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Archivo mensual: junio 2012

Anni B. Sweet: Detener la voz.

Publicado en

“Creo que ni el más imbécil deja de sufrir”.

La malagueña Anni B. Sweet (sosías de Ana López) ha desplegado un nuevo cupo de canciones bajo el título de “Oh, Monsters!” (Subterfuge, 2012) después de alcanzar el meritorio reconocimiento con “Start, Restart, Undo…” (Subterfuge, 2009). Se confiesa desilusionada con el negocio musical, pero eso no va a ser un gran problema para ella, puesto que su arte de composición todavía no ha conocido fin ni enemigo.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Cambio 16

“Oh, Monsters!” resulta ser un canto a la desilusión. ¡Pues empezamos bien con el optimismo!
¡No! No es un canto a la desilusión realmente, son reflexiones cantadas desde la calma, cuando ya había pasado la tormenta. Puede que lo que me haya llevado a escribir algunas de estas canciones haya sido la desilusión pero sin dejar de ser optimista. Los cambios son parte de la vida y no siempre son buenos, ni tampoco siempre son malos.

Cuando escribía estas canciones solo intentaba entenderme a la vez que desahogarme.

¿Sería entonces mejor el conflicto que la indiferencia?
La indiferencia no es buena, el conflicto tampoco, solo hay que querer saber, intentar comprender las situaciones y llevarlas de la mejor manera posible.

¿Y no te encuentras en conflictos interiores por exigirte cierta coherencia y eliminar canciones que no te creas?
¿Lo dices por los temas que he dejado fuera del disco?

Sí.
Iba a tener coherencia con ellos o sin ellos, porque los temas, aunque salgan de etapas diferentes y experiencias que he vivido a lo largo de tres años, vienen de una misma sola persona. Estos temas que han quedado fuera en este álbum, pueden salir de alguna otra manera en un futuro no muy lejano.

Teniendo claro que basas tu forma de trabajar en la coherencia además de en la honestidad.
Eso intento, ser coherente con lo que siento y con lo que quiero hacer.

En este álbum hay canciones muy diferentes entre sí, hay alguna acústica, otra que mezcla sonidos electrónicos, otra con un toque fronterizo, y puede que ponga en duda lo de “ser coherente” pero para mí ha sido justo así. He grabado los temas como pensé que tenían que ser, aunque haya momentos muy dispares. Es justo lo que he experimentado estos tres años pasados, es lo más coherente que he podido hacer.

Tal vez la vertiente de pop femenino en España está un poco denostada y hasta manida, diría… No se le tiene el mismo respeto que se le tiene en sus respectivos países a Laura Marling o si prefieres un ejemplo mayor, Joni Mitchell.
Yo también lo creo, pero no se que decirte, podría tener una larga conversación sobre ello y llegar al punto al que siempre llego. No deberíamos escuchar música pensando de dónde es cada uno o si es mujer u hombre… etc. Habría que, simplemente, escuchar y punto, si te gusta bien y si no fuera. Es así de simple.

Sin embargo nos dejamos llevar por cosas que no tienen nada que ver con la música y nos vemos influidos a la hora de escuchar algo nuevo por el si es americana o es francesa o es española.

De ahí, supongo, tu desilusión… por el lado del negocio musical, ¿no?
El negocio musical me tiene muy desilusionada sí, por suerte me rodeo de personas que creen en la música por sí sola y me dan buenos consejos cuando me veo perdida.

Sólo intento que lo que yo entiendo por música y lo que siento haciendo esto no cambie y menos por algo tan contrario al arte.

Y otro punto a tener en cuenta es el daño que te han hecho los “amores” en este tiempo atrás. ¿Cantarle a ese pasado te sirve para exorcizar demonios? ‘Catastrophe of love’ sirve como ejemplo pleno.
A mí me sirve para no sentirme sola en esos momentos, también puede ser que no sea tan valiente como para decirle estas palabras a esa persona en ese momento dado y entonces lo haga a través de canciones.

Alguna vez he cogido la guitarra en algún momento de tristeza o de rabia y lo cierto es que siempre me ha calmado lo suficiente como para transformar esa mala energía en algo mejor.

‘Catastrophe of love’ habla de lo que esconde la belleza y la felicidad. De la melancolía y tristeza de lo bello, ya pueda ser desde un paisaje hasta una persona.

Justamente este tema comenzaba hablando de un paisaje que ví en un viaje y acabé hablando de una persona porque me di cuenta que ambos me hicieron sentir algo muy parecido. Podría haberse llamado ‘La catástrofe de la belleza’…

Bueno, hay quién no quiere volver a recordarlo, aunque creo que es por el miedo a tener un bienestar sentimental que corre el riesgo de volverse angustia.
¿Los mal de amores? Eso es incontrolable ¿no?, hay que aprender de todo ello pero no vivir con ello encima porque entonces el resto de relaciones que tengas pierden… Aquí es cuando podría decir eso de que es mejor hacerte el tonto y seguir como si nada.

Cuando se trata de sentimientos, es una pena ir arrastrando experiencias anteriores, vas con el escudo y con miedo a dejarte llevar, cuando justamente la mejor parte de enamorarse es dejar que todo fluya y disfrutar de lo que vas sintiendo. Pero supongo que es lo que tiene cuando te hacen daño, que no se olvida así sin más y que te deja una marca que te impide volver a ser tan “pura” con esos sentimientos.

Aunque no hay nada como la primera vez. Y ahí meto a “Start, Restart, Undo”…
Este álbum hablaba sobre una relación con alguien desde que empieza hasta que todo va cambiando y acaba, entonces era lo que me hacía escribir. Recuerdo pensar que las canciones de ese álbum solo las iban a escuchar mis cuatro amigos…

¿Todo esto se concentraría en ‘Getting older’?
‘Getting older’ habla de mucho antes, de cuando eres un enano y no sabes muy bien de que trata lo que te rodea, ¡no es que hoy sí lo sepa! Pero las cosas han cambiado y algo más que antes sé.

Y justo en este tema cuento que alguna vez he preferido olvidar todo lo que he aprendido para volver a experimentar esas “primeras veces” en muchos aspectos.

A veces tengo la sensación que -conforme pasa el tiempo- ya no hay ese sentimiento de primera vez, si no que todo son sucedáneos, versiones o extensiones de algo que en su momento fue nuevo para mí. Y así resumí que esto era hacerse mayor.

Pero eso es lo sentía aquel día que la compuse, hoy te digo que a mí me quedan muchas cosas “nuevas” por vivir seguro, pero me cuesta creer que las vuelva a vivir con la intensidad de una niña chica. Y sí, hay cosas enormes que un niño chico se pierde por no saber todavía, ¡pero ese es otro tema!

Pero si tenemos que hablar de la verdadera primera vez, cabe mentar la canción ‘Shiny days’. Tema que, por otro lado, no ha entrado en ninguno de los dos discos pese a que lo has tocado en directo. ¿Es una canción-puente que aglutinaría ese sentimiento?
‘Shiny days’ es de las canciones mas viejas que tengo. En su momento no la quise grabar porque significaba mucho para mí, puede parecer raro, pero no me sentía cómoda cantándola. Recuerdo el momento en el que la compuse, y fue de las primeras veces que sentí que estaba perdiendo a alguien que yo creía que era imprescindible para mí. Con el tiempo esto ha cambiado, ¡quizás la grabe pronto!

Se quedó fuera porque era demasiado acústica. Sin embargo, hay temas en este nuevo disco que tiran de programaciones (‘At home’).
Me fui a vivir sola y pude relajarme y experimentar con sonidos en casa, con nuevos instrumentos que no manejaba bien (y que ahora sigo sin saber manejar), pero me divertía haciéndolo sin pensar en si se iba a quedar así para el álbum o no. Ya anteriormente a este tema, en la demo de ‘Catastrophe of love’ que hice con Javier Doria, jugábamos con ese tipo de sonido y me gustó.

También, ya una vez en el estudio junto a Ángel Luján y Guillermo Galván, estuvimos experimentando por ese lado con otros temas más.

El primer LP se grabó en casa, así, de manera tranquila. En cambio, este segundo se ha hecho en estudio junto a Guillermo Galván y Ángel Luján, aunque has llevado cosas traídas de casa. Me da la sensación que de esos días en el estudio salieron más de catorce canciones. Algo así como unas “Lost-tapes” y demás, ¿cierto?
Cierto. Y además, mientras grababa en el estudio, hubo un par de veces que me puse con la guitarra a sacar temas nuevos, ¡era mi manera de salir un poco de la grabación! Pero al final hay que elegir y esos temas que quedaron fueran no tienen porque perderse. Seguramente acabe tocando alguno en directo.

