Canal RSS

Ramoncín: El segundo grado.

Publicado en

“Éste es un negocio donde se pelea por ver quién la tiene más larga”.

¿Necesita el mundo un nuevo disco de Ramoncín? Un músico de la talla de Ramón J. Márquez (Madrid, 1955), con una marcada personalidad y actitud frente a los problemas y el negocio, no necesita grandes preámbulos ni fanfarrias para presentarse. Absolutamente ninguna.

TEXTO: CHARLY HERNÁNDEZ.
Publicada en Cambio 16 / Nº 2076, 3 Octubre 2011

Ya que este nuevo artefacto se llama “Cuando el Diablo canta”… ¿sabe más el Diablo por cabrón que por viejo?
Hay muchas variantes. Pero el refranero español dice: “Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo”. Yo creo que sabe por las dos cosas, al menos este Diablo, que sabe por la experiencia, por como es uno y la forma de ver la vida. Así que en mi caso se le puede aplicar a las dos cosas. Un poco de cada. Eso de que la vejez o la madurez dan pie a la sabiduría… conozco gente mayor que no tiene ninguna sabiduría y conozco a gente muy joven que sabe mucho. Todos los tópicos son tópicos y no sirven para nada.

Que la edad no es un grado, vaya.
Pero vamos, de ninguna manera. Pero ni ser joven ni ser mayor. Yo creo que la juventud está sobrevalorada. Son un montón de cosas que no tienen sentido. Cuando uno está aquí, está aquí, y cuando eres joven eres joven y cuando eres mayor eres mayor. Es que es una estupidez.

¿Cuánto ha pasado desde “Miedo a soñar”? ¿Trece años?
Pues “Miedo a soñar” lo grabé en el 96 y volví a grabar canciones nuevas en el 2000 para “Ángel de cuero”. Grabamos cinco temas inéditos. Era volver a entrar para grabar desde “Miedo a soñar”. Aunque yo no tengo esa sensación de que haya pasado tanto tiempo, porque hemos estado publicando cosas como antologías, he hecho cosas acústicas, se han elegido cosas distintas, un triple DVD por el 25 Aniversario, el recopilatorio para México exclusivo para ellos, hace tres años nos metimos para grabar lo de The Cover Band… o sea, nunca he tenido esa sensación. Cuando me he visto con la banda trabajando y viendo que todo iba tomando forma me daba cuenta, que las canciones se iban formando, que la bicicleta volvía a funcionar… es acojonante. Ha sido maravilloso.

[En ese mismo momento una madre y un hijo se paran para saludar a Ramoncín con la intención de felicitarlo amable y efusivamente.]

Es curioso… la gente ahora te saluda, parece que se acabaron los insultos, como se pudo ver en la entrevista con Jordi Évole en Salvados.
A mí la gente me saluda siempre. Y ha sido durante toda mi vida. Cuando hicimos la entrevista con El Follonero sacaron al tipo aquel que dijo lo de cultura libre y tal. Era cojonudo, porque era un tipo que vendía cuadros. Yo me acerqué y le dije que me iba a llevar un cuadro suyo, que lo iba a coger y me lo iba a llevar. El se negó, entonces le dije: «¿Y por qué lo tuyo sí y lo mío no?» Evidentemente eso no salió después. Pero mi trato con la gente ha sido toda la vida exactamente igual.

Volviendo al disco. Por lo que has comentado antes me ha dado la impresión de que este es tu nuevo primer disco, una especie de segundo debut.
¡Sí señor! Mi último primer disco. Hay canciones en ese disco que yo podría llegar ahora y decirte que temas como ‘La puta suerte’ o ‘La canción del Diablo’ son canciones que compuse para “Barriobajero”, pero que luego no cuadraron y preferí no meterlas. Si te paras a oírlas verás que encajan, pero no es así. Son hechas de ahora. Te cuento esto porque esa es la sensación; seguir haciendo un tipo de música que el tiempo, la vejez y el Diablo no deciden que sean de otra manera. No estoy haciendo un disco de rock orientado para adultos. Cuando uno escucha ‘El cuchillo y la herida’, el single que ha escogido la compañía, es como ‘Como un susurro’ del año 86. ¿Cuántos años han pasado desde entonces?

