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Alfa: Redecorando la canción.

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“En España, si no tienes mucho éxito, no tienes para vivir y puede que te vuelvas un resentido”.

Después de los míticos del underground Buenas Noches Rose y Le Punk, Alfredo F. García decide que lo mejor que uno mismo puede hacer es pensar en crear algo más amable y, por qué no, fabricarlo como le de la real gana. Por ello Alfa es el sobrenombre de este músico que, mientras usted lee esta entrevista, ya anda metido en el estudio para proseguir con lo siguiente a “22 de Octubre”, su primer EP en solitario.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Cambio 16

¿Salen mejor las cosas después de una escisión? Ya sabes, después de Buenas Noches Rose apareció Le Punk… y ahora estás en solitario.
Los cambios siempre son interesantes. Yo creo que estas cosas, como ha pasado con Le Punk, suelen pasar porque llega un momento de agotamiento. En mi caso, estoy un poco como empezando, me siento ilusionado y todas las sensaciones que tengo ahora mismo son positivas.

¿Pero sientes que estés empezando desde cero?
No, porque es imposible. Además, es malo y traumático. Pero sí es verdad sucede esto que de repente uno pueda hacer lo que le de la gana para que salga en un disco. Eso es muy vital, una sensación muy bonita aunque no sepas lo que vaya a pasar.

Es lanzarse a la piscina, haya lo que haya.
Sí, pero lo haces. Siendo un músico de oficio y estando tantos años como estoy yo, de alguna manera, tienes recursos para hacer cosas. Sencillamente, se trata de replantearte historias. Fíjate el cambio que hubo desde Le Punk debido a la música que estaba escuchando por entonces. Era una manera de aprender asumiendo lo que me llegaba a los oídos. A lo mejor los parámetros y los estilos no estaban tan definidos, pero son sensaciones musicales que estoy utilizando de la misma bandera.

¿Crees que este habría sido un buen momento para refundar Perros de Paja?
Después de dejar Le Punk escuché las maquetas con mucha atención, pero el discurso ya no era el mismo. Es inevitable que, cuando uno hace las canciones, se vea en el momento en el que las hizo. Y no sé, en ese momento en el que hice aquellas canciones no me sentía tan bien; demasiado joven traumático… ya sabes. Estaba mal por el desmoronamiento de Buenas Noches Rose y me notaba con muchas vueltas dadas.

Bueno, siempre quedará lavarle la cara a las canciones.
Sí, pero lo bonito es cuando ver cómo te reacciona el cuerpo después de un cambio vital. Cuando llegas a ese espacio de tiempo terminas preguntándote qué es lo que te apetece hacer, entonces es vital dejarse un tiempo de respiración para que te lleguen las ideas. De hecho, ahora estoy componiendo de otra forma distinta. Ya no tengo ese rollo dylaniano tan vengativo, ahora me parece hacer algo más amable.

¿Más hostil o más feroz?
Más feroz, mirando la vida en general.

Llego a la deducción de que llevabas tiempo rumiando el plan.
Sí. Podía haber envejecido de dos maneras; o bien o mal. En España, si no tienes mucho éxito, no tienes para vivir y puede que te vuelvas un resentido. También se puede tener éxito, pero la opción que he elegido es la de hacer lo que me apetecía. Es lo que sé hacer. Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a hacer cosas que no nos gustan porque tampoco nos hemos puesto una meta.

Enfocas, de manera valiente, el lanzamiento de este EP como si fuera el lanzamiento de un LP, pero de manera gradual, poco a poco.
Claro. También tiene que ver con el pulso creativo al que tenía que llegar la cosa, que es de lo que hemos hablado al principio, el descubrirse a uno mismo trabajando, metiéndose en harina y empezar a parir, por decirlo de alguna manera. Sucede que es más estimulante grabar en tu casa porque sabes que vas a grabarlo tarde o temprano. Creo que para montar una banda y verla crecer también tiene que haber un estímulo. La verdad es que a nivel comercial no es muy estimulante, pero es que estamos en un momento en el que el rollo comercial no funciona realmente, así que es el mejor momento para que uno empiece a hacer lo que le de la gana.

¿Aunque no haya una compañía detrás?
Bueno, hablé con la gente de la compañía –que son los que pagan los discos- y estuvieron de acuerdo. Cada cinco o cuatro meses lanzaremos un maxi single para ver cómo va creciendo.

Y la creatividad es tal, que este primer EP lleva por título “22 de Octubre”, fecha en el que lo presentaste en directo.
Sí.

Dentro de este trabajo tienes una canción titulada ‘1432’, exactamente.
Más bien se torna a modo de definición, contextualizar el momento en el que estoy. El tipo del que habla la canción es un outsider, alguien que no tiene ganas de nada ni cree en nada ni en sí mismo. Esa idea me gustaba para desnudar al maniquí. Ese es el número que en el calendario musulmán corresponde al 2010 / 2011, y que en mi calendario personal significa el comienzo de una nueva era, aunque no tiene por qué significar el final de algo. La verdad es que es algo desordenado (risas).

¿Sería ahí a dónde irían todas las canciones?
No lo sé, al principio planee un planteamiento artístico. Comencé a trabajar y a componer, pero después empezaron a suceder un montón de cosas, como el 15M, por ejemplo. Empecé a notar agitación, me llegaban otros impulsos.

