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Miguel Ríos: Secretos de guantera.

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“Era imposible cantar una canción que no pasara por censura”.

Miguel Ríos es esa clase de tipos que no conoce el envejecimiento pues el mejor bótox es el rock and roll. Pasando los sesenta años sigue machacando tablas atronando a la vez que revoluciona el pastoso cerebro de algún rancio con sordera crónica. Como una carretera que se pierde en el horizonte en la A-4, Miguel Ríos repasa su mapa de carreteras personal, donde tiene cabida el rock, la política, el futuro y los sueños.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
FOTOS: LUIS AMADOR CASTELLANO.
Publicada en Orpheo

Ha pasado mucho tiempo desde que saliste de Granada, desde que ganaste tu primer sueldo con tu primer EP que fueron 3000 Ptas., y ahora has llegado hasta aquí. ¿Qué recuerdo tienes tú de aquella primera sensación, desde tu primer trabajo hasta ahora que vas a retirarte?
Bueno, la verdad es que sería para escribir un libro, daría para mucho. Yo creo que queda el mismo poder de fascinación que tenía y que sentía al principio. Tengo la posibilidad de elegir las dos fechas, la de empezar y la de terminar, y me siento muy bien eligiendo el momento en el que me despido. Siempre he sido muy pudoroso con respecto a mi estado de forma y no me apetece para nada dejar una imagen que no es la que le convenga a mi carrera, como una persona que se ha dedicado cincuenta años a este oficio. Eso de “una retirada a tiempo es la mejor de las victorias” me lo he tomado muy al pie de la letra.

Entrando un poquito en política… ¿Como viviste la época franquista? ¿Tuviste algún problema con las canciones a la hora de editarlas, pasando por el censor… o simplemente hacías música sin preocuparte por lo que había?
No es que te preocuparas por lo que había, es que lo que había se preocupaba por ti. Era imposible cantar una canción que no pasara por censura y, de hecho, la censura estuvo presente incluso después de que muriera Franco. La verdad que mi actitud política no fue tal hasta “Himno de la Alegría”. Pero, sin embargo, fuimos incómodos a la dictadura más que por una cuestión de ideologías por una de estéticas. El hecho de ir vestidos de forma estrafalaria para los gustos de aquel tiempo y de la gente en ese mundo gris de la dictadura, llevar el pelo largo… todo eso nos hacía ya enemigos públicos.

La verdad es que la dictadura estaba presente en todo, y las canciones tenían que pasar su censura. Incluso las actitudes en las actuaciones tenían que ser muy medidas, porque siempre había alguien vigilando y tenías que tener mucho cuidado en muchas cosas. También en el sentido de lo que cantabas, porque en todos los lados tenías que pasar la censura, en cualquier pueblo había que llevar las letras a la oficina que se encargaba de acudir a la Delegación de Información y Turismo, y ahí te autorizaban o no te autorizaban una canción determinada. Corrías el riesgo de poder cantar una canción en un pueblo y a lo mejor en el siguiente no te dejaban cantarla. O sea, que no había tampoco un criterio uniforme y nacional.
Fue muy incomodo pero también en cierta forma… cómo decirte… Franco, para la gente que no militamos en ningún tipo de organización clandestina, era simplemente una lucha contra el desafuero.

Ahora que has nombrado “El Himno de la Alegría”; fue tu mayor éxito en el año 69 de manera brutal porque el single llegó a venderse en Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia e incluso en Japón. ¿Cómo recibiste aquel torrente de éxito?
La verdad es que fue como una lotería (risas). Lo hicimos aquí en castellano y de pronto empezaron a pedirnos que lo grabáramos en inglés; vinieron unos productores ingleses para que grabáramos con ellos, hice la grabación y de pronto salió en Holanda antes de editarse en otros países de Europa, más tarde en Estados Unidos, donde fue muy fuerte, en Alemania, donde estuvo número uno muchísimas semanas… Fue un éxito mundial que sucedió al mismo tiempo del flower power y creo que tenía que ver con los deseos de paz en el mundo. Estaba la guerra de Vietnam ahí por medio, y la canción era completamente pacifista. Encajaba perfectamente con el sonido de Mamas And The Papas, ese tipo de música hippie… Nosotros no esperábamos tantísimo éxito, y por eso digo que fue como una lotería, porque lo hicimos para consumirlo en el mercado local. Aquí tuvo éxito también, aunque hubo unas críticas bastante severas por parte de los sectores clásicos que se sintieron un poco atacados en la pureza del legado “Beethoviano”, pero yo creo, y me lo ha constatado gente, que nosotros despertamos el interés en que se escuchara la verdadera, la Novena Sinfonía de Beethoven, que sirvió un poco como incentivo para que la gente conociera la obra original.