Si te soy sincero, este aire “remember” –y hasta de cierto temor infantil- me recuerda bastante a las películas “Donde viven los monstruos” (es evidente por el título) y “Moon”, de Duncan Jones.
La primera referencia ya me la han señalado alguna vez y es una película que me encantó. Te hace pensar que al final, hasta en el mundo de la fantasía y la imaginación, hay conflictos, y que los extremos -aunque los lleves hacia algo que parece ser lo que uno quiere- nunca son buenos.

La de “Moon” nunca me lo habían comentado, pero sí que tiene un punto de oscuridad y en algún momento de angustia y ganas de volver a un lugar que ya parece lejano e imposible regresar con el que me podría sentir identificada en algún momento. ¡Además, me encantan las pelis ambientadas en el espacio! ¡Gracias!

Respecto a ‘Getting older’, dijiste que “lo ideal sería saber mantener la ilusión y las emociones igual de fuertes que antes, ya que creo que son el motor de estar feliz y tranquilo”. ¿Con esto quieres decir que sería mejor vivir en la ignorancia para no ser conscientes de lo que ocurre?
¡Digo demasiadas cosas yo y sin saber suficiente! (risas). No, para nada, todo lo contrario. De hecho, lo que digo es algo casi imposible porque se contradice y es lo difícil de lograr; el equilibrio entre ambas cosas. Hay que querer, saber y aprender todo el rato, y a la vez mantenerte vivo en emociones y no dejar que nada te quite la ilusión.

Creo que el vacío que dejaría la ignorancia tampoco haría feliz a nadie.

¿Conoces el documental “La silla de Fernando” centrado en Fernando Fernán Gómez? Comenta que le hubiera gustado ser imbécil porque así no habría sufrido. ¿Ana López prefiere ser imbécil para ser feliz lejos de Anni B. Sweet?
Yo creo que todos hemos pensado esto alguna vez y yo lo he dicho ya varias veces, que a veces pienso que es mejor no saber, pero esto lo digo por decir porque yo creo que ni el más imbécil deja de sufrir.

El aprender siempre te lleva por caminos nuevos, ya sean buenos o malos, pero la ignorancia creo que no te lleva a ningún lugar, ¿no? Sería un aburrimiento.

Después de todo, llego a la conclusión de que cantar en inglés te escuda en algo. ¿Es posible? Corrígeme si estoy desinformado, pero me consta que estás componiendo en castellano…
Es posible, pero es algo muy secundario seguro.

Antes de tener la música como profesión, cuando cantaba en casa y hacía mis primeros temas, en ningún momento pensé “voy a escribir en inglés”, simplemente salió así, quizás fuese por las influencias que tenía entonces que eran todas extranjeras y claro, el haber estado desde pequeña en un colegio británico hizo que pasase mayor parte de esos años expresándome en inglés.

Seguro que si esto no hubiese ocurrido, hoy en día estaría haciendo canciones en castellano, pero quizás no hubiese sido tan clara como lo soy cuando canto en inglés.

No lo sé. Es en lo que estoy ahora, componiendo en castellano y tratando de saber qué quiero contar y de qué manera, al final, en el momento en el que me pongo a escribir no pienso en nadie más que en mí, así que no pienso en poner ningún escudo ni intento esconder nada. Quizás entro en duda al día siguiente cuando la vuelvo a escuchar.

Pero soy consciente de que me cuesta expresarme bien y que el principio va a ser difícil, pero esto es lo que hay, no se nace sabiendo.

Aunque sea poco caballeroso por mi parte hablar de tu edad, tengo que decir que con veinticuatro años que tienes te quedan muchas hostias por recibir todavía… así que esto puede significar una cosa: más discos de Anni B. Sweet.
(Risas) Exacto. Y por consecuencia, más discos de Anni B Sweet me van a traer sus hostias también. Pero las hostias y los buenos momentos van de la mano casi siempre, así que… a seguir con ello.

Mucho: Oda al tiempo.

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“Eso de dejar las letras masticadas nos aburre”.

Mucho son un grupo que comienza de cero, el inicio de un sendero. Tal vez es así, y es que en cierta medida lo es. Tras la disolución de The Sunday Drivers, Miguel de Lucas (bajo), Fausto Pérez (guitarra) y Carlos Pinto (batería) se unen con Martí Perarnau, vocalista y guitarra de los Underwater Tea Party, -además de teclista en la última gira de los toledanos- para continuar algo que para ellos es vital, tocar. Sin pretensiones y sin más florituras que la de hacer música. De esta comunión nace su primer disco de título homónimo, bajo el sello Marciano Records, que además ha sido producido por Ricky Falkner para así darle la pincelada sonora necesaria. Suenan frescos y claros, ritmos marcados en un Lp sobresaliente con el que abren una nueva ventana.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Paisajes Eléctricos

Mientras The Sunday Drivers se separaban, Mucho ya estaba tomando forma…
[Miguel]: Nosotros nos enteramos de la noticia de la separación antes que todo el público en general, evidentemente. Fue una decisión interna que se asume. Lo que no pretendíamos era anunciarlo en seguida, porque no queríamos hacer una gira de separación ya que eso nos disgustaba. […] Entonces como era cierto y estaba asumido que de tal día de tal mes eso se iba a terminar, preguntamos a quien le gustaría seguir en esta movida. Empezamos a montar unos ensayos paralelos a los de la gira para tocar y ver que se nos ocurría. Le propusimos la idea a Martí y aceptó porque el tenía la idea de hacer algún proyecto. […] Lo montamos, y al principio tocábamos algunas versiones, pasar el rato, divertirnos en el local… hasta que poco a poco empiezan a salir temas y nos dimos cuenta que aquello tiraba. Cuando The Sunday Drivers se acabó, nosotros ya teníamos carrerilla para seguir.

¿Eso pudo crear cierto malestar con Jero?
[Carlos]: Que va. Todo lo contrario.

[Miguel]: Lo bueno que teníamos era que como todo estaba tan rodado ensayábamos algún día de la semana, salvo si había que preparar algún concierto especial o acústico. En realidad cada uno estaba en su casa y a su bola.

Con Mucho habéis dicho que esto es para seguir tocando, que es una necesidad.
[Miguel]: Si, es algo que nos ocurre a nivel interno.

Respecto al nombre: fue algo que dio muchas vueltas y cambió bastante. Si no recuerdo mal, se pensaron nombres tales como Los Humos, Los Pérez, Miles… y al final, Mucho.
[Fausto]: Fueron paridas, chorradas, bromas internas… al final nos quedó uno que fuera fácil de decir.

[Miguel]: También está reflejado un poco en el diseño del disco, porque tuvimos la idea de llamarnos Nueve, Gigante o Perro y Gallina…

[Carlos]: Queríamos un nombre directo, sencillo y en castellano, que fuera fácil de pronunciar.

[Martí]: Y que fuera algo nuestro, muy nuestro. Siempre ha sido como una broma interna que teníamos.

[Miguel]: Nos animábamos así, diciendo: “¡Mucho!”

De hecho los títulos de las canciones son bromas internas. Una de ellas es ‘Si quieres, no’, algo que decía muy a menudo vuestro road mánager.
[Miguel]: Si, era una frase que decía siempre y que nos empezaba a cansar [risas].

[Martí]: Aunque eso es originario de Toni Jurado. Por lo visto esa frase es suya, lo que ocurre es que se ha extendido tanto que ya la dice mogollón de gente. Es muy graciosa, porque es como decir que sí con mucho énfasis [risas].

Otro cambio son los textos, los cuales son en castellano.
[Martí]: Sí. Eso ha sido premeditado. Yo tenía muchas ganas, también creo que todos también. Eso nos ha cambiado. No volveré a componer en inglés en mi vida.

[Miguel]: ¡Le ha gustado al chaval! [Carcajada].

[Martí]: No, es que es tu idioma. Cuando haces una canción en inglés no puedes llegar a ese nivel, porque no controlas el lenguaje por mucho que hayas estudiado. Es que no es el idioma que hablo. Hablo castellano, hablo catalán con mis padres… es el idioma con el que te expresas y con el que puedes decir lo que quieres. […] Además, así sientes que estás haciendo algo que es tuyo. Cuando yo cantaba en inglés tenía la sensación de que estaba haciendo la versión de algún grupo.

¿Opináis lo mismo?
[Miguel]: Sí. Todos tuvimos un grupo donde cantábamos en inglés, en su día nos gustó mogollón sintiéndonos súper convencidos. Ahora nos apetece hacer esta otra movida. Es que es lo que dice Martí, te convences más de lo que dices.

