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Luis Auserón: La vida sin el hogar.

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“Me ha costado mucho trabajo hacer todas estas letras tan dramáticas porque era como volver a enfrentarme al toro”.

“Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro”, escribió Plauto en su obra “Asinaria”. Luis Auserón (Zaragoza, 1955) se ha mantenido entre las luces y las sombras de la música, de la literatura y, como no, de lo vital. Distintas personas dentro de una misma que van a parar en “Lejos” (Sony, 2012), un último trabajo discográfico que va más allá de las notas para centrarse en la escucha y el pie sobre el freno para escucharse y no saltar. Un diván eterno.

TEXTO: CARLOS H. VÁZQUEZ
FOTO: GONZALO JEREZ “EL SELENITA”

Publicada en Cambio 16 / Nº 2121, 01 Octubre 2012

Lejos porque no estás en casa y lejos a modo de reflexión. ¿Más reflexivo que introspectivo?
Las dos cosas: introspectivo y reflexivo. Hay momentos en la vida en los que tienes que parar y reflexionar sobre lo que pasa.

¿Te refieres a parar de golpe?
A un susto.

Que no eres un coche con ABS, vaya.
No mucho. Yo nunca he sido muy ABS. Recuerdo algo que venía pensando ahora en el coche cuando me preguntan por el tipo de disco que he hecho.

¿Y qué tipo de disco piensas que has hecho?
Yo digo que es un disco para conducir despacio. Me gusta mucho esa definición. Antes siempre iba a doscientos, tenía coches muy potentes con los Aerosmith a todo volumen. Pero ahora, debe ser que me he hecho un hombre y escucho música de manera más relajada.

¿Cat Stevens?
No, con Luis Auserón (risas). En serio, ahora estoy con Richard Hawley, David Bazan, Mark Lanegan… unos low riders.

Diría “Easy Rider” como película definitoria, pero creo que te pega más “Mad Max”.
Pues la verdad es que me identifico más con “Easy Rider” que con “Mad Max”. Cuando la vi, me gustó mucho y todos nos empezamos a peinar como ellos porque nos parecían fantásticos. Pero en realidad era una pelea de hippies contra punkis, que es lo que no me gusta. Lo he pensado ahora…

…ahora que te has hecho un hombre.
Sí. No me gusta esa idea de que los vestidos de blanco sean los buenos y los de negro los malos, no. Ya te digo, me identifico más con “Easy Rider”. El otro día la vi por enésima vez porque me vuelven loco las motos. Y, además, cuando yo la vi tenía una manera de pensar muy concreta, pues era un adolescente y me estaba formando. Pero últimamente he llegado a la conclusión de que no he cambiado ni un pelo. Es decir: no me bajo de la moto.

Haces bien.
Lo que pensaba entonces, es lo que pienso ahora. Pero más o menos, con algún matiz.

Con integridad.
Sí. Con algún matiz y alguna pequeña apreciación, pero pienso que los malos son los malos y los que van en moto son los buenos. Toda una cosmología que ya estaba definida en “Easy Rider”. Muy bien definida, por cierto. Hay que saber quién es el enemigo, cuál es el peligro, por qué los hippies se van al campo a hacer comunas… porque no es una moda, tienen un motivo.

Un motivo y una forma de vida.
Más bien es una reacción a una sociedad enferma.

¿Una reacción?
Claro, hay que protegerse. La sociedad, exactamente la americana de aquel momento, estaba tan enferma, que lo mejor era hacerse una comuna. Solos, sin ellos. Sin los malos.

¿Es entonces indispensable tener encima una navaja, como dices en la canción?
Si estás en la ciudad, sin ninguna duda.

¿Para luchar contra los malos?
No, para que no te falten al respeto. Si puedes continuar tu discurrir sin el conflicto, mucho mejor. Yo no voy buscando pelea por la calle. Ahora, tampoco me gusta que abusen de mí.

Vamos, que la llevas como medida disuasoria.
Hay que enseñarla de vez en cuando.

