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Aer: Crisálida de la memoria.

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“Es un lujo haber logrado condensar en el disco un trabajo tan inmenso”.

Eduardo Zubiaur ha muerto tantas veces como resucitado. A mediados de los 90 se vistió de El Polaco ganando el premio Sonda del 98. Pero lo fusiló después de haberse consagrado como uno de los mejores creadores de la escena aragonesa. ¿Hizo bien? Posiblemente. A veces una muerte abre más tierras que cualquier otra ventana. Esa bocanada de aire que los gusanos dejaron entrar tenía un nombre un tanto confuso: AER. ¿Y qué demonios significa? Significa callar la boca y escuchar, que para eso el que canta es el que fomenta la ecuación del respeto musicocultural.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTO: DIANA KUNST.
Publicada en Cambio 16 / Nº 2117, 3 Septiembre 2012

¿AER son siglas o una palabra?
Es una palabra. Tiene mucho que ver con el primer principio que da origen a todo lo demás. Es una palabra que me encontré en poesías muy antiguas que hablaban de este tipo de temas sobre cómo se generó el Universo. Ya sabes, los naturalistas que hablan de los elementos: el agua, la tierra, el fuego… y algunas escuelas que hablaban de AER. Era una palabra difícil de definir, misteriosa, por eso me gustó. Su definición podría ser el vacío, un vacío previo a la nada.

De ahí “Recuerdos del futuro”, algo que invita a ver en el tiempo como si de partículas de luz se tratara.
Sí. Son palabras muy eternas y originales que se pueden combinar. Efectivamente, da esa sensación de viaje en el tiempo. En el prólogo del libro de Däniken que da título al disco, leí esta frase: “¿sabrá la crisálida que va a ser mariposa?”. Es algo muy bonito y un trozo del recuerdo del futuro porque la crisálida tiene en su gen una información que le dice que se va a abrir en el futuro para convertirse en otra criatura.

¿Conoces la historia de la mariposa monarca?
Me suena, pero ahora no la recuerdo.

Bueno, esta mariposa tiene un recorrido migratorio que nunca termina. Me refiero a que a mitad del camino la mariposa muere, pero deja unas larvas que serán las que continúen ese trayecto. Por lo tanto, ya tienen la información como recuerdo del futuro también.
Es increíble. Ese tipo de cosas te hacen pensar en todo lo que puede haber en el cerebro. Es un misterio genético, pero el hombre tiene que buscarlo porque aquí estamos para algo. Bueno, vivir es ya un fin en sí, pero hablo además de mi caso, hablo de la música. La creo profundamente y doy mi vida para defenderla.

¿Tus personajes han muerto tantas veces como resucitado? Me refiero a la etapa de El Polaco, por ejemplo.
No lo sé.

Una muerte de cambio abre más tierras que ventanas.
Sí, cierto. Me han preguntado cuánto de El Polaco hay en lo que hago ahora y, la verdad, siendo muy crítico, hay mucho. Entonces, ¿por qué lo he matado? Pues porque estamos hablando de una evolución continua. Cuando tú te miras al espejo y no te reconoces tienes que ir a un psicoanalista, más o menos, porque ese espejo está roto, distorsionado o fragmentado, sin ver la continuidad en tu rostro. Por lo tanto, el psicoanalista es esa persona que se encarga de fundir el espejo de nuevo para volver a alisarlo. Lo he matado porque estaba roto, pero sigo siendo el mismo debido a que el espejo tiene unidad siendo yo otra vez, un yo distinto. Han pasado diez años, pero considero que tiene mucho más valor este mensaje que estoy lanzando ahora porque es un lujo haber logrado condensar en el disco un trabajo tan inmenso.

Y un trabajo que ha sido un ejercicio bastante sesudo, por cierto.
Dices bien, hay concepto en este disco, y es delicada la línea. Además nos pegamos una buena carrera de trabajo intensivo durante 2011 con este disco, reestructurando canciones y componiendo otras nuevas, como ‘De verdad’ y ‘Una vida está esperando’, por ejemplo. Pero todo viene de largo tiempo atrás, de un trabajo de años, y de la reunión de los cuatro miembros del grupo, que comenzó en 2009.

¿Te encontrabas en una crisálida, pues? Recuerdo que AER, o su embrión, ya floreció mucho antes del 2009.
Sí. Conocí al bajista y al batería en 2009, y Fernando Pedrajas entró más tarde, en 2011. Él es una pieza clave por su aportación con la guitarra. Pero la crisálida, por supuesto, estaba ahí mucho antes, desde siempre, desde el principio.