[Fausto]: Muchas bandas empezaron cantando en inglés: Deluxe, Standstill, Love of Lesbian, Sidonie… hay como un renacimiento de bandas consagradas que empiezan a cantar en castellano.

[Martí]: Al final eso te pica. Ves que otros músicos lo hacen, y piensas que lo podrías hacer mejor. Aunque luego no sea así, pero te pica el hacerlo.

[Miguel]: Para nuestro gusto, pensamos que se han castellanizado canciones y estilos de música que nos flipan y que son “guiris”. Sin renunciar a tu estilo. Eso no ocurría, era muy difícil.

[Fausto]: Es como el rock and roll británico y americano. Eso nos parece mucho más interesante. Por ejemplo, si cantas en inglés siendo de Toledo, siempre terminas haciendo un género, de alguna manera. Haces pop en inglés y ya entras dentro de una categoría. Y es que la audiencia potencial es la que habla castellano. De alguna manera ha sido como una liberación.

Y así, en castellano, el mensaje llega antes.
[Martí]: Es que te entienden. Mi madre me comenta ahora las letras, cuando antes escuchaba mi música y nunca entendía lo que cantaba.

[Miguel]: Y es que les haces pensar. Hay una parte de la canción ‘Resquemor en la orilla’ que dice: «somos la mancha de tu subdivisión». Cuando dice que somos la mancha, la gente piensa que somos unos idiotas de Toledo que cuentan cosas raras [carcajada]. Eso está muy bien. Que cada uno tenga su propia interpretación de la letra.

Cierto, algo importante con lo que se “juega” es con la interpretación de las letras.
[Martí]: Eso es algo que siempre me ha gustado de la música. Es que eso de dejar las letras masticadas me aburre, ya estoy cansado de eso.

Y eso a la larga quema. El siguiente, el próximo… si todos son así, cansa. Y un músico no puede aburrirse haciendo lo que hace.
[Martí]: Tu escuchas “Ok Computer”, ves que las letras están contra el capitalismo, los hippies, el establishment… llegas a ‘Paranoid android’ y piensas como puedes quedarte con eso, con esa letra y sus lecturas. Es lo que siempre me ha gustado de la música.

[Carlos]: En los primeros discos de REM las letras son marcianísimas, mucho más que las nuestras.

¿Y el sonido? Personalmente lo noto más claro, diría que pop… pero prefiero utilizar el término “fresco”. Incluso las canciones rara vez llegan a los cuatro minutos.
[Miguel]: Yo no creo que sean más pop, yo diría que es más directo. Eso si que es cierto; canciones de tres minutos, concretas… pero lo que hemos pretendido ha sido encrudecernos un poco. Que sea más auténtico.

[Martí]: Yo en los Sunday nunca compuse, pero si que es verdad que en el disco se nota que es fresco, que crudo y que son canciones que puedes tocar con una acústica y que no pasa nada. Son canciones sencillas con los acordes y las armonías. Durante mi vida hice canciones con muchísimos acordes y terminé harto. […] Es crudo, directo… que por eso está grabado de esa forma, en directo. También tiene más cosas encima, pero es que queríamos tocarlo directamente porque luego hay que tocarlo así delante de la gente.

[Fausto]: Refleja el primer disco de una banda que acaba de nacer. Así sin más. Grabamos así, rápido, como salía… sin complicarnos. Nada de florituras u orquestación.

[Martí]: ¡Pero eso no significa que no esté trabajado! Escuchas un disco de los Black Keys y no hay una locura de instrumentación. […] Es lo que hay; directo y bonito. Los arreglos que hay son los justos. Las bandas que trabajan así hacen unos directos flipantes.

[Carlos]: Y si algo se mete, que sea algo que puedas tocar en directo delante de la gente.

También hay cierta urgencia. Primero por las letras en castellano, y segundo por la rapidez de las canciones.
[Miguel]: ¿Tú crees? Bueno, es lo que nos ha salido. Con respecto a eso tampoco te puedo responder algo más concreto. No hay pretensión alguna, salvo la de seguir tocando. Quizá esa sea la urgencia que tenemos.

Virginia Maestro: Hoy, es siempre todavía.

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“He tenido la libertad de contar con unos temas comerciales que tenían ‘cierta’ calidad”.

Virginia Maestro (conocida como Virginia Labuat) es una chica de ojos claros y grandes, linda de cara, pero con una lucha y fervor en su trabajo que es digno de las más grandes heroínas. Le gusta lo que hace, “Dulce hogar” (Sony Music, 2011) es su segundo disco tras “Labuat” (Columbia, 2009), pero esto es solo una formalidad y una licencia, pues se podría decir que con este nuevo artefacto, la de Linares entrega toda una colección de canciones que piden ser escuchadas con atención, pues desde su rica instrumentación (banjo, dobro, ukelele, teclados…) hasta sus numerosas influencias, “Dulce hogar” es más que un simple álbum contante y sonante. ‘The time is now’ fue elegida como carta de presentación, como cabeza de ataque para defender con orgullo y honor un magnífico trabajo alejado de esas manidas radiofórmulas y de los pedestales de los más rancios sibaritas. No se dejen engañar… y atiendan.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Paisajes Eléctricos

Siempre es bueno tener en la mano tu propio trabajo, más si en este segundo disco tu involucración ha sido total.
Si, la verdad. No es que me haya involucrado más, es que no hubo proceso en este disco que haya ocurrido sin que yo haya estado “pringada” de alguna manera, por así decirlo.

Es más, has elegido todo; desde como tenía que sonar, instrumentación…
Bueno, a ver. No lo he hecho sola, porque estaba el productor. Pero si, desde que compuse las canciones, las grabé en una maqueta con guitarra y voz, se las enseñamos a la compañía… dar mucho el coñazo, la verdad [risas]. Querer sacar el disco, que te llamen y te den luz verde para empezar a hacer maquetas, ponerte a buscar productor y trabajar con él. También te pones a hacer como una fase de “casting” con la compañía, para que les entregues una remesa de cinco canciones y si pasas ese filtro, te piden otras… y así. […] Ha sido como una lucha, pero me lo he pasado increíble.

Aprecio que la producción de este nuevo artefacto es muchísimo más clara y limpia que la que había en el anterior disco que firmaste como “Labuat”.
Para empezar, los productores eran otros. En ese primero estaban los Pinker Tones y en este segundo ha sido Iñaki García junto conmigo. Básicamente es eso. Luego, está la diferencia, porque cada uno hemos tomado unos referentes distintos en cada disco, musicalmente hablando. […] Aparte de eso, el sonido es muy diferente porque en el primero estaba casi todo programado, era lo que había grabado con Iñaki en las maquetas y la intervención de algunos músicos. Pero es que en este segundo no hay nada que no esté grabado de verdad. O sea, que no hayamos alquilado el instrumento, que no haya venido el músico al estudio… quizá hay un violín con trémolo en una de las canciones que no se grabó en el estudio, pues lo grabó en músico en su casa, pero vamos, que fue de verdad. […] También hemos contado con Óscar Claros, que es un técnico que se ha volcado muchísimo en esta grabación. Ponía como tres o cuatro micros… muy técnico y cuidado. Todo lo grababa así, entonces a la hora de hacer las mezclas teníamos tantas opciones, que ha sido muy fácil. […] Yo me lo he pasado como una niña chica. Ya te digo, desde la composición, la maquetación y la grabación, que ha sido lo más cansado, pero quizá lo más emocionante porque vas viendo como pasan músicos por el estudio, como se va materializando cada tema, como cogen cuerpo y cobran sentido. También es cierto que cada músico pone su granito de arena. […] Me he metido en todo, como el seleccionar el sonido de una caja en tal canción. Le he sacado mucha punta a cualquier decisión y me he querido meter en cualquiera que se ha tomado. Supongo que si vas a trabajar en un proyecto que vas a defender tú delante del público o de quien sea, cuanto más control tengas sobre ese proyecto, mejor.

Es saber exactamente lo que no quieres, pero si tener una idea aproximada de lo que buscas.
¡Claro! Es un poco esa onda. Tengo claro lo que no quiero, descartando lo que no quiero y sabiendo lo que me gusta he llegado a esto.

Además, es la primera vez que cantas en inglés… en un disco.
Si. Es que en el primer disco solo hubo una canción mía. Yo propuse como cinco o seis temas en el momento que salía del programa. Ya me habían propuesto un repertorio para un disco entero, y me costó mucho meter una canción.

