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Enrique Villarreal “El Drogas”: El placer del silencio.

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“Me hacía falta algo más cómodo”.

Hablar con El Drogas [Enrique Villarreal] es ir más allá de los estertores del rock and roll, incluso más allá de los latidos. Las experiencias y conocimientos recogidos a través del camino del tiempo terminan profundizando en todos y cada uno de los rincones de las palabras. En esta ocasión no es Barricada quien copa la siguiente entrevista, sino Txarrena, que en euskera significa “Lo peor”. Txarrena es un proyecto –llamémosle liviano- con el que desarrollar y tocar rock para divertirse y aprender. Actualmente lo componen “El Flako” (bajo) y Txus Maraví (guitarra) del grupo Lengua de Trapo, junto a Brigi (batería) que pertenece a Koma, y que junto a El Drogas conforman la actual formación de la banda que vuelve a reunirse tras un silencio de casi dieciocho años. Presentan el plástico bautizado como “Azulejo frío” y girarán por España durante el año. El Drogas se sienta, ríe al recordar y profundiza sobre la poesía. Siempre se compone, nunca faltan motivos para ello.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Paisajes Eléctricos

Parece que para ser algo más que un divertimento, Txarrena se ha consolidado.
Bueno, esa sensación es fácil de percibir porque con la gente que me he juntado lleva años dentro de este mundillo, cada uno con sus proyectos particulares. En fin, no es complicado juntarse cuatro personas con un objetivo común y trabajar por ello. Tanto los arreglos de las canciones como el acabado final, tiene que dar esa sensación debido a las horas que hemos metido en el local cuatro personas que se creen el asunto.

Algo liviano y con comodidad mental, vaya.
Eso si que es verdad en cuanto a lo que es el proyecto y la base de la historia. Sobretodo lo comparo con lo último que hicimos de Barricada, “La tierra está sorda”. Me llevó a la lectura de muchos libros, a visitar bastantes rincones relacionados con el tema de la Guerra Civil, escuchar a mucha gente,… en fin, es un proyecto que me supone mentalmente bastante trabajo -pero que no me importa porque la temática me pilla- y a la vez una implicación emotiva que no he sentido con ninguna otra historia de las que he hecho. Entonces si que me apetecía que fuese algo más cómodo de llevar para la cabeza. “La tierra está sorda” y La Venganza de la Abuela son los dos ‘currelos’ de más desgaste mental que he tenido. Si que me hacía falta algo más cómodo.

Y si te gustan los días grises y lluviosos…
Si, soy muy de eso, pero bueno la verdad es que –Pamplona es muy así- también me apetece que después de quince días característicamente grises salga el sol. Me gusta el mes de Octubre, los días de la llovizna fresca tirando a fresco y casi frío… de ir encogido con la chupa, oscurece antes, la gente se retira antes a casa… con lo cual, para una persona como yo a la que le gusta pasear, ese rollo le tira. Sin más, tampoco es que tenga una cosa especial [risas].

De hecho, los dos discos de Txarrena tienen que ver con la nocturnidad. El primero con la vida nocturna y el segundo –por lo que has comentado- por esa filosofía que otorga la noche.
Cierto. El primero es una vivencia física dentro de la noche y todo lo que eso conllevaba. Y ahora pues la noche la vivo también de manera muy activa pero de otra forma. No es física, pero mental. Digamos que tengo un buen puñado de noches de insomnio. Me gusta ese proceso que tienen las noches de insomnio desde que sabes que va a ser una noche en blanco hasta ese momento de la realidad y de la irrealidad donde se confunden. Todo ese proceso lo empleo para leer, escribir, para tocar la acústica… pero tocándola casi en silencio para no tener que molestar ni a los vecinos ni a tu propia familia. No se, me gusta ese proceso.

Luego, es asqueroso el día después de la noche de insomnio porque no he dormido. No doy pie con bola, estoy como flotando… en fin, no me gusta, pero si me gusta ese proceso nocturno que lleva el silencio cuando hablas contigo mismo, que también tienes que hablarte susurrando para que tu hija –que se tiene que levantar para ir al instituto- no se despierte [risas].

Compones las canciones en acústico y luego las llevas al local. Supongo que de todo esto salió aquello de “Nanas para aburrir a las vacas”, ya que a la música acústica la denominas “aburrevacas”.
Si. Vamos, es que es así. El rollo acústico -sobretodo tocado por mí y cantado por mí- acaba teniendo un arrastre excesivamente monótono, monocorde, que es muy válido para las personas que tienen hijos pequeños y tal, ponerles esa musiquilla y que se vayan durmiendo en vez de estar dos horas contándoles el mismo cuento. Tú les pones ese tipo de canciones y la verdad es que se dormirán por el sonido monocorde. Yo lo llevo a ‘la bajera’ y son bocetos de canciones que llevo cuando me junto con una gente que aporte con su gusto manejando el instrumento. A mi es lo que me ha gustado hacer siempre con Barricada y con cualquier tipo de gente a la que me haya unido para llevar a cabo un proyecto. En muchos casos el gusto a la hora de reestructurar las canciones que he llevado, encontrar puentes para llegar a los estribillos…, eso me gusta.