Y sin usarla.
Es que la sangre mancha tanto… No me gusta, mancha. Mancha mucho.

También dices que “Lejos” es un disco hecho desde la decepción y la soledad.
Sí. [Silencio] Es que… ¿cómo contarlo pero sin contar nada? Veamos: cuando te van las cosas bien, digamos que eres feliz porque no te paras a reflexionar. Sería un error y se te podría desmontar todo para, de repente, descubrir cosas que te dejen en una situación un poco inestable. Entonces, no es necesario reflexionar tanto. Es mejor tirar adelante y divertirte.

Ahora, cuando la vida te enseña la cara B, entonces tienes que tirar de todos tus resortes y mecanismos para poder entender que pasa e imaginar una vía de salida. Como escribir en un cuaderno, por ejemplo.

¿Como hundirse con un barco y pensar tarde en los botes salvavidas?
Bueno, piensas en que puede ser peligroso el hecho de que se hunda, pero esperas que no te pase todos los días. Por esa razón, hay que imaginar una serie de recursos vitales, artísticos… a todos los niveles, porque todo cae al mismo tiempo cuando no te sientes capacitado para sonreír y tampoco te sientes capacitado para escribir una canción. En esa situación tienes que recuperar todo a la vez.

Sin retroalimentar tu propia angustia, imagino.
Hay dos maneras de tomártelo. Me ha costado mucho trabajo hacer todas estas letras tan dramáticas y como muy sobrecogedoras porque era como volver a enfrentarme al toro. El caso es que cuando llegué a Santander y se lo enseñé a Maki [el productor, Fernando Macaya], dijo que era lo que más le gustaba. Yo, de hecho, siempre estaba intentando hacer una canción un poquito más alegre o menos trágica, pero Maki decía que eso no podía ser, que no me salían porque lo mío era hacer esto. Así que bueno, hicimos un LP de esta temática para quitarme de encima toda la basura.

¿Cómo un psicólogo, un psiquiatra, una terapia…?
Una terapia. Estoy mucho mejor después de hacer este disco, pero no me gustaría imaginar que hubiera pasado si no me lo cuento a mí mismo en un cuaderno. A lo mejor se enquista y se convierte en tumor. Yo prefiero que no.

En ‘Niños’ se nota bastante. Un tema muy duro.
Sí. Al igual que con las ideas positivas, que una te lleva a otra, también una idea negativa te lleva a otra. Por eso pensé que tampoco me gustaba mucho mi pasado. Tengo quejas sobre mi pasado.

Todos tenemos quejas -alguna vez- sobre nuestro pasado…
Tampoco es nada grave, pero puestos a comentar… también hay que comentar. Soy una persona a la que le cuesta mucho olvidar. Perdonar, para mí, es relativamente fácil, pero olvidar no lo es. Prefiero saber. Mi carácter es un poco rencoroso.

¿Al igual que un gato?
Guardo memoria de la herida.

¿Pero llegan a cicatrizar esas heridas?
Sí, sí. Pero es como todo; lo mejor es sacarlo a la luz para poner las cosas en claro y decir qué cosas o rollos no te gustan.

Hay que aceptarlo.
Claro, lo aceptas para que luego ya sea más fácil de aceptar. Pero si tienes algo de lo que quejarte, lo mejor es hacerlo cuanto antes. ¿Para qué guardarlo? Nada, hay que dar curso a esas cosas.

Cosas que pueden dar miedo, por otro lado, como los recuerdos.
Totalmente. Dan mucho miedo.

Si no me equivoco, fue en el 2010 cuando Macaya te ayudó a sacar esas canciones.
Así es. Hablar tan claro sobre ciertas cosas pude ser algo un pelín delicado. Y ahora… bueno, una vez que tienes música y todo alrededor, te sientes bien.

Mantenerse ocupado ayuda a estar fresco.
E incluso despierto.