¿Por?
Porque no querían que metiera nada. Pero no fue la compañía, ¿eh?

Ya, imagino…
Yo quería meter temas en inglés porque en el programa había dado varias pistas de que me gustaba y de que tenía preferencias de cantar en inglés. Además de que llevo toda la vida escuchando más música en inglés que en castellano, porque para mí tiene más sentido. El caso es que no me cogieron ninguna en inglés. De lo cual, ahora me alegro, porque he tenido esas cartas guardadas debajo de la manga. Y ahora hay temas que he compuesto en los últimos dos años y otros que ya estaban compuestos y que forman parte del disco, donde tienen sentido. Lo que ocurre es que en su momento me costó guardármelas [risas].

De hecho, la canción que se ha utilizado como single (‘The time is now’) es en inglés y es muy swing, rock and roll de los cincuenta…
¡Es que me flipa el rock and roll de los cincuenta!

Por lo que uno puede apreciar al escuchar el disco, es que hay ciertos sonidos –digamos “Beatle”- en las guitarras, teclados… y es que habéis grabado el video en Londres. Me consta que fuiste sin permiso.
Sin permiso, además. ¿Hay que pedir permiso para grabar en la calle? Pues yo no lo pedí [risas]. Mira, yo no había grabado un videoclip en mi puñetera vida, Iñaki tampoco, y no había cogido una cámara en su vida. Pero claro, nos encontramos en la situación de que ya no nos daban más presupuesto para nada más. No encontramos ningún sponsor… ¿Qué hago? ¿cuánto cuesta alquilar esto? Me voy a tocar a Londres y aprovecho para poder grabar un videoclip. Total, alquilé un equipo, nos lo llevamos, y como teníamos un concierto para hacer mini-presentaciones, nos pateamos Londres sin permiso ni leches. No lo pedimos, nadie se quejó ni nadie vino a buscarnos para llamarnos la atención. Así que empezamos rodando en Hyde Park, aunque estuvimos mucho por Candem, Nothing Hill,… buscábamos escenarios –obviamente- no españoles. Más que nada porque para mí no tenía sentido sacar un single en inglés y rodarlo (por ejemplo) en cualquier plaza mítica de Madrid. Tenía que ser en un entorno que fuera “guiri”, me daba igual de donde.

Ese entorno es una influencia directa. ‘Circus’, además, contiene un sonido burlesque.
¡Si! Es un poco ese rollo de años veinte o años treinta, porque juega con cuando empezó a sonar el swing. Tiene ese juego de voces y el cambio… tengo muchas ganas de que la gente lo escuche [risas].

¿Temes que tus seguidores se vayan a encontrar con algo difícil de asimilar?
A mí esto no me parece difícil de asimilar, pero si, se lo que me quieres decir. Mis seguidores no. Quizá a determinado público haya temas de este disco que les sea difícil de asimilar, así como otros me parece que son todo lo contrario. Por ejemplo ‘Run to you’ es un tema que entra súper fácil. Es muy sencillo, pero eso, entra muy fácil. Lo escuchas dos veces y ya se te queda el ritmo. Pero igual de repente escuchan ‘Cirucs’ o ‘Call your name’ y les extraña. Pero mis seguidores en concreto si que conocen estos temas porque los he tocado en directo. […] Quizá le cueste encajarlo a alguien que no esté acostumbrado, pero confío en que habrá una minoría española que esté esperando una oferta musical diferente a lo que parece que te estén metiendo ahí… parece no, es que es así. Radio-fórmulas y lo que escuchamos, salvo Radio3, por ejemplo. No es que deje mucho que desear, pero es que tampoco te dan muchas alternativas. Hay cosas muy buenas que me parece estupendo que estén ahí, lo que pasa es que tienes veinte o quince artistas que suenan y ya está. Entonces, está bien que haya más ofertas variadas. Pero si, es arriesgado, lo se. Pero me da igual, porque es lo que me gusta, y antes que intentar disfrazarme de algo o intentar vender una moto con la que no me siento bien… prefiero llevar mi “chatarra” antigua. Al que le guste que se venga y al que no, pues nada.

Y que quien no arriesga no gana…
Si. A ver, si yo tengo un repertorio donde están: ‘Circus’ y ‘Under my skin’, me es inconcebible dejar fuera estas canciones porque quizá no son…

¿Comerciales?
Sí, comerciales. Afortunadamente nadie me lo ha prohibido. He tenido la libertad de contar con unos temas comerciales que tenían “cierta” calidad (por decirlo de alguna manera) y poder permitirme la licencia de meter otras canciones que se que no van a ser single (a priori) y que se salen un poco de lo común de lo que esperaba la compañía o de lo que esperaba el público. Son licencias que me han permitido por tener otras cartas en la manga en el mismo disco, no se si me explico.

Si, entiendo. Y viniendo de Operación Triunfo…
Dichosa pegatina…

A eso voy, que viniendo de ese programa quizás te hayas sentido rechazada por el sector clásico o más especializado de la música.
Si, claro que lo he sentido. No yo, directamente, pero si que te dicen en la oficina de contratación que les cuesta por la pegatina de OT, que lo escuchan y vale, pero que es hablar de una y ya no quieren saber nada. Pero si, claro que lo noto y me cuesta. Yo no reniego, me abrieron unas puertas y me cerraron otras. Casualmente me cierra las puertas en las que yo me quiero meter, porque si de repente fuera una apasionada –que podría serlo y sería súper lícito- del pop latino pachanguero pues me hubiera beneficiado mucho, porque todas esas pruebas te las abre bastante. Pero es que esa no es la música que a mí me gusta exactamente, más bien todo lo contrario. […] Es que sales de ahí y ya dan por sentado que no sabes tocar, ni compones, ¡ni tienes cultura musical y ni sabes quien es Janis Joplin!

Además, estudias magisterio musical.
Si, cierto. Pero no se, es una pena. En fin, te cuesta un poco más, pero no veo porque no pueda llegar a entrar en esas puertas que ahora mismo puede que se estén entreabriendo un poquito…

Ya vimos lo que duró la última edición del programa.
Si… se ha caído. Me da pena por los chicos que pasaron los casting, porque por experiencia se la ilusión que debían tener en ese momento, como para que ahora les digan que no hay audiencia suficiente y que tiren para casa. Es una putada, debe serlo. También lo siento por toda la gente que se ha quedado sin curro de buenas a primeras. […] Imagino que por lógica lo que se repite tantísimo, acaba cansando. De todo se cansa el público, porque son diez años. Se podían haber cansado de Gran Hermano antes que de Operación Triunfo… pero bueno, no ha sido así. […] Solo lo he visto una vez y fue la gala cero, y los últimos quince minutos de la última gala. Notaba una intención como de intentar cambiar de todo lo que habían explotado al reallity a convertirlo en un programa más de música, aunque fuero eso, un reallity. Intentar vender a la gente algo así como “hacemos música variada, de calidad, tenemos personalidad…” […] Había una intención muy buena, pero que creo que llegó muy tarde.

A buenas horas…
Claro. Después de haber explotado todas las polémicas habidas y por haber, después de… en fin. Pero bueno, son cosas que pasan. Nadie saber porque.

Lo importante ahora es que tú tienes el disco e infinitas influencias en él.
Empezando en general por el jazz más clásico, el swing… Sobretodo la década de los cincuenta y los sesenta, que son mis favoritas en todos los aspectos, hasta en la estética. La música de los cincuenta o sesenta; tipo Elvis, Sam Cooke, Ottis Redding, Al Green, The Everly Brothers, San & Dave, Ricky Nelson,… toda esa movida me flipa. Janis Joplin también, como me encanta Koko Taylor. Es que en el mundo del blues, por donde te metas me quedo “atontada” [risas]. Hasta el rock sureño americano, como The Allman Brothers pasando por Tom Petty. Si es que a mi esa música me vuelve loca. Me la han puesto desde que era un moco y entonces ese es el sonido que me gusta. […] Nunca he sido una apasionada de nadie actual, hasta que apareció Amy Winehouse. Luego un poco Duffy, Melody Gardot, Madeleine Peyroux… Que son chicas que “ahora” suenan y con las cuales me siento identificada de alguna manera porque hay un punto en común con ellas que son en los referentes musicales o en el bagaje musical.

¿Y por espíritu luchador?
También, porque costarme… me está costando. Pero me da igual que se lleve más o se lleve menos, no me importa. Si es lo que me gusta. Al final en la música lo que tienes que ser es sincero, porque la gente no es tonta, y si les quieres vender algo que tú no te crees… no le va a llegar a nadie. Y si llega, es a una minoría durante un tiempo fugaz.

