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Carlos Segarra: Cristales rotos.

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“Siempre digo que soy de los pocos privilegiados de mi generación que me gano la vida con la música y haciendo lo que más me gusta”.

Con “Noches de Luz, Días de Gas”, Carlos Segarra celebra el treinta aniversario de Los Rebeldes, una de las formaciones rockeras más auténticas del rock español. Una buena ocasión para charlar con este veterano rockero.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
Publicado en Efe Eme

Todo este tiempo te ha tenido que cundir, treinta años dan para mucho.
Mucho.

Le dabas al judo, además.
Yo dejé el judo por la guitarra, fui campeón de Cataluña intercolegial y la primera guitarra que tenía era una que me regalaron con ocho años que estuvo ahí ocupando sitio en mi habitación y en la de mi hermano hasta que… ya con doce o trece años, tienes colegas que tocan la guitarra y dices: “joder, cómo mola eso de tocar la guitarra, habrá que ligar de alguna manera”, esa etapa en la que las tías dejan de ser esas tontas que molestaban todo el rato a decir: “hummm… son tontas pero creo que algo voy a poder sacar de esa tontería” [risas]. Entonces le puse cuerdas metálicas de acústica a la guitarra, ese mástil empezó a doblarse… por supuesto que no cambiaba las cuerdas, hacía un nudo con gran habilidad en plan McGyver. Entonces, ¿qué pasaba? Que al empezar a tocar la guitarra se me quedaban los dedos en carne viva y, claro, al agarrar al yudoka de la pechera los dedos me dolían, por lo que tuve que elegir entre el judo o la guitarra. Tú imagínate las yemas abiertas, iba al suelo [risas].

¿Qué guitarra era?
Una española marca la pava. Desde los ocho que la tenía hasta los doce o trece que la pillé… imagínate lo que me compraban mis padres con siete u ocho años, la guitarra para la foto y hacer el gilipollas [risas].

El rock and roll y las hormonas. ¿Una forma de ligar?
Sí, bueno, también. Era para ligar pero no era para ligar… En esa época no se ligaba, sigue siendo igual, ellas ligan, no nosotros. Pero digamos que tenías alguna opción.

Un grupo en el escenario era el escaparate ¿no?
¡Exactamente! [risas]

Pero esto de la música te viene de familia.
El padre de mi mujer actual es de la época de Los Sírex, tocaba en un grupo que se llamaba Tony y los Blues y el primo hermano de mi padre había tocado en el Dúo Juvents, Eliseo del Toro, y en una época hizo de sustituto en Los Sírex. Músico y batería profesional. Curiosamente, yo soy el raro de mi familia, que es una familia de baterías. Mi abuelo José Segarra –tengo discos suyos de piedra de cuando la época del foxtrot, fotos…–, tuvo épocas de vocalista-guitarrista, de vocalista-trompetista, vocalista-contrabajista… y todo bien hecho. Y yo soy el rascatripas, el que toca la guitarra. Se dieron casos tan curiosos como que el primo de mi padre me dijo: “Coño, tú no has acabado la carrera de música que todos en la familia la tenemos, compones una canción sin saber música ni escribirla –sí se, pero no me da la gana o a medias– y tengo la partitura de una canción que has hecho tú”. Y era una partitura de batería, que no es de notas, es de tiempos… quizá así la gente no lo entenderá porque no es muy gráfico, pero en lugar de notas está el golpe donde va el charles, negras, blancas… donde va la caja, el bombo… Una partitura de batería no es una partitura común; es eso, el tiempo.

Otro tema reseñable, que además se deja ver en vuestra canción ‘No me gusta trabajar’, es que el hecho de meterte en un grupo era retrasar la incorporación al trabajo en una fábrica.
Sí. Ninguno de los que empezamos en Barcelona a tocar en un grupo de rock and roll pensábamos que nos íbamos a ganar la vida con eso y cuando digo esa frase realmente estoy recreando lo que dijo John Lennon: “Tenías el instituto, los amigos con los que formabas una banda para retrasar la inevitable incursión al mundo de los adultos”. Fuera una fábrica, fuera en un estudio, fuera en una caja de ahorros, de hecho yo tuve una época cuando dejé el colegio, estaba con la banda que estaba haciendo oposiciones para trabajar en La Caixa y era eso, como de un momento a otro me iba a tocar dedicarme a lo que no me iba a dedicar… cuanto más tarde, mejor. Por eso siempre digo que soy de los pocos privilegiados de mi generación que me gano la vida con la música y haciendo lo que más me gusta.

