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Leopoldo María Panero: Territorio del miedo.

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“ETA es la verdadera y única oposición que hay contra el Gobierno”.

El poema encerrado dentro de una cabeza pide ayuda para ser descrito por el hombre. Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) se liberó de unos ropajes pesados que entorpecían su camino hacia la vida, esa que él mismo quiere vivir alejado de cuatro paredes y una ventana hacia el infierno que lleva por título “Sobre la tumba del poema” (Huerga & Fierro, 2011). Desenlaces de cordura conquistados por el lento hilo de voz de la locura.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: SARA DEL CASTILLO.
Publicada en Jot Down

¿Qué tal está?
¿Yo? Bien. [Silencio] Me gusta esto porque es nuevo.

Pero usted ya ha venido más veces a la feria del libro de Madrid…
Pero no digo eso. Yo me refiero a estar aquí en la calle hablando contigo.

Entonces, se sentirá mucho más libre, ¿no?
[Silencio] Es que es mejor la calle. ¿Nos sentamos a tomar una Coca-Cola?

Vale. ¿Qué quiere?
Una Coca-Cola Zero. Bueno, mejor dos.

William Blake dijo: «si el loco persevera en su locura, termina siendo sabio».
[Repite la cita] Exacto.

En su caso, ¿busca la sabiduría?
No. «La cosa está en saber», como decía Bataille. Pero pide la Coca-Cola y ahora seguimos.

Sí, ya está pedida. Ahora viene.
[Silencio] España es el único país del mundo en el que se le pega a los borrachos.

¿Usted lo cree?
Sí.

¿Piensa que es una putada nacer en España?
Desde luego. Lo dije el otro día en un recital que di en Córdoba. En París triunfé sin haber editado un solo libro. Y aquí, con veinte libros editados de poesía y tres o cuatro más, soy tratado como un perro. Ya lo decía el cristianismo de Dostoievski…

¿Qué decía?
[Silencio] Le París, le París, le París…

¿Y aquí nada? Cuesta creerlo.
Nada, puteado como un perro.

¿No anhela el reconocimiento que hayan podido tener otras personas?
No… no sé. Igual el que tiene Wallace Stevens, que es un poeta que me gusta mucho. «El único emperador es el emperador de los helados».

De hecho, Stevens dice que «el dinero es una clase de poesía». ¿Tampoco echa de menos el dinero?
No sé para qué sirve el dinero si no es para gastárselo en vino.

¿Verdad?
[Risas]

Y seguimos esperando el Premio Nobel…
A lo mejor me lo dan en Octubre. Este año lo espero.

Bueno, hay que tener paciencia. No queda otra.
[Risas] Sí. [Silencio] Hay que comprar tabaco.

“Yo soy peligroso por decir la verdad, y la verdad duele”.

¿Cree en la verdad? En un mundo donde la mentira es un hecho habitual, la verdad se ha convertido en un acto revolucionario.
Yo creo en la verdad y en el Apocalipsis. «Lluvia de fuego y de sangre caerá sobre la tierra».

También ha dicho usted en otra ocasión que «el loco yerra, pero no miente, pues tiene la manía de decir siempre la verdad».
Exactamente.

¿Y no teme por su vida al decir la verdad?
No. Yo soy peligroso por decir la verdad, y la verdad duele.

¿No ha matado a nadie con la verdad?
Nunca he matado a nadie. Creo que nunca.

¿Ni siquiera con la palabra?
Yo creía que mataba a esos hijos de perra de la televisión y de la radio con la palabra, pero nunca he matado a nadie. Si lo hubiera hecho, ahora habría manifestaciones contra mí.

Hombre, no creo que se manifiesten en contra suya estando como está todo…
[Risas. Levanta el puño izquierdo después] ¡¡No al poeta asesino!!

Hay gente peor contra la que manifestarse.
[Tose y escupe] Soy un viejo poeta y un asesino.

¿Eso es suficiente para lograr la libertad? ¿La quiere?
Quiero la libertad y largarme de este país de mierda. En España se puede mentir, robar y asesinar en nombre de Dios. ¡Pero ay de aquellos que meen en la calle! Desearán no haber nacido.

Incluso es fácil maldecir a Dios.
Es peligroso.

Posiblemente lo sea.
Como decía mi padre: «yo he sido transparente viajando en bicicleta». Es uno de sus poemas surrealistas.

¿Y el suicidio? Meterse o ensimismarse en uno mismo puede ser un modo de quitarse la vida.
¿Meterse en uno mismo?

Sí.
[Silencio]

Además de la desesperación.
«La destrucción fue mi Beatriz», como decía Mallarmé.

