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Los Madison: La parte más difícil.

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“No me sienta mal que digan que mis canciones sean lacrimógenas”.

Los Madison muestran al mundo su tercer largo, “Compás de espera”. Ha pasado algo de tiempo para que este LP viera la luz, pero su resultado es tan emocional que cada una de las canciones queman las arterias y los latidos. Txetxu Altube lo explica.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: HÉCTOR HUGO VILA RODRÍGUEZ.
Publicada en Cambio 16

Posiblemente sea pretenciosa mi idea, ¿pero es posible que el título de “Compás de espera” venga referido al tiempo que ha pasado para este segundo trabajo?
En un principio no nos lo planteamos así, pero como tardamos un poco más en grabar el disco aprovechamos un poco la jugada. La verdad, ya te digo, es que no estábamos planteando poner ese título desde el principio. Además, es una de las canciones más importantes del disco, por lo que nos parecía, incluso, muy interesante.

Y es más. La canción abre el LP con los pulsos de un reloj.
Sí. Es un efecto muy parecido. Se hizo con unos vasos, hay también un Casiotone y varios efectos. Como habrás podido comprobar, las dos primeras frases de la canción empiezan con «ya ves, lo tengo decidido. Ya ves, le sigo dando vueltas». Es un comienzo un poco caótico. Y en el fondo es eso, porque mi cabeza es un poco caótica a veces.

Es el tercer disco… ¿se aplicaría eso de a la tercera va la vencida?
Bueno, no lo haces pensando en que vaya a ser la vencida, lo haces pensando en grabar el mejor disco posible. Veremos que pasa. Nosotros estamos muy contentos con el trabajo que hemos hecho y si tiene que pasar algo, bienvenida sea.

Tanto este como “Días de vértigo” y “Vendaval” eran cojonudos, por lo que no hay que esperar a que la gente dicte si esta tercera entrega es ‘la vencida’.
Ahí somos poco objetivos porque son hijos nuestros. Como te decía, tampoco te lo planteas como el salto definitivo, como si tuviera que pasar algo. Como te decía, simplemente haces un trabajo lo mejor que puedes. Pero lo que sí queremos es que esto sea un punto de anclaje en nuestra carrera y de largo recorrido.

Ya son casi diez años y tampoco sois tan conocidos… pero ciertos medios os ponen de grupo revelación.
Tampoco nos vamos a estar preocupando por todo lo que nos digan, sea bueno o malo. Si te vienen malas te lo tomas como algo que tienes que mejorar, pero si te vienen buenas tampoco te las tienes que creer del todo porque no mejorarías nunca. La verdad es que estamos agradecidos de cómo nos están tratando hasta ahora pero nos tenemos que dedicar a hacer nuestro trabajo. También, el que tiene que decidir un poco es el público.

No sé tampoco si habrá mucha diferencia entre públicos. Me refiero por Latinoamérica y vuestros discos.
No hemos llegado todavía a Latinoamérica, pero recibimos mensajes desde allí, aunque no sean masivos. Todo se andará.

Sin olvidar los Estados Unidos. Os va ese palo.
Pues ojalá. Es difícil… pero todo es intentarlo.

Hay dos canciones que destaco, entre ellas ‘Blanco fácil’, por ese country de Los Secretos.
Sí, es un tema, yo creo, de los que más se salen de los discos anteriores. Abre un poco la paleta de colores que hemos mostrado en este disco. No lo veo tanto como Los Secretos. Hay algo más de The Turtles en esa canción. José Nortes y yo nos inspiramos en ellos. Cuando le presenté la canción me dijo que escuchara por esa vía. La verdad es que es un tema que no tenía en mente. Tampoco le hemos dado un toque tan The Turtles, pero sí tiene un punto de referencia para tirar por algún lado.

Pero tiene mucho sonido americano. El pedal steel es casi constante.
Cierto. Ahí está Toni Brunet, músico de la banda de Miguel Ríos con el que estuve yo al principio de la gira de “Memorias de la carretera”. He tocado mucho con él y es un guitarrista acojonante.

Hablando de Miguel Ríos… ‘Juego sucio’ es un Blues a medio tiempo que le pega muy bien.
Eso fue idea de Nortes. Estuvimos mirando los temas y me dijo que tenía muy claro que esa canción la podía cantar Miguel sin ningún problema. Se lo propusimos y dijo que sí a la primera. Y con muchísimo cariño, además.

Observo que Nortes ha tenido las ideas muy claras.
Ha trabajado muchísimo en este disco, se ha implicado incluso más que en los anteriores. Creo que se nota mucho más todavía. En los discos anteriores se había implicado, pero en este ha puesto especial cariño porque ha visto que las canciones estaban muy por encima. Por lo menos es lo que me ha comentado. Le ha echado muchas más horas y le ha puesto mucha más dedicación. Eso es muy importante para nosotros porque lo consideramos como uno más de la banda.

César Pop podría ser otro “Madison”…
No lo puedo considerar Madison porque ahora está con Leiva. Ya me gustaría que César estuviese subido a nuestro carro. Si es cierto que hemos trabajado año y medio juntos haciendo varios conciertos. He aprendido muchísimo de él, musical y personalmente. Además de estar con Leiva también está con su disco, el cual es un discazo.

Creo que con César Pop va a pasar como con Calamaro hace unos años, que de tantas colaboraciones que hizo en algunos discos aparecía el texto de “en este disco no colabora Calamaro”.
(Risas) Pero es que es tan buen músico y lo hace todo con tanto cariño… que se desvive por cualquier cosa que puedas pedirle. ¿Acaba apareciendo en todos los discos? Pues no lo sé, pero eso depende de él.