Y que la música es de quien la siente, como la poesía.
Por supuesto. Ese es un principio que si no se cumple, pocos pasos vas a dar. Pienso yo. Tiene sentido cuando tú te lo crees, cuando tú lo sientes, que cuanto más tuyo sea, mejor. Por eso, independientemente de cómo salga este trabajo, yo me siento muy bien conmigo misma. Ahora mismo, teniendo el disco entre mis manos, todo lo que he hecho todos estos años, como Operación Triunfo o el primer disco, para mí todo cobra sentido habiendo podido hacer este disco.

Etapas…
Si. Y es que además, este era mi objetivo de cómo me quería presentar al casting de Operación Triunfo. Tener mi disco, tener mis canciones…

¿Piensas que si te hubieses presentado al casting con este disco habrías pasado el corte?
Pues… no. No lo hubiera pensado. De hecho, yo fui al casting como cabreada, porque yo no me quería presentar. Yo pensaba que no me iban a coger porque les iba a cantar ‘When a wonderful world’ al estilo Eva Cassidy y no les va a gustar, porque no es pachangueo, ¡porque ahí es lo que se canta! Por lo menos eso es lo que te llega. Y para mi sorpresa… llamé la atención cantando esa canción. Fue una cosa muy rara. Yo creo que dijeron: «¡Vamos a coger a esta niña, que es rarita y tiene los ojos grandes!» [Risas]. Fue muy raro que me cogieran porque yo no tenía nada en común con casi ninguno de mis compañeros. Pero ni personalmente, ni musicalmente, ni nada, entonces era como la rara, sintiéndome lo más normal del mundo. Pienso que en aquel momento fue mi rol. Pero no pensaría que por el estilo que hay en este disco me pudieran coger. […] Pero bueno, al igual que pasó eso en su momento y me cogieron, y gané, pues con este disco quien sabe también lo que puede pasar. Lo principal es que creo que es un discazo, estoy súper convencida de él, lo siento mucho tanto hablando de él como interpretándolo. Creo que son ingredientes muy importantes para defenderlo.

Leandro Aput: El sonido del silencio.

Publicado en

“Los discos no pueden ser un instrumento hacia algo, sino que son un fin en sí mismo”.

Después de su momento “comercial” con Cabezones, Leandro Aput se encierra en la música con el fin de poder respirar el aire de lo que pronto llegaría estando en solitario y editando dos largos bajo su nombre: “Luz día” y “Sed”. Desde Argentina hasta España, su música ha quedado guardada en el equipaje de emergencia, ese que todos siempre tienen a mano cuando las cosas se ponen feas.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

En tu caso, naciste en Mendoza y acabaste en Buenos Aires. Después de militar en Cabezones decidiste arrancar en solitario con tu primer disco, titulado “Luz día”. ¿Por qué un proyecto en solitario?
Por la necesidad de seguir haciendo música, de reencontrarme y reconciliarme con aquello que me llevó a ser músico.

Yo me fui de Mendoza en 1997 para intentar vivir de la música, pero la vida te pone en lugares increíbles y yo he hecho de todo: terminé la Carrera de Comunicación Social, trabajé durante años en algunos de los más grandes medios especializados en música de Argentina, también fui durante mucho tiempo asistente de escenario del maestro Pedro Aznar, pero yo soy músico, y no hay otra cosa en el mundo que me haga sentir más pleno que tocar y hacer música. Así que cuando sobrevino el final de Cabezones, que fue un proyecto que había conseguido bastante reconocimiento, fue un momento en el que tuve que pensar muy bien las cosas.

¿Tan grande fue el cambio como para tener que pensártelo?
El cambio fue muy grande, pasé de formar parte de una estructura bastante sólida, con gente trabajando, asistentes, prensa, discográfica, manager… etc, a encontrarme solo en mi habitación sin nada de eso.

Literalmente me refugié en la música, sin ninguna otra intención que la de sentirme mejor. Una especie de bálsamo.

De ese ejercicio surgieron las canciones que fui empezando a compartir con mis amigos más cercanos y de a poco todo fue tomando forma. Trabajé con mis dos hermanos (Diego, mi gemelo, bajista de la banda Karamelo Santo, fue el productor del disco). Hicimos todo muy rápido, era un círculo muy pequeño de gente muy querida por mí. Ellos me ayudaron mucho, me empujaron y casi sin darme cuenta tenía un disco y ya estaba otra vez en la ruta.

Si no me equivoco, fue justo después de salir de Cabezones, lo que me hace suponer que ya tenías las canciones compuestas algo estructuradas de antes.
Fue inmediatamente después, pero no tenía absolutamente nada compuesto antes. Yo estaba cien por ciento entregado a la banda, jamás hubiera pensado en desarrollar una carrera en solitario, pero las cosas se precipitaron, y me encontré en esa situación que te comentaba antes. Esas canciones me cambiaron la vida, empecé a escribir, a tocar la guitarra acústica y a cantar para decir todo lo que quería decir. Salieron a borbotones.

Es un disco muy urgente, con sus puntos fuertes y débiles, pero es el resultado de ese momento, acababa de separarme de mi banda y de mi novia, no tenía nada y a la vez tenía todo por hacer, no podría haber sido distinto.

Además, fueron cuatro años… y eso da para mucho. Aunque entraste en Cabezones cuando la banda ya pasó por su máximo apogeo, ¿te condicionaba estar con una gente que tenía mucho vivido?
Sin duda que no fue fácil encontrar un lugar en una banda que hasta mi llegada siempre había tenido la misma formación. Eso significa que cada uno tenía sus roles bastante definidos y un funcionamiento al que tuve que adaptarme. Imagina que ellos siempre habían sido los mismos cuatro músicos y de repente sumar una guitarra más… ¡¡no sabía ni dónde ponerme en el escenario!! Pero de a poco fui ganando mi lugar. No me sentí condicionado para nada, además éramos amigos y eso ayudó.

La verdad es que la banda siempre tuvo un crecimiento bastante gradual, si bien dio un salto grande con el disco “Alas” (Editado por Sony y apadrinado por el ex Soda Stereo Zeta Bosio), no estamos hablado de una banda súper comercial ni mucho menos.

Siempre fue un trabajo que construimos a pequeños pasos, por lo que creo que el mejor momento, al menos con respecto a la popularidad del grupo, fue cuando nos separamos. De hecho nuestro último gran concierto fue meses antes de la disolución, en diciembre de 2006, en el mítico Estadio Obras, el sueño de cualquier banda de rock en Argentina.

“Intraural”, “Jardín de Extremidad” y el dvd en vivo “Bienvenidos” fueron tus aportaciones en tan magna formación. ¿No era viable continuar en una banda aunque el éxito (y la plata) estuviera asegurado?
Lamentablemente ya no era viable. Considero que yo fui uno de los que lo intentó hasta el final, puse todos mis esfuerzos en salvar el barco pero no fueron suficientes. Y justamente fue esa ruptura lo que a mí me abrió las puertas a un desarrollo personal que tal vez no hubiera sucedido de otra forma. No dejo de sorprenderme por eso.

Yo me siento un afortunado por haber podido vivir todas las cosas que viví con Cabezones. Fue hacer realidad el sueño de cualquiera que se haya colgado una guitarra en su vida: grabar discos, girar, que te pasen en la radio, conocer a grandes músicos que admiras. Esa es la parte idílica, que tiene toda una contrapartida mucho menos agradable, que tal vez no supimos manejar como grupo y que terminó con todo.

Creo que haber vivido todo aquello me hace ver las cosas desde una perspectiva más completa. Tengo una buena panorámica. Sinceramente me ha permitido disfrutar mucho más de una profesión tan mágica como la del músico.

¿Cómo funcionó “Luz día”? Creo que a España casi ni llegó…
“Luz Día” es un disco que a mí me dio muchísimo más de lo que esperaba. Nació sin ninguna pretensión comercial (ni de ningún tipo) y fue desarrollándose por sí mismo. De ser un manojo de canciones-antídoto, se transformó en un “¿por qué no hacemos un disco?”. De ser un disco grabado de forma autogestionada entre hermanos y amigos, terminó siendo editado por una multi en Argentina, con muy buenas críticas, un par de singles en radio. También tuvo promoción en México, armé una banda para tocarlo en directo, tocamos en festivales, en fin, cada paso fue desencadenando el siguiente. ¡Para mí fue de puta madre!

