la gente tienda más a tener una idea preconcebida dependiendo del tipo de grupo que sea. Por ejemplo, es fácil ver a un grupo de cuatro muchachos de veintipico años y pensar que lo que hacen son canciones de amor porque más o menos es lo lógico debido a su temática en las letras. Realmente, aunque nosotros hemos hablado con temas de amor, siempre hemos intentado darle un punto de más madurez o la búsqueda de algo que de una vuelta a la canción para que no sea evidente. Siempre lo hemos tenido, lo que pasa es que la gente tiene esa visión de que Supersubmarina es un grupo para quinceañeras… hasta que va aun concierto y sucede lo que tú dices.

Y que en la variedad está el gusto, vaya.
Chino: Claro. ¿Y por qué no vas a escribir de amor si es el tema más bonito que hay? Pero también hay más temas.

Personalmente, me da la sensación de que no se toma en serio a las bandas que nacieron a partir de la mitad de la década del 2000. No obstante, vuestro sold-out en La Riviera deja las cosas más que claras.
Pope: Totalmente de acuerdo contigo. El concierto de La Riviera se puso al final de la gira para ver la reacción de la gente y para comprobar si es verdad que nos dejaba en el punto más alto.

Chino: Eso ha ayudado a que se viera un punto más de confianza en la compañía a la hora de abordar este segundo disco. Siempre lo han hecho, pero ahora sí se nota una fuerza mayor. Con los medios también nos ha pasado. Antes parecía que eran ellos los que nos hacían el favor y ahora la cosa es distinta: “¡Coño, que vienen Supersubmarina!”. Lo hemos notado a lo largo de todo este tiempo, pero quizá en esta parte se ha notado muchísimo más como poco a poco nos vamos consiguiendo un hueco y un respeto.

¿Sois conscientes de que en algún momento podéis bajaros de la cresta de la ola?
Chino: Por supuesto. Si no fuésemos conscientes de ello estaríamos muy mal encaminados. Queremos tener una carrera de largo recorrido y sabemos que habrá altibajos, por eso procuramos tener los pies siempre en el suelo y currar mucho para evitar ser una banda que ahora está pegando el subidón para que mañana nadie se acuerde de ella. Vamos a currar para estar ahí y procuraremos renovarnos para que las cosas vayan surgiendo para cuando llegue ese momento en el que todo se hace pesado. Conocemos muy bien los timming de una banda; sabemos en qué momento parar.

En una banda es muy importante la evolución, eso hay que tenerlo presente.
Juancha: Un sitio, una letra… un lugar a donde quieres llegar.

Chino: Tener algo y siempre querer un poco más.

Ser inconformista, vaya.
Chino: Exactamente. Hacemos lo que queremos, nos pagan la pasta, vivimos bien… pero vamos a apretar un poco más en este disco a ver cómo podemos experimentar un poco más ahora que podemos gracias al estatus que tenemos.

Igual sin ese estatus no existiría “Santacruz”. Incluso me parece superior a “Electroviral”. ‘Technicolor’ y ‘Hogueras’ marcan una gran diferencia.
Chino: Pues muchas gracias, tío. Lo interesante es que en el disco haya variedad. ‘Technicolor’ empieza y acaba con una guitarra muy potente, pero unas tienen un ritmo más dinámico y otras brillan de otra manera que vienen muy bien para tocar abajo.

Para cantarlas en directo –con respecto a los fans- tendrá su intríngulis.
Chino: (Risas) Pocos, creo, van a poder cantarla del tirón.

¿Cuántas tomas necesitó ‘Hogueras’?
Chino: La ensayé muchísimo, pero esa canción era lenta.

¡¿Lenta?!
Chino: Sí, sí (risas). En la maqueta era más tranquila. Tony Doogan nos dijo que podíamos apretar más esa canción, y aunque no íbamos a experimentar en todo el disco, sí que podíamos hacerlo en algunas canciones.

Jay: Y eso que era una canción que no teníamos nada clara con respecto a los arreglos. Tony nos dijo que había que experimentar con ella y fue la que más tardamos en grabar.

