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Andrés Calamaro: Oficial y caballero.

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“Lo que nos hace paisanos es el paisaje y no el pasado”.

Sabedor de su continuidad y de su hermosa locura, Calamaro habla abiertamente sobre la creatividad, el arte y la droga, siempre mentando a Enrique Bunbury como compañero de oficio. Una conversación que trasciende más allá del tiempo y las agujas del reloj hacia la vejez de las palabras. Dicha entrevista se realizó para el documental “Porque las cosas cambian”, por lo tanto, aquí, se muestra la conversación de manera íntegra.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
Publicada en el documental “Porque las cosas cambian” (Javier Alvero)

Hablemos del sentimiento que hay entre Enrique y tú, tanto musical como personal. ¿Qué fluye entre vosotros dos?
Yo creo que nos tenemos mucho respeto. Encontramos nuestra propia cercanía incluso en la distancia, como compañeros o como colegas de la profesión del canto.

Pero… hubo un inicio, ¿no?
Conocí a Enrique por las camisetas de Héroes del Silencio que la gente llevaba. [Silencio]. Después escuché unas declaraciones que hicieron los Héroes en una entrega de premios en el Palacio de los Deportes (antes de que se incendiara), fui y les regalé uno de mis discos. Los saludé y después recibí un pase para toda la gira. Mandaron a mi casa un credencial con todas las fechas, así que los fui a ver a La Riviera, en Madrid. [Silencio]. Más tarde, nos volvimos a encontrar en éste mismo estudio (CATA) cuando yo andaba terminando “El Salmón” y Enrique grababa con Elefantes. Grabamos algunas cosas juntos; ‘All you need is pop’ además de algún coro más. [Silencio]. Al tiempo vino a mi casa de Madrid para mostrarme un disco nuevo que estaba por sacar. Gesto de respeto que son al mismo tiempo gestos de humildad que también aporta el ser un artista interesante sintiéndonos artistas pares por escuchar música parecida. También recuerdo que me invitó a tocar un tango de Santos Discépolo en “7º de Caballería”, el programa de Miguel Bosé. En la “aldea Mac” es uno de los vídeos de YouTube más vistos [Silencio].

Cierto. ‘Confesión’ se llama aquel tango.
Exacto. Después, no recuerdo con qué excusa, (creo que para mostrarle unos lados-B) quedamos para comer en un restaurante de carne, patatas… Casa Lucio, lugar tradicional, pero Enrique es vegetariano… [Silencio].

Todo un acierto…
Después hicimos una fecha juntos en Zaragoza. Fue un concierto grande… aunque yo estaba en un periodo irregular. Era una época en la que yo sentía que en cada concierto había alguien con un brote ‘phsycho-killer’ con algo.

Pero aún así había contacto.
Sí. Nos seguimos encontrando para tomar gintonics en el Hotel de las Letras. Yo creo que Enrique se convirtió, en estos años, en el artista individual de Rock más interesante y, probablemente, el más importante también. Héroes del Silencio era un grupo enorme que no a todo el mundo agrada porque es imposible gustar a todo el mundo, pero hay algo en la conquista y en… no sé como llamarlo. [Silencio]. Hay algo en el tamaño y volumen de Héroes del Silencio que no se puede discutir. Ya te digo, llegó aquel primer recuerdo de Héroes con las camisetas en el metro.

Háblame de esa camiseta, por favor.
La camiseta era como una especie de contraseña. En Malasaña estaban aquellas camisetas del Agapo, de anfetaminas… o de los Pleasure Fuckers de Kike Turmix. Pero la de Héroes era la que más llevaba la gente. Después vimos otras camisetas de Extremoduro y muchas, en Argentina, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota… pero la verdad es que pasaron bastantes años y Enrique consiguió convertirse en un artista muy independiente que hace lo que quiere con logros extraordinarios para un artista individual de Rock. Está, curiosamente, en el pelotón de artistas que piensan y dicen las cosas con o sin comillas, pero sin embargo no lo puedo escuchar en la radio y casi no verlo en televisión ni por los periódicos. Dice tanto sobre música que llena más páginas de información que el músculo roto de Cristiano Ronaldo o la payasada política de turno también.

Ya sabes lo que tiene la comercialización…
El mainstream tiene una forma perversa pero efectiva de anular lo que da de sí la opinión o la voz artística de los individuos grandes del Rock en España, pero que también se proyecta hacia Sudamérica. Curiosamente, a Enrique no se le escucha por radio y rara vez se le ve por televisión, pero yo creo que llegó a aquellos lugares a donde él quería. Su campaña en México es brutal.

También sabe rodearse.
Así es. Hizo el disco con Nacho Vegas y después el de Panero. Ha arrastrado también una estética personal que a la vez es teatral pero conviviendo con un equilibrio que es el arte alternativo o marginal. Ya sabes, el malditismo. Eso sí, siempre con una personalidad muy marcada por el canto y por la manera de interpretar. A pesar de lo cual es una persona que escucha con los ojos abiertos. Yo creo que Enrique tiene las ideas muy claras aunque no siempre las dice. Después, cuando puede, se explica muy bien y habla con mucha seriedad, no solamente de la música que él mismo hace, sino de lo que le interesa y lo que le parece el Universo y lo que vale escuchar de la música.

Estábamos en que el mainstream encuentra formas de anular lo que podría ser el discurso ético y estético -en algunos casos psicológicos- de las individualidades importantes del Rock en España. No cabe duda de que Enrique, como Loquillo, Alaska, Jaime Urrutia o Miguel Bosé siempre tienen que hacer ese discurso para ser escuchado.