A partir de “Luz Día” me reafirmé como músico y como persona, fue la piedra que dio inicio a este proyecto que cabe en mis manos. Fue el comienzo de mi carrera y depende esencialmente de mí llevarla adelante y desarrollarla. Eso me hace sentir muy libre, muy vivo y con fuerza para hacer cosas nuevas. Por eso no quiero perder la oportunidad de intentarlas.

Bueno, “Luz día” es como un prisma con distintas maneras de ser interpretado…
Era un disco que por su concepto y su estética me permitía tocarlo en un formato muy pequeño, solo con mi guitarra, en cualquier escenario, y me animé. Esa es una de las razones por las que vine.

En España no fue editado, pero de todas maneras fue el disco que me trajo hasta aquí. Tengo algunas copias de la edición argentina que vendemos en los conciertos, ¡ya van quedando pocas!

Teniendo ese inconveniente… ¿Aventurarse a editar un segundo trabajo [“Sed”] te iba a ayudar para darte a conocer mejor?
Para mí los discos son una necesidad artística y personal, sobre todo si no estás obligado a hacerlos, la verdad es que nadie vino a decirme “hay que grabar el nuevo disco de Lea”. No pueden ser un instrumento hacia algo, sino que son un fin en sí mismo. Y en ese sentido “Sed” es todo un capítulo en mi vida y lo estoy disfrutando muchísimo en todos sus aspectos.

Pero hay que promocionarlo, aún así.
Por supuesto que con la edición del disco sentí la necesidad de promocionarlo, de mostrárselo a todo el mundo y ojalá eso me ayude a hacerme conocer un poco más.

El disco es el resultado de mi vida aquí en Madrid y de tocar con los amigos que hice aquí. Hablo de esas cosas, del cambio de ciudad, del amor que siento hacia las personas que me rodean, de reafirmar una forma de vivir y de ver las cosas. Es un paso adelante en mi carrera.

Lo hicimos con los hermanos Juan Pablo y Andrés Toch, que son unos musicazos argentinos (dios los cría…) que conocí apenas llegué en 2009 y se han convertido en mis mejores amigos. Ellos me apoyaron mucho desde que llegué y junto con otro viejo amigo mío que ya vivía acá terminaron formando mi banda, lo cual es todo un lujo para mí.

Grabar un disco en España fue una experiencia inolvidable, de esas que conciente o inconscientemente vine a buscar. El proceso fue genial. Me fui con los hermanos Toch a los estudios Tigruss en Gandía, en el verano pasado, y grabamos prácticamente todo allí.

¡Buen sitio!
El es un lugar muy especial, donde se han grabado grandes discos, está montado sobre un viejo cine y tiene una tecnología absolutamente analógica. Grabamos en directo todas las bases. Con otro gran amigo, Lucas Rojas, como ingeniero de grabación y mezcla.

Las voces las grabamos en Madrid y lo mezclamos en Barcelona. Todo muy rápido y con un nivel de disfrute excepcional. Por si faltaba algo, el mastering lo hizo mi querido Max Scenna en Buenos Aires. Estoy muy feliz con el resultado. También grabó a la distancia Ariel Minimal, guitarrista de Pez, una de las mejores bandas argentinas, y conté con la participación de Álex Ferreira.

¿Cuál piensas que has sido el punto de inflexión en tu carrera: la edición de tu primer disco en solitario, venir a España o la etapa con Cabezones?
Creo que no podría mencionar sólo uno de esos tres. Cada uno de esos momentos tuvo una incidencia muy grande en mi carrera y en mi vida en general.

Tocar en Cabezones me dio la oportunidad de pasar por algunas situaciones de esas que no vive todo el mundo. En ese sentido fue un privilegio. A partir de allí creo haber aprendido qué cosas al menos para mí son importantes con respecto a la música y cuáles no valen la pena, cuál es la razón por la que me quiero subir a un escenario y cuáles son accesorias.

Todo eso lo reafirmé cuando tomé la decisión de emprender mi carrera en solitario. Finalmente, venir a España es el fruto de todo eso, y por supuesto que ha sido un punto de inflexión en todos los aspectos de mi vida. Me he dedicado a tiempo completo a la música con todo lo que eso significa.

Trato de ser fiel a mi manera de pensar y de vivir y eso involucra el hecho de no aburguesarme, ni descansar en la pseudo-comodidad que te ofrece el sistema. En Buenos Aires, por mis trabajos extramusicales, sentí que podía quedar atrapado de por vida en esa jaula, y eso no es para mí. Quiero estar arriba de un escenario, quiero grabar más discos, esa es mi sed verdadera.

Aunque tengo la sensación de que te queda algo por hacer, como si existiera una cuenta pendiente…
Siempre quedan cuentas pendientes. Siento que esto recién comienza, que hay mucho por hacer. Trato de estar abierto a las nuevas oportunidades que te presenta la vida, pero muchas de mis cuentas pendientes tienen una dirección bastante concreta. Yo intento profundizar el compromiso con la música y con la vida todos los días.

Queda por delante un mejor disco, una canción más emocionante, una letra que te parta los huesos, un concierto memorable. Nos empujan cotidianamente a la resignación y al silencio y yo me resisto, desde mi lugar. Creo que es nuestra tarea de todos los días hacerlo. Como dice el gran Luis Alberto Spinetta, encontrar el antídoto contra todos los males de este mundo.

Tórtel: Felicidad reversible.

Publicado en

“La canción alegre está infravalorada”.

Tórtel, grupo formado por Jorge Pérez (Ciudadano, Maderita) y por Joaquín Pascual (Surfin’ Bichos, Mercromina, Travolta) grabaron un estupendo trabajo titulado “Lugar nuevo” en 2009. Lo que resultaba curioso es que unas canciones que parecían sencillas conllevaran una armonía y composición tan complejas, por lo que aquel camino tenía que llevar por fuerza a un segundo largo, “Entusiasmo” (Los Enanos Gigantes / El Volcán, 2012). Sin más complejos ni pretensiones, las canciones de Tórtel harán más feliz la vida de todos.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Cambio 16 / Nº 2119, 17 Septiembre 2012

Tórtel empezó con canciones que no encajaron en Ciudadano, ¿cierto?
Bueno, eran ideas, sí, pero no todas. En el punto de partida eran canciones que yo tenía un poco en la nevera. Eran ideas que tenía y que me gustaban, pero que no las veía en Ciudadano. Algunas eran simples esbozos, pero sirvieron para tirar con el comienzo de Tórtel. Fue coger esas ideas para ver que podía salir. Claro, al ser un instrumentista limitado eché mano de Joaquín [Pascual], también porque él me dio un poco de coba ya que yo no me atrevía a encauzar la historia. Le enseñaba las canciones -en plan confianza- y le preguntaba qué podíamos hacer con ellas. No se planteó dejar Ciudadano, pero cada uno estaba haciendo otras cosas y el proyecto estaba muy parado. Todo eso sirvió para que me tomara en serio lo que hacía, agarrando esas ideas y tirando del hilo para hacer algo con ellas… para intentar acabarlas y grabarlas, finalmente, con Joaquín.

“Lugar nuevo”, en comparación con “Entusiasmo”, tiene un sonido más maquetero.
Sí, es que era lo que teníamos. Si hay algo que me gusta de los dos discos es que suenan tal cual a como me sentía en esos momentos. Después de ver que Ciudadano, el proyecto que inicié con diecisiete años; no iba a tirar más, me agobiaba a nivel personal también. Era un momento de incertidumbre en el que no sabía por dónde tirar. Claro, las canciones me salían y aprovechaba esas ideas que estaban por ahí. Esos esbozos pudieron haber tomado otras formas, pero luego, al tocarlas con Joaquín (por nuestro interés minimalista), terminaron así. Estaban hechas de ese modo.

“Entusiasmo” me pilló en otro momento completamente destinto. Tú lo sabes bien, cuando empezamos con “Lugar nuevo” yo tomé las riendas del proyecto para dar el siguiente paso que era tocar las canciones en directo en otra onda. Ya no era la misma actitud de estar en casa viendo el disco, sino la de estar tocando por ahí. Creo que las canciones son lo suficientemente versátiles como para que den un giro más luminoso y más golfas.

Sinceramente, los conciertos que vinieron después de “Lugar nuevo” ayudaron bastante.
Fue una gira muy divertida. Al defender las canciones en directo me di cuenta de que me encontré con un montón de amigos que me apoyaron ahí. Me gustaba ver como las canciones fueron tomando forma y más cuerpo al estar tocando con más gente como Pau [Roca] (guitarra) o Rafa [Estrela] (batería). En disco era una cosa muy distinta a lo que se veía en los conciertos, las canciones se veían mucho más vivas. A la hora de hacer “Entusiasmo” yo me sentía en un mejor momento personal debido a todos esos amigos que tocaban tan bien y porque Tórtel podía convertirse en algo más sónico y más vitalista. Y con esa onda empecé a hacer las canciones, surgieron así. Era pura vitalidad. Pensaba que era bonito hacer algo así.