Exactamente veinticinco años.
Pues veinticinco años. No es llegar y hacer algo más asequible o más rocketas, no. Me parece que canciones como ‘La puta suerte’, ‘En el infierno’ o ‘La canción del Diablo’ son tan salvajes o más que las que se grabaron para “Barriobajero”.

Totalmente atemporales, de hecho. Tanto en música como en letra.
Yo creo que sí. Algunas envejecen más por culpa de las letras.

Y ya que hablas de envejecer y de antiguas letras. Se encuentra como bonus track ‘Felisín el vacilón’. Yo me pregunto si no has pensado en regrabar algunas canciones porque no te gustaba el sonido o la producción de entonces.
Eso es lo que hice cuando grabamos el disco en directo. Yo tengo un problema con “Arañando la ciudad”. Es un disco que gusta mucho a la gente, incluso lo ponen como mi mejor disco. Pero a mí no me gusta como suena, ni si quiera la voz. Y en ningún tema además. Cuando grabé “Ramoncinco” ya metí una versión en directo de ‘Angel de cuero’. Y cuando grabamos el directo, el ‘Putney Bridge’ y el ‘Alcohol, mujeres y hormigón’ de aquel directo era como yo quería que hubiese sonado en estudio.

Cuando quieren pinchar algún tema, como ‘Alcohol, mujeres y hormigón’ les pido que sea el directo porque lo otro no me gusta. Más que regrabar es llevar al directo las canciones a donde quieres llevarlas realmente. El mejor ejemplo son ‘Blues para un camello’ o el ‘Hola muñeca’ que tocamos ahora en directo. También estamos tocando ‘No tengas tanta cara’, donde echo a toda la banda y nos quedamos el trío. Es que para eso están los directos, para revisar las canciones. Yo no soy de los de remasterizar, como por ejemplo hacerlo con “Barriobajero”, porque aunque quisiera, en España no es Inglaterra ni Estados Unidos. En España, la mitad de las grabaciones en las cintas originales se han perdido y han desaparecido.

¿Y qué ha pasado entonces con las tuyas?
Yo soy de los que más ha conservado porque me he llevado mucho a mi casa y he tratado de ser dueño de mis cosas. Me las he quedado para mí, eso es sagrado. Por ejemplo, los másters de “Barriobajero” están perdidos y los del primero de “Ramoncín y WC” también están desaparecidos. Imagínate. Y ya no se si encontraríamos los másters de “Arañando la ciudad”. A partir de ahí me lo llevaba a casa para tenerlos controlados y meterme a mezclar y tal.

Podría hacer una translación del vinilo de “Barriobajero”, pero es hacer nada. Esa es la trampa con la que nos han estado engañando desde hace tanto tiempo cuando decían que tal disco estaba remasterizado, pero en realidad estaba digitalizado. Yo eso lo puse claramente cuando sacamos digitalizamos todo, como con “Ángel de cuero”. Estaban digitalizadas las canciones. Para masterizar tienes que coger la cinta original, meterte en un estudio, sacar todas las pistas que tengan y empezar a mezclarlas de nuevo y a limpiar el sonido. Esas cosas se las pueden permitir The Beatles, Pink Floyd… etc, porque está muy bien conservado. ¿Pero y aquí en España? Cuando se habla del archivo de Televisión Española hay cintas con documentos históricos donde se ha grabado encima. Cuando se plantea hacer algo de Los Brincos o Los Canarios alucinas de lo poco que hay. ¿Qué había? ¿Un programa con Los Sirex tocando en directo? Nada, graba encima un Informe Semanal. Eso es lo que hay.

Esperemos que no suceda nada de esto con las nuevas canciones, que perduren. He reparado en que son muy largas, algunas llegan a los siete minutos.
También las hay cuadraditas, como ‘La puta suerte’ o ‘Quemando puentes’. Pero hay una cosa de la que no me he dado cuenta, y es que hay dos canciones que duran exactamente lo mismo. Es imposible si lo quieres hacer aposta. Hay canciones como ‘Mandan los lobos’ que necesitan un desarrollo instrumental. Pero además yo pienso en vinilo, tengo mentalidad de vinilo cuando grabo un disco. Es algo que perdí en un momento y después empecé a pensar en CD, pero he conseguido volver a pensar en vinilo. Esa forma de pensar aparece cuando haces una canción y ves que puede ser el último tema de la cara A.