«El pensamiento es donde las palabras deben dormir mucho tiempo, con el fin de nacer nuevas y puras». Eso lo decía también Mallarmé.
[Repite la frase en francés]

“Si tuviera pensamientos de sangre en mi cabeza se moriría todo el Universo”.

¿Echa de menos algo?
Beber es lo que echo de menos. Beber, trasnochar y joder.

¿No le dejan?
No. [Silencio] Vivo una situación infernal en el manicomio. Eso es peor que la muerte. Me putean los locos porque ven que me putean los auxiliares.

Pero puede defenderse, ¿no?
¿¿Cómo?? Si no puedo ni protestar ni elevar el tono de voz.

¿No hay forma alguna?
Si trato de darles una patada me atan. No puedo hacerlo, hay correas.

Bueno, ahora está en la calle, disfrute.
Voy a intentar quedarme en Madrid, en un hostal o en alguna pensión. En Madrid no me conocen, como comprenderás. Es lo que tienen las grandes metrópolis. De alguna manera los infectos iniciarán la revolución [risas].

Pero yo creo que no hay revoluciones. Es más, después de tantos años de lucha obrera no queda nada más que el proletariado.
La picaresca y el proletariado chistoso.

Cierto, España ha perdido todas las cartas en lo que a eso respecta.
Los obreretes se repiten más que el tango [risas]. Se creen que es por la fe o por algo. Están todo el rato con lo mismo.

Ya lo ve, hablan mucho y hacen poco.
Santiago Carrillo y Nicolás Redondo se volvieron locos en una orgía de sangre en el Palacio de El Pardo.

¿Hay mucha sangre en sus pensamientos?
¡¿Sangre de quién?!

De quién sea.
Si tuviera pensamientos de sangre en mi cabeza se moriría todo el Universo [risas].

Eso es mucha gente.
Bueno, lo haría como los volcanes en un acto contra los agentes físicos. Los volcanes son peligrosos cuando estallan, pero normalmente están dormidos. El volcán de Islandia estalló por un loco. Eso lo decía una profecía de Nostradamus refiriéndose a una catástrofe en lo más profundo del occidente de Europa y relacionado con el volcán de Islandia.

Islandia es ahora un ejemplo a seguir.
Ya. Allí estallaron los volcanes y ahora también lo hace la gente, es lógico.

Mientras, es complicado encontrar una oposición, tal y como ocurre en el caso español.
ETA es la verdadera y única oposición que hay contra el Gobierno.

¿Eso es por que le planta cara al Gobierno?
[Silencio y eructo] Yo estuve colaborando un año con el Egín. Me pagaban mil pesetas por artículo para hablar sobre el Rey Juan Carlos.

Interesante.
[Risas] ¡Gora Euskadi askatuta! Viva la inteligencia y viva la muerte. Al revés que en la vida. Eso lo escribí en un artículo que se titulaba “La mirada triste del Anticristo”.

“Creo en la literatura, pero no creo en la clase obrera, y menos en la clase obrera española”.

También escribió “Edgar Allan Poe, o el rostro del fascismo”.
Sí. Yo dije que a Poe lo utilizaron para unas elecciones trucadas, mientras que a mí me utilizaron para un golpe de Estado.

Si no me equivoco, fue su propia madre la que le utilizó para perpetrar el golpe de Estado.
No… bueno, mi madre también. Pero no sólo me obligó ella, sino medio mundo.

¿Y quiénes, si puede saberse?
Tipejos repugnantes de la calle.

Entonces, esa gente le conocía.
No. No me conocían de nada. No soy famoso y ellos son gente repugnante.

¿Fue al azar, tal vez?
No, no fue al azar. Sobre eso tengo un poema que dice: «y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada de demonio o de dios debo mi ruina has de saber que no fue por matar al pelícano sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada de demonio o de dios debo mi ruina».

Muy bonito.
Sí, lo recitaba en la película “El desencanto”, que es la que más me gusta, con música y colorines…

¿No le gustaría hacer más películas?
No, porque los tíos del cine están com cabras montesas. Jaime Chávarri oye voces.

Al final, Panero, todos estamos locos.
Sí, pero desde la orgía de sangre lo estamos mucho más. Felipe González, incluso, dice que tiene un par de esclavos… o no sé qué cosas.

Ellos, los políticos, además de locos, están manchados de sangre.
Aparte, el golpe de Estado fue consentido. Con Mariano Rajoy tenían el presentimiento de que iba a durar un minuto.

Pues está durando más de un minuto.
[Risas]

¿Cree en la anarquía? Aunque me consta que usted es apátrida.
Creo en la literatura, pero no creo en la clase obrera, y menos en la clase obrera española. Creo en el anarcoindividualismo, no hay nadie por encima de mí.