Y eso que era sencilla en arreglos. ¡Se os fue de las manos!
Chino: Fue la que más tardamos en grabar porque nos poníamos a tocar, y cuando ya las teníamos, mirábamos que era lo que necesitaba esa canción porque ese es el método que utilizábamos para trabajar: tocarla desde abajo y ver qué partes había que tratar. La repetíamos muchas veces. Cuando ya la teníamos segura, más o menos, se grababan unas tomas y posteriormente se terminaban de arreglar.

¿Y con ‘Hogueras’, qué es a lo que vamos?
Chino: Con ‘Hogueras’ tardamos en grabar porque le dimos muchas vueltas. Fue un curro. Con las otras canciones la cosa fue más rápida, tardábamos a lo mejor un día, porque teníamos una idea muy clara, pero con esta estuvimos dos días dándole vueltas y vueltas. Te hablo de sesiones de 10 o 20 horas.

Si os da por sacar una edición “lost-tapes”, esa canción ocuparía un disco entero.
Chino: Sí, sí (risas). Veías las líneas de la canción y era interminable. Era impresionante el número de tomas que había de ese tema, tío. Pero cuando vimos qué toma era la buena y cuál era el ritmo, tiramos con ello.

Sois, también, bastante prolíficos.
Chino: Bueno, prolíficos o no, hay que hacer las cosas cuando las sientes. No nos serviría de nada tener una canción de puta madre que va a funcionar y guardarla para otro momento. Si podemos grabarla, la grabaremos para un EP y la tocaremos en directo.

Simplemente, decías las cosas como hay que decirles con la edad que a eso le corresponde, ¿no?
Chino: Supersubmarina dice las cosas que están pasando y que sentimos. Y como es así como las sentimos, la gente también las siente así.

Os veo católicos. La portada del single de ‘Mis venas’, algunas letras, ‘Tu saeta’, el título…
Chino: Y otras palabras como “piedad” reflejan eso. Pero eso es porque es un reflejo del sitio de donde venimos. Allí, la cultura religiosa, forma parte de la gente. “Santacruz” es una iglesia de allí que está cerca de mi barrio. Cosas que pertenecen a la gente de allí aunque no sean católicos.

Ahí queda la portada con la chica mojada y la cruz. La chica tiene poco de cristiana.
Chino: Bastante poco (risas).

Juancha: Según vaya pasando el tiempo, se irá encontrando la relación con todo esto. Por qué la portada, por qué el videoclip de ‘Mis venas’… si tu lo ves así, te impresiona. Pero todo tiene su sentido. La cruz significa un peso, una marca que llevas encima.

¿Como en ‘Tu saeta’?
Chino: Ahí se refiere a una flecha. Está bien, porque tiene esa conmutación.

Bueno, veo también connotaciones sexuales.
Chino: Eso ya lo dejamos abierto a otras interpretaciones de cómo follar (risas).

Y en ‘Cometas’ dice: “En mi sacramento voy rezando”.
Chino: Claro, es que es como todo. El disco está escrito en base a la ruptura de una relación.

¿De quién?
Chino: Yo, que escribí las letras en este caso. Hacer un sacramento es como pasar por algo, por una experiencia. En la Iglesia es pasar por la Comunión, por ejemplo. En el caso de ‘Cometas’, cuando se dice “en mi sacramento voy rezando”, es para dar a entender que uno ha roto con una persona y va pensando en lo que ha pensado y después vienen las etapas por las que se pasa cuando se termina una relación. Pues ese tipo de cosas en las relaciones donde se trata de diferente manera.

Curioso que se termine la relación estando en un grupo de éxito…
Chino: Hombre, es que en un trabajo así no se ve tanto a una persona. Además, trabajando de cara a tanta gente es más fácil que hay más chicas. Si mi novia veía 10.000 chicas en un concierto (por ejemplo) era más fácil que se peleara conmigo que si trabajara en una carnicería.

Bueno, una carnicería también puede ser peligrosa…
Chino: ¡Será cabrón! (Carcajada) Donde fuera, pero las cosas empiezan y se acaban.

Igual, sin esa experiencia, no habría salido este disco.
Chino: O habría salido de otra forma, con otras canciones…

Y no de este modo.
Chino: Seguramente no. Las canciones están escritas en base siempre a una experiencia. Tanto las mías como las de todo el mundo.

