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Martirio: Sentimiento de libertad.

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“No me han dado de lado, pero la libertad cuesta”.

Maria Isabel Quiñones Gutiérrez (Huelva, Marzo 1954), conocida como Martirio, ha viajado con su cante por todo el mundo llevando sus propios sentimientos -y los de quien la escuchan- como pasajeros. Entre Copla, Flamenco y Jazz, Martirio ha crecido como icono y como difusora de la música, noble arte de trovadores.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: JESÚS UGALDE.
Publicada en Cambio 16

Dicen que la Copla ha perdido difusión. ¿Será por eso que ya no quedan románticos?
Románticos quedan por todos sitios, pero la Copla sigue teniendo difusión ahora, claro que sí. No tienes más que ver los programas de Canal Sur, que llevan cuatro años, o los concursos que se hacen en la televisión de Castilla la Mancha. Incluso hay gente que nunca antes la había cantado y ahora lo hace. Te hablo de Miguel Poveda, Plácido Domingo, La Shica, Buika… O sea, la Copla está viviendo un momento de muy buena salud.

¿Y el Flamenco?
El Flamenco también, por supuesto. Absolutamente, es mucho más conocido en todos los sitios, y además, ahora mismo hay unos artistas nuevos fantásticos. Sobretodo, tiene mucho que ver con la evolución de la guitarra, del baile y del cante. Creo que ha evolucionado mucho y dado fruto a unas figuras fantásticas. También, con la cosa del reconocimiento a nivel europeo del Flamenco, hay mucha más gente que se está enterando y se enterará de lo que es. Lo importante es que allá donde vayamos llevemos espectáculos plenos de verdad y plenos de honestidad. Como si nos fueran a mirar los más exigentes.

Cierto es que la Copla estaba más ligada a las escenas costumbristas del franquismo. Sin quererlo, claro. Mientras tanto, el Flamenco evolucionó mucho más allá lejos de los prejuicios.
Muchas veces pienso que las dictaduras se apropian de la música popular. Se la apropian y la utilizan. Pero está claro que ni el Flamenco ni la Copla tienen que ver. Yo estoy muy contenta después de haber hecho los dos discos con Chano Domínguez [“Acoplados” y “Coplas de Madrugá”] porque hay mucha gente que al oírla con acompañamiento de Jazz empezó a escucharla de otra forma. Se reconciliaron con ella. Claro, aquella reconciliación se unió a los viejos recuerdos y a lo que tenían en el “disco duro” por lo que escucharon en casa en su día. No todas las coplas han pasado el filtro y no todas son factibles de entrar en el Siglo XXI de la misma manera, pero sí hay joyas maravillosas para incorporar a cualquier repertorio.

Haber cantado (hacerlo actualmente) a la mujer es algo valiente.
Creo que son los mejores tiempos para la mujer después de lo que hemos vivido. Pero la Copla le canta a las pasiones de los hombres y de las mujeres. Ya te digo, hay determinadas letras que no canto porque no tienen nada que ver conmigo, lógicamente no han pasado el filtro. Pero hay otras que son atemporales y maravillosas. Es como si me hablas de “Otelo” o de cualquier personaje teatral que ha sido interpretado de mil quinientas maneras. Cuando algo es un clásico admite todas las revisiones posibles. Y en la Copla hay muchísimas canciones que son clásicas.

También digo esto por haber estado junto a Chavela Vargas en “La luna grande”, el homenaje a García Lorca.
Es el mejor momento de Chavela Vargas para hacer ese homenaje. Para mí, de todos los poetas que he leído, Federico García Lorca me parece el más musical y más amante de la canción popular. Añadiría que incluso es un visionario. Me fascina. Es un poeta excelente a todos los niveles y Chavela está conectada con él. Ha sido hermosísimo porque ella es la cantante que más me ha influido. La adoro y para mí ha sido un lujo vivir una experiencia monumental a nivel musical y espiritual.

Dado que no hacen falta grandes despliegues para que el cante emocione.
Claro. La poesía lleva la música dentro en muchos casos. La voz de Chavela Vargas está en la frontera de la vida y la muerte. Es una voz que parece escogida para recitar estos textos. La transición con la que ella ha llevado este proceso, y su encuentro, ha sido enérgico y vital.

E inmortal.
Sin duda. Inmortaliza lo que recita y ella también es inmortal. Tiene una forma de cantar… que hace de las canciones un cante, y del cante, verdad y libertad. Eso es suficiente para cambiar a una persona y hasta de modificar caracteres. Es capaz de acompañar desamores.

Cantar nos haces libres, ¿verdad?
Muy libres. Aunque depende también de lo que cantes.

Expresarte como tú lo haces, en un formato tan minimalista pero poético, realza la canción.
Es la primera vez que ofrecemos este formato en Madrid. Raúl Rodríguez y yo teníamos ganas de hacer una fiesta para los amigos con un repertorio muy íntimo, como de casa, en una sala tan especial como la Galileo Galilei por su distribución, por su sonido, por la característica de aforo, porque no es caro… Hecho de menos más salas así. Ahora, con la crisis, no podemos pedir que nos paguen unos grandes cachés, pero realmente tenemos que reivindicar que nos alquilen a precio barato los teatros y que además hagan salas donde podamos cantar y enseñar nuestra música. A fin de cuentas que nos dejen trabajar a los músicos porque estamos viviendo una época espeluznante.