Bien cierto es que la letra dice mucho sobre el ser humano, la necesidad de hermanarse con sus semejantes. ¿Crees que estamos perdiendo la conexión entre los humanos, la armonía que hace falta para que tengamos la paz que buscamos?
Claro, últimamente y yo creo que desde toda la historia de la humanidad. Porque Beethoven se basó en un poema de Schiller para hacer la Novena Sinfonía. Schiller ya detectaba y denunciaba la falta de humanismo. Yo creo que Beethoven consigue hacer
una pieza humanista como es la Novena Sinfonía, cargada de la esperanza en el futuro del ser humano, de la convivencia humana, del desarrollo, de la relación entre iguales, de la espiritualidad del ser humano como algo no inherente a la religión, sino inherente a la propia persona, a la dignidad. Cuando canto El Himno de la Alegría me sacude la emoción, y por eso siempre lo canto con la voluntad de no repetirlo, sino inventarlo cada vez.

Me apoyo mucho en ese sentimiento de que estoy cantando una pieza única para la dignidad del ser humano en el planeta. Y sí, es una total decepción en el hecho de que seamos tan torpes para llevarnos bien, de que estemos tan mal armados psicológica, espiritual y moralmente para no entender que el mal de cualquiera es tu propio mal, que esa gente que no puede dormir, que no puede comer, no tienen sitio donde desarrollarse, chavales que se prostituyen en África y en el tercer mundo, los que padecen pandemias acojonantes totalmente solucionables con unas medicinas que nosotros poseemos y ellos no… Todo ese tipo de injusticias y de insolidaridad que existe en el mundo debería simplemente poner las pilas a la gente que tiene el poder para solucionarlo, porque es solucionable. Está claro que lo que nos gastamos en armamento, o en organizar las reuniones del G-20, por ejemplo, con ese dinero le quitabas el hambre a Etiopía. O sea, todo ese tipo de derroche que hacemos en Occidente, con tanto boato y tan hortera, es dinero tirado. Simplemente con lo que nos sobra en nuestras mesas comería la gente más necesitada en la humanidad y creo que eso lo ve la gente golpeada, ahora la comunicación global hace que esté todo el mundo informado y en una aldea de Zambia alguien puede ver que aquí tiramos los platos llenos de comida. Ven el derroche de la abundancia y la gente se echa al mar y tiene todo el derecho a quitarnos el plato que vamos a tirar a la basura. A sí que yo creo que sí, que está muy mal construido el mundo y tiene muy pocas posibilidades el ser humano de ser feliz completamente o, por lo menos, de ser relativamente feliz mientras vea lo que suceda alrededor.

Ahora, si eres ese tipo de gente que te pones una venda y solo ves el pequeño mundo que te rodea y te aíslas, pues podrás ser feliz, pero eres culpable. Estar mal informado te hace una persona que no tiene mucho valor social. Creo que en ese sentido es muy importante que sepamos que este es el tiempo de buscar otro mundo más justo y otras posibilidades de desarrollo.

¿Qué significaron para ti los días 5 y 6 de marzo de aquel 1982?
Fue la grabación del Rock and Ríos en el pabellón del Real Madrid, ya no existe tal sitio. Fue una aventura realmente importante para mi carrera. Estuvimos ensayando sólo nueve días con una gran banda, músicos muy competentes y solidarios, por eso se pudo hacer, porque ellos eran realmente buenos. Grabamos en directo un disco para celebrar que llevaba 20 años ya en la música e hicimos el disco más celebrado por mis seguidores de todos los que he grabado. Dos noches espléndidas en las que lo pasamos muy bien y yo lo recuerdo con verdadero cariño.