Ya que hablamos de compañeros y componentes de una banda. Desde la formación inicial de Txarrena con Chema Arteta, José Landa, Piti y Juanjo Ojeta, ha pasado bastante tiempo. En 2008 se recupera otra vez el grupo pero con otros componentes. Si no me equivoco, vino por el X Aniversario del Certamen Pop-Rock Villa de San Adrián.
Ahí digamos que tengo un reencuentro con Brigi [Duque], al que conozco desde antes que tocara la batería con Koma. Era un personaje que me gustaba como baqueteaba. Me quedé impresionado cuando vi un artículo que decía que se formaba el grupo Koma, entonces me veo a cuatro tíos de negro –entre ellos Brigi- y pensé: “¡ahí va, la hostia!” [Risas]. Con esta historia del certamen nos juntamos: Brigi en la batería, Iker y Alfredo Piedrafita con las guitarras, estaba “El Flako” tocando el bajo y yo cantando. Hicimos versiones de Sex Pistols, de Los Ramones, de The Clash,… preparamos una fiesta. Y en ese reencuentro me di cuenta de que tenía que hacer algo con Brigi. Siempre me había llamado la atención y me apetecía recuperar la faceta de este buen hombre.

Ahí es un poco donde empieza a rodar la historia. Luego, una vez que va pasando el tiempo y veo que con el primero disco de Txarrena no tuve la posibilidad de llevarlo al directo ¡con lo que me hubiese gustado! Entonces era la excusa para tener una base de canciones y en especial, montar una banda para hacer directos, con medio repertorio hecho.

Le di el toque a “El Flako”, que también lo conozco desde hace años con el bajo y como cantante. El último fue Txus [Maraví], que lo conocí hacía tres años y fue la auténtica sorpresa, porque no lo había visto nunca. Colaboraba con un grupo, salió en un directo a hacer un par de temas y me dejó flipado su manera de tocar, de estar en el escenario… todo eso me llamó la atención. Fue más por intuición. Le entré, le expliqué lo que estaba haciendo y el tío dijo que si. En el primero ensayo me di cuenta de que había acertado. Nunca me suelo quedar en la técnica instrumental de la gente, pero es que en este caso es el gusto, el ambientar y de crear una atmósfera en las canciones.

Te salió todo bien, porque no te falló ninguna apuesta, por lo que veo.
La verdad es que no voy por ir, sino que al primero que entré fue a Brigi porque se apunta a lo que sea. Es la hostia, conmigo y con cien mil más a la vez. “El Flako” también es un personaje que vive el rock and roll. Nunca hago un casting, busco a las personas con las que tener relación para poner ideas en común y arrancar de ahí. Con Txus [Maraví] la verdad es que fue más intuitivo y sabía que iba a aceptar tanto por la sensación que me dio como persona y como músico. Salen las cosas pero porque están posiblemente buscadas.

Es más, no querías empezar de cero ni cambiar de nombre. Y no solo eso, canciones como ‘Salvaje mirar’, ‘Azulejo frío’, ‘Con tu piel’ o ‘Salvaje mirar’ ya estaban compuestas de antes.
Si, hay media docena de ellas. Están compuestas de antes del año noventa y ocho. Digamos que ese año fue el ecuador donde ‘Azulejo frío’ marca esa mitad en adelante, pero antes del noventa y ocho estaba (por ejemplo) la de ‘Todos los gatos’ que estaba dedicada por el embarazo de mi segunda hija, que ahora tiene catorce años, con lo cual esa canción tiene quince años. ‘Azulejo frío’ fue el primer encargo para escribir un poema para una revista universitaria de poesía. Creo que fue la Universidad de Barcelona, no se exactamente que facultad porque nunca me llegó la revista y tampoco se si esa revista desapareció durante el viaje del poema con tanto peaje, o quizá vieron que el poema era tan malo que no… en fin [risas], digamos que nunca he sabido que ha pasado con la revista y de si eso ha salido publicado.