Ahora que citas a tu generación, la vuestra vivió una etapa represora como fue la dictadura y luego otra de cambios en el momento de la Transición y los diferentes movimientos artísticos. Siempre has dicho que había que rebelarse contra la dictadura.
Es que nosotros veníamos de una dictadura política, cultural, social, militar y musical. ¡Pero ojo!, que ha habido países con una dictadura pero había rock and roll en la época. El problema en este país es que era una dictadura a la española, decimonónica. O sea, vinieron los Beatles a Las Ventas en Madrid y a la Monumental en Barcelona, que esto lo tengo yo filmado, había un chavalito con flequillo bailando y venía un policía armado sólo para él con el barboquejo y le decía: “¡Siéntese caballero!”. Es que en este país la dictadura fue… fíjate que hasta el hijo de puta de Pinochet, que es una figura que odio, incluso con él en el poder se seguía haciendo el festival Viña del Mar, que era de rock. Es que aquí, con Franco, ni eso, la dictadura fue personal, militar, social, cultural, didáctica, pedagógica… o sea, todos los libros de texto estaban completamente… cómo sería la palabra…

¿Politizados?
No, no me sale la palabra ahora… bueno, ¡que la historia la escriben los vencedores! Pero la palabra que busco no me sale, es más falaz.

De manera muy rancia…
¡Ah! Además de todo lo que te he dicho, también fue rancia. Porque olía a caspa y a antipolillas.

Hace muy poco que conseguí recortes de cuando los Beatles vinieron a España, entre periódicos viejos de mi abuela y recuerdo un titular que decía: “Los Beatles en Madrid, una ligera decepción”.
Es que la policía armada tomó La Ventas. Por ejemplo, Miky, de Miky y los Tonys, se coló y era hijo de teniente-coronel.

Decía también este artículo que se quedó muchísima gente fuera porque no les dejaron entrar.
Claro, porque el régimen quería que se viera que “Spain is different” y que por mucha sueca en bikini por Benidorm que hubiera que dice “España es diferente”, aquí la juventud no se deja llevar por bajas pasiones, menos cuatro colgados. Sobre esto te recomiendo un documental que lo puedes encontrar en Youtube que se llama “Los Beatles en España” en el que salen todos los de la época que asistieron al concierto, hay actrices, actores, músicos…

De diferencias y comienzos quiero reseñar que cuando empezó esta nueva ola, empezasteis vosotros, etc., había diferencias entre Madrid y Barcelona, como por ejemplo con La Movida, muchos medios de la época se dejaron influir por los destellos de todo aquello…
Se dejaron epatar, sería la palabra.

Entonces Barcelona se quedó algo desplazada y se le dio de lado.
Mira, siempre hemos dicho, e incluso la gente más rockera de Madrid lo ha reconocido, cuando estalló un poquito La Movida, que su procedente a lo mejor era el rock urbano, Leño y todo eso… los barceloneses por desgracia teníamos a los hippies [risas], el rock layetano, etc. Pero quieras que no, siempre me ha recordado Liverpool-Barcelona y Londres-Madrid porque lo que no llegaba a Madrid llegaba a través del puerto de Barcelona. No es el mismo caso porque Madrid lo que tenía era las bases americanas, entonces sí sé de casos paralelos incluso anteriores a nuestra generación, hablo de la mía, la de Loquillo, etc., en los que sí llegaban discos de rock and roll, pero a las bases americanas llegaba sólo Elvis, por decir algo. A Barcelona llegaba Gene Vincent, Eddie Cochran… por eso Los Sírex vestían de cuero y en cambio los estudiantes de aquí [Madrid] vestían más como The Shadows, por eso aquí la movida del rock and roll fue más…

¿Más Mod?
Hmmm… más ye-yé. Aquí se decía más ye-yé y en Barcelona se decía más rock and roll [risas]. Es lo que tienen los puertos, lo tenían Liverpool, lo tenía Hamburgo.