Por eso le pueden tachar de egoísta.
Pues es una virtud para mí. ¿Puedes pedirme otra Coca-Cola Zero y un sándwich de lo que sea?

De acuerdo, ahora viene.
Llevan diez años envenenándome…

Sobrevivió a cuatro botellas de vodka y otras cuatro de estricnina en vena.
Sí. Eso fue en la sala de medicina interna del hospital de Guipúzcoa. Cuatro botellas de vodka y cuatro de estricnina en vena. Y el puño cerrado.

Pero sobrevivió.
Es que me rescató un masón. Los masones queríamos llevar a juicio al Rey, programar la República y abolir las bases nucleares yanquis por orden de la CIA.

¿Tuvo mucha culpa la CIA de lo que le pasó?
Sí. La CIA es la responsable de todo este asunto. Querían meter policías en el manicomio para que todo el mundo se creyera que no era verdad.

Es suficiente que perdure en su memoria. Ya lo dijo Gimferrer: «Vidrio al rojo crisol de la memoria en abanico abiertas las imágenes».
No conocía ese poema de Gimferrer. Es un poeta que me gusta y es un gran amigo. ¿Te importa si voy un momento al cuarto de baño? [Risas. Vuelve cinco minutos después]

“Más que incómodo, soy molesto”.

¿Trasnocha usted mucho?
No, no puedo. Me tengo que acostar después de cenar y me obligan a dormir. No puedo ni despertarme por la noche para darme una vuelta ni nada.

Es horrible.
Es un infierno. En Mondragón se pasaron conmigo, pero no tanto como en el de ahora. Aunque en Mondragón se inventaron lo del veneno porque si yo aparecía cosido a balazos tenían que enviar una foto mía cosido a balazos a El País. Así que además de las balas tenían que darme el veneno.

Querían matarle.
Querían matarme, sí.

También quisieron matarlo en Francia.
Sí, con un lanzallamas.

Si le quieren matar es porque le conocen, ergo quieren algo de usted.
No sé. Es un crimen absurdo e inconsentible. Por lo visto, no es que sea demócrata, es que soy la democracia [risas]. Por eso lo de Alfred Dreyfus no tiene mucho sentido. En Francia no tendría sentido.

Bueno, en Francia le cortaron la cabeza a su rey.
No. ¿A qué rey?

A Luis XVI.
Pero en Francia ya no hay pena de muerte.

Claro, ahora no. ¿Habría que cortarle la cabeza a Juan Carlos I?
Nacen Borbones, se crían bribones y se mueren bobones.

Quizá la razón por la que quieren liquidarlo es porque resulta una persona incómoda para la política.
Más que incómodo, soy molesto.

Pero ser molesto puede ser bueno… a veces.
No. A mí me gusta vivir.

Puede firmar una tregua…
No me fío. A Rasputín lo envenenaron una noche con cianuro a puerta cerrada.

¿Y cómo lo van a envenenar a usted?
En público. Y me envenenan ya, no es que me vayan a envenenar.

Aunque tiene planes por quedarse en Madrid, me pregunto si le darán permiso.
Están locos porque me vaya.

Lo mismo le dejan tranquilo cuando le den un premio.
Ojalá.

¿Y si se lo dan después de muerto?
Si es así, no lo quiero. Encima me van insultando por la calle.

¿También?
Sí. Una gentuza que no sabe nada de mí. Me dicen de todo.

Pero usted no haga caso a esos insultos.
Hombre, no hago caso, pero me duele.

Nada. Esa gente no conseguiría ni en cien vidas lo que usted ha logrado.
Es que España es un país de envidias donde no se respeta la cultura.

Y mediocre.
También. Un país mediocre lleno de fracasados. Me gustaría irme a París, pero a lo mejor consigo un viaje a Italia en la segunda mitad de este mes. Me van a traducir al francés un libro que se llama “Agujero llamado Nevermore”. También van a traducir una antología en otra editorial francesa.

Si es suficiente para que usted sea feliz… adelante.
Como decía Pessoa: «en el tiempo en que festejaban mi cumpleaños yo era feliz y nadie estaba muerto».

Seamos, entonces, felices sin matar a nadie.
Tengo un poema que dice: «dime ahora, payo al que llaman España si ha valido la pena destruirme bañando con tu inmundo esperma mi figura. Tus ángeles orinan sobre mí. San Pedro y San Rafael en una esquina comentan mientras avanzo borracho sobre esa piedra, payo, que llaman España».

¿Se ha sentido traicionado como para tener que marcharse?
No… pero me toman por gilipollas.

Bueno, podrá perdonar a los franceses que le quisieron matar si va finalmente a París.
En Francia me intentaron matar una vez, pero no toda la eternidad. No perdonan ni condenan.


Un comentario

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