Dejando de lado el “momento prensa-rosa”, me he quedado con las ganas de preguntaros si grabáis pensando en el directo más que en el estudio.
Chino: Grabamos pensando en tocarlas en directo y que funcionen. ¿Cómo hacemos eso? Preparándolas en directo. No nos ponemos en un estudio probando un sonido o un estilo.

Juancha: Antes de grabar, las tocamos. No nos plantamos en el estudio sin haberla tocado. Simplemente, hay muchos grupos que llevan la letra y la acústica encima, pero cuando la tocan se dan cuenta de que no tiene sentido. Probamos la manera de que funcione en directo para comprobar si transmite en directo. Si nos gusta, la grabamos en directo.

Volviendo al tema de transmitir y referente al concierto de La Riviera; uno de vosotros dijo una frase cojonuda: “este es el día más bonito de nuestra carrera”. ¿Era verdad?
Juancha: Sí. Piensa que hemos tocado en muchas salas grandes de España, pero toda la gente que estaba en La Riviera era para vernos. No es como cuando tocamos en un festival, que allí la gente va a ver varios grupos, aunque sabes que están ahí.

¿Qué edades tenéis más o menos?
Chino: Entre 25 y 26.

¿Y cómo se ve todo esto con esas edades?
Juancha: No nos lo planteamos. Procuramos dar todo lo que tenemos en todo momento. De hecho, el EP que grabamos entre los dos discos lo grabamos porque pensábamos que eran canciones que se tenían que grabar.

Jay: Y en ese momento teníamos 7 canciones, pero como no podíamos sacar un LP, sacamos un EP.

Chino: Eso de acomodarte y de guardar cosas para el futuro, es lo que hace que no crezcas. El hecho de que nosotros nos hayamos exprimido en este disco se va a reflejar muchísimo más en esta gira y en la siguiente grabación. Nosotros, desde que empezamos, siempre dimos todo.

Pedro Guerra: Maestro pensador.

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“Creo que en la República hubo un planteamiento de la enseñanza muy positivo”.

El músico tinerfeño deja los grandes sellos discográficos para ser, como indica el título de su nuevo disco, un mono espabilado que se mueve y camina por su propio pie. De este modo ha creado Mansi Producciones, el soporte con el que edita “El mono espabilado”, decimotercer trabajo que, además, se compone de trece bellas canciones. Pero Pedro Guerra no es supersticioso, sino un trabajador nato que cuenta además con Miguel Poveda e Iván Ferreiro entre las colaboraciones que juegan entre el añorado y meloso cancionero de este prolífico autor.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ

Publicada en Cambio 16 / Nº 2080, 31 Octubre 2011

Siendo este disco autoeditado con Mansi Producciones, lo primero que se pudo leer es que te has independizado o emancipado. Cumpliendo con el estándar español de emanciparse más allá de los treinta. ¿Era independizarse una meta buscada para ti?
No. De hecho creo que es algo que no me he planteado nunca hasta ahora porque no es una emancipación en sí. Hacer un disco en autoedición no es ninguna tontería, es muy trabajoso y tienes que asumir muchas responsabilidades. Digamos que en un momento la Industria se ocupaba de esas cosas y otras. Al principio yo trabajaba con una multinacional que primero fue BMG y luego SONY, pero creo que ahora mismo que esta emancipación –por llamarlo de alguna manera- tiene que ver con la crisis y con lo mal que está la Industria. Ahora mismo está todo tan pequeñito para todos, se venden tan poquitos discos y se hace tan poquita cosa que yo siento que cuanto menos intermediarios haya, mejor. Dicho de otra manera; el pastel es tan pequeño que cuanta menos personas haya para repartir, mejor. Hace tres años hicimos el anterior disco, “Vidas” con canciones originales, y todavía se podía trabajar, pero ahora cada vez se hace más innecesario. También lo que te ofertan las compañías es cada vez más pequeño. Entonces por eso hemos tomado la decisión en este momento. Si la cosa siguiera boyante como estaba hace diez años pues igual no lo hubiéramos planteado porque para nosotros es asumir de repente un montón de cosas.