¿Y las peleas entre mods y rockers?
En Madrid sí, en Barcelona jamás y te lo voy a resumir muy rápidamente. Con Albert Gil, el de los Brighton 64, la banda mod en Barcelona, al igual que Los Rebeldes era la banda de rock and roll por excelencia, hablamos de esas tonterías y a ver; mi discografía era: Chuck Berry, Eddie Cochran, Buddy Holly… todos los de los Beatles, por supuesto que ahí coincidíamos los dos, y luego él tenía más de los Kinks y los Who que yo, y él tenía menos Chuck Berry que yo, pero digamos que la proporción en nuestras discográfias eran de sesenta a cuarenta o de setenta a treinta y… ¿para qué íbamos a discutir?

Un prejuicio muy tonto.
Claro, ¡si teníamos los mismos discos en mayor o menor proporción! Lo que no puedes hacer es pelearte por imitación, cosa que en Madrid sí se hacía. La gente veía “Quadrophenia” y se peleaban por imitación. O sea, tú te peleabas con el amigo de clase un año antes porque lleva cresta o lleva flequillo en vez de tupé. ¿No era amigo tuyo? ¿No ibas a casa de su madre? ¿Os vais a pelear por eso? Es triste porque se peleaban un verano y eran amigos que se iban a merendar el uno a la casa del otro.

Como lo que has dicho de que no hay que valorar al músico por lo que le midan las patillas o el bajo del pantalón.
Esa es mía, seguro [risas]. No me acordaba pero me suena, me reconozco.

Y ahora que hablamos de peleas… ¿Qué pasó cuando se estrenó “Grease” en Barcelona?
Tiene leyenda eso, es buenísima. Eso fue como convertir un fracaso en un éxito. Digno de Publio Cornelio Escipión “El Africano” después de la derrota de Cannae contra las tropas de Anibal y Cartago en el mismo norte de Italia [risas]. Fue épico. Fuimos a cargarnos el estreno de “Grease”, pero esto viene porque, a ver, Travolta hizo “Saturday Night Fever” [“Fiebre del Sábado noche”], y nos repateaba el tío. De repente, pasa un verano, nos vamos de vacaciones… llega septiembre y llega Loquillo con toda la pandilla y dice: “¿Te has enterado? El Travolta ha hecho una película de rocker”. Y yo: “Si, los cojones”. Entonces lo que pasa es que tú llevabas tu vida siendo rocker y te ibas al Corte Inglés y veías que vendían chupas de cuero cruzadas pero de plástico y tíos que hacen una mezcla del tupé de Travolta con las patillas cortadas a lo “Saturday Night Fever”… porque iban de Travoltas. Entonces, en Barcelona se convirtió “rocker-travolta” en primer insulto y una ofensa así sólo podía ser pagada con sangre. Entonces, se estrena la película, vamos al estreno a sabotearlo, lógicamente, porque estaban saboteando nuestro modo de vida cuatro pachangas, y vemos la cristalera, me parece que era del Cine Bosque, no me acuerdo, ¡y vamos a tirar piedras a la cartelera! Empezamos a tirar piedras a la cartelera y no era cristal, ¡era plástico! Entonces las piedras rebotaban y los casi cincuenta rockers que estábamos, vemos que la gente de la cola nos miraban como bichos raros y se preguntaban si eso formaba parte del espectáculo y de la promoción. Es que encima pensaban que nosotros éramos de ahí [risas]. Nuestro objetivo era romper el cristal pero como no era vidrio, pues… ¡boing! Entonces, Loquillo se rebota, entra para llamar a otro amigo por teléfono para que se viniera y con tal mala fortuna, esa cabina de teléfono estaba mal y Loquillo coge así, abre y la arrancó de cuajo. Pero no porque Loquillo sea La Masa, no, es que era porque estaba mal, tío. La habría arrancado hasta mi hermana de diez años. Pero, claro, eso ha quedado para la historia [risas]. O sea, de repente unos tíos, unos rockers, se presentan en el Cine Bosque, arrancan la cabina de teléfono… y ya éramos un peligro social, como The Jets en “West Side Story”.

¡Erais muy punks!
Éramos muy punks. Por eso nos llevamos bien con los mods y los punks. Los punks en Barcelona eran muy rockers, los rockers éramos muy punks y los mods eran muy punks y muy rockers. Por eso no entendíamos nada de las movidas de navajeo aquí en Madrid. En Barcelona éramos, sin menospreciar a nadie, pero digamos la gente que estábamos en la movida éramos gente con mucha cultura.

