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Guille Mostaza: Pago al instante, máxima tasación.

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“Desde antes de empezar siempre quise ser un grupo de culto por una cuestión romántica”.

¿Quién o qué es el indie? Y es más, ¿quién es Guille Mostaza? Hay algún avispado por ahí que lo confunde y que hasta lo tergiversa, pero nada más lejos. Guille Mostaza (la mitad de Ellos, junto a Santi Capote) pega una patada a todo lo establecido por los que, justamente, han escapado de la masa. Lo que nunca se cuenta y hace daño, está en las palabras.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Archivo sin publicar

Así, de entrada… mucho borreguismo, fanatismo y tontería en esto de los festivales. Parece que parte de la gente que va no tiene ni puta idea de música…
Mira, en el Día de la Música yo estaba bien. Cuando estábamos tocando nosotros había algo así como medio aforo, gente cómoda, viendo los conciertos, un calor que te cagas (todo hay que decirlo)… pero de repente, tocan Vetusta Morla y eso se llena hasta un nivel tal que hubo una sobrecarga de gente y se lió parda. Entonces, ¿quién tiene la culpa de eso? ¿Vetusta Morla? No. La culpa la tiene la gente que no se entera de nada.

Se corre la voz de que Vetusta Morla molan -a oídos que no deberían oír-, entonces, eso se llena de canis y de gente extraña que no pinta nada y que van ahí para pillarse el cebollón. Eso sucede también porque va el colega o la tía a la que le gusta Vetusta Morla. Y digo Vetusta Morla por poner un ejemplo de grupo que tiene tirón.

Y eso es así. De ese modo funcionan los festivales.

Por eso decía que muchos indies que van a los festivales se comportan como canis en una concentración tunning.
Sí, es que no deja de ser una especie de redil y de ocio industrializado en el que no hay rasero de calidad. En cuanto entra la masa en algo, la calidad baja. No es un snobismo de si ya no gusta mucho o si ya no mola, más que nada porque la gente y la masa vulgarizan, pero cuando se trata del arte o de algo bonito que no todo el mundo es capaz de percibir, por mucha gente que vaya en tropel no significa que eso sea mejor. ¿Es un éxito? Sí, aunque no es mejor. Pero ya lo ves, funciona.

Bueno, Ellos tampoco tuvieron un éxito exacerbado…
Nunca hemos petado.

También digo esto porque “Cardiopatía severa” no ha tenido el mismo tirón que los anteriores trabajos.
No, claro que no. ¿Pero qué es lo que se busca? ¿Tener tirón o hacer algo que te gusta? Mira, desde antes de empezar siempre quise ser un grupo de culto por una cuestión romántica. Ser el típico grupo que le gustan a cuatro freaks durante toda su vida. Mi objetivo era ese, no salir a darlo todo para que a los cuatro años pase el oleaje y me quede en bragas con una mano delante y otra detrás. Eso no tiene sentido. Con lo cual, no voy a decir que me he focalizado en ello, pero las cosas han salido así. Han pasado unos años y le gusto a un grupo de gente. Eso garantiza una satisfacción personal que no me da el dinero porque si fuera por dinero no estaría en esto, así de claro.

Tengo estudios, varias cosas y medios para hacer otros trabajos, pero no me interesan.

De hecho, eres un músico itinerante. Has producido y has trabajado con huevo de bandas, pero esto, creo, te viene por naturaleza después de haber pasado la infancia en distintos países.
Eso es de un análisis psicológico un poco profundo y extenso. De hecho, mis padres me llevaron de pequeño a tres psicólogos diferentes. Fue un caos. Era un chaval que, por el trabajo de mi padre, no tenía amigos y estaba de un lado a otro. Mi madre siempre me recordaba que yo por Navidad pedía los Juegos Reunidos Geyper, esa era mi máxima aspiración. Pero claro, para eso hace falta jugar con mucha gente… y yo no tenía amigos (risas). Así era todo, por lo que entonces empecé a hacerme amigo de los ordenadores encantándome de los juegos de dos para jugar con otra persona que nunca había.