Hablemos del nuevo disco “Memorias de la Carretera”. Un temazo compuesto por Carlos Raya. Pienso que esta canción es una declaración de intenciones a cerca de lo que has vivido todos estos años entre giras y carretera. ¿Cómo querías enfocar todo esto al público que lo iba a escuchar por primera vez?
Es un recordatorio hacia mí mismo de lo que he vivido. La solidaridad, la cantidad de risas e ilusiones que hemos vivido… Para mí, la carretera es la metáfora de la vida. Quería que tuviera sentido para toda la gente que oyera la canción, que fuera coherente con mi vida. Y nada, le pasé el texto a Carlos Raya, me dijo que le gustaba mucho y empezó a poner música sobre el texto. Pero era más larga, yo lo había escrito como esas canciones de Dylan que se hacen eternas, que son casi salmodias.

Como ‘Desolation Row’, ¿no?
Exactamente. Pero luego nos dimos cuenta de que necesitábamos ser más económicos en cuanto a la duración del tema y bueno, creo que quedó una canción que me gusta mucho. Me parece una canción que de alguna forma como tú dices retrata un poco la vida que he vivido y la de la gente que me ha seguido.

Siguiendo con el disco; una de las canciones que más me gustan es El Ángulo Muerto, tema de Lapido. ¿Cómo adaptaste ese tema?
Ahora paso bastante tiempo en Granada, y con José Ignacio (Lapido) tengo bastante relación, me parece uno de los mejores músicos que hay en Granada y uno de los mejores compositores de España. Ahora mismo escribiendo rock hay muy poca gente que escriba con el sentido literario que tiene él, con esa visión tan personal de los textos. Es un tipo originalísimo en el planteamiento de sus historias.

Estuve en los ensayos de la grabación de su disco, Cartografía, que es en donde está En el Ángulo Muerto, y cuando empecé a grabar el Solo o en compañía de otros sentí que me apetecía mucho hacer una versión del tema. A él le pareció bien, así que nos metimos en el estudio con nuestros músicos y le dimos una vuelta un poco más blues, su versión es algo más étnica. Pero el tema es verdaderamente brutal, como todo el disco de José Ignacio. Lo recomiendo fervientemente a la gente que pueda hacerse con Cartografía porque tiene unas canciones increíbles. Soy un superfan de Lapìdo.

Además José Ignacio Lapido está como un poco olvidado, cuando estuvo con 091 también estuvieron en un segundo plano y ahora el está jugando en una división que digamos, tenía que estar más arriba.
Sí, pienso lo mismo. Es que cuando ves a la gente que está en la división de honor y luego ves a algunos que están en divisiones inferiores, hipotéticas divisiones, todo hay que decirlo… pues claro, uno se rasga las vestiduras porque dices, joder, si este es un nastuerzo que está aquí con un éxito acojonante y hay aquí tíos que le dan sopa con honda… pero creo que, en ese sentido, el rock ha perdido muchísima influencia en la sociedad. Pienso que la industria, salvo pocas excepciones, de lo primero que prescindió fue del rock cuando vinieron mal dadas. No es lo mismo grabar un disco con Lapido, pongo por caso, que tiene una idea que sabe cómo la va a hacer, que grabar con cualquier cantante latinizado, que canta música para la entrepierna mayormente y que le ponen cualquier productor que le dice qué grabar y cómo peinarse y no plantea ningún problema. Chicos dóciles para la máquina.

La industria se tiró por el lado más chungo de la música, el menos arriesgado, y empezaron a clonar lo que creían que tenía éxito que era la fórmula esta de Operación Triunfo. El rock ha perdido fuerza en la industria, pero, sin embargo, ahí tienes a gente que sigue tocando y sigue haciendo mejor que música que nunca, o sea, canciones como las que hace Lapido o canciones como las que hace Quique González. Siempre hemos estado unos cuantos haciendo canciones, pero ahora la abundancia, la actitud y la credibilidad que tienen la música y los músicos ahora… es estupenda. Sin embargo, tienen menos sitios donde actuar, menos medios donde se vean reflejados sus temas, cada vez existen menos vehículos de difusión para llegar a la gente, al gran público, e Internet es una cosa que está muy bien, pero claro, también para que te escojan a ti entre la inabarcable oferta, tienen que pasar muchas cosas. Ahora mismo lo malo de todo esa hornada de creadores es que, por desgracia, estamos en un momento que no sabes por dónde van a ir los tiros de nuestro oficio de creadores, no se sabes a qué carta quedarte. Realmente ahora mismo es un tiempo revolucionario donde, de alguna forma, se sabe que el formato CD va a desaparecer, pero no se sabe cómo la gente joven va a poder vivir de su trabajo en Internet. A la gente que le ha pillado justo creciendo creo les ha fastidiado.