Digamos que en 2011 ya estabais todos los que tenían que estar.
Así es. Empecé a currar en el local con los músicos y luego con los productores. Ellos lo tenían muy claro, son muy binarios: o cero o uno. Cada uno ha aportado lo suyo. Recientemente ha entrado en la banda un nuevo batería, Ignacio Jiménez, que ha tenido que amoldarse, pero él da su interpretación. Diría que es más cañero.

¿No te dejaron decidir con algo intermedio?
El disco lo hemos hecho todos juntos. Si había algo que no gustaba se revisaba. Se hablaba con libertad, pero ayudándonos y respetándonos. La última palabra era mía pero conté con ellos porque, además de ser los productores de Vetusta Morla, quería tener una opinión técnica, artística y sobre todo conceptual. No es fácil confiar tanto, pero hay que hacerlo si pides ayuda. Tengo calidad, pero puedo estorbarme a mí mismo. Incluso ahora, que está todo muy pulido.

Tampoco hay manera de meterte en una casilla. Hay Rock y hasta Rumba.
Aunque hay Rumba, es Rock. No es sólo por la distorsión, sino por la lectura, que es la del Rock. Cuando algo se pule corres el riesgo de que se desgaste, pero en mi caso creo que no es así. En el Punk, por ejemplo, a priori no podía haber poesía, pero resulta que aparecieron personas como Patti Smith que metieron la poesía ahí.

¿Hablamos de tus canciones como música o poesía musicalizada?
Hablmos de música. Lo tengo muy claro. No seré el mejor escritor, pero he conseguido muy buenas letras sin ser poesía. Si es poesía se nota porque hay que meterlo con calzador. Incluso hay ripios interesantes como los que tenía El Último de la Fila o El Niño Gusano. Versos desmoronados.

Al igual que en el Hip-Hop, hay ciertas métricas.
En eso que dices del Hip-Hop encajaría muy bien ‘Una vida está esperando’; fíjate, aunque la medida es completamente Pop. La base es la misma, pero la forma de lanzar la palabra es distinta cada vez.

La canción dice: “la marabunta de los errores, son cosas viejas, la paja del árbol, algún ángel caído”. Es algo bastante poético.
Pues agradezco que lo digas. No hay separación entre una cosa y otra. Es una sola pieza.

Otro plus que hay en el disco es el dramatismo puntual que aparecen gracias los instrumentos de cuerda en ‘Sabíais qué’. Ojo, y no lo digo desde el punto de vista despectivo. Más bien sería para expulsar las malas vibraciones.
De base soy bastante dramático, pero en las justas medidas. La verdad es que es algo que llevo por dentro aunque por fuera sea de otra manera. Y sí, ‘Sabíais qué’ tiene ese dramatismo que dices por la instrumentación, además del drama que toca en la letra, algo que nos da de lleno a todos.

¿Es esencial que la música tenga que conmover para ti? Me parece que es bastante más valiente hacer algo que sea para conmover y soltarlo.
¿Verdad? Yo estoy siempre en este viaje en el que mi vida y mi carrera están en una investigación intuitiva constante. Es parte de la creación.

‘Coche’ contiene un mensaje bastante curioso que hay que leer entre líneas. ¿Das a entender que “no comprarse un coche” significa no caer en un consumo establecido?
Lo único que puedo decir es que eso es verdad. Es algo muy manido, pero se le pueden dar muchas interpretaciones, aunque la mía sea otra sobre el dolor. Ya no comprarse el coche es una declaración de dejar todo atrás. Es más, tu interpretación se mantiene en pie totalmente porque en la vida, generalmente, hay un consumismo insano. En el fondo, deseamos el coche por una presión social aunque no lo necesitamos. Aquí se habla de una renuncia, que toma forma en algo por todos nosotros conocido, pero es una metáfora, que no está limitada a ninguna historia concreta.

‘204 años’ es tajante en cuanto al paso del tiempo.
Ese tipo de cosas me lo inspiró un grupo como el niño Gusano y algo también el grupo argentino llamado Los Suárez. Era una voz naïf con guitarras rasgadas. Me encanta. ‘204 años’ tiene una letra absurda, dentro del surrealismo, pero es lo mismo de lo que hablábamos antes sobre perderse en las posibilidades. Hablo de la inutilidad del dinero como sustituto del placer o de lo que se carece.

¿Una teoría parecida a la de Freud sobre la importancia que le da el hombre al tamaño de su miembro sexual?
Sí. Tiene mucha crítica surrealista dentro del sentido común moviéndome dentro de lo absurdo, como en un sueño, para darle vueltas. Que algo sea soñado no tiene por qué significar que no sea importante. De hecho los sueños a veces nos inquietan.

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