Mala época en ese sentido pero grandiosa en talento.
Hay mucho talento, mucha vinculación y mucha información… aunque a veces demasiada. Suele pasar que la gente tiene dos mil canciones en su iPod pero no han escuchado lo suficiente como para sentirlo y emocionarse. Se escuchan tan bien ahí que luego alucinas cuando pones un vinilo o un CD (risas), pero parece que hay muchas ganas de tener una colección antes que de pararse en los discos que te gustan para analizarlos y compartirlos.

Sin ser un cierre de ciclo.
Claro que no. Además de haber gente con talento y una dificultad para grabar como nunca habido, así como para vender discos. Pero si encima tienes que pagar tres mil o cuatro mil euros para alquilar un teatro… mal vamos. ¿De qué viviremos?

Bueno, el rayito de luz sería Miguel Poveda.
Sí, pero el es el único que está triunfando de esa manera.

Pero se agradece…
Por supuesto. Lo adoro y se agradece muchísimo que tenga ya vendidas todas las entradas de su concierto en el Teatro Real. Allá donde mete la mano lo hace todo bonito, precioso y bien. Date cuenta que está en su momento, pero cuando hablo con mis amigos músicos llegamos a la conclusión de que estamos muy mal.

¿Vives, por lo tanto, un momento espléndido pero malo en la economía?
Ahora mismo, artísticamente, estoy feliz. En un momento de madurez, tranquilidad, de reconocimiento… Hay mucha gente que de pronto se acerca a los conciertos y me escribe, que para eso las redes sociales hacen una labor maravillosa, pero a nivel económico… No sé, la gente piensa que los cantantes tenemos mucho dinero. Yo estoy muy agradecida a la música porque llevo más de treinta años ganándome el pan con ello, pero como este momento no he vivido otro… y ni quiero vivirlo, por favor. Tú puedes tener ideas, pero el problema está en que no haya nadie que te las saque y te las grabe…

Terminará siendo algo que pase de boca en boca, como los trovadores en su tiempo.
Sí. Pero bueno, ahora te lo puedes grabar tú, aunque no es lo mismo. Mira, estando en México con Chavela, estuve buscando y no había ni un solo disco mío en las tiendas que miré. ¡Ni uno! También es verdad que tengo cinco compañías porque siempre he sido muy independiente y siempre he hecho lo que he querido. En fin, pero que no haya ni un disco mío… ¡se me caen los palos del sombrajo!

¡¿Qué me dices?!
Ni uno, Charly. Al menos en las que yo miré. Tampoco he ido a todas las tiendas de todo México, pero he ido al centro de todo y allí no había nada. Por ejemplo, del último disco que he hecho de poesía con José María Vitier [“El aire que te rodea”] está complicado de encontrar allí, pero es que incluso es difícil dar con él en España. Bueno, ahora estamos presentándolo en concierto y a la gente le encanta. Es cultura. Fíjate, a Ernesto Cardenal le acaban de dar el Premio Reina Sofía de Poesía, y a Fina García-Marruz, que también está en el disco, se lo dieron el año pasado, incluso en este año la han galardonado con el Premio Federico García Lorca. O sea, estamos tocando unos poemas de una gente que es absolutamente necesario que se conozcan para divulgar la poesía.

¿Piensas que puede haber alguien que se interponga o que no quiera dar a conocer estos nombres?
(Silencio) Es que el dinero se pone en otras cosas y en otros productos. No sé, en carreras que se puedan manipular.

Pero la música no se puede manipular en ese sentido.
Ni la música ni al artista.

Es una pena.
Pues sí.

“La poesía lleva la música dentro”.

Viviste un momento comercial y después, aparentemente, te dejaron un poco de lado. ¿No te parece?
No. Yo tuve un momento de auge porque la imagen que tenía y lo que cantaba era fortísimo en ese momento, entonces tuvo un tirón mediático brutal. Lo que sucedió después es que elegí cantar lo que quisiera. No repetirme, bucear en otros sitios, investigar… Si no me habría quedado cantando “Sevillanas de los Bloques” toda la vida. Me encantan, cuidado, pero me encantaban cuando las hice. Después he hecho la Copla con el Jazz; toda la serie de Tango, Bolero y canción latinoamericana con el Flamenco; Bolero-Feeling… en fin, todas las cosas que se me han ido ocurriendo, que me parecían hermosas y que tuve la fuerza de sacarlas, aunque muchas veces no haya sido fácil. Con todo esto te diré que no me han dado de lado, pero sí te diré que la libertad cuesta.

¿Tanto, Maribel?
Sí. No debería, pero cuesta. Sin embargo, la gente viene a los conciertos, me escribe, se pasa los discos… y siento que mi labor tiene sentido porque ayuda a mucha gente y hace feliz a otra.