Ambos tenéis una poesía muy maja. Pero exactamente la tuya… ¿se le podría llamar la poesía del proletariado?
No sé quién diría eso (risas). Y no me parece mal. Pero cuando me pongo a escribir no me planteo si la voy a escribir de una forma u otra, simplemente tengo un papel delante con la guitarra y sale lo que tengo en la cabeza o me quita el sueño. Se supone que vas depurando un poco tu manera de escribir con el paso de los años, pero no es algo que te planteas.

Si no me equivoco este disco ha nacido después de una ruptura.
Sí señor.

¿Y eso fue lo que te quitó el sueño?
Bastante… No sé si llega a la mitad del disco, pero hay cuatro o cinco canciones que están escritas para esa persona. Pero vamos, no solo hay rupturas. El hecho de meterme en la banda de Miguel Ríos dejando lo convencional. El dedicarme exclusivamente a esto supuso muchas horas de sueño.

Dicen que cuando hay una ruptura lo mejor es hacer deporte. En tu caso es componer.
Es como sacar los demonios. En eso soy mi propio psicólogo. Para mí es una forma muy natural de escucharme y de saber que me está pasando. Hay veces en las que escribes cosas inconscientemente y cuando las repasas después te das cuenta de que realmente te sientes así. No sé si seré mi propio psicólogo, pero me ayuda.

En esas canciones… ¿evitabas ser evidente?
Las canciones se repasan muchas veces pero no suelo quitar mucho de lo que he escrito en origen. Las repaso mucho pero me parece más fresco lo que uno escribe de primeras que lo en un momento dado se pueda retocar o filtrar más adelante. Hay canciones que las escribes en un momento determinado y seis meses después igual ya no tiene tanto sentido. Entonces, lo que vas a retocar, quitará sentido al origen. No soy un estudioso de mis canciones, no estoy todo el día dándole vueltas. Sí las repaso, pero no se me va la cabeza con eso.

Ha quedado un disco más emotivo que lacrimógeno.
¡Ojo! No me sienta mal que digan que mis canciones sean lacrimógenas o que son tristonas o que son para cortarse las venas porque a mí siempre me han gustado las canciones que me han hecho llorar. Te hablo de canciones de Roy Orbison o de Chris Isaak. Entonces, que yo consiga eso con una de mis canciones no me parece mal, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que le he removido a alguien por dentro y se lo ha llevado alguien a su terreno, algo que es muy difícil.

Seguro que alguien utiliza la letra de ‘Casi siempre’ para ablandar el corazón de su pareja…
¡¿Con ‘Casi siempre’?! No sé yo (risas). Pero sí te diré que hay una pareja que se ha conocido con alguna canción nuestra. Son una pareja muy amable que viene a los conciertos. La verdad es que cuando te lo cuentan te emociona. Tampoco te planteas hacer canciones para que se enamore la gente (risas). De hecho te planteas hacer canciones para juntarte tú (carcajada).

Pero sale el tiro por la culata.
A veces sí…

Dentro del terreno técnico (exactamente en las guitarras), hay un tema en el que aparece Ramón Arroyo. ¿Hay alguna guitarra Rickenbacker en ‘Me estoy vendiendo mal’?
Sí. Es una guitarra que para mí es muy importante. Tengo una de doce cuerdas. Sé que Ramón grabó con una guitarra barítono y creo que también grabó doce cuerdas. En ‘Lo que queda’ también hay guitarras de doce cuerdas. Le damos mucha importancia a ese sonido porque es muy americano y nos gusta mucho a los cuatro.

Como sabrás, es un sonido que llena mucho. Muy característico de Tom Petty, The Byrds, George Harrison… aquí Los Secretos o Quique González.
Sí, Quique tiene una 660, yo tengo una 360 de doce y otra de seis. No sé si la conservará, hace mucho que no le veo con ella.

El disco finaliza con ‘Me estoy vendiendo mal’, con un fade-out que se apaga con un lamento muy… agobiante.
Me he pues un poco de malo de la película. Antes solía ser el sufridor, pero hay un par de temas en los que me he puesto un poco de malo de la película.

Tras este disco… ¿pretendes seguir una línea o vas a esperar a una ruptura (o romance) para hacer algo más luminoso?
Ya hay temas para el siguiente trabajo. Yo no dejo de componer a pesar de que hayamos terminado yo no he dejado de componer temas. No vamos a esperar a una ruptura para empezar a componer. Hay veces en las que una chica no tiene nada que ver con lo que me está rondando por la cabeza.

También puedes ver la ruptura de tu vecina…
De eso saqué canciones tiempo atrás. Pero tiene que ser gente que esté muy en mi entorno y cerca de mí. Yo no puedo escribir la ruptura de dos famosos de la tele porque no me sale. Tiene que ser alguien que me cuente que lo esté pasando mal y que yo, además, lo esté viendo. La verdad es que no me veo haciendo ese tipo de canciones, no por el tema en cuestión, sino porque me tiene que tocar directamente a mí.

¿Todas las historias te tocan? Habrá alguna que no te toque directamente.
Sí. Se desechan canciones pero no por la temática en particular o porque sea más o menos intensa para mí. Sí hay cosas que escribes con un poco más o menos carga, pero no es el criterio para descartar canciones.

Entonces… ¿qué tiene que tener una canción para que le toque a Txetxu Altube?
Pues que me emocione, básicamente. Cuando estábamos terminando el disco yo me lo ponía en el coche…

…la famosa prueba del coche.
¡Efectivamente! (Risas). Me lo ponía ahí a todo trapo y se me ponían los pelos de punta. Por eso también tardamos un poco más en sacar el disco. Decidimos hacerlo un poco más intenso, emocionante… mejorarlo a la medida de lo posible. Yo creo que la espera ha merecido la pena. Ha cambiado bastante “Compás de espera” desde la primera a la segunda versión.


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