Siempre he pensado que Barcelona es más cosmopolita y más abierta culturalmente.
Y había mucha cultura y el que menos andaba con gente con carrera de filología, historia, abogados… y aquí la gente que conocía de rock and roll o están muertos o en la cárcel. Éramos todas las tribus, los mods, los rockers, los heavys, los new waves… los mecanos y casales quedaban a parte, pero esos nos pagaban las copas, con lo cual no había mal rollo porque, aparte, todos los rockers estuvimos de moda, o sea, de repente un rocker, los rockers puestos, “los peritas” como se decía en Madrid… digamos que los rockers de Barcelona éramos peritas fuéramos de cuero, de levita… y entonces lo más “in” en una fiesta de new waves llegamos los rockers, eso sí, muy bien puestecitos y levantarle la churri a uno y decirle… “vamos” y el tipo quedarse con cara de circunstancia. Les levantábamos las churris. Encima el dueño del local nos pagaba las copas por levantarle la novia a uno de sus camareros [risas]. Nunca lo había contado así. Y nunca se derramó nada de sangre, no era como aquí, que se sacaban el cinturón del águila que lo llevaban afilado y muertos en Meco, muertos en Rock-Ola… En Barcelona era impensable.

[Chris González, amigo de Carlos, que durante toda la entrevista y como hemos nombrado al comienzo, refrescaba la memoria del músico, le pregunta por el concepto de “Sentado en la Valla” a lo que Segarra continúa con la explicación:]

Sentado en la valla… ¿cómo te lo explicaría? Era como lo que hacen ahora las tribus latinas, como “este es nuestro territorio”, ¿no?

¿Los rockers teníais una zona entonces?
Sí, pero… éramos más “flexibles” [risas].

Pero esto de las bandas hoy día sigue existiendo.
Sí, pero es que ahora es innecesariamente violento y por imitación. A ver, ¿qué coño pinta un skin español si somos mezcla de fenicios, cartagineses, íberos, moros, africanos, griegos…? ¿Soy blanco? Yo no estoy muy seguro de ser blanco. ¿Me entiendes lo que quiero decir? Que de repente cuatro locos que porque falta trabajo vienen paquistaníes y tal. ¿Qué coño pinta un skin español? Yo he llegado a ver hasta skins negros, tío. Hasta rockers negros con la bandera confederada. ¿Tú sabes lo que quiere decir esa bandera? Si hay algo patético, es ser algo por imitación.

¿Cómo fue tu primer concierto?
¡Hostia! Mi primer concierto… fue en el salón de actos de Los Maristas de Les Corts, con mi hermano y los coleguitas, como se hacía la cosa en la época. Con dos guitarras españolas y una acústica haciendo de bajo, rítmica y solista, con unas pastillas que iban conectadas, compradas en la tienda donde te vendían la flauta dulce [risas] y unas cuerdas de guitarra que se metían por dentro. De repertorio recuerdo que estaba Halley Galley que era un grupo de doo-wap, algo de The Beatles y algo de Buddy Holly. Entonces tenía catorce años.

Por esa época coincidiste en algún grupo con Zippy, ahora bajista de Mojinos Escozíos.
Sí. Leí un anuncio en la tienda Gay & Company, de Gay Mercader, era una tienda donde estaban todos los vinilos y había un sitio de prueba con un giradiscos de donde sacabas dos auriculares para escuchar el disco, y si te gustaba, te lo llevabas. Había sección de segunda mano y había un tablón de anuncios. Y allí iba el Loco, que tendría los dieciséis, que no sé si ya los había cumplido y puso: “banda de Montcada i Reixac busca vocalista” y era… a ver… Montcada i Reixac que es como si quieres tocar la guitarra y hay un grupo en Brunete porque aquí no conoces a nadie. Empezamos a ensayar y allí entró, pero cuando yo ya estaba dejando el grupo, Zippy de guitarra solista. Antes la gente lo hacíamos todo por el puro placer de hacerlo. Yo me cascaba con el batería a lo mejor dos horas en un mehari… ¿sabes lo que es un mehari? Era un coche de fibra de vidrio para ir por la playa de color naranja, amarillo… como un Kuwelvagen, eran una imitación a estos coches que eran los primeros Wolsvagen que utilizaban los alemanes en la guerra para llevar a las tropas, pero a un mehari de estos le dabas una patada y te lo llevabas, en cambio te podía llevar para hacer un bolo de dos horas de Barcelona a Gerona… a sesenta por hora.