Y si lo escuchan… no agrada. Y aunque agrade van a por el emisor del discurso.
Enrique fue perseguido y estuvo acorralado por el tema aquel de la poesía de Casariego con “Hellville De Luxe”. En lugar de felicitarlo por los versos de lo lapidaron. Es un rockero permeable a la existencia de la poesía y de la literatura. [Silencio]. Enrique tiene una gran legión de “enriquistas” que disfrutan mucho con lo que hacen y yo creo que le agradecen y les importa todas sus transiciones, como la de Héroes hasta lo que proponga con Nacho Vegas, Carlos Ann o Panero… o él mismo en sus resurrecciones.

¿Y contigo? ¿Qué fue lo último que hicisteis?
Lo último fue invitarle a cantar una ranchera del repertorio inmortal de José Alfredo Jiménez en este mismo estudio. Una sesión muy buena, por cierto. Cantamos dos canciones. Una es la que está dentro del disco, que es ‘Te solté la rienda’; un dúo que tiene que entenderse como nuestro gesto de amistad y de gratitud para México, donde hay un público estupendo y exquisito. [Silencio]. Fíjate que en México D.F., en lugar del rastro de aquí del Lavapiés donde puedes comprar cosas viejas o banderas del Ché Guevara, en el Chopo de México D.F. encuentras todo para el cine y para discos. Uno puede rebuscar discos de Enrique o películas de Kurosawa. En México están marcado por eso, por ello agradecen la poesía y la inquietud. Además de adoptar formas teatrales que son parte del artista. El mexicano lleva el respeto como uniforme.

¿Esto sería, como dijo Dylan, ser un expedicionario musical? Llevar la cultura Rock más allá de la leyenda.
La cultura Rock… que se muestra, supuestamente, amplia a las vanguardias, inclusive en las artes plásticas, en la literatura, en la beat generation o determinadas clases de cine… Esa sería un poco la discusión y las inquietudes de la cultura Rock. Hay un gueto rockero que solo practica las influencias y que diluye un poco lo que podía ser su forma individual en un abanico de influencias que quiere presentar. Como un mundo paralelo rockero de muchos grupos que hablan sobre otros grupos pero que no se pueden escuchar porque no hay dónde escucharlos. Enrique trasciende mucho eso. Es popular y artístico, evidentemente es un explorador del Rock y de la cultura Rock. Siempre sabemos que, de algún modo u otro, la gente va a pensar que somos rockeros de “culo blando”, pero al mismo tiempo llevamos un público que tiene diez o veinte años menos que nosotros.

Bueno, dentro de sus posibilidades…
Dentro de sus posibilidades van a ser más selectivos para apreciar nuestro propio repertorio. Yo creo que Enrique Bunbury es extremadamente fiel a lo que realmente le interesa. También es esa clase de persona a la que costaría mucho esfuerzo hacer lo que no quiere. [Largo silencio].

¿Qué opinión tienes respecto a las canciones censuradas por hablar de drogas? A Enrique le censuraron en Santo Domingo por algo así y a ti…
¿Qué cosa?

[Andrés ignora la pregunta y comienza a tocar el piano].

Veo que hay paralelismo. Por eso te lo pregunto.
Justamente, el primer encuentro y saludo que tuve con Enrique fue por unas declaraciones muy lindas que hicieron Héroes sobre drogas psicodélicas o algún comentario que ellos hicieron. ¡Un grupo que tenía un público adolescente hablaba con honestidad sobre drogas lisérgicas! Nuestro primero encuentro fue un poco para mostrar mi acuerdo, un poco, con esas declaraciones. [Silencio]. Parece que somos un colectivo que respeta la sinceridad y que no sería capaz de traicionar el origen de aquellas cosas por las que luchamos en pequeñas batallas cotidianas. Optamos por evitar la hipocresía, principalmente. [Silencio]. La música está llena de drogas. Está llena de marihuana, cocaína, ácidos, sexo… lo que pasa es que es mucha música en inglés. Pero todos los que cantamos y escribimos en castellano, tenemos esa dificultad. Nosotros mismos formamos parte de un público que está acostumbrado a ver cine y a escuchar la música en el idioma original, aunque aceptamos que vamos a ser libremente traducidos y confiamos en la sensibilidad del conocimiento profundo que tienen los traductores que traducen los libros que vamos a leer. Sin embargo, en el cine o la música, estamos muy acostumbrados a escucharla como si escucháramos a John Coltrane.

¿Como algo “ambiental”?
No, quiero decirte que John Coltrane, Pollock o Arzak no tiene problema para el arte. [Silencio]. Lo que nos hace paisanos es el paisaje y no el pasado. Nosotros adoptamos ese paisaje de rancheras y de música de Detroit, Chicago… y de grandes cantantes de tango argentinos. Así como también el inevitable abanico del Flamenco que va desde Camarón hasta el cante de Jerez pasando por el sonido de Caño Roto de Las Grecas o Los Chorbos. Yo creo que con Enrique estamos en un laberinto donde todo el tiempo nos vamos a chocar con paredes transparentes que son canciones de Chavela Vargas o de Roberto Goyeneche. No van a ser nuestras influencias musicales pero van a ir tallando nuestra personalidad y tal vez, con el tiempo, inclusive nos va a ir puliendo y mejorando todavía más. Creo que vamos a ser incluso mejores cuando seamos unos músicos y cantantes viejos (risas).


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