Recuerdo que siempre había un tema que escondíamos. Era el penúltimo de cada cara. Luego te equivocas y resulta que le gusta mucho a la gente. Pero “Cuando el Diablo canta” está pensado en clave de vinilo. Aunque hay una cosa que te da el CD y no el vinilo. Cuando termina ‘Mandan los lobos’ puedo poner ‘En el infierno’, ‘La canción del Diablo’ y después ‘Felisín el vacilón’, pero eso ya habría que sacarlo en un vinilo doble en lugar de en uno solo, porque la compresión que aguanta un buen vinilo -los de 180 gramos, no la mierda que se publicaba aquí- creo que no es conveniente que tenga que pasar de veinticinco minutos. Si lo haces en veinte o diecinueve por cara sería maravilloso. Entonces eso te obliga a hacer un disco doble, como es en este caso, porque dura setenta y cinco minutos. También paso con The Cover Band, que al descomprimirlo se quedaba una cara con una sola canción. Pero esa suena… que no veas. Cuando el surco es más abierto, mucho mejor.

Me doy cuenta que “Cuando el Diablo canta” es un disco oscuro. ‘La danza de las polillas’ es un gran tema, pero muy oscuro.
Ni yo recuerdo como pude hacerla. Recuerdo que al principio se llamaba ‘El ancla’. Era una cosa que yo tenía por ahí. Pero hay una cosa muy graciosa que te quiero contar. Cuando uno se enfrenta a grabar un disco llevando años sin grabar se cree que no hay problemas porque tiene treinta canciones en el cajón. Mentira. Cuando llega la hora de la verdad uno se da cuenta que de todas esas canciones solo le gustan cinco, porque las otras ya resultan viejas. Me gustaban justo las que ya estábamos tocando en directo: ‘El cuchillo y la herida’, ‘Sueños y sombras’, ‘La punta de la aguja’, ’10 segundos’… de las que he ido cambiando cositas y han terminado siendo grabadas.

Uno de esos temas era ese. Quería meter unas guitarras, unos coros como los que hay en ‘Sympathy for the Devil’ de los Stones… así que cuando empecé con ‘El ancla’ trataba sobre eso, de cómo la gente se agarra cuando quieren echarlos de sus casas y todo ese rollo. Así que le di la vuelta. En un principio la letra era casi exclusivamente dedicada a los banqueros, pero era una cosa tan obvia que al final pensé en las polillas. Las polillas alrededor de las luces. Y efectivamente, tío, es una canción muy oscura. Pero tiene ese final que ya no lo es tanto.

Se mantiene casi a la línea de ‘El cuchillo y la herida’.
Pero también es muy erótica [risas]. ‘El cuchillo y la herida’ es una canción eróticamente oscura, cerrada entre un hombre y una mujer. Y ‘Mandan los lobos’ también. Es un tema para cerrar un disco. Esa guitarra, esa manera de contar… yo creo que con ‘Mandan los lobos’ hemos conseguido que en un momento de la canción se sienta frío. Cuando la oyes notas el frío, se percibe el frío que yo cuento. Ese que nos hiela la sangre. Esa ciudad vacía, cerrada, la campana que suena… nunca podría hacer esa canción con un día primaveral. Ni siquiera de otoño.

Debo decirte que cuando escuché el disco y exactamente esa canción, me imaginaba la ciudad de Madrid totalmente nocturna, con el asfalto mojado por la lluvia y eso… el frío.
¡Eso es exactamente!

Y es que la música sabe mejor cuando la sientes.
Y si no es mejor no hacerlo. Cuando en el año 92 sacamos el doble directo con el que luego vinieron los discos de platino y demás, me decían que había que grabar ya. Ahí fue cuando me planteé si yo necesitaba grabar y escribir canciones o si era el negocio el que lo necesitaba. Por eso paré. Fue la clave. Es que incluso me preguntaba si lo necesitaban mis fans. ¡Incluso pensaba que doce discos estaban muy bien para una carrera y que me podría retirar perfectamente! ¿Cuántos discos grabaron The Doors?