“Soy un tío muy curioso y aprenderé hasta el día que palme”.

Hombre, yo veo, pienso y opino que el vinilo está volviendo a resurgir, aunque nunca se fue, pero está volviendo a tomar importancia en el mercado y también gracias a Internet, muchos artistas noveles están dándose a conocer gracias a ello, pero el problema es lo que dices; que el formato físico pierde valor y es una pena.
Lo del vinilo siempre existirá, pero se harán cosas minoritarias, para exquisitos, de las cuales no se podrá vivir. Vivir de la música, que es lo que desean todos los profesionales en cualquier profesión, es muy difícil para la mayoría de los músicos. Simplemente comprar equipo es carísimo, sigue siendo un oficio muy caro mantenerse. Ensayar es caro, los locales de ensayo son caros y luego actuar es cada vez más difícil para la gente desconocida, y los ayuntamientos en sus bolos de verano sólo apoyan a los artistas que tienen más difusión, más medios.

Respecto a Internet, ahora se están vendiendo más canciones en la red que en las tiendas, por lo menos en Estados Unidos y en muchos de los países de nuestro entorno. La gente no quiere tener soportes porque les resultan incómodos y la industria sabe que se van a piratear, pues entonces se crean contenidos. Ahora está lo del streaming, música a la carta. En ese sentido, bueno… la verdad que esa es una guerra a la que yo no me presto, tío, porque ya no es la mía. La seguiré con mucho interés porque, evidentemente, soy un tío muy curioso y aprenderé hasta el día que palme. Pero no voy a pelear porque ya no estoy en este mundo (risas).

Te vi el 8 de septiembre con Aterciopelados en Madrid y me resultó grave que la policía… bueno y los vecinos que se quejaban del ruido hizo que el concierto del grupo colombiano se cortara casi por la mitad.
No me enteré porque íbamos a haber tocado de 8 a 9 de la tarde y luego nos llamaron y nos dijeron que se había retrasado la actuación, pero yo tenía una cena, así que canté y me tuve que ir. Luego me enteré, al otro día, de que habían suspendido el concierto y de todo lo demás.

Fueron quejas de los vecinos por el ruido y en Madrid ya sabes, hay mucho lío con esto de las actuaciones y muchas normas de que a una hora hay que cortar.
Sí, Madrid es una ciudad inhóspita para la cultura popular. Todo lo grande que fue para la época de La Movida, todo lo extraordinaria y renombrada que fue a nivel, casi, planetario… y ahora mismo es una ciudad totalmente carca, tío. Una ciudad donde no pasa absolutamente nada en ningún aspecto y mucho menos con lo que tenga que ver con la modernidad. Mira donde están sucediendo las pocas cosas que suceden, en Barcelona y en la periferia, en lo que antes se llamaba provincias. Madrid, es una ciudad que se la ha cargado la derecha más retrograda, la de Álvarez del Manzano, que eran gente que la cultura popular no la tragaban, para ellos la cultura es siempre con mayúsculas y tiene que ver con lo decimonónico… No están para nada por la labor de hacer una ciudad joven, moderna y cultural.

Lo de Aterciopelados me dio mucha pena no estar ahí para haberles ayudado y haber protestado duramente y decirle a los vecinos… en fin. Yo ya te digo que tocar en Las Vistillas es una mierda porque es un sitio pequeñísimo y ahí siempre alguien se va a molestar… A mí me pareció, viendo el ambiente, que el festival de cooperación tenía que haber sido en otro lugar, haberlo hecho en otro espacio sin tener que pedirle permiso a ningún ayuntamiento, que sea contrario a la ideología que se perseguía en el festival, que era algo así como “vamos todos juntos a conseguir el 0,7% para donarlo.”

La derecha cuando estuvo en el poder reprimía cualquier intento de integración de la gente que venía de fuera, así que es absurdo pedirle ayuda para que te cedan un sitio a alguien que no cree en eso. Yo cuando hablé con la Secretaría de Estado para la Cooperación, que estaba allí y me contó las pegas que inicialmente le pusieron desde el ayuntamiento, le dije que había muchos más sitios donde se puede ir a tocar, aquí o cerca de Madrid. Está Rivas, u otros pueblos cercanos que son favorables a la causa de la solidaridad o incluso alquilar un local.

Como El Matadero.
El Matadero está muy bien porque no molestas a nadie y se hacen cosas estupendas. Tienes una explanada gigantesca. Pero bueno, que aprendan para que el año que viene lo hagan allí.