En la música descubrí algo que hace falta hacer con alguien. Como el sexo al fin y al cabo; uno solo es aburrido… aunque no lo es tanto si te pones alhajas en la mano (risas). Pero a lo que voy, en la música descubrí que eso unía a más gente. Gracias a esto he conocido a gente que pensaba un poco igual que yo.

En el colegio era el típico niño-freak, denostado y marginado… hasta que me hice un grupo donde me encontré con un montón de gente que hacía lo mismo que yo, cosa que en mi vida me había pasado. No sé cuantos oficios tuve, como veinte o por ahí, y siempre era el apartado, así que nunca me integré. Además era muy tímido. Pero digamos que la música me dio confianza como para hacer algo que no todo el mundo sabía hacer dándome la posibilidad de ser alguien.

No sé el nombre del tipo en cuestión, pero en ‘Campeón’ te desfogas contra el que te hacía la vida imposible en el colegio.
Sí (risas). Esa es una canción que aparece en el segundo disco pero siempre pensé en escribirla.

“El tiempo nos ha puesto a cada uno en su lugar. Todo lo que te ha ocurrido, todo estaba ya previsto. Lástima… te ha pasado por hacerte el listo”. Fue single y tuvo su video correspondiente.
Cierto, pero yo no quería. De hecho, Santi [Capote] tampoco quería. Es que nos parecía un tema menor como composición porque había temas mejores. Pero es cierto que la letra es muy característica y muy identificativa porque a la gente le hacía mucha gracia. Lo entendían, al fin y al cabo.

Y sí, mucha gente me ha hecho la vida imposible. Durante tres o cuatro años estuve en un colegio muy elitista, rollo americano, en el que si se te daba bien el fútbol o el baloncesto te aprobaban. Eran unas cosas que yo no entendía, por lo que me oponía a ello. Cuando empecé a tocar el bajo en aquellos años, estando en el patio, un repetidor me lanzó un balón rompiéndome el dedo pulgar. Me escayolaron y tuve que tocar con cuatro dedos, así que para mí aquello fue lo peor que pudo pasarme en mi vida.

La canción fue un poco la venganza en el momento en el que vi hace unos años a un compañero que estaba calvo y gordísimo. Pero no es sólo eso, porque uno puede estar calvo y gordo y ser feliz, sino porque tenía una cara de triste y amargado… ¿¿Y ese era el guay?? Yo era el loser, y ahora, no es que yo sea tan guay, pero al menos mi vida me va mejor y soy más feliz que ese amargado. Por eso viene la canción. Era una rabia que tenía.

Y eso da felicidad, ¿verdad?
Aquello fue conquistar una meta o ganar una partida.

Pese a que sea una desgracia humana.
Claro, pero es que el humano es así. Su estatus depende de quién esté arriba y de quién esté abajo. Esto que te cuento es porque yo me siento ahora en un peldaño más arriba mientras que él está un peldaño más abajo, justo al contrario que antes. Pero vamos, nunca estás tan arriba ni tan abajo del todo.

Pero eso lo podemos comprobar cuando seamos viejos, tengamos la polla caída y las orejas hasta el suelo.
(Carcajada) Y la nariz como un pepino. La verdad es que sí. Pero ahí nos reiríamos un poco de todo. Eso no importará cuando seamos viejos.

Ayer mismo estaba en la cama dando vueltas y pensando, y llegué a la conclusión de qué poco importa ahora el colegio cuando por entonces era una tragedia diaria. Pero en fin, con el tiempo uno ve que ha sobrevivido y que ha ido más o menos bien.

“El sector integrista indie siempre odiará que algo tenga éxito porque eso mismo le delata”.

Me sorprende que Ellos siga existiendo todavía siendo tan itinerante.
Sí, pero eso nace por la necesidad de tener una raíz en algo.

Bueno, Santi es amigo tuyo del colegio.
Eso es. Fue de las primeras personas con las que toqué. Es una barra fija en mi vida. Date cuenta que a mí los amigos me duraban poco, entonces tenía la necesidad de algo fijo en mi vida. Es como mi casa; puedes alejarte hasta cierto punto, pero siempre puedes volver porque ahí estará tu sitio.

Como el canario al que le abren la jaula y vuelve.
Claro, pero porque no encuentra nada mejor (risas).