Esto es una cosa que haces de chiquillo. Empiezas con dieciséis o diecisiete años, grabas, haces dos o tres discos y se acabó. La mayoría de grupos de los 80 o de los 90 han grabado tres o cuatro discos. Red Hot Chili Peppers, aunque ahora han tardado más en sacar el cuarto. Pearl Jam, que Eddie Vedder quiere que cada directo se publique en esa misma ciudad… no para de sacar directos y más directos. Pero en general, todas aquellas bandas sacan unos pocos discos, como Guns and Roses. Luego están los pocos que se lo toman como parte de la vida. Aquí está el caso de Los Ángeles, Los Diablos, Gatos Negros, Lone Star… muchos que hacen una carrera durante el tiempo en el que son jóvenes. Otros, como Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán se juntan porque salen de otras bandas. Pero en general lo dejan para hacer otras cosas y ya no se ven en un escenario porque se encuentran mayores o han ganado lo suficiente.

También hay otros que seguimos toda la vida; como Miguel Ríos, Loquillo, Rosendo, Santiago Auserón… pero comos pocos en comparación con la cantidad de gente que sale en un momento determinado.

Yo en aquel momento lo vi como un broche de oro. Habíamos encadenado discos como el primero que era cojonudo, “Barriobajero” gusta a todo el mundo, “Arañando la ciudad” es la bomba… tocaba ahí Ollie Halsall ¡y nada más y nada menos que con Boz Burell, el cantante del disco “Islands” de King Crimson y bajista de Bad Company! También pasaron por ahí a tocar gente como Rosendo, Salvador Domínguez… en el siguiente había temas compuestos con Rosendo, con Pepe Risi… Me ha producido Vic Coppersmith que era productor de The Jam e ingeniero de sonido del ‘Honky Tonk woman’ de los Stones, ‘Como un susurro’ con Brian May… ¡¿Qué más puedo pedir?!

También he grabado “Fe ciega”, que es un disco que se quedó musicalmente un poco cojo porque lo hicimos muy rápido tras el disco anterior. Me he librado de esa sensación de “Fe ciega” grabando un doble en directo que a día de hoy sigue sonando como una patada. Después vino el doble platino y fue un broche de oro, porque no hay mejor manera de irse. Cuando lo dejé no sabía si iba a volver. Dije que se acabó. Además soy una persona perfectamente capaz de hacer otras actividades. Creo que puedo ganar dinero haciendo tele, teatro, escribiendo… tengo esa fortuna.

Me preguntaban si iba a grabar más y yo no respondía a nadie. ¡Me metían mucha caña en esa época! A Rosendo le preguntaban por mí y él decía que es que lo mismo yo quería hacer otras cosas. Tampoco tenía claro si me iba a retirar. Pues todo aquello hizo que en el 96 entráramos a grabar “Miedo a soñar”, que es otro disco muy oscuro en general con la canción que da título al álbum, la cual me encanta tocar y creo que es de las mejores que he hecho. Por eso me doy cuenta de nuevo al escribir que puedo volver a hacer ‘Marica de terciopelo’.

La pregunta sería: ¿necesita el mundo otro disco de Ramoncín?
Es una pregunta maravillosa. Pues yo creo que no. Pero ni de Ramoncín ni de Bruce Springsteen ni de los Stones ni de nadie. El mundo no necesita nada. Lo que necesita este mundo es situarse en el lugar que ocupa en el Universo. Entender porque coño estamos aquí y para que lo hacemos. Eso se adorna de películas, obras de teatro, de canciones, espectáculos de baile… todo eso son adornos de lo que significa ser o estar vivo. El mundo no necesita ni siquiera ni un disco de los chavales que están ahora matándose en una esquina o en un local de ensayo esperando una oportunidad porque pueden ser los nuevos Brincos o los nuevos Beatles. Ni eso necesita el mundo.