Y lo es. Con ese entusiasmo (nunca mejor dicho), desde luego que lo es.
Es que uno hace una canción y no sabe lo que le va a salir, pero cuando de repente reflexionas te das cuenta de que tienes muchas más canciones con ese mismo punto. Todo eso me estaba gustando, ¿sabes? Creo que es necesario. También pienso que la canción alegre u optimista está infravalorada, parece que si no es un drama no tiene poso. Es muy jodido, pero es interesante para mí el reto de expresarme haciendo canciones positivas sin parecer un frívolo o un noño, pero me vi capaz de hacerlo. Me pareció que era muy interesante plantearme ese reto y más en un momento como este. Creo que, para cómo está todo, la actitud más subversiva es estar alegre. Cuando estás triste, estás mal, débil y no tienes fuerzas. Al menos en mi caso. Una muchedumbre de tristes no da miedo, pero una de gente con ganas de divertirse y de hacer cosas, impone.

¿Crees que así será tomado en serio el proyecto? Tórtel, si no me equivoco, empezó como un experimento.
Yo espero que sí se le tome en serio a Tórtel. La reacción con este segundo disco ha sido superbuena, así que la forma para que nos tomen en serio está en las canciones. Más que un proyecto o de una idea, aquí estamos hablando de demostrar entusiasmo. Pudo haber sido un intento fallido, pero ahí están las canciones. He intentado hacerlas lo mejor posible, trabajarlas bien conociendo mis limitaciones como músico, así que me intento rodear de gente que aporte cosas y eche un cable.

Hay gente que sigue, como Rafa Estrela o Pau Roca… pero también se han unido Abel Hernández o mi amigo Vicente Gil. Que por cierto, no quería tocar en un grupo hasta ahora. Es un excelente guitarrista que se ha tirado treinta años en su casa tocando a su rollo. Me siento muy contento. Gracias a eso, el título del disco cobra todavía más sentido.

Tórtel siempre ha tenido ese rollo de banda itinerante. Es más, Joaquín Pascual era el cincuenta por ciento al principio, aunque luego no estaba presente en los directos. Sin embargo, vuelve a estar a la sombra de nuevo.
Sí. Es un cambio natural porque grabamos el primer disco juntos y luego en directo no pudo defender las canciones porque tenía otros proyectos. Es normal, Joaquín es una persona que tiene una gran trayectoria y otro sentimiento vital. Date cuenta que es mayor que nosotros, así que para él, empezar desde cero con una banda, es jodido. Por mi parte, tampoco quería meterlo en este rollo de barco a la deriva… Pero todo coge otro carácter y otra forma después del directo. Joaquín no estaba, pero la amistad está ahí y capta el momento en el que estoy. Ahora se ocupa de las labores de producción y mezcla, aunque la instrumental que cierra el disco es suya.

Ahí quería llegar. “Lugar nuevo” tenía también partes instrumentales. De hecho, el directo se abría con ese mismo tema.
Así es, había tres, pero en “Entusiasmo” hay únicamente una, que es la de Joaquín. Bueno, ha surgido de ese modo. A mí me gusta ese punto instrumental que tenía “Lugar nuevo”, como de interludio. En este caso, como el disto tenía otro rollo, no encajaban tanto. Pero para cerrar me parecía muy divertido para el disco.

Bueno, ‘La guerra fría’ tiene un final tan largo que podría decirse que es instrumental. Lo curioso es que su letra te deja planchado pero sin darte cuenta de lo que dice.
¿Sabes? Tenía la letra con dos frases y no quería alargarla más porque lo decía todo. Es bastante triste, además, pero la tenía ahí. Esto que te voy a contar es algo muy poco glamoroso, pero es la puta verdad. Grabé unas ruedas larguísimas para pasárselas a Abraham Boba y que metiera un acordeón. Lo hice todo igual para que se pudiera hacer el fade-out, ¡pero no veíamos donde! Me metí tanto que se alargó sin saber cómo cortar. Al final, son tres minutos -con un acordeón- en los que no te enteras de lo que ha pasado (risas).

Me pregunto si ‘La guerra fría’ se hizo desde la inmediatez o desde la lejanía.
Bueno, en cierta forma es también una canción positiva porque es una historia de amor a la que no hay que darle más vueltas porque no va a funcionar. Es aceptar lo que hay. Nunca te vas a acercar más a ella, pero tampoco te vas a alejar. Ni siquiera es renunciar al sentimiento. Aunque se haya terminado y esas dos personas se hayan querido, van a seguir queriéndose de alguna manera. Eso está guay. Se acepta la situación y que la otra persona ha sido justa, y si se ha terminado… se ha terminado. Pero hay que estar orgulloso de lo que se ha sentido.

¿Es por algo personal? ¿Se terminó la relación con tu chica?
No, sigo con ella desde hace cinco años. Esta letra la tenía por ahí escrita, pero creo que sería imposible escribir algo así si estuviera en una ruptura. Más bien ha sido por amigos y por gente que le está pasando eso. Sé que es muy jodido decirles que lo acepten cuando no estás en su situación, pero estoy en una situación tan optimista… que tengo que hacerles reflexionar sobre ello.

Vamos, que es una canción sobre la distancia.
Exacto.

“Lugar nuevo” tuvo otras canciones además de las que ya aparecieron en el resultado final, pero en “Entusiasmo” veo que está ‘El héroe del río’, un tema de esa época.
Efectivamente. Cuando yo acabé de componer “Lugar nuevo” hice ‘El héroe del río’ porque me apetecía tener una canción más movida, quizás, también, para el directo. Luego fue tomando forma y me gustó. Pude haberla metido en “Lugar nuevo”, pero decidí no hacerlo porque siempre me tranquiliza tener ahí una canción que marque el camino hacia un nuevo disco. De hecho, tengo ya una canción que se llama ‘Canto claro’ que marca lo que puede ser un siguiente disco.

Hablemos de esos puentes, ahora que han aparecido en la conversación. Hay una frase en ‘Los tres mendigos’ que dice así: “los pobres hacemos bromas de ricos porque así nos sentimos más importantes”. Y cómo no, en “Lugar nuevo” se encontraba ‘Amo el dinero’. Podría decirse que son canciones hermanadas.
Completamente. Me preocupa el no tener un duro, la verdad, pero la posición de dejarlo todo para hacer lo que realmente te gusta es una apuesta muy cañera y muy arriesgada. En realidad, frivolizo sobre eso –y hago un poco de broma- por la gente que me rodea y que pueda pensar en lo que voy a hacer el día de mañana. Pero tampoco me preocupa eso, ¿sabes? Me preocupa por mi novia, por mi padre o por si pago el alquiler. En realidad, no sé, yo hago lo que me gusta, pero ojalá me encontrara una bolsa de dinero tirada por ahí. No me haría más feliz, pero sí que dejaría más tranquila a la gente que tengo alrededor. Y no me cuesta tanto amar el dinero porque no me voy a poner a trabajar en algo que no me gusta.

¿Es posible que exista un prejuicio con “Entusiasmo”? Me refiero a que puedan decir que el disco es otra obra más de un grupo Pop. Aunque imagino que te darán igual las pretensiones, pese a que “Entusiasmo” –bajo mi punto de vista- tiene trasfondo social.
Sí. Desde luego, el disco tiene esa lectura un poco por encima y es un trabajo de Pop optimista, pero tampoco quiero ser mucho más pretencioso. Aun así, puedes mirar mucho más y ver que los textos están muy pensados y elaborados. Son letras de canciones, simplemente. No comulgo con esa literatura del Rock, no vayamos a ponernos místicos, pero ya tenemos una edad, por lo que no estamos para que nos digan cuatro cosas que rimen. Esas cosas no me atrapan, prefiero que me hagan pensar.

Te cuento esto como oyente de canciones, porque alguien que escuche ‘Los tres mendigos’ puede quedarse con la coña del dinero o también puede pensar en la ironía de la letra. Piénsalo, ¿quiénes seríamos esos mendigos? Los mendigos somos todos. ¡Los cantantes somos unos putos mendigos! Al final terminas mendigando a la gente para que vaya a verte, convirtiéndote tú en fan del público. Incluso llegas a reconocer caras.