De hecho en “Vidas” ya asumisteis las labores del management.
Sí, cierto. En “Vidas” asumimos el management y cambió la relación con la compañía porque a partir de ese disco yo ya no era –digamos- un artista de contrato, sino que nosotros licenciábamos los discos. Es decir, nosotros somos dueños del máster de “Vidas”, pero la compañía tenía la licencia de promoción y distribución. No puedo decir nada malo de la compañía porque mi relación siempre fue muy buena y hay mucha gente con la que he trabajado años y también a nivel personal. Esta es una decisión que hemos tomado porque creo que es lo mejor para todos en este momento.

Centrándonos en el este nuevo artefacto. “El mono espabilado” es un título inspirado en “El mono enamorado”, obra literaria de Robert Sapolsky. Son canciones en las que tú te ves metido dentro de otras personas.
Bueno, las cosas van viniendo. Últimamente si es cierto que también esto lo inicié con “Vidas” y ahora lo continúo en este. Hay una tendencia mía en buscar en las canciones un punto original para hablar de alguna temática. Te lo explico mejor poniendo como ejemplo ‘El baúl de Billy Bones’. Billy Bones es un pirata, un personaje de “La Isla del Tesoro” de Stevenson. Sale al principio de la novela, llega a la posada y trae un baúl, dentro de ese baúl está el mapa del tesoro. En realidad la canción habla del paso de la adolescencia a la edad madura, porque el niño protagonista de esa novela cuando empieza esa aventura de piratas es todavía un adolescente, pero cuando acaba la historia ya es un hombre maduro, ha vivido esa transición de viaje personal. Creo que en este disco he buscado mucho eso; buscar maneras originales de afrontar temas. Al final hay muchas historias que cuento de otras personas a través de las cuales yo expreso una inquietud mía.

Como un espejo, ¿no?
Sí, eso es. Lo mismo pasa con ‘Caperucita roja’, pues a través de ella estoy buscando un poco esa forma brusca en la que se nos arrebata la inocencia y el candor, cosas muy propias también de los niños.

Y para enseñarlos está ‘La maestra’, una bonita canción que habla de las profesoras y profesores republicanos.
Eso también forma parte de un tema que ya he tratado, que es la memoria histórica y la recuperación de la memoria que también aparecen en otras canciones. En este caso es un homenaje a las maestras republicanas. Yo creo que en la República hubo un planteamiento de la enseñanza superpositivo, una tarea de alfabetización de los pobres muy grande… una intención de dotar a los pobres de herramientas que le pudieran ayudar a estudiar, a leer, a escribir y a ser algo más que pobres toda su vida. Evidentemente eso no gustó en aquel momento donde España estaba repartida en grandes latifundios. Los maestros fueron duramente represaliados por el franquismo con el apoyo de la Iglesia, que participó mucho en las denuncias a maestros. Supongo que sería porque antes de que llegaran estos maestros laicos a enseñar una educación la enseñanza, en gran medida, estaba en manos de la Iglesia, pues eran los curas los que enseñaban a los niños.

Adoctrinaban más bien.
Claro. Entonces a la Iglesia en la República se le arrebata eso y se les da a los profesores laicos. Pero había profesores represaliados que mantenían los crucifijos en las aulas porque eran católicos. Fue una época muy dura y muy triste, pero yo siempre he pensado que la República fue un momento muy importante en la historia de España. Se hicieron cosas muy potentes que el franquismo truncó. Siempre me he preguntado cómo sería España hoy si el franquismo no hubiese truncado todo aquello. Sería tremendo.

Tal y como sucedía en “La lengua de las mariposas”.
Efectivamente. En esa película había una historia así con un maestro.

Incluso es un tema que está en boga debido a los recortes en la enseñanza pública.
Cierto. Fíjate, he sacado esta canción y de pronto tiene que ver con la actualidad porque hay cosas que pasan hoy en día que tienen ciertos paralelismos con lo sucedido durante la Guerra Civil. Paralelismos que asustan un poco incluso. Ahora, efectivamente, está este ataque frontal contra la escuela pública. Por mucha crisis que haya la sanidad y la educación no se pueden tocar. Son muchos años de muchos logros. Duele que se toquen esas necesidades cuando todavía no se ha tocado a los banqueros ni a las grandes fortunas, entonces creo que forma parte de este delirio en el que vivimos.