Por eso antes indicaba que este disco ha sido un buen psiquiatra. De haber escondido esos pensamientos, tu vida pudo haberse convertido en un manicomio.
¡Hombre! Es que no te imaginas cuanto. Se habría convertido en algo malsano. No soy una persona especialmente positiva ni optimista, pero quiero decir que tampoco me interesa la autoflagelación ni la autodestrucción. En principio. Si tienes que vivir, tienes que vivir lo mejor posible.

Ahí cabría preguntarte si el pesimista se hace o se nace.
[Silencio] Yo creo que se nace.

¿Y crees que podría ir a más a lo largo de su vida?
Claro, aderezándolo con un colegio de curas, sumado a un poquito de política… te puedes quedar estupendo.

Y las mujeres.
No. Vamos a hablar bien de las mujeres… al menos en esta entrevista (risas).

Pero existen canciones que han surgido gracias al daño de ciertas mujeres.
Exacto, al daño. Pero es que los hombres somos muy quejicas también. Las mujeres creen que tenemos una fuerza sobrehumana y que somos muy fuertes y muy duros, y que cuando venga el lobo las vamos a defender.

Aunque luego no lo hagas.
Sí, aunque terminas haciéndolo. Pero resulta que luego eres más moñas que ellas o más. Y no pasa nada, yo defenderé a la chica del lobo. Ahora, luego me tendría que poner un montón de tiritas (risas).

Hablemos de las fotos del disco: oscuras y demás, pero en la última sales sonriendo.
Fue idea de Gonzalo [Gonzalo Jerez “El Selenita”] acabar la secuencia de fotos con una puerta abierta.

¿Sonora?
Y Estética y vital. Evidentemente, nuestro centro de operaciones es la foto de la portada; que es extremadamente dramática, pero como en la sesión había varias, Gonzalo –que es muy inteligente y le pagan para pensar- decidió hacer esa secuencia. Supongo que oyendo el disco te das cuenta de que se dicen muchas verdades, pero creo que la gente no se está dando cuenta. He tratado de introducir versos en los que había algo de sentido del humor. A lo mejor uno tarda en darse cuenta, pero sí lo hay.

Ironía, diría.
Sí. Es decir: partiendo de un análisis de la situación desde un punto de vista dramático, también podemos tener la capacidad de tomar una cerveza con los amiguetes.

Muy Berlanga, vaya.
Y muy latino.

Aunque no sé si encontrar irónica esta frase: “Qué frío tengo, qué solo estoy, me voy a echar a perder. Qué hago aquí y quién soy yo, será mejor ir a dormir”.
Ese trozo que has elegido es totalmente duro. Hay dos o tres canciones que hablan un poco de la inadaptación dentro de un mundo rarillo porque uno no se siente muy ubicado. En ese caso que citas, estoy hablando de amor, digamos. Era de no saber si irme a la cama y estarme quieto para no tocar nada para no romperlo.

Dices que la vida va por sitios raros. ¿La tuya o en general?
Hombre, pienso que tampoco soy tan especial. Compartimos las particularidades de cada uno, pero en general somos todos iguales. Todos respiramos, nos enamoramos… somos muy parejos. Estoy convencido de que esas conclusiones que he escrito en esas canciones ya las había pensado antes alguien más.

Pero nadie antes las había sacado a la luz.
No, tampoco. Ya te digo que no soy nada especial. Ya te acostumbrarás (risas).

Luis, ¿pensaste alguna vez en el suicidio?
¿Se puede preguntar eso en una entrevista? Hablar del suicidio es una cosa muy delicada. Entre colegas estaría bien, pero en público puede ser malinterpretado.

En mis entrevistas, sí.
[Silencio] Sí… pensé en ello.

¿En el físico?
Sí.

¿Y en el social?
He pensado muchas veces en irme a Chauen para desaparecer un poco. Es una idea que todavía barajo; desaparecer del mundo occidental.

Es mejor que el suicidio físico, sin duda.
Desde luego. El otro día alguien me dijo en Facebook que si pillas vicio al suicidio hay que tener cuidado porque es algo que no se pude repetir (risas).

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