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Coque Malla: Fuga de átomos.

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“Lo que sí fue premeditado es que eso sonara de la hostia”.

El día de sol se ve amenazado por unas oscuras nubes en la lontananza que prometen lluvia. Pero Coque Malla presentaba un excelente nuevo trabajo discográfico que ha titulado “Termonuclear” (Warner, 2011), por lo que –y de momento- se mantiene luminosa (y algo calurosa) la mañana en Madrid mientras el músico desgrana su nuevo álbum delante de un par de cañas. Fisión o fusión de átomos como relaciones personales que se rompen o se fusionan en un alarde momentáneo. Pero “Termonuclear” es más que eso, mucho más. Un cúmulo de sensaciones unificadas y alineadas cual astros que otorgan el mejor momento al astronauta, en este caso… un astronauta gigante.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.

Publicada en Paisajes Eléctricos

“Termonuclear” se titula tú último trabajo. Título con historia, pues fue una idea de Iván Ferreiro.
Bueno, en uno de los múltiples encuentros con Iván yo estaba componiendo la canción y no tenía la letra. Es una canción que me… tenía algo especial. Se la enseñé a Iván y le dije: «Estoy haciendo una canción donde me meto en sitios que nunca me he metido, armónicamente. Tiene acordes, tiene una estructura y tiene una melodía muy compleja, por donde yo nunca me había metido. Acordes nuevos, totalmente.» […] A Iván le flipó, y de alguna manera natural empezó a ser una canción como de los dos. Me dio un par de ideas para la estructura musical y yo empecé a pensar que tenía que hacer él la letra. […] Le dije que la hiciese, digamos que se la dejé como encargada. Pero no la hacía, no la hacía… hasta que un día estando en su casa me dijo de bajarnos al estudio y hacer juntos la letra. Y así la hicimos, aunque la mayor parte de la letra es suya, igual que la mayor parte de la música es mía. […] Luego está la palabra. “Termonuclear” para explicar, para describir ese momento del que habla el disco, un momento de cambio total. Un accidente que provoca un montón de cambios. Me parece perfecta.

Entre esos cambios comentabas lo de Keith (tu gato), grababas en Gandía, habías cumplido los cuarenta años… todo se juntó.
Bueno [risas], aunque lo de mi gato no tiene gracia. Pero sí, todo se juntó. Fue un momento muy fuerte de cambio. Yo creo que son momentos que vienen cada cierto tiempo. Yo no se si a todo el mundo le pasa, me imagino que sí. Son como…

¿Ciclos?
Sí, ciclos. Ciclos que empiezan y que acaban. Es una cosa que lo sientes dentro. Es un subidón que parece que te han cogido y te han chutado adrenalina. Estuve varios meses flotando, cambió mi vida. Pero luego no cambia tanto, se estabiliza y estás más o menos en el mismo sitio. […] Y “Termonuclear” son las canciones que han surgido de todos esos meses de cambios, cosas y sensaciones nuevas. De hecho hay una canción de Lou Reed que se llama ‘New sensations’.

Aunque “La hora de los gigantes” era algo más movido (digámoslo así), y “Termonuclear” es como una bajada, encuentro una especie de hermandad entre estos dos discos.
Y la hay, yo creo que la hay. Están bastante cerca en el tiempo, y eso provoca una hermandad casi inevitable. También está la mano de Mauro Mietta, de Nico Nieto… un momento musical que empieza cuando conozco a Mauro, continúa cuando conozco a Nico, toda la gira, la grabación de “La hora de los gigantes”, ahora este… es decir, está hecho en un momento en el que cuando pase el tiempo será una época, una época de mi carrera y un momento. Ese momento incluirá “La hora de los gigantes”, “Termonuclear” y no se incluirá alguno más. Un tercero, será una trilogía, no se [risas].