¿Al final tendríamos que vivir de hacer feliz a la gente?
(Silencio) Pues… sí, ¿no?

Bueno, pero si nos dan para comer… mejor, ¿no?
(Risas) Está claro. Recuerdo un libro en el que una de las cosas que decía era que para conseguir el poder (en un futuro no muy lejano, por desgracia) se había eliminado la música de verdad, la música que hacía sentir y rebelarse. Entonces, había que buscarla en el mercado negro porque no interesaba que la gente se encontrara, se emocionara o se rebelara. Esas cosas me dan mucho que pensar.

Una historia parecida a la que se cuenta en “Fahrenheit 451”, donde se prohibían los libros.
Eso es. Hay una música fantástica para bailar, para toda la gente, todas las épocas y para todos los gustos, pero hay una música que idiotiza, claramente. Y esa música está, por desgracia, en auge.

¿Y eso ha sido porque la gente lo ha querido o porque se lo han impuesto?
Yo creo que ha sido por las dos cosas: gente que ha querido escucharla y gente que ha aceptado que se la impusieran. Hay gente que no sabe más de “eso”, no le puedes pedir más, pero sí el apoyo. ¿Por qué se apoya tanto esa música?

Diría que el Flamenco se ha visto conducido por unos caminos muy raros y dudosos. Se desconoce, en parte, el Flamenco-Fusión de Bebo y Cigala en “Lágrimas negras” y el tuyo, por ejemplo. Pero en cambio, el Flamenco mezclado de mala manera con el Pop y otras temáticas menos trascendentales, es lo que se bebe ahora como Flamenco.
Mira, el Flamenco guapo es el Flamenco puro, el auténtico, el que te remueve las tripas y el que está cantado por un cantaor que canta de verdad, partiéndose y entregando el corazón y las tripas. Después está el Flamenco-Fusión, que es inevitable también por la época que vivimos y por lo que escuchamos. Te puede gustar el Flamenco y también otras músicas. Para hacer Flamenco-Fusión creo que hace falta conocer la raíz y estudiar muy bien con qué lo fusionas: si eso entra con naturalidad, si eso aporta algo o si te estás limitando realmente a poner un cajón y una guitarrita encima de la música. Pero ya se ponen etiquetas y eso hace daño.

¿Te has sentido dañada en el caso de que te confundieran con eso?
No, porque nunca me han confundido con eso. Gracias a Dios no.

De hecho, tienes una frase que dice así: “me gusta más mirar a que me miren”.
Sí, pero eso tiene que ver con las gafas, ¿no?

Bueno, yo lo decía por aprender “escuchando con los ojos abiertos”.
Eso es muy amplio. En realidad me gusta más mirar a que me miren, en general, en cuanto a todo. Pero en ese contexto era por las gafas. Pero por aprender también, desde luego. Como verás, yo no tengo un gramo de purpurina encima. Puedes preguntarle a cualquier compañero que me conoce. Yo estoy todos los días como una alumna dispuesta a aprender y siempre dando las gracias por haber tenido la suerte de hacer algo junto a Chavela, Compai Segundo… con todos estos “árboles” sabios y llenos de savia que nutren tanto. Siempre daré las gracias por ello. Pero sí, prefiero mirar.

Yo no soy una cantante a la que le suelan venir para decirme lo bien que canto, pero sí que vienen para darme las gracias por haberles hecho sentir algo. Gente que se acerca a mí llorando, emocionada, dando las gracias por los recuerdos…

Hacer llorar a la gente de emoción tiene que ser difícil y así mismo emocionante, ¿verdad?
Mucho. A mí eso me fascina. Es un tesoro. Cuando yo estoy suficientemente limpia y mi organismo está preparado para dar y comunicar… que pase eso hace que se me pongan los pelos de punta. Todo cobra sentido pese a la fatiga que muchas veces se pasa.

Soñar es importante, pero realizarlos es mucho mejor.
Charly, yo tengo muchos sueños realizados, de verdad. Tampoco me suelo colgar de cosas imposibles ni soy ambiciosa de cosas materiales. Soy una persona muy normal, pero Martirio es mucho más figura porque le gusta mucho el teatro y todo lo que tiene que ver con la imagen y la ropa. Sin embargo, yo no soy una persona de grandes alfombras, de grandes eventos… soy una persona absolutamente normal, y ahí entra otra vez aquello de que me gusta más mirar a que me miren porque las gafas son unas gran ventaja ya que me entero de las conversaciones cuando estoy en los mercados, tiendas… porque la gente no está mirándome.

¿Es una coraza?
Bueno… no es exactamente una coraza. No sé, me gusta que me miren cuando estoy en el escenario porque estoy para eso, pero cuando no lo estoy soy una persona absolutamente natural que no tiene más interés que cualquier otra persona que va por la calle.

Y es así como las canciones se pueden hacer de uno.
Claro. Es eso. Me gusta ver cómo la gente supera las cosas y analizar como van creciendo o decreciendo, que en este caso y en estos tiempos, es lo que más sucede.


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