El caso, que yo para aquella experiencia -que era mi primera historia de encargo- me senté, no me salía nada porque estaba acostumbrado a hacer letras para canciones, así que cogí la guitarra y con los cuatro acordes mágicos que me llevaría a una isla [Re, La, Sí y Sol] me salió esta especie de poema. Pero como no supe nada más de eso, cuando comencé a trabajar con el sistema QBase de manera adaptada para torpes, que es como me considero en todo esto [risas], y con un banco de sonidos donde tengo pianos y demás donde me cuesta toda una mañana dibujar un arpegio por medio de MIDIS’s, me pregunté porque no probar todo aquello con esa letra que envié.

Todo eso comenzó a tomar forma por medio de aparatos, metiendo acústicas… hasta que así nace ‘Azulejo frío’. Me suele gusta explicarlo porque es un poco el ecuador de la historia y lo que me da pie para arrancar con las canciones acústica de manera desaforada. También la de ‘Todos los gatos’ la había compuesto con tres acordes de manera acústica, pero digamos que a partir de ese momento es cuando el sonido acústico me empieza a embaucar. Hasta el trabajo con Barricada llamado “Mordiscos” que ya es algo que no me lo puedo quitar de encima, no ya solo el que yo vaya a hacer esto, sino el poder contar con gente.

Eso es algo que continúo teniendo en la cabeza; las coristas, arreglos de teclado, percusión, saxo,… y así vas conociendo gente, como “Pirata” [L.M. Moreno] de Los Del Gas, con él cual no quiero perder la relación musical. Como con eso de las coristas y el rollo del soul, que es algo que ya no me puedo quitar de la cabeza porque no quiero.

Tampoco te pilla de sorpresa el tema de la poesía, porque ahí quedan aquellos poemas que firmabas con el pseudónimo de Eva Zanroi. Con esto encuentro una especie de conexión entre las canciones ‘En otros rincones’ y ‘Matilde Landa’, perteneciente a “La tierra está sorda”. Exactamente me refiero al punto de vista femenino que le das a la canción.
Bueno, es una historia que siempre me ha llamado la atención. No se si definirlo como el espíritu de supervivencia que ha tenido que tener la mujer a lo largo de diferentes etapas de la historia, en general. Me llama la atención. ¿Se puede hablar de si hay una poesía femenina? Pues no lo se. Realmente, lo que hice con Eva Zanroi era buscar esa sensibilidad femenina que pueda haber en los escritos de mujeres.

Yo leo mucha poesía femenina para hacer ese proyecto de escritura y a la vez empujar esa parte femenina que todos tenemos. En mi caso quería potenciarlo y ver si era capaz de hacer regates de cara a la gente, no solo por el pseudónimo, sino también por la propia escritura. Yo no se si definirlos como poemas, los llamaría escritos porque soy más de la vaina de Leopoldo María Panero, que es una persona que me gusta mucho, pero que no se si me gusta por lo que escribe o por lo poco que entiendo lo que escribe. Hay cosas que escribo y que no las entiendo como lo que pueda llevar una temática más oscura, dentro del apartado que yo denomino como “mi rincón oscuro”.

¿Posiblemente te sientas más identificado con el universo que crea Leopoldo María Panero?
Con ese universo, si. Luego no se si realmente él está tan loco como se hace o si es un juego que entra dentro de su personaje. Es una persona que tiene un bagaje cultural impresionante. Su biografía, los idiomas que controla, las citas que hace de Mallarmé… que con ese si que no puedo. Bueno, ni tampoco puedo con Rimbaud o Baudelaire. Con el único que puedo de los surrealistas gabachos es con Antonin Artaud, me gusta esa acidez de estómago que desprende en sus poemas. Quizá su locura sea algo incomprensible dentro de la gente que le puede rodear.

Para ir acabando. Aunque es pronto para aventurarlo, pero ¿Txarrena se quedaría como proyecto paralelo o piensas que en años venideros puede salir otro disco y crecer más?
Podría ser. Pero yo ahora con cincuenta y un años que tengo procuro vivir el momento y el presente que me ha enseñado el pasado. De aquí a enero del dos mil doce veo que para mí hay mucho tiempo, entre medias voy a cumplir cincuenta y dos… y en fin, ahora tengo ese problema de la ansiedad que te da la edad de que no me voy a poder juntar con toda la gente que quiero para hacer proyectos. Tendría que juntarme todos los días con gente diferente para hacer cosas diferentes. Es algo que tengo que aprender a controlar y a dominar. A lo que llegue, llego y a lo que no pues no. Es un poco la historia de Txarrena. Quiero disfrutarlo. Sale el disco, empezamos los acústicos entre los cuatro… No se, vivir esta vida como es, que es vivir el presente. Luego todo irá viniendo y que me siga rodeando el desastre, porque yo sin desastre alrededor no sería nada.


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