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Los Coyotes: Extraña copa de golpes.

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“Nunca encontramos el éxito en el público, sino en un sector reducido”.

Los Coyotes fueron y son una rara avis dentro del rock patrio que empezaban su andadura cuando los años setenta se despedían y la nueva década hacía una entrada algo dubitativa en la España de la Democracia (entre otras muchas cosas). Desde el rockabilly hasta el rock latino, pasando por el punk, Los Coyotes bebían de las copas nocturnas de la imaginación.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
Publicada en Mondo Sonoro / Nº 187, Septiembre 2011

Procedente de la parte oriental de la comarca del Bajo Miño, Víctor Aparicio Abundancia (Víctor Coyote, para los alumnos aventajados) llegaba a Madrid dejando su Tuy natal para empezar los estudios de Bellas Artes en la capital. Seguramente todavía no era consciente (o quizá sí), pero junto a Fernando Gilabert con la guitarra y también con Nano del Valle “El Paraca” encargado de la percusión, ya germinaba la primera formación de Los Coyotes. “Me encontré con dos tíos que querían hacer un grupo de rockabilly clásico. Quedamos, tocamos, hicimos versiones, compusimos, evolucionamos, gustamos relativamente poco y morimos”. Aunque más tarde se sucederían diversos cambios en la banda, como el ingreso de Ramón Peñas en el contrabajo, que poco tiempo después dejaría la formación para fichar por Bulldog. La salida de Nano del Valle del conjunto daba paso a Carlos Torero en la batería dejando tiempo después el puesto a Celestino Albizu. Ya en última instancia Carlos Mirat sería el percusionista definitivo en los últimos coletazos de Los Coyores. Con la incorporación del multiinstrumentista Ramón Godés se cerraba el círculo. Como curiosidad destacable cabe resaltar que tanto como Gilabert como Godés también formaron parte del Malevaje de Antonio Bartrina. Y es que estas “infidelidades” entre los grupos eran una suerte de perversiones sexuales que derivaban en formaciones geniales que dejaban huella y otras –en menor medida- eran algo pasajeras. “El punk y la new wave sirvieron para que mucha gente se lanzase a hacer un grupo: por hacer música y por molestar. En la época se molestaba a los fachas, a los progres, a los hippies… Excepto a los cuatro gatos que éramos, a todos los demás. La música era más underground antes (hablo de muy principios de los 80). Pero eso no quiere decir que fuera mejor. De hecho era peor. Pero a los veinte años todo parece más divertido”.

El multidisciplinar Víctor Abundancia absorbía influencias del rock and roll más clásico, del punk, del rythm & blues, también del psychobilly o del rockabilly más oscuro, por lo que la mezcla acabó sintetizándose en uno de los grupos más adelantados a su época, pese a toda la explosión de diversidad que otorgaría la masticada Movida madrileña. El arranque consistió en grabar una maqueta que fue radiada en Onda 2 y Radio 3, para dar pie a un nuevo artefacto, un sencillo de tres canciones titulado “Extraño Corte De Pelo” y que además sirvió de revulsivo debut oficial para Los Coyotes. Sonido característico de la nueva ola a caballo con el punk siniestro que con el tiempo acabaría recalando en guiños a Professor Longhair y al rock surfero en “Ella Es Tan Extraña” o a la tan característica y delirante entrega que llevaba por título “El Mono”. Pero el eslabón principal de la cadena y punto de inflexión de la fabulosa fusión -acuñada más tarde como rumbabilly- resultó ser “Aquí Estoy Yo”, un sencillo que sirve de transición y de frontera entre el rockabilly y la rumba. Víctor Coyote ya aventuraba que la música latina terminaría por perdurar. No se equivocaba. “No fui el primero que inventó eso porque Santana ya lo había hecho, así como Ricky Nelson y otra gente. Yo lo hice desde ese punto de vista del post-punk, pero no lo inventé. Si pudiera inventarse ya lo hubiera patentado y hubiese ganado dinero con eso, pero como eso no se puede patentar y tampoco se puede con las películas de vaqueros o las series de médicos, entonces no se puede patentar. Es tan fácil como eso”. Aquella transformada rumba y aires latinos se dieron cita en “Mujer Y Sentimiento”, que por otro lado fue el primer long-play de los chicos de Abundancia, pues todo el material anteriormente editado se componía de maxis y singles. Aquel trabajo sigue siendo a día de hoy el más representativo del conjunto, incluso cosechó un éxito considerable. Aun así, Los Coyotes nunca fueron un grupo que hicieran grandes giras o contaran con un reconocimiento tan masivo como pudieran tener otros grupos de la época.

Pero aquello no era una gran preocupación, de hecho, una de las virtudes de aquel grupo es que hacían lo que querían, se divertían y lo hacían bien. “Mujeres Y Sentimiento” contenía temas tan potentes y a la vez tan delirantes como “Pepe” o la reivindicación de la mujer en “100 Guitarras”. El resultado: una fabulosa combinación de exuberancia tocada de manera poco ortodoxa. “El primer LP (“Mujer Y Sentimiento”) es bueno. Nunca encontramos el éxito en el público, sino en un sector reducido. La prueba de ello es que Los Coyotes nunca tuvieron técnico de sonido ni una “gira” que se pudiera llamar así”.

Sin ser un grupo masivo, Los Coyotes evolucionaban con cada nueva composición dando así un paso más en su camino. Las historias delirantes y textos surrealistas eran también parte de esa miscelánea que Los Coyotes abanderaban. La siguiente puerta en abrirse dejaría entrar nuevos aires y corrientes musicales a la ya creciente montaña musical que atesoraban. El erotismo entraba en juego junto con la electrónica. Potenciaban su imagen de manera sexual y buscaban otras vías de expresión con “Las Calientes Noches Del Barrio” y “De Color De Rosa”, extrayendo de este último la canción “Esta Noche Me Voy A Bailar”, la cual daría título también a un nuevo maxi destinado a las pistas de baile. Para entonces pasaron a llamarse Los Coyotes de Víctor Abundancia. ¿Qué estaba ocurriendo con el sonido primerizo? ¿Por qué esa vuelta de tuerca descolocó a los seguidores? Un giro que provocó las dudas entre su público habitual pero que propició una nueva hornada de curiosos que ahora se arrimaban a las nuevas canciones que sonaban. Víctor prosiguió prácticamente en solitario entregando “Puro Semental”, confirmando así una música hecha para el baile y la seducción. El último estertor lo configuraría “Tocando Sus Éxitos”, una revisión de los temas clásicos que significaba el final de Los Coyotes. “Las disoluciones no deben ser publicitadas. Así fue la nuestra. El legado lo dejaré en mi próximo disco. Ese sí que va a ser importante para la humanidad”. Con el tiempo verían la luz diversos recopilatorios con caras B y cortes inéditos, pero Víctor Coyote ya estaba inmerso en su diversa y prolífica nueva vida musical.


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