Vale, entonces ‘Las ratas y los piojos’ tiene que ver con ello, ¿cierto?
Eso es. Abandoné Alameda de Osuna, mi barrio, y me mudé a Lavapiés. Entonces, ahí me di cuenta de que todos necesitábamos un cambio, así que eso tenía que empezar por mí mismo. Intentar hacer cosas que no he hecho habitualmente como músico. Interactuar con la música de otra manera sintonizando con esa energía que había en el ambiente. Y ya no hablo por el tema político, sino por la conciencia, porque es bueno estar cerca de los lugares donde suceden las cosas y se irradia energía.

O sea, a estas alturas vuelves a redescubrir la música gracias a la eclosión de las vivencias.
Es una revolución constante para no estancarse. Si me hubiera quedado anclado en los parámetros antiguos habría dejado la música. En el momento en el que me di cuenta que las cosas que salían en los videos de Mötley Crüe eran mentira, hubiese dejado esto (risas). Lo que pasa es que había otra mejor que salía en esos vídeos, una capacidad de expresión que se conseguía con la música. ¿Sabes? Todo eso que rodea a este mundo; conocer gente, viajar, expresarse, ser el centro de atención en todos los lados… Era todo muy bonito (risas). No había tías ni limusinas, pero era la hostia.

Pero esto no es la primera vez que te pasa.
Cierto. Si no me pasara esto cada cierto tiempo no haría lo que estoy haciendo ahora. Yo creo que habría dejado de tocar.

Un músico vocacional no se suele retirar así como así.
He sido músico toda la vida. No se me pasa la idea de retirarme cuando me llegue, la verdad. Ni te lo aseguraría en caso de que me cortara la mano en un accidente. ¡Ya me buscaría las castañas para seguir tocando!

Por cierto, buen detalle el de los interludios. Creo que nació como una especia de coña para los directos, ¿no? Incluso, entre ‘Interludios’ y ‘¿Por qué fumo tanto?’ suena una melodía que me recuerda mucho a ‘My wild love’ de The Doors.
Pues sí, pero fue algo que salió de manera inconsciente. Son cosas que se cuelan dentro de mí pero luego salen sin querer. En principio, cuando lo intentamos hacer, queríamos hacer algo tipo Gospel, pero terminó siendo algo más africano. Esto es básicamente porque no tengo voz para hacer Gospel (risas), pero metimos un tambor, y de ahí que sonara más primitivo con aire chamánico.

La efervescencia más clara aparece por ‘Martita Ruiz’, canción que salió directamente en el estudio.
La hice allí, aunque tenía la primera frase de antes, como de hace tres o cuatro años. Después de una sesión, en el hotel, me vino todo. Al día siguiente le pedí al productor que me dejara una guitarra para desarrollarla porque me vino todo de golpe, así que el se fue a hacer unos recados y yo, en dos horas, ya lo tenía hecho.

¡A lo Rick Rubin!
Totalmente (risas). Pero es verdad, descubrí que eso se podía hacer. Es muy bonito. De ese modo se hacían algunos discos en los años sesenta. Les daban equis dólares y se tiraban meses en un estudio. ¡Claro, así salían los discos que se grababan antes! La sensación que se le queda a uno de orgullo personal es grandísima, aunque ‘Martita Ruiz’ sea la canción que menos le llame la atención a todo el mundo.

¿Tal vez porque es más desnuda, más cantautor?
No lo sé, pero supongo que la gente se esperaría otra cosa. Igual esperaban escuchar algo de Buenas Noches Rose o de Le Punk, pero es que no fue así. De todas formas, es mi canción favorita, seguramente porque se grabó de esa manera. También, el enfoque que tiene es más una canción dylaniana en todos los aspectos, pero es una canción amable, pues el giro que da al final no lo daría Dylan.

Amable, pero sigue siendo hostil.
Sí. Igual es un poco revanchista.

¿Si no funciona esta fórmula, vas a abandonar?
No, seguiré haciéndolo igualmente. Hemos montado un proyecto, contando con los números de la compañía, que no es un descalabro. Realmente, lo que vamos a hacer, es grabar cuatro o cinco maxi singles que nos saldrá al mismo precio que grabar un disco.

Y con todo el cariño del mundo. Algo así lo requiere, sin duda.
Totalmente. Todo el mundo está haciendo esto con mucho cariño, tanto por ellos como hacia mi persona. Iremos variando las propuestas. Con el siguiente editaremos un libro con un CD con cuatro canciones. Tanto los cuatro relatos como las cuatro canciones tendrán un puente entre ellas. Un concepto barato de colección de quiosco, vaya.

¿Y la portada? Es verdad que querías hacer algo amable, pero la foto es un galgo en pose feroz.
Sí, es cierto. Es una foto de JoseGirl que vi hace cuatro años con la que me siento muy identificado por el momento que estaba pasando. El galgo es un animal hecho para correr, no para estar encerrado en un sitio ladrándole a una claraboya. Pues es lo mismo que nos pasa. Nosotros no hemos nacido para estar encerrados la mayor parte de nuestra vida porque no estamos hechos para eso. Me parece una imagen muy reveladora que tiene mucho que ver con ese sentimiento.


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