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Reyno: La otra vida de Nacho Campillo.

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“Si se tiene un público, por pequeño que sea, ¿por qué tendría uno que retirarse?”.

Nacho Campillo (Badajoz, 1959) es un lagarto del desierto que después de su travesía por Tam Tam Go! ha vuelto a mudar de piel para enfundarse en el trabajo de Reyno. Con este proyecto acaba de editar “Animal reset”, un llamamiento a los placeres que se logran en la vida sin pedir nada a cambio. Ilusionado y motivado, el músico se ha ganado un re-encuentro consigo mismo para darse una oportunidad.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTO: BERNARDO DORAL.
Publicada en Cambio 16 / Nº 2115, 16 Julio 2012

Tus dos discos anteriores en solitario significaron una ruptura. No sé hasta qué punto lo fueron, pero sí se nota que “Animal reset” es romper el habitáculo musical en el que te mantenías.
Sí. Como dice el título, es un reseteo. Hace dos años tuve una hija y, digamos, que el disco parte de ahí. Yo me encontraba en una etapa en la que me sentía bloqueado, así que cuando nació mi hija decidí tirar la casa por la ventana y cambiar a todos los niveles. No reniego de mi pasado, pero sí necesitaba una motivación que me diera estas circunstancias para empezar a componer canciones, aunque rescato dos más antiguas, ‘El diablo en el cuerpo’ y ‘Te esperaré’. Realmente, conforme iba grabando el disco, iba encontrando un nuevo camino pese a que no tenía un nombre claro, ni del disco ni de artista. Algo que también ayudó mucho fue mi etapa en París donde conocí artistas, músicos, productores… Ellos, y la gente que entraba en el estudio, preguntaban mi nombre, pero se quedaban extrañados al escucharlo puesto que les parecía muy complicado de pronunciar.

¿No podía ser también por el gancho comercial?
No, el problema era la forma de pronunciarlo. De ese modo, pensé en mi segundo apellido [Reyno]. Nunca antes lo había utilizado salvo al principio, cuando formé RH+, un grupo de Hard-Rock –junto a Javier Vargas- donde me llamaba Nacho Reyno. Pero ya te digo, nunca lo había utilizado como nombre artístico. Me pareció que entraba muy bien con la filosofía del disco, el título… Sabes muy bien que los músicos somos un colectivo que llevamos años sufriendo mucho por todos los cambios que ha habido, así que yo creo que se trataba de encontrar ese camino tan interesante y la motivación.

Un ejercicio de humildad siempre viene bien.
La verdad es que sí. Decidí romper con todo mi pasado; ya no estoy con Tam Tam Go! ni ya me llamo Nacho Campillo, ahora me llamo Reyno.

¿No crees que a la gente le costará llamarte ahora así? Verán tu cara y dirán: “es Nacho Campillo”.
Yo sé que es complicado y que es un reto, pero yo me encuentro mucho mejor.

Bueno, veo que es crecer con tu edad haciendo las cosas de manera honesta.
Sí, de alguna manera es así.

Si mal no recuerdo, comenzaste con este proyecto desde que en 2008 saliera lo último de Tam Tam Go!, un directo titulado “Bolero incendiado”. También has rescatado dos canciones de tu primer LP de 1996. Todo tu pasado se ha condensado en “Animal reset”.
Totalmente. Hay muchas facetas anteriores que están en este disco. Es un cambio absoluto en cuando a concepto y en cuanto a honestidad para buscar un sonido limpio, la belleza musical, olvidarse de cánones preestablecidos… Podía haber hecho, por ejemplo, algo más comercial para sonar en 40 Principales, pero no, yo quiero hacer música que le guste a mi gente. Me alegro de haber grabado este disco porque lo he hecho yo todo de manera artesanal con mi amigo Jorge García, que me ha ayudado mucho en la producción. Es una satisfacción enorme el poder haberlo hecho así de una manera tan profesional.