Ahora que dices lo de los bolos, antes no existían las infraestructuras que hay ahora por lo que tocar lejos de casa llevaba mucho más tiempo.
Eran como dos jornales y era toda una aventura. Para hacerte Barcelona-Murcia tenías que comerte toda Valencia, de hecho, a Valencia lo llamaban el semáforo de Europa, porque tú podías ir por toda España que en Valencia no había circunvalación. Te comías toda la puta… Las Fallas, te comías todas las fallas [risas]. Un viaje que ahora dura cinco horas, que ya son horas, pues podía ser un viaje de ocho y nueve horas, parando a comer se convertían en diez… gasolina, doce… Las furgonetas aquellas también, las Ford Transit, incómodas que no pasaban de cien cuesta abajo.

¿Y sin aire acondicionado?
Mariconadas aquí, las mínimas [risas]. Se pasaba calor y se pasaba de todo, tío. Si algo tiene el mundo del rock and roll es que dices: “Joder, volvería a hacerlo.”

Lo que veo es que los chavales de ahora lo tienen más fácil.
No te creas. Los chavales de hoy lo tienen más chungo que nosotros al principio.

¿Por qué?
Porque se encuentran un panorama igual o peor. Cuando nosotros empezamos no había industria, ahora ha habido una industria que se ha comido a sí misma, por lo que es peor. Porque es peor saber que esto ha existido y se ha acabado que pensar podemos hacerlo, lo hicimos. Y ahora está roto.

Lo que digo es que está más fácil para entrar pero hay mucha oferta y cualquiera puede grabar un disco y conocer más grupos gracias a Internet.
Esta frase sí es mía: “Lo bueno de cuando salieron las grabaciones digitales es que cualquiera puede grabar un disco. Lo malo es que cualquiera puede grabar un disco.”

Se ha desvirtuado completamente.
Sí, es que antes grabar un disco era la hostia. Ahora es, “He grabado un disco”. “Ya, y mi madre también ha grabado un disco diciendo, hola hijo, felicidades por tu santo en el día cuatro de noviembre, San Carlos Borromeo, patrón de la banca” . Antes grabar un disco era ensayar, mover maquetas, molestar a gente, ir a las radios, moverlo, negociar, alguno de la banda que era más espabilado se convierte en el mánager, el sonido… Era otra guerra, tío. Pero hoy en día puedes tardar media hora tú solo en casa en hacerte un disco con su portada y su cubierta y tenerlo listo.

Pero también está horriblemente mal el panorama televisivo-musical. Rebeldes sin ir más lejos tocaron en varios programas que ofrecían algún directo, tipo programa de Mª Teresa Campos o de Jesús Hermida.
Sí, y más programas. Tú antes grababas un disco y en un mes hacías, a parte de programas musicales, también te llevaban a este tipo de programas y se enteraba todo el país y todo el planeta de que habías sacado un disco. Hoy en día haces veinte cosas y la gente te dice, “Ah, pero ¿todavía seguís en activo?”. El objetivo principal de la promoción es que la gente sepa que tú has hecho un trabajo. Seguramente, toda esta promo que estamos haciendo estos días en Madrid, mucha gente va a pasar un mes y me van a preguntar que cuándo sacamos disco. Hace veinte años venías tres días a Madrid y te decían: “Tío, a ver si paras ya de hacer promoción. Ya me he enterado que has sacado disco.”

[Chris añade que por entonces había muchos menos medios y que no era del todo un problema de la industria, sino también de los medios de comunicación. Tras esta aclaración, Segarra continúa.]

Es que como en España siempre hacemos las cosas al revés, la casa por el tejado… En un país digamos que se come peor pero que esas cosas las llevan mejor porque hace más tiempo que las hacen, no tendría porque ser así.

Es que no hay casi nada, salvo Radio 3 y alguna cosa más… Antes, al menos aunque era en el programa de la Campos tocando para otro público, por lo menos, era música en directo. Hoy no hay nada. Y para decir que en el programa de la Campos se hace música en directo…
Pero es que hacías todo y además eso, que lo conocían hasta las abuelas. Pero entre cero y cien… pues estaría bien que existieran programas musicales, pero claro, todo esto viene a cuento de que ahora hay más medios. En un país civilizado cuantos más medios hay, más gente se entera de lo que estás haciendo. En España cuantos más medios hay, menos se entera la gente de que estás haciendo algo. Es simplemente que hay cuatro o cinco programas en los que, por ejemplo, está “El Club de la Comedia” y música que está sonando en radiofórmulas más o menos enrollada, ya no te hablo de lo peor, te hablo de lo más o menos enrollado, que sería público potencial para el disco de Rebeldes y van siempre los mismos a los mismos programas y tú siempre te quedas fuera.

