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Josh Ritter: El songwriter del cruce de caminos

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“Con el dinero no se pueden comprar las maneras de hacer buena músicas”.

Nacido en Idaho un 21 de Octubre de 1976, Josh Ritter se ha consagrado a lo largo de los años como un tótem del folk y el country moderno con seis trabajos de estudio a las espaldas, empezando en 1999 autoeditándose un primer álbum homónimo al que siguieron “Golden age of radio” (2000), “Hello starling” (2003), “The animal years” (2006), “The historical conquest of Josh Ritter” (2007) y, por último, “So runs the world away” (2010). A lo que hay que añadir un directo que únicamente se editó en Irlanda en 2006 bautizado como “In the dark. Live at Vicar Street” y varios EPs de gran factura. Próximamente verá la luz su primer libro, “Bright’s Passage”. Viajero desde temprana edad, recorría Norteamérica encaminado a ser neurólogo pero se topó con la música de Dylan y un fructífero viaje a Irlanda hizo el resto. De momento, el joven acompañado de su guitarra y un puñado de canciones va de escenario en escenario con su esposa y también compañera de tablas Dawn Landes para difundir su palabra, tal como lo escenificó el pasado 9 de septiembre en la madrileña sala El Sol, único concierto en España dentro de su gira por el viejo continente.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
Publicada en Efe Eme

Rhode Island, Somerville, Massachusetts, Irlanda… ¿Los viajes han influido mucho en el contenido de tus canciones?
Sí, pienso que especialmente todo en la música tiene un camino natural y también está el ofrecer nuevas ideas que absorbes con la experiencia. Hay mucho de eso en “So runs the world away”, mi último disco. Una canción siempre tiene algo que contar; te puede inspirar una ciudad con vistas al mar, alguna historia que te haya pasado en un viaje, una anécdota con los amigos… cosas, sentimientos que tomas de aquí y de allá, que siguen dándote ideas para futuras creaciones que si no tuvieras no serviría de nada para hacer canciones.

¿Cuán importante es para ti el texto de una canción?
Bueno, siempre es importante tener un punto de visa, siempre, porque, como te decía antes, tienes que contar algo, y eso es lo que termina por influir en la composición para que la persona que lo escuche pueda sentirlo. Mirar, prestar atención a lo que observas para hacer de tu mensaje una historia ajena.

Vas a publicar un libro, “Bright’s Passage”, ¿era algo que tenías en mente desde hacía tiempo?
Sí, efectivamente, era algo que tenía pensado hacer desde siempre. La historia comienza cuando estaba trabajando en mi último disco, escribiendo una canción titulada de la misma manera que cuenta la historia de Henry Bright. El texto iba en la línea del resto de canciones, de manera narrativa, como es el contenido total del disco, pero al terminar de escribirla vi que era diferente, así que desarrollé la idea mucho más. Pero es como una canción, cuenta una historia y se desarrolla como tal, en este caso la de un tipo que regresa de la guerra y las cosas no son como él las había dejado… pero no es algo que podamos llamar triste, tiene varios registros.

Para dedicarte completamente a la música, ¿el dinero te da la felicidad o la facilidad para centrarte en componer sin preocupaciones?
Es una pregunta interesante. Creo que el dinero es una vía que ayuda a mantenerte haciendo algo que te gusta sin preocupaciones, como dices. Puedes comprar cosas o irte de viaje con tu familia, ¿no? Pero realmente con el dinero no se pueden comprar las maneras de hacer buena música por mucho que otorgue una seguridad o una estabilidad económica.

Cuando empezaste en esto, ¿pensabas que podías llegar a vivir de la música?
No, nunca pensé que llegaría a donde he llegado. Pensaba que sería científico o algo así, porque vengo de una familia de neurólogos y, realmente, no creía que fuera a decantarme por la música. Estudié en muchos sitios, como Nueva York, luego estuve una temporada en Irlanda… Pero aunque mi interés por la música iba a más, no me imaginaba ni por asomo a lo que hoy he llegado a ser y lo que puedo hacer, que es grabar y tocar en distintas ciudades mis canciones y viajar después para volver a tocar.

¡Es un gran sueño hecho realidad!
Oh, sí, desde luego. Mi sueño es tocar música, simplemente eso, y expresarlo ya me parece algo increíble y más si me mantengo en ello.

¿Qué piensas cuando te comparan con Dylan, Cohen o Springsteen?
¡Es increíble! [risas] No me puedo creer que me comparen con gente que tiene más de cuarenta o sesenta años y que tienen tanta historia. ¡Ellos ya estaban ahí cuando yo llegué! Llevan unas carreras de muchos años, ya te digo… cuarenta o cincuenta años, y no soy nadie comparado con ellos [risas].

De hecho, el primer álbum que tuviste en tus manos fue el “Nasville skyline” de Dylan.
Es un disco al que le tengo mucho cariño porque me ha dado mucho y, la verdad, es que me ha influido bastante a lo largo de mi carrera. Ese trabajo era lo que la gente podía decir entonces, algo muy representativo que dice mucho.

Entre otras versiones, sueles tocar ‘The river’, de Springsteen, ¿tan importante es esa canción para ti?
Sí, sí, lo es. Es la primera canción que escuché cuando era más joven y me llegó al corazón. Ese sentimiento dura hoy día porque cuenta una historia que tiene muchas similitudes con lo que he vivido, y eso hace que me sienta muy identificado con ella.

¿Qué piensas de la utilidad que tiene Internet para distribuir música?
Bueno, exactamente no sé. Está bien que cada uno pueda poner su música en sus espacios y pueda escucharla gente de otros países y lugares, pero tiene un lado malo, que es que la gente pueda comprarla o no, que ya no vayan a las tiendas y estas desaparezcan. Yo deseo que una gran canción llegue a millones de personas y difundirla, que es algo que antes no se podía hacer y ahora sí, es increíble, pero lo que importa es que podamos escucharla juntos.


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