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Sex Museum: Balas de cristal.

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“El panorama es igual de apestoso que hace veinte años”.

Míticos y ruidosos, tanto o más como las generaciones de jóvenes que tanto lucharon pro su libertad y por el rock and roll en una época en la que Madrid, y España en general, vivían en un blanco y negro constante. Sex Museum eran (y son) de esa clase de jóvenes, que, con el tiempo y la veteranía, han logrado mantenerse en el ring sin besar la lona. Fernando Pardo, guitarrista del grupo, protagoniza la siguiente entrevista donde el último disco, “Again & again” (Tritone, 2011), y las complicaciones durante la grabación son el punto de partida hacia un viaje retrospectivo.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: PAOLA BRAGADO.

Publicada en Cambio 16 / Nº 2084, 28 Noviembre 2011

El “adelantamiento” de Los Coronas y la inflexión del tiempo han demorado la salida de “Again & again”. No obstante, ¿este tiempo de espera ha hecho que Sex Museum fueran más deseados?
Para cierta gente sí. Con los que conectamos o con los que tenemos una relación más allá de lo musical imagino que estaban esperando a ver que éramos capaces de hacer a estas alturas. Nuestros clásicos compañeros de viaje son algo muy distinto al fan musical al uso. Para otra hemos pasado al punto del olvido o simplemente nos movemos en una dimensión paralela sin posibilidad de acercamiento. Espero que para otra seamos algo nuevo, pero que lleva mucho tiempo rockeando y tiene algo diferente y atractivo. Nuestras referencias son un poco oscuras y fuera de las corrientes actuales, eso nos hace estar un poco fuera del punto de mira de cualquier persona que quiera conectar con el momento por medio de la música.

Aunque –personalmente- me sorprende en parte que Sex Museum llegara a sacar el disco sin haber acabado a hostias. Una maquina que se vuelve a poner en marcha con cinco voces diciendo como ponerla en marcha pero sin que nadie diera una solución concreta. Uno ha compuesto tal tema y al otro le parece que no encaja, ergo se tira a la papelera, vaya.
Nuestro momento óptimo de popularidad pasó hace ya mucho y somos conscientes, así que los discos los sacamos por una mezcla de la necesidad de seguir moviéndonos, de seguir creciendo musicalmente y a la vez como una especie de terapia de grupo. Lo de la terapia es importante. Seguir con un grupo como Sex Museum es tener claro que te dedicas a la música por algo diferente a la fama o el dinero. Esto ayuda a dar importancia a lo que la tiene y te obliga a dejarte de pequeñeces, agobios y tensiones que no vienen a cuento. Todos somos conscientes de eso y aunque haya momentos en los que estamos a hostias, se nos pasa rápido y entendemos que intentar tener razón e imponerla en un grupo como el nuestro es una falta de respeto al resto. Esto evidentemente no funciona con todo el mundo, por lo que tratamos de disfrutar de los momentos en los que hay buena relación entre todos los miembros.

Los ensayos tuvieron que ser un auténtico show. Me atrevería a decir que Sex Museum pueden dar a veces mayor espectáculo en el local que en algunos conciertos…
Mucha tensión, pero por suerte o por desgracia se nos olvida todo pronto. Lo bueno de ser tan olvidadizo es que al día siguiente es como si no hubiera pasado nada, pero lo malo es que caeremos en los mismos errores cuando lleguemos al siguiente disco.

¿Fueron muchos los temas que se quedaron fuera?
Un disco entero, unas ocho o diez canciones. Decidimos que no valía lo que teníamos y volvimos a empezar de nuevo con otra actitud y otra idea. Fue una tocada de huevos y nos hizo empezar otra vez con el disco, pero teníamos que enfocarnos, no dejar nada sin hablar y lo menos posible al azar.