[Carlos observa la contraportada del vinilo de The King of the Delta Blues de Robert Johnson y hace una apreciación:]

Es curioso porque yo tengo un disco de Elmore James que la mitad… no, exagero, pero un treinta por ciento de los temas que aparecen en este de Robert Johnson, salen en el de Elmore James. De hecho, Elmore James viene a ser una especie de resucitor de Robert Johnson. Este es el que vendió el alma al diablo en un cruce de caminos. Es que teníamos que haber traído hasta la guitarra acústica.

Hablando del diablo… que más sabe por cabrón que por viejo.
Mira [risas], ¡tienes a Chris que fue el cocompositor de aquello! Es algo generacional. Hay una frase que me encanta de la película “Sospechosos Habituales”, donde Kevin Spacey dice: “El mejor truco que el diablo inventó, fue convencer al mundo de que no existe.”

Y la banda que ha sufrido muchos cambios pero que yo lo veo como Los Vengadores o La Liga de la Justicia, que se iba uno y entraba otro. Desde Morata, pasando por Sorolla, Nel.Lo, Rebenaque, etc. Incluso recientemente fallecido Jordi Simó.
Sí, fíjate, el único que no fumaba ni bebía y se cuidaba… qué cosas.

Tras dejar el grupo se dedicó a una empresa de reparto y a su familia.
Correcto, tenía una vida muy tranquila, establecida… con lo cual, habría que preguntar eso de “¿ya te cuidas?” y responder “hombre, vivo estoy”. Es que son muchos viajes, mucho tiempo, la carretera… son treinta años de carretera. Hay gente que llevaba cinco años y era padre por primera vez, las tías, ya sabemos como son y luego gente que sigue como Aurelio [Morata] en la música, pero en el estudio… y yo soy una persona que tengo pocos hobbis, no me gusta el fútbol y eso me da tiempo para hacer muchas cosas. Además, soy al que menos le gusta viajar y he sido el que ha aguantado más. A mí me metes en un coche y a la hora ya estoy nervioso. Odio viajar [risas]. Pero no todo el mundo aguanta la carretera, que ya no es sólo el viaje, es dormir fuera de casa y otra serie de cosas, entonces los músicos que han salido de Rebeldes para formar otro tipo de vida dentro del rock and roll han elegido algo que no tenga que ver con viajar.

¿Qué sistema utilizas para aguantar los viajes?
Leer, leer mucho y no darme cuenta de que estoy dentro de un coche.

Y hablando del nuevo disco, del directo. Es difícil meter treinta años de canciones en un solo tracklist. Seguro que algunas, bastantes, se quedaron fuera.
Muchas. Del primer repertorio que hice había como mínimo unas treinta canciones. ¿Qué hice? ¿Para qué tengo yo una página web? Pues pregunté a los fans que añadiendo a familia, amigos, banda… De ahí hice una media y esas son las canciones que podían entrar en el directo. Pero si grabamos todo lo que queríamos grabar, hubiera sido un disco doble con dos DVDs.

¿No rentaría?
No, es que yo no aguanto más de dos horas viendo un concierto, por lo que no aguantaría más de dos horas tocando. Yo tengo un límite, hasta con la música que me gusta. Necesito cambiar, leer un libro o hacer otra cosa, no puedo tocar un concierto que no aguantaría desde abajo. Hasta John Fogerty, tocó de puta madre, dos horas en San Javier (Murcia), pero si me llega a tocar dos horas y media, hasta yo le hubiera empezado a sacar defectos. A mí me gusta el rollo “concepto americano” como Wilson Pickett, que estuvo tocando en Barcelona y cuando hizo sus cincuenta minutos de contrato… pidieron un bis y él no lo hizo y el Ayuntamiento le decía que si lo hacía le daban más dinero y dijo: “Un show dura cincuenta minutos, empieza y acaba”.