Tal y como sucedió con Krakovia. Fue un momento complicado debido a que Ellos dejaron Subterfuge… pero curiosamente Krakovia fichó por ese sello.
Sí, fue un caos. Lo de Krakovia fue que yo estaba enfadado con Subterfuge, no se portaron bien, entonces se lo dejé ver muy claramente en la grabación del tercer disco. Estaba en un momento perdido. Era mi grupo y tenía el disco hecho, pero no había salido y yo tenía ganas de hacer algo, seguir tocando, porque ese es mi trabajo. De repente, me encontré en mi casa sin nada que hacer.

Ese tercer disco de Ellos lo grabé con David Kano, así que empezaron a pasarse los chicos que luego formarían Krakovia. Ahí encontré una vía de escape muy divertida que consistía en hacer canciones en ocho horas durante una noche en la que salían dos o tres. Nos reíamos mucho y lo pasábamos bien, así que era una forma de descargar. Me iba a casa y no me comía la olla porque sabía que, aunque no era muy productivo, había hecho algo.

Hablamos de la mezcla de “Qué fue de…”, ¿cierto?
De la mezcla de “Qué fue de…” y de la de Krakovia porque pasaron a la vez. La peor sensación que puedo tener en la vida es la de no ser productivo. Cuando no hago nada me pongo muy nervioso.

¿Tal vez porque te sientes inútil?
No, más bien porque me siento vacío, sin nada que aportar. Eso es lo peor. Yo creo que todo el mundo tiene o debería algo que aportar, aunque sea poniendo cervezas u operando a corazón abierto. La labor de un humano es hacer algo. También creo en la dolce vita y en el dolce far niente que a todo el mundo le gusta y que a mí me encanta, pero sí creo que hace falta un leitmotiv en la vida. Eso es lo que me mueve de alguna manera. El hacer cosas y estar activo. Pero ojo, hacer cosas muy honestas. Mucha gente me preguntaba qué hacía en Krakovia ¿sabes? Pero yo estaba ahí para pasármelo bien y ganar dinero. Me perece fabuloso, aunque, como decían, el estilo musical no me pegaba. ¿Y? Ya sé que no me pega, soy el primero que lo sabe, pero me lo estoy pasando muy bien ganando dinero, y eso es mejor que estar recogiendo basura las cinco de la mañana.

Ocurre que, cuando a una banda van a verla cuatro monos, cuando crece y gana dinero empieza a ser mal vista. ¿Será eso envidia?
No, es una cuestión intrínsecamente psicológica porque uno quiere ser diferente y busca cosas que le diferencien del resto. Cuando uno ve que al resto le gusta lo que a ti te gusta ya pierde el interés porque es uno más del redil. Eso deriva en lo que pasa ahora, ya que la gente buscaba diferenciarse.

Yo me acuerdo cuando era adolescente, aterrador y terrorífico en los 90, quería ser diferente. Al fin y al cabo, por mis circunstancias familiares y de la vida lo era, aunque no quisiera. Pero en cambio, hoy día la gente busca homogeneizarse. Ya lo puedes ver en las redes sociales porque a todos les gusta lo mismo, incluso visten igual. Es lo que hablábamos antes, vas a un festival y todos parecen canis. Mismo look, escuchan lo mismo… El sector integrista indie siempre odiará que algo tenga éxito porque eso mismo le delata debido a que le meten en una masa que no quieren estar.

¿Miedo?
Es miedo a ser uno más.

Y tú lo dices sin reparos, estás en esto para ganar dinero.
Más bien no estoy aquí por ganar dinero, sino por hacer lo que me gusta… y de paso, ganar dinero. No me da ningún pudor ganarlo. De hecho, me enorgullezco mucho porque ha sido una lucha constante con mi vida, mis factores, con mi familia e incluso con cuestiones sentimentales puesto que he perdido amores por seguir en lo que hago. Pero no me importa. Es lo único que tengo, es mi casa y quiero mantenerla hasta el fin de mis días.