Esto es como el que se cocina algo, al final le sabrá mejor.
Cierto. Date cuenta que sientes una libertad muy grande. Pienso que la libertad artística y creativa de los músicos es fundamental, pero muchas veces, por presiones, las cosas van muy aceleradas y no salen bien. Ahora me he olvidado de todo eso porque voy a buscar la belleza musical donde yo me encuentre bien. El disco se ha hecho sin pensar, casi todo en primeras tomas añadiendo ingredientes según iban saliendo; un dobro aquí, un ukelele allá…

¡Y la trompeta!
Me he puesto a tocarla hace año y medio con un par de cojones (risas). Mi mujer me la regaló en las Navidades de hace dos años por una broma. Me preguntó qué quería de regalo y le dije que me apetecía tener una trompeta porque estaba escuchando mucho a Chet Baker, así que en el día de Reyes apareció con la trompeta. No me quedaron más narices que tocarla sí o sí (risas). Mi amigo Raúl Márquez me dio un par de lecciones y me busqué la vida. Voy poco a poco pero mereciendo.

¡Cuánta ilusión! La industria está mal, pero eso no quita para que fluya el talento.
La industria está tocada del ala. Creo que no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos llegando muy tarde y yendo a su bola. Además de que cada vez ayudan menos a los artistas. Pero la industria somos nosotros, me refiero a los artistas que nos hacemos nuestros propios discos como podemos utilizando nuestras armas por Internet…, etc. Estamos como comenzando de nuevo, sobretodo tratando de conectar con la gente joven para que vuelva a comprar discos y escuchar música.

Posiblemente le suenes a viejo a las nuevas generaciones porque las disqueras os han dado de lado en cierto modo.
Sí. Eso es algo que pasa en este país mientras que en otros no ocurre. Por ejemplo, en Francia, respetan mucho las trayectorias de los artistas que han venido de grupos. El caso que conocí fue el de Jean-Louis Aubert de Téléphone, pues él también pasó un momento de cambios cuando se separó su grupo y después hizo algunos discos en solitario ganándose el respeto de la gente joven. Y es un tipo de mi misma generación.

En España pecamos de algo que está fomentado por la industria. Hacen creer que cierto músico se debería retirar para dejar paso a la gente joven porque ya ha hecho diez discos o así. Yo creo que el talento no tiene edad. Con ilusión sigues haciendo canciones. Si se tiene un público, por pequeño que sea, ¿por qué tendría uno que retirarse?

Y más cuando no se puede analizar el mejor disco de tu obra hasta que tienes una edad muy avanzada con la que ver todo desde una perspectiva mejor.
Claro. No entiendo muy bien por qué en España no nos dejan hacer eso, la verdad. La labor es mucho más difícil para nosotros porque escasean los apoyos. En este caso me he encontrado a Peer Music, una editorial que escuchó las maquetas por casualidad y opinó que tenía muchas posibilidades. Lo llevé a Francia y a los medios especializados también les pareció muy interesante. De hecho, va a sonar allí. Ellos no tienen prejuicios, les interesa el contenido del disco y no lo que hayas hecho anteriormente. Allí tienes también el caso de Henri Salvador, fallecido hace poco. Con noventa años sacó un discazo que vendió millones de ejemplares en Francia y nadie se preguntó qué hacía ese señor mayor todavía cantando.

¿Has visto “Moon” de Duncan Jones? Lo relaciono muchísimo con lo que estamos hablando y con tu canción ‘Living in a tree’.
Me encantó esa película. Y la verdad es que no se me había ocurrido, pero es verdad que hay mucha relación entre la historia de la película y la letra de ‘Living in a tree’. El disco entero es un alegato a la libertad creativa y a la libertad de los seres humanos porque hemos perdido un poco el rumbo. De ahí también el ejercicio de resetearnos del que te hablaba antes en relación al título del disco. No se trata de borrar el pasado, porque es dificilísimo, pero sí descomprimirlo. Empezar de cero e intentar apartar los egos de mi vida. Compartir la música sin esperar nada a cambio. Cuando era joven y sacaba un disco estaba con la expectativa de si era número uno o no, de cantarlo con el público para que me subiera el ego… Todo eso ha quedado atrás. ‘Living in a tree’ habla del estado más puro alejado del consumismo. Todo aquello sencillo que nos da placer sin pedir nada a cambio.

Crearse expectativas puede conducir a la frustración.
Mis únicas expectativas son que me gustaría tocar estas canciones en directo con la gente que haya conectado con el disco. Haré una gira por salas pequeñas.