Jerry Lee Lewis hizo algo parecido en Madrid, sólo que fue menos.
Pero eso lo hizo como Chuck Berry, que no se aguanta los pedos y está acabado. Yo te hablo del concepto, llega un momento en el que el placer, si subes, se convierte en dolor. Si eres masoquista puede que te ponga, pero yo no. Hay un límite muy concreto que está entre quedarte de puta madre y quedarte lleno. Como cuando vas a comer a casa de tu madre en Navidad y te has quedado bien y te dicen: “toma dos platos más de sopa”. Y es: “No, me estás jodiendo la Navidad”. Así que el músico no tiene que ser una madre ni empachar a sus hijos.

Y más ahora que hay un exceso de todo. Que cierto sector prefiere quedarse sólo con una canción y no con el disco, típico anuncio de politono.
Por suerte el público de Rebeldes no es así. Tengo unos amigos que siguen “C.S.I.” y la sintonía es de The Who y chavales de catorce años a gente de mi edad o más mayores les dicen: “mira, un grupo nuevo.” Y sacó, mi amigo, del armario un montón de discos de The Who diciéndole enfurecido al chaval: “¿cuántos quieres?” [risas]. Yo recuerdo cuando mi padre me llevó a ver “Tommy” cuando era pequeño y para mí era… ¡oh! ¡Eric Clapton!, ¡oh! ¡Tina Turner!, ¡oh! ¡Keith Moon! Era un espectáculo para los sentidos. Entonces, claro, la gente que conoce sólo eso y dicen: “Oye, ese grupo nuevo que está en la cabecera de ‘C.S.I.’…” Y yo: “La madre que los parió… que el grupo es nuevo… venga, agacha la cabeza que viene el tío Keith Moon a abusar de ti” [risas].

Antes se decía que la letra con sangre entra, la música no creo que lleguemos a ese extremo, pues nadie obliga a las nuevas generaciones a escuchar lo que suena.
Lo que hacen es otra cosa, no enseñar lo otro. Antes era esto por narices, ahora no, ahora por ejemplo, encima de un disco bueno te ponen una montonera de Shakira, Luis Miguel, Bustamante… y no hay cojones de encontrar lo bueno, con lo cual digamos que es un poquito falaz. Es una falacia decir que la gente puede oír la música que quiera, pero claro, ponle doscientos discos encima de uno bueno y dirán: “Ah! Pero ¿ese disco estaba ahí?”. Sí, claro, pero a la que llevas cincuenta paras de buscar.

Más o menos como ocurre con la política y las campañas electorales.
Simplemente es que, fíjate, que las cadenas y sus programas están creando sus propios artistas. Antes sacabas un disco, llegaba la discográfica y salías en las televisiones que fuera. Hoy en día las televisiones crean a sus artistas para sus programas, algo totalmente ridículo. A mí que una tía se la chupe a un torero y viva de eso y de vender que si se ha vuelto a separar… y eso en una cadena nacional, que salvo las noticias de Pedro Piqueras… ¡es que son las veinticuatro horas del día! Antes, vale, veía a la Campos por las mañanas, pero vale, eso lo veía mi madre y a partir de las doce empieza el mundo. Pero es que ahora a estos programas se les da una importancia como el que habla del terremoto de Chile, de la invasión de Kuwait o del 11-S, tío ¡Y encima van de periodistas! Con sus apuntes y todo. Es como el que toca de oído y lleva una partitura, ¡no me jodas!

Y para ir acabando, ¿Qué extrañas de los viejos amigos y correrías?
Yo no echo nada de menos. Siempre digo que los mejores tiempos son los de ahora. Soy poco dado a la añoranza. La gente da por hecho que porque te gusta el rock and roll seas una persona que añora tiempos pasados, perdona, yo no conocí esto, o sea, yo no puedo echar de menos lo que no conocí en su momento. Yo no soy un nostálgico, para mí cuando descubrí el rock era algo nuevo y en España no estuvo. No tenía cincuenta años cuando empecé a tocar rock and roll, tenía catorce. Y para mí el rock and roll es una música actual. No echo nada de menos, los mejores tiempos son los de ahora, que estamos aquí, en Madrid, en una terraza, con vino de rueda, hace sol, me traes tú que eres el periodista, un tío enrollado, el primer disco de Elvis, de Robert Johnson, el “Folsom Prison Blues” de Johnny Cash con la portada original, Million Dollar Quarter, el “Rant ‘n’ Rave” de Stray Cats de cuando estaba haciendo la mili… ¿Qué voy a echar de menos, tronco?

¿Qué le queda por hacer a Carlos Segarra?
Hummm… Como decía Scarlata O’ Hara: “Ya lo pensaré mañana”.


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