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Fernando Martín: Sombras y luces.

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“Sin esas fases de sombras no estaría en este periodo de luz”.

Hay gente que se levanta por las mañanas para subirse a un andamio y ganarse un jornal. Al igual que en otros oficios, en la música se sufre mucho y las manos se ensucian. Fernando Martín, quién fuera parte de Desperados, viene de Carabanchel con el cuerpo curtido y el alma curada. Ha visto las sombras y ahora ha recibido la luz, pero además tiene entre manos un presente que se antoja como una segunda (o tercera) juventud.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: MAITE MORENO.
Publicada en Cambio 16 / Nº 2113, 2 Julio 2012

¿La soledad y la deriva fueron grandes compañeras tuyas?
Siempre. Desde el primer momento porque era abuelo cebolleta. Soy un tío de Carabanchel cuyo destino estaba prácticamente escrito puesto que tenía que haber trabajado en mi barrio, haberme casado con una chica de mi barrio, tener un trabajo de barrio… y, sin embargo, opté por salir de allí. Era necesario. Cruzar el río era una barrera psicológica. Quería ver que otras cosas había. Con diecisiete años mis compañeros querían ser ingenieros navales… pero quería ser actor y me metí en la escuela de arte dramático. Aquello fue otro subidón, nos presentamos trescientos y aprobamos treinta. Recuerdo a Luisa Martín, Marisol Rolandi, Imanol Arias… Pero si de por sí ya ero bicho raro, después de un año mucho más. Seguía por mi camino. Llegaron los ochenta, la música y todas sus consecuencias… y llegaron más rarezas mientras la gente se casaba y todo eso. Incluso, ya con Desperados, vivía una situación de rarezas. Con los primeros ochenta el Rock había muerto, llegó el After-Punk y todo eso, entonces empezamos también a reivindicar el Rock.

La Movida y los “guays”.
Sí. Aunque yo con La Movida he tenido mucho respeto. Pero para mí ha habido dos generaciones interesantes en España: la de los surrealistas y la de La Movida. Entre medias ha habido francotiradores. Pasó La Movida y hubo una generación posterior (la mía) que tomó el mando reivindicando el Rock de garaje, a los Rolling Stones, el sonido de guitarra… Recuerdo la primera vez que fuimos al programa de Ordovás, ¡él dijo que aquello no era moderno! (Risas). Pero es que no lo pretendíamos. Siempre ha sido así el modo de hacer música, igual que cuando se pasa el mal trago de hacerlo en solitario. Un guitarrista siempre puede terminar con un proyecto y engancharse a otro, pero un cantante… o se pone a presentar algo o se busca la vida. En mi caso volví a buscarme la vida con muchísima fortuna volviendo otra vez a El País. Me hice guionista de televisión mientras hacía mil cosas a la vez, siempre sin perder el contacto con la música, pero si siendo una persona con un camino en solitario.

Fuiste freelance…
Estuve veintitrés años dándolo todo allí, hasta que llegó de jefe un Soplapollas Sociópata -que ahora ya ni sigue allí por cierto- y convino que ya estaba aburrido de mi cara y me largó. Recuerdo que me planté delante de él y le dije: “Tío, se me murió mi madre el año pasado, han operado a mi hijo de dos años, mi hermano se está muriendo y estoy a punto de separarme. Dime que, por lo menos, puedo mantener mi trabajo”. Y aquel SS de la comunicación me replicó: “Esto no es una ONG”. Con un par, pues. No obstante ya le he perdonado porque, ¿sabes?, el perdón es la manifestación suprema de superioridad sobre aquellos mediocres a los que perdonas, aunque realmente no se lo merezcan.

Curiosamente hablabas de esa gente en la juventud que buscaba estabilidad y es justamente lo que tú buscas ahora.
Sí, pero es distinto porque no contaba con esto. Tuve un buen maestro, Moncho Alpuente, que decía que éramos hábiles en cosas inútiles. Yo no puedo poner un clavo, no sé poner un clavo… pero puedo tocar una guitarra y hago mis tonterías por radio. La gente se acostumbra un poco a que uno sea una persona que no para, pero es que eso es un modo de vida.

Y una forma de trabajar también.
Pero es que eso te obliga a cambiarte de caballo casi por necesidad. Pasé de ser un músico a ser otras cosas. Nunca he descartado nada. Dejé de hacer series y cosas así en el año 86, pero dejé de hacerlo porque vino así, nunca lo he descartado, como con la música. Vino así. Dejé de tocar, no había demanda, mi hermano se embarcó en otros proyectos cuando nosotros hacíamos todo juntos, pero aun así fui feliz. Pero de repente, no hace mucho tiempo, pasaron otras cosas en mi vida. Retomé la música con Platos Rotos.