Pero puede que quieran escuchar los temas conocidos.
Sí. Mira, el otro día toqué el disco entero en Toledo y aluciné con el respeto de la gente. Estaban atentos a las canciones, preguntaban cosas, participaban… pero al final siempre había alguien que pedía ‘Manuel Raquel’ o ‘Espaldas mojadas’ (risas). Es algo inevitable, por eso tengo algunas versiones adaptadas a este disco.

Por cierto, preciosa versión de ‘Wicked game’. Le va muy bien a “Animal reset”.
Siempre me ha gustado esa canción. Hace como un año se la vi tocar a mi amiga Cira, del grupo Olivenza. Ella hacía una versión acústica en inglés que yo me iba imaginando en castellano, así que al día siguiente empecé a escribirla en el estudio. La verdad es que he tenido suerte porque todas las versiones que he hecho en mi vida han sido fáciles. En este caso he adaptado la letra al castellano, pero al traducirla directamente ves que va entrando la rima sin problemas. Me salió del tirón. La grabé a guitarra y voz. Después vino Jorge para grabar el bajo, la batería y el dobro. Quedó curiosa con una sonoridad fronteriza.

Creo que guardas algo todavía. Los títulos de las canciones expresan un sentimiento que ha crecido a base de buscar metas después de un largo camino, como en ‘Lo que el viento no se llevó’. Repito, creo que guardas algo.
¿Tú crees? No sé, creo que me he sentido muy libre a la hora de grabar el disco. Cuando hemos grabado ha sido porque hemos grabado lo que había. La mayoría de las canciones tienen dieciséis o doce pistas porque no necesitaban más. El proceso fue grabar la canción casi después de haber sido escrita, dos o tres veces y sin claqueta muchas veces. Después seleccionábamos la toma y trabajábamos con ella. A veces le metíamos algo más, como un pedal-steel o cosas así, pero lo dejábamos de una manera muy desnuda.

¿Y no se quedaba nada? ¿Ninguna estrofa o parte de la letra? No digo que la obvies, sino que se quedara en el tintero de manera involuntaria.
Podría ser que en algún tema quitáramos algo más porque nos parecía demasiado largo, pero no recuerdo ahora mismo haber recortado mucho. Es curioso que me lo preguntes porque muchos productores que han escuchado el disco me han dicho que me he extendido demasiado en algunas canciones. De media duran tres minutos o cuatro y medio, normalmente soy de los que hace composiciones muy largas. En este álbum está ‘Mi nombre es nadie’ con un desarrollo final muy largo que hemos dejado así apropósito. La verdad es que hemos sido bastante autocomplacientes con el disco porque lo hemos visto que nos llegaba.

Cantar en otra lengua que no es la materna ayuda a esconder también.
Me fueron saliendo canciones en inglés y en castellano también. En otras jugué con los dos, como en ‘Living in a tree’ debido a que no tenía estribillo. Pero preferí hacerlo en inglés porque tenía otra sonoridad más bonita que no tenía el castellano.

¡Ahí quería llegar yo!
Fonéticamente funcionan muy bien los dos idiomas. Ya lo hice en el 87. De repente, en esta vuelta, me pareció volver a los orígenes. ¿Por qué no puede tener una canción los dos idiomas si encajan tan bien? Incluso le va muy bien al aire fronterizo del disco.

No sé si habrá otro disco que aparezca firmado por Reyno, así que me queda preguntarte si esto es un cierre de ciclo.
Yo creo que sí habrá otro disco de Reyno. Sin quererlo he encontrado un camino que está muy bien. De hecho, si sigo manteniendo el estudio, voy a seguir escribiendo y grabando canciones según vayan saliendo para el siguiente disco.

La verdad es que el rollo Ziggy Stardust me inquieta. Da la sensación de que terminarás con Reyno para llamarte después N.C. u otra cosa.
Sí, puede ser. Ya te digo, estoy muy contento con el resultado y me gusta esta aventura. Pero tienes razón, dentro de unos años puedo saturarme de Reyno como ya me saturé de Tam Tam Go! volviendo dos veces.


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