Delirios de ‘Gente tóxica’, ¿eh?
Sí, la verdad es que sí. Desde el mundo de las decisiones políticas se lanza mucha toxicidad, porque ciertamente la toxicidad se puede lanzar desde ciertos lados. En una pareja puede haber un miembro que sea tremendamente conflictivo y dañino, en las familias siempre hay alguien con un poder tóxico…

¿La típica oveja negra?
Bueno… es al revés. Más bien es la oveja blanca, ¿sabes? Las personalidades controladoras son tóxicas. Las personalidades envidiosas son tóxicas. Y las decisiones políticas también. De todas formas hay que decir que todos podemos llegar a ser un poco tóxicos en algún momento de nuestras vidas.

Antes lo comentabas, que hay canciones en este disco que tienen mucho de las novelas. Un espíritu aventurero al modo de Julio Verne, a mi parecer y que además se narran pasos de la infancia a la madurez. Es evidente que tu madurez musical es algo notable, pero yo me pregunto si con cada nuevo trabajo te sientes más músico o más contador de historias. No sé si el adjetivo trovador sería correcto.
Intento siempre mantener mi historia musical. Yo no descuido en ningún momento la parte musical, para nada. Simplemente intento que una canción tenga música y tenga una letra y que haya un equilibrio entre las dos cosas cuidándolas por igual. Es cierto que en mis últimos discos me he centrado mucho en las canciones y menos en todos esos añadidos musicales que se le pueden poner. En ese sentido si que es un concepto más de trovador. Pero lo que no creo es que este concepto de trovador descuide la música. La sigo cuidando, sí, pero efectivamente potencio más mi parte de trovador que la de músico. En otros discos he trabajado con otras cosas que tenían más que ver con el concepto de músico y otras con el concepto de trovador.

Y además cuentas con acompañamiento instrumental bastante curioso que logran sonoridades diversas. Así de entrada recuerdo ‘Caperucita roja’, que tiene algo entre el tango y la música balcánica. Mientras que otras tienen regusto… no flamenco, pero si mediterráneo, como en ‘Mi locura’, la que cantas con Miguel Poveda.
En esta canción con Poveda yo no termino haciendo nada concreto. Es decir; hay bolero en mi música, hay tango… música de los Balcanes, evidentemente, porque hay un músico al que he admirado muchísimo en los últimos años que es Goran Bregovic. Lo he escuchado muchísimo y de hecho lo he visto en vivo en un par de ocasiones. Todo eso se acaba filtrando. Si escuchas ‘Mi locura’ verás que hay bolero, pero al final tiene también algo de jazz… y también alguna cosa cubana, pero que no es bolero, sino más…

¿Más bastardo?
Sí, como que parece que se pone a bailar de otra manera, pero no pegados (risas). Hay como ramalazos de cosas. En ‘El mono espabilado’ tonteo incluso con el hip-hop, de alguna manera rapeando un poquito. Así es como me gusta trabajar, dejando que se filtre lo que recibo, de lo que escucho y de lo que me gusta.

No sé si podría decirse que te reinventas con cada disco.
No sé si tanto, pero sí algo. Hay un pánico que siempre me persiguió desde hace muchísimos años que es que algún día la gente pueda decir que me repito a mí mismo. Porque hay artistas que a mí me han gustado mucho que en algún momento se repten, entonces yo, como tengo pánico a eso, trabajo muchísimo las canciones para tratar que se parezcan lo menos posible a lo que ya he hecho.

¿Puede ser que esa obsesión te obstruya o limita de alguna manera para centrarte en lo que haces realmente?
No, no… digamos que es algo en lo que pienso a veces, pero luego me pongo a componer y sale lo que sale. Cuando estoy componiendo soy libre. Aun así intento estar pendiente de si una melodía recuerda a otra canción para desecharla y hacer otra cosa.

Bueno, basta con que hagas algo conceptual que se sale de la norma para que te echen también a los perros. Pero vamos, que si te repites te darán también palos.
No quiero ni repetirme ni, efectivamente, tener cambios bruscos. Intento mantener mi línea y no repetirme. Esa es la base de mi trabajo.

Me gusta la frase que has utilizado de “cuando compongo me siento libre”.
Intento estar liberado de lo máximo. Creo que por el bien de la canción uno tiene que componer sin pensar en demasiadas cosas.