¿Tú crees? ¿Crees que aprenderá la clase política a respetar estas cosas? Como lo que hicieron aquí en Madrid intentando cerrar “El Johnny”.
Sí, mira. ¿Sabes qué pasa? Nosotros los músicos nos hemos convertido en una clase pasiva. El sentido de la lucha sindical de clase nunca lo hemos tenido. Si hubiéramos sido un colectivo que nos organizáramos como los actores o como los trabajadores de los altos hornos de Bilbao o de los astilleros, su hubiéramos tenido esa conciencia de clase a nosotros no nos hubiera pasado lo que nos ha pasado. Y tendríamos la posibilidad de tener una voz única y responder ante todo tipo de abusos que están haciendo con toda nuestra profesión. Porque nadie se preocupa de saber cuántos miles de parados hay ahora mismo en el sector cultural en la música.

Ahora mismo que estoy haciendo un tour y sé qué cantidad de trabajo había el año pasado y el anterior, pues este año no hay ni la mitad de la gente trabajando que había el año pasado. Son muchos miles de personas, en toda España, las que han perdido el trabajo, como trabajadores autónomos, de las tiendas de discos cerradas, de las compañías disqueras, de las empresas de alquiler de equipos, etc… Pero aquí los músicos teníamos que habernos puesto a protestar: “Miren que a mí no me pueden cerrar los sitios donde toco sino me dan otra alternativa.”

Los gobiernos autonómicos y el nacional tienen que velar porque este tipo de manifestaciones siga siendo posible, porque si tú cierras un local como ahora “El Johnny” estás cerrando treinta o cuarenta años de historia, de haber contribuido a la formación intelectual de muchísimas personas. Al mismo tiempo, están impidiendo que muchos profesionales vivan de su trabajo y es nuestra obligación defenderlo con las razones que nos amparan. Aquí si protestamos y empezamos a escribir todos nuestra protesta, tenemos fuerza… afortunadamente hemos reaccionado y se ha parado, pero esto al cuarto de hora, cuando estemos insensibilizados, lo montan otra vez, se lo llevan y adiós.

No sé, la verdad es que tendríamos que haber aprendido más de otras profesiones que se han visto obligadas a luchar y han conseguido, por lo menos, vivir con una dignidad.

Pienso como tú y opino también que el país y la sociedad anda aletargada, tal y como está todo, sigue siendo muy conformista.
Sí, es conservadora… mientras no sea que les quiten las cosas que ellos valoran con un valor inmediato, que la copita no se la quite nadie ni el porrito en el parque. Yo creo que la gente no lucha, incluso esa palabra “lucha” se ha quedado demodé, y claro, de eso se aprovecha la otra parte de la sociedad que al no ver contestación de ningún tipo, hará lo que quiera con nosotros.

Pues ahora que nombras la lucha musical, que hay que hacer algo… me viene a la memoria el nombre de Quique González, que de nuevo toma las riendas de su trabajo yéndose de la discográfica, digamos que se ha liado la manta a la cabeza.
¡Su último disco, Daiquiri Blues, es genial, tío! Es brutal, el mejor disco de Quique en años. Es una persona que está ya dentro de una categoría y muy reconocida. Gente que puede tocar en teatros, que tiene público fiel que le va a ir siguiendo en ese tipo de formato intimista… el es un maestro y va a sobrevivir. Pero es una pena que la industria no haya estado detrás de su último disco como debería, porque está detrás de discos malos y es ahí donde radica el mal. Es un muy mal síntoma que la industria no apueste por la calidad. Que deje que discos como el de Quique se les escapen. Es confiar muy poco en la inteligencia de sus clientes, ese ha sido el gran problema. Warner tenía que haber peleado por ese disco y lo ha dejado escapar por razones que no voy a revelar. Eso mejor lo cuente Quique que es el padre de la criatura. Pero ya te digo, el disco merecería que las compañías se pelearan por él, porque es un disco brutalmente bueno.

Hubiera sido una pena que no hubiera llegado a ver la luz.
Ese disco ha salido con más o menos dificultados pero vosotros, que estáis al otro lado de la trinchera haciendo difusión de lo que sale, tendríais que ayudar, darle espacio, convencer a la gente de que es un tío que merece la pena tener en cuenta y que siempre ha hecho discos cuando menos muy buenos y, en algunos casos, extraordinarios.