Pero antes ya estaba aquel disco en solitario que titulaste “Crononauta”.
Cierto. Aquel fue el primer disco en solitario que hice. Un sueño que había tenido siempre, pero 2007 fue un mal año para sacar discos en solitario.

Y tardío.
Sí, sí. Además, intentando mostrar otras cosas porque de Desperados no toco todo el repertorio, pues no me siento igual. ‘Molly’ es una canción que no volveré a tocar nunca más, en parte porque no está mi hermano y porque no hay sentimiento. Entonces, estos grupos de los ochenta, que ahora vuelven, efectivamente, como grupos de los ochenta que vuelven… en fin, lo comprendo porque son compañeros que necesitan comer, pero lo siento, se me caen los palos del sombrajo. No podría calzarme el lacito vaquero y cantar canciones que no siento, no sería honesto. Más bien no sería real. El Rock and Roll, como dice Lou Reed, son de las pocas cosas reales y sinceras que hay en este mundo.

¿Es posible que a más altura mayor sea el riesgo al fracaso?
Siempre. Pero no vivo para el éxito.

También depende de la percepción que tengas tú de la altura. La gente puede verte a alturas distintas.
Pero nos ven, yo no me veo. Ni me veía entonces cuando salíamos en la tele o nos pinchaban en Los Cuarenta. Es un momento en el que te conoce todo el mundo, pero no me veía así. Cuando me lo han dicho ha sido de mala manera, ya sabes… alguno que pide que me retire, que deje de hacer música o que me disuelva. ¿¿Y por qué no se disuelve su puta madre?? (Risas). Primero, quien no se crea expectativas no tiene miedo al fracaso. No me creo expectativas, sino que hago lo que me pide el organismo. Para mí la música es una necesidad de comunicación. Si me ven tres personas y les ha gustado… pues estupendo. Y si no, pues toco en mi casa. Si son treinta, mejor. Si son trescientas, la polla. Y si realmente hay demanda me vuelvo a tirar al barrillo. Como si mañana Almodóvar me dice que tiene un papel de taxista para mí.

O de “chica Almodóvar”.
También. Soy mucho más femenina que algunas otras (risas).

“Molly es una canción que no volveré a tocar nunca más”.

¿Qué pasó después de “Crononauta”? ¿No hubo nada?
Nada. Los primeros Ideales fueron los que me acompañaron al principio cuando hicimos algunos bolos. Ellos eran músico de carrera, necesitaban tocar, yo necesitaba comer… e hicimos el disco que quise. Es un disco que ganará con el tiempo. Al fin pude tener mi disco en solitario. Paré de hacer canciones, aunque las hacía en mi casa, tranquilamente. Colaboré con Juan Mari Montes… Pero solamente volví a meterme en un local de ensayo, y en qué momento, con los Platos Rosos. Cuando los conocí tenían unas ideas de puta madre, un look de puta madre, un estilo de puta madre… pero tocaban como el puto culo (risas). Los metí en el local, pulimos, sacamos las tijeras… Me meto mucho cuando produzco a un grupo porque acabo diciendo hasta qué calcetines tienen que ponerse.

¿Da igual que sean más jóvenes que tú?
Da igual, como si son más viejos que yo (risas). Me he tirado escuchando música mucho tiempo, y me da mucha rabia no poder decirle a un tío que lo que está haciendo está muy bien pero podía estarlo mejor. Me ha pasado con compañeros de los ochenta a los que les he dicho que necesitaban un compositor como el comer. Tenían talento, voz, carisma, carrera, pero… flojeaban las canciones. Pero claro, ellos querían ser Calamaro… ¡y ellos no son Calamaro! (Risas). Ojalá todos fuéramos críticos constantes (sin el sentido peyorativo) porque nos iría mucho mejor y haríamos caso a lo que tenemos alrededor. No soporto a la gente que dice no soportar a un crítico. Si creen que no soy una persona para admitir un pequeño juicio liviano sobre tu obra pues allá tú.