Pienso que uno de los problemas que hay es que hace unos años no éramos nadie, así que ahora, al tener lo que antes no teníamos, nos creemos superiores cuando en realidad seguimos siendo unos paletos… pese a que vayamos de elitistas.
Claro, porque eso tiende a lo que hablábamos antes; cuando en el colegio estabas abajo te jodía. Las personas funcionan así. Siempre te gusta verte un poco por encima de algo o de alguien. La cosa está en cómo te lo tomes pero sin reírte de esa persona a la que has superado. Pero está bien, eso te edifica a nivel espiritual y emocional porque al fin y al cabo somos entes relativos. Es una pequeña meta que te cumples, como ha sido mi caso, pues no busco un fin concreto en mi vida. Pero si un día cumplo algo no me voy a cebar en quién haya superado, voy a por un reto más distinto o más alto para sentirme bien. En el momento que consigo un reto lo celebro durante uno o tres días e incluso un mes, pero al final va a pasar el tiempo y me hará falta otra cosa más porque empiezo a sentirme abajo. Justamente ahora estoy en esa época en la que empiezo a sentirme abajo porque quiero hacer otro disco y superarme.

¿Cuánto ha pasado desde el último disco? ¿Año y medio?
Año y medio, sí. Pero como persona que no está implicada en una grabación parece mucho tiempo el que ha pasado. En cambio, si estás implicado entras en la grabación, mástering, la fase de promo, gira… ¡Realmente es un ciclo que parece suspiro! Como visión estática sacas un disco, pasa año y medio y sacas otro, pero en ese tiempo has podido hacer un montón de cosas.

Lo cuentas como si no hubiese nada preparado.
Pero es que al final no tengo nada preparado. O sea, siempre hay ideas, pero a mí no me gusta eso de hacer canciones para publicarlas en un año y medio. Además, así me parece que pierden el frescor porque no cuentan lo que me gustaría que contaran. Mi idea de composición es escribir vagos recuerdos de sensaciones, y cuando pasa un tiempo, me pongo a componer para sacar eso que me gustó. Pero al final me sorprendo echando casi todas esas cosas porque no me ponen al ser sentimientos caducos. Prefiero no saber qué va a pasar.

“Como Jorge Manrique, tengo una especie de obsesión por permanecer en la historia”.

¿Y no te sientes frustrado?
(Risas) No, frustrado no. Es una especia de afán de superación constante. Soy totalmente autocrítico con lo que hago y muy inseguro, de cierta manera. Ten en cuenta que soy una persona muy tímida, y que aunque tenga un grupo con el que me crezca, nunca me he sentido seguro, ni como cantante ni como músico. Por eso me gusta, porque es un ejercicio de superación porque me evita regodearme en lo que haya hecho.

Hay gente que ha hecho lo que la prensa llama “la obra cumbre” y ya respira tranquilo durante el resto de sus días, pero en mi caso jamás he hecho una obra cumbre. Incluso grabo un disco y no lo escucho después porque le empiezo a encontrar imperfecciones y a pensar en que podía haberlo hecho mejor.

Suele pasar…
Escucho nuestro primer disco y me da la risa. Antes no lo decía, pero ahora me parece muy tierno por las cosas inocentes que había. Pero por eso mismo puedo verlo ahora con un punto de crítica al no haberme quedado ahí. Conozco mucha gente que se ha quedado en el mismo sitio y ahí sigue.

También pasa que los que se quedan son los que triunfan.
Sí, pero no busco el triunfo, con lo cual… (Risas).

Dependerá de las expectativas de cada uno al hacer algo que no le guste pero sí le de dinero.
Claro. Hay gente que ha hecho un disco bueno y treinta malos, pero se les justifica por una gira y por unos ingresos. Yo tengo esta especie de ambición artística (utópica y romántica) que me lleva a hacer lo que hago. Si eso no tuviera sentido estaría trabajando en un sitio cualificado con una nómina fija sin tener problemas para pagarme el alquiler o vivir. Pero es que es no me motiva en absoluto.

Hemos hablado de la ternura y a mí me resulta tierno que las groupies te den miedo. Ha llegado a tanto la cosa que terminas encerrado en el cuarto de baño.
Sí (risas). Lo hago mucho, de hecho. En el Nasti lo hice el otro día. Es un poco psicótico y hasta me da cosa contarlo porque pueden pensar que soy un flipado, pero no me gusta sentirme observado.

