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Scott Matthew: A taste of rain.

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“Cuando uno es más joven siente la impetuosa necesidad de caer enamorado”.

El cielo encapotado que cubría la ciudad daba un ambiente protector. La lluvia que golpeaba incesante el suelo simulaba ser música de fondo para la presente entrevista con Scott Matthew. El enamoradizo músico presentaba “Gallantry’s Favorite Son”, tercer trabajo de estudio que contiene una nueva y piadosa colección de canciones listas para otorgar esa parsimonia a la que ya acostumbra el hombre de pelo corto y poblada barba.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
Archivo sin publicar

Pero en contra de lo que se puede aventurar debido al clima del día, el calor acogedor del momento implicaba a relajarse bajo la luz artificial y el reflejo de los cristales. Tal y como se puede escuchar una canción, con la mirada perdida y los oídos preparados. Si “There Is An Ocean That Divides And With My Longing I Can Charge It With A Voltage Thats So Violent To Cross It Could Mean Death” asentaba momentos cercanos al cabaret y a la embriagadez, “Gallantry’s Favorite Son” se posiciona como un álbum intimista y hedonista que ha dado a parar a un conjunto de trabajos que a su vez han terminado siendo un modo de vida para el propio Matthew y un error para los demás.

“Pienso que eso es muy importante y te diré el motivo. Esta es mi elección, y es lo que he elegido para desarrollar una especie de sonido. Es un estilo de vida que veo como algo natural y sencillo, y que otras personas consideran algo complicado de intentar. Pero es divertido y fácil hacerlo, pues es simplemente expresarse con música de la manera más simple. Esa es mi historia”. A pesar de mantener la búsqueda del amor como hilo conductor, Scott Matthew se aleja de grises momentos para explayarse a gusto con la animación de sus letras y armonías. Así lo demuestra ‘Felicity’, un salto optimista que catapulta al individuo hacia una subida que tarde o temprano se acaba, estrellándose contra ‘Sinking’, la excelente canción que vertebra este artefacto. “Esa es mi favorita de todo el disco. En realidad tuve una razón feliz para hacer esta canción. Cuando volví a grabar un disco no quería que todo sonara tan igual, prefería que existieran momentos diversos en él. Llega a tocar el alma”. Esa teatralidad cercana a David Bowie o incluso a Antony and The Johnsons ha convertido la música de este australiano nacido en Queensland y afincado en Nueva York en una característica que exalta el encuentro de la barbarie espiritual y la calma que engrandece el sentimiento del amor, efímero para unos e imprescindible para otros. Es la tónica general que enraíza las composiciones tan embelesadas de alguien con un sentimiento claro de cómo se mueve el mundo. ‘Sweet Kiss In The Afterlife’ es una declaración y un resumen de lo que puede suponer la vida de este trovador. Sus sentimientos se complementan con su lírica, y así sin duda, es como mejor lo hace. “Sí. Es así como lo creo. Procuro llevar ese momento gráfico a lo que me pasa sentimentalmente. ¿Sabes? Es un momento feliz dentro de un espacio de tiempo y sería muy hipócrita decir lo contrario”.

Las prisas no son buenas, estropearían detalles minuciosos que forman parte de la mecánica del momento que se está viviendo. Como es sabido, el amor es fundamental para la composición de canciones como ‘The Wonder Of Falling In Love’ o ‘Devil’s Only Child’, pero la cuestión es si es necesaria una incesante persecución del sentimiento. “No hay que tener prisa por enamorarse. Cuando uno es más joven siente la impetuosa necesidad de caer enamorado, lo necesitan. ¿Cuán enamorado tiene que estar uno para ser feliz en la vida? Obviamente es el mejor sentimiento del planeta, pero cuanto menos se busca más fácil es que aparezca. Únicamente es así”. Con anterioridad se dejaba entrever una cierta luminosidad entre algunas canciones, pero es que en cierta medida el cancionero de Matthew en esta nueva entrega atesora algo más de luz y claridad tanto a sus textos como al sonido. “Me siento muy feliz con lo que he logrado en la actualidad. Es algo intencionado en parte. Me gustan las canciones alegres y felices que tienen algo orgánico. Es un trabajo encantador poder vestir las canciones de este modo, ya sabes, sentirla según la escuchas por tu estado de ánimo. Cuando grabé mi primer álbum no era tan experto, pero trabajaba con una gente que estaba contenta y eso se trasladaba a las canciones. Pienso que es muy especial trabajar con las canciones de esta manera”.

¿Hedonismo o nihilismo? Entre esas dos doctrinas filosóficas se debate tanto la música del artista como su propia persona. Alguien que vive sin mirar las manecillas del reloj y que tampoco controla sus pasos sobre el suelo puede ser un nihilista, vivir sin preocupaciones y sin creencias. Sin embargo, un hedonista busca el máximo punto del placer suprimiendo el dolor. Un sendero con un paisaje concreto, sin duda. “Esa mística… ¿nihilista o hedonista? Pues pueden ser ambas. Algunas veces pueden ser atractivas y otras se manifiestan inteligentes. En lo que a mí respecta no me disgustan, cada una tiene su encanto y su filosofía”.


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