Podría estar quejándome todo el rato diciendo que la música es una mierda, pero prefiero hacer una canción alegre para reírnos todos de lo que hay.

¿Crees que los músicos han dejado de escuchar canciones? Eso explicaría el por qué de la calidad que hay.
Además de hablarte como oyente de canciones, también te hablo como persona que va al cine o como lector. Quiero que me cuenten algo más que simplemente la típica historia. Nos tenemos que exigir un poco más de trasfondo.

Y de honestidad.
Sí, tío, tú lo has dicho. Y ojo, esto no es una competición para ver quién utiliza la palabra más rara o quién es más profundo, estamos en el siglo que estamos y vivimos donde vivimos. No hace falta ser tan rebuscado.

Marcelo Champanier: Uniendo distancias.

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“Es necesario continuar grabando por necesidad, por deber y por placer”.

Caminante y lazarillo del Rock and Roll, Marcelo Champanier elabora de manera concienzuda un castillo de naipes sobre la música que ha trascendido en trabajos como “Buenas Intenciones” o “El Club del Aguante”. Supo rodearse de grandes músicos y amigos como José “Niño” Bruno, Candy Caramelo, Ariel Rot o Nico Nieto en este viaje hacia la eternidad que ha llegado a un nuevo puerto: “Tiempo & Distancia”, su último y excelente nuevo disco.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

¿Cuánto le debes a aquel piano de tu padre que había en casa, Marcelo?
Creo que se lo debo todo, en ese piano empecé a estudiar música, piano y a tocar.

Comenzaste bien pequeño, por lo que es aplicable el adjetivo “músico de formación”.
Sí, empecé estudiando con ocho años, entré en la primera banda a los diecisiete (Impasse, donde era cantante y teclista), con veintidós formé mi propia banda (Perros de Burdel, donde era cantante, guitarrista y compositor).

Impasse primero, después Perros de Burdel después… y Perú como punto de no retorno. ¿Consideras crucial la gira que hiciste por Perú con músicos del país? Aquello, parece, sirvió como vía de escape.
La verdad que sí. A partir de mi gira por Perú, se podría decir que aplica la frase de Fito Páez: “Todos ya nos fuimos de casa para tocar Rock and Roll”.

Aunque en Perros de Burdel tú escribías y componías absolutamente todos los temas…
Fué mi comienzo como líder de una banda de Rock, con todo lo que ello conlleva. A lo largo de los años fui creciendo, aprendiendo, madurando y ya no sentía que debía tirar de una banda, sino que Champanier se convertía en un proyecto personal. Si me apetecía hacer una rumba, una milonga o una chacarera había lugar para eso en esta nueva etapa.

Pero en Perú empezaste a componer el que sería una especie de híbrido con “El club del aguante”. Con esa carta de presentación viniste a España, aunque pasaron algunos años hasta que te hicieron caso.
Sí, de esas canciones que compuse en Perú no quedó ninguna finalmente en mi primer disco en España “El Club del Aguante”. Pasaron tres años desde que llegué a España hasta que conseguí sacar mi primer disco. Durante los cuales escribí mucho hasta terminar de encontrar lo que quería hacer, toqué mucho en directo por toda la península, conocí mucha gente…

¿“Buenas intenciones” terminó convirtiéndose en un salvavidas?
Bueno, no sé a que te refieres con lo de salvavidas, pero es un disco que me dio a conocer a mucha más gente y del que estuve y aún estoy muy orgulloso. Es un disco que llegó a ambos lados del océano y gustó tanto en Argentina como en España. Tiene canciones que han resistido y siguen resistiendo el paso del tiempo y que se han ido convirtiendo en clásicos dentro de mi repertorio (‘30 lunas de Abril’, ‘Buenas intenciones’, ‘Trío calavera’…)

Es posible que regalándolo en la web sirviera para darte más a conocer, ¿no?
Sin duda alguna, tuvo 2.400 descargas desde diferentes países, y se vendieron 500 CDs físicos.

Además, un LP que cuenta con la ayuda de Tito Dávila (producción). Era algo que tenías muy claro por lo que has contado con anterioridad. Sin olvidarnos de Candi Avello, José “Niño” Bruno, Norman Hogue, Nico Nieto, Luca Frasca, Tito Dávila o Ariel Rot, que también colaboraron en este proyecto.
Sí, Tito es un gran productor, y gran amigo también. Ha trabajado junto a Ariel Rot, Calamaro y Los Ronaldos durante muchísimo tiempo. Y él sabía como quería yo que sonase el “Buenas Intenciones”. A día de hoy, Tito está muy orgulloso de ese disco. Con Candy nos une una amistad, ya había grabado en un par de temas de “El Club del Aguante”, y habíamos hecho unos bolos en directo. Es sin duda el mejor bajista de Rock de España. ¡Ahí queda eso!

¿Y con Niño Bruno?
Con Niño Bruno no había trabajado hasta la grabación de ese disco, y la verdad, que es lo más versátil dentro del Rock que he podido escuchar (es como tener a Steve Gadd, Steve Jordan, Charlie Watts, Levon Helm, ¡todo en uno!). Además, es un tío encantador. A Norman ya lo conocía de los bolos que hice con Andy como guitarrista. Además, en el disco yo había escrito unos arreglos de trombón para él. Y así fue cómo vino al estudio y los grabó. Por otra parte, Nico es un gran guitarrista y ha sido genial trabajar con él en ese disco. Luca Frasca es uno de mis mejores amigos, además de ser un pianista y organista (hammond) brutal. No conozco a nadie que controle el lenguaje musical del Blues y el Rock en las teclas como él. ¡Un capo!

¿Y ahora? “Tiempo & Distancia” se antoja como un proyecto sólido que parece un buen agarre. ¿Es necesario continuar grabando por placer propio o por supervivencia?
Ahora estoy con todas las energías puestas en este nuevo disco, “Tiempo & Distancia”. Es necesario continuar grabando por necesidad, por deber y por placer. Si fuese por supervivencia sería mejor buscar otra forma de sobrevivir, ya que los discos ya no se venden. A mí lo que me motiva a la hora de grabar un nuevo disco es transmitir emociones, y por supuesto salir de gira y tocar en países y ciudades nuevas.

Eilen Jewell: Cantos generales.

Publicado en

“La sinceridad siempre es mejor que simplemente seguir una fórmula”.

Apareció de puntillas en el panorama de la música americana para ser uno de los pilares básicos de una generación que sigue sustentando la herencia de Johnny Cash o Dusty Springfield.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Mondo Sonoro / Nº 192, Febrero 2012

Eilen Jewell edita “Queen Of The Minor Key”, un trabajo que ha subido el listón de su predecesor “Sea Of Tears” con toques amargos pero luminosos. “Mis canciones reflejan sin duda donde estoy en mi vida: lo que estoy escuchando, cómo me siento, lo que está pasando a mi alrededor… Creo que es inevitable que las piezas de mi vida vayan a terminar en mis canciones. Aunque las canciones en sí no son muy autobiográficas”. Oscuras pero con esperanza, incluso incitando al baile, como en el caso de “Bang, Bang, Bang”. “Me gustan las canciones oscuras que se pueden bailar. Una gran cantidad de blues y música country se basa en ese elemento, y eso es lo que he escuchado mientras crecía, así que supongo que esas influencias han calado en mí”.

El álbum atesora catorce canciones de corta duración, pero no por ello faltas de calidad. Retazos de country y rockabilly que se mimetizan con el blues y el jazz. ¿Se puede decir mucho con una canción corta? “Sí, la sinceridad siempre es mejor que simplemente seguir una fórmula. Yo trato de ser honesta y servir a la canción. A veces tengo mucho que decir y otras veces sólo un poco”. Sin olvidar las colaboraciones de Zoe Muth y Big Sandy. “Me sentí muy honrada cuando cantaron conmigo. Escribí esas canciones pensando en ellos”.

Y entre todas esas cosas que tiene que decir hay hueco para el recuerdo español con “Radio City” y “Kalimotxo”. “Siempre me ha gustado España. Llegué a visitarla cuando estaba en secundaria y me cambió la vida. Por lo tanto, era hora de dar a España algunos regalos para expresar ese amor”.

La inclusión de cortes instrumentales es además otra novedad. “Nunca había escrito una antes, y no sé si podría hacerlo, pero terminé escribiendo dos. Cada nuevo disco me empuja un poco más hacia un nuevo territorio. Es esencial para mí”. Y es que, finalmente, como la propia Jewell confiesa, “No hay fin a todos los diferentes estados de ánimo que una canción pueda tener”.