El mundo necesita que no se mueran millones de niños por hambre y que tampoco haya mil millones de personas que no tienen acceso al agua corriente. Tío, ¿te imaginas que nos cortan el agua por la mañana un par de horas? Nos llevamos un buen rebote y te cagas en la puta. Pues imagínate no tener acceso nunca a eso.

Lo nuestro es puro entretenimiento, adornamos esta vida que tenemos. Pero lo que yo necesito lo hago. El que quiere escribir una canción la escribe, el que quiere hacer una canción la hace… y ya está. ¿La gente necesita leer esto que estás haciendo? Pues no, pero hay que hacerlo.

Creo que se ha perdido el sentido. Ya no solo de todo, sino además de la música; como arte y como negocio.
Es que la música no nació como negocio, pero se convirtió en negocio. Más o menos desde el año 53 cuando Elvis Presley iba vendiendo con su coche el single de ‘That’s all right, mama’ hasta el año 95 o 96 se produjo un negocio en el mundo entero en el que en España la gente era feliz vendiendo quince mil, doce mil, diecisiete mil discos… si hacías oro con cincuenta mil ya era la hostia. Pero de pronto, a finales de los 90, un soporte llamado CD va y vende un millón. Y ya, si no vendías un millón o medio millón no eras nadie. Ahí está el star-system que venden un millón, setecientos cincuenta mil… y tú, que vendes doscientos mil ya no estás en esa liga. Esto no puede ser.

Yo te cuento lo que pasó: todos, y cuando digo la Industria digo todos, los que escribís, los que venden revistas, los músicos… todos, nos olvidamos del aficionado y empezamos a pensar en el consumidor. Entonces el consumidor empezó a consumir esa cosita, que es el CD, pequeñita, que la llevaban en cualquier lado, tirada por el coche, que no valía, que no había que sentarse a leer las letras, que no había que cuidar ni limpiar, que no requería el levantarse para colocar una aguja y darle la vuelta, que no había que hacer una foto maravillosa para la portada… así que nos pusimos a hacer CDs como churros. Pasan los años… ¿y qué hace el consumidor? Darnos la espalda.

Luego aparece un soporte más cómodo, más barato, más fácil e incluso gratis… a tomar por culo. ¡¿Pero quién coño se sabe los nombres de los tipos que tocan con Neil Young o con Springsteen en la E Street Band?! ¿Quién sabría hacer en una pared un estudio sobre bandas como Poco, Loggins and Messina, Buffalo Springfield y The Eagles? Muy pocos. Los que trabajáis en esto y algunos músicos, muy pocos. El consumidor, ninguno. El aficionado, sí. El aficionado sabía quién tocaba en tal disco y de donde venían los músicos y las bandas anteriores. Eso a nosotros nos interesaba, queríamos saberlo. Se publicaban discos, sobretodo de country-rock americano, donde salía explicado con llaves de donde venía cada uno. Todo eso es para un aficionado, pero no para un consumidor. Por lo tanto, el consumidor nos dio la espalda.

Así que para volver a estar en la música y estar ahí, hay que dedicarse al verdadero aficionado. Hay que devolverle lo que quería. Hacer lo posible para que los discos suenen bien y hacer lo imposible para sacar vinilos. Así como yo con The Cover Band sacamos vinilo, con este también vamos a sacar vinilo. Pero es complicado porque hay que hacer vinilo doble porque no cabe en uno solo y no quiero quitar canciones. Quiero que suene bien, ¡pero es que hay que hacerlo!

Jodido lo llevas, en España no se fabrican.
Efectivamente, tienes que enviarlo fuera. Pero los franceses no, tío. Porque es negocio. Y luego, para vergüenza de toda la parte musical del negocio, resulta que tiene que ser Planeta DeAgostini el que sacara una colección fantástica de vinilos de jazz con un anuncio para audiófilos y para gente que de verdad le gusta la música. Una editorial de libros. Podías comprarte el disco que quisieras sin tener que seguir con toda la colección. Cada disco traía su fascículo dedicado. Yo me compré las que me gustaban. Ediciones americanas, vinilo de 180 gramos… pues eso es lo que hay que hacer.

