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Luis Brea: Mancebo trasnochado.

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“Aprender a hacer bien la gestión de nuestra libertad es doloroso”.

Luis Brea perteneció durante diez años a Los Sitios (como guitarra y vocalista) hasta Septiembre de 2008, momento en los que empezó un proyecto en solitario con el nombre de Aviación Española. Pero fue hace relativamente poco cuando decidió presentarse definitivamente con su nombre. Después de las cinco canciones pertenecientes al EP “De lo dicho nada”, llega el largo “Hipotenusa” como la sólida confirmación de que la nocturnidad es un concepto tan universal como libertario de una suerte de galán de los que ya no quedan.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Cambio 16

¿Dedicarte ahora a la música, de manera plena, te supone una satisfacción mayor que cuando trabajabas en El Corte Inglés?
Claro. De alguna manera, el trabajo en El Corte Inglés me la sudaba, pero yo no lo sabía.

¿Lo descubriste al marcharte después?
Bueno, fue un poco el camino que te lleva al miedo. La seguridad. Es una cosa de este país, unos derroteros y unos estándares que están dirigidos por otros. Te mueves por ahí hasta que llega un momento en el que te ves con treinta y tantos con traje y corbata en un sitio donde no tienes ni puta idea de si va contigo o no, preguntándote qué coño estás haciendo ahí. A mí me pasó eso. Yo trabajaba en el departamento de marketing hasta que un día, haciendo unas fotos, me vino como una especie de iluminación. En quince días me largué de ahí porque prefería poner copas en El Fotomatón. Fue una huida de mi tsunami interior.

Por suerte no te viste con una hipoteca, casa e hijos.
No. Todavía no me había metido en ninguna de las trampas que venían después, las otras pantallitas. Entonces, he podido reinventar mi carrera o mi actitud o mi vida, si es que se le puede llamar así.

Has redecorado tu vida, como diría el slogan de Ikea.
Sí, he redecorado mi vida (risas).

Imagino que “Hipotenusa” tiene algún tipo de relación con esto. Líneas que se encuentran. Hipotenusa y los dos catetos… que de esos, por cierto, hay muchos.
¡Pues si, qué coño! Para eso estamos aquí en Alcorcón (risas). Este triángulo de la portada fue una cosa que compré en Alemania. Me moló cuando lo vi pero no supe que utilidad darle, aunque he terminado dándole la utilidad que ves. Al igual que la palabra, me gustaba pero no sabía para qué la iba a utilizar. De tener algún sentido sería en el inconsciente, pero tiene un objetivo puramente estético.

¿Existió antes el título que el disco en sí?
Bueno, está en una de las letras [‘Imágenes’], donde puede tener un sentido. Aunque, ya te digo, cumple unos fines estéticos. Por un lado me gustaba el triángulo y por otro el título. Entonces, al juntarlos, formaban una especie de conjunto coherente. Además, el fondo blanco y el interior juegan un papel importante en esa relación. He buscado el equilibrio entre todo, desde el punto de vista de producción hasta el punto de vista de textos… Bueno, he buscado una cosa que tuviera coherencia.

Exactamente son ocho canciones, por lo que se dividen entre cuatro y cuatro.
Sí. Hay una especie de simetría en las dos caras. No sé muy bien por qué, pero me he metido dentro de la geometría.

Ya no eres el de ‘Bastante punk’ que decía aquello de “no hay en el mundo saliva suficiente para escupir a todos los pijos”. Aunque sobran los motivos viendo el anuncio de Loewe.
Son como estatuas. Es la hostia, Loewe ha hecho una puta mierda de anuncio pero lo hemos visto todos. Lo que me parece una innovación real es que los modelos hablan, nunca había oído hablar a los modelos. También tienen una imagen post-Punk, aunque no sabría definirlo. Aunque una cosa te digo: nunca voy a comprarme un bolso de Loewe, no me ha convencido el anuncio (risas).