Me imagino que habrás visto ese grupo de Facebook llamado “El culo de Guille Mostaza” y el blog “Amo a Guille Mostaza”.
Lo sé, pero como verás no lo sigo (risas). Me da mucha vergüenza.

Hasta Rolling Stone te sacó como uno de los músicos más sexys del indie.
Sí (risas). Pero esas cosas me hacen gracia porque de pequeño siempre tuve complejo de patito feo. Si me llegan a contar esto con catorce o trece años me habría quitado tantos traumas… Pero me da mucha vergüenza sentirme observado por una cuestión de inseguridad. No me gusta y no me siento cómodo.

La canción ‘Zona VIP’ habla de ello, ¿no?
Esa canción habla de una chica con la que estuve saliendo que era una groupie absoluta. Fue de las primeras personas de las que me enamoré completamente. De hecho, fue una persona que a mí me entró. Yo era incapaz de ligar con dieciocho años y ella me entró, así que me parecía fascinante que se fijara en mí. Me enamoré mucho de ella y fue una época muy enamoradiza… pero de pronto vi que ella tenía fijación por los grupos. Se liaba con ellos y a mí me hizo sufrir muchísimo aun estando con ella. Aguantaba carros y carretas.

¿De ahí vendría ‘No te enamores’?
No, eso vendría después (risas). ‘Zona VIP’ venía gráficamente por un FIB del año 97 en el que yo me fui con ella hasta que despareció de mi lado. Durante un concierto la vi en la zona VIP hablando con J y Florent.

¡¡Coño, eras tú!!
¿¿Cómo que era yo?? ¿¿Te lo han contado??

Joder, lo leí hace eones en Internet, aunque no decían nombres…
Pues ese era yo (risas). Escribí esa canción por eso mismo. Era una sensación de dolor y de rabia muy grande. Es más, durante años odié a J. Pero bueno, en ese FIB me junté con más gente e hice amiguetes (risas).

Pero vamos, la culpa no la tiene J, sino la chica.
No, claro, lo sé. Es más, en el 99, Manolo Martínez [Astrud] nos presentó, aunque J y yo ya nos conocíamos de vista porque yo era el novio de aquella y él me veía. Tiempo después coincidimos en un cuarto de baño haciendo pis y me preguntó sobre la chica, yo le dije que no sabía nada de ella pero que me hizo sufrir. Él se reía… y entonces empezamos una muy buena amistad a raíz de aquello.

“Me hace gracia que haya grupos que ganan un montón, amparados por grandes compañías, y tienen los huevos de decir que son indie”.

¿Y qué ha sido de esa chica?
Bueno, no le ha ido tan mal y me alegro. Tenía una especie de obsesión que la hizo fijarse en mí, una cosa que nunca me había pasado. Le deseo lo mejor.

¿Pero por esa época ya estabas en la música?
¡Qué va! Incluso aquella fue la motivación para montar un grupo por la rabia que tenía. La gracia fue que le colgué el teléfono diciendo que no quería verla más, pero al año de hacer un grupo apareció en el camerino. Claro, para mí fue otra de esas victorias. Conseguí hacer un grupo para que ella volviera a mí porque ahora soy lo que siempre buscó. Volvió y yo la ignoré cruelmente. Fue mi revancha… que con mucho gusto cometí (risas).

¿Cuántas pequeñas victorias has tenido?
Muchas, aunque tampoco tantas. La media es una cada año y medio.

No está mal. ¿Da para escribir?
Sí. Es que básicamente es eso. Entre el segundo y el tercer disco pasaron cinco años que realmente fueron cuatro porque hubo problemas con la discográfica, pero durante esos años tuve novia estable y mi vida era también muy estable y no estaba muy motivado para escribir, así que no podía. Por eso pasó tanto tiempo. No tenía nada sobre lo que escribir y hacer historias a lo Sabina no se me da bien.