Y lo último que necesitabais era que apareciese Steve Van Zandt para tocar las narices… ¿crees que rechazar una oferta así puede condicionaros?
Si nos hubiera permitido seguir siendo libres no hubiéramos tenido problema en aceptar su oferta, pero el contrato que nos dio era del tipo del de una multinacional. No queremos tener ese tipo de relaciones con nadie, nunca las hemos tenido y no creo que las tengamos mientras no podamos imponer nosotros algunos de los términos de la relación. Lo hacemos todo a nuestro aire y a nuestro ritmo y no nos importa ni ser grandes ni ganar más dinero, preferimos tener un control total sobre todo lo que hacemos.

Al final y sinceramente, pese a que aquello de “este es nuestro mejor disco” está muy mascado… ¿puede merecer la pena tanta piedra en el camino viendo como está el panorama?
El panorama es igual de apestoso que hace veinte años, en eso no notamos diferencia y aunque llevemos los suficientes años para saber como funciona el negocio discográfico, estamos tan desubicados ahora como cuando empezamos. Lo que logras con cada disco es placentero por el tiempo y el trabajo que pones en él, es como escribir un libro o sacar adelante un negocio, y eso ya nos parece suficiente. Los tiempos cambian y los gustos cambian, el público es olvidadizo y el camino al éxito es muchas veces como una carrera con el diablo y cuanto más lejos estés de todo eso, más satisfecho te sientes a la larga. Eso lo tenemos comprobado por experiencia propia y viendo lo que pasa alrededor. Es cierto que no todos los músicos del grupo pensamos lo mismo y que cada cierto tiempo nos dejan los bajistas o los baterías, pero cada formación vale la pena mientras dura.

Quizá así sea la mejor manera de seguir: batallando.
Sí, entre otras cosas porque es divertido. Y mejor luchar que autoengañarse y morir y ser absorbido por la nada, lentamente, sobretodo si te dedicas a alguna forma de expresión artística. El rock and roll perdió ya hace años el peso que tenía y no creo que jamás lo recupere, ni en lo musical ni en lo extramusical, como representante de un espíritu contestatario. Ahora es como disfrutar de algo desfasado que parece que sólo tenía sentido unido a los excesos con las drogas y las giras de grandes estadios. Lo nuestro no tiene nada que ver con cualquier documental de Scorsese sobre los Stones, Dylan o George Harrison, es mas bien una road movie sobre un grupo de alegres perdedores. Es un puro ejercicio de mitomanía.

Pero francamente este es un disco que anda a caballo entre lo más tradicional de Sex Museum y el aventurarse a cambiar algunos registros. Eso sí, teniendo el rock de los setenta como bandera tipo Bad Company en ‘Some other band’. ¿Algo más experimental habría terminado por minar la vida del grupo? Por cierto, brutal solo.
Va por épocas, hemos tenido tiempos mas experimentales y otros menos, depende de nuestro humor, nuestro ánimo o de las movidas en las que estemos metidos. Nos gusta mucho la crudeza que tiene el rock and roll de finales de los sesenta y principio de los setenta, un sonido muy natural, lo más parecido a una banda en el local y así es como tratamos de sonar. De alguna manera el buen rock and roll murió entonces y después todo han sido revivals o repeticiones. La originalidad consiste en encontrar la inspiración o la influencia en algo diferente o que no haya sido revisado, pero básicamente las bandas de rock and roll llevamos mezclando los mismos elementos, cada uno a su manera, desde hace casi cuarenta años. Lo que más valoro ahora en una banda es lo extramusical o la capacidad que tienen algunos músicos de ser ellos mismos por encima de todo.

Y ya que mento ‘Some other band’ y estamos hablando de esto… ¿es el principio de un epitafio que no encuentra momento de una muerte anunciada (musicalmente hablando)?
Es más bien un pequeño homenaje al final de una época, de un tipo de gente y de el Madrid en el que crecimos, entre el final de una España y el principio de otra. Los bares y la gente que iba a ellos cuando teníamos entre los trece y los veintipico años ya no son más que un recuerdo en blanco y negro, con sus historias y su olor a otro tiempo. Es una reivindicación a una generación a la que dimos por culo sin parar, pero que con el tiempo valoramos e incluso echamos de menos. Fueron nuestros maestros, muy castizos y sobrados, pero se ganaron nuestro respeto y siempre mereció la pena oír lo que contaban o aconsejaban. Ese Madrid ya no existe y queríamos reivindicarlo con todos sus claro-oscuros en una canción como esta.