Eso me recuerda a Dylan… una trilogía distinta, e incluso el momento “Blood on the tracks”, el cual parece estar tocando a muchos músicos nacionales viendo los últimos artefactos down que salen.
Para mí no es down, pero entiendo que desde fuera se pueda ver down. Es muy curioso, porque ahora mismo me acabo de dar cuenta que “La hora de los gigantes” siendo un disco con más energía… bueno, energía no es la palabra. Es como más brillante, más espídico, marchoso… yo qué se. Habla de algo sosegado, de un momento emocional sosegado. Y “Termonuclear” siendo un disco musicalmente sosegado habla de un momento turbulento. Es curioso.

Y se nota en las canciones. ‘Despierto’ o ‘Lo intenta’ ejemplifican esto. Pero sin duda ‘Lo intenta’ recuerda mucho a una película, con un momento muy cinematográfico que además tiene esa voz…
Y me lo han dicho mucho. Es un disco con muchas imágenes cinematográficas. Yo creo que ha sido eso, el haberle puesto música –sobre la marcha- a lo que me estaba pasando. Entonces eso lo convierte en algo cinematográfico. […] ‘La carta’ por ejemplo, es como una persecución. Cuando íbamos poniendo los arreglos y buscando los detalles yo le decía a Nico que eso era como una persecución.

¿A lo Steve McQueen?
¿A lo Steve McQueen? [Risas]. No, quizá a algo un poco más terrorífico. Steve McQueen era más policial y esto no es nada policial. Es una persecución como de una presencia o algo así.

¡Matanza de Texas!
¡No tanto! No te pases tú tampoco [risas].

Otra de las canciones detalladas con una bonita parte final instrumental es ‘Déjate llevar’. Me ha recordado –por los arreglos- a ‘Last night I dremt that somebody loved me’ (The Smiths) o a ‘Chains strings’, de The Late Cord, un proyecto de Micah P. Hinson.
¡Hostias! Pues no conozco ninguna de las dos canciones.

¿Pero los arreglos en esas canciones era algo que ya tuvieses pensado?
Sí. Recuerdo que los arreglos de ‘Déjate llevar’ surgieron de una sesión de maquetas a las tantas de la mañana. Mauro Mietta, Nico Nieto y yo, en la casa de Nico en el campo. Nosotros tocando a las tantas de la mañana eso, el ‘outro’ de ‘Déjate llevar’. […] De repente yo me puse a cantar [tararea la música]. Así surgió ese arreglo, no se si es muy premeditado o no. Yo creo que no. Creo que es bastante visceral. […] Lo que sí fue premeditado es que eso sonara de la hostia. También elegir los instrumentos para hacer esos arreglos, las voces… eso si fue un trabajo fino, como de artesanía. La idea surgió así, de una manera muy, muy visceral.

¿Ayudó el entrono?
Supongo que sí.

Grabado además en los Estudios Tigruss de Gandía, que antes eran un cine, tuvo que ayudar.
Muchísimo. Es un sitio muy especial, el estudio es un sitio muy especial. Era un cine que ahora está destartalado. Está puesto con cariño, pero el dueño no se ha preocupado en hacer una gran obra para ponerlo todo bonito y limpio. Ha volcado los aparatos ahí convirtiendo el sitio en un lugar súper creativo.

Incluso una de las mesas la utilizaron The Beatles.
Sí, eso cuenta el dueño del estudio. Es cierto, supongo que sí. Pero ahora ya no la tiene. La mesa con la que grabamos no era una de ellas. La que antes tenía era con la que se grabó Sgt. Peppers.

Por último… Coque, sinceramente. Si haces un tercer álbum y cierras esta trilogía, ¿esta época habrá sido la mejor que hayas podido tener?
Nunca me atrevo a decir sí de manera afirmativamente. Lo último que he hecho es lo que más me gusta, pero creo que en este caso concreto y con este disco, sí. Creo que es lo mejor que he hecho y tanto, que no creo que vuelva a hacer a un disco así. […] No lo se. A lo mejor dentro de unos diez años, pero no salen discos así todos los días.

Por lo tanto… a día de hoy dirías que esto es lo mejor que has podido hacer.
Sí, creo que sí.


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