En el caso de los Platos Rotos era inevitable porque son fans de Desperados, Los Rodríguez… entonces querían saber cómo hacer ciertas cosas. Les explicaba por dónde iban las cosas o cómo hacer ese solo para que no se complicaran. Lo que ocurre con los grupos jóvenes es que quieren hacer las canciones en veinticuatro partes. Y no, esto es así: estrofa-estribillo, estrofa-estribillo, estrofa-final. En tres minutos y medio, no hay más. Me dio muy buen resultado con ellos y no terminaron hasta los cojones, que fue algo que pudo haber pasado. Son completamente respetuosos y me consultan cosas, aunque luego hacen lo que les sale de los huevos (risas). Pero tienen que equivocarse como nos hemos equivocados todos.

Mientras tenga algo provechoso y producido, no habría problema, ¿no?
La cosa fue tan productiva que al final dijeron de montar un repertorio y de hacer algo. Entonces, llamé a José Romero, un guitarrista que siempre me ha dado mucho miedo porque es una bestia de tocar la guitarra y porque siempre ha estado ocupado sacando un pastón tocando con los más grandes. Para el puesto de bajista me llamó Pepe Curioni porque escuchó una canción mía en el coche de los Platos Rotos. Fue algo extraordinario.

¿La profesionalidad antes que el virtuosismo?
Siempre. Tú nunca verás en un bar de músicos a alguien de los noventa o del año dos mil, salvo que esté de moda. Pero siempre verás a gente de los ochenta y alguno de los setenta. Si me apuras hasta alguno de los sesenta. Porque entonces la música era una profesión. Para todos nosotros esto es lo que queremos hacer. Que vivamos de ello ya no depende de nosotros, pero amamos lo que hacemos.

¿Y qué sería para los jóvenes? ¿Un hobby?
Sí. Montar un grupo indie en la universidad, molar y follar mucho. Luego aparece el curro, tiran por la informática… y bueno, puede que les gustaran los Muse. En ese sentido la música ha sufrido un enorme retroceso porque para nosotros era otra cosa. Para los chavales la música es un link, y así no pude ser importante.

También es verdad que vosotros veníais de una generación que sufrió una represión, así que había ganas por contar cosas. La educación también era distinta.
Por supuesto. Soy hijo de la represión franquista y crecí en la transición. Pasa como con el cine. La época dorada del cine va desde los pioneros hasta finales de los años setenta. Cuando uno piensa en el gran cine acaba viendo a Scorsese o tal. Hay francotiradores que salpicaron otras épocas, pero la Industria del cine va por los mismos derroteros que la Industria musical. La buena época de la música era la de los cincuenta, los sesenta, los setenta y alguna cosa de los ochenta, pero poco más. Igual aparece Ryan Adams y te sorprende, pero antes que inventar hay que reinventar.

Lo que yo espero es que de tanto dar por culo habrá, algún día, unos hermanos pequeños que digan que lo que le interesa la música y no el Real Madrid. ¿Sabes? Que esos chavales vivan la música como la vivimos nosotros. Levantábamos la cabeza y éramos quinientos en toda España. Estábamos en lo mismo. Ibas a ver a Siniestro Total, Décima Víctima o Radio Futura y entendías lo que pasaba ahí. Eso es justamente lo que no ocurre ahora.

Lo mismo tendría que ocurrir algo para que la situación cambiara…
Es que ya está pasando algo. En estos momentos de extrema crisis es cuando sale el talento, pero cuando no hay crisis lo que sale a flote es la mercadotecnia. Se vio en los años noventa con la gente que tenía dinero. ¿Quién salió en aquella época siendo respaldado por el dinero? Alejandro Sanz. Quiero pensar, humildemente, que cuando alguien viene a verme se encuentre con alguien de cincuenta y tantos palos que es bueno. Pero a mí me importan tres cojones qué dirán de mí o qué cojones pensarán de mí.

No se te ve tan mayor, hombre.
Dios te lo pague con una buena novia… que sea azafata (risas). Nunca renegaré de mi edad. Mi familia, genéticamente, ha envejecido muy bien y mi hermano murió siendo un niño con cuarenta y tres años.

Tu hermano dejó un bonito cadáver, como se dice.
Sí. Mi hermano, para mí, es el músico por excelencia. Ver que los premios de la música de Madrid [Premios Guille] llevan su nombre me produce un gran orgullo.