Y aprovechan el resurgimiento del vinilo para encarecer los precios.
Otra vez. Es que no aprendemos, tío. Bueno, porque el aficionado lo va a pagar. Aunque tiene más explicación que un vinilo doble cueste dieciocho euros a que un CD doble valga quince. Yo creo que los CDs tienen que estar en un precio que vaya de los ocho a los doce euros y los dobles hasta los quince. Luego están las cajas coleccionistas que valen una pasta. Pero vamos, cuando tú le das a la gente algo que vale la pena, no se va a quejar.

Mira, mi primer disco que salió en CD fue “Fe ciega”. El vinilo llevaba un encarte con las fotos, créditos y canciones. La portada con un grabado, más fotos… e incluso llegamos a hacer una edición con el vinilo rojo. Todos con una etiquetita pegada. Me firmé diez mil discos, tronco. Diez mil de ellos firmados, vendimos ochenta mil. Pero también salió en CD, este y todos los anteriores. Cuando me lo mandan y lo veo mando un fax diciendo que me había llegado el CD pero no la lupa. ¿Y por qué lo de la lupa? Pues porque no había manera de leer una puta letra, y eso que yo veía perfectamente. Era una hojita donde venían las letras, los créditos, las fotos… eso es lo que la gente apartó. Al que fuese consumidor le daba igual porque lo tenía por ahí tirado, en tacos, en el coche… ¿y ahora qué? ¿Vamos a fabricar vinilos? Vamos a ver, tenemos el modelo del CD, que científicamente suena muy bien pero objetivamente suena mejor el vinilo. Emocionalmente no tengo la menor duda, porque está el oído emocional que no tiene nada que ver con ceros y unos.

¿Por qué los vinilos son tan caros? Porque hay que mandarlos a hacer fuera. Si lo mandas fabricar fuera lo quieres de 180 gramos, que te lo encarten, que no… el que lo empaqueta, el tal… chico, es tremendo. Al final se encarece el precio.

Sería muy interesante que sacaras un disco o un EP con las canciones grabadas en directo con toda la banda tocando. Incluso con el gargajo en la garganta.
[Risas] Bueno, hay cosas que si están grabadas en directo. En ‘El cuchillo y la herida’ la voz es la de la maqueta. Grabamos la maqueta en un gran estudio pero con la banda básica, aunque luego la hemos ido tocando y mejorando. Es más, cuando estuve tocando en México se la sabían. Nos quedamos alucinados. Alguien la había grabado de algún concierto en Madrid y la había colgado. Empezábamos a tocar y la gente se la sabía. ¡No nos lo podíamos creer! [Risas]. Esa canción ha conservado el piano eléctrico, la guitarra que pongo y la voz. Son las mismas de la maqueta.

Luego hay otros temas como ‘Sueños y sombras’, ‘La punta de la aguja’ o ’10 Segundos’ que las hemos tocado todos juntos. Han surgido en el momento, por ejemplo ‘En el infierno’. Llegó el grupo, dije que había tema nuevo y que pretendía hacerlo con los tres. Empezamos a tocar, me siguieron… y la grabamos en el momento.

Tengo la suerte de tener una banda muy generosa, porque ninguno gana dinero con esto, tienen otras profesiones. Manolo Galones es ingeniero de sonido, David Castelló (batería) también es ingeniero de sonido y además representante de una marca de equipos de sonido, Paco Avilés (guitarras) es policía… se van ganando la vida y es una generosidad musical que también me la dan personal. Saben lo que quiero. Y lo más importante es que me siento como en una banda.

Ahora que lo dices. Echo de menos una camaradería entre todos los músicos, en general. Los actores tienen una especie de sindicato, pero los músicos no. Noto que no hay unidad. La vez que noté unidad entre músicos fue cuando se grabó “Compañeros de viaje” con Loquillo, Pepe Risi, Carlos Segarra, Jaime Urrutia, tú… Y no se ha vuelto a hacer nada así.
Y nos regañaron mucho por aquello. Algunos medios y tal… nos regañaron un huevo. Es que gilipollas hay en todas partes. Tampoco hay que preocuparse porque cada uno puede decir lo que le de la gana. Pero piensa que este es un negocio donde se pelea por ver quien la tiene más larga. Quien vende más, quien ha hecho más bolos, quien cobra más, quien está más alto en números de ventas, a quien le han dado antes el disco de oro, el de diamante… ¡es una putada! Esa es la parte de atrás que antes te contaba cuando dije que lo mandaba todo a tomar por culo. Tiene una parte de competición muy desagradable.