Diría que “Ni lo sé, ni me importa” es el disco más Guille Mostaza de toda la discografía de Ellos.
Sí, además lo grabamos totalmente en mi casa. En todos los discos las letras son muy mías, y teatralizo más o menos, pero básicamente es muy crudo porque coincide con una época de rabia y resultó, por lo tanto, ser muy hiriente. Tenía esa cosa en la cabeza de decir “esto es para ti y que te jodan”. Por eso lo hacía. Está hecho para que alguien lo escuche y le duela.

¿Por venganza?
Y también por desahogo.

Repasando los títulos se pueden apreciar ciertos detalles, como en ‘Todo el mundo está en contra mía’.
Esa también tiene su historia. Mi padre tiene la teoría de que siempre me echo la culpa de todo, me autoculpaba de lo que le pasaba a los demás. Soy una persona muy protectora porque no me gusta que la gente que esté conmigo lo pase mal. Recuerdo que mi padre me decía: “¡¡Te crees que tienes la culpa de todo y no eres tan importante!!”. Y tenía razón (risas). Después, con el paso de los años, hice esa canción que era un poco autocompasión y sátira porque realmente es una paranoia ya que nadie (o no todo el mundo) está en contra tuya. Me hizo gracia cantar sobre aquello.

Tampoco buscas el reconocimiento.
No, obviamente. Pero sí busco el respeto de la gente que trabaja conmigo y está en mi sector. Entiendo que no les pueda gustar, pero que al menos lo entiendan de corazón o de manera honesta.

Pero el reconocimiento del público siempre hace crecer.
Hombre, claro. El aplauso es muy agradecido. Está claro. Pero eso es efímero porque dura unos minutos. No echo de menos un aplauso, pero sí echo de menos que alguien diga que le ha emocionado una canción o que le ha llegado. Eso es lo que más me importa.

Como Jorge Manrique, tengo una especie de obsesión por permanecer en la historia. Es por eso por lo que nunca he querido mantener una carrera efímera de petar y ya está, sino algo de corredor de fondo. Tranquilamente, no tengo prisa. Lo que veo es que hay mucha gente que va con prisa haciendo cosas en las que no cree por conseguir rápidamente lo que anhelan. Eso te condena a nada porque vas a durar dos días. Además, llegas a gente con la que no conectas. Haces cosas que no crees llegando a gente con la que no conectas.

Suele pasar con muchos grupos e incluso festivaleros. Veo que vosotros no copáis los carteles.
No, la verdad. Este año tenemos Sonorama, Contempopranea… pero tampoco tenemos carreras y tampoco vamos a saco. No tenemos management, como verás, lo hacemos todo nosotros.

¡Sois independientes de verdad, copón!
Sí, somos el indie (risas). Nos pagamos los discos, la promo… Me hace gracia que haya grupos que ganan un montón, amparados por grandes compañías, y tienen los huevos de decir que son indie. Vale, sus influencias musicales serán de gente indie, pero indie tampoco son. Y cuidado, que yo no voy por ahí diciendo que soy el indie, pero me hace gracia ironizar sobre el tema. Ahora llega cualquiera y ya se autodenomina indie, así que yo monto una gira con el nombre de “La gira indie”. Me parto el culo. ¿¿Queréis indie?? Pues vais a pagar ocho euros por una entrada viendo a dos tíos con un proyector y una guitarra, no a una pedazo de banda con ocho músicos, un juego de luces…

El indie es, básicamente, hacer lo que crees con tus propios medios. Es así. No demostrar nada ni llegar más o cuidar tu actitud. Es hacer lo que te gusta honestamente.

Siempre puedes morirte para que te mitifiquen.
Es que a todos los muertos los mitifican. Yo lo he pensado.

¿Has pensado en morirte?
Bueno, todo el mundo lo piensa, ¿no? Ver que ocupará mi muerte en una página, por ejemplo. No es algo que me obsesione pero sí que me da curiosidad. ¿Qué hará la gente? ¿Qué dirá? Me causa mucha curiosidad saber que ocurrirá cuando no esté y qué legado habré dejado o que opinará o si era majo.

Todos los muertos son majos.
Total. Ya puedes haber matado a mucha gente que en el vecindario dirán que eras un buen chico. Si fueras un mal tío ya estarías en la cárcel antes de haber matado a nadie (risas).


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