El combo entre tu hermano Guille y tú era vital. Bueno, ahí quedarán para el recuerdo los Neverly Brothers.
Sí, porque mi hermano era una bestia parda del Rock and Roll capaz de tocar cualquier cosa. Ni Calamaro ni Loquillo han gozado nunca en sus carreras de una banda mejor que aquella que tuvieron cuando mi hermano tocaba con ellos. Los dos son grandes artistas, pero su estrella brilló una miríada de veces más junto a Guille y eso, si son como deben, lo tendrán que reconocer ambos siempre y a su tumba “llevar flores” no olvidarán. Mi hermano escogió un estilo de vida que le condujo a terminar como quiso. Fue su elección. También quiero decir una cosa, y es que mi hermano es un ser humano.

Bien sencillo es de entender…
Ya, pero no es tan sencillo.

“Éramos hábiles en cosas inútiles”.

¿Lo han mitificado demasiado, tal vez?
Cuando hicimos el homenaje en Madrid vino a tocar todo dios: Amaral, Loquillo, Radio Futura… Hice una lista de todos los amigos para que tocaran en el concierto y después fui llamando a cada uno dándole las entradas que le correspondía a cada uno. Todo el mundo que estaba allí lo hacía por algo. Era un funeral a ritmo de Rock. Bueno, pues no veas la que tuvimos con los fans de Loquillo. Decían que le había arrebatado a Guille. ¿Querían que alquilara el local para hacer un homenaje a mi hermano? Encima argumentaban que Guille era de todos. Era un homenaje… Yo recuerdo a mi hermano todos los días por todo lo que fue.

¿Ser de Carabanchel es como ser de Nashville?
Bueno, hace unos años Carabanchel era el Brooklyn de Madrid. Estaba la gente que viajaba a Londres a ver a Bowie y luego estábamos nosotros, aprendiendo Rock and Roll con todas las dificultades. Era la hostia comprarse una guitarra, tenías que hacer mil cosas.

¿Es por eso por lo que se vivía más la música?
De todas formas, el vehículo de comunicación por entonces era la música. Todo el mundo quería tener algo que ver con la música. Cuando llegaron los ochenta todos querían tener un grupo.

¿Y en qué momento se perdió ese amor por la música?
Justamente con los yupis en el 92 empezó a joderse la cosa porque el dinero pasó a tener más importancia que la música. Incluso para muchos músicos de los ochenta que de repente empezaron a querer cobrar cinco millones. Y no porque son amigos, sino porque son elecciones. Mi abuelo era pianista y con setenta años nos llevaba a tocar a bodas. Le pagaban muy poco y repartía con los dos músicos que llevaba. ¡Y era feliz porque no quería ser otra cosa! No quiero ser como mi abuelo. Quiero tener setenta años y tener un garito con un amigo para tocar mis canciones si me apetecen. Si hay dos bien y si hay doscientos pues mejor. En ese sentido tenemos mucho que aprender de los viejos flamencos y de los grandes del Blues. Uno se va de este negocio cuando uno quiere no cuando a uno lo llaman abuelo. ¡Abuelo su puta madre!

Será que lo importante es el destino y no el viaje.
Siempre. Y como dice mi maestro de Yoga, Ángel Altolaguirre (antiguo guitarrista de Dinarama y cantante de Ángel y las Guays): vive el momento presente. Es lo único que te hace sentir vivo. Todo lo demás son fantasmas, cosas que no existen realmente.

Y lo que existe realmente es el proyecto con Ideales.
Es un tiro de banda y son maravillosos. Ensayo un día nada más porque ensayar es de cobardes. Todo el mundo se está aprendiendo el repertorio y el que no, que se joda. Romero no necesita ensayos, ni Pepe y tampoco el batería. Con que toquemos todos juntos ya es suficiente.

¿Se grabará disco?
Sí, estoy grabándolo ya.

¿Repertorio propio?
Hay parte de repertorio propio. Yo no quiero ser Calamaro, ni falta que me hace. Tengo algunas canciones mías que son muy bonitas, pero hay mucho desamor… pese a que ahora se está animando el tema. Luego, tengo regalos maravillosos. Una canción de Juan Aguirre, una de Pereza, una de Sergio Makaroff… todas inéditas. Y en Zaragoza está Cuti, que ha hecho la música de la canción que va a dar título al disco: ‘Tortilla y Champán’.

Se te ve de puta madre…
Y lo estoy. Pero hay que ser honesto y agradecido. Sin esas fases de sombras no estaría en este periodo de luz. Fue una fase oscura de sentimientos muy duros y de haber tocado fondo. Dicen que es la crisis de los cincuenta años (risas).

¿Sin esas sombras nunca habrías tenido esta luz?
Nunca. Todo pasa por algo. Y he tenido que bajar mucho para sacar un poco la cabeza.


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