Antes de hablar sobre ‘Escabeche’, creo que es menester mentar las referencias “barísticas” que hay en todo el LP. Sigue latente aquel aire de ‘Botellas de Mahou’.
Así es. Escabeche es una palabra muy cotidiana. Por un lado, me sonaba a algo que merecía la pena conservar, ese sonido ochentero…

Con mucho chorus, por cierto.
Efectivamente. Al estilo del malogrado Enrique Sierra. Un estilo que me encanta y que he retomado para conservarlo. ¿Ves? Es algo muy “escabeche” también por aquello de conservar. Es una palabra que te hace entrar en contacto con la cotidianidad. Es justo lo contrario al anuncio de Loewe.

¿Desmontando lo que hay?
Sí, porque es algo tan cotidiano, tan de bar, tan accesible… Ese es el rollo que quería encontrar para la canción.

Cierto. Otra cosa que resulta muy cotidiana y que protagoniza bastante “Hipotenusa” es la discusión entre parejas. Con anterioridad, recuerdo, me comentaste algo acerca de hacer una canción como las de María Jiménez. ‘La cuenta atrás’, ‘Vuelve’ o ‘Automáticamente’ gozan de esta temática “parejil”.
El desamor, ¿verdad? Sí, ‘Vuelve’ es una oscura segunda parte de ‘Dicen por ahí’. Hace una reflexión profunda.

Si no me equivoco, ‘Dicen por ahí’ quería ser ‘Se acabó’, de María Jiménez.
Correcto, es una evolución cerebral mía de esa visión, aunque al final salió otra letra e hice ‘Dicen por ahí’. Y ya te digo, ‘Vuelve’ sería su segunda parte. En el caso del desamor hablamos de algo muy cercano y “reciente” porque pertenece un poco a la libertad y su gestión. Está ligado a la libertad de buscar otra pareja o de echarte para atrás. Nuestros padres vivían en un estrato social en el que eso era muy difícil. Más o menos te casabas con la misma persona que conocías de toda la vida por algún tipo de “contrato de cisnes” o algo así (risas). Y ahora, esa gestión de la libertad, pensando en que hay otra alternativa, te hace llegar al desamor y valorarlo para comprobar si estás hasta los cojones. Como cuando estás en la oficina trabajando y tienes dudas de lo que haces.

La libertad de elegir… otro bolso o el color de tu coche.
Creo que en este país no estamos preparados, pero aprender a hacer bien la gestión de nuestra libertad es doloroso.

Se empezaría por ahí, de hecho. Más que nada por compartir ciertas libertades entre parejas, por ejemplo. Ahí está el caso de irse cada uno de vacaciones por su cuenta.
Sí. Mi primo se separó hace un año y la familia no ha terminado por encajarlo. Quiero decir que no saben valorar la importancia de la felicidad del individuo porque estamos centrados en que la institución básica tiene que ser la familia debido a unos intereses muy determinados que ahora están muy en boga. La sociedad es muy manipulable cuando la familia es la base social. Es un sufrimiento, pero es también un buen ejercicio de libertad individual para tomar decisiones y volverse atrás.

¿Cuántas dudas nocturnas hay, gracias al alcohol, en el álbum? Amén de no saber si uno aparecerá en cama ajena…
Muchas veces las sensaciones que tienes durante la noche o en el día siguiente son dispares. Es echar los dados.

¡Ay, amigo! La cultura del mañaneo…
(Risas) Yo creo que depende de muchas cosas. De la suerte que tengas, de cómo estés, de cómo te hayas sentido ese día, las mierdas que tengas encima… Parece que, cuando estás por la noche, todo toma una forma. Es la consecuencia de los días: si estás bien o motivado y confías en ti mismo podrás dormir con una señorita; pero si por el contrario estás rebotado, puedes llevarte una hostia… o no (risas). Además, es algo inevitable porque es una cosa que he hecho mucho y es algo a lo que está abocado el madrileño.

¿A qué te refieres?
Me refiero a que no queda otra que ir al fútbol, al teatro, visitar museos o dedicarse a la cultura de la noche (risas). No sé si hay más alternativas.

Bueno, está la alternativa de ir a Sol para que te peguen los policías.
También. Pero fíjate, ojalá esa alternativa, la de salir a la calle para protestar, se diera más, porque hay la gente suficiente como para dar de hostias a los policías o al menos convencerles de que también son ciudadanos, pues son a los que tienen que defender en realidad.

Junto a Jorge Martí y Hadrien Fregnac, ¿se os podría denominar como los cronistas madroños? Si la noche hablara…
Bueno, el prisma por el que pasamos todos es el humor. Yo hablo de temas universales aunque tengan un tinte castizo. Hay un rollo por ahí diciendo que Luis Brea es alguien que canta cosas castizas, pero creo que eso es circunstancial porque es donde vivimos y es la ciudad donde nos pasan las cosas. No me siento representante de la noche madrileña, sino de mí mismo y de las cosas que he visto por las noches. Puede ocurrir en Barcelona, Vigo…

¿Luis Brea sería entonces la conjunción del espíritu nocturno universal?
Sí. Creo que, de alguna manera, los sitios de los que hablo son reconocibles. Me gusta mucho ponerle nombre a las cosas para que sean reconocibles, pero yo no me llevo pasta de Matutano o de Mahon (risas). Lo tengo tan cerca que me resulta imposible no comentarlo o nombrarlo porque esa cercanía que para mí es Madrid, se puede proyectar sobre cualquier otra ciudad. Jorge es de Valencia, Hadrien Fregnac es de París, yo soy de aquí… y compartimos las mismas vivencias.

Voy a destacar ‘La cuenta atrás’ debido al giro que tiene y por el cambio que le da al disco siendo un sonido tan de Philadelphia, los teclados de Martí Perarnau…
…y que va justo después de ‘Dos rombos’, una canción dura.

Por cierto, ‘Dos rombos’ tiene ahí un cierto olor a Serge Gainsbourg.
Sí, es la que más dudas nos planteó en la grabación porque no sabíamos como meterle mano. Es la canción más antigua del disco porque yo en directo ya la tocaba cuando presentaba el EP. Siendo tan larga no sabíamos qué hacer con ella. Cuando nos planteamos a grabar en esta casa de Extremadura no teníamos ni idea de cómo lo íbamos a plantear. Al final, después de tres o cuatro días de grabación, cenamos y nos pusimos hasta el culo de birras agarrando un pedo bastante majo. Me fijé en la puerta de garaje que había en el patio y en el sonido de bombo tan grave y metálico que tenía cuando le daba el viento. Supongo que serían las dos de la mañana o las tres cuando le dije a Jorge de capturar ese sonido para incluirlo en ‘Dos rombos’. Entonces Jorge se levantó, agarró un micro, puso el Pro-Tools y nos liamos a grabar la puerta, el extractor de humos de la cocina, el microondas… (Risas). Estructuramos esos sonidos por la noche e hicimos edición por la mañana logrando algo bastante brutal. Lo bueno es que todo eso está documentado en video (risas).

¿Y no os preguntasteis al día siguiente qué coño era aquello?
Sí, y sobretodo al ver los vídeos. No nos agarramos una melopea tan grande como para no acordarnos, pero sí que nos extrañamos un poco (risas). Sí que había cosas desordenadas que no estaban en su sitio, pero simplemente había que limpiar. El concepto estaba ya logrado. Es un ejercicio un poco raro, pero estoy contento con ‘Dos rombos’.

Antes me he acordado de ‘Dicen por ahí’ pero no he dicho que aparece como hidden-track. Ya aparecía en el anterior EP, así que deduzco que se trata de una canción-amuleto.
Aparece en la versión de CD porque en la de vinilo no cabía. En cierto modo sentíamos que tenía más recorrido o que le debíamos algo a esa canción. Es la que más proyección tuvo del EP porque fue una autoedición en CD-R, así que nos quedamos un poco impotentes, con la sensación de “quiero follar pero tengo nueve años”.

¿Está regrabada o es la misma?
Es la misma. No sé si se le dio un toque de masterización, pero creo que está tal cual.

Encaja dentro de todo el concepto de “Hipotenusa”. Pero me doy cuenta de que tampoco ha pasado tanto desde la salida del EP.
Está ocurriendo todo demasiado deprisa. El EP salió hace… ¿un año?

Justo cuando te comparaban con Julio Iglesias.
Es evidente que Julio Iglesias me poseyó en esa grabación. Era como un exorcismo. Pero se me pasó con un Ibuprofeno y un Algidol (risas).


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