Eso puede recordar a otra de las nuevas canciones, en este caso ‘Monarca’, ya que cuentas la historia de una mariposa que vuela sobre las fronteras haciendo un camino y dejando que sus descendientes lo continúen haciendo. ¿Te sientes mariposa o pájaro en ese sentido?
Sí. Ojalá pudiéramos funcionar todos como funciona esa mariposa que no sólo no tiene fronteras, sino que además tiene una misión en la vida que es ir del Sur al Norte y del Norte al Sur en un proceso migratorio. Lo más curioso es que esta mariposa además vive menos que el viaje que realiza. A una mariposa no le da su vida para hacer el viaje de ida y el viaje de vuelta, pero sin embargo, cuando nace sabe el viaje que tiene que hacer. Se le estudia a la mariposa monarca porque es probable que el viaje que esa mariposa realiza esté en sus genes. Por eso es motivo de estudio, porque ella sabe poner los huevos en el proceso y las que nacen ya saben donde tienen que ir.

Bueno… como los monarcas de carne y hueso, que dejan sus –digamos- huevos y sus hijos ya saben lo que tienen que continuar.
(Carcajada) Sí, ojalá nosotros supiéramos que hacer en cada momento.

El título que le pones a este disco y como ya hemos dicho antes, es “El mono espabilado”. Igual no se refleja al ser humano como si fuese un autómata, al contrario que la mariposa monarca, que ya sabe lo que tiene que hacer.
Yo creo que el ser humano puede estar teniendo un comportamiento de autómata, pero desde luego podría no tenerlo. Esa es la clave.

¿Autocrítica tal vez?
No, es decir que tendemos a quedarnos perezosos y a no aprovechar el potencial que tenemos como seres humanos. Más cerca del mono que de los seres humanos. Nosotros compartimos con el mono una cadena genética de un noventa y ocho por ciento, eso significa que por un dos por ciento no somos monos. Ese dos por ciento pequeñito nos diferencia cuando nacemos. En ese pequeño porcentaje está todo el potencial de ese ser humano, de lo que nos diferencia de todo el resto de los seres vivos. De lo que habla ‘El mono espabilado’ es de ese dos por ciento, de las cosas que podemos hacer. Lo pasa es que la mayoría de las veces no lo hacemos. ‘La que camina’ es otra canción del disco que tiene que ver con la evolución. Está dedicada a un ser que vivió hace tres millones y medio de años. Todavía no eran Homínidos, sino Australopithecus. Australopithecus Afarensis, encontrado en una zona conocida como el desierto de Afar. Cuando la encontraron, los científicos o arqueólogos o paleontólogos… estaban escuchando ‘Lucy in the sky with diamonds’ de The Beatles, entonces a ese esqueleto lo llamaron Lucy, el cual se conserva casi completo y que se sabe que ya andaba erguida. Es increíble como el ser humano, la evolución… empezaran a caminar sobre dos patas y a andar y andar… subiendo todo África, pasando al continente europeo y desde ahí se han ido extendiendo… hasta hoy. Entonces yo siento que hoy en día hay seres humanos que tienden a pararse y a no desarrollar el seguir en esa labor del desarrollo de nuestras capacidades.

Yo diría que el ser humano está involucionando…
Efectivamente y en cierto sentido no sólo no nos hemos parado, sino que además hemos involucionado. Desde luego que parece más admirable la actitud de Lucy hace tres millones de años que de ciertos humanos de hoy en día. Creo que ‘El mono espabilado’ y ‘La que camina’ están conectadas en esta reflexión sobre la evolución y las capaces del cerebro humano.

Y The Beatles también forman parte de otra conexión en el disco, cuando aparecen nombrados por ti y por Iván Ferreiro en ‘Aquella vieja canción’. ¿Por qué esa nostalgia con la canción?
Esto es porque el otro día pensé si mis hijos no escuchan a The Beatles, Gardel, Bola de Nieve… si los hijos de mis hijos tampoco… algún día esa música se dejará de escuchar. También en ese afán que hay hoy en día por sobrevalorar la modernidad, cuando yo creo que hay cosas antiguas que son mejores incluso. ¿Qué música se escuchará dentro de cien años?