El hammond copa el papel principal del sonido, prácticamente está en todo el disco, sin excepción. Incluso en ‘Masterplan’ es donde es el protagonista total. ¿Cuál es el motivo de esta decisión de que el teclado fuese tan omnipresente? ¿Tal ver por el motivo de que Marta Ruiz se encargue también de componer?
De alguna manera Marta es la jefa de Sex Museum y para que las cosas suenen a Sex Museum y se respiren como Sex Museum es necesario que el órgano mande. En el pasado ha podido haber mas equilibrio, pero los Sex Museum reales hacia el futuro son con una Marta omnipresente, es lo realmente característico y diferente. Creo que ella es la personalidad más característica del grupo y girando alrededor suyo todo suena más personal. Yo, por ejemplo, no soy otra cosa que un digno actualizador de mis referencias y gustos.

Y ya que estamos con el recuerdo, ¿es posible que esté totalmente “diseñado” para el formato vinilo? Sé que ha salido en ese formato, pero me pregunto si era la idea principal obviando el CD.
El CD es una mierda, una de las grandes estafas de los últimos años y lo que me hizo perder totalmente la fe en el negocio de la música. Antes de que pasemos definitivamente al disco duro y a las canciones sueltas, nos damos el gusto de hacer las cosas al viejo estilo, en vinilo y con un orden de escucha diseñado por nosotros, con una cara A y otra cara B.

Ciertamente, Barry Sage ha tenido que ser muy culpable (en el buen sentido) del sonido. ¿Delegar la responsabilidad de la producción a Barry en lugar de continuar haciéndolo Fernando os ha dado un mayor respiro?
Barry más que producirlo, lo ha mezclado y le ha dado un aire más asequible, con menos rugido de la guitarra. Si lo hubiera hecho yo hubiera sido más crudo y rasposo, pero hubiera sido menos placido de escuchar.

Eso por un lado. Luego ‘Keep running’ dejaría mostrar una faceta algo más… ¿intimista? Espero que no os llovieran “collejas” por parte de los talibanes más acérrimos.
Los talibanes están lejos de nuestro camino desde hace muchos años. Este tipo de canciones son de las que nos sirven para ponernos a prueba y tratar de superar nuestras limitaciones. Es parte del juego de superación y disfrute en el que a veces se convierte el estar en un grupo cuando no tienes presión, ni de la compañía discográfica ni del mercado discográfico.

Pero oye, nada mejor que –como diría Dylan- ser un expedicionario musical. ¿Tan vital es ir armado de machete para cortar la maleza y que le resbalen a uno lo que opinen los demás?
Sinceramente lo que opinen los demás me la suda bastante, ya he tenido mis épocas en las que estaba más atento de lo que pasaba en el mundo, o al menos a mi alrededor, y lo único que he conseguido ha sido alterarme y cabrearme, así que prefiero ir a mi bola. Los ochenta, por ejemplo, nos los saltamos y los aprovechamos para vivir como si fueran los sesenta. Mientras triunfaban U2, Michael Jackson o Prince, nosotros estábamos redescubriendo a la Creedence o los Who y en lugar de los Dire Straits nos dio por los Stooges, los Sonics o Music Machine. Lo extraño en nosotros no es nuestro camino, sino más bien que sigamos pretendiendo que se nos tenga en cuenta con una propuesta tan distinta. Básicamente somos unos frikis con ansias de notoriedad y con ganas de poner nuestro granito de arena para desmontar la gran farsa en la que se ha convertido la música popular en general y el rock en particular.


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