Para ir acabando… salió casi a la misma vez que tu disco, un tributo llamado “Bienvenidos” donde aparece gente como Loquillo, Bunbury, Iván Ferreiro, Los Secretos… que son gente que nos pusieron en el mapa, pero sin embargo son músicos (algunos) que no tuvieron colaboraciones anteriores contigo ni vuestras carreras están tan ligadas.
Sí, es genial. Ciertamente nosotros no hemos tenido mucha relación, porque existe un salto generacional. Ellos siempre que me han visto a mí, en privado, me han manifestado, bueno, iba a decir admiración, pero no es la palabra, pero sí su respeto por el hecho de que yo haya llevado tanto tiempo y haya hecho algunas cosas por la profesión, como dignificar el rollo de los escenarios, hacer conciertos con buenos equipos…

No hemos sido amigos ni tampoco lo somos, quiero decir que no hay una amistad como con Quique (González), que salimos, nos vemos, nos tratamos… pero eso no quiere decir nada. A mí la música que hacen me parece fantástica y todo el respeto del mundo como músicos, aunque tenga menos relación o no sean de mi círculo íntimo.

Yo creo que lo el tributo es la idea de una compañía de discos que llama a unos cuantos compañeros y les propone hacer un disco con las canciones de un señor determinado. Normalmente esto funciona así, si hay material que tú puedas hacer tuyo, como pasa en mi caso, que he trabajado en tributos de otros músicos y si hay una canción que me cuadre, trabajarla hasta el punto de hacerla sentir como una canción propia, pues se hace. Y eso es lo que ha pasado. Gente como los que tu mencionas y gente con la que tampoco tengo mucha relación como Amaral, Iván (Ferreiro)… bueno, con Iván sí, lo he visto dos o tres veces, pero Amaral y otros colegas con la que no tengo mucha relación han cogido canciones que a ellos les parecía que podían hacer.

La verdad que en ese sentido el disco me ha gustado mucho. Están mis viejos amigos, compañeros míos de aventuras como son Serrat, Víctor y Ana y Joaquín (Sabina) que digamos esos son mi círculo natural. O gente como Javier Ruibal, al que tengo muchísimo cariño y gran admiración. Pero resumiendo, el tributo me ha gustado mucho, tengo que decir gracias aunque no haya intervenido para nada ni en la selección de los temas ni en la de los artistas. Lo único que puedo añadir es que nunca he participado en un tributo a un compañero si, además, no lo admiraba. Estas cosas sólo se hacen así.

Y para terminar. Ahora que la gira va a ir acabando y te vas a ir… ¿Qué vas a extrañar de todo esto?
¿Qué voy a extrañar? Pues hombre, el hecho de tocar. Pero eso lo puedo solucionar porque voy a hacer una fundación que se llamará Solidarirock y a través de ella voy a cantar no tan seguido como ahora ni yo solo, por supuesto, pero sí colaborando con gente. No haré un concierto entero, cantaré varios temas con otros amigos a favor de ONG de las que me llaman para colaborar y ahora me cuesta más trabajo hacerlo porque estoy trabajando más en lo mío, aunque casi nunca se tiene un no por respuesta. Cuando acabe esto en 2011 tendré libertad para hacer todo ese tipo de cosas. Devolverle algo a la sociedad y matar el gusanillo de cantar. Porque cantar es muy gratificante, es algo físico con unas sensaciones realmente placenteras que te producen una cierta alegría muy especial. Pero como todo lo que engancha te cuesta, nada es gratis.

Pero hay muchas más cosas que hacer, yo no me voy a desvincular de la música en el sentido amateur (de amante), pero lo que no haré es estar ya en el mercado de la carretera. Lo que sí quiero es tener tiempo para mi, pensar no como persona pública sino como ser privado. Tener esa otra vertiente y prepararme que el aprendizaje en la vida es para siempre (risas).

¿A quién le estás tan agradecido de estar donde estás?
Pues la verdad, Charly, yo le estoy muy agradecido a la gente que me ha traído hasta aquí, el público más que a nadie porque son los que me han mantenido durante casi cincuenta años viviendo de la música, haciendo la música que yo quería, liberarme de las dictaduras y de las compañías de discos muy pronto, pagándome el alquiler del apartamento… Todo eso se lo debo a la peña que me ha subido y son, en definitiva, a los únicos que les debo algo. Son mis mecenas.


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