Luego no somos capaces de ponernos de acuerdo. Mira; el día que a mí me echaron del Viñarock a pedradas Miguel Ríos dijo una cosa que siempre llevaré en el corazón y fue: «Nosotros perdimos la dignidad (como colectivo) el día que a Ramón lo echaron a pedradas impidiendo que hiciese su trabajo. No hicimos nada, no paramos todos los músicos al otro día». Yo podía haber llegado allí y si a esos sesenta o treinta mil que hay allí no le gustan, pues se van o se dan la vuelta. Yo toco para los que les guste y de puta madre. Pero no fue posible. Estaba todo el mundo tan acojonado que nadie hizo nada. Fue una cosa muy, muy desagradable que yo prefiero no recordar. Este colectivo es así, tío. Pero no todos somos así, porque si yo voy al Viñarock ese día a tocar y antes de mí sale Pereza o Melendi -que también les habían dicho que allí no pintaban nada por otros conceptos fundamentalistas del rock- y les sacan a pedradas y yo voy después, me subo al escenario y te aseguro que esos tíos tocan ese día en el Viñarock.

No estoy de vacilada, creo que me conoce la gente bastante bien y saben lo que digo. Yo me subo al escenario y me niego a tocar. Pero ni yo ni ninguno de los grupos siguientes. Si no os gustan os vais y se acabó. Eso lo habría hecho Miguel Ríos, lo habría hecho yo… a otro nivel y a otro carácter lo habría hecho Víctor Manuel… eso es lo que se hace en el mundo del cine, lo que Loquillo dice del mundo del cine. Pero a nosotros no nos pasa, por la razón que sea.

Si no nos hemos puesto de acuerdo ni con el tema de la piratería, amigo mío. He oído a gente decir que estaban de acuerdo con la piratería, gente que vende sus discos y luego los cobra. Que van de auténticos pero son falsos auténticos, porque en realidad son hipócritas. ¿Cómo puede ir un tío a la tele y decir que está en contra del canon cuando ese mismo tío ha cobrado quince millones de pelas de canon? Pero yo, por defender eso me llevo las hostias, ¿yo? Hasta aquí hemos llegado, amigo. Eso es lo que le pasa a este colectivo.

O sea, me llueven hostias por defender su canon, y él, que lo cobra, dice que no está de acuerdo. ¡Coño, regálalo! Ramón será un gilipollas o defiende cosas que no son ciertas, pero desde luego no es hipócrita y es coherente. Va el tío a la tele diciendo que está en contra del canon y encima el entrevistador no le dice que devuelva la pasta si tan en contra está. Es acojonante. Y luego, otra cosa del canon con la que no estoy de acuerdo –y lo dije hace tiempo- es que es una cosa indiscriminada y todo lo que se produce de manera indiscriminada produce dolor y más dolor. Hay que llegar a un acuerdo para que el que sabe que se va a comprar un CD para las fotos de sus hijos no tenga porque pagar canon.

Pero es igual, lo que no se puede hacer es que uno defiende una cosa para el colectivo y el mismo colectivo esté mirando para otro lado y encima cobrándolo. ¡No me jodas! No vuelvo a una historia de esas jamás en mi vida porque he perdido mucho tiempo en ello, incluso hablas de música y termina saliendo este tema para que luego el titular acabe siendo sobre lo mismo. Se acabó. Educadísimamente le digo a la gente que no quiero hablar más de este asunto. Yo creo en mis derechos y los voy a defender siempre y que cada uno se busque la vida con sus derechos. Yo no soy un falso auténtico ni soy un rockero auténtico, soy un rockero de verdad porque hago lo que me da la gana. Si es que me criticaban hasta por haber escrito libros…

Siempre has sido un tío provocador con un par.
Yo hago lo que creo que tengo que hacer.

Los comentarios están cerrados.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: