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Alis: Académico de la supervivencia.

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“Me gusta divertirme con lo que hago y, si vuelvo a repetirme, me enfado muchísimo conmigo mismo”.

Pachi García (quien se esconde tras Alis) firma “Material de disección” (BMG, 2011), un cuarto trabajo al que le preceden grandes títulos como “Cuando el sol nos de calambre” (EMI, 2009) o “Mínimo (Segundo acto)” (Warner, 2008), por lo que el listón está muy alto y la meta era complicada de alcanzar. Complicada, pero no imposible, pues el jienense se ha acompañado del maestro de ceremonia Suso Saiz en la producción y de otros compañeros de oficio, como Leiva (Pereza) en ‘Telescopio’ y la aportación del ex – Pirata Fon Román en ‘Contraseñas’. Por cierto, segunda vez que éste último nombrado colabora en un disco de Alis. Álbum que sobrevive por las melodías sixties de ‘Boomerang’ y por el sonido más añejo de ‘Irritable’. El pop sosegado es parada ineludible, pues los teclados de Raúl Quílez en ‘Canción popular’ abastecen de melancolía esta parte del cancionero. La a veces excesiva desnudez deja puertas abiertas a la interpretación de los textos, fundidos entre sí por la melodía reinante en ‘Viaje en zeppelin’, entreabriendo de manera pausada el conjunto de las diez canciones que configuran una colección de cortes elaborados con parsimonia pero de gran labor sustancial que forman parte de una ligera colección de piezas.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Pisájes Eléctricos

Prácticamente cinco discos en cinco años. A eso hay que añadirle la ingente cantidad de conciertos que has dado. ¿Te queda tiempo para componer?
Pues la verdad, tío, nunca me planteo un tiempo para componer. Creo que siempre hay que estar trabajando porque eso de la inspiración no sirve de nada si no te pilla currando. […] Mira, yo siempre estoy metido en el estudio porque ando produciendo cosas mías y de otra gente, entonces cuando encuentro un hueco para ponerme a tocar o a hacer alguna canción que me gusta lo dejo grabado y lo voy desarrollando. Nunca hago algo de manera premeditada diciendo que de esta hora a esta voy a componer y compongo.

Entonces prefieres desarrollar y hacer crecer las canciones.
Trato de enfocar el concepto que quiero hacer del disco sobre las melodías que vengo guardando. A veces las grabo con el móvil… depende de donde esté y de los medios que disponga en ese momento. Trato de guardar todo lo que puedo y que encaje con el concepto del disco que quiero hacer. Si no me vale, ni lo guardo. […] Por otro lado están las letras, que llevan un trabajo completamente diferente. Cuando ya me decido a hacer un disco y a maquetarlo, desde que lo empiezo hasta que lo acabo hay un trecho. No soy de los que piensan que las canciones se escriben a vuelapluma y que todo es maravilloso, que no hay que tocarlo…

De ahí vendrá lo de “Material de disección”.
[Risas] Sí. Viene un poco de ahí. Si te das cuenta las bases del disco van súper-diseccionadas. No hay ni una sola base, ni una, que sea común. Ni la base, ni el bajo. Con la ayuda de Suso [Saiz] –que está peor que yo- nos hemos juntado dos buenas piezas [risas].

Desnudar y simplificar la música, ¿no?
Más que simplificar es no repetir patrones. Si escuchas mis cuatro discos verás que trato de buscar una evolución constante. A mí me pasa como a Bowie. Yo no creo que Bowie tenga un disco igual, macho. Aunque saque dos discos en el mismo año, te hace uno electrónico y otro que se parece al primero que sacó únicamente con guitarra acústica, batería y a bajo. […] A mí me gusta divertirme con lo que hago y, si vuelvo a repetirme, me enfado muchísimo conmigo mismo. Siempre trato de evolucionar. ¿Qué me equivoco o acierto? Como tampoco se sabe cual es el error y cual es el acierto, pues me da un poco igual, la verdad.

¿Te has cabreado mucho contigo mismo a lo largo de tu carrera?
Sí [risas]. Esos cabreos hacen que todavía siga dándole una vuelta de tuerca a las cosas y siga trabajando. También provocan que termine haciendo cinco versiones distintas de una misma canción porque le cambio el ritmo, veo que no me funciona y la tiro a la papelera, vuelvo… Eso lo aprendí por discos que producía el británico Trevor Horn. Le pasó eso con algún disco, cuando lo tenían terminado y estaban ya en la compañía vieron que se podía hacer mucho mejor y lo tiraron a la papelera. Volvieron a hacer otra producción totalmente diferente. […] Si te paras a pensar es un poco de locura, pero Milles Davis decía que un disco nunca se termina, se abandona. Aunque haya alguien que te pare tú sigue trabajando y dándole vueltas, ya llegará un momento en el que te empiecen a pitar los oídos, como me pasó a mí en este disco.

¿Te pitaban mucho los oídos por las malas críticas recibidas?
No, no, es que me pitaban los oídos realmente. Es la enfermedad del músico actual. Me empezaron a pitar los oídos por el estrés de no acabar el disco. Y lo tengo todavía, mi médico dice que es del estrés y que ya se me irá. Hay gente que lleva diez años con ello y no se les ha ido, pero a mi me da igual.

Bueno… quizá los que te han dado palos con “Material de disección” sufren sordera.
[Carcajada] ¿Tú me has criticado?

No. Tampoco me has dado motivos.
Ah, bueno [risas]. Ahora en serio. El terminar un disco puede llevarte a un punto de estrés muy avanzado.

¿Pero tanto?
Sí. Sí, porque se te acumulan otros tantos trabajos mientras ves que el tuyo no se acaba. Digo otros trabajos con los que tienes que comer, porque tienes que comer.

De momento no eres Bowie, no podrás vivir de esto.
Ojalá pudiera y ojalá me pareciera a él en muchos aspectos [risas].

Noto cierta oscuridad en tu último trabajo, ¿puede ser que eso tenga que ver con el estrés que comentas?
Tiene que ver con la calma, más que con la oscuridad de algo siniestro. […] ¿A qué cuando tú quieres estar relajado un día de verano en tu casa bajas las persianas y pones todo fresquito y te pones cómo en el sofá? Pues yo hablo de esa oscuridad. Creo que se refleja el intentar encontrar la calma dentro de esa canción. Que transmita ese momento de tranquilidad. […] Intento expulsar por ahí lo que no puedo por otro sitio. Vamos, que al escucharlo no me vuelvan los malos rollos.

Para no volverse ‘Irritable’, como dice la canción.
Efectivamente [carcajada].

Veo que también te has rodeado de buena gente. Fon Román en ‘Contraseñas’ o Leiva (Pereza) en ‘Telescopio’.
Brutal la colaboración de Leiva. Todo el mundo me pregunta y nadie profundiza en esas cosas, macho. Te lo preguntan así de pasada y yo digo que han surgido de forma natural. Pero nadie pregunta que ha hecho.

Es que además no canta, toca la guitarra.
Claro. El riff de guitarra que hay después del estribillo es de él. ¡Son la polla! Por otro lado, las trompetas que también van después de ese riff son muy Midlake. Por cierto, a Leiva le pasé discos de Midlake y flipó. Él me pasó discos de Ron Sexmith, pues nunca lo había escuchado y también flipé. Nos pasamos muchas cosas. […] El arreglo de guitarra de Fon que hay en ‘Contraseñas’ es porque me incitó escuchar a Grizzly Bear. Nunca lo había escuchado, pero Fon me lo puso en su casa y lo mismo, flipé.

¿Es un círculo lo que se ha cerrado?
Sí. Esto al final… queda en familia.

En familia, en nuestra casa de Alabama mascando tabaco en una mecedora, con el perro labrador al lado mientras observamos nuestros bastos campos de maíz. ¡Sin olvidar el banjo de fondo!
[Carcajada] ¡Hostia! El banjo es un instrumento que me queda por utilizar y se que en el siguiente disco va a estar. Seguro. ¿Sabes por qué? Porque el banjo me parece un instrumento de cuerda que marca mucho el tempo, como el arpa. Pero fíjate, no lo he utilizado nunca. También me llama mucho la atención porque hay temas de Travis que me flipan y tienen banjo.


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